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Full text of "La Ciudad de Dios"

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EN su ADMIRABLE CONVERSIÓN A LA FE. 



VOLUMEN XI. 






CON APROBACIÓN ECLESIÁSTICA. 



VALLADOLID: 

COUEGIO DE AGUSTINOS RIUIPÍNOS, 

Campo de Marte, núm. 2j. 
isas. 



VALLADOLID: 

Imprenta y Librería de Luis N. de Gaviria. 

IMPRESOR DEL ILUSTRE COLEGIO OE ABOGADOS, 

Angustias i y San Blas, 7. 



1886. 



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iGUiENDG nuestra costumbre de 
los años anteriores, no hemos 
de inaugurar el sexto de esta 
publicación sin dirigir un saludo á los 
que tanto nos favorecen, una mirada al 
camino andado, y otra al que nos pro- 
ponemos recorrer. 

Va cundiendo afortunadamente la 
idea de que la Revista Agustiniana no 
es, como pudiera creerse por su título, 
una publicación exclusivamente consa- 
grada á defender los intereses de un 
Instituto religioso; sino que abarcando 
campo más vasto, tiene por objeto la 
defensa del catolicismo y la demostra- 
ción práctica, en cuanto nuestras débi- 
les fuerzas lo permiten, de su maravi- 
llosa armonía con las ciencias. El hoy 
limo. P. Cámara, nuestro primer Direc- 
tor, no contento con refutar en un libro 



que vivirá la imposibilidad de conflictos 
entre la Religión y la Ciencia, quiso 
encarnar su pensamiento y perpetuarle 
en una publicación, y con el apoyo 
decidido de los dignos Superiores, creó 
la Revista Agustiniana, á la cual dio 
esta consigna. Herederos de la obra, 
ya que no de los talentos, del ilustre 
P. Cámara, los actuales Redactores, 
discípulos en su mayor parte del insig- 
ne Prelado Salmantino, hemos seguido 
hasta aquí y seguiremos en adelante el 
programa que nos dejó trazado. La 
constancia y el buen deseo en seguirle, 
más bien que el acierto en la ejecución 
del plan, nos han conquistado el cariño 
con que la prensa católica española mira 
á nuestra publicación, y la aceptación 
creciente con que, á Dios gracias, va 
abriéndose paso de día en día por todas 



partes, hasta haber logrado al entrar en 
el sexto año de su publicación, próspera 
y desahogada existencia. Esto nos obliga 
á dar cordialisimas gracias á los que 
tanto nos honran con su favor, con sus 
aplausos, con sus consejos y su genero- 
sa cooperación. 

Como el principal interés de nuestra 
Revista nace de las preciosidades cien- 
tíficas y literarias de nuestros antiguos 
PP. que hemos conseguido librar de la 
polilla de los archivos, haremos sólo 
mención, al enumerar los trabajos del 
año que acaba de trascurrir, de los pre- 
ciosísimos opúsculos de Sto. Tomás de 
Villanueva y las cartas del Padre Ra- 
da. Kl exceso de original motivado en 
gran parte por la polémica sostenida en 
esta Revista acerca de las ridiculas 
doctrinas espiritistas, nos ha impedido 
honrarla con los hermosos trabajos iné- 
ditos del ilustre P. Muñoz Capilla, cuyos 



estudios de Botánica y Agricultura, tan 
notables por el fondo como por la forma, 
no tardaremos en dar á luz. Una joya ha 
venido á nuestras manos que también 
daremos á conocer en breve: se trata 
del magnífico libro inédito de Fr. Luis 
de León titulado El perfecto predicador, 
cuya pérdida lamentaban todos los lite- 
ratos españoles, y que hemos logrado 
encontrar en la Biblioteca de la Real 
Academia de la Historia. 

No nos falte la gracia de Dios y la 
bendición y amparo del gran Obispo de 
Hipona, á quien en todo seguimos, y en 
la medida de nuestras fuerzas tratare- 
mos de corresponder siempre y en todo 
á nuestro lema, que es la defensa del 
catolicismo por las enseñanzas de San 
Agustín, y su armonía con los progre- 
sos de las ciencias. 

La Redacción. 




LOS RESPLANDORES CREPUSCULARES. 



-Í^C^XJwí/WV^iTsS^ - 



ÜESCRIPCIÓN DE LOS EXTRAÑOS FENÓMENOS CREPUSCULARES 

OBSERVADOS EN FINES DEL AÑO 1883 Y PRINCIPIOS DE 1884: FECHA DE LAS PRIMERAS OBSERVACIONES: 

FASES Y VARIACIONES DE DICHOS FENÓMENOS: INVESTIGACIÓN DE SUS CAUSAS. 



MEMORIA GALARDONADA CON EL PRLMER PREMIO EN EL CERTAMEN CELEBRADO EN I 884 
POR LA REAL ACADEMIA GADITANA DE CIENCIAS Y ARTES. 



(continuación.) 



IV. 



INVESTIGACIÓN DE SUS CAUSAS. 




los pocos días después de pre- 
sentarse los crepúsculos con 
toda su grandiosidad en nues- 
tra Península, decían del Observatorio 
de Madrid con prudente circunspec- 
ción: «De la causa de donde proceden 
no es fácil decir, sin grave riesgo de 
equivocarse, y lo que es peor de inducir 
en error á oyentes ó lectores, una sola 
palabra.» Pero muy en breve desapare- 
ció el miedo á las equivocaciones, aun 
cuando todos se reconociesen expuestos 
á caer en ellas. Comenzaron inmedia- 
tamente á pulular hipótesis con más ó 



menos visos de verdad, por manera que 
algún tiempo después pudo decir la 
Revista Agustiniana, que rara vez pu- 
diera haberse traído á cuento con más 
razón aquello áaquotcapita^ tot senteniice. 
No intentamos nosotros exponer las 
opiniones todas á que han dado margen 
los resplandores crepusculares; porque 
sería tarea demasiado larga para nues- 
tro intento. Reduciremos las más nota- 
bles á dos grupos, en uno de los cuales 
incluiremos las opiniones de aquellos 
que colocaban el teatro de las escenas 
luminosas fuera de la atmósfera terres- 
tre; (estos son los menos); y en el otro 
grupo las de aquellos que juzgan no ser 
necesario salir de ella para dar explica- 
ción satisfactoria del fenómeno. Con la 
prudenteprecaución indicada, proseguía 



8 



Los RESPLANDORES CREPUSCULARES 



el dicho Observatorio de Madrid: «Pero 
á juzgar por su persistencia y por la 
sorprendente periodicidad de su repro- 
ducción, asi como por el área misma 
de territorio, donde, con variantes ine- 
vitables de forma, han sido observados, 
jcaso fw fuera absurdo suponer que pro- 
ceden de causa extratelúrica ó de la re- 
flexión de los rayos solares en átomos 
etéreos ó de nebulosidad cósmica, dise- 
minados por el lirmamento y en con- 
tacto eventual ahora con la envolvente 
superior atmosférica ó con el mismo 
inmenso foco de luz central que los co- 
lorea y desvela á nuestra atónita vista, 
en las únicas horas propicias para su 
mágica percepción. « 

Parecíale al que así opinaba, y no sin 
razón, que simples juegos de luz en el 
seno de nuestra atmósfera, más ó me- 
nos cargada de vapores acuosos ó de 
cristales de hielo, menudos como im- 
palpable polvo, y sostenidos en lo alto, 
allí donde apenas hay consistencia que 
los impidiese precipitarse hacia la tie- 
rra, trabajo costaba creer fuesen causa 
de los asombrosos resplandores crepus- 
culares ¡que entonces de madrugada y 
al cerrarla noche, en España y lejos de 
España, como allí dice, cautivaban la 
atención y vivamente excitaban la cu- 
riosidad de todo el que estuviese dota- 
do nada más que de rudimentario espí- 
ritu de observación. 

«Que las condiciones peculiares de la 
atmósfera, añadía, contribuyan á real- 
zar la belleza del metéoro, á complicar 
su desenvolvimiento y á dificultar por 
extremo la explicación, no admite duda: 
pero que en su producción no interven- 
ga alguna otra causa más eficaz y fuera 
del orden común, se resiste la mente á 
creerlo.» 

Más adelante pasaban los olios. La 



masa solar hallábase en aquel entonces, 
según ellos, en un estado de actividad 
prodigiosa, en una época de trabajo ex- 
cepcional, y no otra cosa probaban las 
911 manchas observadas en aquella 
masa ígnea, desde Noviembre de 1882- 
Innumerables protuberancias veíanse 
en el disco del astro, y chorros de ma- 
teria solar candente eran lanzados por 
los espacios á distancias enormes y con 
rapidez vertiginosa. Añádase á esto las 
niaterias cometarias precipitadas en la 
atmósfera misma del sol, procedentes 
del gran cometa observado en 1882 y 
visto muy cerca del astro rey el 18 de 
Setiembre. Circunstancias especiales 
acompañaron á este errante cometa en 
su acelerado paso por el periheHo: la 
proximidad á que del sol se hallaba de- 
bió de producir en él incalculables mo- 
dificaciones con respecto á su constitu- 
ción física (y quizá también en la quí- 
mica): la intensidad del calor que en sí 
recibía, comenzó por disgregar sus par- 
tes de una manera extraordinaria; pues 
se vio que efectivamente era su cola 
cada vez más y más dilatada. Unido 
esto á la fuerza atractiva del sol que 
hacia sí lo solicitaba, como también á la 
centrífuga desarrollada en su movi- 
miento rotatorio, al pasar por el punto 
del perihelio, salióse de su órbita el co- 
meta y acercábase cada vez más al astro 
del día.... Todo esto presagiaba á cierto 
astrónomo la cercana caída en el sol del 
errante y 3'a casi deshecho cometa. 

En él reconoció Lewit aquel otro ob- 
servado allá en 1843, y pronosticó que 
su suerte sería precipitarse en el centro 
del sistema solar; catástrofe que debería 
de realizarse, según sus cálculos, den- 
tro de pocos años. Participaba de la 
misma opinión M. Gould, quien asegu- 
ró la identidad, no sólo de los dos co- 



DE 1883-8^, 



metas, el de 1843 y el de 1882; sino 
también la de éstos con el que durante 
el año 1880 apareciera en el firmamen- 
to, afirmando del mismo modo su caída 
después de un corto número de revo- 
luciones. 

Constituían ese cuerpo celeste com- 
puesto de carburo de hidrógeno , de 
sodio y acaso también de oxígeno: al 
cruzar cercano al sol, incendióse com- 
pletamente, y toda aquella inmensa ma- 
sa cometaria quedó convertida al poco 
tiempo en sustancia gaseosa. Y véase 
ya cómo mezclada con la atmósfera del 
sol, presentaba á nuestra vista aquellos 
mágicos y extraordinarios colores. 

Otra circunstancia además sirve de 
apoyo á la precedente sencilla teoría. 
Las combinaciones realizadas en la at- 
mósfera solar con motivo de la materia 
cósmica en ella precipitada, han tenido 
por necesidad que ir acompañadas de 
voraces incendios, y producir así un au- 
mento de temperatura superior á toda 
imaginación; y esto, no más, vienen á 
confirmar observaciones termométri- 
cas hechas en el mes de Diciembre, que 
siendo de ordinario el más frío, no fal- 
ta, sin embargo, quien diga y con los 
hechos pruebe que tuvo días extrema- 
damente calurosos, en los que no podía 
sufrirse la acción directa de los rayos 
del sol. Nosotros no recordamos de tan 
extraordinarios calores en la estación 
más fría del año 1884. 

Es de notar, para evitar ilusiones, que 
no hay pruebas positivas de que el con- 
sabido cometa haya experimentado la 
ruina desastrosa por dichos astrónomos 
anunciada. El hecho es que desapare- 
ció, y por lo mismo suponen realizada 
la catástrofe: pero {x cómo tan conside- 
rable suceso pudo ocultarse á la perspi- 
cacia de tantos y tantos observadores 



como se hallan diseminados en toda la 
superficie del globo, registrando los es- 
pacios planetarios, midiendo las vueltas 
y revueltas de los innumerables cuer- 
pos celestes que giran en derredor de 
nosotros? Mas esta observación tiene 
poquísima fuerza para destruir la teoría 
de que tratamos. Podía, dicen, realizar- 
se el fenómeno en día claro, cuando, 
por regla ordinaria, no son visibles los 
cometas. 

Como quiera que haya sucedido, y 
aun dado por supuesto que semejante 
suceso verificado se hubiese, ^podría- 
mos, así y todo, explicar satisfactoria- 
mente los resplandores crepusculares? 
Por de pronto, dos reflexiones sencillí- 
simas se nos ofrecen á primera vista. 
¿Cómo, siendo la atmósfera solar la en 
que estaban los colores, y no la terres- 
tre, podíapresentar el fenómeno un área 
tan extensa como la que vimos ilumina- 
da? Sería necesario que la dicha atmós- 
fera del sol, a pesar de la distancia que 
de nosotros la separa, abrazase todavía 
mucha más extensión, á lo menos apa- 
rente para nosotros, que lo que aparecía 
iluminado durante los crepúsculos; co- 
sa que á nuestro modo de ver nadie ad- 
mitirá. Cierto que una parte de la at- 
mósfera del sol puede ser realmente y 
sin comparación más extensa que toda 
la atmósfera terrestre; pero no es me- 
nos cierto también que por efecto de la 
distancia, disminuye su magnitud hasta 
el punto de parecemos, no puede suce- 
der de otro modo, un pequeño disco 
que al sol rodea: no de distinto modo 
que, siendo en realidad la tierra un 
punto respecto del sol, vemos éste como 
un punto con relación á la tierra. Es 
pues físicamente imposible que el sol y 
su atmósfera, aun supuestos los dos 
completamente iluminados, fuesen en 



I o 



Los Ri:si-LANDORn:s crepusculares 



manera alp:una causa de los resplando- 
res crepusculares. 

Consiste la otra observación, también 
sumamente sencilla, en que debían ver- 
se los colores en pleno día, como al salir 
y ponerse el astro; ó por decirlo mejor, 
en tanto podrían verse, en cuanto el sol 
y su atmósfera estuviesen sobre nuestro 
horizonte: pero acaecía precisamente 
todo lo contrario. Tal hipótesis tendría 
algún fundamento si se tratara de los 
colores diversos que más de una vez 
envolvían al disco solar, cuando sus 
rayos todavía nos alumbraban directa- 
mente. 

Materia cósmica, partículas de estre- 
llas candentes, ó átomos siderales des- 
prendidos y abandonados en los espa- 
cios planetarios, eran, en la opinión de 
otros, la causa de que al atravesarlos la 
luz del sol é iluminándolos, absorbiesen 
los demás colores de la luz descompues- 
ta y dejasen llegar solamente á nosotros 
los que aparecían en aquellos poéticos 
crepúsculos. Pero prescindiendo de que 
á esta teoría pueden oponerse casi las 
mismas objeciones que á la precedente, 
no creemos que esas sustancias etéreas, 
cósmicas ó siderales.... rodasen erran- 
tes por los ámbitos del cielo sin obede- 
cer á las fuerzas atractivas de alguno 
de los planetas. Seria, pues, necesario 
suponerlas, ó en nuestra atmósfera, ó 
en la del sol, ó en la de algún otro astro; 
teniendo en contra de dicha suposición 
para los dos últimos casos, las razones 
más arriba apuntadas. Mas dejando ya 
á los que buscan origen ó causas extra- 
telúricas del metéoro, veamos los demás 
distintos pareceres. 

Una extraordinaria aurora boreal les 
pareció ver á los primeros observadores 
que se hicieron cargo de los crepúscu- 
los: é imagináronse otros que la luz zo- 



diacal se había salido de sus límites or- 
dinarios, tomando nuevas, más amplias 
y nunca vistas proporciones, y á la in- 
fluencia de este metéoro luminoso atri- 
buían el fenómeno crepuscular; pero 
muy en breve fué desechado este pa- 
recer. 

La aurora boreal, en tanto así se lla- 
ma, en cuanto se ostenta y aparece 
siempre en el Polo: los crepúsculos rojos 
eran constantes en el E. y en el O,, y ni 
tampoco convenían los dos metéoros en 
otras particularidades características de 
cada uno. Obsérvase en el primero cier- 
to movimiento vibratorio, que todavía 
los físicos no han explicado satisfacto- 
riamente: la iluminación crepuscular no 
manifestaba indicios de este movimien- 
to; aquella masa tan esponjosa bella- 
mente matizada parecía hallarse en com- 
pleto reposo. 

Por lo tocante á la luz zodiacal, pudo 
quizá ilusionar en un principio y hacer 
que muchos la confundieran con los res- 
plandores de que tratamos; mas vistos 
luego el desenvolvimiento progresivo y 
las proporciones mismas que de día en 
día iba adquiriendo el fenómeno, esta 
opinión fué también relegada al olvi- 
do. Movido M. Vial por esta idea, pu- 
blicó un artículo en donde exponía su 
parecer, atribuyendo los dos fenóm.enos 
á la reflexión de la luz del sol en las 
capas superiores de la atmósfera, sin 
que por esto confundiese la luz zodiacal 
con los crepúsculos; solamente le seña- 
laba el mismo origen. Dicha teoría de 
Vial motivó después una serie de con- 
testaciones entre el autor y M. de Bre- 
tón, quien oponía á Vial que su doctrina 
carecía de fundamento para explicar la 
luz zodiacal. 

Juzgaban muchos que la reflexión de 
los rayos solares en los cirros suspendí- 



DE 1883-84. 



II 



dos en las últimas regiones de la atmós- 
fera, ocultos á nuestra vista, eran la 
causa que se buscaba; mas á esto se 
opone la extensión de los crepúsculos 
simultáneamente observados en toda la 
redondez de la tierra: es de todo punto 
inadmisible que á un mismo tiempo 
se hallase la atmósfera terrestre en 
idénticas condiciones meteorológicas, 
relativamente á esas nubes ligeras lla- 
madas cirros, que con regularidad de- 
bían extenderse en las últimas capas 
del aire, para por medio de la reflexión 
producir aquel fenómeno tan regular y 
acompasado. La reflexión de la luz blan- 
ca es, además, incapaz de producir por 
sí sola la variedad de colores. 

En el mismo escollo tropieza la opi- 
nión de aquellos que lo atribuían á la 
descomposición de la luz en las vejigui- 
llas de vapor acuoso existente en toda la 
masa aérea; aumentando en sumo grado 
la dificultad, si se tiene en cuenta la ele- 
vación á que alcanzaba el segmento ilu- 
minado. Porque suponiendo que el foco 
de donde arrancaban los rayos lumino- 
sos era el sol, la bisectriz del ángulo, 
formado por el rayo incidente y de re- 
flexión, alcanzaba varias veces á los 50, 
60 y hasta los 70 kilómetros de altura, y 
tampoco es probable que el vapor acuo- 
so pudiera sostenerse á tanta elevación, 
allí donde la densidad del aire es casi 
nula, si hemos de atenernos á la pro- 
gresiva disminución de dicha densidad 
según que nos remontamos á ma3^ores 
alturas. Cierto que observaciones espec- 
troscópicas durante el período de ilu- 
minación indicaban en aquellos resplan- 
dores la presencia del agua: y M. Smith, 
que hace años viene estudiando por 
medio del espectroscopio la banda de 
lluvia, afirma no haberla nunca visto 
con tanta claridad como entonces: de 



cuyas observaciones concluye la Revue 
des queslions sdenlifujiies, publicada en 
Bruselas, (i) que los rayos verdes llega- 
ban hasta la vista del observador al 
través del aire húmedo. 

Los datos higrométricos recogidos en 
la región inferior de la atmósfera du- 
rante la misma época, parecen con- 
trariar los suministrados por el espec- 
tro, pues demuestran que cuando los 
crepúsculos llegaban al apogeo de su 
brillantez, hallábase el aire relativa- 
mente muy seco. Pero nada tiene de 
particular que las dos cosas sean muy 
ciertas, pudiendo sin dificultad algu- 
na encontrarse los vapores acuosos, 
no en las últimas capas, tanto inferio- 
res como superiores, sino en los espa- 
cios intermedios, é influir de este modo 
en la coloración de los crepúsculos. No 
obstante, por las razones antes apunta- 
das, niel vapor de agua puede tampoco 
señalarse como causa única y universal, 
á no ser que toda la masa de aire estu- 
viese impregnada de vaporen grado ex- 
cesivo, y entonces necesario seriabuscar 
el origen de evaporaciones tan extraor- 
dinarias como requiere semejante estado 
atmosférico. Más adelante veremos de 
explicar en algún modo esta dificultad; 
porque nos parece que dichos vapores 
de agua deben de haber desempeñado 
uno de los papeles principales en el 



(i) Esta revista había publicado enton- 
ces un detenido estudio del fenómeno. Re- 
comendamos, al que desee datos más mi- 
nuciosos, la lectura de este artículo: es el 
trabajo más fundamental de que tenemos 
noticia entre los que han tratado del asun- 
to. La Lectura católica que se publica en 
Madrid, publicó un extracto, mejor di- 
cho, casi todo el artículo de la revista de 
Bruselas, traducido al castellano. 



12 



Los RESPLANDORES CREPUSCULARES 



teatro de aquellos mágicos resplando- 
res. En la primavera anterior (la de 
iS8.|) y desde que la intensidad de los 
crepúsculos comenzó á disminuir, abun" 
dantísimas lluvias han descendido en 
muchas partes sobre la tierra. r-Quién 
sabe si por ventura existirán íntimas 
relaciones entre los dos sucesos, y aque- 
lla enorme masa de agua evaporada 
entonces, condensándose después, ha- 
brá dado origen á esta tan abundante y 
continua 11uví¿l^ La verdad es que si el 
fenómeno crepuscular ha sido uno de 
los sucesos que deben considerarse fue- 
ra de lo ordinario, no es menos cierto 
que la abundancia de agua desprendida 
después del seno de las nubes, debe for- 
mar época en la historia de los metéo- 
ros acuosos. 

Después de lo dicho, admitiendo el 
estado vaporoso de la atmósfera, y aña- 
diendo por otra parte al vapor de agua, 
como quieren otros, las partículas de 
nieve y de hielo esparcidas por las re- 
giones altas y medias, y teniendo ade- 
más en cuenta la diferente densidad de 
las capas que la luz atraviesa oblicua- 
mente etc., es fácil, á los partidarios de 
estas hipótesis, darnos razón de la ma- 
nera de formarse en el seno de nuestra 
atmósfera esos resplandores crepuscula- 
res que tanto nos admiran. Pueden re- 
ducirse sus explicaciones á la teoría que 
expusimos al principio de esta memoria, 
tratando de los crepúsculos ordinarios 
matutino y vespertino. 

Fúndanse, además de esto, en suce- 
sos acaecidos en años anteriores; para 
lo cual recuerdan una explicación que á 
este propósito pone Kcemtz en su Curso 
de Meteorología, refiriéndose á los cre- 
púsculos rojos observados en 183 1. Dí- 
cese allí, en efecto, que cuando el vapor 
de agua se halla á grande altura, per- 



maneciendo á la vez muy trasparentes 
las capas inferiores del aire, el crepús- 
culo puede prolongarse por mucho 
tiempo. El verano de 1831 fué notable 
en este concepto: viéronse en él crepús- 
culos rojos extraordinarios durante una 
temporada, los cuales se extendían de 
Madrid á Odesa, y los diarios de aquella 
época están llenos de observaciones so- 
bre el asunto y de descripciones del 
metéoro. El 25 de Setiembre, al ponerse 
el sol, nada de extraordinario ofrecía el 
aspecto del horizonte; pero muy luego 
apareció el firmamento hermoseado 
por un color rojo muy vivo: la parte 
iluminada correspondía exactamente al 
punto en que se hallaba el sol, ya tras- 
puesto al otro lado de los montes, du- 
rando el fenómeno hasta más de las 
ocho de la noche: de la misma manera 
siguió reproduciéndose á la salida y 
puesta del astro del día. Cuando el aire 
estaba impregnado de vapor de agua, 
presentábase el rojo con mayor ó me- 
nor intensidad, mezclado con estrías de 
color gris, y á veces de vivo carmín. En 
el invierno, cuando después de un tiem- 
po lluvioso, ligeros cirros flotan en la 
atmósfera, es frecuente ver el cielo de 
color rojizo. «Está visto, concluye de lo 
dicho, que la duración y coloración de 
los crepúsculos depende del estado at- 
mosférico.» 

Relacionada con la teoría de Kajmtz 
está la expuesta por el en otra parte 
citado AL Smith. Bastan para el prime- 
ro las partículas congeladas de agua y 
nieve y los vapores vesiculares muy 
elevados; en las cuales sustancias, sir- 
viendo de prismas ó de reflectores, se 
descomponen los rayos de luz, y al tra- 
vés de las capas del aire trasparente, 
llegan hasta nosotros. La opinión del 
segundo puede adaptarse del mismo 



DE 1883-84. 



13 



modo á los crepúsculos de que habla- 
mos, que á todos los fenómenos de esta 
especie. Pero si esto así fuera, no ha- 
bría razón de calificar como extraordi- 
nario metéoro el de 1883-84. Hace notar 
el sabio astrónomo que observando con 
el espectroscopio al astro rey en el acto 
de ponerse, todo el color violeta y gran 
parte del azul eran completamente ab- 
sorbidos. Independientemente de esta 
absorción general, las diferentes capas 
de aire producen, además, otra absor- 
ción selectiva y particular que depende 
del estado higrométrico de la atmósfera. 
Cuando los rayos del sol se reflejan y 
atraviesan después capas de aire seco, el 
color rojo es el dominante. Si, por el 
contrario, está el aire saturado de vapor 
acuoso, absorbe en gran parte los rayos 
rojos, formándose á la vez un tinte neu- 
tro que pasa del rojo al amarillo y verde. 
En España hay también quien parti- 
cipa de opiniones muy conformes con 
las que acabamos de exponer. Escribía 
en La Unión un aficionado (así se llama 
él mismo, ocultando su nombre propio): 
— «Alguien ha insinuado que se debía 
este fenómeno á una acción extratelúri- 
ca, y hasta se ha hablado de revolucio- 
nes en el sol, alarmando quizás prema- 
turamente á la gente sencilla ó escasa 
de instrucción. Confesamos de buen 
grado que nada sabemos ni estamos en 
estado de saber acerca de semejantes 
revoluciones. Parécenos, sin embargo, 
que el fenómeno nada tiene de particu- 
lar, más que su repetición, su insisten- 
cia en una palabra, y como la repetición 
no cambia la naturaleza de ningún he- 
cho, vamos á trascribir literalmente la 
descripción que de él hace un sabio 
que tiene títulos y motivos para cono- 
cerle. » — Corl claridad parece que ve el 
aficionado. 



Véase la descripción á que hace refe- 
rencia. — aCielo coloreado. Es un fenóme- 
no óptico que debe su origen á la di- 
fracción durante el paso de la luz al 
través de la atmósfera. Las partículas 
extrañas suspendidas en el aire, como 
polvo, humo ó gotitas de agua, obstru- 
yen los rayos de luz, ofreciendo mayo- 
res obstáculos al paso de los rayos de 
una onda débil, como la del color viole- 
ta, que á los de una onda fuerte, cuales 
son los de color rojo. Aquellas partícu- 
las están generalmente acumuladas en 
las capas inferiores de la atmósfera, de 
manera que cuando se pone el sol, sus 
rayos han de pasar sucesivamente por 
las densidades cada vez mayores, que 
ofrecen estas capas, y la luz se descom- 
pone, ó digámoslo así, se criba. Prime- 
ramente desaparecen los rayos violados 
y azules, y luego los de color anaranja- 
do: duran algún tiempo más los amari- 
llos, y los rojos son los últimos en des- 
aparecer. Por el contrario, al sahr el 
sol, á medida que éste se levanta sobre 
el horizonte, los colores cambian gra- 
dualmente desde el rojo hasta el blanco 
claro.» Y concluye con las palabras si- 
guientes tomadas de la Elemenlary Me- 
íeorology'de Scott. — Londres, 1883: «Por 
consiguiente, á las impurezas de la at- 
mósfera ha de atribuirse el que el sol al 
salir y al ponerse aparezca teñido de 
rojo en las grandes poblaciones.» 

Entre tanta diversidad de pareceres, 
difícil es inclinarse á uno ú otro sin co- 
rrer el riesgo de equivocarse. Dos cosas, 
sin embargo, á nuestro modo de ver, 
nos parecen ciertas entre tanta incerti- 
dumbre: 1.=^ que la constitución de la 
atmósfera se hallaba en aquel entonces 
notablemente modificada en toda su 
masa; 2." que lejos de ser causa de esta 
modificación la pureza del aire, según 



M 



Los RESPLANDORES CREPUSCULARES 



algunos han querido afirmarlo, debe 
más bien atribuirse á su impureza, la 
cual consiste para nosotros, en multi- 
tud de sustancias extrañas con él mez- 
cladas, sin que por esto exclu3^amos, ni 
los cristales de hielo, ni las partículas de 
nieve, ni el vapor de agua, ni otras mu- 
chas materias que constantemente se 
hallan en la masa fluida que nos rodea. 
Admitido esto, creemos que puede dar- 
se una explicación bastante satisfactoria 
de los efectos luminosos producidos en 
los extraordinarios resplandores, causa 
de tan variadas hipótesis. No falta sino 
averiguar el origen y naturaleza de esa 
diversidad de sustancias extrañas, á las 
cuales es debida tal modificación en el 
aire. 

«Que los crepúsculos, (había dicho 
meses antes la Revista Agustinlvna) sean 
causados por la reflexión dicha, no cabe 
duda (hablaba entonces de la teoría de 
M. Vial explicando la luz zodiacal y los 
crepúsculos por la reflexión de los rayos 
solares en las capas superiores del aire.) 
«La dificultad consiste en explicar la 
coloración especial que han presentado 
y presentan á nuestra vista. Así lo creí- 
mos desde un principio y nos pareció 
que el aire debía de estar impregnado de 
alguna sustancia extraña, llámese cós- 
mica ó como quieran llamarla; pero esa 
sustancia cósmica, esos polvos meteóri- 
cos, esos vapores, según otros, eso que 
modifícala constitución déla atmósferaj 
^•de dónde procede? ¿qué elementos con- 
tiene? ^qué es? ^;Cuál es su constitución?» 
Hoy puede hacerse la misma pregunta, 
aun después de todas las averiguaciones 
más empeñadas Y aun prescindiendo 
de la naturaleza que las constituye, y al 
indagar solamente el origen de esas 
materias eventualmente mezcladas con 
el aire, nos encont¡-amos con nuevas di- 



ficultades, se descubre un campo in- 
menso en donde los sabios naturalistas 
han sostenido diferentes batallas cien- 
tíficas, se han dividido por fin, y si- 
guen hoy dos vías muy distintas. 

En efecto, opinan algunos que dichos 
polvos proceden de los espacios plane- 
tarios, y por lo mismo los llaman sus- 
tancia cósmica, sideral etc., debida á la 
disgregación de algún cometa, ó á la llu- 
via de estrellas cadentes y fugaces. Pero 
un suceso fatal, el desastre de Java y 
Sumatra, había llamado la atención del 
mundo entero, poco tiempo antes de la 
maniíestación de los crepúsculos, y por 
esto se incHnó la mayor parte de los 
sabios á que, lejos de poderse atribuir á 
dichos polvos origen sideral ó cósmico, 
lo tenían volcánico. 

Entre los de la primera opinión cuén- 
tase el docto catedrático de Tortosa 
D. José J. de Landerer, quien creía que 
la tierra atravesaba una gran nebulosi- 
dad cósmica, cuya procedencia ú origen 
debía buscarse en el cometa llamado de 
Biela. Landerer opinaba de este modo 
cuando se trataba de los crepúsculos 
de i8S4,y en la actualidad no ha variado 
de dictamen; antes juzga su modo de 
pensar más y más confirmado con el 
hecho de haber vuelto á presentarse 
crepúsculos rojos durante el verano de 
este año 1885. «La observación, — decía 
en nota dirigida á la Academia de Cien- 
cias de París no ha muchos meses, — la 
observación demuestra que los resplan- 
dores crepusculares de los últimos días 
de Mayo y primeros de Junio han ad- 
quirido una intensidad extraordinaria. 
Siendo yo el primero que he dado á co- 
nocer las razones que resultan en favor 
del origen cósmico, atribuyéndolos al 
cometa Diela-Cambar, no puedo menos 



DE 1883-84. 



15 



de señalar un argumento más en favor 

de esta hipótesis. 

«Se sabe que la longitud del nodo as- 
cendente del cometa era de 246.°. Pues 
precisamente la longitud de la tierra d 
primeros de Junio era, con pocos gra- 
dos de diferencia, la misma que la del 
nodo de que se trata. Es pues, muy pro- 
bable que estos resplandores no son 
producidos por otra causa que por estos 
polvos que la tierra acaba de atravesar; 
probabilidad que alcanza á certeza des- 
de que se ha notado que análogos en- 
cuentros (de la tierra con nubes de polvo 
cósmico) han tenido lugar de seis en 
seis meses, dando siempre origen á se- 
mejantes metéoros.... 

«No hay duda que el vapor de agua 
puede modificar la vivacidad de estos 
colores; pero también parece evidente 
que estos vapores no son la causa efi- 
ciente del fenómeno.... Debo notar, ade- 
más, á este propósito, que durante el 
periodo en gran 'manera lluvioso, que 
desde Setiembre hemos atravesado, no 
ha habido un día, ni aun el más sereno, 
en que las rayas de absorción del vapor 
de agua en el rojo, no se hayan visto 
muy claras en el espectroscopio. Estas 
observaciones, que yo hago sistemáti- 
camente, han sido realizadas en Tortosa 
á una altura de 33 metros, y sobre la 
cumbre de las vecinas montañas, desde 
el 14 de Junio, á la altura de 790 metros. 
Dirigiendo el espectroscopio hacia la 
región de la corona, después de poner- 
se el sol, nunca el instrumento me ha 
suministrado indicación alguna diferen- 
te de las que obtengo en pleno día mi- 
rando á cualquier punto del cielo, estan- 
do á la misma altura del horizonte.» (i) 



(i) Vid. Revista Agustiniana.=Vo1. X, 
n." III. perteneciente al mes de Setiembre, 
pág. 274-75. 



Y añade después, — prosigue por su par- 
te la Revista Agustiniana, — que es im- 
posible la suspensión permanente en el 
aire de polvos cristalinos procedentes 
del Krakatoa. Diremos nosotros que la 
periodicidad con que, según se observa, 
parece pasar la tierra durante su curso 
por la órbita, por alguna zona de polvo 
de origen cósmico, no es más real y cier- 
ta que la erupción de algún volcán siem- 
pre que se han visto crepúsculos ex- 
traordinarios, como consignado se halla 
en muchas partes, y no vemos que mi- 
liten más razones por una que por otra 
hipótesis, como ni tampoco creemos 
que pueda excluirse el vapor de agua 
en el aire como causa parcial de los cre- 
púsculos, especialmente de aquellos que 
no tienen de extraordinarios más que 
la intensidad y viveza de los colores; 
cuales han sido los observados en los 
meses anteriores, muy distintos, sin 
duda, como decíamos, de los vistos hace 
cosa de dos años.» 

Pertenecen también á los que opinan 
con Landerer los que antes menciona- 
mos como partidarios de la caída en el 
sol del cometa de 1882; pues dado que 
la primera explicación no fuese satis- 
factoria, acudían á esta segunda. Al des- 
hacerse el errante cometa por la in- 
fluencia de la excesiva temperatura del 
sol, gran parte de su extensa cola se 
disgregó en pedazos, separándose del 
núcleo [ahecho observado por muchos as- 
trónomos«) quedando esparcidos preci- 
samente en aquella parte del espacio 
por donde, al poco tiempo, había de 
atravesar la tierra al recorrer su órbita. 

Mientras el cometa con rápido curso 
se precipitaba atraído por el astro del 
día, avanzaba nuestro globo y penetra- 
ba en aquella masa cometaria, ya más 
enrarecida, v diseminada en zona sin 



1 6 



Los RRSPLANDORF-S CREPUSCL'I.ARES 



comparación más extensa del espacio. 
Dj aquí resultó una mezcla con la at- 
mcslera terrestre, y lueg'o aquella serie 
de resplandores que tan justamente 
llamaron la atención. Según fácilmente 
s^ concibe, la materia cósmica no se 
había dilatado y extendido con regula- 
ridad perfecta, resultando de este modo 
capas de densidad distinta, lo cual era 
causa, al mismo tiempo, de la diversi- 
dad de colores y de las manchas ó som- 
bras observadas en el fenómeno. Pero 
¿cómo, podrá decirse, tardó tanto tiem- 
po la tierra en atravesar esa zona in- 
mensa saturada de materia cometaria.^ 
Preveía el inventor de esta flamante hi- 
pótesis la objeción, y se apresuró á re- 
solverla. La prolongación de los días, 
dice, durante los cuales fué visible el 
fenómeno atmosférico, no puede engen- 
drar dificultad alguna. Los cálculos es- 
tablecidos demuestran que la anchura 
de la cola del cometa, en la época de su 
perfecta manifestación, y cuando mejor 
pudo observarse, no tenía menos de 
786,000 leguas: suponiendo, pues, que 
la tierra atravesase esta cola perpendi- 
cularmente al eje, no podía verificarse 
el trayeto en menos de 18 días, pues- 
to que la tierra en su movimiento de 
traslación recorre diariamente 44,640 
leguas. Teniendo ahora en cuenta la di- 
latación que dicha masa había experi- 
mentado, se concibe que la extensión 
por ella abrazada al penetrar la tierra 
en su interior, se había multiplicado 
considerablemente. 

Parécenos que la dificultad admite 
otra solución: llegado que hubiese la 
tierra á encontrarse con la nube cós- 
mica ó cometaria, bastaba que aquella 
verificase una ó dos revoluciones sobre 
sí misma, para que \u atmósfera fuese 
totalmente invadida por los polvos de la 



nube, y hecha así la mezcla, permane- 
cer éstos en el aire algunos meses, y 
esto antes que otra cosa debía suceder 
por necesidad, dadas las predichas cir- 
cunstancias. Pero entonces, ¿por qué los 
crepúsculos no se vieron á la vez ó casi 
á la vez en toda la superficie del globor 
Esto último nos hace dudar de la soli- 
dez de la hipótesis y considerarla sin 
bastante fundamento. 

Análoga, sin embargo, es la expuesta 
por M. Reynard en un artículo publica- 
do en 7 de Diciembre (1883). También 
se inclina á creer este autor que los ta- 
les polvos tienen un origen cósmico; 
y guiado M. Joud por sus propias ob- 
servaciones, establece como cierto que 
todos los años penetra en la atmósfera 
gran cantidad de polvos meteóricos. Su 
existencia real en el aire confírmanla, 
según elparecer de los mismos observa- 
dores, las varias veces en que desde el 
principio de los resplandores crepuscu- 
lares, han caído con las lluvias y las 
nieves; pero desgraciadamente, los en- 
sayos practicados en un análisis no de- 
terminan con claridad y precisión si su 
procedencia es celeste ó volcánica. 

Las observaciones realizadas en Ma- 
drid por W. Beyrinek y J. Van Dam, y 
en Holanda por Pherson, parecen confir- 
mar la teoría volcánica; más los datos 
recogidos en Genova y Noruega porNor- 
denskiold yTissandier indican el origen 
cósmico. Acerca de estos últimos dice 
iM. Yung en una nota presentada en la 
Academia de Ciencias de París: «Parece 
haber caído durante la segunda quin- 
cena de Noviembre una gran lluvia de 
polvos metálicos sobre nuestro globo, 
los cuales, sin duda alguna, han tenido 
parte en la producción del magnífico 
fenómeno que todos han admirado des- 
pués de ponerse el sol. La presencia de 



DE 1883-84. 



17 



partículas sólidas sumamente peque- 
ñas, caídas de los espacios planetarios y 
detenidas en las capas superiores de la 
atmósfera, podría dar razón de la per- 
sistencia de los resplandores crepuscu- 
lares. Una lluvia semejante de polvos 
nada tiene de extraño, si se exceptúa su 
abundancia. La época en que descendió 
coincide con los últimos días de .No- 
viembre, caracterizada todos los años 
por gran número de estrellas errantes.» 
Y prosigue M. Chapel asegurando que 
el 10 y II de Diciembre de 1882 se ob- 
servaron en París coloraciones crepus- 
culares análogas á las del año último; y 
añade que las de 1882 coincidieron con 
el encuentro de la tierra v una masa de 
materia cósmica. Léese por otra p¿ute 
en una correspondencia española, que 
durante el período cósmico de Octubre, 
hubo manifestaciones del mismo gé- 
nero. 

En Suecia y Escandinavia, y princi- 
palmente en Stokolmo, Cíipital de la 
primera, hanse llevado á cabo observa- 
ciones muy curiosas de esta especie. La 



nieve varias veces caía mezclada con 
polvo negro, y en varias otrasquedaban 
el suelo y las plantas teñidas del mismo 
color después de haber llovido. En los 
ensayos de análisis hase visto que este 
polvo contenia gran cantidad de mate- 
ria carbonosa: quemado el -mismo á la 
llania viva, dejaba residuos rojizos que 
entrañaban óxido de hierro, sílice, fós- 
foro y cobalto. Cosa muy parecida han 
observado en el monte del Gran San 
Bernardo, situado á los 2 \()n metros de 
altura, con polvos recogidos por aque- 
lk)S religiosos. 

Sea suficiente lo dicho para formar 
una idea de la opinión que atribuye 
origen cósmico á las sustancias extra- 
ñas que el aire contenía mientras dura- 
ron los crepúsculos. Ocupémonos ahora 
en examinar las razones de los que 
quieren que el origen dicho sea vol- 
cánico. 



Fr. Ángel Rodríguez. 



(Se concluirá.) 




%> 



UM BÜEM RELIGIOSO 






-.-i- 



'^^ 



(Apuntes i-aka la Biografía del R. P. Fr. jull\\ Bermejo, Agustlno Calzado.) 




Inadvertidos para muchos, y casi 

:ompletamente ignorados para 

[ la mayor parte de los que no ven 



en los religiosos de Filipinas más que 
un so;kiío obstáculo al progreso y cul- 
tura de esta hermosa colonia española, 
han pasado (y pasarán en adelante) los 
sacrificios sin número de tantos héroes 
de la caridad y del amor, que abando- 
nando con dolor la madre patria, han 
sido el paño de lágrmias de estos po- 
bres habitantes, y centinelas avanzados 
de los intereses de España. Groseras in- 
jurias y denigrantes epítetos han sus- 
tituido á las razones, cuando se les ha 
querido pintar como apáticos...., ya que 
no haya encontrado otras armas la re- 
linada envidia de sus émulos, ó la poca 
consideración y resp2t3 de sus adver- 
sarios. La grandeza de ánimo de los 



frailes, que raya más alto de á lo que 
pueden aspirar mezquinos intereses, ha 
mirado siempre con desprecio á seme- 
jantes enemigos, y siguió al través de 
mil vicisitudes prestando honrosos ser- 
vicios á la Religión y la Patria, sin más 
mira de recompensa ulterior que la pro- 
pia satisfacción que acarrea el cumpli- 
miento de tan sagrados deberes. Xo va- 
mos á hacer aquí una apología: sólo 
pretendemos dar un solemne mentís á 
los enemigos de los religiosos de Filipi- 
nas, presentándoles uno como modelo 
de pa¿riolismo, ya que tanto de patrio- 
tismo se habla en estos tiempos que 
corremos, por lo mismo, tal vez, que 
hay tan poco, y nada en los que con 
más frecuencia invocan tan retumbante 
nombre. ¡A cuántos de estos patriotas 
adocenados se les podría aplicar una 



U\ nUEN RF.Lir.iOSO Y PATRIOTA F.SPAXOL. 



TO 



fabulilla que yo me sé!... Pero los que 
alimentan el fuego sagrado del verdade- 
ro amor patrio, tienen el consuelo de 
saber que: siempre se. ensucia la frente, el 
loco que escupe al cielo:, y bien seguros 
del cumplimiento' de su deber, hacen 
tanto caso de diatribas impotentes, 
como la luna de los perros cuando la 

ladran. 

Presentando los hechos del esclareci- 
do Religioso Agustino que motiva estos 
mal pergeñados renglones, creemos 
prestar un pequeño servicio á la no 
menos esclarecida Orden que le ama- 
mantara en su seno, y que le cuenta 
entre sus más ilustres hijos, así como 
satisfacer á más de cuatro preguntas 
impertinentes que no pocas veces he- 
mos tenido el disgusto de oir de labios 
de ciertos individuos que á pesar de te- 
ner la mejor opinión de los frailes, de 
quienes se titulaban (según ellos decían) 
amigos] no dejaban de fomentar ciertos 
rumores, entre los cuales hacían sobre- 
salir como pecado capital el de ser a7iti-es- 
pafwles y anti-patriotas. 

Xo parece sino que los frailes han 
sido expulsados de la madre patria, y 
desterrados á estos lejanos países á cau- 
sa de ser allí considerados como una 
lepra social: por lo cual llegaron á re- 
negar de ella, como reniega de sus pa- 
dres el hijo por ellos abandonado! Llá- 
maselo antes para que no le lo llame.... 
Se necesita mucha preocupación y des- 
preocupación para no vor lo falso de 
ciertas aseveraciones en lo que atañe 
á los religiosos de Filipinas, verdadero 
sostén de la patria en estas regiones y 
centinelas avanzados de los intereses 
de la misma, al mismo tiempo que in- 
fatigables propagadores de nuestra sa- 
grada religión. Algunos de ellos, ver- 
daderos cruzados de nuestros tiempos, 



han demostrado más de una vez que, si 
bien su principal misión era sólo traba- 
jar contra los enemigos déla Religión, 
no por eso se creían exentos del de- 
ber de hacerlo también contra los de la 
Patria. De entre estos recuérdanse con 
orgullo los nombres del renombrado 
P. Capitán, del no menos célebre Padre 
Agustino Recoleto Fr. Pascual Ibáñez 
de Sta. Filomena, muerto hjróicamente 
al tomar el fuerte de Ahisi en el i\rchi- 
piélago de Joló en 1851; los del Jesuíta 
P. Ducos, que dirigió la expedición or- 
denada contra el mismo Archipiélago 
por el Excmo. Sr. Capitán General 
Obando, y en nuestros días los de los 
PP. Agustinos que fueron en la llevada 
á cabo por el E!xcmo. Sr. D. José Mal- 
campo y Monje en 1875. Omitimos otros 
nombres y otros detalles para hablar 
sólo del no menos notable por otros tí- 
tulos, P. Julián Bermejo, objeto de es- 
tas líneas. 

Es cierto que el nombre de este insig- 
ne religioso no ha metido, digámoslo 
así, tanto ruido como alguno de los 
arriba citados: pero tan poco lo es me- 
nos que no por eso deja de sjr su nom- 
bre más popular entre los indios, por 
más que sus hechos no hayan ido uni- 
dos á otros esclarecidos nombres, como 
fueron los de aquéllos, motivo por el 
cual son más conocidos de todos. Su 
memoria grata vivirá eternamente en 
el corazón de los habitantes de las islas 
\'isayas, y será recordado siempre con 
amor y cariño el nombre del que en vida 
fuera para ellos un padre bondadoso y 
un defensor de sus más caros intereses 
contra los moros piratas que infestaron 
estos mares, y á los que detuvo más de 
una vez en sus incesantes correrías. 

Tal como lo hemos oído de boca de 
los mismos indios, testigos presenciales 



2r> 



Un buen religioso 



al^'unos, vamos a presentar los hechos 
de tan benemérito reUfrioso, descarta- 
dos de las anécdotas de que los mismos 
han querido revestirlos, )Dor no tener 
éstas la verdad que aquéllos. 

ilabia nacidf> el M. \i. P.Julián lier- ; 
mejo en Pardillo, partido judicial de I 
Navalcarnero. provincia de Madrid y 
Arzobispado de Toledo, el año 1777: á 
los quince años de edad ingresó en el 
Real Colcjíio de i'P. Ap'ustinos Calzados 
de \'alladolid, y en él profesó en 1793, 
siendo luego destinado por sus supe- 
riores á Filipinas, para donde salió en 
1 1 de Marzo de 1797. en compañía de 
otros Religiosos de la misma Orden, 
ün 1802 llié destinado á la cura de al- 
mas en esta provincia de Cebú, y se 
encargó de la parroquia del pueblo de 
Boljoon el 9 de Octubre de dicho año, 
sucediendo en el ministerio al R. P. Ma- 
nuel Cordero. 

No parece sino que la Providencia 
había intervenido de un modo muy es- 
pecial en los destinos del P. Julián y 
en la acertada elección que de él hicie- 
ron los prelados de la Orden al enviar- 
le á esta provincia, y con más especia- ¡ 
lidad á uno de los pueblos á la sazón j 
más hostilizados por los piratas joloa- j 
nos, cuyos atropellos y excesos teníanle ¡ 
aterrado, así como á los demás pueblos ! 
de la costa. | 

.\penas habíase posesionado del pue- 1 
blo á que le destinara la obediencia, ¡ 
tuvo ocasión de oir las dolorosas quejas , 
de sus después tan queridos feligreses, I 
de ver las lagrimas derramadas por ■ 
muchas familias, que lloraban la pérdi- 
da de algunos de sus individuos arre- | 
batados poi" aquellos infames coi'sarios; 
y al comprender tan lamentable sitúa- I 
ción. comprendii'j también cuan urgen- i 



te le era remediarla, en cuanto sus es- 
fuerzos alcanzasen. 

Kntre otras de las muchas vejaciones 
que había padecido el pueblo, escuchó 
con dolor profundo la inferida por aque- 
llos bandidos del mar en 1782, en que fué 
reducido á cenizas casi en su totalidad, 
saqueadas é incendiadas la Casa parro- 
quial é Iglesia, salvándose solamente 
de la rapacidad de los moros algunas 
ropas sagradas y la imagen del Patro- 
cinio de la Santísima \'irgen. Patrona 
titular del pueblo. 

En vista del inminente peligro, puso 
inmediatamente los cimientos de la ac- 
tual cota ó fuerte, que forma un cua- 
drilongo de unos ciento veinte metros 
en su mayor largo, por unos ochenta 
de ancho, y un metro de espesor en el 
muro, todo él de argamasa y piedra 
vitoca, reforzado en sus cuatro ángulos 
por otros tantos baluartes, uno de ellos 
con almenas, y todos con aspilleras, 
así como la cota por su frente al mar. 

Dentro de esta fortaleza levantó la 
Casa parroquial desde sus cimientos, y 
continuó la obra de mampostería de la 
iglesia, que había principiado su ante- 
cesor el P.Ambrosio Otero, todo ello con 
el fin de que tuviese la gente del pue- 
blo asilo seguro en caso de una brusca 
acometida de los moros, y evitar una 
catástrofe, como la ya mencionada de 
1792, siendo Cura párroco de este pue- 
blo el clérigo D. Esteban de Castro. 

Aunque no tan pronto como hubiera 
de desear, vio concluidas estas obras en 
tiempo relativamente corto, si se atien- 
de á las interrupciones ocasionadas por 
falta de brazos, empleada como estaba 
la gente disponible en la guardia cons- 
tante de la costa. 

De.sde esta época ya fueron muy in- 
significantes los golpes de mano de los 



Y PATRIOTA E^ÍPANOI.. 



21 



piratas, merced al buen régimen esta- 
blecido por el P.Julián. Se presentaban, 
dicen los viejos que alcanzaron los su- 
cesos, alguna que otra vez, cautivando 
algunos cristianos, sorprendidos por la 
noche en el mar durante sus faenas de 
pesca; pero ya no volvieron á desem- 
barcar en el pueblo, como antes habían 
hecho. 

Habíase levantado sobre el peñón de 
17/ al N. del mismo otro baluarte, desde 
donde el vigía constante día y noche 
podía divisar pancos de moros, caso de 
presentarse por cualquiera de los pun- 
tos del mar. que desde allí se domina- 
ban. \'ista por los moros la imposibili- 
dad de saltar á tierra en el pueblo, 
sorprendían los barrios de Balitan, \m- 
sán y Manbaje, lo que dio motivo al 
P. Julián para levantar la línea de ba- 
luartes de que coronó la costa, desde el 
Tanón (hoy Santander en el extremo 
Sur de la Isla) hasta el pueblo de Sibon- 
ga, en una extensión de diez y seis le- 
guas, y en los cuales puso su guardia 
correspondiente que pudiese dar el 
aleria en todo caso. Construidos en las 
puntas salientes de tierra, podían co- 
municarse todos por medio de un telé- 
grafo convencional de banderas, y dar 
el oportuno aviso para armarse la gente 
y salir al encuentro de los joloanos. To- 
davía están en pié muchos de estos ba- 
luartes aspillerados, entre los cuales se 
conservan en regulir estado los conoci- 
dos con los nombres de S. Pablo, S. Ga- 
briel, S. Andrés, S. Juan, S. Pedro, 
S. Custodio. S. Marcos, S. Ambrosio, 
S. José, S. Julián, S. Miguel. S. Este- 
ban, S. Cucufate. Santiago, Sta. Bárba- 
ra, Sta. riita, Sto. Tomás, S. Gregorio 
y Patrocinio. 

Vista la necesidad de artillar estos 
baluartes, suplicó las armas necesarias 



al efecto, y el Superior (jobierno. acce- 
diendo á sus justas súplicas, expidió un 
dcci'eto por el que concedía al P. Julián 
armas \' pertrechos. Lo copiamos aquí 
íntegro según copia que se conserva en 
el archivo de esta parroquiíi, autoriza- 
da, así como el recibo del P. Bermejo, 
por \). Juan de Andrade. Hélle aquí: 

«Manila f de Junio de 1808. El Señor 
Subinspector del real (>uerpo de Arti- 
llería se servirá disponer que con las 
formalidades de ordenanza se libren 
de los almacenes de su ramo y entre- 
guen á disposición del R. P. l"r. Julián 
Bermejo, ÍAira párroco del pueblo de 
l>ol)oon, para el mismo dos cañones de 
bronce del calib.'-' 1; dos de á dos: doce 
fusiles con sus bayonetas: cincuenta 
piedras de chispas, y sus correspondien- 
tes juegos de armas, pólvora y muni- 
ciones del respeto de cincuenta tiros 
por boca; treinta de metralla, y veinte 
á bala rasa. Para el de Panglao, dos ca- 
ñones de á 2; dos de i, también con sus 
correspondientes juegos de armas, pól- 
vora y municiones, del respeto de cin- 
cuenta tiros por boca, treinta de metra- 
lla y veinte á bala rasa. Para el de Aohj 
dos cañones de á 2; dos de á i; doce fu- 
siles con sus bayonetas; cincuenta pie- 
dras de chispa con los correspodientes 
juegos de armas, pólvora 3- municiones 
de respeto de 50 tiros por boca, treinta 
á metralla, y veinte á bala rasa. Para el 
de Dalaguete, dos cañones de á .4: dos 
de á 2; dos dea i, con sus juegos de 
armas, pólvora y municiones de más 
respeto que las anteriores. Para el de 
Carear, i cañón de á 4: dos de á 2: dos 
de á i: con 12 fusiles con sus bayonetas, 
cincuenta piedras de chispa: los corres- 
pondientes juegos de armas, pólvora y 
municiones del mismo respeto que los 
que preceden: y para el de Argao, dos 



Un hup:n religioso 



cañones del calib/ de á .|: dos de á 2; 
cuatro dcYi i. con sus juegos de armas 
y municiones á ij^ual respeto que los 
anterit)res.=--Firmado.— -l't)lj,^ueras. )' 

"Orden del Subinspector del Cuerpo 
dj Artillería.— -Manila S de Junio úc 
iXoo. — Kntré¿?uense peí- el ("luai'dia Al- 
macenero de Arlilleriíi todos los electos 
que previene la orden que antecede. = 
l"irmado.=Crame.>> 

De todo ello dio recibo el 1'. Julián, 
interviniendo el señor Azas, y copia 
del mismo autorizada por el Sr. Ana- 
cL^to. «Kn virtud del Superior decreto, 
— dice á la letra, — «recibí del Guarda 
Almacenero Gral. de Artillería de es- 
ta plaza siete cañones de bronce del 
calib.'-^; siete cureñas de marina de di- 
cho calib.% siete almohadas, siete cuñas 
de puntería, doce falconetes de bronce, 
del calib.*^ 2, con sus horcones de fierro, 
doce dichos del calibre de á i con id., 
ciento cuarenta balas de fierro del ca- 
lib.'^ 1, doscientas cuarenta dhas. del 
calib." 2, doscientas cuarenta dichos del 
calib.'^ I, doscientos diez racimos de 
metralla del calibo 4, 'con 28 balas de 
plomo de á 2 vñ. en cada una: 350 sacos 
de metralla del calib.^ 2, con 32 dichos 
de plomo de íusil en cada uno: 360 di- 
chos del calib." I con 15 balas de plomo 
de id., en cada uno: 350 cartuchos va- 
cíos de medriñaque del calib.'^ 1. con los 
óoo dichos del calib.'^ 2: (x>o dichos de 
á t: siete atacadores con sus lanadas del 
calib."' 1:12 dichos de á 2; 12 dichos de 
á r. .\ id. de la misma de cobre del ca- 
lib.*^^ .\ entrastadas; seis dichos del ca- 
lib." 2: seis dichos de á i: cuatro saca- 
trapos de fierro cntrastados del calib.' 
.j; seis dichos de a 2: seis dichos de í\ 1: 
siete cubichetes de madera del calib.*^ .1: 
12 planchadas de plomo del calib.'^ 2; 12 
dichas dea i: siete guarda-cartuchos 



de cuero del calib.'^^ 8: treinta y seis fu- 
siles de guarniciones de fierro: 150 pre- 
cedías de fusil: 1800 cartuchos de fusil 
con pólvora y bala acomíjdados en s 
cajones y 1 1 qq." de ptMvora gruesa para 
los pueblos de Boljoon, Panglao, Agna. 
Halagúete, Carear, y Argao: y por que 
conste, lo firmé en estos Rs. Almacenes 
de Artillería á 9 de Junio de 1808.= 
Con mi intervención. =Azas: Firmado, 
=Vr. Julián Bermejo.» Es copia del 
original. =.\nacleto.=rEs copia de lo 
que queda unido al expediente de su 
asunto, y á que me remito.=CebLi 27 
de Mayo i8i7.=Firmado: Juan de \n- 
drade.» 

Con tales elementos pudo el P. Julián 
imponer respeto á los moros, artilland(j 
sus baluartes, y equipando la armadi- 
11a de ocho harangayanes que hizo cons- 
truir para salir en su persecución. No 
contento con la defensiva, tomó la ofen- 
siva, com.o si dijéramos, el desquite; 
y los harangayanes denominados San 
José, Patrocinio y S. Julián, tripulados 
por Boljoanos: Sta. Rosa, por gente de 
Manbaje (hoy pueblo civil de Alcoy): 
S. José, por gente de Inisan (hoy Nueva 
(laceres, parroquia separada de la ma- 
triz desde 1877); y S. Ambrosio é Inma- 
culada Concepción, de Oslob, hicieron 
prodigios de valor en diferentes ocasio- 
nes, y consiguieron, al fin, barrer estos 
mares de piratas, comandados por indios 
intrépidos y arriesgados, entre los cua- 
les corren plaza de vaUentes en boca de 
los indígenas el célebre Capitán Briones. 
de Oslob; Feliciano Méndez, de Boljoon. 
y Miguel Cabanlit y Pedro Cabanlit. á: 
Inisan. Armados cada barangayán de 
dos falconetes, y la gente que los tripu- 
laba de lanza, calcz, puñal, arco y fie- 
chas, salían al mar á la orden del P. Ju- 
lián, en cualquier momento que alguno 



Y PATRIOTA RSPAXOL. 



de los baluartes de la costa hiciese la 
señal de "moros.') Kn tales circunstan- 
cias servía la mencionada cota del pue- 
blo de asilo á las mujeres, ancianos y 
niños, mientras que la gente de armas 
se hacia á la mar. Teníales encargado 
guardasen la mayor serenidad, y ape- 
nas estuviesen al alcance de los pancos, 
saltasen al abordaje; premiando luego 
á los que, en opinión de sus patrones 
respectivos, se distinguiesen por su va- 
lor, y castigando á los que se mostrasen 
cobardes en la lucha, con vestirlos de 
mujeres y en tal estado pasearlos por 
las calles del pueblo. 

Supo el P. Julián infundir tal valor á 
los indios, que hasta contentos se des- 
pedían de él para ir al encuentro de los 

moros ¡tal era el prestigio de su 

nombre! 

A fin de que la armadilla estuviese 
lista en cualquier lance, había impuesto 
una especie de contribución, que consis- 
tía en que cada familia del pueblo, al 
tener noticia de la presencia de los mo- 
ros, bien fuese en virtud de las señales 
de las banderas de los baluartes, bien 
por el cuerno de mar, llamado Bodiong, 
que solamente tocaban en tales ocasio- 
nes, trajese una ganía de arroz, descas- 
carillado ya, agua y demás comestibles, 
con el objeto de que los llamados lance- 
ros de los barangayanes no demorasen 
la salida. Hizo publicar por bandillo las 
señales convencionales del telégrafo de 
banderas, que eran las sigientes: sobre 
un asta de ocho brazas de altura esta- 
ban colocadas en todos los baluartes 
banderas de señales, que en algunos, 
(como en el de la islita de Somilom, 
frente de Oslob, con el objeto de poder 
comunicarse con Siquijor, isla asimismo 
en frente, según habían convenido el 
P. Bermejo y el P. Juan Félix de la En- 



carnaci(')n, Agustino i-ocolctn y (AU'a p i- 
rritco de este último punto) medían diez 
varas de largo, con londo blanco, com- 
binadas con otra negra del mismo lar- 
go, pero de sola media vara de ancho, 
á distinción de la blanca, 'que medía 
tres. Izada ésta (la blanca), daba la señal 
de «moros», y las veces que fuese izada 
indicaba el número de pancos de los 
mismos; sirviendo la otra negra para 
señalar el rumbo que llevaban, que con 
otra encarnada, daba á conocer su pre- 
sencia por el N. ó por el S. 

No pasaron inadvertidas para los mo- 
ros estas precauciones, y teniendo 
noticia de la armadilla del P. Julián, 
pronto se dejaron ver en son de reto; 
pero pronto también comprendieron ser- 
les imposible conseguir el objeto que les 
guiaba, cual era destruirla, y en varias 
ocasiones experimentaron terribles des- 
engaños. Según las instrucciones del 
P. Bermejo, á penas los cristianos se 
avistaban con ellos, sin esperar á ser 
envestidos ¡como antes, abordaban sus 
pancos con furor, y conseguían, cuan- 
do no derrotarlos, dispersarlos. 

Corría el mes de Noviembre de 1812, 
cuando se columbraron frente á la isla de 
Maücasa, entre estay el pueblo de Dala- 
guete, distante de Boljoon como unas 
tres leguas y media próximamente, va- 
rios pancos de moros. Dadas Ids señales 
convenidas, salieron á su encuentro 
siete de los barangayanes de la armadi- 
lla, al mando del Capitán Juan Grego- 
rio. Comandaba los pancos el renegado 
pirata Orandin, según supieron luego 
los cristianos por otros tres que fueron 
rescatados en esta jornada, y tres moros 
llamados Maluam, Cctriciii y Gane, que 
trajeron y presentaron al P. Julián, el 
cual dispuso fuesen llevados á Manila. 

Fué tal el denuedo y valor de los in- 



I'n llTEN Ki:i.|(,l()Si. 



clins cristiiin<is,c]uc clcn"nt¿ir(in a losmo- 
ms. echando a pique dos pancos, cntie 
ellos el que mandaba el Orandin, que, al 
ver su causa perdida, saltó á uno de los 
cristianos, cris e n mano y Heno de des- 
pecho, y dicÍL-ndo aquellas palabras, que 
todavía recuerdan los viejos de este 
pueblo: ^'U'^ lupa (yiiLi) pa laman bisan 
pilanL^r pol(}[» si fuese en tierra, aunque vi- 
niesen contra mi todos los habitantes de la 
isla. Defendióse el Capitán moro como 
un león; pero, á pesar de sus esfuerzos, 
cay(') muerto á lanzadas, y su cabeza, 
col{?ada del palo mayor de uno de los 
barangayanes, fué traída en triunfo al 
pueblo. 

Sin duda con el objeto de tomar el 
desquite, se presentaron en frente de 
Oslob en número mayor, otros varios 
pancos en el mismo año de 1812. Em- 
bestidos otra vez por la armad illa man- 
díula por el indio Pedro Pirong, fueron 
if2^ualmente derrotados los moros, echa- 
dos á pique tres de sus pancos, apresa- 
do uno, y otros tres restantes, merced 
ai viento que les favorecía, largaron 
velas y se libraron de caer en manos 
de los cristianos. Al siguiente año vol- 
vieron á divisarse hacia la parte de la 
isla de Bohol y frente de Pangangan. 
Esta vez venían cuarenta y ocho pan- 
cos de moros. Terror inexplicable so- 
brecogió á los indios cristianos, y hubie- 
sen desmayado y decaído de ánmio, 
si el genio y prestigio del P. Julián no 
les hubiese infundido el valor.de que 
habían dado tan buenas pruebas en oca- 
siones anteriores. «Yo iré con vosotros, 
hijos míos, — les dijo, — y serán pasto de 
los peces esos infames piratas.» No fué 
necesario más para levantar el decaído 
animo de los Boljoanos, y en son de 
fiesta, salieron los barangayanesal man- 
do del indio Miguel Cabanlit, en busca 



de los enemigos de la religión y de sus 
intereses. I'n solo día les costó ponerse 
á tiro de ellos, y trabada la lucha, sa- 
lieron victoriosos los cristianos, no sin 
tener que lamentar sensibles pérdidas. 
No esperando menos el P. Bermejo, les 
había dicho al partir: «Tracdme las ore- 
jas de los moros que matareis en la lu- 
cha»; y así lohicieron,presentándolelue- 
go una sarta de ellas, que conteníalas 
de más de treinta moros muertos en el 
abordaje. Si bien tan superiores éstos 
en número, lueron derrotados, gracias 
á los certeros tiros de los falconctes, 
armas de que ellos carecían. l:3scar- 
mentados los moros con semejante lec- 
ción, no volvieron á presentarse hasta 
el año 1823, en que asomando por la 
parte de Dapitan y bocana de Siquijer, 
frente de la isla de Alionay, mandados 
por un tal íalib, volvieron á sufrir nue- 
vo desengaño, al encontrarse con la 
armadilla. que dirigía el titulado Co- 
mandante indio Feliciano Méndez, de 
Boljoon, y de cuyos labios hemos oído 
los detalles de este encuentro durante 
una visita que entre otras le hicimos, en 
la última enfermedad que le llevó al se- 
pulcro á la avanzada edad de 71 años. 

Omitimos en obsequio á la brevedad 
de estos ligeros apuntes otros sucesos 
menos notables y otros pormenores, cu- 
ya narración nos llevaría á traspasar los 
límites de estas notas. Así desaparecie- 
ron los fieros piratas, terror de estos 
mares, para los que, á su vez, lo era el 
nombre del P. Bermejo. 

Concluiremos con la narración de 
otros hechos, que le honran nf) menos 
que los anteriores. Nos referimos á la 
parte eficaz que tomó en la reducción 
v conquista de la isla Bohol, que dirigió 
el l^xcmo. Sr. C'apitán General D. Ma- 
riano Ricafort, y ejecutó el Capitán, 



Y PATRIOTA ESPAÑOL. 



25 



primer ayudante del batallón de infan- 
tería de la Reina, D. Manuel Sanz, en 
Abril de 1828. 

Diez y nueve mil monteses de aquella 
isla, que se había sublevado contra el 
Gobierno Español, fueron el fruto de 
esta expedición, según una memoria 
que tenemos á la vista. El I'. Julián Ber- 
mejo, y el P. Miguel de Jesús, Cura 
Párroco de Danao, habían ya acompa- 
ñado al Alcalde mayor de Cebú 1). José 
Lázaro Cayro, quien, á penas desem- 
barcado en Bohol, confió al primero 
parte de sus tropas bajo las órdenes del 
Capitán pasado de este pueblo Pedro 
Cabanlit, que con las restantes se inter- 
nasen por la isla durante veintidós días 
de penosas marchas y contramarchas, 
al cabo de los cuales fueron reduci- 
dos todos los monteses. La gente que 
mandaba el P. Bermejo, sostuvo heroi- 
camente los encuentros de Catigbian, 
Tananan, Caboyogan, Agbonan, y Ca- 
tagdaan. 

Otro de los hechos fué el haber apa- 
ciguado con su sola presencia las suble- 
vaciones de Sibonga, Tinaan y Naga 
en 1814, ocasionadas por los atropellos 
de un tal Blas, conocido con el nombre 
Dato del Parian de Cebú, con ocasión 
de haberse incautado de varios terre- 
nos dentro de la jurisdicción de dichos 
dos últimos pueblos. Dispuesto iba el 
P. Julián con sus trescientos hombres 
armados á hacer reconocer la justicia 
á los que así la atropellaban ; pero 
usando antes de la persuasión, consi- 
guió el objeto que llevaba, cual era el 
de tranquilizar á unos y á otros, y arre- 
glar el asunto amistosamente. 

El P. Julián Bermejo pasó á mejor 
vida en el Santo Niño de Cebú el día 
30 de Abril de 185 1, después de ha- 
ber sufrido con resignación cristiana 



su última enferniedad, y recibido los 
santos sacramentcjs de manos del Reve- 
rendo P. Domingo Sánchez, ('ura Pi\- 
rroco del pueblo de S.Nicolás, el cual 
en compañía de otros sus h^^rmanos de 
hábito, le asistió hasta sus últimos mo- 
mentos. 

Infatigable religioso, y celoso del bien 
de las almas que le habían sido confia- 
das, modelo del misionero y patriota á 
toda prueba, reformó las costumbres 
en el mejor sentido, disipó falsas creen- 
cias, hizo que sus subditos amasen la 
religión y la patria, y dejó la mejor 
memoria de su nombre. 

En vida tuvo el consuelo y la satislac- 
ción de recibir un voto de gracias del 
Gobierno de S. M. D. l'ernando Vil, y 
en nombre del mismo haberle oído de 
los labios del ilustre general el Excelen- 
tísimo Sr. D. Narciso Clavería, con el 
que tuvo una entrevista en el pueblo 
de Oslob en 1848, cuando volvía de su 
célebre expedición de Dalanguingui. 

Así fué tan querido el P. Bermejo 
por los que miraron en él su salvador, 
no habiéndolo sido menos por sus Pre- 
lados, que le eligieron para diferentes 
cargos que desempeñó á satisfacción. 
Fué en la Corporación Prior vocal. De- 
finidor, Prior del Convento del Santo 
Niño de Cebú dos veces, y últiniamente 
Provincial en 1837. Desempeñó también 
por algún tiempo los cargos de Vica- 
rio Provincial y Foráneo en esta pro- 
vincia y Obispado de Cebú. Entre sus 
obras son dignas de especial mención 
las iglesias y casas parroquiales de Bol- 
joon, Nueva Cáceres y Oslob, cuyo 
hermoso templo llama la atención por 
sus elegantes proporciones. 

No son para referir otros hechos por 
carecer de importancia, aunque todos 
ellos honran muy mucho la memoria 

4 



l'í» 



Un ÜlEN Ri;i.Ii>lnS(» Y PATRIOTA KSI'AÑl (I .. 



ele Um insi<4nc ic1Íí-;Íusü. Si experimen- 
tó empen». á pesar de su leal com- 
portamienti), al^'unos desen^'-años, sír- 
vale de consuelo el haberlos sufrido 
con la resifj:nación de im justo, y en tal 
concepto haber dado un ejemplo más 
de virtud á hi retinada envidia de sus 
¿'mulos, aliíunos de los cuales conocie- 
ron su yerro en la hora en que las cosas 
se miran por su verdadero prisma, y 
en que callan y enmudecen las mez- 
quinas pasiones. 

La posteridad le hará justicia, y reco- 



uoceiii que sus cuarenta y ocho años de 
honrosos servicios, de exacto cumpli- 
miento de sus oblii^aciones, de resigna- 
ción, de trabajos y de heroísmo, recla- 
man para ki memoria del 1'. Hermejo la 
veneración y el respeto de propios y 
extraños, que le mirarán con justicia 
como á un héroe de la Religión y del 
patriotismo, y un verdadero hijr) de 
S. Airustin y de España. 

•■"■ l"k. Faiíián Rodríguez, 

Párroco de Boljoon (Filipinas). 




ADDITAMENTA 



AD CRUSENII AUGUSTINIANUM MONASTÍCON. 



— v>»<> T- 



(CONTINUATIÜ.) 



Anno 1505 Salmanticce cclebratur Ca- 
pitulum Congregationis Hispaniae sub 
pra:sidc P. Fr. Joannc Baptista de Nea- 
poli, ad quod convenerunt ctiam Patres 
vocales provincice Castellas. In hoc Ca- 
pitulo, quoniam jam obierat P. Fr. F'c- 
trus de Toro prcefatte Congregationis 
\'icarío generali, et eadem Castella: 
provincia jam reformationem admise- 
rat; idcirco visum est Patribus capitu- 
laribus Congregationem ipsam de me- 
dio tollere, ejusque convcntus pra^dicta.^ 
Castellae provincia.^ aggregare sub nu- 
pcr electo Provinciali P. Fr. Gundisal- 
vo de Alva, cui injunctum fuit ut in- 
choatam reformationem promoveret. 
Sic cessavit opus Ven. Joannis de 
Alarcon. 

Eodem anno 1505, vel ut alus placet 
superiori anno I5o4 0rdini Eremitano 
nomen dedit impius apostata Martinus 



Lutherus, astatis suce anno 22. Ilic filiu 
Belial primam lucem aspexit Islcbii 
Mansfeldia) Comitum in Thuringia Sa- 
xoniaí provincia die lo Novembris an- 
no 1484, vel juxta alios an. 1483. Primis 
litteris Magdeburgi, et Isenaci instruc- 
tus, philosophicu lauream obtinuit Er- 
phordia:; an. 1503. In hac civitate ful- 
minis ictu, quo ad ejus latus quidam 
ipsi amicus extinctus fuit, ingenti ter- 
rore percitus, sasculo valedixit atque 
Ínter Augustinenses Eremitas se rece- 
pit. Ipsius monacatus initium nihil am- 
plius a Superioribus desiderari sinebat: 
omnia enim, et singula regularis disci- 
plinaí pra^cepta, ac presertim jejunia 
admussim servabat. Vittembergam 
deinde sacram theologiam discere a 
Joanne Staupitio tune Saxonica; Con- 
gregationis Vicario generali missus. 
ibidcm quatuor post annis juiblicam 



28 



R. 1'. Mao. Josephi Lanteri 



]:)hil()S()phiiL' cathcclram consccndit. Cir- 
ca ¡dcm tcmpus, ncmpc an. 1510 Ro- 
mam vcnit t¿iinqiiam procurator scp- 
tcm cujnobioiLim, suiu Con^Tc^^ationis, 
quic scsc ab obcdicntia I*. Prioris Gc- 
ncralis subduxcrant, coque a¿?cntc eo- 
rumdcm ctcnobiorum subductio lirma 
rcmansit. 

Usquc ad annum i ^i^j catholicum se 
ostendit: sed jam sub ovina pelle rabies 
lupina latebat. Nam anno 15 17 post- 
quam Joannes Techelius auctoritate 
Leonis X sacras Indulgentias W'itcm- 
bcrf^a) promuli^are coepit, ipse postha- 
bitum se nequáquam fercns, a Sathanas 
íuriis, (transcribam ipsissima verba 
codicis manuscripti Dibliutheca; Ang'C- 
lica; signati [}. 6. I.) a sui principis 
gladio, a sua superbia vita; exagitatus, 
prajpostcro,ac mortali odio Reli¿jionem 
Catholicam prosequens, sectam suam 
c portis infcrorum evocatam tum scrip- 
tis in publicum j^ropositis plurimis, 
tum temulenta semper professus voce 
Ínter suos propagare caipit: formula 
tándem nova; hiéreseos in Comitiis Au- 
gustae Carolo V Cacsari per suos patro- 
nos, et asscclas exhibita, atque a Ca- 
tholicis conliitata;quem nec Pontilicum 
pietas, nec Regum auctoritas, nec Doc- 
torum innumerabilium sana doctrina 
ad Fidem revocare potuerunt; seeculi 
Sycophanta summus, auriga et cur- 
rus inieri: obiit misere in sua patria 
ipso concordia; ab eo numquam dilec- 
ta; die 17 Feb. an. 154O, ajtatis sua; 63. 
Sacrilegas nuptias inierat an. 1525. 

Eodem anno 1505 constituta íuit unió 
Congregationis Saxoni¿u , et quarum- 
dam (icrmanicc provinciarum cuní In- 
subrica Congregatione, obtenta per 
subreptionem, et obreptionem julii 1 1 
ajusdem unionis coniirmatione. Ihec 
eutem unió lacta fuit iihs.juc liccnlij. scu 



scientici Prolecion's, aiit Prioris, sen F^ro- 
ciiraloris gcncralis, et illius scopus fuit 
ut pra;textu ejusdem unionis Fratres 
illi omnino se eximerent a jurisdictione 
P. Prioris Gencralis per participatio- 
nem privilegiorum prcedictic Congre- 
gationis Insubrica;, quac immcdiate 
Sedi .Apostólica; obtemperabat, quin ab 
eodem P. Generali dependeret. Detecta 
per P. Gencralem \'en. Fr. .\ugustinum 
Faccioni apud memoratum Sumunum 
Pontilicem Vnitonim Fralrum valritic, 
Ídem Pontifex sub dic 24 Martii an. 1506 
auctoritate Apostólica decrevit, et de- 
claravit/5er confirmaíion:m, el cipproba- 
lionem, slaliiliiin, el cxemplionem prx- 
dicla, el alia prxmissa cosdem Frcilres 
diclcc Unionis per Alcmaniam conslilulos, 
ob obedienlia, el superiorilale, el snbjec- 
tione dicli Prioris Generalis, el aliorum 
Prionim Gencraliwn exemplos nonfuisse. 
sed siib eisdem Prioribiis, sub quibus prius 
eranl, rema^ísisse et remanere in ómnibus, 
el per omnia, perinde ac si pr cedida; Hilera; 
non emanassenl. 

Ad annum 1507 in Regestis /Egidii 
Viterbiensis fol. 7 a tergo legitur: Plx- 
stant Bonifacii, exstant Clementis, e\- 
stant Johannis, Innocentii, Alexandri 
Senensis illustria, insigniaque in Reli- 
gionem documenta, qucc qui viderit 
intelliget illos (Pontifices) Eremitanos 
sylvicoias non modo adamasse, sed in- 
credibili etiam obscrvantia fuisse vene- 
ratos. Hic autem pro nostri Ordinis 
antiquitate animadvertere licet lauda- 
tum Summum Pontilicem Alexandrum 
Senenscm non esse alium nisi Alexan- 
drum III electum ¿mno 1159. 

ítem lol. 51 memorati Regesti habe- 
tur: Qua'situm per Rcligioncm, ut ubi- 
cumque gentium monumenta legeren- 
tiu^ Religionis, Romam mitterentur: 
postulatusque est liber de actis Ordinis 



Additamenta ad Crusenii Monasticon. 



2q 



cditus ab Ariminensi Gregorio, quem 
quidem Cesenee habcri, in archivis ser- 
vari auditum erat... 

Eodem an. 1507 Julius 11 die 27 Mar- 
tii Bononia Romam revertens, post su- 
péralos Bentivog-lios ad portam Mami- 
niam e leetiea descendens, nostram 
S. Mariaj de Populo ecclesiam ingredi- 
tur, et post aliquantulam preeationem 
ad coenobium divertit, ibique pernoc- 
tare voluit. 

Eodem anno 1507 cum laud¿itus Sum- 
mus Pontifex Julius 11 litteras accepis- 
set ab Emmanuele Lusitania: Rege, in 
quibus narrabantur victoria:, quas ip- 
sius Regis classes Orientalibus Indiis 
reportaverant, easdem litteras nostrati 
/Egidio Viterbiensi tradidit publice an- 
tea in ecclesia S. Augustini, et postea 
coram Sanctitate Sua in Dasilica S. Pe- 
tri legendas. 

Ad annum 1508 sub die 2 Augusti 
praífatus yEgidius \'iterbiensis quam- 
maxime la^tatur se in coenobio Urbis- 
Veteris (di Orvieto) invenisse quosdam 
libros alta vetustate venerandos, in qui- 
bus multa et lecta et cognita sunt de 
D. Parentis Augustini conversione, de 
suscepto cum zona habitu, de tesquis, 
sil\ isque petitis, de eremítica institu- 

tione ac de multis, quee usque ad 

Alexandri I\' unionem intercessere: ubi 
octingentorum fere annorum successus 
quam brevissime et colligi et cognosci 

poterant Et si, ita prosequitur Mgi- 

dius, sua; quemquam reipublica; delec- 
tat et claritas et antiquitas, cujusque 
Eremitce interesse constat eam histo- 
rian! manibus versare, Patrum sanctis- 
simorum exempla condiscere, illos sibi 
imitandos proponere, dareque operam 
Lit quales lili se Patres exhibuere, tales 

et lilios et nepotes inveniant etc I lie 

autem tam pretiosus thcsauriis. prout 



narrat Torellius ad an. 1508 num. 35, 
ab eodem Generali ad nostratem tune 
tomporis Ordinis historiographum l'e- 
licem Milensium Neapolim missus, per 
summam Augustiniantu historia.- jactu- 
ramnavi pereunte naufragium pertulit. 
Annu 1509 Maj 



1- 1 . 



.actantius Pra- 



tensis ab /Egidio \'iterbicnsi mittitur 
ad Orientis provincias Eratres illos 
emendaturus. 

Ad pra:íatum an. 1509 in Regest. ejus- 
dem Generalis yEgidii Viterbiensis 
Ibl. 64 a tergo, ubi lit sermo de (>en- 
tumcellarum eremitorio, ita legitur: Ne 
negligentia... memoratissimi loci me- 
moria aboleretur etc 

Circa hunc eumdem annum 1509 
Sanctimoniales monasterii S. Thomací 
in urbe Genuensi Eremitanum Institu- 
tum receperunt, quod ibidem jam vi- 
gebat antequam Sórores Benedictina; 
illud ingressa; fuerint. I loe animad ver- 
tere juvat pro B. Limbaniaj Religionc 
dignoscenda. 

Sub anno 1512, et die ló Octobris in 
memorato Regesto haec leguntur: Ad 
omnes provincias scribimus petentes ut 
mittant (Romam) quidquid antiquitatis 
habcnt Religionis, veluti privilegia, con- 
tractus, libros etc 

Ad an. 1 517 apud Torellium numero 3 
legitur quod cum in quodam Consisto- 
rio de apostata Martino Luthero Cardi- 
nalis Athanasius de Cornucto dixisset: 
Hic fui/ aliimnus Augusíinianx Familia:, 
statim noster Cardinalis /Egidius de 
Viterbio illi respondit: Reverendissimc 
Domine, si fuisset ex nosiris, pcrmansisscí 
nobiscum. 

In Reg. Generalis Gabrielis Veneti ad 
diem 28 Augusti an. 15 18 scriptum re- 
peritur: Citamus I-'ratrem Martinum 
Eutherum, et si non compareat, decla- 
ramus rcbcllcm nostriim ct Scdi Apos- 



30 



R, P. Mag. JosEPiii Lanteri 



tolica;; quoniam clo^nnatiz-at de auctori- 
tatc Papíc, de induljícntiis ctc 

J-:pisloLTconím Fr. Marlinum l.ulhenuu. 

V\\ dabi-icl N'cnctus \'icarius ^cu. ctc. 
Dilecto nobis in (^hristo Ma^. Gerar- 
do llerhort Provinciali SaxonicU Vix 

tibi persLiadeas in qucm malorum eu- 
mulum nos el reliííionem nostram quí- 
dam nostri Ordinis, et Con^re^''ationis 
de N'icarianis (sic dicebantur iVatres 
C^on^'. Saxonicac) Fr. Martin us Luther 
deduxerit, qui cum se esse sapientem 
coi;-itaverit, oninium qui umquam in 
nostro Ordine fuerunt stultissimus cst 
tactus: is ut alias accepimus per R. D. 
Auditorem Cameras Apostolicac, et 
nunc ex parte Smi. D. \. I ,eonis X no- 
bis sij^nilicatum est, ad tantam perni- 
tiem non modo, sed etianí damnatissi- 
mam hairesim pervenit, ut contra 
S. R. E. et Summum beatissimumque 
Ponlilicem etiam non sit vcritus palam 
Icgere, aperte disputare, ac suam fal- 
samdoctrinam publice prac-dicare, atque 
alia quoque plura agere non religioni, 
non christiano, non sibi, sed haeretico, 
schismatico, et de libro viventium forte 
abraso potius convenientia. Ilunc ho- 
minem sute religioni rebellem in primis, 
et Crucis Christi inimicum, ut desiste- 
ret a maledictis monuimus, et ad jus in 
Urbem citavimus, omnium quaí dixit, 
prajdicavit. et edidit contra S. D. \. et 
R. S. E. vcl emendaturum, vel rationes 
ostensurum: qui in sua hacresi obca.'ca- 
tus sicut suum os in coclum poneré, et 
contra Smum D. X. ausus est insanire, 
et superbe insurgere: ita nobis, et reli- 
fíioni rebellem contumacemque se exhi- 
bere non timuit. Itaque adeo multipli- 
cata est iniquitas, et crevit peccatum 
illius ut de mandato Smi D. X. Pont. 
.Max. co¿;-amur hujus viri pestifera; con- 
ta^rioni remedia adhibere. et ne alios 



inliciendo j:)lurimos perdat. sicut con- 
tra reliííionem nostram rebellem. et 
S. R. \i. hccreticum, contra ipsum ince- 
dere. Et quoniam nos ubique esse non 
possumus, conlisi de virtute, modestia, 
et probitate tua nobis exploratissima. 
iccirco mandamus sub píena ]:)rivatio- 
nis omnium tuorum g'raduum, dig-nita- 
tum, et oíficiorum ut ]:)rceratum fra- 
trem Martinum Luther, bis acceptis, 
capi et incarcerari cures, faciasque in 
vinculis, compedibus, et manicis ferréis 
ad instantiam Smi D. X. Leonis Decimi 
sub arcta custodia detineri. Cum vero is 
de Congregatione illa sit, quac ab obe- 
dientia nostra se exemptam putat. ut 
nullus tergiversandi sibi relinquatur li)- 
cus,damuspropterea tibi in caparte om- 
nem nostram auctoritatem: signiñcamus 
quoque S. D. N. Papam communicasse 
tibi auctoritatem apostolicam amplissi- 
mam ad homincm hunc incarceran- 
dum, vinciendum, detinendumque, non 
obstantibus quibuscumque in contra- 
rium facientibus,quibus ommibus quan- 
tum ad praisens negotium attinet, Sua 
Sanctitas derogatum essedecrevit. Con- 
ccditur praíterea tibi ñicultas interdi- 
cendi loca omnia. et quascumque per- 
sonas auctoritate apostólica excomuni- 
candi, sicut in Brevi apostólico iatius 
videbis. et alia omnia faciendi, qua-> 
scelestissimo huic incarcerando oppor- 
tuna tibi esse videbuntur, et hoc in 
Xomine Patris, et Filii, et Spiritus San- 
cti. Amen. Mandantes ómnibus nostris 
inferioribus cujuscumque Provincia?, 
vel etiam Congregationis, tituli. digni. 
tatis, vel officii existant, ut in hac re 
tibi non modo faveant, consiliuní pr¿e- 
bvjant. sed in obedientia? meritum et 
sub pocna excommunicationis latas sen- 
tentias, quam trina canónica monitione 
pnvmisa in bis scriptis (licet inviti) fe- 



Ar)DITA.MEN'lA AD (vRUSEMI MONASllCf )N. 



rimus.Lit tibí tamquam personas nostras 
parcant, et obcdiant, ac scias in hac re 
nobis et religioni non tantum esse in- 
gens beneficium te facturum, sed Smo. 
D. N. Leoni quoque maximopere satis- 
facturum, qui ultra eam, quam tibí 
debebit obligationem, se etiam polliee- 
tur redditurum amplam remuneratio- 
nem. Scito itaque si rem perficies ne- 
minem in Relií^ione llituruní te lukj 
nobis aut amiciorem, aut eariorem; 
plus tibi commodis, honoribus, digni- 
tatibus cónsules hac una in re, quam 
universa íeceris vita. Age igitur, Deum 
aspice, sanctarum operationum inspi- 
ratorem, ut quandocumque agnoscant 
homines te esse virum, cui animus, et 
cor non desit ad magna, et posse te res 
grandes. Rem facies quam in Ordine 
cuncti laudabunt, nos quoque perpetuo 
tibi obligatos invenies, teque veluti ho- 
noris et Ordinis nostri servatorem, et 
sancta; R. E. zelatorem in posterum 
Religio semper habebit. Quoniam vero 
res moram non patitur, cum maximi 
ponderis sit, mandamus tibi ut nuUis 
parcas laboribus, nullam recuses im- 
pensam ut ha^reticus iste ad manus 
Summi Pontificis deducatur. Prascipi- 
mus Ítem ut quam sajpissime citissime- 
que. et latissime ad nos rescribas, et 
quid actum ilierit accuratissime signi- 
fices. Quidquid autem in hac causa 
fuerit exponendum, exponas, satisíiet 
tibi certe usque ad novissimum qua- 
drantem. \'ale. (>ora.: die XX\' Augus- 
ti 1518. 

15 Feb. Magistrum Crherarcluní Heker 
provincicc nostra^ Saxonias provincia- 
lem,Commissarium indulgentiarum íe- 
cimus in forma consueta. 

ídem Magistro Joanni Staupiz Vicario 
Congregationis significamus.quem com- 



missarium etianí facimus indulgentia- 
rum Capituli. 

Fr. Gabriel \'ic. ("icn. universis Com- 
missariis indulgentiarum salutem. 

Celebraturi (Deo propitio) ^lostri sa- 
cri ordinis genérale capitulum Vene- 
tiis in próxima Pentecostés celebrita- 
te, sicut S'"°- D. N. placü't, ac Rmis. 
Dnis. D. I 'rotectori, l^ñwque Aigláio 
Cardi. etiam visum est; non valentes 
magnam multitudinem fratrum ad illud 
conlluentium ex nostra paupertate sus- 
tentare, ad S">'- 1). N. Feonis Decimi 
pium preesidium de more confugimus, 
15reveque indulgentiarum obtinuimus, 
ubi illarum concessio latissime continc- 
tur. Verum quoniam ubique esse ipsi 
non possumus, propterea de tua pru- 
dentia industria ac probitate confisi, 
per has prassentes litteras in ea causa te 
commissarium facimus et deputamus 
tam in ista provincia, quam et ubicum- 
que te esse contigerit, modo commissa- 
riis ahisn ostri Ordinis (si quosinveneris) 
non obsis tantum, sed faveas totis viri- 
bus. Dantestibi f¿icultatem (juxta tran- 
sumptum tenorem, quem in publican! 
formam ad te misimusjtamprasdicandi, 
confessionesque audiendi, et a peccatis 
absolvendi, quam etiam prasdicatores, 
confessores et alios si expedierit com- 
missarios instituendi. Qui bus quidem 
tantum auctoritatis esse volumus, quan- 
tum vel nos daré possumus, vel tu illis 
pro conscientia tua committere statue- 
r is. Mandamus autem tam tibi quam 
deputandis abs te ut cum fratribus mi- 
noribus Fabricas Basilicos Sancti Petri 
r.ommissariis, máxima cum modestia 
et chántate vos geratis. ne ulla molestia 
aut vexatio, vel injuricc suspicio adver- 
sus fratres illos proriciscatur. ut eos 
modo non habeatis adversatores, sed 
quantum fieri potest, inveniatis adjuto- 



r- 



W. P. .M.\(,. Josi.i'iii L.wii'.ki 



res. Nam cíiLisam üiíunt ipsi non suam 
sed Pontificis, cui quidom ut máxime 
dcbctchristiana rcliiíio, sic oidcm nos 
ct nostram rclif?ioncm quamniaximc 
dcbcrc intclligimus ct fatcmur, plus 
cnim est nobis unus Leo Dccimus quam 
univcrsus orbis. Omnia autcm priidcn- 
tcr simul ac diligontcr tractanda a te 
speramus. cujus nobis perspecta atque 
explorata diu lliit iides, prudentia, cha- 
ritas, ita ut Pontificis liberalitate nos 
frui possimus, ct collati bcnclicii Ponti- 
liccm non pocniteat. Klcemos\-nas vero 
ct distincte scribi ab accipientibus, et 
accurate servari a coUigentibus stude- 
bis, doñee ad eapitulum afferes, vel si 
citius poteris transmittes. Bene in Dño 
vale. Romai i4Feb. 1519. 

-Vprilis I. 1519. Ministrum Gen. Ord. 
S. Francisci l*'r. Franciscum i^echettum 
oramus ut nisi ipse impetrare poterit 
indulírentias pro fabrica Sancti Petri 
publicare, dignetur non impediré nos- 
tras pro capitulo generali: quod certe 
magnis devotisque supplicationibus ab 
eo petimus. 

19 Junii 1 5 19. ad prov. Anglia; Magis- 
trum Fnmundum Bellondo scribimus 
ut de vcxatione illata Ordini in partibus 
illis non dormitet. sed potius si expe- 
diat. fratrem mittat in Urbem,qui apud 
Sedem Apostolicam nostra tueatur ju- 
ra, non sine etiam opera ct sollicitudine 
nostra adhibenda: signiticamusque nol- 
le nos de ritibus studiorum et prasser- 
tim Universitatum aliquod innovare. 

Magistrum Ricardum Angle usque ad 
provinciale eapitulum in oflicioVicaria- 
tus hiberni relinquimus; demum vero 
Vicarium in capitulo ipso piT)vineiali 
eligi alterum volumus, sicut de more 
est, qui conlirmari habeat a provinciali 
Angliíe non obstantibus quibuscumque 



littcris a Rmo. 1). .Egidio hactenus 
cmanatis. 

Die 15 Martii 1520. 

Gen, Gabriel \'cneteus M." Joanni Stu- 
pitio jDTo conciliando Lutherio. 

Miro tenebamur disiderio videndi et 
alloquendi tLii in gen. Gapitulo quod 
Venetiis superiorc anno fuit celcbra- 
tum. Nam cum multa ad Congregatio- 
nis decorem spectantia, tum Magistri 
Martini Lutherii causam tractare te- 
cum opus habebamus: tune cnim teni- 
poris venire in lucem Cfjepit quod ipse 
ediderat volumen de virtute indulgen- 
tiarum, cujus dogmata etsi scandalo 
pusillis et magnis fuerint, curata tamen 
levi medicamine fuissent, si una ad col- 
loquendum convenissemus. Tanta cnim 
ut ipse in suis fatetur scriptis, est illius 
in te observantia, et tua in Religionem 
pietas, ut non dubitemus, quin veri 
omnis discrepantia tune sedata et plañe 
extincta fuisset; factumque. Deo duce, 
esset ne ad pejus sonantia declinatum 
esset: sed quonian eo fructu tute pra:- 
sentia; honestissimis, ut credimus. ra- 
tionibus, privati sumus, visum nobis 
est necessarium valde has ad te pra?sen- 
tes scribere, quibus intelligas qua;nam 
et quanta immineant mala tuas Congre- 
gationi et nostro in primis Ordini. nisi 
Mag. Martinus ipse a loquendo scriben- 
doque cesset de his quaj S. R. E. incon- 
sueta sunt, vel potius scandalosa. Quoad 
malum Ordinis attinet, scias reügionem 
nostram in oculis omnium factam esse 
odibilem, habitumque et nomen Augus- 
tinensimn adeo exosum haberi. ut din-i- 
to tamquam de apostólica sede male 
meriti. ostendamur: remissiusque pro- 
di re in publicum nos oporteat. Et qui 
soli Ínter mendicantium ordines nun- 
quamde hícresi vel accusati vel sus- 
pecti habiti sumus. nune veluti haíretici 



Aduita.menta AI) Crusenii Monasticon. 



o o 

>) 



conspectum hominum fugerc coí^amur. 
Quas res eo molestior nobis cssc debet, 
quo magis innocentissimum pontiliccm 
Leonem Decimum tangere vidctur, cui 
nostra religio tantum debet, quantum 
ulli mortalium deberé non potest: cui- 
que ob innunierabilia collata nobis be- 
nefieia, nostri ordinis nedum non ad- 
versan, sed máxime interest gratilicari, 
ct perpetua cum iiumillitatc atque tide 
subjici, sanguinemque fundere, et vitam 
ipsam denique, si res postuiet. centies 
in dies poneré. Huic accedit quod Doc- 
tores nostri antiqui et novi, sicut /Eg-i- 
dius Romanus, et Augustinus Anconi- 
tanus sua tempestate viri doctissimi 
consueverunt: qui et libros scripserunt, 
et omnia eorum studia in obsequium 
S. R. E.pro ipsius tuenda attollenda- 
que potestatis plenitudine dedicave- 
runt. Praiter autemuniversalem Ordinis 
in quam jam jam devenimus jacturam, 
timcndum est tibi demum ne ob hanc 
ipsam causam tua Congregatio eis óm- 
nibus indultis, gratiis, privilegiis, exem- 
tionibus, immunitatibus privetur, qui- 
bususqueinpra2sensgaudet,perseverat, 
et floret cum Dei et hominum laude. 
Prajcavendumque est máxime ne prop- 
ter nocentem unum, tot innocentissimi 
Patres almae familias suas videant exter- 
minium. Accepimus enim apud mag- 
nos de re hujusmodi incidisse sermo- 
nen!, et securim esse ad radicem. At 
nunc, ut tidcli relatione significatum 
est nobis, plúmbea qua^dam bulla con- 
licitur contra scripta quamplura Mag. 
jam dicti Martini: in qua tanien Smus. 
D. N. habita nostrae Religionis ratione. 
ñeque Ordinis Sancti Augustini, ñeque 
Martini Lutherii nomen exprimí voluit: 
unde argumentum sumimus nos quam 
pium, quam mitem. quamque bene- 
volum Augustinianaj Familiaí se Leo 



Smus. Papa X exhibeat: qui jam qua- 
driennio provocatus. vix ad defensio- 
nem, ne ad ultionem dicamus. adduci 
[jotüit: dissimulans otTensiojiem homi- 
nis,exhorrens communem nostramcon- 
fusionem, solum expectans emenda- 
tioncm. Ilajc autcm omnia scripsisse 
ad te voluimus, ut videas in quem ma- 
lorum cumulum res nostras deductas 
sint, et quasnam nostro Ordini accedat 
i n lamia: ac denique quale periculum 
tULc Congregationi immineat. Horta- 
niur tepropterea, et per vineulum cha- 
i'itatis adstringimus ut has omnes ob 
causas quacumque opera, studio, cura, 
industria, diligentiaque tua curare at- 
que eflicere velis ut .Mag. Martinus 
a loquendü abstineat contra Sanctam 
Komanam Ecclesiam, et Indulgentias 
ipsius. Et quam Dominus supra lir- 
mam petram ledificavit, non ipse jam 
incipiat, proprio nimis Iretus ingenio, 
loco velle moveré suo: sed cesset tán- 
dem a libellis edendis, sileatque diim 
videt tanta scandala in dies periculo- 
siora suscitare: sitque dicentis Christi 
memor: Vce homini ¿lli, per qucín scan- 
daliim venil. Scribimus ad te, cui ii- 
lius ingenium perspectissimum esse 
scimus: quemque ipse unice audiat. 
colat, et observet, huic multis malis 
eripiendo te unum tanto adjumento 
jsse, si volueris, posse intclligimus, ut 
nihil sit prccterea nobis requirendum: 
quare te oramus per pietatem tuam in 
Religionem, et charitatem in Deum si 
zelus, si honor, si commudum, si salus 
Religionis, et Congregationis tuas cor- 
di tibi sunt, ut hac una in re curam 
omnem, omnc studium. cogitationem- 
que colloces ac reponas, ut te adjutore. 
Mag. Martinus ipse tándem ad se rc- 
vertatur, et secum Ordo noster e tanta 

5 



11 



H. I^. M.MÍ. JoSKI'IU I.AMKRI 



infamia ct calamiUilc cripiatLir. \'alc in 
DomiiH). 

An. 15JÍ) Mcnsc Majo Imp. Carolus V 
epislolam misit ad (ícn. (íabriclcm Vc- 
netiim pctcns nc am(»vcrct ab ollicio 
visitatonim provincia; (>astcllaj I"r. 
joanncm (lallepo, ct \'v. Thomam de 
\'illan()va: nam si sccus licrct, íidjiíc 
firrc iJ f^í^ssojuís lWjuo jninio. aliciquc i\i- 
tionc ícn/.irciniis provincia: rehus ccmsii- 
^cic. illos.jiic in officin gcrcndo liUari, el 
servare: uí pote qui summo consilio, et 
prudentia cúnela modcrenlur. inslaiircnl, 
el ad anliquam legiim rcdiganl observan- 
h'aní, quodcerte nos lam acccpimus quam 
qui máxime, el ul ad opialum finem perdu- 
calur omnem opem adlubiluri sumus.= 
Rcspondit statim Generalis se libcnter 
Majestati Suas morem gerere — V. Reg. 
an. i526fol. 90 a tergo, — et fol. 108. 

Anno 1526 Clemens MI P. Fr. Caro- 
lum de Advocatis Augustinianum Ver- 
ccllensem creavit \'icarium Generalem 
llumiliatorum, eorumdem habituní su- 
mere jubens. Erat celeberrimus concio- 
nator, vitee spectabilis, atque zelo reli- 
gionis, et scientia clarus. Videturtamen 
Summi Pontificis expectationi minime 
satisfecisse. 

In Capitulo generali an. i526mense 
-Majo Tarvisii celebrato inter cantera 
alia decretum sequens editum fuit:=: 
Cum .Martiniana; hasresis contagio tam 
late diffundi cccpit, ut nisi ómnibus op- 
pugnetur consiliis christiano gregi non 
parvamsit allatura calamitatem:idcirco 
ad illam prorsus eliminandam, atque 
eradicandam prascipimus in meritum 
sanct'.e obedientia;, et sub sententia ex- 
comunicationis, quam trina canónica 
monitione pra:missa his scriptis feri- 
mus, ne quispiam nostrorum Fratrum 
librum aliquem Martini Lutheri. cujus- 
cumque sit lectionis, penes se retiñere 



audeat, ejusve aut scripta legere aut 
dogmata sectari, seu de ejus opinioni- 
bus, conclusionibusquc suis disputare, 
colloqui, aut quovis pacto conferre... 

An. 1 5 38 in Cap. gen. mense Junio 
Verona; habito: Prx'cipue ad obvian- 
dum publicac infamia;, quam nostrac 
Keligioni de lutherana hacresi multi 
emuli libore et invidia contulerant, de- 
cretum fuit ut mitterentur ad pedes 
Sanctissimi Domini Nostri tres ex gra- 
vioribus Ordinis Patribus, qui totius 
Religionis nomine loquerentur, ac sanc- 
titati suae bonam mentem, sinceram fi- 
dem et humillimam obedientiam totius 
nostri Ordinis exponerent, supplicantes 
ut sua Sanctitas dignetur duobus Rmis. 
Cardinalibus commitere, ad quos pos- 
simus habere recursum quoties quis- 
piam de hasresi hujusmodi Religionem, 
aut Patres, ac Fratres illius afíirmave- 
rint, aut quovis modo hac de causa mo- 
lestiam intulerint. Placuit ómnibus Defi- 
nitoribus, ac P. Rmo. quod accessuri 
ad Summum Pontificem essent P. Ma<?. 
Augustinus Pedemontanus, P. Mag. 
Hieronymus Seripandus, et P. Mag. Au- 
gustinus Tarvisinus. 

Anno 1533 e Castellee provincia sep- 
tem nostrates ad Mexicum navigarunt, 
nempe Ven. P. Fr. Franciscus de Cruce, 
qui fuit casterorum caput, P. Fr. Augus- 
tinus de Corumna, qui postea fuit Epis- 
copus Popajanensis, Ven. P. Fr. Hiero- 
nymus Ximenez alias de S. Stephano, 
P. Fr. Joannes de S. Romano, alumnus 
coenobii Burgensis, P. Fr. Joannes de 
Oseguera, alumnus convenías Toletani, 
P. Fr. Alphonsus de Borgia, et \'en. 
P. Fr. Georgius de Avila, alumnus ejus- 
dem coenobii Toletani. Ca;teri autem 
erant alumni conventus Salmanticensis. 
Anno autem insequenti illos secuti sunt 
Ven. Joannes de Vera-Cruce, et Ven. 



Additamenta ad Crusenii Monasticon. 



15 



Joannes Estacius, qui ad eamdem Cas- 
tellee provinciam pertinebant. 

An. 1535 Ven. Franciscus de Cruce ad 
Hispánicas oras remeavit ut a D. Thoma 
de Villanova, tune Castellaa provinciali, 
alios evangélicos operarios pro Mexica- 
no Regno impetraret. Duodccim autem 
selectos viros obtinuit, qui nimirum 
fuere PP. FF. Joannes Baptistade Moja, 
Gregorius de Salazar, Franciscus de 
Nieva, Joannes de Avila, Antonius de 
Aguilarj Antonius de Roa, Joannes de 
Sevilla, DidacLis de S. Martino, Petrus 
Pereja, Augustinus de Salamanca, Dida- 
cus de Cruce, et Joannes de S. Martino. 
Quoniam autem praefatus D. Thomas 
a Villanova secum in Hispania Fr. Gre- 
gorium de Salazar retiñere voluit: idcir- 
co in ejus locum suftectus fuit Ven. P. 
F"r. Sebastianusde la Reyna, atque etiam 
celeberrimus Ven. P. Fr. Alphonsus de 
Gutiérrez de Vera-Cruce, qui tune erat 
adhuc presbyter, atque perinsignis Sal- 
manticensis Universitatisprofessor, qui 
factus deinde Eremita Augustinianus 
doctrinan atque sanctitatis splendore 
universam illam Novse Hispania^ pro- 
vinciam máxime illustravit. Paulo post, 
eodem scilicet an. 1535, idem D. Thomas 
fidei propagandas zelo exardens alios 
quinqué nostrates sub duce Ven. P. 
Fr. Nicolao de Agreda ad prasmemora- 
tum Mixici Regnum misit. Ex his unus, 
nempe P. Fr. Lucas Pedroso paucis 
post diebus quam ad Mexicanas oras 
appulerat, in gravem morbum incidit. 
qui illum ad immortalitatis patriam 
brevi transmisit. 

An. 1539 \'en. Fr. Joannes E!stacius e 
México in Híspaniam rediit alios evan- 
gélicos operarios collecturus, quos se- 
cum ad excollendam illam remotis- 
simam Domini vineam perduceret. Col- 
legit autem alios duodecim. atque inter 



eos Ven. Fr. Nicolaum de Pérez, virum 
non minus pietate quam doctrina cons- 
picuum. 

In Reg. Seripandiad an. 1539 habetur 
quod Gencrali oblcmperabal etiam provin- 
cia Anglix^ qiicc lamen desciveral per sep- 
tem annos: Colonia', qiice desciveral per 
qualuor; Bavarioi, quce per sexdecim; Rhe- 
jii el Suevice per quindecim; Saxonia', el 
Thuringice provincia per decem el ocio 
desciveral annos. Alemajiix Andrece Proles 
Congregalio ex qiia prodieral Liilhoiis 
jam milla eral. 

In Capitulo generali mense Majo anno 
1 5 39 Neapoli celebrato sancitum fuit ut 
Capitulum genérale fieret omni quadrien- 
nio, el ne ad ipsiim accedant nisi Vocales, 
el Magislri; el siqíiis sil lulherana hceresi 
infeclus Generali demincielur . Post prae- 
fati Capituli conclusionem Generalis 
Seripandus statim ad varias Italiae pro- 
vincias litteras misit, in quibus inter 
alia praecipue expetebat iil siqui Liilhe- 
ranx pravilalis nolali vel suspeclifuerinl, 
quod averlat Deiis, pessum eanl, librique 
lalis hcereseos siquis invenianlur cum eis 
/oras projicianlur id conculcenliir ab ho- 
minibus. Siquis aulcm eo veneno quemvis 
labidum comperiel, vel suspicelur, caveal 
ne illi convicielur, sed nos illico reddal cer- 
liores. 

An. i539Parisiis in quadam proces- 
sione incedebant Eremitas Augustinen- 
ses tercenti. 

In Reg. Seripandi mense Augusto ad 
an. 1541 ita legitur: Rogavit nos per lit- 
teras illustrissima I). Maria Aragonea 
nostri Ordinis Monialis ut Ven. fratrem 
Thomam de Villanova, cujus consiliis 
et opera in rebus animas máxime ute- 
batur, a conventu Burgensi non amove- 
remus. Idque etiam petiit Serenissima 
Lusitaniee Regina, ac illustrissimus Ilis- 
panias Princeps, per ejus legatum apud 



36 



R. P. M\r,. josEPiii Laxteri 



Lusitanorum KcLrcm. quibus nos omnia 
¡n corum fíraliam lactur<»s qmv ad dicti 
Ven. Patris Thoma.' commoda facciv 
visa nobis csscnt... 

In codcm Ucj;. ad pricdictum an. i yp 
ubi aiíitLir de (Capitulo provinciarum 
(lastcUa- ct iJctica.^ tune unitarum. cui 
l-)nL'ruil ipscScripandus. cclcbratüin op- 
pido l)(»mnarum(l)ucñas) dic 12 Novem- 
bris ínter cajtcra habctur: /'"; . Alphonsus 
.ic Orozco Prior Mclimnensis. Et sub die 
ji cJLisdom mensisNov. ita lcgitur:Vcn. 
iMaií- riionicc \'illanovano Priori Vallis- 
olcti concessimus ut non obstante qua- 
cumquc alia prohibitione ad monasteria 
Moniaiium tam nostri quam alterius 
Ordinis accederé valeret. et earum au- 
dire confessiones. modo qua:; alterius 
essent Ordinis, suorum Prajlatorum li- 
centiam haberent ab eo absolvendi. 

An. 15.]! sub die 21 Nov. Seripandus 
concedit D. Thoma: a Villanovafaculta- 
tem utendi subuculis. et sindonibus li- 
neis, atque vescendi carnibus tempore 
Adventus propter suas infirmitates. 

An. 1511 die 30 Septembris provincia; 
Betica. et Castellana in unam uniuntur. 
et charta unionis propria manu subs- 
cripta fuit a Generali Seripando. a D. 
Thoma de \'illanova. et a B. Alphonso 
de Orozco. 

An. 1542 die i Novembris nostrates 
Ven. Fr. 1 lieronymus Ximencz cum 
alus Ítem nostratibus Patribus Alphon- 
so de Alvarado. Sebastiano de la Re}- na. 
et Nicolao de Parea solvit a México 
nautas comitaturus, qui ad quacrendas 
Ínsulas Aioluccas navigabant: sed post 
multos septem annorum circuitus. tán- 
dem ]'e infecta ad Lusitaniíe oras navis 
appulit. unde pra,Tati nostrates ad Me- 
xicum redierunt. 

An. 1^13 in Capitulo generali Romíc 
die 13 Alaji celebrato 1). Thomas a \'il- 



lanova desij^natus luit Lit Ordinis Cons- 
titutíones examinaret, atque corría:e- 
ret postquam ab alus quatuor deputatis 
cmendata? fuisscnt. Erant autem hi 
quatuor examinatorcs Ma^^. l'r. l'abia- 
nus de Clavasso. Genuensis, Mag-. Fr. 
l'ranciscus de Gambasso, lletruscus, 
Mag-. Vv. Silvester de Vicentía, atque 
Maií. l'r. i^etrus Guerensis, Gallus. 

An. 15)3 Ven. P. Fr. Nicolaos Witte. 
Flander, Caroli \ consanguineus, qui 
an. i538Burgis e manibus S. Thomae 
\'i lian ova habitum sumpserat, una cum 
alus octo nostratibus causa infideles ad 
Christum convertendi in Mexicum tra- 
jecit. 

Ex Reg. Seripandi ad an. 15.13 ^ub 
die II Maji: Paulus III in litteris ad Capi- 
tuluní datis monet uí ob Lutheranismi 
pcstem caute nominentur in Ordine 
concionatores et confessores, quas cura, 
(ait Pontifex) atque solertia si initio hu- 
jusmali fuisset adhibita, tam periculo- 
se.non laboraremus. IIa:;c de Ordine 
addit: Vester igitur Ordo semper fidei 
catholicce sanctteque Ecclesias defensor 
ab bis zizaniis et sentibus purgandus 
vobis cst ut sólito splendore niteat.... 

Ad an. 154} sub die 18 Octobris ha- 
bctur: Cosmas Dux Iletrurias petierat 
a Paulo III ut Moniales omnes a cura 
Fratrum transferantur ad curam Epis- 
coporum. Narrat ea occassione Genera- 
lis Seripandus auditum esse ex iEgídio 
Viterbiensi quod quondam in Capitulo 
Generali Arimiennsi Patres rejccerint 
curam quingentorum monasteriorum 
Moniaiium. Ipse igitur 1 lieronymus Mo- 
niales ejus Ducatus libenter dimisit. et 
reformationem suorum, quam Dux per 
Episcopos fieri volebat.ipse prefecitFlo- 
rentiae cum Venetiis Romamrediret. .. 

Apud Torelliuní ad annum \^\\ sub 
número 5 habetur epístola S. Ihonicu 



Additamenta ad Crusenii Monasticon. 



37 



de Villanova , qua.> hispánico sermone 
scripta est tenoris sequentis. 

Al reveren dissimo padre Maestro frai 
Geronymo Seripando, Prior general de 
la Orden de nuestro Padre F. Agustin, 
en Roma. 

Reverendissimo Padre. 

Gratia, et pax sit tibi á Domino. A'u 
he escrito antes ci V. Revcrendis. P. por no 
ser los mensageros ciertos, y estar el cami- 
no de Roma miii ocupado, aora se ha ofre- 
cido cosa, en que fue menester hacer propio 
correo, y es: que el Emperador nuestro 
Señor me ha elegido por Arzobispo de Va- 
lencia, estando su Alagestad en Alemania 
con su Exercito, sÍ7i haber intervenido per- 
sona , que por mi hablasse, siiw de su propio 
motivo, y acuerdo, estando yo inui lexos 
de tal pensamiento, ni deseo. Ha parecido 
elección hecha por la mano de Dios ajuicio 
de muchos: y puesto que d mi me estaba 
mejor seguir la paz, y quietud de el Mo- 
nasterio, que habia professado, el Padre 
Provincial me envió d mandar con censu- 
ras, que luego dentro de veinte horas acep- 
íasse la elección, como su Magestad man- 
daba: y assino puede hacer otra cosa, sino 
aceptarla, competido por el mandamiento 
de mi mayor. Escribo esto á V. P. Rere- 
re?: dissima, para que como á hijo, d quien 
tanta voluntad tiene, me dé su bendición, 
y apruebe y confirme lo Jiecho. pues mi in- 
tención en todo ha sido no contradecir d la 
obediencia, y a lo que nuestro Se/lor de mi 
persona ha ordenado: en quien lengo con- 
fianza, que dará las fuerzas, y suficiencia. 
que para tan alto oficio, y ministerio fue- 
ren menester, pues y o no pretendo otra cosa, 
siiui su santo servicio. Y confirmando su 
Santidad esta elección, yo no podré enten- 
der en lo que T '. í\ Reí erendissima, y el 
Capitulo general me encomendaron de las 
Consl ¡iliciones, porque estaré ocupado en 
otras cosas. }ías en todo lo aue tocare al 



servicio de V. P. Reverendissima, y honra, 
y provecho de la Orden, estaré siempre 
mili aparejado, como hijo obedicntissimo. 
Nuestro Señor la Reverendissima persona 
de V. P. guarde, y coriserve por muchos 
años en su servicio, y para bien de esta 
Orden. De Vallado! id d doze de Agosto 
de 1^44. 

Hijo obedientissimo de V. Rma. Pa- 
ternidad. — Eray Thomás de Villaniicva. 

Epistola Seripandi ad D. Thomam 
ArchiepiscopatLis Valentini possessio- 
nemadeptum, data mense Martio 1545. 

Reverendissimo Archiepiscopo \'a- 
lentino. 

Gratulatus sum ex intimo corde dic:- 
nitati, ad quam vocatum te a Deo au- 
dieram, iis litteris, ad quas ipse 2\ ja- 
nuarii respondisti. Grratulor nunc Scdi 
tuae, qua? incolumem te excepit, in qua 
facile divino praesidio poteris mederi 
ómnibus, quee aegra erant, et medicam 
manum tuam desiderabant. Id erit Deo 
g-ratum, ovibus tuis salutare, tibi hono- 
rificum, mihique jucundum. Sed ea de 
re, de qua binas ad te litteras scripsi, 
vehementer expecto quid respondeas. 
Commendavi tibi Rmi. Card. Anglice 
negotia, cujus adeo singularis et pro- 
bata virtus est, ut in lucro máximo po- 
nendum sit, illi morem gerere, et suis 
optatis ómnibus responderé. Quam- 
obrem quantum me amas, tantum eu- 
pio, ut res summi hujus et veré chris- 
tiani antistitis omni favore et auxilio 
complectaris, teque suarum rerum tu- 
telamprompto animo excepisse cognos- 
cere aveo, ut possim ex litteris tuis 
commendationis meas fidem probare. 
Earum litterarum exemplum denuo ad 
te mitto, ut si forte illa; perierunt, quid 
abs te petam ignorare non possis. \'ale. . . 

E!pist. Seripandi ad Thomam \'ill. 
Areh. Valent. 



R. P. MaG. JoSF.PIll I.AN'TF.RI 



Scmpcr cxistimavi amplitudinis tuac 
charilatcm cum mairna nunc auctori- 
tatc conjuctam rcbus urdinis profu- 
tLiram, me pra;scrt¡m babonas tcncnte, 
qui postcaquam virtutom ct intcf^Tita- 
tcm tuam novi, nihil non mihi de tua 
bonitate polliceri ausus sum. Qu£e sit 
mea er¿ía omne virtutis ^cnus volun- 
tas, qua? animi propensio, puto me 
tibi in llispania probasse. Novit D. tua 
nihil apud me cssc antiquius, quam 
cum bonis ct honestis moribus piam 
et veré theologicam scientiam in meis 
fratribus conjung-ere, quorum altero 
exemplo, altero verbo docere, et ec- 
clesicc Dei prodesse possunt. Cum \'a- 
lentiae cssem ad tollendum otium, et 
bona ingenia exercenda, de studiis 
litterarum quasdam decrevi. Ea ut in- 
crementum suscipiant,ex Italia aliquem 
semper destinare cogitavi, qui nostro 
more Valentinum gymnasium formaret. 
Huno latorem prassentium ad id eiri- 
ciendum mitto, cui vel praccipue man- 
davi, ut D. tUce manus meo nomine 
oscularetur. Eum tuas summee pruden- 
tiac commendatum cupio, et si qua in re 
consilio, favore, prassidio, indiguerit, 
pro tua in Ordinem benevolentia, et in 
me charitate sibi non desis. Erit, ut 
spero, tua virtus et doctrina, quae ho- 
minem tibi longe magis commendabit 
quam mea epístola, quas idcirco brevior 
est, quod nolo de tua summa humanita- 
te multa dicendo parum videri cofide- 
re. Valeat D. tua Rma. cui omnem feli- 
citatem cupio. 

Romae Martio 1545. 

1 544.— Mense Novembris. Romae. Epís- 
tola Generalis Seripandi ad Thomam 
de Villanova Arch. Valentinum. 

Ea semper llüt mea in te fides et be- 
nevolentia, qua; sum mam nunc pepe- 
rit observantiam el venerationem, ut 



nihil vcrear ad te confugere, tuumque 
auxiliuní ómnibus in rebus postulare, 
in quibus te mihi prodesse posse cog- 
noscam. Venit enim mihi in mentem 
quanta animi promptitudine, dum ín- 
ter nos ageres, mihi obtemperares, ut 
asseverare audeam,et jurejurando affir- 
mare, in tam magno meorum fratrum 
numero neminem invenisse , qui vel 
erga me ílierit ofñciosior, vel meis man- 
datis obsequentior. Cur nunc, ctsi ad 
amplissimam istam dignitatem tua te 
virtus cvexerit, dubitem quin et ópti- 
ma sis erga me volúntate, et nihil mihi 
denegaturus, quod abs te tua servata 
dignitate íieri possit? Nunquam despc- 
rabo me posse ab eo impetrare rogan- 
do, a quo nihil non obtinebam prasci- 
piendo. Est in sacrosancto Cardinalium 
Senatu Rainaldus Polus, Anglias Car- 
dinalis, vir spectatas virtutis, pietatis 
veré christianae, doctrinas singularis, de 
cujus humanitate et sanctissimis mori- 
bus tanta est apud bonos omnes opinio, 
ut qui hunc non colit et observat, in 
bonorum numero haberi non possit. 
Ego certe nulla re me unquam felicio- 
rem existimabo atque hac quod vir hic. 
in omni virtutum genere maximus, sua 
me domestica consuetudinc dignetur. 
et in suam admittat familiaritatem. 
Quem quoties de divinis loquentem 
audio, non hominem sed angelum de 
coelo evangelium a;ternum ad homines 
afferentem, mihi audire videar. Nun- 
quam silerem, si quaecumque mihi in 
mentem veniant de Rainaldi Poli inno- 
centia, et vitas sanctimonia, ac patien- 
tia in rebus adversis, quiv una chris- 
tiani hominis egregia virtus est, enar- 
rare vel le m. 

Itaque ad rem venio, cujus gratia ego 
tuo praesidio egeo in causa summi hujus 
antistitis. Ilabet in ecclesia tua quam 



Additamenta ad Crusenmi Monasticon. 



^Q 



vocant Capiscolice dignitatem, cujus 
ccnsu aiinuo suam suorumque paupcr- 
tatem sustentat. Video enim in homine, 
quod omittendum non est, fortunae, et 
mundi hujus divitiarum inopiam. Video 
varias ejus amplissimasquedivitias in ñ- 
de et bonis operibus.Cupio igitur,atqLic 
a dignatione tua supplex peto, ut non 
modo rebus suis faveas, veruní eas com- 
plcctaris uttuas. Sic enim habeto nul- 
lam posse te adipisci veras laudis ríitio- 
nem apud S'"""^- D. N. et sacrosanctum 
(A>lleg¡um hac una certiorem, si audie- 
rint patrocinium te suscepisse rerum 
Kainaldi Poli, hoc est justitiai et probi- 
tíitis, omniumque virtutum exemplaris. 
Aget ea de re teeum quoties necesse fue- 
rit, R. D. Canonicus Ribeles, qiiem ob- 
secro audias libenter, et vel hac ratione 
ames ardentius, quod causam agit tanti 
viri. Ego vero hujus Card. operam om- 
nem tibi polliceor, qucc vel tuas dignita- 
ti, vel rebus ómnibus adjumentum ali- 
quod afierre possit. Maximam omnium 
commendationem etlaudem, mihicrede, 
es assecutus, cum ad tantam dignitatem 
in senatu admissus es. Eam non modo 
aequabit, sed longe superabit fama ha^c, 
quod viri innocentis et doctissimi cau- 
sam tuendam susceperis. Atque hac 
de re hactenus. 

Est in nostro collegio Augustinen- 
sium ValenticB Jo. Baptista Burgos, qui 
nunc reliquis prccest. Is ni fallor, inte. 
ger vitae est et doctrinae non vulgaris. 
Munc hominem, et quia tuee profes- 
sionis est, et quia moribus est suavissi- 
mis. ac aliorum honestatem totis viri- 
bus optat et procurat, commendiatum 
suscipe. Qua in re mihi quoque rem 
gratissimam feceris. 

Quoniam vero christianorum prin- 
cipum, quos Deus unánimes in domo 
habitare facit. voluntas de concilio ea- 



dem est cum Pauli IH Pont. Mag. vo- 
lúntate, Tridenti te videre spero, de 
cujus praestanti virtute multa Patribus 
poliicitus sum. Interca rogo ne dedig- 
neris his meis litteris responderé. Tuas 
enim mihi reddendas omni ñde cu- 
rabit Jo. Baptista Burgos, is qucm tibi 
commendavi. 

Epistola D. Thomas a Viilanova. 

Reverendissimo P. M. Hieronymo 
Neapolitano Ordinis Erem. S. Augusti- 
ni Generali dignissimo. etc. 

Litteras, quas ad me V. Rcverendiss. 
P. destinavit, summa cum alacritate 
accepi; ex quibus perfacile cognosci 
poterat non tam milii hujus dignitatis 
immerito, quam V. P. gratulationem 
reddendam esse. Mira namque in eis 
totius jucunditatis, alacritatis, exulta- 
tionis species apparebat. Unde etsi 
hucusque monachum privatum, seu 
aliquorum curam habentem, me sum- 
mopere amabas, nunc excrescente auc- 
toritate visus est amor ipse crevisse. At 
gratulatio hasc, etsi mihi probatissima, 
quod ab óptimo procedit animo, tamen 
mihi multo hoc jucundior, quod quam- 
vis me dignitate adauctum cuperes, 
non tantam pectoris Isetitiam demons- 
trasses, nisi divina ope confisus spera- 
res me non nihil injuncti ministerii 
officium decoraturum. Sed, ut verum 
fatear, monachalem vitam tranquillam, 
quietam, meoque ingenio commodam 
considerans, hujus quam ineo pontifi- 
calis afficerer teedio, nisi et majores 
IructusChistiReipublicae allaturam con- 
siderem; et non minus multis negotiis 
occupatum, proximorum saluti studen- 
tem, quam intra cellam inclusum Deo 
placeré posse legissem, in hac pra^ser- 
tim Ecclesia, quas diu pastoris orbata 
regimine multorum vitiorum pullulatio 
ne sylvescit. Unde exorandus a no b 



o 



R. P. Maíí. J()si:i'iii Lamer 



cst püssimus (>hristLis ut qu(miam h¿inc 

conlcrrc diicnatus cst nobis l-xclesiam, 

d¡g;nctur cliam ad illam rc^'cndam 

suam conferrc gratiam, nc mihi largis- 

sima' picutatis sluc donum in judicium 

nostra desidia convcrtatur. Porro si nc- 

iíotiorum quicquam ad Y. P. spcctans 

¿ipud me pcrai^cndum Jlicrit, dili^^cntis- 

simc curabitur. \'alcat P. \'. Kcvcren- 

dissima. Ex Valcntia dio 24 Januarii 

anno 1 s |5- 

Ad mandata P. \\ Rcvcrendiss. 

I'r. I'homas Archicpisc. \'alcnt. 

Ad an. 15 [6 sub die 22 Aprilis in mc- 

moratít Scripandi Reí?, scriptum repe- 
rilLir: \'cnetiis interfuimus concioni ct 
sacris: in communi mensa coniedentes 
exposuimus FVatribus quo in periculo 
res nostra essent ob ca, qua; contra nos 
in (Concilio proponebantur, quatumque 
oporteret nos providere ne nostra res- 
publica periculum hujusmodi subiret, 
aut rueret.... Eodem tempore prasfatus 
Seripandus ad Fratres Polonosscripsit: 
J^ccimús vcsiras, giias loco miineris ad 
nos misisíis non accepimus, sed vestris 
nunciis restituimiis. Xon esl enim nostri 
ojj'tcii numera accipere. 
Epistola Gen. Scripandi ad Fr. Iloff — 

meysterum Tridenti 15J6 die 23 Fe- 
bruarii. 
Xihil est quod nuper acceptis abs te 

litteris respondeamus nisi ut quanta 
máxime possumus cupiditate abs te pe- 
tamus et contendamus,ut ad nos, quam 
sa;pissime scribas, et minutissima quce- 
que vestri colloquii scribendo consecte- 
ris, quo per tuam diligentiam nihil ig- 
noremus de personis, controversiis, seu 
articulis, ratione et via colloquendi, óm- 
nibus denique qua; istic g-eruntur, om- 
nem nobis istam seu disertationem, seu 
mavis temporis jacturam nobis ob ocu- 
|os pone, ut dum tuas legimus littcras, 
Ratispona; nos esse, et oculis omnia ri- 



mari videamur. Gratissimum extitit 
quod scribis de tuis Ratisponensibus 
concionibus, quas omnes in eum sco- 
pum tendere optamus, ut Dei gloria 
illustrctur, et qui diu devii errarunt. in 
viam, qua,' única ad salutem patet, re- 
vertantur, hoc est in arcam pereunte 
mundo ingrediantur.... De nostro con- 
cilio audire omnia potes ex Rdo. et 
omni laude dignissimo Patre SulTraga- 
neo Moguntino. Non enim magnus 
post ejus discessum progresus fecimus, 
et pendent omnia, ut plerique suspica- 

mur, a Cassare, in cujus manu est antido- 
tum vulneri opponere, vel venenum. 

Si ad hoc concilium, si ad veritatem, si 

ad christiani orbis tranquillitatem divi- 

nce suai mentis vires convertat, quid 
non speremus? Dabit Deus salutem Ec- 

clesiae suaí per manus ejus, eritque om- 

nium qui unquam fuere aut futuri sunt 

Ibrtissimus ac celeberrimus. .Memini- 

mus hac de re concionem nos apud 

eum Neapoli dum ageret, habuisse, qua 
viam ad veram et numquam perituram 

gloriam ostendimus. Audire nos vide- 
batur magna attentione: Huc eo res 
Ecclesiae videntur adductae, ut vel mag- 
na curn sui nominis gloria instauranda.- 
sint, vel sempiterno eum dedecore per- 

denda;. Tu opus fac evangelistee, et mi- 
nisterium tuum imple, ac memineris 

nihil esse aliud confiteri Christum 

quam propter veritatem non extimes- 

cere íaciempotentis. Habes Caesaris pec- 

tus, quantum omnes intelligimus, pie- 

tatis amantissimum. Nihil est quod ad 
pietatem attinet, quod ille non libenter 

sit auditurus, et siDeusíídsit curaturus. 

Da itaque operam ne unquam dicere 

possis: Vx mihi qiiia laciii. 

(Prosequelur.) 



EL MISTICISMO ORTODOXO 



EX 



SUS RELACIONES CON LA FILOSOFÍA. 



— *C-> o ^-i 



(C().\CI.US!('>\. 



11. 




j^iERTAS escuelas íilosóíicas, que 
revisten sus especulaciones de 
ú. un carácter señaladamente espi- 
ritualista, forman el género de falso mis- 
ticismo que llamaremos misticismo íilo- 
sófico. Ya hemos notado más arriba que. 
no obstante la forma religiosa con que 
proceden en sus especulaciones, estas 
escuelas no se confunden, ni pueden 
confundirse, con las que constituyen el 
misticismo propiamente religioso: ni el 
género de verdad que unas y otras bus- 
can es el mismo, ni es el mismo tampo- 
co el medio de conocer á que se entre- 
gan en sus respectivas especulaciones. 
A pesar de todo, ha bastado á la crítica 
racionalista advertir entre ellas alguna 
relación de semejanza, más aparente 



que real, para hacerlas responsables in- 
distintamente de algunos extravíos, 
ahogando á la vez las escuelas religio- 
sas en el misticismo filosófico. Filosóíica 
seria en este parecer de la critica racio- 
nalista la verdad que buscan los repre- 
sentantes del misticismo religioso, como 
sería filosófica la facultad á que se enco- 
miendan, al buscarla, en sus investiga- 
ciones: aciertos y desmanes serían en 
unas y otras igualmente filosóficos. 

Las escuelas espiritualistas no se con- 
funden entre sí, consideradas en sus re- 
laciones de parentesco con el misticismo 
religioso; y la crítica racionalista no ha 
incurrido tampoco en el desacierto de 
relacionarlas con él de una misma ma- 
nera. Hay algunas que por el carácter 
eminentemente religioso de sus formas, 
ó por el género del medio de conocer ¿ 

6 



\'.\ .Misricis.MM Oki(i|)(»X'i 



que se aco<íen como á único criterio de 
verchid, han merecido ser señaladas de 
im modo especialisimo por los críticos 
racionalistas, al buscac en kis escuelas 
tilosólicas el iiri^en (> antecedentes del 
misticismo reliiíioso. I .a teoiia ckl sen- 
timiento, de [acobi: el sistema cid cono- 
cimiento espontaneo, de (^cmsin: la 
doctrina del ontoloiíismo, de los parti- 
darios de Malebranche: y el sentir de la 
escuela tradicionalista sobre la impor- 
tancia desmedida de la revelación como 
criterio de certe/.a. de cualquier modo 
que se comuniquen y trasmitan las ver- 
dades reveladas; sistemas aparentemen- 
te semejantes al misticismo religioso, si 
algún sistema lilosóüco puede serlo, han 
llamado particularmente la atención de 
los críticos racionalistas, quienes, más 
ó menos ampliamente, han creído ver 
en ellos los principios de las escuelas 
místicas religiosas. El misticismo reli- 
gioso, sentando como base de las pro- 
pias especulaciones los principios de 
aquellas teorías lilosóficas, contribuiría 
con el apoyo desinteresado de su auto- 
ridad, tal vez sin propósito ni adver- 
tencia, a confu-marlos y hacerlos más 
estables, aunque torciéndolos y defor- 
mándolos lastimosamente (i). 

'^' no sólo á los ojos de la critica ra- 
cionalista, más también á juicio de las 
escuelas católicas en qLie se sostienen 
los principios de algimos de esos siste- 
mas lilosóhcos, interesadas en poder 
aducir en apoyo de las opiniones pro- 
pias el juicio desapasionado de ki mis- 



il) Cous'wi. Jlisloir. ücncr. Je Ij p/!il<)- 
sop/i.. Ice. I.: I)¡i l'/.T/, Ice. \'. — Roussclot, 
í.cs Mysii.]. cspa:^-n., cap. XIW Sansevc- 
rino ella oU'os muchos autores que piensan 
del mismo modn. —P/iil'^soph.e/irisli\itui..., 
l)inamilog., vol. III..pái,'-. 1162. 



tica cristiana, el misticismo religioso, 
representado en las escuelas místicas 
ortodo.xas, encerraría la autorización 
de algunas teorías lilosóficas, de un 
modo más propio y directo de como 
hemos hecho notar antes que se asimila 
las opiniones y cuestiones de escuela. 
.\penas necesitaremos reCf)rdar á nues- 
tros lectores, porque es bien notorio, el 
empeño con que la escuela ontologista 
se afana por traer á su campo los nom- 
bres de los doctores católicos que más 
se han ciado á conocer por el carácter 
eminentemente místico de sus estudios, 
buscando los textos aislados de ellos 
que para este fin aduce, precisamente 
en las obras en que hablaron más bien 
como místicos, que como filósofos ó 
teólogos. El carácter eminentemente 
religioso de sus opiniones, el respeto á 
la autoridad de los escritores eclesiásti- 
cos, el deseo de contar en favor propio 
con testimonio tan augusto y desinte- 
resado como el de los autores espiritua- 
les más insignes de la escuela cristiana, 
han movido á la escuela ontologista a 
querer estrechar sus relaciones de pa- 
rentesco con el misticismo ortodoxo: y 
ha trabajado no poco por bascar el ori- 
gen ó antecedentes de sus teorías en los 
libros inmortales del gran Obispo de 
nipona, y por poder aducir al pié de 
sus principales aserciones, más ó menos 
violentamente interpretada, la doctrina 
de S. Agustín, S. Buenaventura y otros 
insiírn^s místicos católicos sobre la na- 
turaleza del conocimiento humano en 
sus relaciones de dependencia para con 
la inteligencia divina (i). 



(1) Toma.ir.inii. I )c bco Dci.juc propricla- 
lihtis. lib. 1. — 1'. -Martín. Sjiicfi Auiclit Au- 
í;iislini Hipan, cpisc.p/iílosop/i. — Malebran- 
che, De /j rcc/icrc/ic de Lr vcritc. — Gerdil, 



EN SUS RELACIONES CON LA FtLOSOI'lA. 



-1^ 



Para dar más exactitud á nuestras 
apreciaciones de este empeño del onto- 
logismo y evitar á nuestros lectores 
toda ocasión de ambigüedades sobre 
nuestro verdadero modo de sentir, ad- 
vertiremos nuevamente, como ya he- 
mos advertido en otras ocasiones, que 
al comparar la doctrina de los místicos 
cristianos con la de algunas escuelas 
filosóficas, y señaladamente con la del 
ontologismo. prescindimos de las opi- 
niones de escuela que aquéllos ha\"an 
podido sostener en sus estudios cientí- 
ficos, en las aulas de las Universida- 
des y en los mismos libros espirituales, 
en cuanto rellejo de su filiación lilosó- 



I )cjcnse ciu senliincnl dn P. Mcilcbranc/ic cou- 
tre M. 7.oc/.-t'. — l'abre, Sauct. A. Aui^iist... 
p/iilosop/iia , Andrea Marlin.... collcciore. 
prailoq. El Sr. Mencndez Pclayo atribuye 
á algunos místicos cristianos cierta espe- 
cie de ontologismo. Refiriéndose á Hugo 
y Ricardo de S. \'ictor dice en una ocasión: 
«que aspiran á la intuición de las naturale- 
zas invisibles, pero no por los documentos 
de Li razón, ni por la vana sabiduría del 
mundo, sino por un proceso de iluminación 
divina, con varios grados y categorías de 
ascensión para la mente, en suma, un ver- 
dadero ontologismo.» Pero no parece con- 
fundir esta especie de ontologismo con 
la del ontologismo propiamente filosófico, 
como se deduce de otras expresiones del 
mismo ilustre autor. Así. dice de algunos 
conceptos de Sta. Teresa: «Ni Malebran- 
che ni Leibnitz imaginaron nunca tan so- 
berana ontología;» y de otros de S. Juan 
de la Cruz: «Pero no le creamos ilumina- 
do ni ontologista, ó partidario de la in- 
tuición directa, porque él sabrá decirnos, 
tan maravillosamente como lo dice todo, 
que en esta vida sólo cfmiunica Dios cier- 
tos visos entre-oscuros de su divina her- 
mosura....»— D/sczírso de recepción en la 
Iv. Academia Española, pág. 2Ó, 35 y 50. 



fica. Cómo pensaran S. Agustín y San 
Buenaventura de la naturaleza de nues- 
tras facultades cognoscitivas y de nues- 
tro modo de conocer, cuando en los 
libros de polémica ó en ios cursos lilo- 
sóñco-teológicos explanaban, detenida- 
mente ó de paso, la noción del hombre 
conforme á las teorías de determinadas 
escuelas, es problema extraño á nuestro 
estudio, acerca del cual nos reservamos 
ahora nuestro parece!", dejando al on- 
tologismo y á las demás escuelas en li- 
bertad de dilucidarlo como mejor les 
pareciere, siempre que no se quebran- 
ten los fueros de la justicia, torciendo 
violentamente pensamientos y expresio- 
nes, para hacerlos decir lo que realmen- 
te no dicen, (i) La escuela ontologista. 
como las demás escuelas filosóficas que 
tienen cierta especie de semejanza con 
el misticismo ortodoxo, no aduce el 
testimonio de los místicos, ni se acerca 
á su modo de pensar, simplemente por 
su carácter de hombres de estudio ó en 
los puntos en que hablaron á nombre 
de la filosofía, sino en las materias rnis- 
mas en que expusieron los principios 
de la mística cristiana, y dejaron el len- 
guaje preciso y severo de la ciencia para 
expresarse con la llaneza y libertad pro- 
pias de los escritores espirituales; y 
tócanos á nosotros, en razón de la na- 



( f ) Apenas puede comprenderse que 
hombres de tan indisputable talento como 
Gerdil y el P. Tomasino interpreten como 
interpretan algunos textos de S. Agustín. 
Sírvele de disculpa al primero el haber 
escrito en su juventud, á juicio de graves 
autores, la obra: Déjense du scntinieul du 
P. Malebranche, y el haber modilicado 
posteriormente sus opiniones. Sanseveri- 
nn Philosop/i. chrisl.. Dinamilog.. vol. III. 
a rt . XXX 1 , pá g . 1 1 n 1 , 



El. Misticismo Ortodoxo 



turaicza del estudio presante, desenga- 
ñar al onloldgismf) de sus vanas prc- 
lensit)nes de buscar en lavor de las 
propias teorías el apoyt) de los misticos 
más insignes, dentro del mismo campo 
del misticismo ortodoxo (i). 

A nuestrd juicio, las pretensiones de 
la escuelíi nnlfildirista ni> pasan de ser 
un buen deseo, que si hace laudables 
sus trabajos por dar á la (llosofía un 
carácter cristiano que va perdiendo en 
¡nanos de las escuelas racionalistas é 
indilerentes, no supone mayor fuerza 
de verdad en sus apreciaciones filosófi- 
cas. W combatir indistintamente en 
este punto el sentir del ontologismo y 
del racionalismo acerca de la inística 
cristiana, seria injusto olvidar que para 
el primero de estos sistemas es una glo- 
ria y una garantía de acierto asemejarse 
en los principios á las verdaderas es- 
cuelas místicas, mientras que el otro se 
esíuerza por rechazar toda relacií'm de 
parentesco ó semejanza con cualquier 
género de misticismo: (2) probaremos á 



(i) La mayor parte de los textos que se 
aducen de S. Ag-uslín, S. liuenavenlura y 
líu^o de S. Viclor dejarían de aducirse en 
favor del ontologismo, si se tuviese en 
cuenta esta circunstancia del lenguaje.— 
Zigliara, della luce ínlellettucile c dell onto- 

lo;^nsmo lib, I!, cap. X\'I, n. 2'](). L' Ili- 

nerariiim mciilis in I)eum di S. Bnnaven- 
liira. hishcíUalo tVa.í,'// onlolo^f. , artículo 
publicado en /.a Civilta callolica, ser. .\, 
vol. \1. 

(2j «11 nous importe de séparer avcc 
soin— dice Cousin— cette chimére, qui n' 
cst pas sans danger, de la cause que nous 
défendons. 11 nous importe d' autant plus 
de rompreouvcrtement avec le mysticisme 
qu' il semble nous toucher de plus prés. »— 
I)ii \'i\TÍ. pág. 1 1 «5. "Olí n" est pas obligó, 
^rácc a l)icu -añade M. Koussclot— d' op- 



ios unos que su buena voluntad les 
engaña, soñando en conciliaciones doc- 
trinales que no existen, ni pueden exis- 
tir; y haremos ver con menos benevo- 
lencia á los otros, que sus temores por 
que el misticismo se les asemeje son 
infundados é injustos, cuando nadie 
tiene más interés que el misticismo, 
y especialmente que el misticismo cris- 
tiano, en que no existan semejantes pa- 
rentescos. .Mas nuestra benevolencia 
para con la escuela ontologista, que no 
queremos se interprete por aprobación 
de susprincipiosfilosóficos,noes mayor 
que nuestro amor á la verdad; y adu- 
ciremos algunas consideraciones, que 
pongan en claro que el ontologismo y el 
racionalismo se equivocan igualmente 
en sus apreciaciones de los principios 
positivos del misticismo ortodoxo. 

Que el misticismo ortodoxo no se 
acoja como á único criterio de verdad, 
al conocimiento espontáneo de Cousin, 
ni al sentimiento de Jacobi, ni al testi- 
monio de la revelación de la escuela 
tradicionalista, es una verdad palmaria 
después de las observaciones hechas en 
los capítulos precedentes. \i el senti- 
miento de Jacobi, ni el conocimiento es- 
pontáneo de Cousin , ni el espiritua- 
lismo de los tradicionalistas se reducen 
á establecer la verdadera importancia 
de la inspiración natural, del sentimien- 
to y de la revelación en los conocimien- 
tos humanos, importancia ciertamente 
no siempre bien conocida: sin perjuicio 
de contribuir algunos de estos sistemas 
;i la difusión de los principios raciona- 
listas, se aboga en todos ellos por el 
sentimiento, la revelación ó la espon- 



ter entre les unes ct les autres (géneros de 
misticismo)...» — I.cs Mysh\]. csp.itjii.. cap. 
XI\'. pág. 50U. 



EN SUS RELACIONES CON LA FILOSOFLV. 



45 



taneidad, á expensas de otras faculta- 
des humanas: 3- hemos probado sufi- 
cientemente que el misticismo (irtodo- 
xo, respetando las disposiciones de la 
providencia divina en el orden mismo 
de la naturaleza, no sacrifica nin¿¿:uno 
de cuantos medios legítimos de conocer 
tiene en su mano el hombre. Ni la es- 
pontaneidad, ni la inspiración sobrena- 
tural, ni el sentimiento, cualquiera que 
sea la importancia que teng-an en las 
escuelas místicas cristianas, acortan en 
el misticismo el alcance discursivo de 
la razón como en la escuela de Cousin, 
le nieg'an casi sin salvedades como en el 
sentimiento de Jacobi, ó reducen á na- 
da las fuerzas naturales del entendi- 
miento hLim¿ino. en su doble concepto 
de intuitivo y discursivo, como sucede 
en los partidarios mas extremados de 
la escuela tradicionalista. La esponta- 
neidad, el sentimiento y la inspiración 
sobrenatural, aplicados en la mística 
cristiana al conocimiento del divino 
querer, no desconocen en modo alguno 
los justos fueros de la razón. 

Y supuestas estas consideraciones, 
no es menos verdad que el misticismo 
cristiano no se acoge tampoco á las 
intuiciones del ontologismo. Las ob- 
servaciones hechas acerca de las ver- 
daderas aspiraciones de las escuelas 
representadas en jacobi, en Cousin y 
en el tradicionalismo extremado, son 
por este lado aplicables á las teorías de 
la escuela ontologista. Aparte de que 
en algunas de las diversas fases en que 
se ha desenvuelto, el ontologismo tiene 
estrechas relaciones de amistad con esos 
sistemas, no es necesario desmenuzar 
ni torcer sus principios más esenciales y 
comunes, para advertir que si la escue- 
la ontologista no reduce á la intuición 
las kierzas todas de conocer de la inte- 



ligencia humana, favorece los esfuerzos 
de las escuelas sentimentalistas por ha- 
cer que prepondere en las especulacio- 
nes filosóficas el conocimiento espontá- 
neo sobre el discursivo. El ontologismo 
si no empieza, desde luego, por acortar 
el campo de acción de la razí'jn humana, 
admitiendo nociones connaturales al 
hombre, que no necesiten para desen- 
volverse del apoyo de la razón y de los 
sentidos (1), como los gérmenes de cono- 
cimiento, que reconoce, latentes en las 
facultades humanas la misma filosofía 
de la l'^scuela: y si bien al establecer la 
percepción inmediata del concepto de 
la esencia divina como medio natural 
de conocer las cosas, nu desecha el 
concurso de la fuerza discursiva de 
nuestro entendimiento, favorece visi- 
blemente el predominio de la intuición 
sobre el raciocinio, medio naturalísimo 
para el hombre de conocer las cosas en 
esta vida. Así, á juicio de los ontolo- 
gistas más ilustres, el conocimiento de 
Dios, en el concepto natural de ser, 
encierra por su misma naturaleza cier- 
ta indeterminación y vaguedad, que no 
nos permite verle sino entre celajes, v 
concede á la refiexión la facultad de cir- 
cunscribirle (2), aclarando sus naturales 



(i) Malebranche no admite el modo do 
conocer por ideas innatas.— De la rechcrclie 
de la véritc, lib. III, part. II, cap. I\'. — 
Gerdil, Déjense dii sentiment dii I'. Male- 
branche. seo. IV. 

(2) «Notandum est etiam quod si Deus. 
quatenus est lumen mentium, omibus ho- 
minibus aliqua ratione pateat, inccqualitcr 
tamen ab ipsis apprehenditur. (^uamvis 
enim interna; illustrationis radios divinus 
illc sol in omnes mentes effundat, pauci 
tamen studio et labore in illius speculatio- 
ncm progrediuntur.»— Fabrc. .S. A-Aiií^us- 
liiii... Philosop/iia. pi\elo(.|. 



\(> 



[■A. MlSTICIS.Mo Okl()l)(»\() 



delineamientos: perú á juicio también 
de todos ellos, en esos mismtis casos no 
deja de ser el medio de conocer las cosas 
la percepción inmediata del concepto 
natural del ser divino, encomendada ix 
la ra/.ón, en su concepto ác liicultad in- 
tuitiva. Resulta, por tanto, que el onto- 
lo^'ismo se enlaza por este lado con las 
escuelas que deforman la naturaleza de 
la razí'm humana, exasperando la espon- 
taneidad de sus conocimientos; y se se- 
para, por l(t mismo, con ellas de los 
principios del misticismo ortodoxo, que 
dejan a salvo de todo ataque la verda- 
dera naturaleza de la razón (i). 

Xo sería menos difícil identificar el 
misticismo religioso, y especialmente 
el misticismo cristiano, con todas esas 
escuelas íilosóílcas, si se atendiese á 
otros caracteres especiales de los prin- 
cipios que en cada una de ellas se sos- 
tienen. En las escuelas del verdadero 
misticismo religioso no hay esa deferen- 
cia para con el subjetivismo de la mo- 
derna lilosofía psicológica que en el 
conocimiento espontáneo de Cousin; ni 
menos el vano propósito de dar á todos 
la razón, ensayando conciliaciones ab- 
surdas,, si no imposibles, entre todos 
los sistemas y todos los errores. Emi- 
nentemente práctica, la doctrina del 
misticismo ortodoxo no tiende á des- 
truir el carácter real de nuestros cono- 
cimientos y de nuestras obras, como 
sucede en el sentimentalismo de Jacobi: 
aun ceñidos al orden puramente religio- 
so, el acatamiento del misticismo cris- 
tiano á las ceremonias y demás formas 
sensibles del culto católico, es incompa- 



fi) Malcbranchc, ¡)f la rechcrche déla 
venté, iib. III, par. II, cap. II v III.— (Jcr- 
dil, Défcnsc dii seiitiinenl Jii I'. Malcc/iran- 
hrc, scc. 111, cap. 1 1. 



tibie con el espií-itualismo exagorado, á 
que quiere reducir la escuela sentimen- 
talista las creencias y deberes del hom- 
bre. La inspiración particular á que se 
acoge el misticismo cristiano, sin des- 
preciar, mientras puedan servirle, los 
medios naturales de conocer, no puede 
i identilicarse tampoco con el testimoni(j 
de la revelación, que invoca la escuela 
j tradicionalista en el mismo orden natu- 
1 ral, sin desconocer la íorma justamente 
I^ersonal de aquélla y el carácter á todas 
luces objetivo de éste. Y por último, ni 
la percepción inmjdiata de la idea de 
Dios, sentada por la escuela ontologista 
como base de nuestro conocimiento, 
ni la unión que de esta percepción pue- 
da seguirse entre Dios y el hombre, 
pueden confundirse con la percepción y 
comunicación con Dios que el misticis- 
mo cristiano busca en su propia alma 
por la inspiración divina, sin mezclar y 
confundir lastimosamente órdenes de 
actos tan distintos como los del enten- 
dimiento, á que confía sobre todo la es- 
cuela ontologista la realización de sus 
aspiraciones, y los de la voluntad, á que 
sj acoge especialmente el misticismo 
cristiano en sus buenos deseos de apro- 
ximarse á la perfección divina. 

Pero hay en estas escuelas lilosoficas 
caracteres generales, comunes a todas 
ellas, que hacen imposible la identitíca- 
ciónde su doctrina con la del misticismo 
ortodoxo. Como quiera que todos estoy 
sistemas se expliquen, el sentimiento de 
Jacobi, la espontaneidad de Cousin, la 
percepción inmediata del ontologismo 
reúnen propiedades especiales que sería 
inútil buscar en la inspiración del mis- 
ticismo cristiano. Así, mientras la inspi- 
ración del misticismo es un don sobre- 
natural, que no tiene el carácter de 
estabilidad y permanencia propio de las 



F.X SUS Ri:i .ACIONES CON I, A l'l 1 ,oSol -I A . 



cualidarles que nacen de la naturaleza 
misma del hombre, la percepción delon- 
tologismo, el sentimiento de Jacobi y la 
espontaneidad de Cousin son verdaderas 
facultades ó modos de conocer, radicados 
en nuestra misma naturaleza. Es cierto 
que la inspiración sobrenatural no siem- 
pre se reduce en los místicos cristianos 
á simples movimientos del corazón ó 
inspiraciones de la conciencia, sino que 
en algunas de sus manifestaciones llega 
á acomodarse á la naturaleza del hom- 
bre, engendrando una como disposi- 
ción para obrar de cierto modo, ó como 
los teólogos dicen, con su exactitud 
acostumbrada, que la inspiración sobre- 
natural, en cuanto luz que da al místico 
conociniiento particular de las cosas 
espirituales, no siempre se concede al 
hombre á manera de aclo. de un modo 
transitorio, sino, por más singular pri- 
vilegio, en forma de hábito, con la 
propiedad de inmanencia en modo un 
tanto semejante á las facultades huma- 
nas (i): pero aun en este último sentido, 
la inspiración del misticismo ortodoxo es 
esencialmente diferente de las faculta- 
des cognoscitivas, que se admiten en 
aquellas escuelas filosóficas como crite- 
rios de certeza ó fuentes principalísimas 
de nuestros conocimientos. La esponta- 
neidad, no es en el sistema de Cousin el 
simple habito de desentendernos del 
discurso para conocer; es una facultad 
verdadera, que nos revela, anticipándose 
á la reflexión, conocimientos delicados 
y subidísimos, que difícilmente hubic- 



(i) Gracián. — Del verdadero cspirilii y 
siísjitenles, cap. I\'.— El autor del libro De 
scpíein do/lis Spin'lus Sa?ict¿, atribuido á 
S. I)ucnavcntura, cap. II. Es además doc- 
trina de los teólogos. — Sto. Tomás, Siimma 
Theolog. I.' 11. K^ quasst. LXVIII, art. III. 



ramos podido alcanzar por medio del 
raciocinio: el sentimiento, no es en la 
teoría de Jacobi la mera costumbre de 
pesar las razones de las cosas por el 
voto del corazón tanto como por el de 
la cabezales toda una facultad, que nos 
pone instintivamente en conocimiento 
de verdades, á juicio á: la escuela 
sentimentalista, indemostrables para la 
razón humana : la misma percepción 
inmediata del ontologismo. sin poder 
considerarse á primera vista poruña 
verdíidera facultad, es más bien que el 
hábito de acomodar nuestras ideas á la 
idea primordialisima del ser, represen- 
tando al ser divino, la facultad de ver, 
más ó menos intuitivamente, las razo- 
nes de las cosas en la razón primaria de 
la esencia divina. Radicados todos estos 
géneros de facultades en ki misma na- 
turaleza del hombre y tan esenciales 
como las demás facultades humanas, no 
hay estado de nuestra vida en que dejen 
de acompañarnos, más ó menos desen- 
vueltas: existen en el hombre, tan pron- 
to como el hombre existe, y sólo le 
desamparan cuando deja de existir: á 
diferencia de la inspiración sobrenatu- 
ral del misticismo ortodoxo, que ni es 
común á todos los hombres ni esencial 
á todos los estados de la vida humana. 
No es diferencia menos señalada la 
que existe entre la doctrina mística v la 
de esas escuelas filosóficas, con las cua- 
les se quiere que tenga el misticismo 
relaciones de filiación, por razón de los 
diversos órdenes á que pertenecen los 
conocimientos de las facultades cognos- 
citivas que señalan como verdaderos 
criterios de certeza aquellas escuelas }• 
los conocimientos adquiridos por la ins- 
piración sobrenatural del misticismo. 
Xi los partidarios de Cousin, ni la es- 
cuela de Jacobi, ni los mismos ontolo- 



Im, MisTicis.wii Ortodoxo 



^'•istas reclaman, ni pueden reclamar, 
para los conocimientos de que nos ha- 
blan en sus sistemas el carácter sobrena- 
tural de la inspiración del misticismo 
cristiano: racionalistas ó naturalistas 
puros los unos, más bien juz^^an que el 
hombre no tiene que consultar sino á sí 
propio, para conocer sus deberes mora- 
les y religiosos para con Dios: (i) y si 
bien supernaturalistas los otros, habían- 
nos casi exclusivamente de las faculta- 
des humanas, en cu;mlo propiedades 
naturales del hombre. Cousin enij^ran- 
dece la fuerza del conocimiento intuiti- 
vo de la razón, á costa del discursivo, 
dentro del orden natural, aunque ex- 
tendiéndose á las verdades morales y 
relig-iosas de ese mismo orden; la es- 
cuela sentimentalista sacrilica la razón 
á manos de un sentimiento todo natu- 
ral, que nada tiene que ver con los ver- 
daderos toques de la gracia; y el propio 
ontologismo, á pesar de sus tendencias 
eminentemente religiosas, entiende su 
percepción inmediata de Dios en el or- 
den de la naturaleza, sin mediación al- 
guna de un inílujo sobrenatural divino: 
la mayor simplicidad en el modo de 
conocer las cosas, la relación de depen- 
dencia que tienen las criaturas respecto 
de Dios, la naturaleza de la verdad, ra- 
zones que se aducen en favor del siste- 
ma ontologista. nos prueba todo que se 
nos habla á nombre de la lilosolia y 
no de la inspiración sobrenatural (2). 



(1) "Obcir á la raison, icl csl le dc\oir 
en soi, devoir supcricur á U>us les autres, 
les fonclant tous, ct nc" clant fondc lui-mc- 
me que sur le rappori essenüel de la liber- 
Ic et de la raison. »— Cousin, l)it Vrai.... 
Ice. -W. púg. Yí\- 

(2) Nada diremos de Jacobi y Cousin, 
por ser nuestra aserción respecto de ellos 



La doctrina de la mística cristiana, que 
.se eleva al orden sobrenatural al esta- 
blecer como LUKi de las luentes princi- 
pales de sus conocimientos la inspira- 
ción particular divina, es tan diversa de 
las teorías de estas escuelas lilosólicas 
como lo es del orden de la naturaleza 
el orden de la gracia. 

.\o es por este lado tan señalada la 
diversidad que hace que no pueda con- 



una verdad palmaria. Malebranche. he Lx 
recherchc de la vcrilc. lib. 111. parí. 11. 
cap. \'I. — Cicrdil, Déjense dii senliinenl dii 
I'. Malebranche, seo. \'I. El P. .Martin no 
distinguió bien las órdenes natural y so- 
brenatural, defecto que Fabrc le echa en 
cara; y Malebranche parece querer en al- 
gunas ocasiones reducir todos nuestros 
conocimientos al orden sobrenatural: «C'est 
Dieu meme— dice — qui éclaire les philoso- 
phes dans les connaissances que les hom- 
mes ingrats appellent naturelles, quoiquc 
ellcs ne leur vienneni que du ciel: Dciia 
enim illis manifeslavii.»— De la recherchc 
de la vérite, lug. cit. Pero en este y otros 
lugares de su obra entiende su percepción 
de las cosas en Dios en el sentido en que 
suele tomarse la palabra natural, aplicada 
al conocimiento humano. Los ontologistas 
modernos establecen claramente la distin- 
ción entre el orden natural y sobrenatural, 
aunque no siempre se atengan á ella. 
«Toute science est restreinte dans les limi- 
tes de son objet formel.... < )r, 1" objet ior- 
mel que saisit la perception naturelle de 
r Infnii différe de 1" objet formel que la Ré- 
vélation nous fait connaitre....Nous savons 
en effet, qu" il y a deux objects forméis, 
deux essences en Dieu. deu.x sphéres dun 
ordre distinct; nous avons compris qu'il 
peut y avoir en nous diverses vues de cei 
Ltre infnii.» Citado por el Emo. Zigliara en 
su obra: Della luce inlelletluale é dell' On- 
toloí;isnio. Lo mismo repite con frecuencia 
labre en su prefacio á la obra del P. Mar- 
tin.— ¿». Aur. ÁU'^uslini.,. Philosophia. 



EN SUS RELACIONES CON I.A FILOSOFÍA. 



49 



fundirse la doctrina del misticismo or- 
todoxo con la filosofía de la escuela tra- 
dicionalista y la teológica de algunos 
sistemas protestantes afiliados en el 
esplritualismo. El testimonio de la re- 
velación de la escuela tradicionaUsta no 
es el de una facultad humana, ni se re- 
fiere principalmente en sus afirmacio- 
nes al orden natural de las cosas, como 
hemos visto que sucede con los demás 
sistemas filosóficos, con quienes quiere 
relacionarse al misticismo cristiano: 
aun en el sistema teológico de Jurieu, 
el testimonio de la revelación reviste el 
carácter subjetivo y personal de la ins- 
piración de nuestras escuelas místicas, 
sobre no poder reducirse, como no 
puede reducirse en éstas, á la natu- 
raleza de los actos de una facultad 
humana, ni al carácter religioso que 
puedan tener los sistemas de filosofía, 
dentro del orden puramente natural. 
Pero las diferencias que existen entre 
las teorías de la mística cristiana y las 
del tradicionalismo ó las del sistema 
teológico de Jurieu no dejan por esa 
razón de ser menos esenciales. Aunque 
eminentemente refigiosos, los princi- 
pios de la escuela tradicionalista tienen 
dentro del mismo orden natural ten- 
dencias y aplicaciones filosóficas, que i 
no pueden tener los principios del mis- 
ticismo ortodoxo; y los principios del ' 
sistema teológico de Jurieu, si bien , 
aplicados á verdades del orden sobre- ; 
natural, aparecen siempre con un carác- 
ter especulativo y de escuela que recha- 
za, como impropio de su naturaleza, el 
misticismo cristiano. Los principios de 
la verdadera escuela mística se separan 
de los del sistema de Jurieu. por otra 
diferencia, que ya hemos notado y hare- 
mos notar de nuevo comparando el 
misticismo cristiano con las demás 



especies de misticismo religioso: la 
del más rendido acatamiento por par- 
te de nuestros místicos á las verda- 
des de fe, y del espíritu de libertad c 
independencia que animando el pensa- 
miento de Jurieu, hace que este célebre 
protestante pueda ser considerado como 
uno de los representantes más ilustres 
de la escuela racionalista (i). 

r<esumiendo lo dicho en las conside- 
raciones precedentes, podemos concluir 
que la doctrina del misticismo cristia- 
no se diferencia de los sistemas filosófi- 
cos con quienes se quiere relacionarla, 
en condiciones esencialísimas que no 
pueden considerarse como meras cir- 
cunstancias accidentales. En esos siste- 
mas filosóficos se inutiliza ó acorta el 
alcance de alguno de nuestros medios 
de conocer; y en el misticismo cristiano 
se reconocen y legitiman todos: el mis- 
ticismo cristiano, se atiene á los buenos 
principios de filosofía: y aquellos siste- 
mas siempre se apoyan en el desconoci- 
miento ó negación de alguno: para estas 
escuelas filosóficas un nuevo medio de 
conocer, una verdadera facultad, viene 
á suplir á los malamente rechazados: 
mientras que para el misticismo orto- 
doxo no hay facultad alguna que pueda 
suplantar en su propio orden á las reci- 
bidas con nuestro modo de ser de la 
mano de Dios: el misticismo cristiano 
trata de perfeccionar nuestros conoci- 
mientos con relación al orden sobrena- 
tural; y aquellos sistemas filosóficos se 
aplican al conocimiento del hombre en 
el orden de la naturaleza: y últimamen- 
te, el carácter especulativo de estos sis- 
temas, sobremanera impropio de las 



(i) Sobre la doctrina de M. Jurieu, véa- 
se á M. De la Cha.mhrQ. —Introductiojt a la 
Theologie, disertac. 111, cap. 11, § I. 

7 



S" 



\íi. .Misrií.iswr) Oktodoxo 



teorías rclifíiosas óu la mística cristiana, 
no pLicdc armonizarse con el de que 
visto ésta sus pensamientos. Las dite- 
rencias, como pueden ver nuestros lec- 
tores, no son escasas ni insi^milicantes. 



111. 

J'^l falso misticismo relig-ioso hace fre- 
cuentemente causa común con los siste- 
mas lilosólicos examinados en el pará- 
iírafo precedente en comparaci(m con el 
misticisnio cristiano, pero la hace más 
bien por su olvido insensato de los bue- 
nos principiosde la lilosofia. que por sen- 
tar principios positivos que den (irigen 
a un nuevo sistema íilosórico. Si entre el 
misticismo cristiano y el falso misticis- 
mo reliiíioso no hubiera otríi diferencia 
que la diferencia de dos^mas y religio- 
nes á que respectivamente demandan 
inspiración, el falso misticismo religioso 
no tendría con aquellos sistemas filosó- 
íicos muchas más relaciones de seme- 
janza que las que hemos visto que tiene 
el misticismo cristiano: pero unas veces 
los dogmas religiosos mismos en que 
se apoya empiezan por hacerle poner 
en contradición con los sanos principios 
de la filosofía, y otras, saliéndose de los 
propios limites, se aventura á incursio- 
nes audaces en el campo de la especu- 
lación, y de aquí que no pueda vin- 
dicársele tan absolutamente como al 
misticismo cristiano, de la responsabi- 
lidad que buena ó malamente se le atri- 
buye, de lávorecer los extravíos de al- 
iíunas escuelas lilosóficas. Por lo demás, 
el lálso misticismo religioscj. fundado 
en dogmas, y nij en principios especu- 
lativ<»s, tendría de común con el misti- 
cismo cristiano el t;stablecer. como 
luente de los conocimientos propios de 



la doctrina mística, la inspiración so- 
brenatural, que, si bien supuesta, nada 
tendría que vei* con esas facultades 
cognoscitivas, que establecen aquellas 
escuelas lilosólicas como únicos funda- 
mentos de la certeza humana. 

Xo se crea por eso que el misticismo 
cristiano no se separaría entcjnces del 
falso misticismo religioso por diferen- 
cias esenciales. Desde luego rn) dejaría 
de ser importantísima, la que debería 
íieguirse entre ellos necesariamente de 
la mayor ó menor conformidad de sus 
principios con los sanos principif)S lilo- 
sólicos. Sin ser un sistema especulativo, 
el misticismo cristiano estima en lo jus- 
to las enseñanzas de la lilosofia sobre el 
modo de juzgar bien de las cosas, co- 
menzando por ponerse de acuerdo con 
ella en los principios de sentido común: 
y esta es la razón de la sensatez que 
avalora sus especulaciones á los ojos de 
la crítica imparcial, aunque el criticis- 
nio racionalista, extraviado por suspre- 
ocupaciones contra la filosofía cristiana. 
se niegue ó resista á reconocerlo (i). Por 
lo contrario, eljfalso misticismo reliiíio- 
SO, pagando caramente su ignorante au- 
dacia. nos muestra á cada paso en la in- 
sensatez de sus atirmaciones su olvido 
completo de las reglas del buen modo de 
pensar: comenzando por divorciarse de 



(i ) «Lorsquc la religión chréticnne trion- 
pha. elle rangea F humanilé sous une dis- 
cipline qui mit un frcin a ce deplorable 
mislicisme-el icúriíico-. .Mais combien de 
fois n u-t-il pas ramené sous le regne de la 
rcliiíion de 1' espril toutcs les extravagan- 
ces des rcüg-ions de la nature!» Cousin. Dii 

Vrji pág. 128. Advcrliremos. en gracia 

de .M. Cousin. que todas las escuelas mís- 
ticas ciíadas en este pasaje pertenecen al 
falso misticismo. 



EX SUS RELACIONES CON 1 A FILOSOFÍA. 



51 



la buena filosofía, de la filosofía cristia- 
na, concluye por ponerse en contradic- 
ción con el mismo sentido común: y se 
halla dispuesto á p¿itrocinar todos los 
dislates de una imaginación calentu- 
rienta, que interpreta sus ilusiones por 
inspiraciones del cielo. La diferencia 
que por este lado separa al verdadero 
del falso misticismo relii^ioso es tan ab- 
soluta, que apenas si se halla principio 
alguno en que les permita ponerse en- 
teramente de acuerdo, pero es más se- 
ñalada cuando se remontan á exponer 
las intimidades del alma con Dios en los 
grados más subidos de la vida mística: 
á proporción que uno y otro misticis- 
mo, el verdadero y el falso, se engolfan 
más profundamente en la exposición de 
los lenómenos inexplicables de la vida 
espiritual, la oscuridad misma del asun- 
to pone más en claro la sensatez de las 
afirmaciones de la mística cristiana y la 
insensatez de las del falso misticismo 
religioso. 

De aquí que, al lado de la insensatez, 
ia ilusión sea otro de los caracteres que 
distinguen, en este su diverso uso de 
los buenos principios de la lilosofía, al 
falso misticismo de las sectas religiosas 
del misticismo verdadero de los pueblos 
cristianos. La facilidad de caer en la vi- 
da mística de la realidad sublime del 
trato íntimo con Dios en los antojos de 
una imaginación desreglada, es suma- 
mente grande á juicio mismo del misti- 
cismo cristiano, que no cesa de encare- 
cer á las personas espirituales la conve- 
niencia de refrenar aquellas facultades 
que ahogando los avisos de la razón 
pueden conducirnos á la extravagancia, 
y de tener en poco favores sobrenatura- 
les, que á la vez que no arguyen mérito 
por parte nuestra, nos exponen á las 
alucinaciones más extrañas y peligro- 



sas, (i) Si estos consejos discretísimos 
del misticismo cristiano no se perdiesen 
de vista, la ilusión sería imposible en las 
escuelas cristianas, como es de hecho 
poco común con relación á las alucina- 
ciones en que cae continuamente el fal- 
so misticismo religioso; la imaginación, 
el sentimiento, cualquiera que sea la 
facultad y cualesquiera que sean las 
causas de que se eche mano para expli- 
car los fenómenos de la vida mística, 
resultan insuficientes, siempre que el 
abuso, incompatible con esa doctrina 
del misticismo cristiano, no las detor- 
me, haciendo de ellas una aplicación 
desmedida. Los mismos críticos racio- 
nalistas, á pesar de todas sus preocupa- 
ciones contra el misticismo cristiano, 
no han podido menos de advertir esta 
diferencia: y si no se resuelven á creer 
en la reafidad de los fenómenos espiri- 
tuales de los místicos ortodoxos, les 
hacen concesiones que no extienden al 
falso misticismo (2). 

Si la ilusión deja de tomarse en su 
sentido más común de engaño en que 
hacen caer al hombre la imaginación 3^ 
los sentidos, mal usados, y se toma en 
el de error de entendimiento, lá ilusión 
sería un efecto inseparable de la doctri- 
na del falso misticismo, que la tendría 



(i) «Nammerita non sunt ex hoc exis- 
timanda, si quis plurcs visiones et conso- 
lationes habeat. ..>>— De imitaLione C/in'sti, 
lib. III, cap. VIII. 

(2) «iXous croirions done volontiers á 1" 
intuition du génie... La foi, comme la rai- 
son, á ses élus; ct si des phénomcnes d" 
apparencc analogue se produiscnt chcz 
tous, c' est á des degrés depúrete et d' 
élévation bien différcnts: il y a des extati- 
ques de génic ct des extatiques vulgaircs.» 
— Roussclot. Les Mysli.j. esf>a^n.. cap. IX. 
pág. 376. 



52 



El Misticismo Ortodoxo 



siempre de la del misticismo ortodoxo 
a la distancia inmensa en que se halla 
el error de la verdad. (Cuando otra dife- 
rencia no hubiese entre ellos, sobraría 
ésta para que no pudiera confundirse 
al misticismo cristiano o ni el falso mis- 
ticismo reliiíioso. La verdad de la doc- 
trina mística es incompatible con la 
falsedad de los dogmas religiosos en 
que pueda fundarse. Para que haya 
verdadero misticismo, no basta que se 
crea en lo sobrenatural, que se busquen 
sus revelaciones en el corazón humano, 
que en los movimientos íntimos de 
nuestra alma se hallen pruebas de otro 
orden de cosas que el sensible que ve- 
mos: si el mundo sobrenatural en que 
se cree, es un mundo imaginario, aco- 
modado á nuestro propio juicio, y no á 
la realidad de las cosas; si las revelacio- 
nes de él que se buscan en el corazón, 
adaptables por su misma vaguedad á 
todas las opiniones, se acomodan á los 
caprichos de una persona espiritualis- 
ta; si los movimientos puramente na- 
turales de nuestra alma se interpretan 
por inspiraciones del cielo, que deban 
seguirse sin otra consideraciíjn que la 
de sentirlas, el misticismo religioso 
será, por sus bases mismas, radical- 
mente falso. Las afirmaciones del mis- 
ticismo de las sectas religiosas se con- 
vierten en manifiestos errores en el 
momento en que se prueba, como pue- 
de probarse, que los dogmas en que se 
fundan son absolutamente erróneos; y 
sus supuestas comunicaciones con Dios 
se reducen á puros juegos de fantasma- 
goría, por no juzgarlos más severa- 
mente, cuando se demuestra, que no 
existe esa especie de divinidad absurda 
con quien suponen hallarse en trato 
íntimo. 

Pero dejando a un lado consideracio- 



nes que. por aplicables en algún modo 
á la comparación antes hecha del mis- 
ticismo cristiano con el esplritualismo 
de la filosofía, pudieran creerse impro- 
pias para dar exacta idea de las dife- 
rencias particulares que existen entre 
la doctrina de la mística cristiana y la 
del falso misticismo religioso, nos ex- 
tenderemos á examinar, tan cumplida- 
mente como nos sea posible, los carac- 
teres especiales que reviste en uno y 
otro género de misticismo la inspira- 
ción sobrenatural, á que ambos se aco- 
gen. Y decimos la7i cumplicicimcjitc como 
nos sea posible, porque si es fácil expo- 
ner el pensamiento del misticismo orto- 
doxo, clara y unánimemente definidas 
como se hallan en las escuelas cristia- 
nas las propiedades de la inspiración 
sobrenatural; no es hacedero reducir á 
dogmas fijos las opiniones diversísimas 
en que se dividen las sectas religiosas, 
al explicar la naturaleza y caracteres 
del influjo divino en las personas espi- 
rituales que se consagran á la contem- 
plación. El falso misticismo refigioso 
es esencialmente individual: y si á esta 
circunstancia se añade la de estar afilia- 
do en escuelas religiosas que le autori- 
cen á atenerse absolutamente á las ins- 
piraciones del juicio propio, fácil es 
advertir que las propiedades de la su- 
puesta inspiración divina, por cuyos 
impulsos juzga guiarse, variarán tanto 
como los temperamentos y caracteres 
de las personas piadosas. Sin embargo. 
la diversidad de las apreciaciones del 
falso misticismo religioso acerca de la 
naturaleza de la inspiración sobrenatu- 
ral no es tan extremada, que no nos 
permita ver en las más de ellas algo co- 
mún, que pueda servirnos de extremo 
de comparaci(')n con la doctrina de las 
escuelas místicas ortodoxas. 



EN SUS RELACIONES CON LA FILOSOFÍA. 



53 



Así, sin salimos de ki observación 
que acabamos de hacer sobre la varia- 
bilidad de pensamiento del falso misti- 
cismo religioso, podemos señalar como 
carácter exclusivamente propio de la 
inspiración del verdadero misticismo, 
el de hallarse subordinada absoluta- 
mente al dogma cristiano y al juicio de 
la Iglesia, mientras ia del misticismo 
falso rechaza toda subordinación á la 
autoridad dogmática. En el falso misti- 
cismo no hay otra regla de fe, en lo que 
toca á las creencias religiosas de cada 
uno, que la propia inspiración, conside- 
rada como manifestación de la voluntad 
divina; ó si la hay, más bien que servir 
de regla á los sentimientos particulares 
de las personas piadosas, se halla some- 
tida al dictamen del espíritu privado, 
que hace que se acomode á las opinio- 
nes más diferentes, (i) Este carácter de 
la inspiración sobrenatural es tan propio 



(i) Molinos aventuró la siguiente pro- 
posición, que le fué condenada: «Via inter- 
na sejuncta est a confessione, a confessariis, 
ct a casibus conscienticc, a Theologia et 
philosophia:» y lo mismo repite en las pro- 
posiciones 65, 66, 67 y 68 de las condena- 
das. Entre las proposiciones de nuestros 
iluminados, censuradas por la Inquisición 
española en 1623, se hallan las siguientes: 
»io.— (Juilibet sequi dcbct inspirationem 
internam Spiritus Sancti ad aliquid iacien- 
dum vel omittendum. 54.— Illuminati' pro 
arbitrio Sacram scripturam licite interpre- 
tantur -íontra intelligentiam SS. PP.» Y 
los Cuáqueros sujetan el testimonio de la 
Sagrada Escritura al juicio propio. «Cum 
de amnis alicujus vel tluminis aqua dubi- 
tamus.— dice á nombre de ellos Barclay — 
ad fontem recurrimus: quo reperto, ibi sis- 
timus... Ita scripta et dicta omnium ad 
leternum verbum adducenda sunt; cui si 
cnncordent. ibi sistimus...» Texto aducidr) 
por -Mochler. -La Simbólica, ??. LX\'I. 



del falso misticismo, que así como no 
existe secta alguna mística que no re- 
duzca á la forma de la inspiraci(')n pri- 
vada sus supuestas revelaciones del 
cielo, al constituir en ellas la regla de 
fe á que deba atenerse en sus creencias 
religiosas, no hay tampoco secta algu- 
na religiosa que al sentar como único 
fundamento de su símbolo el juicio 
privado, no haya dado origen inmedia- 
tamente á falsas escuelas místicas. Pero 
en el misticismo ortodoxo la inspira- 
ción privada, sujeta conio se halla á 
una regla de fe, que no se acomoda á 
los gustos y sentimientos particulares, 
esencialmente mudables, no puede te- 
ner nunca semejante carácter de auto- 
ridad: sin negar todo valor á las inspira- 
ciones privadas, el misticismo ortodoxo 
juzga que no debemos ponernos abso- 
lutamente en sus manos para el conoci- 
miento de nuestros deberes y creencias, 
suponiendo con razón que la inspira- 
ción particular, de ser verdadera inspi- 
ración divina, no puede menos de ha- 
llarse subordinada á la manifestación 
del divino querer, hecha á todo el gé- 
nero humano (i). 



(i) En las conferencias de Issy, cele- 
bradas por Bossuet, Fénélon, Trouson y 
Noaillcs, para determinar la verdadera 
doctrina mística, se suscribieron, entre 
otros, los siguientes artículos: 

XXV. 

«II n'est pas permis á un chrétien, sous 
proteste d'oraison passive ou autre cx- 
traordinaire, d" attendrc dans la conduite 
de la vie, tant au spirituel qu' au temporcl, 
que Dieu le determine á chaqué action par 
voie et inspiration particuliére; et le con- 
traire induit á Icnter Dieu, á illusion ct á 
nonchalance. 



54 



El Misticismo Ortodoxo 



Fuera de este caraeter, común á las 
apreciaciones todas de las sectas místi- 
cas acerca de la naturaleza de la inspi- 
raci(')n sobrenatural, no es dable redu- 
cir a un ci»neepto único las opiniones 
del falso misticismo. I na de las cosas 
en que mas convienen las sectas del 
misticismo relijíioso, es en considerar 
la inspiración sobrenatural como nece- 
sariamente acompañada de propiedades 
extraordinarias, impropias del modo 
llano en que Dios se comunica ordina- 
riamente á las personas espirituales, (i) 



XX\1. 

"llors le cas et les monicnls d'inspira- 
lion prophctiquc ou cxtraordinairc, lavcri- 
lablc soumission que toutc amcchrétienne, 
memo parfaile, doit á Dicu, cst de se ser- 
vir des lumiercs naturclles ct surnaturelles 
que" elle en rei;oit, ct des regles de la pru- 
dcncc chrcticnne, en prcsupossant toujours 
que Dicu dirige tout par sa providcncc, ct 
qu" 11 cst autcur de tout bon conseil. 

XXVIII. 

»Las voiesextraordinaires, avcc les mar- 
ques qu'cnont d')nnccs les spirituels ap- 
proLivcs, selon cux-memes, sont trés-rares, 
ct sont sujettes á I" examen des cvcques, 
supérieurs ecclésiastiques. et docteurs qui 
doivcnt en juger, non tant selon les expe- 
ricnccs, que selon les regles immuables 
de r Ecriture et de la tradition: enseigner 
el praliquer le contraire, cst sccouer le 
joug de robéissance qu"on doit ii rEglise.» 

Ar lides arrelcs dans les conférences 
d' Issy, documento publicado por el Carde- 
nal Bausset en su erudita obra: llisloire de 
¡•'éiióloii, lib. II, piezas justificativas, n." V. 

(i) La Inquisición española censuró 
esta proposición de los iluminados: «9.— - 
Perpetuo reguntur— Illuminati—a Spiritu 
Sánelo immediatc in aclionibus externis et 
inlcrnis, si vi\anl sccundum coi-um rc- 
gulam » 



Las escuelas místicas cristianas conci- 
ben muy bien la existencia de la inspi- 
i'ación sobrenatural sin que el hombre 
se halle favorecido de la ciencia sobre- 
humana del gnosticismo é ilurninis- 
mo, ó se vea precisado á salir de sus 
condiciones ordinarias, para enrollarse 
en raptos, visiones y desfallecimientos: 
cree, sí, que la inspiración sobrenatural 
suele traer consigo al alma ciertas gra- 
cias que permanecen en ella á manera 
de disposiciones para sentir bien de las 
cosas espirituales y algunas veces los 
dones extraordinarios que tanto y tan 
vanamente estima el falso misticismo: 
pero ni considera estos dones como 
condiciones propias de la inspiración 
sobrenatural, ni menos cree que el in- 
flujo de la divina gracia no pueda co- 
municarse á las almas elegidas de otro 
modo más acomodado á la naturaleza 
del hombre, (i) Hay, ciertamente, sectas 
místicas en que las visiones no entran 
como elemento de la inspiración sobre- 
natural, á la manera que en la mayor 
parte de estas sectas: pero su exposi- 
ción del lenguaje divino al corazón del 
hombre difícilmente puede acomodarse 
a la que hacen de la gracia las escuelas 
católicas (2). 



(1) En las citadas conferencias de Issy 
se suscribía este otro artículo: 

XXVI 1. 

«On ne doit point attacher le don de pro- 
phétie, et ancore moins Tctat apostolique 
á un certain ctat de pcrfection ct d'orai- 
son; et les y attacher, c'est induirc á ¡Ilu- 
sión, tcmcritc et errcur.» 

Arlicles arteles dans les confercncs d' Issy. 
lug. cit. 

(2 ) El cuaqucrismo, que piensa a veces 
con más sensatez de la que pudiera espe- 
rarse de la exlravaaancia de sus riios. c\- 



EN SUS REI-ACIONES CO.\ I.A FILOSOFÍA. 



ss 



Otro c\c los efectos más comunes en 
la inspir¿ición del falso misticismo reli- 
gioso, es el de estrechar las relaciones 
del hombre con Dios en modo tan ex- 
tremado que parece confundirlos en 
unidad de ser. El panteísmo no es en 
nuestro sentir consecuencia necesaria 
del falso misticismo religioso, mas por 
no sabemos qué secreto enlace entre 
uno y otro sistema, apenas si hay algu- 
na secta mística que no haya caído en 
este error, ó no contribuya á fomentar- 
lo. Autores de indisputable talento han 
ensayado la vindicación absoluta del 
seudomisticismo religioso de la nota de 
panteísta, sin conseguir otra cosa con 
sus lútiles observaciones que reducir 
la cuestión á un mero juego de palabras. 
(i) De hecho, en los testimonios que se 
aducen de las escuelas y sectas seudo- 
místicas no aparece sino un sólo verda- 
dero ser, inlluyendo y dando vida á 
existencias que no la tienen propia, y 
cuvo siihsírjluDí es ese mismo ser úni- 
co. Decir que, dando las sectas del mis- 
ticismo religioso realidad á las criaturas 
al paso que las identifican con la divi- 
na sustancia, más bien debiera acusár- 
selas de politeístas que de panteístas, 
no es responderá la acusación: el nom- 
bre es cosa accidental, c importa poco 



plica la comunicación del alma con f)ios en 
la vida espiritual, de cslc modo: «líut he — 
Dios — gave lo man, al thc same time, inde- 
pcndenlly of his own inlcUcctorunderstan- 
ding, a spi ritual faculty. or a portion of thc 
Ufe of his own spirit, to reside in him. This 
giíl occassioned man, to become more im- 
mcdiaily, as is expressed, the image of thc 
almighlly. It set him above the animal and 
rational part of his nalurc....»— A porlrai- 
turc of Quaker i sm, tom. II, cap. I. 

(i) Ilegal, Philosoph. de I Esprit. par- 
te III,^. 573. 



que al confundir las criaturas con Dios, 
se las considere como meras formas ó 
seres verdaderos, para que haya ó deje 
de haber el panteísmo de que hablamos. 
Si se admite la identidad de las cria- 
turüs con Dios, sin despojarlas de su 
propia realidad, resultará, si puede 
resultar algo de la unión de términos 
incompatibles, lo qvxc quiere llamarse 
politeísmo: si se la establece reduciendo 
las criaturas á simples manifestaciones 
del ser único, tendremos el panteísmo, 
tomado este error en su significación 
más común: pero en último resultado, 
nunca habrá más de una sola sustancia 
divina, determinada respectivamente 
pcjr una ó muchas personalidades. 

El misticismo ortodoxo no autoriza 
genero alguno de panteísmo; pero es 
sobretodo necesario violentarle, para 
aducir su testimonio en apoyo del pan- 
teísmo descarado que sientan frecuen- 
temente las sectas místicas, 'identifican- 
do las cosas todas con Dios. La idea de 
Dios y de criatura es la misma en el 
dogma cristiano que en el misticismo 
ortodoxo, y como por otro lado las es- 
cuelas místicas ortodoxas no sientan 
otros principios sobre la presencialidad 
divina en el mundo que los de la doc- 
trina católica, no podrá acusárselas en 
buena razón de panteístas: á menos que 
no se pruebe, como ha tratado de pro- 
barse malgastando tiempo é ingenio, 
que el concepto católico de la presencia- 
lidad divina conduce derechamente al 
panteísmo. (1) Para no confundir las co- 
sascon Dios, no se ha visto en la necesi- 
dadel misticismo ortodoxodereducir la 
idea de Dios á la de un ser vago, sin pro- 
piedades ni perlecciones que puedan 



(i) Hegel, Philosoph. de /' Esprit, lug. 



cit. 



v^ 



Fi. MisiicisMM Oirniiioxf) 



darnos de él un concepto determinado: 
si semejante carpo puede dirig'irse á las 
escuelas sentimentales, nada tiene que 
ver con la doctrina católica del misti- 
cismo ortodoxo, que mira á Dios como 
un ser personal, con realidad propia y 
determinada. í'on no niejor fundamen- 
to puede atribuirse al misticismo orto- 
doxo la doctrina que reduce á meras 
determinaciones de la sustancia única 
las realidades tinitas; por no cansar á 
nuestros lectores con repeticiones inú- 
tiles, nos ceñiremos á recordarles las 
observaciones aducidas anteriormente, 
para hacer ver el carácter real de la 
verdadera doctrina mística, por contra- 
posici(')n íi las tendencias idealistas del 
falso misticismo: llamar no seres á las 
realidades finitas, porque su ser es de- 
pendiente y mudable, como las llaman 
las escuelas místicas ortodoxas, no es 
reducirlas á meras formas ó fenomena- 
lidades, como quiere malamente hacer- 
lo el falso misticismo. 

Pero dando por probado que al mis- 
ticismo ortodoxo no le cabe respon- 
sabilidad alguna en esa identificación 
absurda que hacen varias escuelas seu- 
domisticas de todas las cosas con Dios, 
veamos si es mucho más propicio á 
aquél otro género de panteísmo consis- 
tente en confundir con Dios el alma hu- 
mana: panteísmo que como de carácter 
más religioso y más íntimamente liga- 
do con la comunicación que establece 
entre Dios y el alma la inspiración so- 
brenatural, se atribuye también con 
mayor insistencia á las escuelas místi- 
cas ortodoxas. Confesamos desde luego 
que hay en el lenguaje de las personas 
espirituales expresiones, que tomadas 
en su sentido más crudo, sin atender al 
significado particular que suelen tener 
en el tecnicismo de la mística cristiana, 



pueden prestarse á interpretaciones 
torcidas, que las hagan decir otra cosa 
de lo que dicen realmente: pero no es 
éste el buen modo de juzgar, acomada- 
do á las reglas de la sana crítica, ni es 
por lo mismo ésta la manera como ha 
de interpretarse el pensamiento del mis- 
ticismo ortodoxo. Cuando la acepción 
de esas expresiones propia de la doctri- 
na mística cristiana no echara por tierra 
todas las suposiciones del misticismo ra- 
cionalista, las rechazarían los principios 
mismos de la doctrina mística ortodoxa: 
el panteísmo religioso de que ahora ha- 
blamos no existe sin la negación de la 
personalidad humana; y las verdaderas 
escuelas místicas no dejan de reconocer 
un solo momento en el hombre, una de 
las cualidades más hermosas de las 
criaturas racionales: la conciencia, que 
las hace responsables de sus propios 
actos, buenos ó malos. Aun en los esta- 
dos más subidos de la contemplación, 
el misticismo ortodoxo pone á salvo la 
conciencia y libertad humanas, á dife- 
rencia del falso misticismo, que las anu- 
la y desvanece, á título de perfeccionar 
al hombre. Las expresiones del misti- 
cismo ortodoxo que con menos violencia 
pudieran traerse á torcidas interpreta- 
ciones, hacen consistir esencialmente 
la unión del alma con Dios en la confor- 
midad de afecto y voluntades: confor- 
midad, que respeta las diferencias que 
tendrán siempre á nuestro ser á dis- 
tancia inmensa del divino (i). 



(i) Fr. Luis de León, á la vez que ex- 
pone su propio pensamiento, nos da la 
clave de estas expresiones del misticismo: 
"...para que se diga con verdad— escribe — 
que dos cosas son una misma, basta que 
sean muy semejantes entre sí .. De dos. 
cuando mucho se aman, por ventura no 



EN SUS RELACIONES CON LA FILOSOFL\. 



=¡7 



Si nos atenemos á la naturaleza de la 
inspiración sobrenatural en uno y otro 
misticismo religioso, el verdadero y el 
falso, el panteísmo apenas si es posible 
en el primero, mientras en el otro ha 
de ser, si no por necesidad, por natural 
consecuencia, bastante común. Keduci- 
da ordinariamente en el misticismo or- 
todoxo la inspiración sobrenatural á la 
manifestación de la voluntad y del co- 
nocimiento divino por medio de santos 
pensamientos y religiosos movimientos 
del corazón, la comunicación que de 
ella ha de seguirse entre Dios y el alma 
liumana no puede ser tan estrecha, que 
llegue á confundirlos en unidad de ser. 
Pero en el lalso misticismo religioso, 
donde la inspiración sobrenatural deja 
con frecuencia de revestir formas ordi- 
narias, para hablar Dios mismo al hom- 
bre sin intermediarios ni nebulosidades, 
dejando después en el alma semejanzas 
de sí que la endiosan, la comunicación 
entre el alma y Dios llega á estrecharse 
de modo que la naturaleza humana 
quede anulada en la divina. Es inútil 
que para salvar este extremo se recurra 
á imágenes de Dios, que sin ser el mis- 
mo Dios tengan las cuahdades de Dios: 
si no son el mismo Dios, no existe tam- 



dccimos que son uno mismo, y no por más 
de porque se conforman en la voluntad v 
querer?..: Y para traer á comparación lo 
que es más vecino y más semejante, no 
dice á boca llena S. Pablo que: El que se 
¿íyiíiila con Dios, se hace un espíritu con él? 
V no es cosa cierta, que el ayuntarse con 
Dios el hombre, no es otra cosa, sino reei- 
hiren su alma la virtud de la gracia, que... 
es una cualidad celestial, que puesta en el 
alma pone en ella mucho de las condicio- 
nes de Dios, y la figura muy á su seme- 
janza. »— Los Nombres de Christo, lib. II, 
Esposo. 



poco el contacto íntimo é inmediato 
de Dios con el hi)mbre que predica el 
falso misticismo religioso: y si esas imá- 
genes de Dios son Dios niismo absor- 
biendo en sí al hombre, la inspiración 
sobrenatural del seudomisticismo reli- 
gioso nos lleva derechamente al pan- 
teísmo. Para librarse de la nota de 
panteístas no queda otro recurso á al- 
gunas sectas místicas, que el de acoger- 
se a la inconsecuencia. 

Por último, en las mismas variacio- 
nes del falso misticismo religioso po- 
drían hallarse nuevos caracteres de 
distinci(')n entre la inspiración sobrena- 
tural á que se acoge, considerada sin- 
gularmente en cada una de las diversas 
fases que reviste esa inspiración en las 
sectas místicas, y la inspiración, tan 
constante como verdadera, de las es- 
cuelas místicas cristianas. La exagera- 
ción es el resultado común de tender á 
la verdad por medios extremos; y las 
opuestas exageraciones de los partida- 
rios de la falsa mística religiosa dejan 
siempre libre un término medio, que 
pueden apropiarse los místicos cristia- 
nos sin la precisión de confundirse con 
unos ni con otros. 

IV. 

La inspiración sobrenatural es uno de 
los elementos más importantes y esen- 
ciales de la vida mística. El criticismo 
racionalista se ha equivocado torpe- 
mente, al atribuir al misticismo ortodo- 
xo negaciones que no ha hecho, como 
no ha estado en lo cierto, al descar- 
gar sobre él la responsabilidad de añr- 
maciones filosóficas, que no ha autori- 
zado; pero si ha de reconocerse valor 
alguno al principio de la escuela de 
Cousin, de que es ley de la inteligencia 

8 



s« 



\'.\ Misi i(;iSM<i C)ki'»|)(»\(i 



luimana el no admitii^ el error, sino á 
c<>nd¡ci(')n de admitir con él algo de ver- 
dad, (]) diremos id presente que la crí- 
tica racionalista no ha podido desen- 
tenderse en su juicio del misticismo 
ortodoxo, de esta lev del humano espí- 
ritu, admitiendo al^'-unas verdades á 
vuelta de muchos errores. Va en otras 
ocasiones hemos puesto en claro, con 
desinterés que tal vez no se nos íi^ra- 
dezca, los aciertos de la crítica raciona- 
lista: y añadiremos ahora que la inedia 
verdad que ha reconocido, al caer en el 
error de atribuir á la mística religiosa 
alirmaciones lilosóticas, es la de juzgar 
que hay en las especulaciones de los 
místicos cristianos principios positivos, 
que pueden reducirlas á cuerpo de doc- 
trina. Cuáles sean esos principios, es lo 
que no nos ha sabido decir el criticismo 
racionalista; y vamos, por tanto, íi expo- 
ner nosotros, augurándonos desde lue- 
go éxito más afortunado. 

Al combatir en el decurso del presen- 
te estudio el sentir de los que reducen 
la doctrina del misticismo ortodoxo á la 
de una teoría filosófica, no hemos que- 
rido suponer en manera alguna que las 
especulaciones y procedimientos de la 
vida espiritual no puedan reducirse á 
principios estables, que formen de ellos 
un cuerpo de doctrina. Nuestro objeto 
era hacer ver la inexactitud con que se 
atribuven al misticismo cristiano inno- 
vaciones atrevidas en el campo mismo 
filosófico: y para ello, no habíamos de 
vernos en la precisión de negar á la mís- 



(i) ".Mais r absurdité compiclc n" entre 
pas dans 1" csprlt de 1' hommc: c' csl la \ crlu 
de la pcnscc, de n" admcUrc ricn que sous 
la condilion d' un pcu Je vcrité; el 1' crreur 
absoluc esl imposible.» -///s/. géncr. de la 
philosoph., lee. I, pág. 28 de la edic. cit. 



tica ortodoxa todo carácter especulati- 
vo, ni mjnos de considerarla tan perso- 
nal y mudable cjue no estuviera sujeta á 
reglas fijas. Desde luego sentamos que, 
aparte de los conocimientos experimen- 
tales de las personas piadosas, existe un 
misticismo doctrinal que examina, ava- 
lora y ordena esos conocimientos, dán- 
doles un valor real que antes no tenían: 
advertimos desde luego que, al vindicar 
al misticismo ortodoxo de las imputa- 
ciones de la crítica racionalista, apela- 
ríamos principalmente, á los principios 
teológicos, que sirven de base á la ver- 
dadera doctrina mística, y al testimonio 
común de los autores piadosos, es decir, 
al misticismo doctrinal y al misticismo 
de experiencia en lo que tiene de más 
estable; y últimamente, cuantas veces 
hemos hablado de las verdades del mis- 
ticismo, fiémoslas considerado, no como 
verdades aisladas, sin relación alguna 
de enlace, sino como verdades que se 
suponen, armonizan y completan, for- 
mand(j un hermoso conjunto, á que 
hemos dado constantemente los nom- 
bres de; teoría, escuela, doctrina , es- 
peculaciones, sistema, ciencia y otros 
parecidos que indican conjunto 3^ enla- 
ce de principios. 

La misma necesidad de responder a 
cada una de las inculpaciones que la 
crítica racionalista hace al misticismo 
ortodoxo , nos ha ofrecido oportunas 
ocasiones de ir señalando los elementos 
que contribuyen á formar el cuerpo de 
la doctrina mística : y apenas si nos 
resta más que presentarlos de nuevo 
compendiosamente á la Cíinsideración 
de nuestros lectores, para que pueda 
formarse idea cumplida de las alirma- 
ciones de las escuelas místicas cristia- 
nas. Vindicando al misticismo ortodoxo 
de sacrificar la razón ó someter su au- 



EN sus RELACIONES CON LA FILOSOFÍA. 



50 



toridad á la de otras facultades menos 
nobles, hemos hecho ver que el misti- 
cismo ortodoxo no sólo no sacrifica la 
razón, mas apela á sus luces y á su tes- 
timonio en muchas ocasiones. Con el 
examen del verdadero modo de pensar 
de la mística cristiana sobre el valor de 
los sentidos, que á juicio de la critica 
racionalista niei^an las escuelas místicas 
todas, hase puesto en clara luz que la 
mística cristiana, no sólo no niega la 
veracidad de los sentidos, más se atiene 
á ella frecuentemente en el mismo or- 
den espiritual. Por la exposición del 
dogmatismo de los místicos cristianos, 
dogmatismo que no quería reconocer 
el criticismo racionalista con debida 
franqueza, hemos visto que lejos de ne- 
ürarse los místicos cristianos á reconocer 
el justo valor de la autoridad dogmáti- 
ca, se acogen á ella y la invocan de 
buen grado en materias de fe, y dentro 
del orden natural en los asuntos mis- 
mos filosóficos. Y ha podido verse asi- 
mismo, en el examen que acabamos de 
hacer de la relación de enlace con es- 
cuelas y sectas que la crítica racionalis- 
ta atribuye á las afirmaciones de la 
doctrina mística ortodoxa, que la doc- 
ti'ina mística ortodoxa, si por el carác- 
ter sobrenatural de su inspiración no 
puede ser afiliada á escuela filosófica al- 
guna, ni por la pureza de esa sobrena- 
turalidad , confundirse con ninguna 
secta del misticismo religioso; no por 
eso renuncia á todo mjdiode conocer 
en las cosas espirituales. La razón, pues, 
los sentidos, la autoridad dogmática y 



la inspiración sobrenatural, son los me- 
dios de conocer á que se acoge el misti- 
cismo ortodoxo, y los conocimientos 
que deriva de esas fuentes los elementos 
que contribuyen á formar el conjunto 
de verdades en que las escuelas místi- 
cas cristianas resumen sus principios y 
sus aspiraciones. 

Queda, pues, señalada la importancia 
relativa de cada uno de los medios de 
conocer legitimados por el misticismo 
ortodoxo, y el modo diferente en que 
entran á formar parte del conjunto de 
elementos que forman el cuerpo de la 
verdadera doctrina mística. De interés 
sumo todos ellos, hay algunos, como la 
revelación y la inspiración particular, 
que le tienen especialísimo para las es- 
cuelas místicas cristianas, por contri- 
buir especialmente á caracterizar sus 
especulaciones y darles estabilidad y 
certeza, en cuanto cabe en el camino 
oscurísimo de la vida espiritual. La ins- 
piración sobrenatural privada, trayen- 
do consigo el carácter misterioso de los 
actos interiores de nuestra alma, comu- 
nica al misticismo ortodoxo la primera 
propiedad de toda doctrina mística: la 
razón, los sentidos y la revelación, so- 
bre todo, sirviendo de guías y conseje- 
ros al místico cristiano, pueden darle 
seguridad de que los inefables favores 
en que le engolfa la bondad divina son 
sublimes realidades, y no ilusiones y 
sueños como en el falso misticismo. 

Fr. Marcellno Gutiérrez. 



eATÁLOGO 

k cscrtiorcs aítitsittiss csjtswles, priitgitoscs ij antcrtf[t«os. 



(continuación.) 



MAR l.\CA(FR. JOSÉ) C. 



Natural de Madrid, é hijo de José Ma- 
riaca y de María Sanabria. IM-ofes(') en 
nuestro convento de S. 1-Y'Iipe el Real 
de Madrid en manos del Prior Fr. An- 
drés Merino, el 25 de Octubre de 1679. 
I-'ué religioso muy benemérito por sus 
virtudes y letras, llegando á ser en 1700 
Lector Jubilado, y poco después Maes- 
tro del número de la Provincia de Cas- 
tilla. 

Escribió: 

* Appjrjíiis conciinuilonim scholasíicce 
el posi/irx' Theolofiia:' nciiiiias el proprie- 
Lilcs, muluumqiie juramen Divincc Scn'p- 
lurcv sensiis: libronnn (Jajumiconm} nii- 
menun el conlexlum: proposilionum fidei 
ipsique oppositarum ,]iialiLilcs: scicrcc qua- 
liLilcs: sjcrcv cloqiicnlia: prcvcepla I^alriim 
el l\cc!esia.' Doclorum nolionem explican^. 
IHiirium landem sacrannn inlerpreliim 
calhctlogum: aliciquc sacri Orciloris vninus 
concernen lia offerens: Anclare A'. /'. .1/. 
Fr. Josepht) de Mciricicj Orciinis S. Auí>us- 
lini Pri'Viiicijv CcislelLv ctlmnno: in Coin- 



plulensi Collegio olim dignissimo Theolo- 
gicv primario, mulliaqiie ab hinc annis 
aposlolici concionatoris miinns obeiinle. 
Matriti, ex typographia Nicolai Rodrí- 
guez Francos. Anno MDCCXIX, j." de 
XXIV-246pág.— Alv. y Daena t. ^.-p. 5O. 
— Biog. Ec. t. 13. p. 72. 

MARÍN (Flí. ESTEIlVNiC. 

Natural de Méjico, é hijo del conven- 
to de dicha Ciudad. Pasó á Filipinas 
donde la obediencia le destinó á las 
misiones de los Igolotes, de los cuales 
fué el primer apóstol, consiguiendo 
bautizar á más de dt)s mil. También 
predicó la fe á los indios Zambales de 
Ijülinao y Masinloc, y fué el primer mi- 
nistro de Batac, Eaoag, Tagudin y 
Bantav. Obtuvo en la Orden el cari^-o 
de Oclinidor y \'isitador. En el año 
de i()(ii. deseando el Gobernador de 
Manila 1). Francisco Tello refrenar los 
desmanes que los indios Igolotes, mo- 
radores de las serranías de la Pam- 
panga, cometían contra los naturales y 
españoles, envi<') al efecto al Alférez 



PORTUGUESES Y AMERICANOS. 



6[ 



Mateo de Aranda con cincuenta solda- 
dos, acompañándoles en la empresa el 
P. Esteban, por ser conocedor del país 
y del idioma de los naturales, á quie- 
nes tenía obligados con repetidos be- 
neficios. En la confianza de que los 
Igolotes le recibirían sin oposición, 
acordándose del bien que les tenía he- 
cho, se adelantó solo el celoso Padre, y 
en llegando á la casa de un Principal, 
fue recibido por éste con benevolencia 
al parecer, para mejor disimular su 
traición. Indicó á nuestro inocente 
Agustino que podía descansar durante 
la noche, mientras él hablaba á los de- 
más para tratar de su reducción y con- 
versión. Llevando adelante el engaño 
dijo al Padre como sus compañeros de 
seaban verle en un sitio, distante de 
allí como una legua. Dirigiéronse al 
lugar destinado, y en el camino salié- 
ronle al encuentro muchos indios, los 
cuales, después de dar alevosa muerte 
al criado del l'adre, echaron á éste un 
cordel al cuello, y maniatado y llenán- 
dole de injurias, condujéronle á donde 
se encontraban los demás. Allí lo ata- 
ron á un árbol, y mientras el heroico 
misionero les predicaba palabras de 
paz. quitáronle inhumanamente la vida 
con multitud de flechas que le dispara- 
ron. Y no contentos con esto, cortáron- 
le la cabeza y quemaron su cuerpo. Así 
murió el P. Esteban por servicio de 
Dios y del Rey en Noviembre de 1601. 
Dejó escrito: 

1. Arle y Dkionario de la lengua ígo- 
loia. 

2. Sermones en Tina ó Zambala. 

— Gasp. de S. Ag. t. I, p. 502. — Can. 
p. 2_i. 

MARÍN (FR. LORENZO ANTONIO.) C 
Ninguna otra noticia nos ha quedado 



de este escritor, sino que fué conventual 
en S. Felipe el Real de Madrid, y que no 
le era desconocida la lengua alemana. 

Escribió: 

* Ins¿iíucio7ics de Teología pastoral, 6 
tratado del oficio y obligaciones del Párro- 
co. Componíale el 1\ M. Fr. Lorenzo Ari- 
tonio Marín, augiisliniano cu el Convento 
de S. Felipe el Real. Madrid, por Gómez 
Fuentenebro y Compañía, 1805. Se ha- 
llará en su librería calle de las Carretas. 
Dos tomos en 4." — Lant. vol. Ill, p. 358. 

MARQUÉS ( FR. ANTONIO.) C. 

Natural del la Seo de Urgel. Abrazó 
primero el instituto de San Ignacio, 
determinó después vestir el hábito de 
S. Agustín, y al efecto le acompañaron 
dos Padres de la Compañía á nuestro 
Convento deBarcelona, donde en su pre- 
sencia tomó el hábito de manos del 
P. Maestro Fr. Benito Daniel Domenec. 
Envióle la Religión á pasar el noviciado 
al Convento de Puigcerdán, y acaba- 
do el año de probación, hizo su pro- 
fesión solemne el 9 de Mayo de 1627. 
Fué varón muy docto, grande huma- 
nista, excelente retórico, famoso predi- 
cador y célebre teólogo. Murió en el 
Convento de la Seo de Urgel su patria 
el 1649. 

Dejó escrito: 

1. Assumptos predicables sobre los tres 
estados de la Iglesia: del Sacerdote, Obispo 
y Predicador. Tarragona, por Gabi'iel 
Roberto, 163Ó, 4." 

Al final lleva impreso el Sermón que 
el autor predicó al Concilio Tarraconen- 
se en la Dominica de Septuagésima 
del 1636. 

2. Cataluña defendida de sus émulos, é 
ilustrada de los hechos de fidelidad, y ser- 
vicios á sus /v'c'\'c'.s- por el I))-. Antonio 



()2 



Escritores agustinos españoles, 



Mjr.]itcs. Lc-rida. por luiriquc ('astan. 
lO.ji, .j." 

|]n la página 23 do esta obra atirma el 
autor haber sacado á luz tres tomos de 
Scitílos de la Orden, de los cuales no se 
ha encontrado otra noticia. 

5. De maíinx' nu/ris myslcriis el enco- 
iniis. ejus.jiie sponsi el parenliim. 

1 . ilxposilio apologética adversiis q uos- 
daní comediarum blandos patronos, eas 
licitas essc asserentes. Adjuncli siint dito 
tractatiis: alter de choréis, de Indis alter. 

5. Sermones contra el afeite y mundo 
miigeril: descompúnele el P. /•>. Ant<mio 
Marqués. 

(juardábanse estas tres últimas obras 
citadas en la biblioteca del convento de 
Barcelona, dispuestas ya para la im- 
prenta con sus Índices alfabéticos. 

—Mass. p. 236. — Jord. t. 3." p. 437-— 
Torr. Am. p. 377.— Nic. Ant. B. N. t. I, 
p. 143. — Bom. Muñ. p. oj.— Lant. vol. 
111, p. 126. 

MÁRQUEZ (FR. BERNARD1N0)C. 

Natural de Junquera en Galicia. Pro- 
fesó el 1Ó14 en el convento de Toro, de 
donde pasó á las Islas Filipinas, y admi- 
nistró sucesivamente los pueblos de 
Dingras, Baoang, Laoag, Candón y 
Bantay. En 1660 intentaron los Zamba- 
les alzados hacer sublevar á los Uoca- 
nos, y lo hubieran sin duda conseguido, 
á no mediar la inlluencia pacificadora 
del P. Bernardino, que íi la sazón era 
ministro de Baoang. Fué Definidor, y 
murió en 1680. 

Añadió algunas Pláticas y Oraciones 
á la Pasión de N. Sr. Jesucristo, escrita 
en ilocano por el P. Antonio Megía, é 
imp. en Madrid el i^\'^- — Can. p. 77. 

MÁRQUEZ (FR. JUAN) C. 

Acerca de este insigne Agustino, ex- 



présase nuestro Herrera en los siguien- 
tes términos: «Fl P. Mro. l-'r. Juan 
.Marque/., luz de este siglo, y gran glo- 
ria de la [Religión de San .Agustín, fué 
natural de la Imperial Villa de Madrid, 
(^orte de la Majestad (Católica. Fueron 
sus padres el Secretario .Antonio IVlár- 
quez, y su mujer D." Beatriz de Villa- 
rrcal, hidalgos y limpios. Xació por los 
años de 1 564. Tomó el hábito de la Or- 
den de .\. P. S. Agustín en el Convento 
de S. Felipe de .Madrid, y en él profesó 
á9 del mes de Julio del año de 1581, 
siendo Prior el R. P. Fr. Pedro Suárez, 
que el año de 1576 fué electo en Pro- 
vincial de Castilla Fué en su tiempo 

fénix de los ingenios, y lengua, é inge- 
nio de la Universidad de Salamanca: y 
tal, que mereció que Lope de X'ega 
Carpió dijese en una de sus obras: Do- 
mingo Ibañez, Do.minico Teólogo, es 

M0.\STRU0 AL MUNDO, CO.MO Fr. JuaN MÁR- 
QUEZ, DIVLXA I.LXGUA, F.X CÁTEDRA V E\ 
PULPITO.» 

«Fué SU facundia rara, su elocuencia 
exquisita. Por lo escolástico fué Califi- 
cador del Santo Oficio, y Catedrático 
de sustitución de la Cátedra de\'ísperas 
de Teología, teniéndola en propiedad el 
P. M. Fr. Juan de Guevara, de la mis- 
ma Orden. Por su muerte quedó el 
M. Márquez sin Cátedra, y habiéndose 
retirado al convento de Medina, la Uni- 
versidad le llamó, señalándole doscien- 
tos ducados de partido: y después llevó 
por oposición la Cátedra de Vísperas en 
propiedad á 5 de Febrero de 1607.» 

"Por lo expositivo fué insigne Predi- 
cador, y Felipe (11. Rey de España, el 
año de 1616 le escogió para que lo fuese 
suyo. Dentro de la Orden fué varias ve- 
ces Difinidor de la Provincia de Casti- 
lla, y á lo último de su vida, el año 1619, 
Prior del convento de N. P. S. .\e:ustín 



PORTUGUESES V AMERICANOS. 



6: 



de Síilamanca. Siendo Prelado de esta 
casa, le arrebató la muerte á los 56 años 
de su edad á 17 de lüiero de 1621. Des- 
cansa su cuerpo en la capilla de Nues- 
tra Señora que está dentro del claustro, 
junto á la puerta de gracias, y tiene en 
la piedra del sepulcro este epitalio, que 
le hizo el M. R. P. Mro. P'r. I-^rancisco 
Cornejo, y su sucesor en la C¿itedra de 
Vísperas.» 

M. 1"r. Joax.nes Mároiez. 
'11. S. E. 

CORPORIS ET A.WI.WI SPECIE INSKI.XIS: 

EE0C;UENTI.E II.UMEX ET I II.MEX: RECIUS 

ECCLESIASTES, RERl'M I HjEI CEXSOR, 

VESPERTINUS APUD SAEMAXT. 

THEOl.OC.I.i: PRIMUS ANTECESSOR. AD 

-MIRACULUM DOCTUS, 

IIUJIS CfCXOHH PRIOR, LITERARU.M 

IXX.MXO RAPTl'S JAX. XVII. 

AX. MDCXXI. .í:latis I.VI. 

El erudito Xicolás Antonio en su Bi- 
blioteca hace de nuestro As^ustino í?ran- 



dureza ni aL'Ctaci(')n en his términos, 
en los periodos, ni en los epítetos. 
(>uando no toca, ablanda el corazón, 
porque la materia no lo pide, eleva ó 
eníi-randece el espíritu, sin caer jamás 
en el estilo declamatorio en un caso, ni 
en el poético en otro.» 
Escribió: 

I . El Govcrnadur Chnstiano, deduci- 
do de las vidas de Moysen y Josiic, I Prínci- 
pes del pueblo de Dios. Por el Maesíro 
Frjy Juan Márquez de la Orden de San 
Agusíin. Predicador de la Magesfad del 
Rey Don J-^elipe Tercero, Caihedratico de 
Vísperas de Theología de la Universidad 
de Salamanca. Sexta impresión. Aumen- 
tada en diferentes partes, con extensión de 
la doctrina y nuevas Questiones. Con cua- 
tro Tablas muy copiosas. La primera, de 
los Capítulos. La segunda, de las Questio- 
nes. La tercera, de las cosas notables. Y la 
.juarta. de los lugares de Escritura. Dedi- 
cado al SS. Christo de las Misericordias, 
en el Cofívento Real de la Concepción Ge- 
disimos elogios, y no pasaré por alto el rónima desta Corle. Año 1664. Con pri- 



Juicio crítico que de los escritos del mis- 
mo estampó el concienzudo Capmany 
en el Tratado de la elocuencia. 

«Aunque no ¿ifecte Márquez, dice, la 
sencillez tan majestuosa, y aquel aire 
tan armonioso de gravedad qne se nota 
en algunos buenos autores de los dos 
anteriores reinados, á ninguno cede en 
lo castizo y enérgico de las voces, en la 
valentía y novedad agradable de los 
pensamientos: y seguramente sobre- 
puja á todos ellos, y á sus contempo- 
ráneos, que trataron asuntos serios 
y severos, en la riqueza de hermosas 
imágenes, y en la feliz elección de frases 
elegantes, y de locuciones las más lin- 
das, galanas y gratas de la lengua cas- 
tellana. Su expresión, por lo general es 
varonil y pulida al mismo tiempo, sin 



vilegio. En Madrid, en la Imprenta 
Real. A costa de Antonio de Fiibero, 
Mercader de Libros. Véndese en su casa 
en la calle de Toledo, á la esquina de la 
Concepción Gerónima. Y en Palacio. 
Un tom. en fol. 

Imprimióse primeramente en Sala- 
manca por Francisco de Cea Tesa, 1O12. 

— Salam.anca, por Francisco de Cea 
Tesa. \inq. 

—Madrid, por D.' Teresa junti. 1625. 

— Alcalá de llenares. 1634. 
— Madrid, 1640. 

—Madrid, 1652. Imprenta de G. Ro- 
dríguez. 
— Bruselas, lOO]. 

La última edición que conocemos, y 
que creemos sea la más esmerada y 
correcta, tiene variada la portada en la 
forma siguiente: 



(y\ 



I-]sr,Kir()Ri:s .\r,rsTi\os f.sí'axoi.e?. 



F.l Gobernador Xiicwi sexta impre- 
sión en que se enmiendan nmchisimas 
erratas de las anteriores, y se enriquece 
con un más extenso índice de las cosas 
notables, fielmente compulsados con las 
páí>inas á que corresponien. Obra útilísi- 
ma d todo género de personas, por tratar- 
se en ella cues ti< mes. y curiosidades perte- 
necientes á la exposición de la Sat-rada 
J-^scritura. á la Disciplina J^^clesiásíica, á 
la Política, y á la Economía de la vida 
civil y doméstica. Añadida en esta impre- 
sión una noticia de la )'ida. y escritos del 
Autor, que escribió D. Nicolás Antonio 
en su Biblioteca ■ Con licencia. Madrid: 
.MDCCLXXIII. Hn la Imprenta y Librería 
de I). Manuel Martin, calle de la Ouz, 
donde se hallará. Dos tomos en .}." 

Tradujo esta obra al italiano eí Padre 
Martín de San Bernardo, de la Orden 
del Cister, y la hizo imprimir en Xíipo- 
les el año de i64(). Al francés la tradujo 
el Sr. \'irión, Consejero del Duque de 
Lurena, y se dio á la luz publica en 
Xancy el año de 1621. 

■ 2. Los dos Estados de la Espiritual 
Iliervsalem, sobre los Psalmos. CXXVy 
C XXXV I. Por el Maestro Fr. Juan Már- 
quez, de la Orden de S. Agustín. Dirigidos 
á D. ChrisLoval Gómez de Sandoual, Mar- 
qués de Cea, Gentil hombre de la Cámara 
del Rey X. S. etc. Año 1603. Con privi- 
le¿?io. En Medina del Campo Por Pedro 
y Thomás Lasso hermanos. Un tomo 
en .}." 

' — Barcelona, en la Imprenta de Jai- 
me Cendrat. A costa de Juan de Boni- 
lla, mercader de libros de Zaragoza, 
1O03. En .\." 

5. * Origen de los L^rayles Jir milanos 
de la Orden de San Agustín, y su verda- 
dera instilu:i('m antes del gran Concilio 
Laleranense. Al Excelertissimo Señor Don 
Francisco Gómez de Sandoval y Rtyas 



Duque de Lcrma. y Marqués de Dcnía. 
Por el Maestro Fr. Joan Márquez de la 
mesma Orden. Predicador del Rey nuestro 
Señor y Catedrático de Vísperas de Teolo- 
gía de la l'niversidad de Salamanca. Con 
Privilegios en Salamanca, en la Im- 
prenta de Antonia Ramírez, viuda. Año 
M.DCXVIIl. fol. 

Tradujo esta obra al italiano el P. Ino- 
cencio Rampino, también Agustino. Im- 
primióse en Turin el año de 1620. Un 
tom. en ful. 

4. Modo que se ha de guardar en pre- 
dicar á los Príncipes. 

Hace mención de este escrito, que 
aún permanece inédito, el 1"*. Gerónimo 
Quintana en su obra: Grandezas de Ma- 
drid. 

5. Tratado acerca del Juramento de 
d'fender la ¡hireza de la Concepcióm de 
nuestra Señora. 

6. Compuso una Comedia para re- 
presentarla en la Universidad á¿ Sala- 
manca, en la que Nuestra Señora apa- 
rece exenta del pecado original bajo la 
figura de la Reina Ester, libre de la 
pena de muerte á que habían sido con- 
denados todos los judíos. 

Hace mención de esta Comedia Juan 
Antonio Velázquez en su obra: María 
Inmaculada. 

7. Escribió muchos Sermones de la 
Inmaculada Concepción. 

8 * \'ida del \énerable P. Fr. Alonso 
de Ilorozco. Predicador de Carlos V y 
Felipe Segundo. 

Sacada á luz por nuestro Tomás de 
Herrera, en Madrid año de 1O48. 

— 1 lerr. Agus. de Sal. p. [ 1 7. — \'id. t. 2. . 
p. 60. — Xic. Ant. B. X. t. 1. p. 752. — 
Alv. y Baena t. 3." p. 1 30. — Ossig.p. «¡S^»- 
— Salv. t. 11. p. 7^)8. — Biog. ICcl. t. i^- 
p. 224. — Alv. y Astor. col. 797. — Lant. 
vol. II. p. 315. 



PORTUGUESES Y AMERICANOS. 



65 



MARR01G(FR. FRANCISCO TOMÁS) C. 

Natural de Sineu en la isla de Mallor- 
ca, é hijo de Francisco Marroig y Doña 
Catalina Rosellos. A los diez y ocho 
años vistió el hábito de S. Agustín en 
el convento de Palma, donde profesó el 
17 de Julio de 179Ó. Cultivó la poesía 
castellana y mallorquína, y fué autor 
de unas Décimas, escritas contra el go- 
bierno constitucional, y contra los re- 
dactores de la Aurora, dando con esto 
ocasión á que le procesaran y metieran 
preso en 181 3. En el 182 1 pidió y obtuvo 
la secularización, retirándose á su pue- 
blo natal donde murió. 

Dejó dos tomos manuscritos de Poe- 
sías variasen castellano y mallorquín, 
los cuales se encontraban en poder del 
P. Mariano Mora, también agustino. — 
Bov. t. I. p. 465. 

MARTÍ (FR. -MIGUEL) C. 

De este autor sólo tenemos la noticia 
siguiente que nos da el P. Jordán: «La 
Vida, dice, de esta Sierva de Dios (de la 
Madre Sor Magdalena Ribera) escribe 
en libro aparte con elegante y piadoso 
estilo, el P. Predicador Fr. Miguel Mar- 
tí, del Convento de N. P. S. Agustín de 
Alcira, que la confesó y gobernó algu- 
nos años su espíritu, donde hallará el 
pío lector mucho que aprender, y que 
imitar.» 

— El mismo, tom. II, p. 317, n. 23. 

MARTÍN (FR. FRANCISCO) C. 

Nació en Lisboa el 1756, y profesó el 
año 1776. Fué Vice-Definidor en el Ca- 
pítulo Provincial celebrado en 1796 y 
murió en 1819. 

Escribió: 

Novena do senhor Jesús dos Passos, 
cuja imagem se venera no convenio de 



Graqa, offerecida a todos os irmaos da siia 
irmandade. Lisboa, na Offic. de Filippe 
José de Granea e Liz, 1791. 12." Salió sin 
el nombre del autor.— Silv. t. 2." p. 466. 

MARTÍN (FR. JULIÁN) C. 

Natural de Tobilla de Lago en el 
Obispado de Osma. Profesó en este Co- 
legio de Valladolid el 1804. En Filipinas 
administró las pueblos de Calinog, Maa- 
sín, Pobotán y Tigbauan. Salió electo 
Provincial en 1845, y acabado el tiem- 
po de su provincialato, se volvió á Tig- 
bauan donde murió el 13 de Marzo de 
1857. S, M. D." Isabel II le honró con la 
Cruz de Isabel la Católica. 

Escribió: 

Diccionario hispano-bisaya. Compuesto 
por el P. Fr. Julián Martín, cura del pue- 
blo de Tigbauan en la Provincia de Hoy lo: 
Manila, Manuel y Felis Dayot 1842, fol. 
— Supl. al Brun. t. 1, col. loio.— Can. 
p. 243. 

ALARTÍNEZ (FR. ALEJANDRO) C. 

Natural de Peñaranda en la provincia 
de Burgos. Profesó en este Colegio de 
Valladolid el 1867. Era de corazón no- 
ble y generoso, y mientras permaneció 
en los Colegios de España á todos sus 
hermanos dio ejemplo de piedad y vir- 
tud, y de todos era 'querido por su can- 
dorosa y dulce conversación. En Filipi- 
nas continuó siendo siempre modelo de 
religiosos observantes, y como los Su- 
periores notasen en él prendas de escla- 
recido talento, dedicáronle al profeso- 
rado, ocupación que hubo de abandonar 
por falta de salud. Retirado al pueblo 
de S. Miguel, vivía consagrado al bien- 
estar y verdadera dicha de sus feli- 
greses, en medio de los cuales murió 
víctima del cólera que en 1882 tantos 
extragos causó en todo el Archipiélago, 

9 



bb 



nSCRlTüKES AGUSTINOS ESPAÑOLES, 



Escribió: 

I. • Casaysayvn sang mgj indulgencia 
ccig sang Higa gracia nga piiíanugot sa 
mga sang Cofrades Sagrada Correa sa 
Xiíesira Señora sa Consolación, cag sang 
mga pinanugot sa tañan nga mga Cristia- 
nos tungiíd sa Orden satig mga Ermitaño 
ni San Agustin. May iban pa ñga cahim- 
tañgan sang Cofradia cag sang devoción 
sa Sagrada Correa, cag mga pag-asoy 
con anonoy indulgencia cag pila ang iya 
ñga }7jga bagay: Qinamuhat sa pulong ñga 
binísaya ñga pauayanon sa Iloiío ni P. 
Fr. Alejandro Martínez, Agustino sa Pro- 
vincia sa Santísimo Nombre de Jesús sa 
Filipinas, Cura Párroco sa San Miguel, 
Obispado sa Jaro. Con las licencias nece- 
sarias. Manija. Imprenta del Colegio de 
Santo Tomas á cargo de D. G. Menije. 
1883. Un tomito en 12.° de 224 pág. 
. 2. Cojradia sa Ntra. Sra. sa Consola- 
ción, cag sagrada Correa, nga paghiliupud 
sang mga anac ni María Santísima, ñga 
matood ñga Hoy sang Dios. Con las licen- 
cias riecesarias. Manila. Imprenta de 
Amigos del País. Calle de Anda, núme- 
ro I. 1882. 16." 

3. Njvena sa Ntra. Señora sa Conso- 
lación bimihat ni Padre Fr. Alejandro 
Martiriez, agustino, Cura Párroco sa San 
Miguel, sa Obispado de Jaro. Con las li- 
cencias necesarias. Manila. Imprenta del 
Colegio de Santo Tomás á cargo de 
D. Gerardo Menije. 1883. Un folletito en 
12." de 74 pág. 

MARTÍNEZ (FR. GASPAR) C. 

Publicó en 1707 un libro con el titulo 
de: Trentenario de S. Agustín, con un 
breve compendio de la fundación del con- 
vento de Callcr. Lant., vol. III, p. 155. 

MARTÍNEZ (FR. GREGORIO) C. 
Nació en Valladolid, y profesó en este 



Colegio el 182Ó. En Filipinas administró 
los pueblos ilocanos de liatac, Magsin- 
gal y Santa. El 1841 lué nombrado 
Secretario de Provincia, y el 1843 en- 
viáronle á España con el cargo de Co- 
niisario, donde permaneció hasta el 
1840 en que volvió á Manila, siendo des- 
pués párroco de los pueblos de Bintar, 
Santa y Lavag. 

1. Corrigió y aumentó la obra del 
P. Megia cuyo titulo es: Pasión de nues- 
tro Señor Jesu Christo, escrita en loigua 
ilocana por el M. R. P. Fr. Antonio Me- 
gia. Corregido y enmendado por el M. R 
P. Fr. Gregorio Martínez, Comisario y 
Procurador General de la Provincia de 
Agustinos Calzados di Filipinas. Madrid: 
1845. Imprenta de D. José Cosme de la 
Pena. Un tomo en 12.° 

2. Quaderno de Pláticas doctrinales y 
morales para el uso del M. R. P. Fr. Gre- 
gorio Martínez, Cura Párroco de este pue- 
blo de Magsingal, año de 1836. Consér- 
vase manuscrito en este Colegio de 
Valladolid. 

Estando en España de Comisario y 
Procurador de la Provincia, dio a la 
estampa la Explicación de los siete Sacra- 
mentos por el P. Olalla, impresa en Ma- 
drid año 1848. — Can. p. 259, 

MARTÍNEZ (FR. PASCUAL) C. 

Nació el P. Pascual en Pontevedra el 
181 1. En la escuela de primeras letras 
mostró ya aplicación extraordinaria al 
estudio, y era de admirar la docilidad y 
candor que en él resplandecía. Llegó á 
poseer con perfección el latín, y más de 
una vez compuso versos en dicho idio- 
ma. Aprendió sin ayuda de maestro la 
Aritmética, Algebra y Geometría. Su 
padre, agrimensor de oficio, asombrado 
de ver la facilidad con que resolvía 
ciertos probleinas. pensó en ponerle 



PORTUGUESES Y AMER»ICANOS. 



(-^7 



bajo la dirección de algún buen aca- 
démico. No eran estas lac intenciones 
del joven Pascual, ni la vocación á que 
Dios le llamaba, y así conociendo los 
designios de su padre, renunció al estu- 
dio de las matemáticas, y dirigió todo 
su conato y empeño á ver como se haría 
digno del hábito agustiniano, que con 
grande alegría de su corazón vistió en 
nuestro convento de la Coruña el 6 de 
Octubre de 1822. Hecha la profesión re- 
ligiosa, trasladáronle al convento de 
Madrigal de las Torres, donde estudió 
Filosofía y llegó á ordenarse de presbí- 
tero. De aquí pasó al de Madrid, y poco 
después tuvo lugar el incalificable atro- 
pello de la exclaustración de los religio- 
sos, lo cual le obligó á buscar un refugio 
en casa de sus padres. Deseaba ardien- 
temente vivir y morir en el claustro, y 
esto le movió á ir á Roma, para ence- 
rrarse en el convento de la Orden, don- 
de permaneció por espacio de tres años. 
Vuelto a España vivió al lado del ilus- 
trado P. Castro, que á la sazón explica- 
ba Filosofía y Teología en la ciudad de 
Avila. Estando aquí oyó decir como el 
Sr. Obispo de Palencia, D. Carlos La- 
borda, aprovechándose de lo estipulado 
en el Concordato, deseaba establecer en 
su diócesis una casa de religiosos, é in- 
mediatamente acudió á dicho Prelado 
con el fin de ponerse á su disposición 
para el efecto deseado. En 185 1 hallá- 
base nombrado Presidente de la casa- 
colegio de Carrión de los Condes, que 
antes había sido monasterio de Bene- 
dictinos. Esperaba el celoso Padre ver 
luego convertida esta mansión en es- 
cuela de virtud y ciencia, y para el 
efecto procuraba reunir el personal con- 
veniente. Mientras esto se realizaba, el 
Prelado de la Diócesis le encargó la co- 
rreción de aquellos clérigos menos ajus- 



tados á sus deberes, y aquí es donde se 
abrió ancho campo para el celo y cari- 
dad ardiente de nuestro Agustino. Sólo 
dormía dos horas y media, y esto sen- 
tado en la silla, y recostado sobre la ca- 
becera de la cama. Bien de madrui^ada 
bajaba á la iglesia, donde se disponía 
con grande fervor para celebrar el Santo 
Sacrificio de la Misa, y acudir después 
al confesonario donde, con la llama del 
amor divino que ardía en su pecho, sus 
palabras conmovían los corazones, y 
lloraban sus pecados los penitentes. 
Aunque no se vio dotado de brillantes 
dotes oratorias, sus sermones sin em- 
bargo tenían una retórica tan estudiada 
para el corazón, que era extraordinario 
el fruto que producía en sus oyentes. 
Así vivía el P. Pascual, animado de 
los mejores deseos, cuando ocurrió la 
muerte del Sr. Laborda, lo cual vino á 
desconcertar todo el plan concebido; 
porque el nuevo Prelado de la Diócesis, 
D. Jerónimo Fernández, fué de parecer 
de entregar á los PP. de la Compañía el 
mencionado Colegio de Carrión, y vióse 
nuestro Agustino obligado á retirarse 
humilde y resignado á las disposiciones 
de la Divina Providencia, tomando el 
cargo de Vicario de las Agustinas Reco- 
letas en el pueblo de Oropesa, donde 
vivió por espacio de un año, entregado 
á la oración y austerísimas penitencias. 
Murió lleno de méritos en Agosto del 
1855 día de Ntra. Sra. de la Consolación. 
Dejó escrita una colección de Sermo- 
nes que se guardan en este Colegio de 
Valladolid. 



Fr. B. M. 



(Continuará ) 



^.\^..^.^..\. 



68 



fximmii í mm m lis sagridis íu 



'^- 



-^> 



'|ir?^^ ARisiF.NS. Maln'monii. — Epigraíc es 
í/P^^ csiccienvcccs rcpctidocn esta Scc- 
LCA^aitfígJ ción, y bajo el cual se nos han 
prcsentadoen mil formas las cuestiones ma- 
trimoniales, hasta tal grado, que parecería 
imposible hallar ni en los más fecundos 
Canonistas cosa nueva en tan asendereada 
materia. No obstante, la causa que hoy te- 
nemos el gusto de proponer á nuestros lec- 
tores, por la novedad del caso, por el interés 
y trascendencia del asunto, por lo trágico 
del desenlace; en una palabra, por todas 
sus circunstancias, es del todo nueva, y 
comparada con las que la han precedido, 
aumenta en interés é instrucción hasta 
eclipsar á las anteriores. Por esta razón, y 
porque el fascículo de la Revista Romana 
Acia SancLv Sedis que compendiamos, no 
trascribe más que otra causa de la Sagrada 
Congregación del Concilio, vista per sum- 
man'a preciim, y una de la Sagrada Con- 
gregación de Ritos sobre precedencias, la 
expondremos latamente, sin olvidar nues- 
tro cargo de compiladores. 

El caso pasó de la manera siguiente. 

Corría el año 1875, cuando Augusto Du- 
que de Livaudais, ciudadano americano, 
contrajo matrimonio en la Iglesia de San 
Agustín de París con una joven noble lla- 
mada .Magdalena d' Auvillers. Augusto 
estaba enredado en amores ilícitos con 
María Balot, á quien había prometido unir- 
se perpetuamente con ella y llevarla consi- 
go á América en cuanto recibiese de su 
madre 250.000. fr. que le había ofrecido 
intuilu nuptiarum. Pero como ésta en el 
documento de donación expresó la condi- 
ción de reversibilidad á favor del donante, 
creyó Augusto que nj podría conseguir 
aquella suma sin quitar del medio á su 
mujer, único obstáculo para la consecu- 



ción de su íln. Con estos propósitos habitó 
cuatro meses con su esposa, ora en casa de 
uno, bien en la de otro, ó ya en varias ex- 
pediciones. En este intermedio procuró 
una vez la muerte de su mujer, bien que 
inútilmente por la vigilancia de aquélla; 
en Vichy la dio á beber estricnina, que gus- 
tada por ella y arrojada inmediatamente, 
si no le produjo la muerte, le causó una 
grave enfermedad, con la que se la llevó á 
sus padres, y él, recibida de su madre una 
suma considerable de dinero, huyó con su 
amada, á la cual después de algún tiempo 
se vio precisado á abandonar por las dis- 
cordias continuas en que vivían. 

Vuelta de América María Balot, y cono- 
cidas por Magdalena las torpes relaciones 
de su esposo con ella, y demás antece- 
dentes de su vida de casado, se entabló la 
causa de divorcio en la curia de Nueva Or- 
leáns, y dada sentencia favorable al mismo 
á instancias de los padres de Magdalena, 
estos presentaron á la Sagrada Congrega- 
ción del Concilio una súplica, pidiendo le 
declarase nulo por falta de consentimiento 
en el varón. Mandó la Congregación al 
Excmo. Arzobispo de París que instruyese 
proceso canónico para indagar la verdad, 
y constituido por él tribunal, tomadas las 
declaraciones de los testigos, en especial 
los que en estas causas se lllaman septimx 
maniis (i) conforme á derecho, v persistien- 
do el marido en la contumacia, clió dicho Ar- 
zobispo en 24 de Junio de 1882 la sentencia 
que sigue -•Augustum de Livaudais in pres- 
tando consensu sao matrimonio cum con- 



(1) De estos testigos hemos hablado varias veces. Son los 
parientes más cercanos de los esposos, á quienes con cspc- 
ciniidad se atiende en las cuestiones sobre validez ó nulidad 
do m atrimonio. como más interesados en decir la verdad. 



t)E LAS SaG. CoNCRPlGAClONEí!. 



60 



sanguínea {i) Magdalena d' Auvilliers non 
iníendisse contrahere verum ac permancns 
matrimoniuní, sed fmxisse daré consensum, 
ut dote á parentibus promissa potiretiir: 
ideoqiie ídem matrimoniíim irritum, nulluní 
atque invalidumfuisse et esse. 

En cumplimiento de su deber interpuso 
apelación de esta sentencia ante la Sagra- 
da Congregación del Concilii) el defensor 
del vinculo matrimonial, y Magdalena, 
después de haber elegido abogado defen- 
sor en Roma, cuya defensa compendiare- 
mos en breve, en I." de Febrero de 1S83 
contrajo matrimonio in facie Ecclesice en 
la Diócesis de Versalles, obtenido el con- 
sentimiento del párroco de origen, con 
Julio Picot, ante un párroco que, apoyado 
en la sentencia del tribunal parisiense, la 
creyó libre. No bien tuvo noticia de este 
hecho la Sagrada Congregación, mandó 
separar á los nuevos cónyuges, lijando á 
Magdalena un plazo dentro del cual pro- 
curase dar por terminado el juicio empeza- 
do sobre la nulidad de su primer matri- 
monio. 

Cumplió sin duda con este precepto 
Magdalena; pues, según se lee en la Revis- 
ta que nos sirve de guía en nuestros traba- 
jos, hubo tres sentencias en esta misma 
causa; una en 7 de Julio, otra en i." de 
Setiembre de 1883, y la última en 7 de 
Marzo de 1885. que es la que compendia- 
mos, y en la cual propuso la Sagrada Con- 
gregación la resolución de la causa en esta 
pregunta: (2) «A;i senteniia archiepiscopalis 



(i) Este impedimento no obstaba á la validez del matri- 
monio, por iiabcr sido legítimamente dispensado. 

(2) No ncs explicamos cómo poniendo las tres fechas arri- 
ba enunciadas en el lugar donde la mencionada Revista 
suele anunciar la fecha con que fué decidida la cuestión 
que se va a tratar, no haga mención alguna en todo el curso 
de la causa de las dos primeras sentencias á que ain duda 
corresponden las dos primeras fechas. Y tanto menos nos lo 
explicamos, cuanto que las sentencias aludidas debieron 
ser contrarias á .Magdalena, quien obtiene ahora en la cuarta 
vista de su causa s¿ntencia favorable contra las reglas pres- 
critas para esta clase de sentencias. Tememos quedarnos en 
esta incertidumbre; pues dicha Revista no dará razón de su 
modo de obrar. 



Ciiricc Parisiensis sit confirmanda velinfir- 
manda in casii:?'^ respondiendo cSentcn- 
tianí Ciiricv Parisiensis esse conjirmandam.» 

La defensa presentada por el abogado 
de Magdalena se reduce á demostrar la 
necesidad del consentimiento para la vali- 
dez del matrimonio, y la falta de aquel por 
parte de Augusto. Con el Un de que aque- 
lla prueba tomase toda la fuerza que nece- 
sita para demostrar concluyentementc en 
el caso que se examina, sienta primero 
en lo que consiste dicho consentimiento, 
cómo á él se opone cualquier condición 
opuesta á los tres bienes principales del 
matrimonio, no sólo cuando ha sido expre- 
sada al verificarse el contrato, en lo que 
todos convienen; sino también cuando uno 
de los contrayentes la tuvo, aunque no 
la expresase, aduciendo las dos grandes 
autoridades en esta materia, González y 
Sánchez, que así lo sostienen apoyados en 
Sto. Tomás y S. Buenaventura (i), y luego 
pasa á demostrar cómo en el caso presente 
faltó al esposo el consentimiento, por ha- 
ber retenido en su mente la condición de 
separarse de su mujer para contraer con 
María, condición abiertamente contraria 
á la santidad é indisolubilidad del matri- 
monio. 

Esta segunda parte de su trabajo la divi- 
de el defensor de Magdalena en tres partes 
que abrazan otros tantos tiempos, á saber: 
el anterior al matrimonio, el en que aquél 
se celebró, y el subsiguiente. Para hacer 
más concluyentes sus pruebas, pone por 
introducción la clase de demostracióny cer- 
teza que se puede exigir en estas materias, 
y dice que aquélla no puede fundarse en 
principios evidentes, sino meramente pru- 
denciales, tomados de lo que comúnmente 
sucede entre los hombres, y que ésta no 
puede pasar de ser certeza naoral ó pru- 
dencial, puesto quedel corazón del hombre, 
de donde aquellos actos proceden, puede 



(i) Comm. inLii'í. .( Dc:rt. Tit. 5,cap. 7, nu. 3 et 9. De 
iMatr. Lib. 2. Disp. 29. nu. 1 1. 
(1) De m.xtr., lib. 2, dist. p. § 4. 



70 



Rf-soluciones y Dn:cRETO€ 



sólo juzgar Aquel á quien nada se oculta 
de cuanto piensan los mortales. Esta intro- 
ducción la toma lambiendo Sánchez, el cual 
á su vez cita á Silvestre Navarro, Covarru- 
bias y otros. Con estos preámbulos ya se 
cree victorioso, y pasando á referir lo que 
sucedió antes del matrimonio, dice que dos 
años antes de contraer Augusto con Mag- 
dalena, ya andaba en tratos ilícitos con Ma- 
ría, á quien había prometido ser su esposo, 
lo que habría verificado á no haberse opues- 
to su padre; pero como, oponiéndose éste, 
no podía contraer matrimonio, ni conseguir 
el dote que su madre le había prometido 
inluitu nuptiarum, ni podía sin él contraer 
con María, se determinó á simular su ma- 
trimonio con Magdalena, y así arrancar la 
donación á su madre, y obtenida, dejada 
toda relación con su mujer, ó dándole 
muerte, contraer con María. Todo esto dice 
el defensor que consta de las declaraciones 
tomadas á los testigos examinados en la 
Curia parisiense, y lo confiesan los mismos 
padres de Magdalena, como declarado por 
la misma María. Y el propósito de simular 
el matrimonio y abandonar á su mujer 
prosigue el abogado, lo manifestó Augusto 
no sólo por palabras y hechos, sino hasta 
por cartas, como consta de una escrita dos 
días antes del matrimonio, vista por un abo- 
gado, y que estaba dirigida á su amada. 

El mismo propósito demostró Augusto 
en su inexplicable conducta. De una parte 
no dejó su trato con María, aun después 
de haber arreglado su matrimonio con 
Magdalena, continuando las mismas ó ma- 
yores demostraciones de amor, regalos, 
visitas, etc., y por la otra no visitó á su 
futura mujer sino seis semanas antes de 
casarse, y esto muy pocas veces, taciturno 
y ocupado en otros pensamientos, sin cui- 
darse en complacer á su prometida, hasta 
tal punto, que ésta pidió á sus padres que 
rompiesen las relaciones, consintiendo so- 
lamente en casarse con Augusto por las 
exhortaciones y amenazas de su madre. A 
esto añade, prosigue el defensor de la nu- 
lidad del malrinT^ lio. que Augusto, contra 



toda costumbre, no hizo regalo alguno á 
su esposa más que el anillo nupcial, sin- 
tiendo mucho el tener que ofrecerla el libro 
de bodas, sin querer visitar jamás á los 
parientes de aquélla, ni arreglar la casa, 
cuidándose sólo de que se escribiese docu- 
mento alguno de su matrimonio, y que la 
madre le entregase la dote prometida, co- 
mo lo testifican los padres de Magdalena, 
cuyos testimonios, dice el compilador de la 
causa, refiere íntegros el defensor. 

Entrando en la 2.' parte de sus pruebas, 
o sea, en la del tiempo en que se celebró el 
matrimonio, dice que de todas las circuns- 
tancias que á aquél acompañaron se des- 
prende la falta de consentimiento por par- 
te de Augusto, lo que prueba de este modo. 
En el acto mismo de celebrarse el contrato 
civil, y cuando todo se hallaba ya dispues- 
to, se notó que faltaba Augusto, el cual 
solo, agitado é irresoluto, se paseaba á las 
puertas del palacio, y fué impulsado á en- 
trar, como testificó uno que asistió al acto. 
Al celebrarse el rito sagrado del matrimo- 
nio en la Iglesia, se le notó triste, agitado, 
confuso, clavados sus ojos en cierta parte 
de la Iglesia, donde se reía de la ceremo- 
nia sagrada una mujer, en la cual reconoció 
el Abogado Le Jjure, testigo sacramental, 
á María Balot, cuando después trató para 
la cesión de las cartas de Augusto. Termi- 
nada la ceremonia, Augusto se salió veloz- 
mente de la Iglesia, á cuyas puertas le en- 
contraron la esposa, parientes y amigos 
fumando un cigarro, con lo cual dio á en- 
tender á su querida que cumplía sus pro- 
mesas, y que no había contraído verdadero 
matrimonio con Magdalena. Con este fin, 
entrando secretamente en la despensa del 
Conde (in cellario Comitis) la escribió furti- 
vamente una carta, que aunque no fué 
presentada al Tribunal de Nueva Orleáns, 
entre otras que á peso de oro se compra- 
ron con este objeto á María, porque no la 
entregó como otras varias para no ser juz- 
gada culpable en la intentada muerte de 
Magdalena, la vieron los padres y otros 
muchos que así lo han declarado, 



DE LAS Sag, Congregaciones, 



Para probar la tercera parte de su de- 
fensa, ó sea, que de lo sucedido después 
del matrimonio se desprende con certeza 
moral la falta de consentimiento en Au- 
gusto, aduce las cartas dirigidas por éste á 
María, y entre otras, como más decisiva en 
la cuestión, la que le escribió el 30 de Abril 
del 75, ocho días después de contraído el 
matrimonio, y las muchas veces que, según 
declaración de los testigos, hizo la misma 
protestación á María, deduciendo de aqué- 
llas y éstas que el consentimiento de Au- 
gusto fué fingido y simulado, emitido con 
fin del todo opuesto al bien principal del 
matrimonio, ó sea, á su indisolubilidad, 
dirigiendo únicamente su intención á ob- 
tener la donación de su madre para huir 
con su amada á América, y contraer con 
ella verdadero matrimonio. 

Advierte con mucha oportunidad el de- 
fensor de Magdalena para deshacer toda 
duda ú objeción que contra su demostra- 
ción pudiera oponerse, que no se trata en 
el caso de un verdadero consentimiento en 
el matrimonio, unido al propósito de con- 
tinuar las relaciones amorosas con la que- 
rida, lo cual no anularía el matrimonio; 
sino de la falta absoluta de aquél, que 
prestó exclusivamente como condición ne- 
cesaria para conseguir la dote, y obtenida 
ésta, contraer nuevamente con María. 

Aunque sería más que suficiente para 
dar sentencia á favor de Magdalena decla- 
rando la nulidad del matrimonio, lo ex- 
puesto hasta el presente, refuerza su de- 
fensa con nuevos hechos, y dice que el 
pedir continuamente á sus padres la dona- 
ción, sin querer que de ello se hiciese escri- 
tura pública, y al ver que ellos no se la 
daban, pues habían reservado la mitad 
para su esposa en el caso de morir él, el 
determinarse á dar muerte á Magdalena 
para disfrutar solo de la pensión, intentán- 
dolo una vez en casa de su esposa y otra 
en Vichy, causándola esta demostración de 
amor una grave enfermedad, y otras mu- 
chas en que la vigilancia de Magdalena frus- 
tró sus planes y detuvo sus sinies^tros cona- 



tos, y el continuar sus relaciones con María, 
la cual por cartas y telegramas le invitaba 
al crimen que intentó por última vez des- 
pués de haber estado dos días con ella en 
París, á donde fué llamada por la misma 
en un parte telegráfico bajo el seudónimo 
de Campbel, y el abandonar á París con 
su querida después de haber sido des- 
cubiertas sus relaciones con María por te- 
mor de ser llevado á los tribunales, de- 
muestran que no dio su consentimiento 
para contraer matrimonio con Magdalena, 
sino en cuanto él era medio único para 
conseguir la donación, y cumplir la pro- 
mesa que tenía hecha á María. Luego, con- 
cluye el abogado de aquélla, por todo lo 
que antecedió, acompañó y subsiguió al 
matrimonio de Augusto con Magdalena, 
se deduce con tanta certeza moral la falta 
de consentimiento en aquél, que justamen- 
te puede concluirse no haber tenido in- 
tención de unirse á ella con lazo indisolu- 
ble, y por tanto ser nulo el matrimonio, 

A pesar de estas pruebas, al parecer 
concluyentes á favor de Magdalena, es tan 
brillante y acabada la defensa del aboga- 
do defensor del matrimonio, que haría 
dudar á cualquiera sobre qué parte debe- 
ría segun^se en la sentencia, si no viniese á 
disipar esta duda la resolución de la Sa- 
grada Congregación del Concilio. Decla- 
rando ésta que queda confirmada la sen- 
tencia parisiense, confirma y como canoniza 
las pruebas que á ella dieron fundamento, 
y nos hace á nosotros estar ciertos y segu- 
ros de su verdad y justicia. Por esta razón 
y porque ya nos vamos deteniendo dema- 
siado en el compendio de esta causa, no 
lo haremos de las pruebas aducidas por 
el abogado del sagrado vínculo, conten- 
tándonos sólo con enunciar la forma y 
desarrollo de las mismas, como nos le 
da el Acta Sancí^v Sedis, y trascribir des- 
pués los sabios corolarios que nos ofrecen 
los canonistas romanos. 

Aquél es á todos manifiesto; pues por 
precisión debe ser contrario al del aboga- 
do de Magdalena, proponiéndose, como. 



Resoluciones v Decretos 



de hecho se propone, hacer ver que el 
matrimonio es á todas íluces legítimo y 
válido. Para esto distribuye como su 
adversario, todo su trabajo en tres par- 
tes: la I.' dedicada á demostrar que no 
hubo simulación de consentimiento por 
parte de Augusto; la 2/ en que procura 
hacer ver que la intención de éste, por más 
que fuese contraria á la sustancia y natu- 
raleza del matrimonio, no habiéndose ma- 
nifestado ni puesto como condición del 
contrato, no anula ni invalida este; y la 
3.' cu3^o objeto es probar que las circuns- 
tancias que precedieron, acompañaron y 
subsiguieron al matrimonio no demues- 
tran la nulidad del mismo. Habla difusa, 
erudita y razonadamente en cada una, 
como por sí mismo puede examinar el que 
lea la Revista tantas veces citada. Noso- 
tros, por las razones arriba expresadas, pa- 
samos á copiar los Colliges: 

I. Ex receptioribus auctoribus apud 
Sánchez de matrim. 1. 2. disp. 42. doccri, 
fidem esse adhibendam affirmanti se fíete 
matrimonio consensisse, quoties ex ad- 
junclis certitudo moralis de veritate hujus 
assertionis valeat induci. 

II. Requiritur enim ea certitudo, qua 
virum prudentem moraliter certum faciat 
de ficto consensu alterius; quum vero hanc 
jus non deñnierit, nulla certior regula 
prsescribi potcst, quam ut ca sit quce virum 
prudentem redderet certum, attcntis oc- 
currentibus circunstantiis. 

III. In thematc videri hasce adfuisse 
circunstantias, qua; virum prudentem cer- 
tum facerent morali certitudine, inspectis 
faclis matrimonium antecedcntibus, con- 
comitantibus et subsequentibus. 

IV. Ad matrimonii validitatem requiri 
contrahentium consensum extcrnum et in- 
tcrnum; hinc minime existere posse matri- 
monium per simulatum consensum, etsi 
cxpressum externe vcrbis et signis. 

V. Ex doctoribus ad inficiendum matri- 
monium vitio nuUitatis sufficere intentio- 
nem bono matrimonii contrariam, simpli- 
citer in mente ixtentam ab uno ex contra- 



hentibus, ctiamsi non fuerit deducta in 
expresam conditionem, quia ha;c intentio 
repugnant matrimonii substantia^. 

\'l. llinc juxta hanc sententiam nulliter 
conlrahcret qui dum nuptias iniret, ani- 
mum habcret, etsi mente retentum. ineun- 
di matrimonium ad tempus; eo quod in- 
tentio hxc bono sacramenli adversaretur, 
duní matrimonium, suapte natura, est vin- 
culum pcrpetuum. 

\'ll. Mcram intentionem contra lidem 
matrimonii et prolcm nuptias haud infice- 
re; inficere tantum quatenus in contractu 
matrimonii aliquid deduceretur in pactum 
contra fidem et prolem, 

VIII. Intentionem alicujus ex contra- 
hentibus, contra bonum sacramenti formi- 
ter evincendum esse ex adjunctis nuptias 
pra^cedentibus, concomitantibus et subse- 
quentibus, ut gigni possit judicibus certi- 
tudo moralis; dum certitudo metaphisica 
haberi nequcat in iis qua: ab hominis cor- 
de pendent. 

IX. In thcmate animum Augusti, bono 
matrimonii contrarium, evictum sufficien- 
ter fuisse per argumenta simul conficta 
exvariis adjunctis, quibus certitudo mora- 
lis enata est, eumdem contrahentem intel- 
lexisse nuptias inire tantum ad tempus 
cum Magdalena, minime vero perpetuas. 

Aretin.\. Legati. — En 7 de Marzo de este 
año examinaba la Sagrada Congregación 
del Concilio per summaria preciiin un libelo 
suplicario, cuyo contenido era el siguiente: 

Ana Mauri dejó en 18Ó1 un legado pia- 
doso de 100 escudos á cierto Donato, con la 
obligación de celebrar una misa los días 
festivos para comodidad del pueblo, y de 
dar la bendición por la tarde con el Santí- 
simo, y celebrar otra misa al día siguiente 
para consumir el sacramento. A esto debía 
prestarse la familia Diicci, así como tam- 
bién á levantar las cargas ocasionadas, en 
cuyo defecto se rogaba al legatario llama- 
se á la familia Cherici para continuar las 
funciones. El legatario cumplió su com- 
promiso desde el ó I hasta Mayo del 1873 



DE LAS SaG, COiNGREGAClONES. 



7'3 



con anuencia de los dueños del oratorio, 
supliendo de su propio peculio casi todos 
los gastos originados por aquellas funcio- 
nes. En dicho año, no hallándose fácilmen- 
te sacerdotes, ni siendo suficientes los 
frutos del legado , cuyos bienes habían 
desaparecido casi totalmente para llenar 
los gastos, ni queriendo suplirlos ninguna 
de las familias á ello obligadas, dejó el 
legatario de cumplir las cargas expresadas 
y pidió á la Sagrada Congregación se dig- 
nase declararle libre de cumplirlas en ade- 
lante, y en caso de verse á ello obligado, 
la suplicaba redujese los gastos á una 
cantidad más moderada. Pedido informe 
al Obispo, éste le dio en un todo favorable 
á las preces, con lo cual la Sagrada Con- 
gregación, después de examinar las razo- 
nes alegadas de oficio en pro y en contra 
de la concesión, que no traería utilidad 
alguna el repetir aquí, despachó la súplica 
exonerando totalmente al legatario, dando 
con la fecha arriba indicada la resolución 
que sigue: <'Pro gratia exonerationis,facto 
verbo cum SSmo. » 

Suponemos que no habrá dificultad al- 
guna en ver la justicia de esta resolución, 
que todos cuantos leyeren las preces cono- 
cerán , no sólo que podía concederse la 
gracia, sino que debía concederse, y que 
cualquiera en conciencia consultado por el 
legatario respondería de la misma manera. 
Donde hallarán alguna dificultad será en 
darse razón de por qué, en cosa tan clara, 
fué necesario interponer la autoridad pon- 
tificia, que sólo suele invocarse en casos 
arduos, dudosos, ó donde realmente se 
necesita la dispensa. Dejando á todos que 
piensen como su criterio les aconseje, para 
nosotros fué necesario invocar dicha auto- 
ridad, porque mediaba una disposición 
testamentaria, y no era absolutamente 
cierto que hubiesen perecido todos los 
bienes que componían el legado piadoso. 



DE LA SAGRADA CONGREGACIÓN DE RITOS. 
— -.íf.-i^ — 

SuLMONEN,— Con este título examinaba la 
Congregación mencionada una cuestión de 
precedencias habida entre dos Iglesias de 
la antigua ciudad de Sulmo, cuya /ac// spe^ 
cies es la siguiente: Desde la más remota 
antigüedad existen en Sulmo dos Iglesias, 
la una parroquial conocida con el título de 
la Asunción de la Virgen Nuestra Señora, 
vulgarmente ddla Tomba, y la otra consa- 
grada á la misma Virgen en el misterio de 
la Anunciación. Ambas fueron elevadas á 
Colegiatas por especial privilegio de Nues- 
tro Santísimo Padre León Xlll, la primera 
por un Breve expedido en i6 de Enero de 
1883, y la otra por decreto de la Sagra- 
da Congregación del Consistorio en 15 de 
Abril del mismo año. Los nuevos honores 
concedidos por la munificencia del Pontífice 
fueron la manzana de la discordia arrojada 
entre el clero de ambas Iglesias, que em- 
pezó luego á reclamar sus derechos de pre- 
cedencia en las procesiones, funerales, y 
demás sagradas funciones. Para cortar 
estas disputas acudieron á la Sagrada 
Congregación de Ritos, y arregladas las 
cosas conforme á derecho, y convenidas 
las partes en los puntos de la cuestión, se 
presentó al examen de la Sagrada Congre- 
gación bajo estas dudas: «/."' An intret ar- 
i>bitrium aperitionis oris iii casul 2.^ Aji et 
^^ciii competat jus prcecedenticv in casii?» Las 
cuales resolvió diciendo: «Ad I. Negative. 
Ad II. Provisiim in primo, neinpe favore 
Ecclesice colegiatce Beafce Mari.v Viroinis 
in ccelum Assiimptce, vulgo de la Tomba, 
et ad mentem.» 

Las razones y derechos de que aquí se 
hace mérito, y están latamente expuestos 
en la causa, son del todo peculiares de 
este caso, y por tanto de muy poca utilidad 
para resolver otras cuestiones análogas. 
Sobre el aperitio oris que recuerda la 
primer duda, sólo añadiremos á lo dicho 
en otras ocasiones, que por lo que se des- 
prende de la duda segunda, y más clára- 
lo 



74 



Resoluciones y Decretos 



mente de las pruebas, se pedía por el Clero 
de la Iglesia de la Anunciación se le per- 
mitiese hablar contra el Breve de creación 
expedido á favor de la Iglesia de la Asun- 
ción, para poder reclamar los derechos 
que él creía tener. Negado éste, natural- 
mente se seguía la precedencia de esta 
Iglesia sobre aquélla, como se resuelve en 
la causa. Lo que no podemos explicar es la 
mente de que habla la segunda duda, pues 
no parece que pueda ofrecerse dificultad 
alguna que necesite de la aclaración que 
comunmente bajo esta cláusula suelen con- 
tener las Sagradas Congregaciones. Como 
aquí no se dignó la Sagrada Congregación 
manifestar su pensamiento, nosotros no 
nos atrevemos ni siquiera á procurar adi- 
vinarlo, y pasamos á trascribir los Colli^^es: 

I. In controversiis quoad privilegia lo- 
cuní pra;cipue habere regulam: prioi- in 
tenipore potior est jure. 

II. Mutationem tituli et status alicujus 
Ecclesias, ex praxi canónica, efficere, ut 
vetus Ecclesia extincta sit et nova erigatur. 

III. Hinc jus praecedentias inter duas 
Ecclesias, quoad honores pares desumen- 
dum esse vidctur ex tcmpore quo auctori- 
tate Apostólica earumdcm status et titulus 
immutati fuerunt. 

I\'. In themate ex gratia pontificia fac- 
tum esse, ut una et altera Ecclesia, inter 
quas lis est de jure pra^cedendi, diverso 
tempore eveherentur ad honores Collegia- 
tae; hinc jus praecedendi rite tributum fuit 
Ecelesias quíE prior et statum et titulum 
novum adepta est. 

\ . Oris aperitioncm concedí soleré tan- 
tum ex magna causa, et accedente exorbi- 
tanti laesione, quam gratia inferat tertio. 

\'I. In themate exularc videntur et mag- 
na causa et Iffisio exorbitans: agitur enim 
ex utraque parte de gratia, id quod osten- 
dit abesse omne jus, -nihilque ex justitia 
competeré; verum ubi jus abest etianí lassio 
abesse prorsus debet. 

.^.<f^. 



DE LA SAGRADA CONGaEGACIÓS DE INDULGENCIAS. 



Sin comentario alguno trascribimos la 
resolución de la Congregación de Indul- 
gencias, confirmatoria de anteriores de- 
cretos, emanada para resolver una duda 
propuesta por el General de los Prcmnstra- 
tenses acerca de los altares privilegiados. 
He aquí las dudas y su resolución: 

1. Utrum, stante rubrica Missalis Pra:- 
monstratensis, quasprohibet Missas priva- 
tas de Requie et votivas infra octavas 
primac clasis , religiosi Pra;monstratcnsÍ3 
Ordinis, possint gaudere Altaris privile- 
giati quando infra hujusmodi octavas pri- 
ma2 clasis, non ocurrente festo duplici, 
celebrent de octava. 

2. Quatenus negative, suppliciter petit 
orator, ut concedatur ipsis hoc privile- 
gium. 

Sacra Congregatio Indulgentis sacrisque 
Reliquiis praeposita die 24 Julii 1885 pro- 
positis dubiis rcspondit: Ad i. Affirmatire 
juxta expósita et detiir Decretiini die 11 
Aprilis 1864. Ad 2. Provisiun in frimo. 
Datum Romas ex Secretaria ejusdem Sac. 
Congregationis eadem die 24 Julii 1885. 

J. B. Car. FRANCELIN 

Prsefcctus. 

Franciscus Della Volpe 

Secretarius. 

Léense en el Fascículo i." del Vol. XVI II 
del Acta Sanctce Sedis, además de lo com- 
pendiado en este número, la carta de 
S.S. León XIII al Arzobispo de París, de 17 
de Junio del año que acaba de espirar, la de 
éste á S. S. á que aquélla es contestación, 
que ya nosotros hemos reproducido. 

También contiene dicho Fascículo un 
breve de S. S. y un Decreto Urbis et Orbis 
de la SagradaCongregaciónde Ritos, en los 
cuales se declara á S. Vicente de Paul Pa- 
trón de todas las asociaciones de caridad. 
Lleva aquél la fecha de 12 de Mayo de 1885, 
y éste la de ló de Abril del mismo año. 



75 



REVISTA científica. 



^AAAA' * /\/WV^- — 




otor de gas —.Muchos son los ele- 
' mcntos con que cuenta la industria 
moderna para su desarrollo, cuan- 
do se hace en grande escala; pero la indus- 
tria al pormenor pide y exige un motor 
adecuado á los trabajos que en ella suelen 
hacerse y á los gastos que puede soportar. 
Ya en otras ocasiones hemos hablado de 
motores de gas, los cuales hasta la fecha 
son los más á propósito para la pequeña 
industria; pero todos los hasta aquí conoci- 
dos tienen el inconveniente de exigir una 
corriente continua de agua para enfriar el 
cilindro. Si, como creemos, la trasmisión 
de la fuerza eléctrica á grandes distancias, 
problema, que como saben nuestros lecto- 
res, está ya resuelto de un modo harto sa- 
tisfactorio, llega á regularizarse, encontra- 
rán en ella los industriales el motor que 
tanto desean, aunque siempre exigiría su 
colocación mayores gastos, y tal vez fueran 
menores sus resultados prácticos. Pero 
mientras tanto, preciso es echar mano de 
los motores de gas, que hasta la fecha son 
los más económicos y los que mejor res- 
ponden á las necesidades de la pequeña 
industria. 

Entre todos los hoy conocidos debe dar- 
se, en nuestro juicio, la preferencia al del 
Sr. Forest, por haber salvado el inconve- 
niente que arriba dejamos apuntado. El sis- 
tema Forest no exige para el enfriamiento 
del cilindro el agua, cosa indispensable en 
los demás: tal resultado se obtiene por la 
radiación. Para que este fenómeno se veri- 
fique lleva el cilindro en la parte exterior 
una espiral de láminas muy altas y delga- 
das de la misma materia que el cilindro, 
bastando la superficie que esas láminas 
presentan al ambiente para producir el en- 
friamiento. La distribuciones simplicísima, 
pues se verifica por medio de una pieza 
que obra en sentido contrario de un resorte, 



y hace abrir y cerrar periódicamente la 
caja, que produce la triple operación de 
admisión, inflamación y escape. La dis- 
tribución se encuentra de tal manera dis- 
puesta, que la inflamación se realiza en la 
parte del cilindro en que la mezcla es más 
explosiva, obteniéndose así el máximum de 
fuerza. 

La caja tiene dos departamentos, en uno 
de los cuales se verifica la deflagración, im- 
pidiendo una pequeña válvula que se haga 
detrás del pistón el vacío, si por cualquier 
accidente no tiene lugar la inflamación. El 
otro sirve para la admisión y escape, pre- 
parándose en él la mezcla de aire y de gas 
antes de ser introducido en el cilindro. 
Tiene aun el motor Forest otra ventaja, y 
es la de poder construirse para la produc- 
ción de muy pequeñas fuerzas, habiendo 
modelos de cuatro kilográmetros, alcan- 
zando el mayor á un solo caballo de fuerza. 
Para la maniobra de la cúpula giratoria 
del observatorio de París se ha adoptado 
este motor, lo cual prueba cuan superior 
es á los demás conocidos, y constituye su 
mejor elogio. Añádase á esto que el apara- 
to es muy resistente y ocupa muy poco 
lugar: por tanto creemos que los industria- 
les que necesiten tener á su disposición 
una pequeña fuerza, optarán por este sis- 
tema, siendo tan ventajoso y económico. . 

Pila auto-acumuladora de Jablo- 

chkoff.— Allá por los últimos días del pa- 
sado mayo dieron cuenta las Revistas cien- 
tíficas de la pila del Sr Jablochkoff, pila 
que metió mucho ruido por ofrecer su in- 
ventor la producción de un caballo de fuer- 
za por hora con un gasto de solos cinco 
céntimos. Algunas publicaciones acogieron 
con inusitado entusiasmo la noticia, é hi- 
cieron de ese invento los mayores elogios: 
otros más prudentes se contentaron con 



76 



Revista científica. 



anunciarle, manifestando, aunque emboza- 
damente, que no creían en tan maravillo- 
sos resultados: nosotros optamos por 
guardar completo silencio hasta que los 
hechos vinieran á confirmar ó á desmentir 
el pomposo anuncio del inventor. Y parece 
que repetidas experiencias han demostra- 
do que .M. Jablochkoff había exagerado la 
importancia de su pila. (Jomo nuestros lec- 
tores no conocen la descripción de esa pila, 
oportuno no? parece dársela, trasladando 
á nuestras columnas la que M. A\aze hizo 
en el Elcctricien del 30 de Mayo. Es como 



sigue: 



«La pila de que se trata, es mixta, es decir, 
que funciona, ya como primaria, ya como 
secundaria, siendo la corriente secundaria 
ó de polarización la que se utiliza para los 
usos á que la pila está destinada, como 
timbres, teléfonos, luz eléctrica, telégrafos 
etc. La pila primaria sólo sirve para pro- 
ducir el hidrógeno que necesitan los elec- 
trodos para su polarización, pues llegada 
á este punto, se detiene, aunque vuelve á 
funcionar en el momento en que cerrado 
el circuito exterior, comienza la despolari- 
zación, por combinarse el hidrógeno con el 
oxígeno robado al aire y acumulado en los 
poros de uno de los electrodos de carbón, 
de tal manera dispuesto, que pueda reno- 
varse el aire constantemente. El mecanis- 
mo para obtener estos dos resultados 
tiene el gran mérito de ser muy sencillo y 
á la vez fácil de arreglar. » 

«En una cubeta cuadrada de carbón, im- 
permeable á los líquidos por haber sido 
antes sumergida en un baño de parafina, 
se ponen, en inmediato contacto con el 
carbón, limaduras de hierro ó zinc; se cu- 
bren la cubeta y el metal que contiene con 
pedazos de tela de embalaje, cortados se- 
gún las dimensiones de la cubeta, tela que 
sólo sirve para recipiente del cloruro de 
calcio, que es el líquido con que se alimen- 
ta esta piia. Sobre la pila se coloca una 
especie de enrejado de carbón formado 
por la reunión de tubos muy porosos que 
se sostienen por medio de unas cuerdecitas. 



Las dimensiones de la cubeta son las si- 
guientes: su superficie es de un'decímetro 
cuadrado, y su altura total de 25 milímetros: 
de manera que cuatro elementos colocados 
uno sobre otro, sólo ocupan un decímetro 
cúbico. La fuerza electromotriz inicial de 
esta pila varía entre 1,85 y 1,79 voltas 
para el zinc, y entre 1,24 y 1,28 voltas para 
el hierro, siendo la resistencia interior de 
0,25 á 0,23 ohm. Por más que parezcan 
exageradas estas cifras, son no obstante 
verdaderas, pues las medidas se han hecho 
en tres lugares diferentes y con todas las 
precauciones posibles, resultando siem.pre 
las mismas cifras, como tuve ocasión de 
verlo, presenciando una de las experiencias. 
El inventor, sin embargo, ha comunicado á 
M. Jamin cifras menores, previendo sin 
duda algún defecto en la montura de la pila 
ó cambios en la naturaleza del líquido: á 
pesar de esto, hay motivos suficientes para 
atenernos á las primeras cifras, atendiendo 
á los resultados de las tres expericacias 
citadas. 

«En el estado de reposo, es decir, cuando 
el circuito exterior está abierto, ataca el 
metal á la disolución de cloruro de calcio, 
poniendo en libertad al hidrógeno, el cual 
no encontrándose en presencia de despola- 
rizador alguno, se acumula en el carbón 
de la cubeta, y cesa de actuar la pila pri- 
maria, encontrándose la secundaria en es- 
tado de funcionar. El metal y el carbón de 
la cubeta que forman los dos polos de un 
par cerrado, no constituyen ahora más 
que un solo y único polo negativo, siendo 
el positivo el enrejado de carbón. Si cerra- 
mos el circuito poniendo en comunicación 
la cubeta con el enrejado por un conductor 
cualquiera, el oxígeno contenido en los po- 
ros de los tubos de carbón, el cual, como 
hemos dicho, ha sido tomado del ambiente, 
se combina con el hidrógeno, despolarizan- 
do el carbón negativo y dando lugar á una 
nueva formación de hidrógeno. Cuando el 
circuito es muy resistente, se establece el 
equilibrio entre la producción de un gas y 
la renovación del otro, funcionandoenton- 



Revista científica. 



11 



ees la pila de uaa manera constante; pero 
si la resistencia es débil, no puede haber 
equilibrio entre los gases, por lo cual debe 
dejarse la pila en reposo por un tiempo más 

ó menos largo». 

«La disposición de los elementos es sen- 
cillísima, pues se colocan unos encima de 
otros, como los discos de una pila de Vol- 
ta. Para usarlos están montados cada diez 
e'ementos en un cuadro vertical ibrmaJo 
por cuatro montantes de hierro, sirviendo 
de reóforos dos placas metálicas, que co- 
locadas una arriba y otra abajo, sujetan á 
los elementos por medio de un tornillo de 
presión. Para hacer funcionar á la pila se 
la introduce algunos instantes en una solu- 
ción neutra de cloruro obtenida por la di- 
solución del carbonato de cal, greda, már- 
mol ú otra materia calcárea en el ácido 
clorhídrico de comercio mezclado conagua, 
dando tiempo para que la tela se empape 
completamente, la cual, merced á lo muy 
higrométrico que es el cloruro, conserva 
siempre la sulicicnte humedad. La limpieza 
para la renovación del líquido se veriíica 
introduciendo y agitando los elementos sin 
desmontarlos en agua pura, metiéndolos 
después de enjugados en el cloruro. Como 
se ve, esta pila es sencilla y poco costosa 
por el escaso valor de los metales que en 
ella se emplean. Según las experiencias 
de Niaudet y otros varios, el hierro nece- 
sario para la producción de un caballo de 
fuerza por hora sólo asciende á 850 gra- 
mos, lo cual, dado el bajo precio del hie- 
rro, hace que el coste de esta pila sea in- 
significante.» 

.\sí se expresaba M. Maze, cuando la 

pila no era bien conocida, siendo del mis- 
mo modo de pensar VElectricien, en las 
columnas del cual se publicó ese juicio 
tan favorable; pero después que repeti- 
das experiencias hechas en Francia, In- 
glaterra y América han demostrado que 
las utilidades de esa pila no eran tantas 
como se suponían, l'Electricien ha cam- 
biado de opinión, y en el número corres- 
pondiente al 27 de Junio escribe lo que á 
continuación reproducimos: 



«Nuestro colega el Engineering da nue- 
vos detalles acerca de la pila llamada auto- 
acumiiladnra, de M. jablochkoff, detalles 
que nos inspiran serios temores acerca de 
las aplicaciones de dicha pila. En el mo- 
mento de cerrar el circuito, siendo éste 
corto, tiene la corriente de tres á cuatro 
amperes. En las condiciones de mayor po- 
tencia y con una fuerza inicial de 46 voltas, 
sería aquella de 1,2 á 1,6 watts. En este es- 
tado puede durar la corriente sin debili- 
tarse sensiblemente, y una hora sin gran 
disminución; pero nada nos asegura lo que 
á nuestro colega le parece tan grande. Mas 
véase una reseña más interesante aún 
«Cinco pilas en tensión comunican con una 
lámpara de incandescencia de cinco bujías: 
después de una hora de haber dejado de 
funcionar la máquina, conservan los hilos 
el rojo brillante, sin dar á pesar de eso luz 
de un modo sensible. Algunos minutos de 
reposo bastan para que la pila vuelva á re- 
cobrar la energía suficiente para producir 
de nuevo la luz en la lámpara, aunque en 
menos escala que la primera vez». Se ne- 
cesitan por tanto para un servicio continuo 
dos baterías de tal manera dispuestas, que 
trabaje la una, mientras está la otra en 
reposo, pudiendo mediante un conmutador 
pasar fácilmente de la una á la otra». 

«Como prácticamente sólo puede contar- 
se un watt por cada elemento, de aquí el 
que para disponer de un caballo de fuer- 
za por hora sea necesaria la instalación de 
dos baterías de 736 elementos cada una. 
Verdad es que pudiera reducirse este nú- 
mero constituyendo elementos de gran 
superficie; pero no se tendría entonces la 
inapreciable ventaja de una manipulación 
cómoda. Teniendo presentes estas cifras, 
conviene no exagerar la importancia prác- 
tica de la auto-acumuladora, y exige la 
prudencia esperar los resultados de una 
experiencia en gran escala, de la cual po- 
drán deducirse las utilidades que reporta, 
con más fundamento que dando oídos á 
los anuncios un poco fantásticos de inven- 
tores demasiado entusiastas.» Tal es la 



78 



Revista científica. 



conclusión del Eleclricien, con la cual es- 
tamos conformes, si bien no elejamos de 
reconocer mérito en el invento de M. Ja- 
blochkoff. Cierto es que se había exagera- 
do el valor de su pila; pero no lo es menos 
que constituye un adelanto en la ciencia 
eléctrica, y acaso con el tiempo modificada 
pueda llegar á rendir la fuerza eléctrica 
que en un principio se la suponía. 

Nuevo método de trasmisiones te- 
lefónicas.— Los nombres de los celebres 
y sabios electricistas Rysselberghc, Tom- 
masi y Maiche, no suenan mal en los oídos 
de nuestros lectores, y saben ya los per- 
feccionamientos que con sus continuos 
trabajos y prolongadas investigaciones 
han introducido en el portentoso invento 
de Bell. Conocen los aparatos de Ryssel- 
berghe y Maiche, que permiten trasmitir 
las comunicaciones telefónicas por los 
mismos alambres que se trasmiten los par- 
tes telegráficos, sin que la trasmisión de 
éstos impida la de aquéllas; aparatos que 
sirven para trasmitir las comunicaciones 
telefónicas á grandes distancias (i): hoy 
vamos á describir, aunque sea sucintamen- 
te, el aparato ideado por MM. Tommasi y 
Maiche para evitar la multiplicación de 
hilos en las trasmisiones telefónicas, mul- 
tiplicación que acarreaba serias dificulta- 
des para la instalación del teléfono, y que 
acrecentaba los gastos de los abonados. 
Así como antes cada abonado necesitaba 
dos hilos que partiesen de la estación cen- 
tral, sin que fuera posible que los mismos 
hilos sirviesen para otro abonado, por cer- 
ca que viviera uno de otro; valiéndose del 
aparato de estos sabios, unos mismos hilos 
pueden servir para distintos abonados, lo 
cual, como á primera vista se comprende, 
evita gastos y facilita las instalaciones te- 
lefónicas. ¿Pero en qué se funda este ade- 
lanto tan ventajoso? Vamos á verlo: 

En la estación central se emplean corrien- 
tes de potencia creciente según sea la po- 



(l) Vcasc la Rcv. cienl.dcl n.° de Abril de 1884. 



sición que en la linca general ocupa la es- 
tación con que se desee comunicarse. En 
las estaciones secundarias hay dispuestos 
pares, cuya resistencia está de tal manera 
regulada, que la segunda de cada esta- 
ción sea igual á la primera de la estación 
siguiente. Cada par de resistencia consti- 
tuye el aparato de que hablamos, el cual 
consiste en dos electro-imanes puesto uno 
tras otro y fijos sobre un zócalo. La resis- 
tencia de cada armadura á la acción de su 
electro-imán proviene de un pequeño re- 
sorte en espiral unido á la palanca exterior 
de la armadura y de un contrapeso móvil 
que lleva ésta á su extremo. La amplitud 
de las oscilaciones de las armaduras está 
limitada por el electro-imán, que constitu- 
ye la primera resistencia, primero por un 
tornillo colocado encima y á la mitad de la 
barra de hierro dulce ó armadura, y ade- 
más por otro tornillo que se encuentra 
hacia la extremidad de ésta montura, el 
cual cae sobre el segundo carrete; teniendo 
sólo el primer tornillo el electro-imán que 
constituye la segunda resistencia. El con- 
tacto entre las dos armaduras puede efec- 
tuarse por medio de un tornillo especial 
que atraviesa la extremidad encorvada de 
la montura de la primera resistencia, en- 
contrándose debajo y en la misma dirección 
otro contacto sobre el cual puede descan- 
sar la montura de la armadura del segun- 
do electro-imán, en cuyo caso cesan de 
estaren contacto las dos armaduras. 

Todas estas piezas pueden ser reguladas 
con gran precisión, tanto para la resisten- 
cia que deben oponer á las armaduras, 
como para la amplitud de las oscilaciones. 
Cuatro grandes tornillos colocados en los 
ángulos del zócalo sirven para poner el 
aparato, ya en circuito, ya en derivación, y 
los cuatro menores para la colocación de 
los hilos de la pila local y del aparato tele- 
fónico ó telegráfico, advirtiendo que cuando 
los aparatos están dispuestos en circuito, 
todos los electro-imanes tienen la misma 
resistencia, lo que no sucede cuando están 
en derivación. La resistencia de las arma- 



Revista científica. 



79 



duras á la acción de los electro-imanes está 
regulada de tal suerte, que ninguna de 
ellas puede ser atraída si no pasa por su 
electro-imán una corriente de determinada 
potencia, y además es tal la disposición 
del aparato, que si es atraída solamente la 
primera armadura, se establece la comuni- 
ción entre esta estación y la central; pero 
al contrario, si son atraídas las dos arma- 
duras al mismo tiempo, se neutralizan sus 
efectos, y la corriente pasa á las estaciones 
siguientes, resultando estas diferencias en 
la circulación de que al bajarse la primera 
armadura se pone en contacto por el tor- 
nillo que hay en su extremidad con la se- 
gunda, y en el momento en que ésta es 
atraída, se aleja del tornillo y cesa el 
contacto. 

Supóngase, por ejemplo, que las resis- 
tencias de las armaduras de las estaciones 
I, II, 111... de una línea hayan sido regula- 
das para corrientes de i y 2, 2 y 4, 4 y ó... 
Danieles respectivamente. Si en estas con- 
diciones recorre la línea una corriente de 
2 Danieles, esta corriente vencerá las re- 
sistencias de los dos electro-imanes de 
la I estación y la resistencia de la armadu- 
ra del primer electro-imán de la 11, la cual, 
por tanto, estará en comunicación con la 
central ó aquella desde la que se haya lan- 
zado la corriente, sin que lo esté con las 
intermedias, las cuales por una señal co- 
nocen que la línea está ocupada. Se ve 
pues, que este sistema es aplicable, no sólo 
á las comunicaciones telegráficas y telefó- 
nicas, sino también á cualquiera otra cla- 
se de comunicaciones eléctricas, resultan- 
do de él no pequeñas economías en la 
instalación y conservación de tal género 
de aparatos. 

La segadora española.— Sobre ma- 
nera grato nos es poder publicar en esta 
parte de nuestra Revista algún invento de 
nuestros compatriotas: por tanto con gran 
satisfacción trasladamos á riuestras colum- 
nas el elogio que el Diario de Avisos de 
Zaragoza hace de la segadora inventada 



y construida por D. Manuel Elizalde, ex- 
profesor de Mecánica en la Escuela espe- 
cial de Montes. 

«Entre las máquinas agrícolas indispen- 
sables, dice el Diario, para las comarcas 
dedicadas al cultivo de cereales, puede co- 
locarse en primer lugar la segadora; así es 
que á pesar de ser refractario á las innova- 
ciones el labrador apegado á la rutina, 
recurre sin embargo á la máquina ya ge- 
neralizada en muchos pueblos de la región 
aragonesa, donde predomina aquel cultivo. 
Los depósitos de segadoras de Zaragoza y 
de Huesca, en años de buena cosecha, co- 
mo el actual, ven agotarse sus existencias: 
el agricultor que antes miraba con desdén 
la máquina, búscala hoy en sus apuros de 
la siega para disminuir el coste de esta 
operación y para hacerla á tiempo sin tener 
que sufrir los perjuicios de la falta de bra- 
ceros ó las exigencias de éstos. Es indis- 
cutible, pues, la conveniencia de la sega- 
dora; pero ccuál es la que mejor se adapta 
á las condiciones de este país? cPor cuál 
entre las de los varios sistemas que se co- 
nocen optará el labrador? No vacilamos en 
decir que hoy contesta á estas preguntas la 
segadora titulada La Nueva Española, que 
hemos visto funcionar en Zaragoza, inven- 
tada para España y construida en el taller 
de máquinas agrícolas de Elizalde y Com- 
pañía, de Burgos.» 

«Construida principalmente con madera 
y hierro forjado, de mecanismo sencillísi- 
mo, con algunas piezas dobles para poder 
reemplazar inmediatamente la que se de- 
teriore, y que se lleva sobre sus propias 
ruedas por cualquier camino de carro, pu- 
diendo empezar á segar en cuanto se llega 
al campo, sin perder el tiempo en prepara- 
tivos que exigen otras segadoras, no cons- 
truidas como ésta, con destino especial 
para España. Su trabajo equivale al de 24 
segadores de hoz, haciendo una labor mu- 
cho más curiosa que á mano, subiendo y 
bajando prontamente para evitar el incon- 
veniente de los desniveles del terreno, mo- 
viéndola con gran facilidad dos caballerías, 



8o 



Revista científica. 



y siendo, en lin. su coste de 3,000 rs. que 
en uno ó á lo más dos años se economizan 
segando con la recomendable máquina.» 

«Compréndese fácilmente que inventada 
porun Ingeniero español, conestudiodelas 
necesidades de este país, procurando sal- 
var los inconvenientes que aquí ofrecen las 
segadoras conocidas, supere la española á 
las demás. Y así es efectivamente por su 
sencillísimo mecanismo, que comprende el 
más rudo gañán, y cuyos desperfectos pue- 
den componer los operarios de los pueblos. 
Al aconsejar el uso de la segadora españo- 
la, muévenos únicamente el deseo de con- 
tribuir á que se extienda en bien de la 
agricultura aragonesa, y porque nos ha 
satisfecho, vjéndola funcionar en el llama- 
do lu[^^arico de Cerdán, propiedad del co- 
nocido agricultor D. Francisco Cavero y 
Álvarez de Toledo, quien la ha adoptado 
con preferencia á las demás segadoras, en 
vista de los excelentes resultados.» 

Locomotora española.— De la Revis- 
ta de Montes, n.° i de Setiembre de 1885, 
tomamos esta grata noticia. «En la línea 
de Silla á CuUera se ha ensayado con ex- 
celente éxito una locomotora para ferro- 
carriles económicos, construida en los 
talleres de la Fundición primitiva valen- 
ciana, recorriendo algunos kilómetros 
con una velocidad de 20 á 25 por hora, 
arrastrando un tren con cinco carruajes y 
furgón. Los datos técnicos de la locomoto- 
ra son: diámetro de las ruedas, 0,72 me- 
tros; separación de los ejes, 1,40; diámetro 
del cilindro, 0,21; carrera, 0,31; superficie 
déla caldera, 21 metros cuadrados; peso 
de la máquina vacía, 8.000 kilogramos; 
cargada, 10,200; presión timbre de la cal- 
dera, 9 atmósferas; presión ordinaria, ó; 
esfuerzo de tracción que puede desarrollar 
la máquina, i , 1 39 kilogramos; en línea ho- 



rizontal puede arrastrar 155 toneladas. Es 
satisfactorio para la industria nacional po- 
der consignar esta noticia, que atestigua su 
progreso y honra al establecimiento donde 
ha sido construida la locomotora, de cuya 
clase, hasta ahora, éramos tributarios de 
la fabricación extranjera. 

Telectróscopo.— Tal es el nombre que 
se quiere dar á un aparato, mediante el 
cual se podrán ver á grandes distancias 
los objetos, valiéndose de la electricidad; 
es decir, que este aparato será para nuestra 
vista lo que es el teléfono para nuestros 
oídos. Se trabaja mucho y con gran en- 
tusiasmo para resolver este problema, y 
quizá no esté lejano el día en que se con- 
siga: hasta la fecha nada positivo y que 
ofrezca seguridad se ha descubierto; por. 
que si bien las propiedades del selenio 
habían hecho concebir algunas esperanzas, 
las experiencias repetidas han demostrado 
que carecían de fundamento. .M. Nipkow 
ha propuesto últimamente un nuevo siste- 
ma fundado en los principios de la telegra- 
fía sinerónicay en los efectos foto-eléctricos 
de la luz; pero no resuelve aún la diticul- 
tad: no obstante, se ha dado un nuevo paso- 
Quizá no falten pesimistas que lo crean de 
todo punto imposible: les aconsejamos que 
no se precipiten, pues son tantas las cosas 
que tenidas por irrealizables se han llevado 
á cabo mediante la electricidad, que ya 
hasta los menos avisados comprenden lo 
peligroso que es afirmar la imposibilidad 
de aquellas cosas en que toma parte el po- 
deroso agente. cQuién antes déla invención 
del teléfono creía posible oír la ópera desde 
su habitación? Por tanto, esperemos tran- 
quilos, que quizá cuando menos lo pense- 
mos se nos invitará á oir y ver la ópera sin 
salir de nuestra morada. 



•'••^I^=' 



8i 



CRÓNICA AGUSTINIANA. 



-'-WVW-- 




iREVE SANCTISSIMI DOAIINI NOSTRI 

BENEDICTI F'P. XIV. Ad gene- 
rales TOTIUS ORDINIS EREMITARU.M 
SANCTI AUGUSTINI SUPER CONCESSIONE ALTA- 
RIS PRIVILEGIATI IPSIS PERSONALITER UBIQUE 
CONCESSI, ET CONFIRMATION'E ALIORUM IN 
ORDINIS ECCLESIIS UBIQUE TERRARU.M EREC- 
TIS, ET ERIGENDIS ALIAS CONCESSORUM. (") 

üDilecto Filio Augustino Gioja, PrioriGenc- 
rali Ordinis Fratrum Eremitarum Sancti 
Augiistini. Benediclns Papa XIV. Dilecte 
Fili, salutcm, et Apostolicam Benedic- 
tioncm. 

«Quam pra:clard, sludiosaquc volúntate 
complectamur insignem istum sanctissimis 
institutis, doctrinis, disciplinis, ct religio- 
sarum virtutum exemplis celeberrimum 
Sancti Augustini Ordinem in Catholicá 
Ecclesia commcndatissimum, cui tanta 
cum prudentiai, ct zeli laude pra^es, non 
obscuris Apostolicai nostras providentia;, 
auctoritatisque argumentis, tune potissi- 
mum universis probasse Nobis facilé per- 
suademus, cum probé intelligentes, munus 
Prioris Generalis ad cujusque vitam mag- 
no rerum, studiorum, et regularis obser- 
vanlice incremento máxime profuturum, 
Apostólica dispensatione nostrá indulsi- 
mus, ut per libera suffragantium Fratrum 
vota in Comitiis Generalibus ferenda per- 



(') Publiramos estos dos documentos en la Crónica Agus- 
TiNiANA por el interés que encierran y porque el primero es 
de pocos conocido, y el segundo era desconocido por com- 
pleto, y t;racias á la diligencia y laboriosidad de un queri- 
dísimo amigo nuestro de Valencia podemos preservarlo del 
olvido á que hubiera sido relegado para siempre. 

El primero es una concesión de Altar con indulgencia 
plcnaria perpetua en sufragio de las ánimas del Purgatorio 
en favor del General de la Orden, en donde quiera que cele- 
bre; y el segundo contiene un catálogo de los Catedráticos 
Agustinos de la Universidad de Valencia, aunque no del 
todo completo, como esperamos demostrar cuando publique- 
mos el de los profesores de Universidades en España que 
estamos formando. 



petuum constitueretur. Singular! vero cum 
paterni cordis nostris lastitiá excepimus, 
Te itidem in Generalem Priorem perpe- 
tuum omnium, centum nimirum triginta 
octo suffragiis fuissc electum: satis cnim 
superque nobis perspectum erat, quo Te 
pacto gesseras in alus gravissimis ejusdem 
Ordinis ministeriis rite sanctéque adim- 
plendis, ac praiscrtim in officio Apostolici 
per Italiam Visitatoris, quod tibi a Nobis 
Apostólica auctoritate demandatum magna 
cum nominis tui commendatione, Pontificii 
animi nostri gratulatione, et Ordinis utilita- 
te obiveras. EapropterTe etiam, postquam 
Prior Generalis Romam redieras, primüm 
quidem totius Ordinis Augustiniani Apos- 
tolicumMsitatorem confirmavimus; deinde 
vero etiam Apostolicum Msitatorem Pro- 
vincice Romanas dilectorum Filiorum Fra- 
trum ejusdem tui Ordinis Excalceatorum 
nuncupatorum licét renuentem in meritum 
salutaris obedientiai constituimus per alias 
nostras in simili forma Brevis litteras motu 
proprio datas. Perjucundum praetereá No- 
bis accidit, quod animumstatim adjeceras, 
ut .Edes Conventús S. Augustini hujus 
Almee Urbis, in quo Religionis Gaput cum 
non módica familia residere solet, propé 
ruinam minantes, secundum statuta in iis- 
dem Generalibus Comitiis quoad Ecclesia- 
rum, .F]diunique, indictis etiam tributis, 
vulgo Tassis, instaurationem prasscripta, 
á fundamentis iterum excitares, magnifi- 
centiusque extrueres; quá in sententiá, ut 
firmius maneres, et cclerius manus operi 
admoveretur, Nos etiam, et hortati, et fa- 
cultatcm etiam impertiti fuimus, ut stips 
ad arduum hujusmodi opus inchoandum, 
perficiendumque ab alus universi Ordinis 
Provinciis, et Convcntibus colligeretur. Ex 
hac sané spontaneá, pra;ter tassarum, tri- 
butorumque alias inductorum collationem, 
pecuniarum erogalionc sine ullis adhuc ad 

II 



8: 



Crónica Agustimana. 



Nos dclalis qucrimoniis factum cst, ut in- 
dics tam immcnsa .'Kdilicii moles crcscat; 
undc itcrum atquc itcrum ad illud inviscn- 
dum accedentes, non sinc admiratione 
tuam industriam, prudcnliam, scdulita- 
temquc palám laudavimus, non secus at- 
quc alias fcccramus, cum /Edcs quoque in 
Oppido Marcni a Te ante quáni l'rior Gc- 
ncralis renunciareris, ex deposili tui o^rc 
cductas, instructasquc invisissemus. Quo- 
niam autcm in utrisquc .Edibus Oralorium 
ad opportununí lám r*rioris Gcneralis pro 
tempere, quám aliorum commodum pro 
sacrosancto Misscc Sacrificio inibi cele- 
brando affabre constructum, sacrisque sup- 
pcUeclilibus ornatum visitavimus, ac Nos 
alias ad tuas demissas preces in singulis 
Ordinis tui Ecclesiis erectis, et erigendis 
unum Altare privilegio perpetuo pro Ani- 
mabus Christifidelium in charitate Dei 
defunctorum insignitum, ct per locorum 
Ordinarios dcputandum pío Fratribus 
ejusdem Ordinis tui dumtaxat valiturum 
concessimus; quemadmodum tenorc prc- 
scntium Apostólica auctoritate confirma- 
mus, atque iterum, quatcnus opus sit, de 
novo concedimus; et impertimur, ut Tu, 
tuique successores Priores Generales, qui- 
bus sacrosanctum Missa^ Sacrificium pro 
toto Ordine scmpcr celebrandi onus in- 
junctum est, aliique Fratrcs dicti Ordi- 
nis, Hospitesque Nobilcs sinc stipe, sed 
devotionis studio in utroque Oratorio cele- 
brantes, eodem perpetuo privilegio gau- 
deas, et quilibet eorum gaudeat, tenore, et 
auctoritate paribus utrumque Oratorium 
perpetuo privilegio decoramus. Insuper, ut 
ampliora Tibi pra^beamus Pontificia: bc- 
nignitatis nostra; documenta, itidcni tám 
Tibi, quam Priori Generali pro tempore 
existcnti ad quodcumque Altare celebranti 
paritcr concedimus, et impertimur, ut sa- 
crosanctum -Missac; Sacrificium perinde su- 
fragetur, ac si ad Altare Privilegiatum 
fuisset celcbratum. In contrarium facienti- 
bus non obstanlibus quibuscumque. Ca;te- 
rum, Dilecte nii, p-rge, ut hactenus a Te 
pra;stitum csse ktlamur, in suprema Ordi- 



nis tui procuralione initam viam, rationcm- 
que tenere, ut omnia, quemadmodum in 
Domino confidimus, ad majorem divini 
honoris cultum. rcgularis disciplina; incre- 
mcntum, et ad a:;ternam Tibi comparan- 
dam in Ccelis retributionem cedant. Nos 
interim Tibi, tuique Ordinis Alumnis Apos- 
tolicam Benedictionem ccelestis prassidii 
auspicem, nostrocque paternas bcnevolen- 
tia: pignus peramanter impertimur. Datum 
Roma; apud Sanctam .Mariam Majorem 
sub Annulo Piscatoris die 19 Septembris 
MDCCXLIX. Pontificatüs nostri Anno déci- 
mo.— Loco \^ Si^'úU. — Cajc'taniis Amatus.* 



M. 1. S. 



«El Maestro Fr. Venancio Mllalonga, 
Doctor Teólogo y Prior del Real Convento 
de S. Agustín de Valencia, á nombre pro- 
pio y de su Comunidad, con la debida ve- 
neración á V. S. M. I. expone: Que habien- 
do hecho oposición el P. M. Fr. Francisco 
Hurtado á la Cátedra de Instituciones Teo- 
lógicas, que es la misma que con el título 
del Maestro de las Sentencias han servido 
honrosamente los Religiosos de su Orden 
sin interrupción alguna en cerca de cinco 
siglos hasta su último Profesor del mismo 
instituto el M. Fr. Facundo Sidro Vilaroig; 
juzga oportuno recordará Y. S. los Varo- 
nes insignes en santidad y letras, que ha 
dado en todos tiempos á la Uni'versidad su 
Sagrada Religión, á i'm de llegar más apo- 
yado á suplicar á V. S. M. I. para uno de 
sus individuos el honor que entonces se 
dispensó á otros, y que acredita no menos 
el religioso desvelo de los pasados Agus- 
tinos en hacerse dignos, que la generosa 
equidad de V. S en premiarlos. Como 
quiera, M. I. S., la verdad es, que los ser- 
vicios de la Agustiniana Religión en ma- 
teria de Estudios, reconocen la misma 
época, que el celo de V. S. en promoverles 
y adelantarles, á saber, los tiempos inme- 
diatos á la conquista de esta Ciudad, cuan- 
do empeñados de una parte los dignísimos 
Padres de la Patria en desterrar de ella la 



Crónica Agustiniana. 



83 



ignorancia y la barbarie, necesarias reli- 
quias de su larga opresión, no se descui- 
daba de otra este Convento de enviar á 
sus expensas á las Universidades de Paris, 
Pavia y Lérida algunos de sus Jóvenes 
Religiosos, que vueltos á esta Ciudad co- 
municaron á otros sin envidia la copiosa y 
sana literatura que hablan aprendido sin 
ficción. Y bien persuadido V. S. del fruto 
que producían los primeros ensayos de su 
Magisterio, no tardó en señalarles público 
salario, para que continuasen en los barrios 
de la Ciudad las instrucciones Teológicas, 
cuya utilidad se experimentaba. Consta asi 
de las memorias históricas de esta Univer- 
sidad, que publicó su dignísimo Rector el 
Canónigo Orti y Figuerola, y de las Cró- 
nicas de la Orden, formadas fielmente so- 
bre las memorias de sus archivos y otras 
igualmente recomendables. 

Ni seria del caso cargar la memoria de 
V. S. con la expresión de los nombres de 
todos estos primeros Maestros, que no de- 
jan de presentarse con alguna obscuridad 
inseparable de los tiempos en que florecie- 
ron; ni tampoco justo omitir la honrosísi- 
ma de aquellos, cuyo mérito y esplendor 
extraordinario hace las veces de la mayor 
claridad con que se descubren á poca di- 
ligencia. Entre estos ocurre en primer lu- 
gar, en calidad de Catedrático del Maestro 
de las sentencias (acaso sinónima entonces 
con la de Catedrático de Teología, discu- 
sión que se omite, no tanto á causa de su 
dificultad, como de su impertinencia) el 
célebre M. Fr. Bernardo Olivér, que ob- 
tuvo dicha Cátedra por los años 1320, de- 
sempeñando el honor que le habla confiado 
V. S. mientras fué compatible con el ca- 
rácter de Obispo de Huesca, Barcelona y 
Tortosa, á cuyas Dignidades fué succesi- 
vamente promovido por los Reyes Católi- 
cos, como á la de Cardenal de la Iglesia 
Romana por la Santidad de Clemente VI: 
grados verdaderamente sublimes, que sos- 
tenidos. por sus distinguidas prendas, pu- 
dieron grangearle el título de Pacificador 
de los Reyes, concurriendo con el Carde- 



nal de Roders á impedir la sangrienta 
guerra, que hablan encendido entre el de 
Aragón y de Francia las pretensiones del 
Rosellon y Feudo de Mompeller; pero em- 
presas al mismo tiempo dignas de tan gran 
varón, en cuya atención tuvo V. S. la de 
mandar se colocase su efigie en el teatro 
de esta Universidad, sin que obstase haber 
contribuido él á la enseñanza pública mu- 
cho antes de su solemne creación y esta- 
blecimiento. 

Por todo este tiempo, que es decir, cuan- 
do V. S. procuraba suplir la falta de Uni- 
versidad por medio de un Estudio general 
que duró hasta el año de su creación 1 5 10, 
dio la Religión del C. P. S. Agustín sin in- 
terrupción alguna dignos sucesores del 
Eminentísimo Olivér, y perfectos herede- 
ros de su doctrina, primeramente y por los 
años 1370, al M. Fr. Juan Bautista Ruiz, 
hijo de esta Ciudad y Convento, Doctor 
Parisiense en Sagrados Cánones y Teolo- 
gía, Obispo de Neopatra y Arzobispo en el 

Rcyno de Ñapóles. 
Sucedió á este Fr. Pedro Fabra, hijo 

también de esta Ciudad y Convento, Prior 

que fué de él, Provincial y General de toda 

la Orden, del cual consta haber leído hasta 

el año de 1406, en que la obtuvo 
El M. Fr. Gabriel Romeu, Prior que fue 

y Provincial, y la regentó por los años 1440. 
Siguióseá esteel llust. y Ven. varón P. Ja- 
cobo Pérez de Valencia, héroe de tan re- 
comendable piedad, que mereció del celo 
del B. Juan de Ribera le instruyese el pro- 
ceso en orden á su Beatificación, el cual 
de la Cátedra de Cánones pasó á la del 
Maestro de las Sentencias, la que leyó per- 
sonalmente por los años 1459, sugiriéndo- 
le su entrañable amor á la Patria, el medio 
de hermanar y autorizar la enseñanza pú- 
blica con el carácter de Obispo Cristopoli- 
tano, Inquisidor de Valencia y Gobernador 
de su entonces Obispado, de que estuvo 
revestido en lo sucesivo. Mandó V. S. co- 
locar su efigie en el teatro de la Universi- 
dad, para pasar del modo posible á la pos- 
teridad mas remota la memoria de sus 
méritos aventajados, 



«4 



Crónica Agustiniana. 



1:í Ven. Jacobo Pérez tuvo no menos un 
difíno sucesor de su Cátedra, que un per- 
fecto heredero de su espíritu, grados y sa- 
biduría, en su sobrino el Ilusl. l"r. Mateo Pé- 
rez, natural de la Villa de Enguera, hijo de 
este Convento; el cual leía al Maestro de 
las Sentencias por los años 1479, sin creer- 
se dispensado de tan noble ejercicio, no 
obstante el distinguido carácter de Obispo 
Cristopolitano y Gobernador de la Mitra, 
en que habia sucedido á su santo Tio. 

Al llust. Fr. Mateo Pérez sucedió en la Cá- 
tedra por los años 1499, el llust. Fr. Pedro 
Calaforra, Procurador General de la Or- 
den, Penitenciario de su Santidad, y Obis- 
po de Castelbono en Italia, cuya efigie 
quiso V. S. tuviese lugar entre las de los 
varones ilustres que decoran el teatro de 
esta Universidad. 

A este sucedieron hasta el tiempo de su 
erección los Maestros Fr. Juan Saura, 
Prior del Convento de Valencia y Provin- 
cial, y el llust. Fr. Bernardo Jordá, hijo de 
esta Ciudad y Convento, Obispo de Fila- 
delfia, y Gobernador del Arzobispado de 
Zaragoza. 

Habiendo pasado los Estudios Generales 
de \'alencia por los años 15 10 á formar 
cuerpo de Universidad en la debida forma 
con bula de Alejandro VI, y privilegio del 
Católico Rey Don Fernando, se ha visto 
continuado hasta aquí el generoso empeño 
de V. S. en honrar á los Religiosos Agus- 
tinos con la Regencia de la Cátedra del 
Maestro de las Sentencias, y el de estos 
en manifestarse tan beneméritos como re- 
conocidos; debiéndose tal vez á tan noble 
estímulo, el haber dado la Orden del glo- 
rioso San Agustín para leer dicha Cátedra, 
sugetos de los mas eminentes y señalados 
que en todos tiempos han visto las Escue- 
las, que son las mismas palabras de V. S. 
en la que escribió al Rey Felipe IV, de que 
se hará oportuna mención en su lugar. 

Lo fue sin disputa el primero que por 
estos tiempos la regentó el limo. Ir. Mi- 
guel .^\aiquez, natural de Bocayrente, hijo 
del Convento de \'alencia. graduado en 



Artes, Cánones y Teología en las Univer- 
sidades de Lérida y de \'alencia, y en am- 
bas Catedrático de dichas facultades; final- 
mente Obispo de Boza, y Arzobispo de 
Sacer en Cerdeña, donde sobrevivió á sus 
cenizas por la fama y celebridad de su 
nombre. De este sabio Religioso se cuenta 
que ayudaba su maravillosa comprensión 
con una prodigiosa memoria, que retenia 
tenazmente cuanto se le encomendaba, 
hasta poder recitar sin el socorro de la vista 
y en la mas entrada vejez toda la Sagrada 
Biblia, y el vasto cuerpo del derecho canó- 
nico. Forma su efigie en el teatro de esta 
Universidad por voto de V'. S. otro de sus 
ornamentos y blasones. 

Habiendo vacado la Cátedra en el año 
1538 por la promoción del limo. Maiquez, 
dio este Convento á la Universidad un su- 
cesor eminente y señalado en el M. Fr. Juan 
Bautista Burgos, Doctor Parisiense en 
ambos derechos y Teología, cuyos gran- 
des talentos y sabiduría brillaron en el 
Concilio de Trento, á que asistió por los 
años 1562 de orden de su General Cristo- 
bal Patavino en calidad de Teólogo de la 
Religión, y donde oró con maravillosa eru- 
dición y elocuencia. Durante su ausencia 
substituyeron la Cátedra los ALM. Lloscos 
y Satorre; y restituido á esta Ciudad, con- 
tinuó en regentarla hasta el año 1579, en 
que murió con general sentimiento de los 
Literatos. 

Encargado inmediatamente por\'. S. de 
la Regencia de la Cátedra el AL Fr. Juan 
Gregorio Satorre, la obtuvo después el 
mismo por oposición y empezó á leerla con 
propiedad el día 24 de Setiembre de 1582. 
Fue siempre mirado y consultado de todos 
los Ordenes de la Ciudad como el teólogo 
de su tiempo; no debiendo por tanto es- 
trañarse, que en la reducción de salarios 
de los Catedráticos solicitada por V. S. del 
Rey Felipe 111, encarta fecha á 20 de Alayo 
de 16 1 2, hiciese el Alonarca honrosa ex- 
cepción á favor de los dos Agustinianos 
Profesores Satorre y Salón, Catedrático á 
la sazón de la de Santo Tomás, queriendo 



Crónica Agüstiniana. 



S5 



que los percibiesen enteros' durante sus 
vidas, en atención á su doctrina y ejemplo. 
A estas bellas cualidades debió el M. Sa- 
torre, que después de sus días le celebrase 
la Universidad sumtuosas exequias en su 
Capilla. 

Sucesor del M. Satorre fue el M. Fr. Se- 
bastian Garcia, sabio universal, peritísimo 
en las Lenguas Latina, Griega y Hebrea, 
como en Jurisprudencia y Medicina que 
estudió en Salamanca, Filósofo ingeniosí- 
simo según su siglo, que leyó en la Uni- 
versidad dos cursos filosóficos; Teólogo 
consumado, que se dispuso para la F^egen- 
cia de la Cátedra mayor del Maestro de 
las Sentencias por medio de la Regencia 
de la menor llamada de Veranillo, recien- 
temente erigida por \'. S. tal vez por su 
respeto, y confiada á su cuidado sin pre- 
ceder oposición. Orador célebre, que dijo 
en el teatro déla Universidad dos oracio- 
nes latinas en alabanza de la Escuela, que 
á instancia de V. S. vieron la luz pública. 
En el año lóo^ obtuvo por oposición la 
Cátedra de Teología moral; y en el de ióo6 
por jubilación del AL Satorre, se le dio la 
del .Maestro de las Sentencias, que leyó 
por 27 años, logrando tanto crédito y 
aplauso, que se mandó que ningún Teólo- 
ga pasase el egercicio de su Cátedra á la 
hora en que leia la suya el .^L Garcia. Fue 
honrosamente exceptuado á influjo de 
\'. S. como los Maestros Satorre y Salón, 
en la reducción de salarios mandada por 
el Señor Felipe IV, según consta de su 
Real Carta fecha en Madrid á 14 de Enero 
de 1622, que se guarda en el Archivo del 
Convento de San Agustín de Valencia. 
Sirvió en este varios empleos, fue Real 
Canciller de competencias. Comisario in- 
mediato del Inquisidor General, \'isitador 
por el mismo tribunal de las Bibliotecas de 
esta Ciudad y Reyno, y consumó finalmen- 
te su curso teológico con el de su vida á ^i 
de Diciembre de 1633. 

Sucedióle el AL F'r. Teófilo Macaros, va- 
ron verdaderamente Apostólico, que ar- 
diendo en deseos de propagar la Fé, y de 



padecer martirio, pasó á la América, y ha- 
biendo explicado por algún tiempo la Teo- 
logía en la Universidad de Lima, murió 
finalmente en las Islas Filipinas con gran- 
des créditos de virtud y sabiduría. En su 
ausencia sirvieron á V. S. ya en la Regen- 
cia, ya en la substitución de dicha Cátedra, 
los Agustinos Salón, Benito, Marti y Llo- 
rens; hasta que en concurso de muchos 
sapientísimos Maestros, la obtuvo el expre- 
sado AL Fr. Onofre Llorens, cuyo mayor 
elogio puede ser el que le hizo V. S. en la 
que dirigió al Rey Don Felipe IV, apuntada 
arriba, solicitando su Real agrado para la 
nominación de conjunto, que efectivamente 
se hizo en el Ven. AL F'r. Jayme López. No 
seria bien defraudar al público de la pun- 
tual noticia de esta Carta, que abraza al 
mismo tiempo las pruebas mas plausibles 
de la atentísima equidad de V. S., de los 
méritos de la Religión, de los personales 
del AL Llorens, y de la verdad de lo que 
va exponiendo el Suplicante. Es así vertida 
fielmente del idioma Valenciano al Caste- 
llano. 

AL REY NUESTRO SEÑOR. 

«Para leer en la Universidad y Estudio Ge- 
neral de esta Ciudad la Cátedra del Alaestro 
de las Sentencias de facultad deTeología, ha 
140 años que la Orden del glorioso San 
Agustín dá sugetos, y estos han sido en to- 
dos tiempos de los mas eminentes y seña- 
lados que han visto las Escuelas, y el que al 
presente rige la Cátedra es Fr. Onofre Llo- 
rens, Presbítero y Alaestro en Sagrada 
Teología en la dicha Universidad, de la mis- 
ma Orden, Calificador del Santo Oficio, y 
Examinador deTeología en la misma Uni- 
versidad; y así por substituto de dicha Cá- 
tedra, comopor principal, de 30 años á esta 
parte la lee con muy considerable y notorio 
beneficio de los Estudiantes, por haber cria- 
do sugetos muy eminentes y doctos, que 
deben al ser Discípulos suyos no solamente 
la mucha eriidicion que han alcanzado, pe- 
ro también puestos muy calificados y hon- 
rosos; Por esta atención, que es cosa muy 



86 



Crónica Agustiniana. 



justa deberse tener á los servicios y traba- 
jos tan continuos y beneficiosos, ha 8 años 
que la Ciudad, precediendo licencia y fa- 
cultad de V. jM. dispensó que se le diese 
conjunto para leer dicha Cátedra, como 
con todo efecto se le dio á satisfacción de la 
Ciudad; porque á mas de los referidos mo- 
tivos, militaban en el dicho M. Fr. Onofre 
Llorens el de su mucha edad y falta de 
salud; pero no se pudo logar el fruto que 
se esperaba de esta conjunción, porque el 
conjunto murió en el tiempo del contagio, 
que en años pasados corrió en esta Ciudad: 
con que puesto que entonces tuvieron nues- 
tros Predecesores causa legítima para con- 
cederle aquella, la tenemos ahora nosotros 
mucho mas justilicada, por el aumento así 
de los servicios, como de la edad y acci- 
dentes, mayormente habiéndonos propues- 
to para conjunto de la Cátedra y Examina- 
tura de la de persona Fr. Jayme López de 
la misma Orden, Lector Jubilado y Doctor 
en Teología por esta Universidad, Discípu- 
lo del mismo Catedrático, y uno de los 
sugctos mas aventajados que S2 conocen 
en esta Ciudad. Todas estas razones, y la 
consideración de que con esto tendremos 
ocasión de manifestarnos agradecidos á la 
Orden de S. Agustín por haber dado á la 
Universidad tantos y tan grandes Catedrá- 
ticos, y de conceder al P. AL Llorens el 
premio que merece, nos obliga á acudir 
por esta á los Reales pies de V. M. supli- 
cando, cuanto humildemente podemos, sea 
de su Real Servicio madar dispensar en 
que podamos hacer esta conjunción, como 
como lo esperamos obtener de la Real be- 
nignidad y grandeza de la Católica Perso- 
na de V. ^\ . , la cual Nuestro Señor guarde. 
De la vuestra Ciudad de Valencia á 21 de 
Mayo iÓ54.=Los Jurados, Racional y Sín- 
dico de \'alencia.'' 

Por muerte del AL Llorens en 13 de 
Abril 1658 obtuvo la Cátedra en propiedad 
el mencionado \'en. Jayme López: en cuyo 
honor, dejando á parte muchas particula- 
ridades, no es de omitir lo que sucedió en 
su grado, cuando tropezando la escrupulo- 



sa atención de los Examinadores en el 
corlo número de tratados que su grande 
humildad le hacia exponer á la disputa, 
promelií'j defender las cuatro partes de 
Santo Tomás, desempeñando la empresa 
con tanta gloria, como que pareció á mu- 
chos, no solo que el mismo Doctor Angéli- 
co hablaba por su boca, sino que aun cxte- 
riormcnte á las veces se tranformaba en 
él. Así lo aseguró el Arcediano Bellester 
en la Oración fúnebre que pronunció en la 
Universidad en las exequias del Ven. Padre. 
Pasó la Cátedra, por muerte del Ven. Ló- 
pez, á su substituto el Ven. P. AL Fr. To- 
más Bosch, cuya ciencia, vocación y virtu- 
des corrieron de cuenta de Sto. Tomas de 
Villanueva. á cuya milagrosa protección 
debió, no solo la vida natural, sino también 
los progresos de la espiritual. Para gra- 
duarse de Artes en esta Universidad de- 
fendió en su teatro las siete Artes liberales. 
En el año lóóo le confió V. S. la Cátedra 
de l'ilosofía: hizo después oposición á la 
de Metafísica, en cuya atención le honró 
V. S. ya que no con la colación de dicha 
Cátedra, con la subsitucion del Alaestro de 
las Sentencias, para cuyo efecto se graduó 
de Teología, ofreciendo á la disputa la 
Escolástica, E.xpositiva, Aíoral y Mística. 

Alurió el AL Bosch el año 1678, en que 
confirió V. S. la Cátedra al P. AL P'r. José 
Alilán de Aragón y Calatayud, que le aña- 
dió nuevo lustre con el distinguido explen- 
dor de su casa. 

Sucedióle en 9 de Febrero de 1703 el 
AL Fr. Tomas Soro; á este el P. AL Fr. Mi- 
guel Rodrigo: y finalmente dia 6 de No- 
viembre de 1749 continuó V. S. la larga y 
no interrumpida serie de los Profesores 
Agustinianos en el F\ AL Fr. Eugenio 
Rombau, por cuya muerte dia 3 de Febrero 
de 1 77 3, quedó la Cátedra vacante, y en- 
cargada al V. Lector Fr. Juan Facundo 
Sidro Vilaroig, á quien desde el dia 6 de 
Febrero de 1773 había confiado V. S. la 
subsitucion, sin embargo de no estar en 
uso las jubilaciones de los Catedráticos, y 
quien la obtuvo en propiedad en 1775 y la 



Crónica Agustiniana. 



S; 



regentó hasta su fallecimiento en Julio de 
1816, época en que no pudo concurrir nin- 
gún Religioso del Convento, y recayó dig- 
namente en el Dr. D. Francisco Javier Ro- 
mcu, vacante en la actualidad desde que 
dicho Profesor fue promovido á la Pavor- 
día que dignamente ocupa. 

En vista de los servicios de la Religión, 
hasta aqui expuestos, no juzga ya tan ne- 
nesario al Suplicante acordar á \'. S. otros 
en beneficio del Público; y aun sin salir de 
los términos de Universidad, solo tocará 
de paso, como tan presente en la memoria 
de y. S. el esplendor que da al Cancillera- 
tode la Escuela haberle obtenido Sto. To- 
mas de \'illanueva, que dio á mas á V. S, 
el compatronato de su Colegio, estableci- 
miento tan útil, como lo experiencia ha 
acreditado. Pasará en silencio la honrosa 
confianza que el Claustro mayor hizo del 
M. Fr. Miguel Salón, encargándole el or- 
den y formación de las Constituciones de 
la Universidad. Se contentará, aunque tie- 
ne presentes los nombres, con apuntar en 
general los muchos Catedráticos de Retó- 
rica, Filosofía, Teología, Cánones, Len- 
guas, Matemáticas que han salido de este 
Convento; pudiendo ser digna corona de 
este gran catálogo el limo, y Rmo. Señor 
D. F>. Rafael Lasala, Catedrático honora- 
rio de esta Universidad, á quien V. S. vio 
primeramente en el gremio de la Escuela 
regentando las Cátedras de Filosofía y Ma- 
temáticas, y oponiéndose á las de Teología, 
honrado después en el Gobierno de la Mi- 
tra de Valencia, de la que pasó á la de Sol- 
sona, quedando altamente impresos en la 
memoria aquellos servicios que no ha po- 
dido copiar el pincel en el Retrato, coloca- 
do de orden de V. S. en el teatro de esta 
Universidad. 

De todo esto parece resultar que la Cáte- 
dra que vá á proveerse por \'. S. como dig- 
nísimo Patrono de la Escuela, ha sido cerca 
de quinientos años regentada sin interrup- 
ción por Profesores Agustinos, sirviéndola 
con tanto honor que muchos de ellos han 
sido elevados de la misma Cátedra á bri- 



llantes y distinguidas Mitras: y que unido 
el P, M. Hurtado á sus gloriosos mayores 
muestra en sí la prueba de que el tiempo 
no ha entiviado los deseos que siempre ha 
tenido este Convento de servir á V. S. Ni 
es que falten en esta Casa otros muchos 
Sacerdotes graduados en la Universidad 
que honrosamente la podrían competir; 
pero han tenido por mejor no disputar este 
servicio al único Opositor que ha salido 
del Convento, bien penetrados de que V. S. 
justamente mira al P. M. Hurtado como 
Sacerdote de los más laboriosos y conde- 
corados de la Ciudad, merecedor de la 
confianza de V. S. en los críticos asuntos, 
y por fin, tan distinguido por su adhesión 
á S. íM. el Rey Nuestro Señor (que Dios 
guarde) como por sus virtudes, sabiduría, 
buen nombre, persecuciones y destierros 
que ha sufrido. Todo esto le hace esperar 
al Suplicante queV. S. tendrá á bien agra- 
ciar con su voto á dicho M. Hurtado para 
la provisión de la Cátedra vacante. De que 
su Real Convento recibirá singular favor. 
Valencia 7 de Marzo de 1 82o. —Fray 
Venancio Villalonga.» — Puede imprimirse: 
Mariano Simó y García, Vice-Kector. —Puc^ 
de imprimirse: ¡Icredia.» 



NOTICIAS VARIAS. 

El doctísimo orientalista P. Agustín 
Ciasca, ha dado á luz el primer tomo de la 
Biblia ó fragmentos de la versión de la 
Biblia en lengua Cofto Sahidica que se 
conserva en el Museo Borgia de Propa- 
ganda Fide, de la cual ha tenido la amabi- 
lidad de enviarnos un ejemplar. Como 
hemos de hablar detenidamente de tan in- 
signe publicación, nos limitaremos á con- 
signar aquí tan interesante noticia en justa 
correspondencia de gratitud al hombre de 
más conocimientos en lenguas orientales 
que hoy cuenta la Europa. 

También hemos recibido un ejemplar 
de la Vida y Escritos cjel Beato Alonso d$ 



88 



Ck(!)Nica Agustiman'a. 



Orozco por el Ilustrísimo V. Cámara, tra- 
ducida c impresa en Icn^^-ua alemana, por 
los Af^ustinos de Baviera. 

Los Religiosos Agustinos de Chile han 
establecido un colegio de segunda ense- 
ñanza en la Capital de aquella República, 
montado á la altura de los mejores de Ku- 
ropa, y servido sólo por PP. Agustinos. El 
público lo ha recibido con tanta conside- 
ración y estima, que concurren á él 400 
alumnos, superando á todos los demás eri- 
gidos en aquella populosa ciudad. 

Los PP. de nuestra Provincia de Filipi- 
nas que vienen con cargos al Real Monas- 
terio del Escorial, según los diarios de 
Roma, han sido recibidos en audiencia por 
Su Santidad á quien entregaron una con- 
siderable limosna para el dinero de San 
Pedro recogida por la Corporación de 
Agustinos en aquellas apartadas islas. La 
acogida que les dispensó Su Santidad fué 
sumamente afectuosa, y se mezclaron las 



lágrimas de los hijos de S. Agustín con las 
del Padre común de los fieles, que pro- 
rrumpió en tiernos sollozos al estrechar 
entre sus brazos á los dignos operarios 
evangélicos de tan apartadas regiones. 

Los Religiosos que tuvieron la dicha de 
tan tierno recibimiento son los Muy Reve- 
rendos Padres Fr. Celestino Fernández 
Villar, continuador de la Flora, Fr. Simón 
Barroso, Fr. José Lobo, Fr. Francisco Val- 
dés y Fr. Roque llerrasti. 

Nuestros hermanos de los Estados Uni- 
dos de América ha^n comenzado á cons- 
truir una nueva Iglesia junto al mar 
Atlántico, de la cual daremos pronto noti- 
cias detalladas á nuestros lectores. 

El R. P. L. Fr. Ángel Fateschi, Prior de 
nuestro Convento de Latacunga, en la Re- 
publica del Ecuador, ha obtenido una Cá- 
tedra de Filosofía en el Colegio ó Instituto 
de aquella Ciudad. 




8o 



CRÓNICA UNIVERSAL. 



— .|. — 




I. 

ROMA. 



c\u\ de publicarse una nueva En- 
cíclica, anunciando el jubileo ex- 
traordinario para el día de la fiesta 
del Santo Rosario en 1886, con el fin de 
pedir á Dios la libertad de la Iglesia y la 
paz del mundo. 

Es también cosa averiguada que en el 
año de 1887 habrá otro jubileo, con motivo 
del quincuagésimo aniversario de la pri- 
mera misa del Pontífice reinante. Se han 
hecho ya grandes preparativos con el ob- 
jeto indicado. Un comité central se ha 
constituido en Bolonia, que tiene varias 
sucursales en diferentes naciones. Dícese 
que la suma recogida asciende á más de 
un millón de francos. Se organizará para 
estas fiestas una exposición de arte cris- 
tiano, compuesta principalmente de los 
objetos ofrecidos al Papa. Esta exposición 
se hará en el \'aticano, coincidiendo con la 
canonización solemne de muchos santos. 

Su Santidad el Papa León XI II ha diri- 
gido una hermosa carta al Emmo. Carde- 
nal Manning y demás Prelados de Ingla- 
terra, encomiando la solicitud y vigilancia 
de los Obispos y otros muchos católicos 
ingleses en lo que toca á la educación de 
la juventud, principalmente con la funda- 
ción y sostenimiento délas escuelas libres 
católicas. El sabio Pontífice, al desarrollar 
con la maestría que todos le reconocen, el 
fecundo tema de la enseñanza religiosa, 
demuestra cuan infundada es la acusación 
del liberalismo contra la Iglesia, tachán- 
dola como enemiga de los sentimientos 
patrióticos y verdaderamente nobles, sien- 
do así que es imposible formar buenos 



ciudadanos, si desde la infancia no se les 
inculca la práctica de la fe cristiana. 

El día 1-4 del mes pasado hizo celebrar 
León XIII en la Capilla Sixtina solemnes 
exequias por el alma de Alfonso XII. El 
Sumo Pontífice asistió en persona á la 
Misa de réquiem que celebró el Emmo. Se- 
ñor Bianchi, Nuncio que fué de Su Santi- 
dad en España. Después de la Misa pro- 
nunció una conmovedora oración fúnebre 
el Sr. Martínez Vigil, Obispo de Oviedo; y 
después de ella dignóse León XIII decir la 
absolución sobre el túmulo. 

Durante la celebración del Santo Sacri- 
ficio el F*adre Santo tuvo á bien nombrar 
al Sr. Martínez Vigil Prelado asistente al 
Solio Pontificio, ordenándole inmediata- 
mente tomase asiento entre los demás 
Obispos que gozaban de aquella dignidad. 
Asistieron á los divinos oficios, el prínci- 
pe Gran Maestre de la Orden de Jerusa- 
lén, acompañado de varios caballeros de la 
propia Orden, así como también el cuerpo 
diplomático acreditado en el \'aticano. El 
Patriciado y la nobleza romana ocupaban 
los puestos reservados. 

Lo de las Carolinas hace días ya que 
quedó ultimado, aún cuando todavía no se 
ha hecho público el contenido del protoco- 
lo, que fué firmado en Roma á mediados 
del mes pasado por los representantes de 
España y Alemania y por el Secretario de 
Estado de Su Santidad. 

El mismo día en que quedó definitiva- 
mente zanjado tan delicado asunto, obse- 
quió el Emmo. Cardenal Jacobini á los 
diplomáticos acreditados en la Santa Sede, 
con un banquete, en que fraternizaron los 
sesudos diplomáticos. 

F'ara concluir, copiaremos lo que L' Os- 
servalo Ronuno del día veintiuno del mes 
pasado decía: 

12 



90 



Citó MCA Universal. 



«Tan pronto como el emperador Guiller- 
mo tuvo noticia de haber sido firmado el 
protocolo relativo á la cuestión de las Ca- 
rolinas, mandó que. en su nombre se pre- 
sentase en el \'alicano el Sr. Schloezer, para 
dar f^racias al Tapa por su mediación be- 
névola, pronta é imparcial. El diplomático 
germánico añadió que Su Santidad, con 
su mediación había restablecido y fortifi- 
cado entre Alemania y España las relacio- 
nes amistosas, un instante turbadas, á 
causa de una mala inteligencia. Terminó 
con estas palabras: «Mi soberano el empe- 
«rador, está persuadido de que el Papa 
«sentirá la misma satisfacción por el éxito 
»de la obra pacificadora, que experimentan 
»los soberanos de las dos naciones.» Ahora 
que felizmente todo ha concluido, pase lo 
de una simple mala inteligencia; que si 
fuera verdad, haría poco favor á los diplo- 
máticos que intervinieron en el asunto. 
¡Vaya con las malas inteligencias y equi- 
vocaciones de los Alemanes! el mejor día 
se nos meten en Madrid por equivocación! 

II. 

EXTRANJERO. 

Alemania.— Mons. Krementz, nuevo Ar- 
zobispo de Colonia, fué recibido el siete del 
pasado con grandes muestras de simpatía 
y amor en la capital de su Archidiócesis. 
Las autoridades civiles y eclesiásticas es- 
perábanle en la estación de Colonia. Toda 
la ciudad estaba iluminada (eran las siete 
de la noche), y un gran gentío, en unión de 
las bandas musicales, cantaba el Te Deiim 
en alemán, expresando así los trasportes de 
su alegría por haberles Dios deparado un 
dignísimo Pastor, después de largos años 
de orfandad. Asegúrase que toda la noble- 
za de las provincias del Rhin, que casi en 
su totalidad es católica, hacía ya días que 
esperaba en Colonia al nuevo Arzobispo. 

La Condesa de Stanistain ha regalado 
su palacio de Munich al gran Seminario 



de la Diócesis. El palacio es uno de los 
mejores de la capital de Baviera. La Con- 
desa, que es ante todo una Señora cristia- 
na, ha dado en ocasiones grandes muestras 
de valor y admirables ejemplos de caridad. 
Desde que perdió á su único hijo, joven de 
excelentes prendas, su ocupación constante 
es la asistencia de los pobres y el cumpli- 
miento de los deberes religiosos. 

Nada ocurre de particular en el movi- 
miento político del 'imperio alemán. Bis- 
marck ha sido duramente interpelado acer- 
ca de las medidas dé expulsión de los 
subditos de Estados amigos; pero el Can- 
ciller se empeña en que el bien público 
exige esa medida, y no hay quien le apee 
de esa idea. 

Aunque no da la cara, todo el mundo 
está persuadido de que la Cancillería ale- 
mana ejerce su inlluencia en la pacífica so- 
lución del conflicto de los Balkanes; y la 
verdad es que todo lo que sea contribuir 
á la paz nos parece digno de los mayores 
elogios. Se dijo años hace, y el tiempo va 
coníirmando el vaticinio: El anciano empe- 
rador Guillermo no quiere bajar al sepul- 
cro dejando tras de sí lagos de sangre, ni 
que el cañón homicida acompañe sus últi- 
mos momentos con su lúgubre estampido. 

Inglaterra.— Las elecciones generales 
veriñcadas en la primera quincena del mes 
pasado dieron el resultado signiente: 332 
liberales, 250 conservadores y 86 parne- 
llistasó autonomistas irlandeses. Bien mi- 
rado este asunto, se comprende cuan difícil 
ha de ser la estabilidad de cualquier go- 
bierno, forzado á gobernar con la nueva 
Cámara. El gabinete actual ha fluctuado 
entre atraerse las sirnpatías de algunos li- 
berales afines, ó echarse en brazos de los 
parnellistas; pero en uno y otro caso será 
precaria su vida: en el primero, porque se 
vería derrotado fácilmente por los libera- 
les, que desde luego contarían con el 
auxilio de los autonomistas irlandeses; 
en el s:gundq, porque no puede soportar, 



Crónica Universal. 



Qi 



la soberbia británica que ningún g-obicrno 
esté á merced de sus eternos enemigos, 
los parnellistas. Por su parte los liberales 
tampoco se dan prisa mayor por obtener 
el poder, que saben tendría que sufrir vi- 
cisitudes, semejantes á lasque pasa en ma- 
nos de los conservadores. 

Se cree, no obstante, que éstos continua- 
rán en el ministerio por algunos meses, 
gracias á la benevolencia de los liberales, 
que han resuelto por de pronto no suscitar 
dificultades. Ahora, si se nos pregunta qué 
debe esperar ó temerla Iglesia de las res- 
pectivas aspiraciones y tendencias de estos 
dos partidos, el liberal y el conservador, 
que son los que, desde hace años, alternan 
en el poder; diremos que es difícil resolver 
tal cuestión, habiéndolo reconocido así el 
Emmo. Cardenal Manning, Arzobispo de 
Westminster, que debe conocer á maravi- 
lla la situación política religiosa de la 
Gran Bretaña. Según el eminente purpu- 
rado, los electores católicos deben exigir 
de sus candidatos, promesa formal de que 
han de trabajar para poner las escuelas li- 
bres al mismo nivel de las oficiales, estan- 
do también dispuestos á nombrar una 
Comisión encargada de revisar la ley de 
enseñanza de 1870. Por lo demás, en uno 
y otro bando militan miembros ilustres de 
la nobleza católica de Inglaterra; y según 
el mismo Sr. Manning, puede aplaudirse 
sin reservas el espíritu de los conservado- 
res, en cuanto respeta las antiguas ins- 
tituciones monárquicas, siendo también 
admisibles algunas medidas del partido li- 
beral, como por ejemplo, la emancipación 
de los esclavos, ciertas reformas agrarias, 
etc. Lo que no admite en ningún caso es 
que los católicos se asocien á las medidas 
propuestas por los radicales. 

En las últimas elecciones se han visto los 
progresos que hace en Irlanda la idea au- 
tonomista. La constancia á prueba de todo 
linaje de trabajos y persecuciones, y los 
sacrificios hechos por el partido naciona- 
lista irlandés, se han visto coronados con 



espléndido triunfo. Los liberales no han 
podido sacar á flote ni un solo candidato en 
Irlanda, y los conservadores únicamente 
han consen^ado 19 de los antiguos puestos 
en una provincia protestante do la isla de 
S. Patricio. 

Estos últimos días ha hecho saber Mon- 
sieur Glastone que si la reina Victoria le 
llama á sus consejos, tratará de establecer 
en Irlanda un Parlamento que satisfaga, á 
lo menos en parte, las aspiraciones auto- 
nomistas de los irlandeses. Nunca tal hu- 
biera dicho: los ingleses han puesto el gri- 
to en el cielo, y no ha faltado quien con 
una seriedad del todo británica, ha tratado 
de probar que los mismos irlandeses sal- 
drían perjudicados con semejante medida. 
¡Quien les hubiera dicho á Parnell y á sus 
valientes compañeros que lo que han pe- 
dido siempre con admirable constancia y á 
costa de inmensos sacrificios, era nada me- 
nos que un dogal para su cucMo, que tal 
es un Parlamento en Irlanda, según lo 
asegura formalmente el susodicho político 
inglés! La fortuna es que los autonomistas 
ya saben lo que se traen entre manos y no 
se maman el dedo, porque los mismos in- 
gleses se han encargado de grabar en su 
memoria con caracteres de sangre lo que 
significa estar sujetos al látigo de los po- 
líticos de la gran metrópoli. 

• « 

Francia. — Es crítica más que lo ha sido 
desde hace mucho tiempo la situación de 
la vecina república. En las elecciones para 
Presidente de la República ha sido reele- 
gido. Mr. Grevy. Mr. Brissón presentó la 
dimisión, y la crisis se ha presentado labo- 
riosísima, por negarse el Sr. Freycinet á 
formar gabinete en vista de las dificultades 
que ofrece el estado actual de las Cámaras. 

Los radicales, con buena parte de los 
conservadores opinan por la evacuación del 
Tonquín. Mons. Freppel ha pronunciado 
contra esa idea un magnílico discurso. Se 
han ultimado satisfactoriamente las cues- 
tiones pendientes con Madagascar: (África) 
d:; hoy más quedará dicho país bajo el 



92 



Crónica Universal 



protectorado de Francia, que sin ingerir- 
se en la administración interior de los 
hovas, mantendrá un encarsfado diplomá- 
tico, destinado á entenderse con las de- 
más naciones. En una palabra, que Francia 
explotará en adelante en provecho propio 
las ventajas obtenidas en el nuevo tratado. 

De cómo entienden la libertad los libera- 
les franceses. El ministro de Cultos, Mon- 
sieur Coblet, no contento con haber priva- 
do de sus asignaciones á gran parte del 
clero, por haberse inmiscuido en las elec- 
ciones pasadas, ha fulminado una acusa- 
ción contra sus víctimas en la Cámara de 
los Diputados, y la mayoría republicana 
ha acordado que dicha acusación llena de 
amenazas, se fije en todos los municipios 
de Francia, para que sirva de escarmiento. 
Queda también autorizado el mismo minis- 
tro para examinar con severidad todos los 
expedientes de los curas párrocos, acusa- 
dos de haber intervenido en la contienda 
electoral. 

Tales hechos han obligado al magnánimo 
Pontífice reinante á formular una protesta 
formal contra tan odiosas é ilegales medi- 
das, insistiendo, como no podía menos, en 
el derecho que tiene todo sacerdote para 
intervenir, ya como tal, ya como ciudada- 
no, en las elecciones, dentro de los límites 
que en manera alguna pertenece señalar 
al poder civil. Al propio tiempo sostiene 
que tal proceder es una flagrante violación 
del Concordato, no derogado aún, á pe- 
sar de los deseos de los radicales; así como 
también sobre el carácter exagerado de las 
medidas á todas luces arbitrarias, puesto 
que ni han sido oídos los interesados, ni 
se ha averiguado la certeza de los cargos 
dirigidos contra la respetabilísima clase 
sacerdotal. 

Aunque bien quisiéramos ver algo más 
unidos á los verdaderos católicos france- 
ses, y más activos en sus luchas con el 
masonismo imperante, consuela saber, sin 
embargo, que á medida que acrece la per- 



secución anticatólica, parece aumentarse 
también la piedad de los fieles. F^ecimos 
esto, porque al decir de un periódico, des- 
de el 15 de Agosto al 30 de Setiembre han 
comulgado en Lourdes 1 14.732 personas y 
en treinta y seis días se han celebrado 
3.390 misas. 

Italia.— Los religiosos franciscanos que 
ocupaban el convento de Aracceli de Roma 
han sido expulsados, porque los íLiUjuísi- 
}nos tratan de erigir un monumento á Víctor 
.Manuel, y justamente necesitan de aquel 
local. Leemos en una revista católica que 
aquel convento fué cedido por Inocencio IV 
á los frailes menores de San Francisco in 
perpelinim; pero fué sin duda porque aquel 
Pontífice no tuvo presentes estos tiempos, 
en que los italianos han tenido la dicha de 
poseer un rey tan amante de la justicia, 
que en vida se apoderó de todo lo que 
pudo, aunque fuera contra la voluntad de 
su dueño, y después de muerto quieren los 
suyos honrarle con los frutos de la rapiña. 
Así aprenderán las generaciones venideras 
á respetar el derecho ajeno. 

Los italianos se han apoderado del puer- 
to de Massua, despidiendo con buenas pala- 
bras á la guarnición egipcia. Díjose en los 
primeros momentos que Turquía había 
protestado; pero para todo evento allí en 
Constantinopla está el conde de Corti, em- 
bajador de Italia, que dará explicaciones de 
ese hecho á la Sublime Puerr.a, que actual- 
mente no está para habérselas con ningu- 
na potencia de primer orden, aunque esa 
sea Italia, cuando teme los furores bélicos 
del microscópico reino de Grecia. 

No contentos con esto, parece que los 
italianos quieren poner la ley allende los 
mares, pues ha surgido un serio conflicto 
entre esa potencia y los Estados-Unidos de 
Colombia. En su consecuencia, el gobierno 
italiano ha dispuesto se envíen inmediata- 
mente á la costa del Atlántico de aquella 
república dos cruceros que se unirán á la 
escuadrilla de estación en aquellos mares, 



Crónica Universal. 



93 



con objeto de proteger á los subditos de 
nacionalidad italiana. Nos parece que va 
dando sus resultados la entrada en el mi- 
nisterio de Estado italiano del general di- 
plomático, conde de Robiland. 

• • 

Turquía.— El día 21 del mes pasado, 
después de un armisticio de varios días, 
dio comienzo á sus tarcas la comisión mi- 
litar internacional encargada de fijar las 
condiciones de paz entre Ikilgaria y Ser- 
via. El gobierno búlgaro ha declarado, sin 
embargo, que la aceptación de la comisión 
implica desde luego el abandono por los 
servios de la parte del territorio búlgaro, 
que ocupaban. Los búlgaros se han retira- 
do efectivamente de Pirot, v los servios les 
acusan de haber cometido violencias. 

Un despacho de Sofía dice que después 
de firmarse la paz definitiva, el príncipe 
Alejandro de Bulgaria irá a Constantino- 
pla para ofrecer sus respetos al Sultán, 
dirigiéndose luego á S. Petersburgo. Se 
asegura que es completa la reconciliación 
entre la corte de Rusia y el príncipe Ale- 
jandro, y que á esto debe atribuirse la or- 
den del día del último, manifestando su 
gratitud al gobierno moscovita. 

En todo esto parécenos ver que el único 
que va á salir perdiendo es Turquía, por 
dos sencillísimas razones: la primera por- 
que Servia, protegida por Austria, está á 
cubierto de todo desmembramiento de su 
territorio; y la segunda, porque Bulgaria, 
después de su heroico comportamiento y 
el patrocinio de Rusia, tiene que salir favo- 
recida en la contienda pacífica que ahora 
se ha entablado. Eso sin contar con Grecia 
que á todo trance pide compensaciones, 
por el soñado desequilibrio que en su sen- 
tir se establece en la península balkánica. 

* 
* • 

Portugal.— El mes pasado falleció en 
Cintra, Portugal, D. Fernando de Cobur- 
go, regente que fué de Portugal en la me- 
nor edad de su hijo D. Pedro \TI. Nació 
en Sajonia el día 29 de Octubre de i8ió y 
contrajo matrimonio con Doña María de la 



Gloria, reina de Portugal, en 183o, que- 
dando viudo en 1853. Muerto, muy joven 
aún, su hijo D. Pedro, sucedióle su her- 
mano Luis I, y desde esta época vivía en la 
hermosa posesión de Cintra. En 1867 con- 
trajo segundas nupcias con una artista, 
Elisa Eusler, á quien el rey concedió el 
título de condesa de Elda. 

Este fué aquél asendereado rey D. Fer- 
nando de Portugal, que allá en los famo- 
sos tiempos de la revolución de Setiembre, 
quisieron algunos españoles que ocupase 
el trono de S. Fernando; pero él, con me- 
jor acuerdo que D. Amadeo, qo se dejó 
deslumhrar por el brillo y gloria del trono 
español, pasando sus días en retiro pacífi- 
co, ocupado en artísticos entretenimientos. 

R. I. P. 

III. 

ESPAÑA. 

Se van disipando paulatinamente los te- 
mores de alteración del orden público, que 
tanto alarmaban á las gentes á raíz de la 
muerte del rey D. Alfonso XII (q. s. g. h.). 
Los republicanos esperan mejor coyuntura, 
y los carlistas, á pesar de las voces calum- 
niosas que se han hecho correr, han decla- 
rado por sus órganos más autorizados, que 
no han soñado siquiera en levantarse en 
armas. A esto se debe sin duda que se haya 
levantado el estado de sitio en casi todas 
las provincias en que fueron suspendidas 
en el primer momento las garantías cons- 
titucionales. 

Además de otros muchos puntos de Es- 
paña y del Extranjero, se celebraron en 
Madrid, el día 12 del mes pasado, solem- 
nes funerales por el eterno descanso del 
alma del rey difunto, con asistencia de 26 
Prelados españoles, de los príncipes de 
Portugal, de Baviera y de Austria; los em- 
bajadores extraordinarios de Inglaterra, 
Rusia, Alemania, Francia, Italia, Países- 
Bajos, Bélgica y Venezuela. También asis- 



0-1 



Crónica Universa!,. 



ticron los ministros acreditados de los Es- 
tados-Unidos, Turquía, Rumania, Japón y 
China. 

La religiosa ceremonia revistió inusitada 
solemnidad. La música fue toda original de 
antiguos compositores españoles, interpre- 
tada por los mejores artistas nacionales, 
entre otros el famosísimo tenor Gayarre, y 
bajo la dirección del Sr. Arrieta. El discur- 
so fúnebre pronunciado por nuestro Ve- 
nerable Prelado el Sr. Arzobispo de Va- 
lladolid es un trabajo admirable por la 
discreción, la elegancia del estilo, la rique- 
za de doctrina, la elocuencia verdadera- 
mente conmovedora y con frecuencia su- 
blime, y por otras prendas no menos 
valiosas que la hacen modelo acabado en 
su género. 

Los Prelados que asistieron a los fune- 
rales regios, reuniéronse varias veces en 
la Nunciatura con el lin de tratar de asuntos 
propios de su elevadísimo cargo. En una de 
las reuniones acordaron elevar un mensa- 
je á Su Santidad, á quien el mismo día di- 
rigieron el siguiente telegrama, que sinte- 
tiza el pensamiento del mensaje: 

A Su Santidad el Papa León XIII, los 
Obispos españoles congregados en Madrid. 

«Telegrama.» 
^'Santísimo Padre: Reunidos en esta cor- 
te para concurrir, invitados por el Gobier- 
no y por la Nunciatura Apostólica, á las 
solemnísimas honras, hoy celebradas en 
la Iglesia de S. Francisco, por el alma del 
egregio y malogrado rey católico D. Al- 
fonso XII (q. e. g. e.); cumplimos el gratí- 
simo deber, antes de partir para nuestras 
respectivas Iglesias, de saludar con pro- 
funda veneración y amor á Vuestra Santi- 
dad, Supremo Pastor de todos los del orbe 
católico. Y aprovechamos la oportuna oca- 
sión de hallarnos juntos en un lugar, para 
protestar á Vuestra Santidad de que en 
creencias y en conducta estamos todos ín- 
tima y recíprocamente unidos, é inque- 
brantable é incondicionalmente adheridos 
á la Sagrada Persona de \'uestra Santidad 
y á la Cátedra de S. Pedro, que tan glorio- 



samente ocupáis. Por lo cual aceptamos 
convivo reconocimiento y filial sumisión 
todas vuestras saludables enseñanzas, ad- 
hiriéndonos, con efusión de nuestras almas, 
y muy en particular, por ser las más re- 
cientes, á las contenidas en vuestra admi- 
rable última carta al (.ardenal-Arzobispo 
de París, y en la doctísima magnífica En- 
cíclica Inmortale Dei; nos congratulamos, 
á fuer de españoles y Obispos, por el in- 
signe triunfo moral que acabáis de ob- 
tener, como augusto pacificador de las 
naciones; y pedimos á Dios que rompiendo 
vuestras cadenas, acelere, para bien del 
mundo, el anhelado de la Iglesia.» 

Madrid 12 de Diciembre de 1885. 

Fr. Cejerino, Cardenal González, Arzo- 
bispo de Toledo. —Francisco de Paula, Car- 
denal Benavtdes, Arzobispo de Zaragoza..— 
Antolin Cardenal Monescillo, Arzobispo de 
Valencia. —Benito, Arzobispo de Valladolid. 
-José, Arzobispo de Granada. — Ramón, 
Obispo de ]aca.— Narciso, Obispo de Ma- 
drid- Alcalá. --Victoriano, Obispo de Orihue- 
la.— Vicente, Obispo de Cádiz. — Sebastian, 
Obispo de Córdoba. — Manuel, Obispo de 
Málaga. -José, Obispo de Almería. —Ciríaco, 
Obispo de Axila.— Mariano, Obispo de \'i- 
íoria. —Juají María, Obispo de Cuenca. — 
Manuel María, Obispo de Jaén,— Jaime, 
Obispo de Barcelona. — Antonio, Obispo de 
Sigüenza.- -An/on/o, Obispo de Teruel. — 
Tomás, Obispo de Zamora.— A»/07h"o Ma- 
ría, Obispo de Calahorra.— Fr. Tomás, 
Obispo de Salamanca. — Vicente Santiago, 
Obispo de Santander. — Tomás, Obispo de 
Murcia. —J0S6' Tomás, Obispo de Filipópo- 
lis, Administrador Apostólico de Ciudad- 
Rodrigo.» 

Su Santidad contestó al anterior tele- 
grama, con el siguiente: «Roma 15 Diciem- 
bre. Eiminentísimo Señor Cardenal Ceferino 
González, Arzobispo de Toledo. Madrid. 

El telegrama enviado por su Eminentísi- 
ma y por sus hermanos en el Episcopado, 
reunidos con motivo de los funerales del 
malogrado rey D. Alfonso XII, ha sido gra- 
tísimo al Padre Santo, por los nobilísimos 



Crónica Universal. 



95 



sentimientos de adhesión y afecto á la 
Santa Sede y á su sagrada persona expre- 
sados en el mismo. Su Santidad envía á su 
Eminencia y á sus hermanos, con toda la 
efusión de su alma, su apostólica bendi- 
ción. —El Cardenal Jacobini.» 

Por último los mismos Prelados, antes 
de separarse para partir á sus respecti- 
vas Diócesis, fueron recibidos por S. M. la 
Reina Regente, que según dice un perió- 
dico oficioso, «expresó, vivamente emocio- 
nada, cuánto agradecía la muestra de 
adhesión y cariño que el respetabilísimo 
Episcopado español había dado en esta 
ocasión, como en todas, á las instituciones, 
y especialmente al malogrado Monarca que 
tan prematuramente ha descendido á la 
tumba. Todos los Prelados reiteraron á 
S. M. la Reina su adhesión profunda, é hi- 
cieron votos por el nuevo reinado. La Rei- 
na les rogó que no olvidaran en sus ora- 
ciones á su amantísimo esposo. Momentos 
después, S. M. la Reina presentó los Prín- 
cipes de la Iglesia á la Princesita de Astu- 
rias, á la cual prodigaron tiernas caricias y 
frases que la inconsolable Reina viuda es- 
cuchó solícita y agradeció con toda el alma 
como soberana y como madre. Terminada 
la audiencia, los Prelados pasaron á las 
habitaciones de S. M. la Reina D.' Isabel y 
á las de las Infantas y de los Archiduques, 
á quienes cumplimentaron. Los Prelados 
oyeron en cada una de las visitas á las 
personas reales palabras de gratitud y de 
cariño.» 

La política ha ofrecido interesantes pe- 
ripecias. Abiertas las Cortes el día 27, fué 
elegido Presidente del Congreso por ma- 
yoría de votos el Sr. Cánovas del Castillo. 
El 30 se celebró con extraordinaria pompa 
y nunca vista concurrencia el acto solemne 
de la jura de la Reina Regente. 

Estos últimos días se ha planteado en la 

misma Cámara un debate, ocasionado por 

las alusiones que el Sr. Silvela, en su con- 

• testación al diputado republicano Sr. Muro, 

dirigió al Sr. Romero Robledo. Es de ad- 



vertir que el Sr. Romero Robledo se ha se- 
parado por completo del Sr. Cánovas, for- 
mando rancho aparte con sus famosos hú- 
sares, y dividiendo en dos el partido con- 
servador. A pesar de haber prometido al 
Sr. Sagasta no provocar el debate en bien 
de las instituciones, las alusiones del Señor 
Silvela, amigo del Sr. Cánovas, le movie- 
ron á quebrantar su propósito y presen- 
tarse en el Congreso, todo pálido y alte- 
rado, anunciando para el día siguiente un 
largo discurso que al escribir estas líneas 
ya habrá pronunciado. 

Lo demás se reduce á bien poco. El go- 
bierno apurado todavía por contentar á los 
pretendientes; los conservadores divididos; 
los republicanos dando banquetes en ho- 
nor de Ruiz Zorrilla, y haciendo salir á 
flote sus profundas divisiones en discursos 
pronunciados entre el rumor de las copas; 
los izquierdistas como perros y gatos, con 
cartas del General López Domínguez, que- 
jas de unos y otros, y en fin, en completa 
marejada ocasionada por el nombramiento 
de su correligionario el General Bermúdez 
Reina para Secretario del Ministerio de la 
Guerra, nombramiento que ha tenido la 
desdicha de desagradar á tirios y troyanos, 
ó Sea, á izquierdistas y fusionistas. En re- 
sumen: si se exceptúa el partido carlista, 
cuyas divisiones han cesado con la reciente 
sumisión de La Fe á D. Carlos, la política 
española es una verdadera olla de grillos. 

La cuestión de las Carolinas queda defi- 
nitivamente arreglada: anunciase la próxi- 
ma publicación del protocolo debido á la 
mediación de Su Santidad. Cuando nos 
sea conocido lo publicaremos. 

Con fecha 9 del mes pasado se publicó 
un amplio decreto de indulto para la pren- 
sa y emigrados políticos. De los cinco ar- 
tículos que comprende la parte dispositiva 
del decreto, copiaremos aquí el 3.° y 4.", 
que contienen las excepciones y cortapisas. 

«Art. 3." Se exceptúan de lo dispuesto 
en los artículos anteriores los delitos de 
injuria y calumnia contra particulares, CO7 



96 



Crónica Universal. 



metidos contra soberanos, príncipes, ag-cn- 
tcs diplomáticos do naciones amigas, ú 
extranjeras con carácter público que dis- 
fruten de análoga consideración. 

Art. 4.° No serán aplicables las disposi- 
ciones de este decreto á los que, hallándo- 
se sometidos á las ordenanzas militares, 
hubiesen quebrantado la disciplina, come- 
tiendo cualquiera de los delitos definidos 
en los artículos 106, loS y 1 12 del Código 
penal del ejercito.» 

Fuera de estas excepciones, el decreto es 
amplísimo, y no se holgarán poco de ello 
muchos periodistas, sobre alguno de los 
cuales pesaban centenares de causas. El 
alegrón alcanza también á los emigrados 
políticos, que con el indulto podrán volver 
á sus hogares si gustan, que muchos no 
gustarán. 

Local. — La Sra. Duquesa dcMedinaceli, 
con otras varias Señoras de la aristocracia 
madrileña, han acordado conceder al in- 
signe poeta valisoletano D. José Zorrilla la 
pensión que trató de concedérsele por el 
Estado, y que aprobada en el Congreso, 
naufragó en el Senado. A la carta con que 
acompañaban la oferta, ha contestado Zo- 
rrilla con otra discretísima y hermosa por 
sus cristianos sentimientos, aceptando el 
donativo y dando las gracias á las genero- 
sas damas. 



JVIISCELÁNEA. 



— .i — 



¡ECCE! 

La polémica acerca del espiritismo ha 
terminado. 

El Sr. González Soriano ha fallecido, 
como espiritista, por desgracia. Dejemos 
en paz á los muertos. 

El Sr. Vizconde de Torres-Solanot, á pe- 
sar de las continuas alusiones que le he 
dirigido; á pesar de la advertencia inserta 
en esta misma sección del número de No- 
viembre, ha dejado trascurrir el plazo que 



allí le señalaba, sin dignarse contestar una 
sola palabra á mis artículos. Solo en el 
campo, al cual salí provocado por el Se- 
ñor Vizconde, y después de esperarle en él 
á pié firme y con la visera alzada, me reti- 
ro únicamente cuando no encuentro ene- 
migos, dispuesto, sin embargo, á volver 
cuando mi adversario guste. 

Conste así, y conste ahora prácticamente 
que si el catolicismo no teme ningún géne- 
ro de discusiones, aun saliendo á su defen- 
sa persona tan insignificante como yo, 
mucho menos tiene por qué temerla cuando 
se trata del más ridículo y extravagante de 
los errores. 

Ahora entrego satisfecho al juicio del pú- 
blico el resultado de la polémica. Para ello, 
á ios periódicos y revistas que me han honra- 
do con la reproducción íntegra ó parcial de 
misartículos,cualcsson,queyo sepa,£'/ Si~ 
¿•lo Fiilino, de Madrid; /:/ Norte de Castilla, 
deValladolíd; El Diario de Sevilla; La Fide- 
lidad Castellana, de Burgos; El Intransigen- 
te y El Pilar, de Zaragoza; El Tostado, de 
Avila: La Verdad, de Santander; Galicia 
Católica, de Santiago; La I^lana Católica, 
de Castellón; El Semanario Católico, de 
Alicante; y otros muchos que, como La 
liestaiiración, La Educación y La Ilustra- 
ción Española y Americana, me han distin- 
guido por aquellos trabajos con elogios 
que estoy muy lejos de merecer; al darles 
por ello cordialisímas gracias, ruégoles 
tengan la amabilidad de reproducir estas 
líneas. Así se verá en lo que han venido á 
parar las bravatas de mi arrogante reta- 
dor, que con estar seguro de la victoria, ha 
juzgado prudente enmudecer á las prime- 
ras de cambio. 

Ecce! Ahí están los que se creían inven- 
cibles; los que pretendían derribar el cato- 
licismo de una plumada. 

Fr. Conr óo Muiños Saenz. 



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REDACCIÓN: 
FILIPINOS DE VALLADOUD. 



Hiülaíinltíi 5 íic Mrm h 188G- 



ANO VI. 
NUMERO 62. 



do: 



;to POHTincio. 



'•'i:^í(&-5- 



SANCTISSIMI DOMINI NOSTRI 

LEONIS 

DIVINA PROVIDENTIA 



Á 



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M, 



LITTERAE ENCYCLICAE 

QVÍBVS EXTRáORDINARIVM IVBILáEVM INDICITVR. 



VENERABILIBVS FRATRIBVS 

PATRIARCHIS PRIMATIBVS ARCHIEPISCOPIS EPISCOPIS 

ALIISQUE LOCORVM ORDINARIIS GRATIAM ET 

COMMVNIONEM CVM APOSTO LiCA SEDE 

HABENTIBVS 

LEO PP. XIII. 

VENERABILES FRATRES 

S.\LVTEM ET APOSTOLIC.\M BENEDICTIONEM 

uoD auctoritate Apostólica semcl 
jam atque iterum decrevimus, 
ut annus sacer toto orbe chris- 
tiano extra ordinem ageretur, oblatis 




CARTA ENCÍCLICA 



DE 



NTRO. SMO. PADRE 

LEÓN XIII, PAPA, 

POR LA DIVINA PROVIOENflA 

CONCEDIENDO UN JUBILEO EXTRAORDINARIO. 



A NUESTROS VENERABLES HERMANOS 

LOS PATRIARCAS, PRIMADOS, ARZOBISPOS Y OBISPOS 

Y DEMÁS ORDINARIOS EN GRACIA Y COMUNIÓN 

CON LA SEDE APOSTÓLICA 

lili ilif, fifi. 

VENERARLES HERMANOS: 
SALUD Y BENDICIÓN APOSTÓLICA. 

||o mismo que por nuestra auto- 
ridad Apostólica 3^a una y otra 
vez hemos determinado, á sa- 
ber; que en todo el orbe cristiano se 




100 



Documento pontificio. 



bono publico caelestium muncrum thc- 
sauris, quorum cst in Nostra potcstate 
dispcnsatio, idcm placct in annum pro- 
ximum, Dco favcnte, dcccrnere. — Cuius 
utilitas rci fug-ere vos, Vencrabilcs Fra- 
trcs, nequáquam potcst g:naros tcmpo- 
rum ac morum: sed quacdam singularis 
ratio facit, ut in hoc consilio Nostro 
major, quam fortasse alias, inesse op- 
portunitas vidcatur. — Nimirum cum de 
civitatibus superiore epistola Encyclica 
docuerimus, quanti intcrsit, eas ad ve- 
ritatem formamque christianam pro- 
pius accederé, intelligi jam licet quam 
sit huic ipsi proposito Nostro consen- 
taneum daré opcram, quibuscumque 
rebus possumus, ut vel excitentur no- 
mines ad christianas virtutes, vel revo- 
centur. Talis est enim civitas , qualis 
populorum fingitur moribus: et que- 
madmodum aut navigii aut aedium bo- 
nitas ex singularum pendet bonitate 
aptaque suis locis collocatione partium, 
eodem fere modo rerum cursus publi- 
carum rectus et sine offensione esse non 
potest, nisi rectam vitae cives conse- 
quantur viam. Ipsa disciplina civilis, et 
ea omnia quibus vitae publicae constat 
actio, nonnisi auctoribus hominibus 
nascuntur, intereunt: homines autem 
suarum solent opinionum morumque 
expressam imaginem iis rebus affinge- 
re. Quo igitur eis praeceptis Nostris 
et imbuantur penitus animi, et, quod 
caput est, quotidiana vita singulorum 
regatur, enitendum est ut singuli indu- 
cant animum christiane sapere, chris- 
tiane agere non minus publicc quam 
privatim. 

Atque in ea re tanto m^ajor est adhi- 
benda contentio, quanto plura impen- 
dent undique pericula. Xon enim exi- 
guam partem magnae illae patrum 
nostrorum virtutes cessere: cupiditates, 



celebrase un año sagrado extraordina- 
rio, ofreciendo para el provecho común 
los tesoros de los dones celestiales, cuya 
concesión está en Nuestra potestad; he- 
mos juzgado conveniente otorgarlo tam- 
bién para el próximo año con el favor de 
Dios. — A Vosotros, Venerables Herma- 
nos, que conocéis el estado actual de los 
tiempos y de las costumbres, no se os 
puede ocultar en manera alguna la uti- 
lidad de esta medida; pero hay ade- 
más otra especialisima razón por la 
cual, más que por otro concepto, esta 
determinación nuestra parece de ma- 
yor oportunidad. — Habiendo tratado en 
nuestra anterior Encíclica de cuánto 
importa á las sociedades acercarse cada 
vez más á la verdad y al régimen cris- 
tiano, se ve claramente cuan conve- 
niente es coadyuvar con cuantos me- 
dios estén á nuestro alcance, á este 
Nuestro propósito, para que los hom- 
bres se inclinen ó vuelvan á las virtudes 
cristianas. La sociedad es tal cual la 
forman las costumbres del pueblo, y á 
la manera que la perfección de un navio 
ó un edificio depende de la bondad y 
buena disposición de sus partes, así 
también el orden de los intereses públi- 
cos no puede ser seguro y recto si los 
ciudadanos no siguen el buen camino. 
Todo aquello que en el orden civil y en 
lo que constituye la vida pública tiene 
por únicos autores á los hombres, nace 
y muere como ellos, pues el hombre 
suele grabar en sus cosas el sello de sus 
costumbres y opiniones. A fin, pues, de 
que todos se penetren profundamente 
de aquellas Nuestras enseñanzas, y 
principalmente, ajusten á ellas su vida 
ordinaria, se ha de trabajar porque 
todos se persuadan á pensar y obrar 
como cristianos pública y privada- 
mente. 



DOCUMEMTO PONTIFICIO. 



1 01 



quae per se vim habent maximam, ma- 
jorem licentia quaesiverunt: opinionum 
insania, nullis aut parum aptis com- 
pressa frenis, manet quotidie longius: 
ex iis ipsis, qui recte sentiunt, plures 
praepostero quodam pudore deterriti 
non audent id quod sentiunt libere pro- 
fiteri, multoque minus reipsa períicere: 
deterrimorum vis exemplorum in mo- 
res populares passim influit: societates 
homjnum non honestae, quae a Nobis- 
metipsis alias designatae sunt, flagitio- 
sarum artium scientissimae, populo im- 
ponere, et quotquot possunt, a Deo, a 
sanctitate ofíiciorum, a fide christiana 
abstrahere atque abalienare conten- 
dunt. 

Tot igitur prementibus malis, quae 
vel ipsa diuturnitas majora facit, nul- 
lus est Nobis practermittendus locus, 
qui spem sublevationis aliquam affe- 
rat. IIoc consilio et hac spe sacrum 
Jubilaeum indicturi sumus, monendis 
cohortandisque quotquot sua est cordi 
salus, ut colligant paullisper sese, et 
demersas in terram cogitationes ad me- 
liora traducant. Quod non privatis so- 
lum, sed toti futurum est reipublicae 
salutare, propterea quod quantum sin- 
guli profecerint in animi perfectione 
sui, tantundem honestatis ac virtutis 
ad vitam moresque públicos accedet. 

Sed optatum rei exitum videtis, Ve- 
nerabiles Fratrcs, in opera et diligentia 
vestra magnam partem esse positum, 
cum apte studioseque populum prae- 
parare necesse sit ad fructus, qui pro- 
positi sunt, rite percipiendos.— Erit 
igitur caritatis sapientiaeque vestrae 
lectis sacerdotibus id negotium daré, 
ut piis concionibus ad vulgi captum 
accommodatis multitudinem erudiant, 
maximeque ad poenitentiam cohorten- 
tur, quae est, auctore Augustino, bono- 



Y tanto mayor esfuerzo hay que po- 
ner para lograrlo, cuanto mayores son 
los peligros que amenazan por todos 
lados. Cesaron en gran parte aquellas 
grandes virtudes de nuestros abuelos; 
las pasiones, ya por sí impetuosas, han 
adquirido más fuerza con la licencia; la 
locura de las opiniones, por ninguno ó 
por muy insuficientes frenos compri- 
mida, se difunde más cada día; aun 
de los que sienten rectamente, muchos, 
detenidos por vergüenza mal entendida, 
no se atreven á confesar con libertad 
sus creencias, y mucho menos á poner- 
las en práctica; la muchedumbre de 
perniciosos ejemplos influye continua- 
mente en las costumbres populares; las 
abominables asociaciones, por Nos mis- 
mo denunciadas en otra ocasión, habi- 
lísimas en ardides malvados, trabajan 
cuanto pueden por dominar al pueblo 
y apartarle y enajenarle de Dios, de los 
deberes sagrados y de la fe cristiana. 

Rodeados, pues, de tantos males, que 
aím resultan más graves por su misma 
duración, no hemos de dejar pasar nin- 
guna ocasión que ofrezca alguna espe- 
ranza de aliviarlos. Con tal designio y 
esperanza hemos de anunciar el sagrado 
Jubileo, avisando y exhortando á cuan- 
tos desean la salvación, para que se re- 
cojan un poco, y levanten más alto sus 
pensamientos apegados á la tierra. Lo 
cual ha de ser saludable, no sólo á los 
individuos, sino a la sociedad también; 
pues cuanto cada uno adelante en la 
perfección de su espíritu, eso más aña- 
dirá de moralidad y virtud á la vida y 
costumbres públicas. 

Comprenderéis empero, Venerables 
hermanos, que el deseado éxito de este 
asunto depende en gran parte de vues- 
tro celo y dihgencia, pues es necesario 
preparar conveniente y esmeradamente 



I02 



Documento pontificio. 



Jiim el hiimiliiim fidclimn pncna quotidia- 
na. in qiia pcclora timdimus, dicentes: 
dimiltc nobis debita ;?o,s/»\7 (i). Pocnilcn- 
tiam, quacquc pars cjus cst, volunta- 
riam corporis castigationcm non sine 
caussa primo commemoramus loco. 
Nostis enim morem saeculi: Hbct plc- 
risquc delicate vivero, viriliter animo- 
que ma2:no nihil agcre. Qui cum in 
alias inciclunt miserias multas, tum fin- 
g^unt saepj caussas, ne salutaribus Ec- 
clesiac legibus obtempercnl, onus rati 
sibi g-ravius, quam tolerar! possit, im- 
positum, quod vel abstinero certo cibo- 
rum genere, vel jejunium servare pau- 
cis anni diebus jubeantur. Mac enervati 
consuetudine, mirum non est si sensim 
totos se cupiditatibus dedant majora 
poscentibus. Itaque lapsos aut proclives 
ad moUitiam ánimos consentaneum est 
ad temperantiam revocare; propterea- 
que qui ad populum dictu ri sunt, dili 
genter et enucleate doceant, quod non 
modo Evangélica lege, sed etiam natu- 
ral! ratione praecipitur, imperare sibi- 
metipsi et domitas habere cupiditates 
unumquemque oportere: nec expiari, 
nisi poenitendo, posse delicta. — Et 
huic, de qua loquimur, virtuti, ut diu- 
turna permaneat, non inepte consul- 
tuní fuerit, si rei stabiliter institutae 
quasi in fidem tutelamque tradatur. 
Quod id pertineat, facile, Venerabiles 
Fratres, intelligitis: illuc scilicet, ut 
sodalium Franciscalium ordinem Ter- 
tium, quem saecularcm nominant, in 
Dioccesi quisque vestra tueri et am- 
plificare perseveretis. Profecto ad con- 
servandum alendumque poenitentiae in 
christiana multitudine spiritum, pluri- 
mum omnino valitura sunt exempla et 
gratia Francisci Assisiensis patris, qui 



d) Epist. io«. 



al pueblo paraque reciba como es debido 
los frutos que se le ofrecen. — Así pues, 
vuestra caridad y sabiduría se encarga- 
rá de confiar este asunto á sacerdotes 
escogidos, para que instruyan al pueblo 
con piadosos sermones acomodados á 
la compresión de la mayoría del vulgo, 
y principalmente le exhorten á la peni- 
tencia, que, según S. Agustín, es la pena 
colidiana de los fieles humildes y virtuo- 
sos, por la cual herimos Jiuestros pechos 
diciendo: Perdónanos nuestras deudas, (i) 
No sin motivo citamos en primer lugar 
la penitencia, y la voluntaria mortifica- 
ción corporal, que es parte de ella. Co- 
nocéis el carácter de nuestro siglo: gus- 
ta á los más vivir delicadamente y nada 
obrar con virilidad y grandeza de alma. 
Estos, cayendo en otras muchas debili- 
dades, fingen con frecuencia pretextos 
para quebrantar las saludables leyes de 
la Iglesia, alegando que se les impone 
una carga superior á sus fuerzas al 
mandarles abstenerse de cierto género 
de manjares, ó ayunar unospocosdías al 
año. Enervados por esta costumbre, no 
es de maravillar'quc poco á poco se en- 
treguen del todo á los insaciables apeti- 
tos. Por tanto, es preciso excitar á la 
templanzalos ánimos decaídos ó propen- 
sosálamolicie;porlo cual lospredicado- 
res del Jubileo, deben enseñar con dili- 
gencia y claridad al pueblo, que no sólo 
la ley Evangélica, sino la misma razón 
natural prescribe el deber que tiene 
cada uno de dominarse á sí propio y 
tener enfrenadas las pasiones, y que las 
culpas no pueden expiarse sino por la 
penitencia. — Y para que esta virtud se 
arraigue y dure, no dejaría de ser opor- 
tuno ponerla bajo la tutela y guarda 
de una Institución estable. Fácilmente 



I) Epist. CVIII. 



DOCU.MENTO PONTIFICIO. 



103 



cum summa innocentia vitae tantum 
conjunxit studium castigandi sui, ut 
Jesu Christi crucifixi imagincm non 
minus vita et moribus, quam impressis 
divinitus signis retulisse videatur. Le- 
gos ejus Ordinis, quas opportune tem- 
peravimus, longe sunt ad perferendum 
leves: momentum ad christianam vir- 
tutem habent non leve. 

Deinde vero in his privatis publieis- 
que tantis necessitatibus, cum tota spes 
salutis utique in patrocinio tutelaque 
Patris caelestis consistat, magnopere 
vellemus, studium precandi constanset 
cum fiducia conjunctum reviviscere. — 
In omni magno christianae reipublicae 
tempore, quoties Ecclesiae usuvenit, ut 
vel externis periculis, vel intestinis pre- 
meretur incommodis, praeclare majo- 
res nostri, sublatis in caelum supplici- 
ter oculis, docuerunt, qua ratione et 
unde lumen animi, unde vim virtutis 
et apta temporibus adjumenta petere 
operteret. Inhaerebant enim penitus in 
m.entibus illa Jesu Christi praecepta: 
petite et dabitur vobis (i); oporlet semper 
orare et non deficcre (2). Quibus resonat 
Apostolorum vox: sine intermissione 
orate {^): obsecro igitur primum omnium 
fieri obsecrationes, orationes, postulatio- 
nes, gratiarum actiones pro ómnibus ho- 
minibus (4). Quam ad rem non minus 
acute quam veré illud Joannes Chrysos- 
tomus scriptum per similitudinem reli- 
quit: quo modo homini, cum nudus 
idemque egens rebus ómnibus suscipia- 
tur in lucem, manus natura dedit, qua- 
rum ope res ad vitam necessarias sibi 
compararet: ita in iis. quae sunt supra 



(i) Matth. VII, 7. 

(2) Luc. XVIII, I. 

(3) I. Thessal. V, 17. 

(4) Thimoth. II, I. 



comprenderéis, Venerables hermanos, 
que estas palabras van dirigidas á que 
perseveréis en proteger y propagar en 
vuestras respectivas Diócesis la Orden 
Tercera de S. Francisco, llamada se^/i3!;-. 
Mucho han de valer, en efecto, para 
conservar y fomentar en el pueblo cris- 
tiano el espíritu de penitencia, los ejem- 
plos y la intercesión del G. Padre San 
Francisco de Asís, que unió con la más 
perfecta inocencia tanto ardor de mor- 
tificación de sí mismo, que parece lle- 
vaba la imagen de Jesucristo no menos 
en la vida y las costumbres, que en las 
llagas impresas por Dios en su cuerpo. 
Las leyes de esa Orden, que oportuna- 
mente hemostemplado, son suavísimas, 
y tienen gran importancia para la vir- 
tud cristiana. 

Fundándose toda esperanza de salva- 
ción en medio de tantas necesidades 
privadas y públicas, en el patrocinio y 
amparo del Padre celestial, desearía- 
mos también en gran manera que rena- 
ciese el espíritu constante de oración 
unido con la confianza. — En todos los 
momentos solemnes de la sociedad cris- 
tiana, cuando la Iglesia se vio oprimida 
por peligros externos ó calamidades 
internas. Nuestros predecesores, alzan- 
do los ojos suplicantes al cielo, enseña- 
ron convenientemente de qué modo y 
á dónde había de buscarse luz para el 
espíritu, fuerza para la virtud y reme- 
dios adecuados á las circunstancias. 
Tenían siempre ante los ojos aquellos 
preceptos de Jesucristo: Pedid y se os 
dará (2); Conviene orar siempre y Jtiinca 
desfallecer (3). Eco de estos preceptos es 
la voz de los Apóstoles: Orad sin inter- 
misión (4); ruégoos, pues, ante todo que 



^2) S. Mateo: Vil 7. -(3) S. Luc: XVIII, 
I.— (4) I. á los Tesalonic, II, i. 



104 



Documento poNTincio. 



naturam, cum nihil pci" se ipsc possit, 
largitus cst Dcus orandi facultatcm qua 
illo sapientcr usus, omnia quae ad salu- 
tem rcquiruntur, facilc impctrarct.— 
I lis ex robus singuli statuitci, Venerabi- 
Ics Fratres, quam sit gratum et proba- 
tum Nobis studium vestriim in prove- 
henda sacratissimi Rosarü religione his 
praescrtini proximis annis, Nobis auc- 
toribus, positum. Ñeque est silentio 
praetereunda pietas popularis, quae 
ómnibus tere locis videtur in eo genere 
excitata: ea tamen ut magis inflamme- 
tur ac perseverante!' retineatur, summa 
cura videndum est. Idque si insistimus 
hortari, quod non semel idem hortati 
sumus, nomo mirabitur vestrum, quip- 
pe qui intelligitis, quanti referat, Rosa- 
rü ALirialis apud christianos florere con- 
suetudinem, optimeque nostis, eam 
esse hujus ipsuis spiritus precum, de 
quo loquimur, partem et formam 
quamdam pulcherrimam, eademque 
convenientem temporibus, usu facilem, 
utilitate uberrimam. 

Quoniam vero Jubilaei prior et maxi- 
mus fructus, id quod supra indicavi- 
mus, emendatio vitae et virtutis acces- 
sio esse debet, necessariam nominatim 
censemus ejus fugam mali, quod ipsis 
superioribus litteris Encyclicis designa- 
re non praetermisimus. — Intestina in- 
telligimus ac prope domestica nonnu- 
llorum ex nostris dissidia, quae carita- 
tis vinclum, vix dici potest quanta cum 
pernicie animorum, solvunt aut certe 
relaxant. Quam rem ideo rursus com- 
memoravimus hoc loco apud vos, Ve- 
nerabiles Fratres, ecclesiasticae discipli- 
nae mutuaeque caritatis custodes, quia 
ad prohibendum tam grave incommo- 
dum volumus vigilantiam auctorita- 
temque vestram perpetuo esse conver- 
san!. Monendo, hortando, increpando 



hagáis plegarias, oraciones, peliciones y 
acciones de gracias por iodos los hombres. 
(i) Con no menos agudeza que verdad 
escribió á este propósito S. Juan Crisós- 
tomo aquel símil: asi como al hombre, 
que nace desnudo y necesitado de todo, 
le dio la naturaleza manos con que pro- 
porcionarse lo necesario para vivir; 
así, en lo sobrenatural, en que nada 
puede alcanzar por sí solo, le concedió 
el Señor la facultad de orar, con la cual, 
oportunamente empleada, alcanzase fá- 
cilmente lo necesario para su salvación. 
— De todo esto deducid, Venerables her- 
manos, cuan grato y satisfactorio Nos 
es vuestro celo empleado en promover 
la devoción del santísimo Rosario, prO' 
puesta por Nos principalmente en estos 
últimos años. No merece pasarse en si- 
lencio el incremento que con ella pare- 
ce haber tomado casi en todas partes la 
piedad popular; pero es preciso poner 
sumo cuidado en que más y más se en- 
cienda y se conserve con perseverancia. 
Ninguno de vosotros extrañará que in- 
sistamos en exhortar lo que ya más de 
una vez hemos exhortado, pues bien 
sabéis cuánto im^porta que entre los 
cristianos florezca la práctica del Rosa- 
rio de María, y conocéis perfectamente 
que es una parte y forma del espíritu de 
oración de que os hablo, bellísima, aco- 
modada á nuestros tiempos, fácil de 
practicar y muy fructuosa. 

Mas como, según arriba indicamos, 
el primero y principal fruto del Jubileo 
debe ser la mudanza de vida y el ade- 
lanto en la virtud, creemos especial- 
mente necesario huir de aquel mal que 
dejamos señalado en nuestra anterior 
Encíclica. — Nos referimos á las intesti- 
nas y casi domésticas discordias de 



(i) ATimot., II, i.-S. Juan. X\'II, 21 



Documento pontificio. 



105 



date operam, ut omnes solliciti sinl 
servare uniíatem spiritus in vinculo pacis, 
utque redeant ad officium, si qui sunt 
dissidiorum auctores, illud in omni vita 
cogitantes, Unigenitum Dei Filium in 
ipsa supremorum appropinquationc 
cruciatuum, nihil a Patre contendisse 
vehementius quam ut intcr se dilige- 
rent, qui crederent aut credituri essent 
in eum, ut omnes unum sint, sicut tu 
Paler, in me, ci cgo in te, ut et ipsí in 
nobis unum sint (i). 

Itaque de omnipotentis Dei miseri- 
cordia, ac beatorum Apostolorum Pe- 
tri ct Pauli auctoritate confisi, ex illa 
ligandi atque solvendi potestate, quam 
Nobis Dominus licet indignis contulit, 
universis et singulis utriusque sexus 
Christi fidelibus plenissimam peccato- 
rum omnium indulgentiam, ad genera, 
lis Jubilaei modum, concedimus, ea 
tamen conditione et lege, ut intra spa- 
tium anni proximi mdccclxxxvi haec, 
quae infra scripta sunt, effecerint. 

Quotquot Romae sunt cives hospites- 
ve Basilicam Lateranensem, item Vati- 
canam et Liberianam bis adeant: ibique 
aliquandiu pro Ecclesiae catholicae et 
hujus Apostolicae Sedis prosperitate et 
exaltatione, pro extirpatione liaeresum 
omniumque errantium conversione,pro 
christianorum Principum concordia ac 
totius fidelis popGli pace et unitate, se- 
cundum mentem Nostram piasad Deum 
preces effundant. lidem dúos dies esu- 
rialibus tantum cibis utentes jejunent, 
praeter dies in quadragesimali indulto 
non comprehensos, aut alias simili stric- 



algunos de los nuestros, que disuelven 
ó relajan á lo menos el vínculo de la ca- 
ridad, con incalculable daño de las al- 
mas. Os recordamos aquí de nuevo esta 
enseñanza. Venerables hermanos, cela- 
dores de la disciplina eclesiástica y de 
la niutua caridad, porque queremos 
que empleéis sin cesar vuestra vigilan- 
cia y vuestra autoridad en evitar esc 
mal tan grave. Procurad con vuestros 
consejos, exhortaciones y reprensiones, 
que todos sean solícitos en conservar la 
unidad de espíritu por los vínculos de la 
paz, y para que se reduzcan á su deber 
los que promuevan disensiones, recor- 
dando sin cesar que el Unigénito Hijo 
de Dios, en el momento de acercarse sus 
últimos tormentos, nada pidió á su Pa- 
dre con tanta vehemencia como el que 
se amasen entre sí los que creyesen ó 
hubiesen de creer en él, para que todos 
sean uno, asi como tú. Padre, lo eres con- 
migo, y yo contigo, para que ellos también 
sean ima misma cosa con nosotros, (i). 

Así pues, por la misericordia de Dios 
omnipotente, y coniiados en la autori- 
dad de los bienaventurados Apóstoles 
S. Pedro y S. Pablo, por la potestad de 
atar y desatar que el Señor, aunque 
indignos. Nos ha otorgado, concede- 
mos á todos y cada uno de los fieles de 
ambos sexos plenísima indulgencia de 
todos sus pecados en forma de Jubileo 
general; pero con la condición y ley de 
practicar dentro del próximo año 1886 
lo que á continuación se expresa: 

Los que moren en Roma como veci- 
nos ó huéspedes, visitarán dos veces la 
Basílica Lateranense, la Vaticana y la 
Liberiana, y en ellas orarán por algún 
rato fervorosamente al Señor, según 
Nuestra intención, por la prosperidad y 



(i) Jo. XVII, 21. 



(i) S. Juan, XV, 21. 



io6 



Documento I'om ii i cío . 



ti juris jejunio ex praccepto Ecclesiac 
consccratos: praeterea pcccata sua rite 
confessi, sanctissimum Eucharistiae sa- 
cramentum suscipiant, stipcmque ali- 
quam pro sua quisquj facúltate, adhi- 
bito in consilium Confcssario, in aliquod 
pium coníerant opus, quod ad propa- 
gationem ct incrementum fidei catholi- 
cae pertincat. Integrum unicuique sit' 
quod malit, optare: dúo tamen de- 
signanda nominatim putamus in qui- 
bus erit optime collocata bcneficentia, 
utrumque, multis locis, indigens opis et 
tutelae, utrumque civitati non minus 
quam Ecclesiae fructuosum; nimirum 
prívalas puerorum scholas, et Seminaria 
Clericorum. 

Ceteri vero omnes extra Urbem ubi- 
cumque degentes tria templa, a vobis, 
Venerabiles Fratres, aut a vestris Vica- 
riis seu Officialibus, aut de vestro eo- 
rumve mandato ab iis qui curam ani- 
marum exercent disignanda, bis, vel, 
dúo tantum si templa fuerint, ter, vel, 
si unum, sexies, dicto temporis inter- 
vallo adeant: item alia opera omnia, 
quae supra commemorata sunt, pera- 
gant. Quam indulgentiam etiam ani- 
mabus, quae Deo in caritate conjunctae 
ex hac vita migraverint, per modum 
suffragii applicari posse volumus. Vobis 
praeterea potestatem facimus, ut Capi- 
tulis et Congregationibus tam saecula- 
rium quam regularium, sodalitatibus, 
confraternitatibus, universitatibus, co- 
llegiis quibuscumque memoratas Eccle- 
sias processionaliter visitantibus, eas- 
dem visitationes ad minorem numerum 
pro vestro prudenti arbitrio reducere 
possitis. 



exaltación de la Iglesia Católica y de 
esta Sede Apostólica, por la extirpación 
de las herejías y la conversión de todos 
los pecadores, por la concordia de los 
P ri'ncipes cristianos y por la paz y uni- 
dad de todos los fieles. Ayunarán dos 
días con abstinencia de carne, fuera de 
los días no comprendidos en el indulto 
cuadragesimal, ó por otra razón consa- 
grados á ayuno de estricta obligación 
por precepto de la Iglesia; recibirán 
además, confesados debidamente sus 
pecados, el Santísimo Sacramento de la 
Eucaristía, y cada uno, según sus facul- 
tades, y consultándolo con su confesor, 
dará alguna limosna para una obra pia- 
dosa. Dejamos en completa libertad de 
elegir la que más agrade á cada cual; 
sin embargo, creemos oportuno desig- 
nar dos especialmente, en las cuales es- 
tará perfectamente empleada la caridad, 
ambas necesitadas en muchas partes 
de auxilio y amparo, ambas no menos 
útiles á la sociedad que á la Iglesia; á 
saber: las escuelas privadas de niños y los 
seminarios eclesiásticos. 

Todos los demás que vivieren en 
cualquier punto fuera de Roma, visita- 
rán dos veces, dentro del tiempo desig- 
nado, tres templos, que han de ser se- 
ñalados por Vos, Venerables herm.anos, 
ó por vuestros Vicarios ú Oficiales, ó 
de encargo vuestro ó de ellos, por los 
que ejercen la cura de almas: ó ¿res 
veces si sólo hubiese dos templos, ó 
seis si uno solo; y practicarán además 
todas las obras que arriba indicamos. 
Es nuestra voluntad que pueda también 
aplicarse esta indulgencia, por modo 
de sufragio, á las almas de los que mu- 
rieron unidos con Dios por caridad. Os 
autorizamos además para que podáis 
reducir á menor número, según vues- 
tro prudente arbitrio, estas visitas, para 



DOCU.MENTO PONTIFICIO. 



lo: 



Concedimus vero ut navigantes et 
iter agentes, ubi ad sua domicilia vel 
alio ad certam stationem sese recepe- 
rint, visitato sexies templo máximo seu 
parochiali, cetcrisque operibus, quae 
supra praescripta sunt, rite peractis 
eamdem indulgentiam consequi queant. 
— Reg-ularibus vero personis utriusque 
sexus, etiam in claustris perpetuo de- 
gentibus, nec non alus quibuscumque 
tam laicis, quam ecclesiasticis qui car- 
cere, iníirmitate corporis, aut alia qua- 
libet justa caussa impediantur, quomi- 
nus memorata opera, vel eorum aliqua 
praestent, concedimus, ut ea Confessa- 
rius in alia pietatis opera commutare 
possit, focta etiam potestate dispensan- 
di super Communionem cum pueris 
nondum ad primam Communionem 
admissis. Insuper universis et singulis 
Christi fidelibus, tam laicis quam eccle- 
siasticis, saecularibus ac regularibus 
cujusvis Ordinis et Instituti, etiam spe- 
cialiter nominandi, facultatem concedi- 
mus. ut sibi ad hunc effectum eligere 
possintquemcumque presbyterumCon- 
fessarium tam saecularem quam regu- 
larem ex actu approbatis: qua facúltate 
uti possint etiam Moniales, Novitiae, 
aliaeque mulleres intra claustra degen- 
tes, dummodo Confessarius approbatus 
sit pro monialibus. — Confessariis au- 
tem, hac occasione et durante hujus 
Jubilaei tempore tantum, omnes illas 
ipsas facultates largimur, quas largiti 
sumus per litteras Nostras Apostólicas 
Ponlifices maximi datas die xv mensis 
Februarii anno mdccclxxix, iis tamen 
ómnibus exceptis, quae in eisdem litte- 
ris excepta sunt. 



cualesquiera Cabildos y Congregacio- 
nes, tanto de seculares como de re- 
gulares, Cofradías, hermandades, cor- 
poraciones ó Colegios que visitaren 
procesionalmente las Iglesias referidas. 
Concedemos igualmente que los na- 
vegantes y viajeros, al llegar á su do- 
micilio ó á determinado punto de para- 
da, puedan ganar la misma indulgencia 
visitando seis veces el templo principal y 
practicando lo demás arriba prescrito. 
— Concedemos también íi las personas 
regulares de ambos sexos, inclusas las 
que viven en perpetua clausura, asi co- 
mo á cualesquiera otras, tanto seglares 
como eclesiásticas, que por estar encar- 
celadas, enfermas, ó por cualquiera otra 
causa justa, no puedan practicar las 
mencionadas obras ó alguna de ellas, 
que pueda el confesor conmutárselas en 
otras obras piadosas, facultando ade- 
más para dispensar de la Comunión á 
los niños que aun no han sido admiti- 
dos á la primera. Facultamos, también 
á todos y cada uno de los fieles, tanto 
seglares como eclesiásticos, seculares y 
regulares de cualquier Orden ó Institu- 
to, aún de los que sea preciso nombrar 
especialmente, para que á este efecto 
puedan elegir cualquier presbítero de 
los actualmente aprobados por confesor, 
sea secular ó regular; y de esta facul- 
tad pueden usar las Religiosas, las no- 
vicias y las demás mujeres que vivan 
en la clausura: con tal que el Confesor 
esté aprobado para las Monjas. — A los 
confesores, con esta ocasión y solamen- 
te mientras dure el tiempo de este Jubi- 
leo, les concedemos todas y las mismas 
facultades que les concedimos por 
Nuestra Bula Ponlifices Maximi expedi- 
da el día 15 de Febrero de 1879, pero, 
con todas las excepciones allí consig- 
nadas. 

í4 



io8 



l)(»(;c.\ii:.\r() im»n'i u-icio. 



Ccterum summei cura studcant uni- 
versi maf^nam Dei parcntcm praccipuo 
per id tcmpus obsequio cultuquc dcmc- 
rcri. Xam in patrocinio sanctissimac 
Virg-inis a Rosario sacrum hoc Jubi- 
Icaum esse volumus: ipsaquc adiutrice 
confidimus, non paucos futuros, quo- 
rum animus dctcrsa admissorum labe 
expietur. lideque, pietatc, justitia non 
modo in spem salutis scmpiternae, sed 
etiam in auspicium pacatioris acvi re- 
novetur. 

Quorum beneficiorum caelestium aus- 
picem paternacque Nostrac benevolen- 
tiae testem vobis, et Clero populoque 
universo vestrae fidei vigilantiaeque 
commisso apostolicam Benedictionem 
peramenter in Domino impertimus. 

Datum Romae apud S. Petrum die 
XXII Decembris anno mdccclxxxv. Pon- 
tificatus Nostri Octavo. 

LEO PP. XIII. 



Ahora, procuren todos con sumo 
cuidado a^n-adar á la gran Madre de 
Dios tributándole en ese tiempo mu}- 
especial culto y reverencia; pues quere- 
mos que este santo Jubileo se celebre 
bajo el Patrocinio de la Santísima Vir- 
gen del Rosario, y con su ayuda espera- 
mos que muchos serán los que laven su 
alma de pecados y revivan á la fe, la 
piedad y la justilicación, no sólo con la 
esperanza de su salvación, sino con 
auspicios de días más tranquilos. 

Como augurio de estos beneficios ce- 
lestiales y testimonio de Nuestra pater- 
nal benevolencia, otorgamos gustosísi- 
mos en el Señor la Bendición Apostólica 
á Vosotros, al Clero y á todo el pueblo 
encomendado á vuestro celo y vigi- 
lancia. 

Dado en Roma, en S. Pedro, el día 22 
de Diciembre del año 1885. Año octavo 
de Nuestro Pontificado. 

LEÓN XIII, PAPA. 





YlNDI©A©IÓN Y ^EMBIíAN^A 



DE 




'^>-©^í^- 



ID 



íTrncim^ 



lÜ^ 



(continuación.) 



III. 

Bonifacio VIII y losColonnas. — La gue- 
rra de Sicilia. — El año del jubileo. — Lii- 
chas y facciones en Italia. — El Imperio Ale- 
mán y el reino de Hungría. — Bonifacio 
VIII legislador. 




].\s condiciónesele sintética armo- 
nía, que requiere todo perfecta 
!i narración, parecen estorbar la 



lucidez necesaria en una controversia; 
mayormente si la coníiisión de los he- 
chos, ó la aparente contrariedad de las 
pruebas, ó la tiranía en fin de un pare- 
cer constante, aunque infundado, exi- 
gen del historiador precisas y distintas 
conclusiones. Por eso he sacrificado al- 
guna vez el orden de la cronología al 
mejor desempeño de la defensa, la bri- 



llante tarea del que narra, libre de opo- 
sitores, al más desgarbado oficio de 
vindicador quisquilloso; y asi, en vez 
de proseguir la vida del gran Pontífice, 
enlazando sus partes conforme en la 
realidad coexistieron, creí más acertado 
desligarlas, y en cada una de ellas in- 
sistir como de propósito. 

Advertencia ésta, que bien pudiera 
omitir como innecesaria, y que sin más 
consecuente, será introducción brevísi- 
ma á los actos con que honró nuestro 
Pontífice la tiara de S. Pedro, no in- 
cluidos en el cuadro de sus diferencias 
con el Rey Hermoso. Menos graves en sí 
y de menos nombre en la historia, mas 
lo bastante para irritar la santa cólera 
de muchos Aristarcos, y anublar la 
noche de las calumnias, fueron sin gé- 
nero de vacilación las famosísimas re- 
yertas que mediaron entre Bonifacio, 



lio 



Vindicación y semblanza 



á poco de electo Papa, y varios Carde- 
nales de la familia Colonnj. 

Si los vicios y rencores de herencia 
arrastran también a las grandes almas, 
por ser más fuertes que los lazos de la 
sangre, bien supo levantarse el octavo 
Bonifacio sobre las pasiones que agitan 
á la mayoría de los mortales. Porque 
no llevan camino las imaginaciones de 
muchos, que aquí principalmente esta- 
tuyen la causa de esa ojerir-.a, con que 
pretenden haberse mirado desde un 
principio el irascible Pontífice y los de- 
safor lunados Colonnas. De esta familia 
contó muchos entre sus amigos; á otros 
elevó por sus méritos á las alturas del 
Episcopado. Mateo Colonna persistía 
por la parte del Papa cuando las turbu- 
lencias excitadas por sus hermanos y 
sus deudos; Gil del propio nombre, or- 
namento del instituto agustiniano, teó- 
logo y filósofo de alto vuelo, grande 
asimismo por sus virtudes, ascendía á 
la silla de Bourges por acciones de Bo- 
nifacio, con quien le unió el vínculo de 
nunca rota amistad. 

Aun los restantes no aparecen mal- 
quistos con el Papa, hasta que muchas 
y gravísimas injurias exasperaron un 
corazón, para ellos, más que otra cosa, 
benévolo y afectuoso (i). Con documen- 
tos há poco desconocidos, se prueban 
hoy las excisiones entre los mismos Co- 
lonnas, y que acudiendo unos al Pontí- 



(i) Ilustró toda esta materia Petrini en 
1795 con su obra Memorie Prenesline, y en 
nuestros días el insigne polígrafo Wise- 
man, más acertado en éste que en los de- 
más puntos de su breve disertación sobre 
Bonifacio. Publicáronla por los años de 
1840 los An»a/i delle Scietize Religiose de 
Roma, L' Université Calholiquc en Francia 
y la Dublin Rcvicv) en Inglaterra. 



lice en demanda de justicia, en contra 
del Cardenal Jácome del mismo apelli- 
do y familia, depredador de sus bienes 
en camarada con otros, sentenció en 
contra del último Bonifacio, tros un 
proceso, cuya sustanciación le pertene- 
cía, así por acaecer el litigio en sus do- 
minios temporales, como por su digni- 
dad y por deseos de la parte ofendida. 
Unidos ya muy de antiguo los culpa- 
dos al partido de D. Fadrique, (tirano 
á la sazón de Sicilia, y por esta causa 
excomulgado de los Pontífices) llevaron 
muy á mal la intervención del Papa, 
continuando en sus extravíos y en con- 
nivencia con elSicifiano. Llamóles aquél 
al orden, y ya vista su rebeldía, envió 
una guarnición de tropas, que custo- 
diasen la ciudad de Palestrina, feudo 
de los Colonnas, defendiendo la cau- 
sa de unos y estorbando los proyectos 
de los otros, á título de Señor temporal 
interesado en los negocios de su reino. 
Los rebeldes, uniendo uno á otro in- 
sulto, extienden contra Bonifacio un 
libelo lleno de imposturas, en que pre- 
tendían no ser el legítimo Papa, por no 
haber renunciado válidamente su in- 
mediato antecesor, y excitando los pue- 
blos al cisma y la desobediencia. Cargos 
terribles, propósitos nada embozados, 
sino bien terminantes, delante los cua- 
les no le permitían callar á Bonifacio, ni 
su conciencia, ni su ultrajada dignidad, 
ni los peligros inminentes: sobre todo, 
extremándolos con sus armas la facción 
gibclina. Tiempo atrás, uno de los her- 
manos Colonnas, quizá Esteban (i), 
conculcando los fueros de la ley, sin 



(i) No á éste, como erróneamente afir- 
man muchos, sino á Jácome (Jacobus) Co- 
lonna se designaba comúnmente con e| 
denigrante epíteto de Sciarra. 



DE Bonifacio VIÍI. 



II I 



haber recibido injuria personal, y a im- 
pulso de su avaricia, robó al tesorero 
del Papa el dinero que por encargo 
custodiaba (i). 

Bien se ve que no era tan justo, tan 
comedido, tan ocasionado por el Vicario 
de Jesucristo el porte de los Colonnas. 
Hablan muy claro los hechos, para que 
necesitemos de apología; y no menos 
conservaron después este carácter, de 
prudencia y benignidad en el primero, 
de fogoso descoco y franca deslealtad 
en los últimos; los cuales, contestando 
con el famaso libelo á las intimaciones 
de su juez, no podían esperar ya mise- 
ricordia y buen tratamiento . Cundía 
cada vez más el grito de cisma, levanta- 
do por dos hombres, investidos para 
mayor escándalo de la púrpura carde- 
nalecia;y el Papa, en meritisima pena y 
para evitar nuevos despropósitos, les 
declara privados de tal dignidad por 
tantos y tan enormes crímenes, y sujeta 
á entredicho todas las ciudades en que 
hiciesen residencia. Medida de rigor, 
que sucedía por orden á las de blandu- 
ra: inútiles una y otras para la enmien- 
da de los Cardenales, que bien hereda- 
dos y poderosos, halagaban los ánimos 
de los malcontentos, y seguían adelan- 
te con su perversa voluntad. 

rCómo vencerla por buenos modos, 
una vez puestas las cosas en este término? 
La guerra con todos sus consiguientes 



(i) Si eran propios del Papa ó pertene- 
cientes á la Iglesia estos tesoros, es incier- 
to: contra Villani (Cron. L. VI, c. XXI) que 
asegura esto último, se aduce el testimo- 
nio de otros historiadores, entreellos el de 
Amaury de Auger (Amalricus) agustino, 
cuyas Vidas de los Papas, escritas en el 
siglo XIV, publicó Eccard, y después de él 
Muratori en el tomo III de sus Scriptores 
rerum italicariim. 



era una necesidad inevitable, ora aten- 
diese el Papa á poner en seguro sus tem- 
porales y amenazados dominios contra 
una confederación, cuyo poder de cada 
día más iba creciendo; ora á sacar á 
salvo su atacada dignidad. Como en 
negocio íntimamente ligado con el bien- 
estar de la Iglesia, empeña el celo de los 
verdaderos catóhcos en una lucha que, 
al uso de la época, recibe el nombre de 
cruzada. A los pujantes alardes con 
que braveaban los rebeldes, no había 
mejor protesta; y al poder bruto, con 
otro más crecido se había de contestar, 
desahuciadas las esperanzas de venir á 
pacífica reconciliación. 

La respuesta de los vasallos del Papa 
fué decisiva y valiente, llegando á tomar 
parte en aquella guerra ilustres matro- 
nas, dando todo el ejército pruebas de 
valor y poniendo miedo en sus imper- 
térritos enemigos. De unos en otros 
encuentros sucesivos, constituyóse el 
teatro de la lucha en la ciudad de Pa- 
lestrina, feudo de los Colonnas, y cuya 
conquista lográronlos soldados del Pon- 
tífice. Este, para ejemplar castigo de 
aqueüos cismáticos, cuya causa le com- 
petía por dos títulos , lastimados en- 
trambos con los recientes crímenes; dio 
órdenes para que se destruyesen las for- 
talezas y edificios de la ciudad mencio- 
nada, sujetando al sulco sus plazas y 
sembrándolas de sal (i). Recompensa 
bien merecida, aseguramiento único 
contra nuevas y nada improbables in- 
surrecciones; tributo, en fin, á las cos- 
tumbres del siglo y al carácter austero 
del injuriado Pontífice (2). 



(i) Pero á sus expensas levantó otra 
Bonifacio dándole el nombre de Civittá 
pápale. 

(2) Sobre todos estos sucesos anda muy 



\'lNnu:.\CI(')\ Y SF.Mlil.AX/A 



Tomaron el ciclo con las manos los 
facciosos, al verso tan duramente casti- 
gados, y poniendo len^^uas en la con- 
ducta de Bonifacio, y seguros de hallar- 
lo en el resentimiento y la ojeriza de no 



valida la absurda conseja que con minu- 
ciosa prolijidad de datos nos refiere el in- 
mortal poema dantesco. Dícese que un 
fraile franciscano, antes temible capitán, 
enemigo de la Santa Sede, y cuya conver- 
sión tan ruidosa había sido en +oda Italia, 
fue consultado por el Papa sobre el modo 
más fácil de conquistar á Palestrina; á lo 
que él, después de mil excusas y temores, 
no sin pedir á Bonifacio absolución antici- 
pada por la culpa que iba á cometer, (!!) le 
aconsejó que tratase las paces con los Co- 
lonnas, haciéndoles todo género de pro- 
mesas, y no cumpliendo ninguna cuando 
los viese sometidos á su autoridad. Esta es 
la sustancia del relato; porque en cuanto á 
las circunstancias más esenciales, varían 
mucho entre sí Dante, Pipino y Ferreto, y 
mientras el último nos presenta á Guido 
reconociendo la ciudad y las dificultades 
del asedio, Pipino dice haber sido secreta 
la consulta, y hace pesar toda la odiosidad 
del crimen sobre Bonifacio. Sus frases, 
calcadas sobre las de Dante, respiran tan 
enconada pasión, que el mismo Muratori 
se vio precisado á combatirle en la si- 
guiente advertencia:" A quo autem fonte 
hauserit hic auctor universam Pontificis 
historiam, contumasliisutique ac psené ma- 
Icdictis contextam, conjicerepoteris, lector, 
ab illis verbis quas aliquando intermiscet: 
dijudicxnt, ferunt; ea siquidem proculdu- 
bioindicant iniquos vulgi rumores, corrupti 
a famosis, ut ajunt, libellis Columnensium 
Urbe depulsorum.» ( S. R. Ital., T. XII, 
p. 969.) 

A estas diferencias, fatales, como dice 
Wiseman, para todo el relato, se une el 
silencio de muchos historiadores contem- 
poráneos, y nada favorables á nuestro 
F^oniífice: tal es por ejemplo, Juan de \'illa- 
ni, que habla de la conversión de Guido 



pocos malcontentos, presentan á aquél 
como violador infame de sagrados pac- 
tos, que le obligaban á respetar el terri- 
torio de Palestrina. Tiene esta acusa- 
ción por fianza el testimonio de los 



(Cronichc Fior., I,. \'II, c. 107) y de la toma 
de Palestrina (L. \'II1, c. 23), sin acordarse 
del inicuo consejo; tal, Riesvaldo de Ferra- 
ra, los Anales de Cesena, las Crónicas de 

Bolonia y cien otros testimonios de los 

más autorizados, si se exceptúa á San An- 
tonino, que, posterior al suceso y seducido 
quizá por Dante, le siguió con inocente 
fidelidad. (V. Cronic, ^ p.,Tít. XX, capítulo 
VIII, 5^. XIV.) 

De los reparos cronológicos, que esfuer- 
za mucho el P. Tosti, sólo mencionaremos 
el que parece resultar de la comparación 
entre dos fechas; la de la muerte de Guido 
y la de la sumisión de los Colonnas, acae- 
cidas una y otra en Setiembre de 1298; y 
como es de suponer que Bonifacio no de- 
moraría la realización de los consejos dados 
por el fraile, y como éste murió tranquila- 
mente en su celda, al decir de sus biógra- 
fos, se ve la casi imposibilidad de que pu- 
diese regresar desde Roma á su convento. 

No hay huella tampoco en los completí- 
simos Registros de Bonifacio VIII que se 
custodian hoy en la Biblioteca \'aticana, 
de carta ninguna dirigida por él á Guido ó 
á sus superiores, por donde se pueda sos- 
pechar algo en el particular; y esto lo ase- 
gura Wiseman, después de un examen de- 
tenido hecho por sí y por el prefecto de 
la mencionada Biblioteca. 

No insistiré sobre los absurdos morales 
que envuelve la narración dantesca; pero 
ccómo desconocer que quien era capaz de 
poner en práctica la perversa sugestión, lo 
era también de concebirla, una vez que sin 
esfuerzo habría de ofrecerse, no ya á una 
inteligencia como la de Bonifacio VI 1 1, sino 
á la de un malvado vulgar? Por otra parte 
no es creíble que estando los Colonnas en 
una posición tan ventajosa, se hubieran 
humillado sin resistencia: tanto más cuanto 



DE Bonifacio VIH. 



ir 



Colonnas; pero no pudieron ó no supie- 
ron comprobarla en el Concilio de Vie- 
na, cuando el Cardenal Gaetani salió á 
defender la causa de su difunto tío, pro- 
vocándoles i\ que demostrasen los im- 
putados crímenes, si ya no confesaban 
su evidente falsedad (i). Y en cuanto á 
la conducta del Papa, ^-cómo era posible 
que, posesionado ya de la ciudad, cuan- 
do los Colonnas fueron á demandarle 
perdón, dejase sin castigo tantos desa- 
catos contra su persona, siquiera no 
atendiese más que á su seguridad y 
la de la Iglesia, contra las muy proba- 



que, como ea breve demostraremos, no 
hubo entre ellos y el Papa pacto de ninguna 
especie; sino un verdadero rendirse a dis- 
creción de la parte vencida á la vencedora. 
(i) Según el testimonio, por nadie des- 
mentido, del Cardenal, dijo en Rieti uno 
de ios Colonnas al Papa: «Pecavi, pater, 
in ccelum et coram te: jam non sum dignus 
vocari lilius tuus. » (Ap. Petrini, Memorie 
Prenesíine, p. 431. Cfr. Rainaldi. Aun. ad 
j¡i. 1 312). Bien se ve que éste no es el tono 
más propio para invocar derechos. Villani 
dice terminantemente que se echaron á los 
pies del Papa implorando misericordia, y 
que el Papa les perdonó (gittaronsí a pie 
del detto Papa, alia misericordia, il guale 
perdono loro L. MU, c. XXIII); la cró- 
nica de Orvicto que fueron recibidos con 
mucha alegría por la curia romana (Petri- 
ni, 422); Paolino de Piera que fueron per- 
donados por Bonifacio, y hasta el mismo 
Pipino,al afirmar que el Papa despreció las 
lágrimas y ruegos de los Colonnas, (spretis 
lacrymosis corum confessionibus, atquepre- 
cibus, velut aspis surda, non est misertus 
eorum), nos da en sus calumniosas impu- 
taciones, desmentidas por los textos ya ci- 
tados, una prueba solemne de lo que va- 
mos diciendo; porque en el caso actual no 
podía coexistir el pacto con el perdón y la 
misericordia. (V. Tlie Dublin Rcview, Val. 
XI. n. XXII, Nov. 1841, pág. 5^0-41.) 



bles maquinaciones de un enemigo ma- 
ñoso, que sólo se rendía al tiempo de 
sentir el cuchillo en la garganta? 

Aparecía en verdad muy temible en 
sí misma la potencia de los Colonnas; 
mas lo era doblemente por estar aliados 
á muchos y poderosos Señores, y en 
general al partido gibelino, ya de atrás 
enemistado con los Papas, por opinio- 
nes políticas de no leve trascendencia. 

Entre sus adeptos contábase el her- 
mano del Rey de Aragón, D. Fadrique, 
que sin derecho á la corona de Sicilia, 
por renuncia de Jaime II y aclamación 
del pueblo, se dijo Rey contra la volun- 
tad de Bonifacio. Conformándose éste 
con la política de sus predecesores, an- 
helaba colocar la corona en las sienes 
del de Anjou, y así el patrocinio de los 
Colonnas acabó de indisponerle con 
D. Fadrique, bien que tales desavenen- 
cias tenían mucho más hondas y enve- 
jecidas raíces. 

No he de defender ahora la razón ó 
sinrazón con que el Vicario de Jesu- 
cristo tomaba parte, durante la edad 
media, en el repartimiento de los tro- 
nos; mas habiendo poseído el de Sicilia 
como feudo de la Santa Sede los hijos 
de Tancredo, y resultando ilegítima en 
sus comienzos la dominación de Fede- 
rico 11, fundamento á su vez de las pre- 
tensiones de D. Pedro III de Aragón; no 
parece desnuda de razones la legitimi- 
dad del patrocinado por los Papas; y en 
caso, á Jaime y no á su hermano tocaba 
combatirla en el terreno del raciocinio 
y de la guerra. Mas vino cabalmente 
á encenderse vivísima entre ellos dos 
(teatro en que ciñó lauros de gloria mi- 
litar el intrépido Roger de Lauria), por 
exigir el aragonés de D. Fadrique la in- 
mediata obediencia a los deseos de la 
Santa Sede. 



111 



Vindicación y semblanza 



Tentó ésta los caminos suaves para 
vencer la resistencia de D. Fadrique, 
con aquella gracia particular que po- 
seía Bonifacio, y aquella autoridad su- 
blime que siempre acompaña á las de- 
cisiones pontificias; pero ni una ni otra 
abrieron brecha en el corazón del de 
Sicilia, empeñado a todo trance en de- 
fender sus mal adquiridas posesiones. 
En la lucha que contra él promovía su 
hermano á instancias del l^apa, se quiso 
manifestar causa y espíritu religiosos; 
por lo que de sagradas manos recibió 
D. Jaime una bandera (i), que fuese á la 
vez símbolo y fianza de sus victorias. 
Entre algunas de menor cuantía seña- 
lóse la de Orlando, ganada por el de 
Aragón, y en que los dos ejércitos y sus 
respectivos reyes á la frente, pelearon 
con inaudita intrepidez, hasta rayar en 
enconada barbarie (2). 

Tras este encuentro partió D. Jaime 
para su reino, dejando el cargo de la 
guerra como baldío y de problemático 
interés, comparado con los muy graves 
de su corona. Falta de decisión, ó de 
magnanimidad , ó de todo junto, de 
que noticioso mostró el Papa mucho 
sentimiento, manifestándolo así en una 
epístola al monarca aragonés, con cuya 
vuelta quedaba en muy mal punto, y 
quizá sin esperanza de mejora, el nego- 
cio de Sicilia. 

Hacíase en efecto sordo D. Fadrique 
á todas las amonestaciones; mucho 
más cuando ya tuvo asegurada su suer- 
te con la defección de Jaime; y pasó á 
nuevos atrevimientos contra la autori- 
dad pontificia. Bien es cierto que no 
callaba ésta con vergonzoso apocamien- 



(i) V. Zurita, Analea de Arai¡ón, T. i .'', 
lib. \\ cap. XXW. pág. 335. 
(.') Id. Ibid., cap. X.X.WIIl. pág. -589. 



to, antes por su enérgico representante, 
fulminó los anatemas de la excomunión 
contra el rebelde, excluyéndole á él y a 
sus vasallos de las gracias concedidas á 
toda la cristiandad con motivo del so- 
lemnísimo jubileo. Siguiéronse de aquí 
rivalidades mutuas, odios casi inextin- 
guibles y males sin cuento, que por fin 
vino á atajar la sabia prudencia de Bo- 
nifacio. 

Visto con sobrada claridad el ningún 
efecto de las medidas de rigor, y des- 
pués de haber dado su parte á la justi- 
cia y al resarcimiento de las injurias 
inferidas á su dignidad, procuró hacer 
paces con el enemigo, por ver si le po- 
día reducir á buen término. Llegó has- 
ta confirmarle en su inmerecido título 
de Rey por mientras le durase la vida, 
aunque con obligación de traspasar la 
Sicilia de D. Fadrique á la Casa de An- 
jou, y con esto quedó por el pronto 
extirpada la causa de tantas desavenen- 
cias: ya que á la muerte de Bonifa- 
cio VIH volvieron á renovarse con nue- 
vo y desusado ardor. 

Pues hemos mencionado por inci- 
dencia el célebre jubileo del 1300, bien 
será apuntar alguna cosa sobre uno de 
los más gloriosos hechos de este ponti- 
ficado. Si la ocasión lo permitiese, ha- 
ríamos examen aquí de si esta solem- 
nidad era ya antigua y conocida del 
pueblo cristiano, ó bien comenzó próxi- 
ma é inmediatamente en tiempo de Bo- 
nifacio. La última suposición, así como 
suena y sin restricción ninguna, pare- 
ce insostenible con sólo leer las letras 
convocatorias del Papa, en que no se 
presenta como fundador, sino como 
restaurador del jubileo. Los caudales de 
erudición, acumulados sobre éste como 
sobre otros puntos por doctos investi- 
gadores, hacen vislumbrar huellas na- 



DE Bonifacio \'I!I. 



II 



da leves de esta costumbre en anterio- 
res tiempos, bien que en diverso modo 
y con diferentes adjuntos. Originaria 
del judaismo, que la tuvo por principa- 
lísima entre sus solemnidades, no de- 
bieron olvidarla los primeros Papas, 
que dirigieron la nave de S. Pedro des- 
pués de calmadas las olas de la persecu- 
ción. Y eso se inliere de múltiples docu- 
mentos como más plausible sentencia; 
lo cual no empece que en manos del 
celosísimo Bonifacio VIII cobrara como 
nueva vida este santo llamamiento, y 
providencialmente despertase á las na- 
ciones cristianas del letargo que las 
embargaba. 

Deplorable efecto de enconadas fac- 
ciones y funestos altercados con la San- 
ta Sede, residuos do las costumbres 
bárbaras, reinaba en la cristiana anar- 
quía el espíritu de división, á despecho 
de las medidas con que procuraron 
extinguirle los Pontífices de Roma. A 
la diversidad de razas y costumbres, 
uníanse las contiendas de los gober- 
nantes y la decadencia de la fe, único y 
solidísimo cimiento en que se afirmaba 
la unión de todos los pueblos europeos 
en una sola y sublime república. rPo- 
día excogitarse mejor arbitrio de obviar 
todos estos inconvenientes, que la con- 
vocación hecha por el Pontífice á todos 
sus hijos, para que con el tesoro de la 
gracia despertasen su fe ante los vene- 
rables recuerdos y magnificas perspec- 
tivas de la Roma cristiana, y estrechasen 
sus vínculos en presencia de su común 
arbitro y legislador.^ 

Demás de que el carácter de Bonifa- 
cio era de suyo grandioso y magnífico, 
como penetrado de la altísima digni- 
dad que le investía. Sus vastos proyec- 
tos de un orden y gobierno universal, 
sueño sublime que todavía llena ios 



grandes corazones: sus ideas sobre la 
política cristiana, no engendradas en el 
cenagal de mezquina ambición, sino 
hijas de admirable celo y bebidas en la 
historia de sus más ilustres antecesores 
en la Cátedra del Pontificado; todo se 
ajustaba á esta medida, preliminar de 
otras muchas, que la codicia de los 
monarcas cristianos y el golpe de ace- 
lerada muerte le impidieron realizar. 

Todavía no estaba muerta la fe de las 
naciones de Europa, á pesar de tantos 
y tan poderosos elementos como en su 
daño se conjuraron: y por entre el mar 
de sediciosas revueltas y nada infre- 
cuentes escándalos, flotaba como ben- 
decido bajel siguiendo su maravilloso 
derrotero. Los odios de los gobernan- 
tes, si en buena parte comunicados á sus 
pueblos, dejaron muchos intactos; y en 
cualquier manera el poderoso acento 
del Papa, no muerto del todo, aunque 
menoscabado su prestigio, resonaba 
poderosamente por todas partes, con- 
siguiendo obediencia hasta de los indi- 
ferentes, que en aquella universal con- 
moción ocultaban sus sentimientos. 

Así que la respuesta fué el entusiasmo 
fervoroso y la incondicional adhesión. 
Como para alegre solemnidad disponía- 
se la Europa, la hija predilecta de los 
Papas: movimiento tan espontáneo co- 
mo inaudito. El robusto joven y la deli- 
cada virgen abandonaban los amados 
lugares de su nacimiento, y en pos 
arrastrábase penosamente el anciano, 
que á impulsos de una le mas poderosa 
que su debilidad, iba con la dulce es- 
peranza de cerrar sus ojos á la luz des- 
pués de recibir la omnipotente bendi- 
ción del Vicario de (.risto, por la que 
Hbre de punzadores recuerdos, se le 
franqueasen las puertas de la gloria. En 
distinta forma, aunque acaso con ven- 

15 



ii6 



\'i\Di(';.\ci(')N Y sr:.Mi!i..\\z.\ de Bonifacio \'I1I. 



taja, parecía renovarse el espectáculo 
de las Cruzadas, perteneciente ya á 
tiempos anteriores, y á que por lo mis- 
mo estaban desacostumbrados. 

Opulentos mag^nates en maravillosa 
junta con sus pecheros ricos y pobres; 
^ente en suma de toda condición, tran- 
sitaba con inevitables penalidades los 
caminos que conducían á la ciudad eter- 
na, l-'ra de ver á los pocos meses, con- 
lundidos en inmensa muchedumbre, los 
pueblos de todo el mundo cristiano, 
mientras la Iglesia para premiar su so- 
licitud les franqueaba los tesoros de sus 
gracias. Sucesos como éste, nacidos sólo 
de la fe y entrelazados con la historia 
de la edad media, presentan no sé qué 
agradable tinte, y excitan hacia ella en 
el corazón profunda simpatía. Poéticas 
memorias que al recorrer con el pen- 



samiento las sediciones de Europa, son 
para el espíritu, fatigado con la me- 
moria de tantas turbulencias, á ma- 
nera de fresco oasis en prolongado y 
arenoso desierto. 

l'cro al enriquecjr á los que visitaban 
la Ciudad eterna, no p'jdía restringir 
sus gracias el Vicario de Cristo, y para 
que á todos comprendiesen, las exten- 
dió también á aquéllos que por legíti- 
mo impedimento no hubiesen podido 
emprender tan penoso viaje. Clara 
muestra de que, no su voluntad, sino 
las malas disposiciones de los excluidos 
fueron parte para estarlo del regocijo 
que inundaba á todos los cristianos. 

F^R. pRAXcisco Blanco García. 

(Se conlinuará.) 




LIBRO TERCERO 

DE LA SEGUNDA PARTE 




DE LAS 



lis íE lis ISiIS FILIPIMI 



CRÓNICA DE LOS RELIGIOSOS DE N. P. S. AGUSTÍN. 



(continuación.) 



Mucho sintió Corralat esta pérdida, y 
más saber que los nuestros se le iban 
acercando á su Corte de Simuy, y asi 
fortificó lo mejor que pudo la barra del 
río con ramales de estacadas muy fuer- 
tes. En lo más fondeable había atravesa- 
do muy grandes troncos que impidiesen 
la navegación á los nuestros, y en una y 
otra banda colocó muchas balsas carga- 
das de yerba seca para que encendidas 
hicieran daño con el fuego y el humo. 
Tenia hechas dos fuerzas una cerca de 
otra con muchos Holandeses, Macasa- 
res y Malayos. No obstante todas estas 
prevenciones, quiso Francisco de Es- 
teybar asaltar la primera fuerza, y lo hu- 
biera hecho á no habérselo disuadido 



todos los Capitanes, juzgándolo por de- 
masiada temeridad. Entre tanto fué con 
su armada al río de Buhayén,y envió al 
General D. Fernando de Bobadilla con 
treinta soldados, contra los pueblos de 
Tannil y Tabirán, y con otros al sargen- 
to mayor Juan de Aytamarrén contra 
los de Lumapoc y Buhayén.Este abrasó 
toda la armada que estaba prevenida 
para salir los moros en corso contra las 
Islas, y D. Fernando trajo muchos cau- 
tivos y muchos versos de bronce (i) y 
otras armas de fuego, lanzas y otros per- 



( I ) Los Versos son cañoncitos de forma 
de morteros, que á veces los hacen del 
tronco de una caña. 



liS 



CONOUISTAS DE LAS IsLAS l'l I.I I 'I ÑAS.- -SeGUNDA PaRTE. 



trechos. Insistía l-'rancisco Estoy bar en 
batir la fuerza de Corralat, y mientras 
lo disponía envió al í'-apitan Antonio de 
Palacios á quemar el pueblo de Tampa- 
can, y al ayudante Antonio Vázquez 
para que persiguiese la puente que Corra- 
lat enviaba todos los días á espiar nues- 
tros designios, que eran veinte moros, 
los más alentados: lo cual hizo tan bien 
Antonio \7izquez que no quedó ni uno 
vivo. Batió Francisco Esteybar la fuerza, 
pero sin efecto de consideración por su 
mucha fortaleza, y por hacer los baibe- 
nes de la resaca inciertos los tiros; y así 
dejando la batería, se volvió á la barra 
de Buhayén. Aquí envió á Juan de Ay- 
tamarrén contra un pueblo de Lutaos 
de Corralat, llamado Maolo, lo cual eje- 
cutó este con muerte de cuatro y cauti- 
verio de dos ellos. Francisco Esteybar 
hizo muchas diligencias por sacar á 
campaña al enemigo, y para ello envió 
dos tropas, una á cargo de D. Pedro 
de Mruega por un estero que llaman 
Sambulaguan, y otra con Aytamarrén 
por el monte: pero no pensaba otra 
cosa menos Corralat; y así le dejó en su 
madriguera, y llevando su armada se 
entró por el río de Sibuguey para ex- 
plorar sus entradas y salidas. Navegó 
tres días con este intento; pero se vol- 
vió porque iba enfermando mucha gen- 
te de beber el agua de aquel río, y así 
se fué á la Sabanilla, donde llegó á 17 de 
Febrero: Y por fin de esta empresa se 
retiró, porque el Gobernador de Manila 
le enviaba orden para que se volviese 
á su gobierno de las fuerzas de Ternate. 
Sucedióle en el gobierno de Zamboan- 
ga D. Fernando de Bobadilla, el cual 
siempre tuvo prevenida y 4 punto su 
armada, porque el astuto viejo Corralat 
esparcía rumores de salir en persona 
para correr las Islas: rumor que esfor- 



zaban los Lutaos sus confidentes por 
orden suya , pero sus intentos eran muy 
contrarios, y sólo pensaba en fortificar- 
se en su casa y no salir á hacer prueba 
de sus pocas fuerzas contra los españo- 
les, que tan mal le habían parado desde 
D. Sebastián Hurtado de Corcuera. Pe- 
ro con estos falsos rumores, tenían sus- 
pensas nuestras armas, y él iba atendien- 
do á su negocio. Hizo paces con Namú, 
Rey de Buhayén, su antiguo contrario, 
y por cuanto era división de ambos esta- 
dos el río de Buha3'én, concertaron ha- 
cer cada uno su fuerza y población en la 
boca del río, cada cual en el lado que le 
pertenecía. Encomendó la defensa de la 
barra de Simuey á Matundín, príncipe 
de Butig. Á dos principales que se le 
habían agregado fugitivos de la isla de 
Busilán, llamados Voto y Ondol, encar- 
gó la boca de un estero que va á Zam- 
boanga, y todas estas fortificaciones se 
defendían y daban la mano con largas 
estacadas : porque la experiencia de 
tantos años de guerra habían hecho 
muy diestro á este moro. 

Al contrario el Rey de Joló se había 
conservado muchos años en paz y bue- 
na correspondencia con los españoles 
con mucho sentimienta de sus princi- 
pales y Capitanes, que interesaban más 
en las correrías de guerra, que en tra- 
tos de paz: y así por medio de sus con- 
fidentes echaron voz que trataba el Rey 
de Joló de enviar una armada de veinte 
Joangas para robar estas Islas. De esto 
era principal autor un joloano llamado 
Linao mu}' introducido en relaciones 
con los españoles, y un Guimbano lla- 
mado Palia. Pero el Rey de Joló estaba 
muy ageno de intentar tales novedades, 
y nos hubiera sido mejor no haber creí- 
do con tanta ligereza. Despachó, con 
estas noticias, su armada D. Fernando 



POR EL P. Casimiro Díaz. 



lio 



de Bobadilla contra Joló á cargo del 
General D. Pedro de Viruega, y habien- 
do llegado á esta Isla halló ser falso 
lo que habían esparcido contra el Rey; 
y habiendo estado D. Pedro con él se 
volvió muy satisfecho de su quietud. 

No tardó mucho tiempo sin que vol- 
viesen á repetirse los rumores pasados 
contra el Rey de Joló, siendo el autor 
Linao, que deseaba el rompimiento 
para salir con otros armadores en cor- 
so contra estas Islas, en que interesaba 
más que en la paz de su Rey, como lo 
efectuó en compañía de otros dos, Li- 
bat y Sacahati, que salieron con algu- 
nas embarcaciones ¿ hicieron miucho 
daño en las Islas de Pintados y Masbate, 
hasta llegar ú los Limbones, de donde 
corrieron al corregidor de Ahraveles, 
y cautivaron al Provincial de nuestros 
Religiosos Agustinos Descalzos y á los 
que le acompañaban, pues volvía de 
visitar las doctrinas de Bolinao, aunque 
se escaparon saltando en tierra. Pero 
no lo pudo hacer el P. Fr. Antonio de 
las Misas, también Agustino Descalzo, 
que venía de Cuyo y Calamianes de vi- 
sitar aquellos Conventos. Puédese con 
mucho fundamento tener por mártir á 
este religioso, pues en sólo él se ensan- 
grentaron las manos del renegado Li- 
nao, habiendo perdonado á los demás 
por la codicia del rescate. Y aunque co- 
nocían que el de este Religioso les pro- 
metía ma3'or interés, prevaleció su odio 
á la fe contra su codicia, que en estos 
bárbaros es grande. Y confirma esto el 
rigor que usaron con una imagen de 
Ntra. Sra. del Populo, que llevaba este 
Religioso, en la cual emplearon sus cri- 
sés con rabiosa saña. Era este religioso 
anciano y había sido muy estimado por 
su virtud, y había tenido en la Religión 
oficios honrosos como Prior del Con- 



vento de Manila, Vicario Provincial de 
Cebú, y otros en Caraga. Tuvo un her- 
mano lego de la Compañía de Jesús en 
estas Islas, que también padeció el mis- 
mo género de muerte á manos de los 
bárbaros corsarios Camucones, nación 
tan cruel como cobarde, que son cuali- 
dades que siempre andan juntas. 

Grande fué el daño que estos corsa- 
rios hicieron en las Islas, y aunque salió 
contra ellos el Alcalde mayor de Bala- 
yan con algunas embarcaciones de ar- 
mada, no los pudo encontrar, ni él ni 
otras embarcaciones con buena gente 
que salieron de Manila para este efecto, 
por la sagacidad con que se escondían, 
escusando el encuentro; tanto que no 
acababan de creer en Manila fuesen 
enemigos de fuera de casa, sino indios 
alzados de la tierra, hasta que se les 
escapó un español que habían apresado 
en el baradero de Mindoro, con lo cual 
se acabaron de desengañar. Despachó 
el Gobernador una armada á cargo del 
almirante Pedro Duran de Monforte, 
soldado muy experimentado; pero ya 
acudió tarde el remedio; porque los 
corsarios hartos de quemar pueblos, 
robar y cautivar, se habían vuelto á su 
tierra, y así la armada después de ha- 
ber corrido en vano por Lubán, Mindo- 
ro y Panay, se volvió consiguiendo sólo 
el gasto que se hizo á la Real Hacienda, 
que es la que paga éstos y otros des- 
cuidos. 

La desconfianza que se había tenido 
de la quietud del Rey de Joló, ocasiona- 
ría tal vez que éste irritado, no hubiese 
estorbado estos daños; pero conocien- 
do, que el no dar satisfacción había de 
ser causa de rompimiento justificado, 
hizo embajada al Gobernador, que era 
D. Diego Sarria Lazcano, disculpándose 
y prometiendo castigar como lo hizo á 



120 



Conquistas r>E i.as Islas riLWiXAS. — Segunda Partí:. 



Liano, I.ibot y Sacahati, y se restitu- 
yeron muchos cautivos, que no fué 
poco, l-.l Hcy ('orralat tocaba sus armas 
falsas como solia hacer cuando le im- 
portaba, y también hi/.o ali^unas corre- 
rías ligeras por medio de los de Sibug- 
ney, y amenazaba á los Zebuanos de 
Dapitán. Todo se 'sosegó con haber en- 
trado en i6 de Junio de 1659 por Go- 
bernador de aquellas playas, D. .Agus- 
tín de (Cepeda, gran soldado, que murió 
en edad decrépita, Maestre de Campo 
de estas Filipinas. Conocía muy á su 
pesar Corralat el valor de este gran 
capitán, y asi no se atrevió á irritarle, 
contento con que le dejasen en paz. Don 
Agustín, como prudente, quiso probar 
los medios de la paz, é introducidas de 
ambas partes las prácticas, se consi- 
guieron con muy ventajosos partidos 
de parte de nuestras armas. 

Han sido las frecuentes correrías de 
estos moros corsarios, Mindanaos y 
Joloes, uno de los mayores trabajos que 
padecieron estas Islas Filipinas por mu- 
chos años continuos, siendo el azote de 
los naturales de las islas de Pintados y 
Camarines, Tayabas y Mindoro, como 
más cercanos al peligro y más flacos 
para la defensa. Estos han pagado con 
la amada libertad nuestros descuidos 
en defenderlos, no siempre culpables 
por la variedad de los tiempos. Pocos 
españoles han sido presa de estos ladro- 
nes rateros, sino algunos muy descui- 
dados; pero por estos han pagado mu- 
chos ReHgiosos y algunos Clérigos, 
Ministros de Doctrina, que han padeci- 
do duros cautiverios y crueles muertes. 
No le ha cabido poca parte de dispendio 
á la Real Hacienda, porque se han hecho 
innumerables gastos en armadas, las 
más inútiles por haber llegado la noticia 
del daño cuando se volvían los piratas 



sanos á sus tierras. Ocupación ha sido á 
veces defender las islas de estos ladro- 
nes rateros, de los mismos Gobernadores 
y Capitanes generales de ellas, como 
vimos en D. Sebastián Hurtado de Cor- 
cuera y de otros, en la primera parte de 
esta Historia. Toda la vida de Cachil 
Corralat que fué muy larga, pues pasó 
de noventa años, y la de su padre Bahi- 
sán, fuenjn alarma de continuo á nues- 
tra vigilancia, y ocasionaron fundar y 
conservar los presidios de Zamboanga, 
Sabanilla, Malanao y otros: que tantos 
gastos causaron y ningún fruto, porque 
las fortalezas solo defienden poco sitio y 
el mar tiene muchos caminos, y así no 
evitaban que saliesen sus armadas cuan- 
do querían. Y Corralat tenia á todos los 
Lutaos por espías por lo mucho que le 
respetaban, y ser en lo oculto tan moros 
como él; porque nunca se halló Lutao 
que no estuviese circuncidado y que co- 
miese puerco, que es lo que constituye 
su morisma, y en tener muchas mujeres 
y ser enemigos de cristianos.' porque en 
lo demás son ateístas y no saben que es 
Alcorán, y que contiene. Y según yo oí á 
soldados experimentados en estas gue- 
rras, no hay más remedio contra los 
enemigos Joloes y Mindanaos, que ar- 
madas que les vayan á buscar á sus ca- 
sas, y hacerles el daño que se pudiere, 
sin entrar tierra adentro, porque no han 
de hallar en quien vengarse, salvándose 
los habitantes en sus espesos montes y 
en cerros inexpugnables. 

Después de tantos años de trabajos se 
apiadó la divina misericordia de estos 
pobres naturales, que era donde se ceba- 
ba la crueldad y codicia de los moros, 
escogiendo por medio al mismo Corra- 
lat, que había sido la causa de los pasa- 
dos estragos. Este con la vejez y la ex- 
periencia llegó á conocer el perjuicio 



POR EL P. Casimiro Díaz. 



121 



,que se seguía a su nación, y mas á los 
Reyes de Mindanao, de tener tan va- 
lerosos enemigos como había experi- 
mentado á los españoles, y así el tiem- 
po que vivió conservó las paces con 
Manila con buena correspondencia y 
logro de el comercio de ambas partes. 
Y llegando su muerte, que fué al lin del 
año 1671, dejó muy encargada la paz 
á su sobrino y heredero, Balatamay, 
con grandes maldiciones é imprecacio- 
nes á su usanza. Y ellos le obedecieron 
de modo, que en mucho tiempo no 
se oyó de corso, como no fuesen algu- 
nos Camucones sujetos á Borncy. El 
Rey dejólo, Paguián, ha conservado las 
mismas paces y amistad, porque toda la 
morisma de estas partes reverenciaba á 
Corralat como si fuera el mismo Maho- 
ma, porque fué moro de mucho valor, 
entendimiento y sagacidad, además de 
ser muy celador de su maldita secta, y 
gran hechicero, de todo lo cual habrá 
tenido el premio merecido. 

CAPÍTULO XVII. 



SEGUNDA ELECCIÓN EN PROVINCIAL 

N. P. FR. DIEGO DE ORDÁS, PÉRDIDA DEL 

G.\LEÜN VICTORIA Y ALBOROTO 

DE LA PAMPANGA. 

(1659-1660). 

En todos los tres años de su gobierno 
de esta Provincia se mostró nuestro 
P. Fr. Alonso Quijano, Prelado pru- 
dente y religioso, y tal cual necesitaban 
los tiempos tan calamitosos como fue- 
ron los que vamos escribiendo, pues 
también le tocó á nuestra Provincia 
gran parte de infelicidad por hallarse 
muy falta de Religiosos que sirviesen 
en el penoso empleo de las Doctri- 
nas: porque para el corto socorro que 
había tenido de Nueva España el año 



de 165-j, habían fallecido veinte, y entre 
ellos los Padres Provinciales pasados, 
Fr. Jerónimo Medrano y Fr. Andrés 
Verdugo, que sumaban falta de mu- 
chos, por ser dos firmes columnas de 
esta Provincia. El Procurador que se 
envió los años pasados, Fr. Cristóbal 
Enríquez, había muerto en Cáceres su 
patria antes de conseguir misión, por 
las muchas dillcultades que tenía que 
vencer, que es lo que mas le apresuró 
la muerte. El P. Fr. Juan de Torres que 
había sido despachado en su seguimien- 
to, murió en este mar del Sur en la nave- 
gación para Acapulco; y así se hallaba 
esta aflijida Provincia reducida á tan 
corto número de Religiosos que eran 
desiguales para sustentar tanto peso. 
Esta falta de ministros evangéhcos no 
sólo la padecía nuestra Provincia, sino 
las otras Religiones que se quejaban 
de la misma dolencia; porque las pérdi- 
das de tantos galeones y los dificultosos 
despachos en España por los muchos 
gastos de guerras, detenían los socorros 
necesarios para la asistencia de las Doc- 
trinas. Y lo peor era que como había tan 
pocos y llevaban el trabajo de muchos, 
eran más los que morían oprimidos 
de la sobrecarga que la necesidad obli- 
gaba á imponerles. Todas estas adver- 
sidades templó con su cordura y gran- 
de prudencia N. P. Fr. Alonso Quijano 
en su afligido trienio, serenando su 
apacible semblante las mayores tormen- 
tas, y dando muestras del grande cau- 
dal de prudencia y sagacidad que guar- 
daba en su pecho, dejando á toda la 
Provincia deseosa de volverle á colocar 
en el candelero del mando, siempre que 
hubiese ocasión de hacer tan acertada 
elección, como lo consiguió el año de 
16Ó5, según se dirá en su lugar. 
Habiéndose cumplido el término de 



122 



Cn.Ni)UisT.\s DI-: i.AS Isi.AS Fii.i pi ÑAS. — Skciinda Parie. 



los tres años de su g-obierno llegó el 
día señalado por nuestras Constitucio- 
nes para celebrar nuevo Capitulo Pro- 
vincial en el Convento de S. Pablo de 
Manila, que fué el dia tres de Mayo de 
1659 en el cual presidió el P. l'r. Dioni- 
sioSuarez, primer definidor del Capítulo 
pasado, y fué electo segunda vez en Pro- 
vincial con uniforme consentimiento de 
todos N. P. Fr. Diego de Ordás; pero con 
grande resistencia de su parte, pues hizo 
todas cuantas diligencias pudo para es- 
cusar la elección. Pero tenía contra esta 
resistencia la instancia de todos los Ca- 
pitulares, ó por mejor decir la gran 
prudencia y religioso celo con que ha- 
bía gobernado la primera vez que fué 
electo el año de 1647. 1 la sido esta Pro- 
vincia siempre muy cauta en no entre- 
gar el timón de su gobierno á pilotos 
nuevos, teniéndolos diestros y experi- 
mentados, porque las más veces sale 
la elección poco acertada por fiarse de 
apariencias, que suelen ser costosas 
al buen gobierno como dice Hipócrates 
(Aphor. I.) sucede en la medicina: Expe- 
rimcnlum periculosiim, judicium difficile. 
Es el sistema y composición de esta 
Provincia muy distinto del de los de- 
más de Europa, y necesita de otra 
suficiencia de la que estas piden: y así 
se echa por el atajo de la experiencia, 
que es por donde se suele errar menos. 
No hay mayor seguridad de la victoria 
que haber ya vencido: Axñ'// vincens iit 
vinceret, dice el Apocalipsis cap. 6, núme- 
ro 2. Ni hay más seguro sembrador, que 
el que está ejercitado en este oficio. Exiií 
qui seminal seminare, Math. c. 13, n. 3. 
Porque no es el mando ejercicio que se 
haya de encomendará otro que se quede 
con la carga como el carro, y dejando el 
gobiernr» al carretero, porque ha de ser 
como Elias, carro y carretero: Car rus Is- 



rael esl ainiíra ejus: IV Reg. cap. 1 3, n. 14. 
Esta es la razón por la cual esta Provin- 
cia se va á lo más seguro en las eleccio- 
nes de Prelado, repitiéndolas en los que 
sean experimentados y dignos de gober- 
nar. Porque muchas veces son las voces 
de Jacob, y las manos, esto es, las obras 
de Esaú, ásperas y rígidas. Y así para 
mayor seguridad en esta ocasión, puso 
la Provincia los ojos en N. P. Fr. Diego 
de Ordás, y el tiempo, porque fué de 
igual calamidad que el pasado, fué buen 
testigo de este acierto; pudiendo decir 
esta Provincia con San Pedro Crisólo- 
go in Psal. 44, serm. 231: Naiiis esí Jilius 
quicam non pondere inclinel, non commo- 
tione solicite i, non asperilale corilurbet : sed 
Jideli subslinens obsequio familiam blanda 
institulione componat. Salieron electos en 
Definidores los Padres Fr. Pedro Mejía, 
Fr. Pablo Maldonado, Fr. Juan de Borja 
y Fr. José Duque, y votaron por Visita- 
dores el P. Lector Fr. Antonio Carrión 
y Fray Isidro Rodríguez. Hiciéronse ac- 
tas muy útiles para el buen gobierno de 
la Provincia y mejor expediente de la 
predicación evangélica, en cuya obser- 
vancia fué muy vigilante N. P. Ordás 
el tiempo de su trienio. 

Todos los diez años de el gobierno de 
el prudente y magnánimo gobernador, 
D. Sabiniano Manrique de Lara, fueron 
un funesto periodo de trabajos y de 
desgracias, cuales nunca habían padeci- 
do estas Islas, por lo grandes y conti- 
nuas. Y que hubieran sido sin duda más 
penosas é intolerables, si no las hubieran 
suavizado y hecho menores la pruden- 
cia, agrado y clemencia de este gran 
Gobernador, que parece educaba la 
divina Providencia (que gentílica frase 
llamara fortuna) á D. Sabiniano para 
un gobernador de tales tiempos: dotóle 
de afabilidad y gracia para desvanecer 



POR EL P. CaSI.MIRO DiAZ. 



123 



lo melancólico de sus tiempos, pues 
aun sus burlas se cuentan por primo- 
res de el arte, para suavizar las infelici- 
dades, al modo de las que se cuentan 
con gusto de el gran D. Pedro Girón, 
Duque de Osuna, en Ñapóles y Sicilia, 
que pareciendo donaires, eran máximas 
serias de estado de su discreción. Ilízole 
clemente para serenar las adversidades, 
No gozó sino padeció un gobierno en- 
fermo de propios accidentes, que Hu- 
tuaba en los mismos fundamentos de 
su erección, combatiéndole tantos ene- 
migos como los que lo son de Dios, he- 
rejes, moros y gentiles. Y así primero 
le guió por las experiencias de Oran, 
donde aprendió los rudimentos de la 
milicia y penetró los artes de la perfidia 
mahometana. De aquí pasó á Lisboa, 
donde asistió á los consejos de su últi- 
ma gobernadora la princesa de Mantua, 
cuando estaba minada la estabilidad de 
aquel Reino con el fuego de tantas pa- 
siones que ocultaba la simulación en 
sujeción violenta. Hízole cursar las es- 
cuelas de política y arte de mandar en 
las universidades de esta facultad, Ma- 
drid, Sevilla, Genova, Ñapóles, Florencia 
é Inglaterra, y graduado de experien- 
cias, le trasladó á la América, y después 
le colocó en el Asia en el dilatado go- 
bierno de estas Islas. Y se podía aquí 
concluir con un Epifonema como el 
de Virgilio: Tantee molis erat Romanam 
condere gentem, diciendo con propiedad 
Tantee molis erat Proregem condere talem. 
De tanto cuidado era criar por sus gra- 
dos á un gobernador perfecto. No me 
mueve pasión de patria, afecto ni lison- 
ja, pues nada se hallará en mí, que solo 
vi y hablé á este caballero en Carmona 
el año 1667. Solo me mueven los aplau- 
sos y buenas memorias (que el portu- 
gués dijera con razón saudades) que 



hallé recientes de su prudente y acerta- 
do gobierno, luego que entré en estas 
Islas cinco años después de haberle de- 
jado en otro que le hacía lucir más, 
como la purpura junto á otra purpura. 
Y se les debe dar todo crédito por ser 
Laudes post consumationcm cuando ni la 
lisonja, ni el interés, ni el respeto obli- 
gan á decir lo que no siente el corazón. 
Ya hemos visto los frangentes que 
parece se mancomunaron para hacer 
desgraciado al gobierno de este caballe- 
ro; pero su constancia, valor y pruden- 
cia, militaron para que no fuesen ma- 
yores. Conoció bien la independencia 
de este gobierno, que es muy grande y 
sin igual. Vio de lo alto de su cumbre 
el precipicio del poder, donde la distan- 
cia de su Rey si le concede soberanía 
en las resoluciones, para la ejecución le 
quita la libertad. Temió viendo que 
sola la voluntad es la medida del poder 
en un Gobernador de Filipinas, y rece- 
loso que ésta con sus pasiones le estor- 
vase el acierto, consultó sus operacio- 
nes con el temor de Dios y la razón. 
Consideró un reino sitiado de enemigos 
y necesitado de ellos. La necesidad aga- 
sajó los peligros, porque sin ellos no se 
podía vivir, y con ellos no se podía des- 
cuidar. Los empeños grandes, las fuer- 
zas tenues, y por su descaecimiento 
cada día menores. Conspiraban en 
nuestro daño hasta los mismos reme- 
dios. En los socorros de Nueva España 
apenas llegaban cien hombres, y pasa- 
ban de otros ciento los que morían en 
el galeón que iba á traerlos, siendo más 
las íuerzas que consumía la solicitud 
del remedio, que las que restituía la 
aplicación. Sobre esto se habían perdi- 
do cuatro galeones que sepultaron más 
de quinientos hombres en estos mares, 
pérdida que acabó de postrar la salud 

ló 



12.Í 



Conquistas de las Islas Filipinas. — Segunda Parte. 



ác estas Islas, y sangría que ocasionó 
su mayor desmayo. Un millón de pesos 
fueron el socorro que en diez años tuvo 
D. Sabiniano, cuando en años de m.'no- 
res empeños venían de Nueva España 
quinientos mil cada año. Siendo el me- 
nor gasto que en su fábrica hace un ga- 
león sesenta mil, y ser tan frecuentes 
sus pérdidas por la ñereza de sus mares, 
que es raro el año en que no se cuenta 
una desgracia, y á veces dos juntas 
como el año de 1694, 4^^ se perdió en 
Lubán el gran galeón S. José, del cargo 
del general D. José Madrazo, y tan 
grande que se duda hubiese habido 
otro mayor en el mundo, y á tanta des- 
gracia se añadió la pérdida de El Sanio 
Cristo de Burgos, del cargo del general 
D. Bernardo de Bayo, que hasta el día 
de hoy no se ha tenido noticia de donde 
y como se perdió. 

Lo mismo sucedió este año de 1660 
con el galeón Vicloria, que despachó 
D. Sabiniano Manrique de Lara con el 
socorro que envió á los presidios de 
Zamboanga y Ternate con la más luci- 
da infantería que pudo en tiempos tan 
escasos de todo, que era la compañía 
entera de D. Juan de Valderas con su 
alférez, sargento y demás cabos, y un 
ayudante llamado José Ruiz, natural de 
Tlascala. Embarcáronse en él el P. Fran- 
cisco Roa, Provincial de la Compañía 
de Jesús, y su compañero el P. José 
Pimentel, y un hermano coadjutor, Lo- 
renzo de Alba. Llegó la nao Victoria á 
Iloilo, donde se le juntaron un patache, 
dos champanes del dicho socorro, y 
habiendo proseguido su viaje se perdió 
en la travesía de punta de Nafo á Zam- 
boanga, de modo que hasta el día de 
hoy, que han pasado cincuenta y ocho 
años, no se ha sabido el paraje donde 
se perdió, ó si se quemó, ó la sorbió el 



mar. Solo se cuenta que el Rey de JoIó 
Bacti-al-Paguian escribía el gobernador 
de Zamboanga D. Fernando de Boba- 
dilla, que estando un embajador suyo 
en el reino de Yahul en Borney, se ha- 
bían descubierto en el mar un cuartel 
de navio de grande tablazón con cinco 
hombres muertos, al parecer españoles, 
y bien vestidos con botones de oro y 
plata y de lo mismo las guarniciones de 
las espaldas, que mostraban ser gente 
principal, y habiéndolos reconocido no 
los hallaron herida alguna. Y que ha- 
bían llevado al Rey de Yahul los boto- 
nes y espadas y algunos vejuquillos de 
oro que llevaban al cuello. Esta es sola 
la noticia que hay de la pérdida del ga- 
león Victoria, pero del galeón Santo 
Cristo de Burgos, ya dicho, y de otro 
galeón llamado S. Francisco Javier que 
el año de 1705 salió para Acapulco á 
cargo del general D. Santiago Zabalbu- 
ru, hermano del gobernador D. Do- 
mingo Zabalburu, no se había tenido 
noticia alguna. En ambos galeones per- 
dimos Religiosos que iban á España, en 
la primera al P. Lector Fr. Francisco 
Ugarte, vizcaíno, religioso de grandes 
letras y muy aventajada virtud, que iba 
por Procurador de esta Provincia para 
conducir misión de Religiosos á ella. 
Mucho podía escribir de las virtudes de 
este religioso que fueron grandes, y por 
ellas y su prudencia había venido el 
año de 1684 por Prelado y mayor de una 
muy lucida y copiosa misión de cin- 
cuenta y cuatro Religiosos, que enviaba 
desde España el P. Fr. Manuel de la 
Cruz, Procurador de esta Provincia, 
que se había quedado en el hospicio de 
Sto. Tomás de \'illanueva, que tenemos 
extramuros de la ciudad de Méjico. En 
el galeón S. Francisco Javier se perdie- 
ron los PP. Fr.Juan Rebelles, Fr. Anto- 



POR EL P. Casimiro Díaz. 



125 



nio Rubio y Fr. Juan Roldan, que se 
volvían á sus Provincias. 

Este mismo año para que todo fuese 
de infortunios, salió del puerto de Lam- 
pón para Acapulco el galeón Nuestra 
Señora de la Concepción, obra nueva 
del grande maestro Juan Bautista Nico- 
lá, célebre en su arte, en la cual iba por 
general Esteban Ramos, y después de 
haber padecido grandes tormentas en 
la altura de la navegación, arribó desar- 
bolada a Cavite, causando triste des- 
consuelo á la afligida repiiblica de Mani- 
la. Y para echar el sello á las desgracias, 
lo mismo la sucedió el año siguiente 
que volvió á salir para hacer su viaje, 
con que se acabó de rematar el des- 
consuelo. 

Son tan frecuentes estas pérdidas que 
D. Juan Grau de Moníalcón, Procura- 
dor en Madrid de la Ciudad de Manila, 
en un curioso tratado que presentó al 
Real y Supremo Consejo de Indias, hace 
computo de sesenta y cinco años y sólo 
cuenta quince exentos de tales desgra- 
cias. Pero en este calamitoso gobierno 
fueron casi continuas, aunque todas es- 
tas desgracias las recibió D. Sabiniano 
con serenidad y constancia y con apa- 
rente alegría de su prudencia para que 
el dolor no llegase á despecho. Porque 
la constancia de el principe es aliento 
de el vasallo, que no tiene otras señas de 
el peligro que las que da el rostro de el 
que gobierna, que es el cielo que las 
pronostica. Pero no pudo el arte des- 
mentir mucho tiempo tanta miseria. 
Acecharon las Provincias más belicosas 
de estas Islas los accidentes de nuestras 
pocas fuerzas, por más que las disimu- 
laba la prudencia. Quisieron lograr tan 
buena ocasión pareciéndoles oportuna 
para cobrar su libertad, don de inesti- 
mable precio. Es siempre violenta la 



sujeción, y lo violento necesita de otra 
mayor violencia que reprima esta na- 
tural inclinación. Y en naturales cuya 
condición los hizo abatidos crece este 
apetito con más vehemencia. No cono- 
cían que los españoles les habían saca- 
do de el duro cautiverio de su bárbara 
tiranía, á una sujeción generosa que 
los hizo más dueños de su libertad, por- 
que no habían padecido lo primero. 
Llegaron á conocer nuestro poco poder, 
y de aquí pasaron á despreciarle; pre- 
sumieron más de el suyo de lo que de- 
bían y se arrojaron inconsideradosá mi- 
rar sólo el fin, olvidados de los medios. 
Los primeros que se decidieron á expe- 
rimentar fortuna fueron los pampangos, 
nación la más belicosa y noble de estas 
Islas, y cercana á Manila. Y era lo peor 
hallarse ejercitada en el arte militar en 
nuestras escuelas en los presidios de Ter- 
nate, Zamboanga, Joló, Caraga y otras 
partes, donde se conoció bien su valor; 
pero este necesita del abrigo del nues- 
tro, y así decían que un español y tres 
pampangos, valían por cuatro españo- 
les. Hallábanse vejados de repetidos 
cortes de maderas para la continua fá- 
brica de galeones, y no satisfechos de 
muchas compras de arroz que se les 
debían. Es la Provincia de Pampanga 
de nuestro cargo espiritual, donde te- 
nemos diez y seis conventos y doctri- 
nas de los mejores que hay en esta 
cristiandad. Los conventos son: Bacolor 
su cabecera, Baua, Lubao, Sexmoan, 
Betis, Porac, México, Minalin, Macabe- 
be, Apalit, Candava, Arayat, Magalang, 
Capan y Santor. Y en los montes de 
estos tenemos grandes misiones de 
naciones belicosas que se van convir- 
tiendo á nuestra santa fe, llamadas de 
italones, Abacaes y Calonasas é Ituries 
y otras varias reducidas á muchos pue- 



126 



Conquistas de las Islas Filipinas. — Segunda Parte. 



blos, y cada día se van aumentando, y 
esperamos en Dios que crezcan mucho 
sino se atraviesa la sujeción de tributo 
y servicios personales, á que tienen 
f^rande horror, y son las remoras que 
tardan las conversiones de estas nu- 
merosas naciones, unas gentiles y otras 
recién convertidas, porque en estos na- 
turales de condición abatidos, crece el 
apetito de la libertad con gran vehe- 
mencia instigado de la envidia que les 
causa lavistade laquegozanotrasnacio- 
nes,por mas hidalgas ó por más genero- 
sas, ó porque se la concede su cultivado 
ingenio. Muchas naciones fueron venci- 
das porque no conocieron sus fuerzas 
hasta que las vieron rendidas. En estas 
Islas lo experimentamos, que ninguna 
Provincia vive más pacifica que las que 
nos recibieron de guerra, y ninguna ha 
intentado novedades sino las que nos 
convidaron con la paz. De estas las más 
pusilánimes han procurado con más 
rigorosos reparos sacudir el freno de la 
sujeción. Las circunvecinas á Manilafue- 
ron las últimas, porque con ellas tenía 
la mano recogidas las riendas, y á unas 
atemorizaba la inmediación de nuestro 
poder, y á otras el pundonor las dete- 
nia, viéndose admitidos al honor de 
nuestras armas y honrados con la con- 
fianza que hasta esta ocasión había 
merecido la fidelidad de la nación Pam- 
panga. En esta ocasión fueron los pri- 
meros que rompieron, por no poder 
nuestra estimación quitarles su natural 
bajeza. 



CAPITULO XVIII. 



PROSIGUE LA ALTERACIÓN 

DE LA PROVINCIA DE LA PAMPANGA HASTA SU 

TOTAL PACIFICACIÓN, Y DE LA SUBLEVACIÓN 

DE PANGASINÁN. 

(1660.) 

Determinados los pampangos á rom- 
per las coyundas de la sujeción y sacu- 
dir el yugo del imperio español, lo 
ejecutaron con valor, y al parecer de 
ellos con justificados principios en el 
corte de maderas que estaban haciendo 
en sus montes, en el sitio llamado Ma- 
lasinglo y Bocoboco, dando los prime- 
ros colores algunas vejaciones que les 
hacía Juan de Cortaberria, Cabo Super- 
intendente de dicho corte, el cual duró 
ocho meses, asistiendo á su trabajo mil 
hombres pampangos en los reparti- 
mientos que se acostumbran. A prime- 
ros de Octubre de 1660 hizo sus pri- 
meros movimientos la fidelidad de la 
Pampanga, irritándose contra los so- 
brestantes del corte, maltratándolos; y 
pegando fuego á los camarines de su 
albergue declararon á la luz de las irri- 
tadas llamas su temeraria intención, 
nombrando por cabo del alboroto á 
un indio principal. Maestro de Campo 
por su Majestad, llamado D. PYancisco 
Maniago natural de el pueblo de Méxi- 
co. Asistía al dicho corte por capellán 
un religioso de la Orden de Sto. Do- 
mingo, llamado el Padre Fr. Pedro 
Camacho, el cual hizo las diligencias 
posibles por aquietarlos, pero todas fue- 
ron en balde, por lo cual se determinó 
á venir á Manila y dar de todo cuenta al 
Sr. D. Sabiniano Manrique de Lara, á 
quien dio á entender que no tenía por 
acertado el dictamen de que se proce- 



POR EL P. Casimiro Díaz. 



127 



diese con rigor con los cabecillas de el 
alboroto. Tan presto como llegó al Señor 
D. Sabiniano la noticia de aquel incen- 
dio, llegó el aviso del alcalde mayor de 
la Provincia de la pampanga, llamado 
D. Juan Gómez de Payva, que todo lo 
desvaneció por introducir la seguridad, 
en cuya consecuencia volvió á despa- 
char el Sr. D. Sabiniano al Padre Fray 
Pedro Camacho con recaudo para 
aquellas gentes, que de su parte les ase- 
gurase el perdón y el socorro, si vol- 
vían á restituirse á su trabajo. El Señor 
D. Sabiniano bien conjeturó el empeño 
por las circunstancias del tiempo, pues 
el alboroto era en una de las naciones 
más belicosas de estas Islas, y estaba el 
campo de Manila exahusto de solda- 
dos, por los continuados socorros del 
Maluco, y asistenciaal socorro que había 
venido de Nueva España en el patache 
S. Damián á cargo del Almirante D.Ma- 
nuel de Alarcón, enviado por el Virrey, 
Conde de Baños, que se había extraviado 
á contra costa del puerto de Lampón; 
y así aunque mostró quedar satisfecho, 
quedó á la verdad con el mayor cui- 
dado. Escribió de secreto á N. P. Fr. José 
Duque, Prior que entonces era del Con- 
vento de Sexmoán, y al P. Fr. Isi- 
dro Rodríguez, Prior del Convento de 
Baua, para que con la autoridad que 
se habían grangeado en tantos años de 
ministros en aquella Provincia, procu- 
rasen reducirlos á lo mejor. Trabajaron 
estos religiosos con tanto mayor empe- 
ño cuanto era lo que se arriesgaba en 
el alboroto; pero todo fué poner espue- 
las á su osadía, atribuyendo á temor 
que se les tenía los medios pacíficos 
que se intentaban. Mostrólo el efecto, 
pues quitando de una vez la máscara 
del rebozo, se presentaron armados en 
el pueblo de Lubao, capitaneándolos el 



susodicho D. Francisco Maniago, aun- 
que se fueron muchos de los amotinados 
á sus pueblos. luciéronse fuertes otros 
en un buen escuadrón en el pueblo de 
Bacolor, estacando las bocas de los ríos 
para impedir el comercio de aquella 
Provincia con Manila: escribieron car- 
tas á las Provincias de Pangasinán é 
llocos, para que á su imitación sacudie- 
sen el pesado yugo de los españoles, 
matando á cuantos hubiese en aquellas 
Provincias. Llegó á D. Sabiniano de 
noche la noticia, y sin detenerse á es- 
perar el día, con los doce cabos mili- 
tares en su compañía, se embarcó y fué 
á amanecer al pueblo de Macabebe. 

Llevó el Gobernador en la compañía 
con su alférez, Francisco de Roa y de- 
más cabos, á los siguientes recienfor- 
mados generales D. Felipe de Ugal- 
de, Juan Enriquez de Miranda y Don 
Juan de Vergara: Almirantes D. Die- 
go Cortés y D. Félix de Herrera Roba- 
chero. Sargentos mayores D. Pedro Ta- 
mayo, Martin Sánchez de la Cuesta, y 
Pedro Lozano. Capitanes D. Pedro Car- 
mona, D. Juan de Morales, D. José 
Cascos de Quirós, D. Alonso de las Ca- 
sas, D. Alonso de Quirante, D. Gabriel 
Niño de Guzmán, Juan Diaz Yañez, Sil- 
vestre de Rodas, y á su Secretario el 
General Sebastián Rayo Doria, y Juan 
de Padilla. Escribanos de gobierno el 
Capitán Juan Fijado y el Capitán Simón 
de Fuentes, y los ayudantes Pedro Mén- 
dez de Sotomayor y Francisco Iglesias. 
Con esta gente, que serían lo más 300 
hombres, en once champanes peque- 
ños, con cuatro piezas de artillería de 
cuatro libras de bala, se puso en cami- 
no el Sr. D. Sabiniano, y llegó al pue- 
blo de Macabebe á las seis de la tarde 
del día siguiente, por haberse detenido 
mucho tiempo en quitar las estacas con 



128 



Conquistas de las Islas Filipinas. — Segunda Parte. 



que tenían cerradas las bocas de los 
ríos. Todas las Islas se arriesgaban en 
esta guerra, por estar todos á la mira 
del suceso, que siendo adverso á los es- 
pañoles había de dar mucho crédito á 
esta nación, y tanta confianza á las de- 
más, que ninguna había de perder la 
ocasión de su imaginado alivio. Muy 
arriesgado era el remedio de las armas, 
porque victoriosos ó vencidos de cual- 
quiera suerte dejaban muy disminuido 
y debilitado el poder español; pues ha- 
biéndose sacado tan solamente doscien- 
tos infantes para esta facción del campo 



de Manila, fué menester que supliera su 
falta el estado eclesiástico en aquella 
ciudad, cuyo gobierno dejó á cargo del 
Maestre de Campo D. Domingo de 
ligarte. Llegó como hemos dicho el 
Sr. D. Sabiniano á Macabebe, pueblo 
rico y de mucha gente en aquella Pro- 
vincia, á tan buena ocasión que aquel 
día tenían dispuestas los de aquel pue- 
blo las embarcaciones y armas para irse 
á juntar con los amotinados. 

(Se conlinucirá). 




INSTALACIÓN 



DE LOS 



REVERENDOS PP. ACUSTIHOS DE LAS MISIONES FILIPINAS 

EN EL REAL MONASTERIO DEL ESCORIAL, o 




L Monasterio del Escorial, el 
íírandioso monumento de Feli- 
pe 11, tumba de nuestros mo- 
narcas de las dos ultimas dinastías y 
obra insigne de los famosos Juan de 
Herrera y Juan de Toledo, ha sufrido la 
suerte más accidentada, á tenor de las 
varias vicisitudes políticas porque el 
país ha atravesado en lo que va de siglo, 
y desde que, con la ocupación y saqueo 
de los franceses, la matanza de los frai- 
les y los derroches de la desamortiza- 
ción eclesiástica, fué quedando, contra 
los fueros de su instituto y contra las 
grandezas durante dos centurias en él 
acumuladas, sin gente y sin fortuna. 
El autor de estas líneas en estos últimos 



veinte años ha asistido en alguna de sus 
celdas hasta á solemnes conferencias 
políticas... y por sus claustros y diver- 
sas dependencias, ya bajo el patronato 
Real, dentro y fuera de la revolución, 
ya bajo el régimen arbitrario de ésta, se 
han visto pasar variedad grande de ins- 
tituciones y de ensayos, frustrados to- 
dos, como medios de ocupar tan inmen- 
so edificio, de hacerlo útil para algo, ó 
al menos para conservar un monumen- 
to que, tanto como maravilla del arte, es 
página siempre brillante de nuestra his- 
toria, y los residuos de aquellas rique- 
zas únicas que, en cuadros, alhajas, 
ornamentos, libros y manuscritos, lo 
constituyeron por mucho espacio de 



(i) Al reproducir los puntos principales de este artículo, publicado en La Ilustración 
Española y Americana, nos lomd.m.os la libertad de enmendar algunas insignificantes 
equivocaciones del autor, á quien damos cordialisimas gracias. (N. de la Red.) 



i^o 



Insta I. ACIÓN' de los PP. Agustinos 



tiempo en uno de los museos más nota- 
bles de la cristiandad. A través de los 
seminaristas de ayer y de los pensiona- 
dos del rey Alfonso XII, que han poblado 
y sc^íuirán poblando su colegio; á través 
de los beneméritos hijos de San José de 
Calasánz, que allí alojó la administra- 
ción revolucionaria, ó de los prebenda- 
dos Reales de que dotó su culto la mu- 
nificencia de nuestro joven Monarca: en 
el Monasterio del Escorial se notaba 
siempre un vacío considerable; había 
siempre en él una omisión permanente, 
y este vacio y esta omisión consistían en 
la ausencia del Religioso, del Fraile- 
Porque, por más que se observe y se 
medite, aquel intrincado laberinto de 
claustros interminables, sombríos, si- 
lenciosos, sólo poblados de solitarias 
celdas: aquellas celdas en casi peren- 
ne clausura , lejanas y apartadas de 
todo bullicio y comunicación exterior; 
aquel sereno reposo, aquel mudo ais- 
lamiento, aquella atmósfera sagrada 
que por todos sus ámbitos se respira, 
parecen invitar únicamente al recogi- 
miento austero, á la meditación asi- 
dua, á la contemplación devota de la 
vida monástica, para la que la mente 
del Rey creador y la sabia traza del ins- 
pirado artista concibieron y realizaron 
el vasto plan de tan singular edificio, y 
cuyo conjunto de ideas y pensamientos 
fundamentales, en toda su idealidad 
divina y en toda su realidad humana, 
sólo se determina en la personalidad del 
Religioso, por la presencia del Fraile. 

El espíritu del siglo, sin que sean ab- 
solutamente precisos los estremecimien- 
tos revolucionarios para consagrarlo, 
ha sostenido con tenaz empeño cierta 
incompatibilidad marcada entre la acti- 
vidad fecunda del pensamiento y ac- 
ción, á que somete, para ennoblecerlo, 



á todo hombre en nuestro tiempo, y la 
pasiva ocupación claustral de ninguna 
existencia puramente contemplativa. 
La congregación de aquellos hombres 
dedicados exclusivamente, aunque con 
misión sublime, á poner una ofrenda 
mística en memoria de los demás hom- 
bres sobre el divino altar, es cosa que re- 
pugna al siglo del cálculo y del interés, 
al siglo del papel y del hierro, al siglo de 
la electricidad y del vapor, al siglo que 
ha erigido á la frágil razón 'humana en 
dios universal, sin adoración y sin culto, 
al siglo de la industria, al siglo de la uti- 
lidad. El fraile, aun despojado de las do- 
naciones piadosas y reducido á la pri- 
mitiva pobreza de los tiempos de la 
propaganda y de la lucha, convertido 
en medio de nuestra sociedad incrédula 
y febril en notorio anacronismo de las 
cosas admitidas y de los signos del 
tiempo, proscrito de nuestros hogares y 
casi de nuestros corazones, perseguido 
por la befa de la crítica, repugnado por 
nuestras preocupaciones modernas más 
arraigadas y hondas, rcómo venir, en 
medio de una oposición hostil tan de 
antiguo organizada, á llenar aquel tam- 
bién esqueleto de piedra, memoria per- 
manente de otra edad y de otras ideas, 
testigo de otros tiempos y de otros sen- 
timientos, que se llama el Monasterio 
DEL Escorial? Pretenderlo recientemen- 
te fué quimérico por lo efíinero. 

Por fortuna, todas las instituciones 
monásticas de España no tenían una 
misma mística conformidad de direc- 
ción y de objeto, y aunque en el naufra- 
gio de las comunidades rehgiosas pere- 
cieron hasta los hijos de aquel Juan de 
la Cruz, desde su origen y por su insti- 
tuto imbuidos en el más alto y humani- 
tario espíritu de la caridad y de la fra- 



EN' EL Escorial. 



131 



ternidad, la alta misión política del 
Estado salvó en aquella gran catástrofe 
lo que á sus más respetables intereses 
convenía, frente á la crueldad sangrien- 
ta del desbordamiento social. La turba 
desharrapada mató frailes; la piqueta 
demoledora se cebó con saña en los mo- 
numentos insignes de quince siglos, en 
que aquéllos se albergaban: la codicia 
común hizo presa rabiosa de sus here- 
dades seculares; las aras profanadas ro- 
daron por el suelo; hizo la infame rapi- 
ña cobarde pillaje de los libros, de los 
archivos, de los vasos sagrados, de las 
alhajas de inapreciable valor, hasta de 
las vestiduras sacerdotales, y todo que- 
dó entregado al desorden, al fuego y al 
exterminio. Y sin embargo, no todo pe- 
reció; porque en las órdenes monásticas 
no por igual había pasado su respectivo 
elevado destino providencial. 

^Han caducado, por ventura, en nues- 
tro tiempo, todas las inspiradas en el 
espíritu amplio y ardiente de las gran- 
diosas empresas de la civilización? Hoy 
mismo pone en moda la activa corrien- 
te de nuestro siglo el más alto laurel 
cívico para los gloriosos combatientes 
de esa noble cruzada levantada, en 
nombre del progreso humano, contra 
el hombre y las naturalezas salvajes, á 
quien es preciso explorar, redimir, co- 
lonizar; es decir, dominar, educar é 
instruir. Mas ^fquién en tan vasto propó- 
sito podrá exhibir mayor número de 
heráldicas reminiscencias, de laureados 
trofeos, de estupendos éxitos, de más 
grandes sacrificios, ni historia más leja- 
na y más pura, que aquellos frailes mi- 
sioneros, con que, unas veces delante y 
otras en pos de la espada conquistadora, 
España, desde los tiempos más remo- 
tos, llevó á los extremos confines del 



orbe la luz de la civilización.^ Por eso al 
sancionar las leyes del reino lo que el 
motín plebeyo derribó entre la ira furi- 
bunda del desorden, la vigilancia del 
Estado salvó las Ordenes misioneras y 
propagandistas; por eso se conservan; 
por eso se les reconocen en nuestro país 
títulos de consideración y de respeto, 
que hasta en los momentos más difíci- 
les se han impuesto á todas las preocu- 
paciones sectarias, á todas las persecu- 
ciones iracundas y á todos los proyectos 
extraviados (i). 

Una de estas gloriosas milicias evan- 
gélicas, perpetuadas entre nosotros en 
nombre de nuestros grandes intereses 
civilizadores del extremo Oriente, del 
Archipiélago filipino; aunque, como to- 
dos nuestros elementos expansivos, 
oriundos y creados en el seno y al calor 
de la madre patria, es la de los frailes 
Agustinos calzados, de la Provincia del 
Santísimo Nombre de Jesús. De los 
tiempos de la conquista de las Islas Fi- 
lipinas data su existencia, y en ellas y 
en la China y en el Japón, desde la épo- 
ca del segundo de los Felipes, se con- 
servan los más nobles recuerdos de sus 
grandes servicios en toda ocasión pres- 
tados. En la actuaUdad, y después de 
haber pasado por las vicisitudes comu- 
nes é inherentes á los largos años de 
agitación é incertidumbres que ha 
corrido España, tiene su noviciado y 
estudios menores en el Real Colegio de 
Valladolid, fundado hacia 1738; los ma- 
yores y su colegio y casa..., de donde 



(i) La historia de las misiones españo- 
las á los países salvajes é ignotos viene, 
después de los siglos, á constituir fuente 
de derecho en el derecho público de las na- 
ciones, como ahora acontece con la acci- 
dentada cuestión de los archipiélagos de la 
Micronesia. 

17 



132 



Instalación de los PP. A<justlnos 



hasta el último instante han estado 
saliendo sus individuos para Manila, 
y de allí á sus misiones (i), en aquel 
monasterio y colegio imperial, llamado 
de Sta. María de La Vid, entre Soria y 
Burgos, á cuya jurisdicción pertenece, 
y que se cree edillcado alki en los tiem- 
pos de D. Alfonso el Vil; otra casa-cole- 
gio, ü hospedería, donde van conva- 
lecientes los enfermos que llegan de 
Filipinas, y aún muchos de la Península, 
en Barcelona: y finalmente, en Madrid, 
cerca del poder central, una Comisaría 
ó Procura, suficientemente autorizada, 
por la que se sostienen las relaciones de 
concordia y vasallaje entre la Orden y 
el Gobierno déla nación. Fuera de las 
reglas a que su constitución se ajusta, 
forman los serios estudios la base sólida 
sobre que descansa la comunidad, que 
se engalana con el ilustre nombre del 
gran Obispo de Ilipona, y estos estu- 
dios no se circunscriben á los que pu- 
dieran llamarse meramente las ciencias 
eclesiásticas; pues, hombres de su siglo, 
los religiosos de S. Agustín, de las 
Misiones de Filipinas, poseídos de 
que la Iglesia Católica, cualquiera 
que sea el signo del tiempo porque atra- 
viese, debe ocupar la cima de toda la 
civilización, los dilatan por toda la vas- 
ta esfera de los conocimientos contem- 
poráneos, porque en todos los terrenos 
que la inteligencia humana cultiva, la 
milicia eclesiástica católica tiene bata- 
llas que reñir contra el error y victorias 



(i) La última expedición ha permitido 
salir de Barcelona á bordo del vapor /s/a 
de Mindanao, que levó anclas el i.° de 
Agosto último, dieciocho PP. Misioneros 
procedenles de La \'id y de Gracia, bajo 
la presidencia del R P. Fr. Pablo Bozal. 
De aquí en adelante estos contingentes sal- 
drán de S. Lorenzo del Escorial. 



que obtener en nombre de la eterna 
verdad. Por esta razón, amoldándose 
á las exigencias de la época , ni aún 
deserta del campo del periodismo, de 
modo que allá, en \'alladolid , donde 
abundan los elementos para esta clase 
de publicaciones, da á la estampa des- 
de hace cinco años una Revista Agus- 
TLxiAXA, donde el P. Tirso López se 
consagra á los trabajos históricos (i); á 
los literarios, el P. Conrado Muiños; 
á los bibliográficos, el P. Bonifacio Mo- 
ral; el P. Vicente Fernández á los filo- 
sóficos, y á los canónicos el P. José 
López, Doctor en ambos Derechos: Re- 
vista donde se sacan por vez primera 
á la luz muchos documentos inéditos, 
algunos de interés general, como los 
relativos al descubrimiento y conquis- 
ta de las Filipinas; otros particulares 
ó especiales, como los referentes á Fray 
Luis de León; donde el P. Fermín 
Uncilla compendia en crónicas univer- 
sales la historia general de nuestro 
tiempo; el P. Tomás Rodríguez, en las 
crónicas científicas, la del movimiento 
activo del saber contemporáneo, y el 
P. Pedro Fernández, en las crónicas 
agustinianas,Ia de la Orden; Revista, en 
fin, donde se sostienen con valentía las 
polémicas contra el error, como la re- 
cientemente sostenida acerca del es- 
piritismo por el P. Muiños contra las 
teorías singulares del Vizconde de To- 
rres Solanot, y contra las no menos pe- 
regrinas del Sr. González Soriano. 



(1) El P. Tirso López es Académico 
Correspondiente de la de la Historia, y 
ha continuado hasta nuestros días el Bre- 
vian'iim historicum de Bcrti. Sus vastos 
conocimientos son bien conocidos de los 
eminentes escritores que diariamente le 
consultan en puntos de historiay antigüeda- 
des. (N. de la Red. ) 



i-:\ Ki 



Escorial. 



TOO 



Ni aun estos datos, en comprobación 
de la cultura de la Orden, serian de gran 
valor, con tener tanto, sin los que ofre- 
cen otros, cuyos resultados avaloran su 
evidencia. No citemos por excesivamen- 
te minuciosos, los lauros obtenidos en 
certámenes públicos literarios, como en 
el de Sta. Teresa, en Salamanca, por 
Fr. Boniíacio Moral, Fr. Francisco Blan- 
co, Fr. Conrado Muiños, Fr. Tomás 
Rodríguez y Fr. Pedro Fernández, por 
composiciones ó escritos poéticos, mís- 
ticos ó históricos; mas no dejemos de 
mencionar el alcanzado por el P. Fray 
Ángel Rodríguez en Cádiz, por su tra- 
bajo científico sobre ios crepúsculos, es- 
crito sobre las mismas observaciones 
practicadas en el Observatorio que la 
Orden sostiene en La Vid. (i)... ^;Y qué 
diremos de los estudios filosóficos? Cier- 
tamente, el M. R. P. Fr. Tomás Cá- 
mara, Obispo de Salamanca, ilustre 
agustiniano, hállase á la cabeza de todos 
los que en la Orden cultivan este ramo 
de las ciencias por su contestación á 
Draper, que ha conseguido llamar so- 
bre tan grande entendimiento la aten- 
ción de todos los sabios; y por todas 
sus demás obras, hasta las Conferencias 
acerca de las relaciones entre la razón hu- 
maría y la fe católica, pronunciadas en 
los Domingos de la última Cuaresma en 
la iglesia de S. Ginés, de Madrid. Más 
¿merecen menos respetos, por no haber 
alcanzado aura tan vasta, el P. Joaquín 
Álvarez, autor de la noVábltPilosofia que 
sirve de texto en las aulas de la Orden; 
el P. Marcelino Gutiérrez, que ha dado 
no há mucho á la estampa su obra titu- 

(i) Posteriormente ha obtenido en la 
misma población el primer premio de cien- 
cias naturales Fr. Justo Fernández, por un 
estudio acerca de la generación espontánea. 
(N. de la Red.) 



lada Fr. Luis de León y la Filosofía espa- 
ñola del siglo XVI; el P. Ubierna, tres 
veces electo secretario del Provincial en 
iMlipinas, y que edita y comenta, con la 
sabiduría en que es único, las Obras de 
Slo. Tomás de Villanueva, que se impri- 
men en estos momentos en Manila; el 
P. Francisco Cuadrado, de quien es el 
precioso libro de Filosofía moral titula- 
do De virtutibus, y otros no menos es- 
clarecidos escritores y propagandistas 
de este linaje de sanos conocimientos.^ 
Del seno de la Orden, y de la pluma de 
los PP. Bravo y Buzeta, salió hace aún 
pocos años el único Diccionario geogri- 
fico, estadístico é histórico de las Islas Fi- 
lipinas, que todavía se conoce. Frailes 
de la religión calzada de S. Agustín son 
los autores de las Gramáticas, Dicciona- 
rios y demás trabajos filológicos que 
más fama gozan sobre las diversas len- 
guas y dialectos que en las Filipinas se 
hablan: el P. Naves, de la Gramática ilo- 
cana; de la tagala, el P. Gaspar de San 
Agustín; el P.Bergaño, de la pampanga; 
el P. Mateo Pérez, de la visaya-cebuana, y 
de la visaya-panayana, los PP. Lozano y 
Méntrida. Y para complemento de todo, 
los PP. Celestino Fernández y Andrés 
Naves casi acaban de publicar la Flora 
filipina, aquella Flora que por vez pri- 
mera se imprimió en ensayo por el 
P. Blanco, la que con tantos trabajos 
propios enriqueció después aquel otro 
P. Llanos, de fama universal, y al que 
casi todas las sociedades científicas de 
Europa enviaron diplomas de miembro 
benemérito, y que últimamente ha sido 
ampliada, aumentada y corregida con 
un primor exquisito y una copia de in- 
vestigación notable, por sus nuevos edi- 
tores. Un ejemplar de esta nueva edi- 
ción, presentado en la última Exposición 
de Amsterdam. ha obtenido un doble 



ni 



Inst.m.ació.n de i, os PP. Agustinos 



premio por su mérito científico y por 
su mérito tipográfico: no puede hacerse 
mayor elogio de esta obra de los frailes 
de S. Agustín. 

Del mismo modo que las ciencias filo- 
sóficas, morales, naturales y físicas, lite- 
rarias é históricas, losagustinos calzados 
de esta sagrada familia, aquí y allá, han 
rendido también su tributo al arte. Cin- 
cuenta frailes de la Orden han formado 
el día de su instalación solemne en el 
Escorial la brillante orquesta que ha 
oficiado durante la misa; pero lo singu- 
lar del caso es que la misa cantada en 
tan solemne ocasión está escrita por 
uno de estos mismos músicos, Fr. Ma- 
nuel Aróstegui, hermano de otro Arós- 
tegui, Fr. Matías, que en el colegio de 
pensionados Reales será desde el próxi- 
mo curso el profesor del mismo divino 
arte, y que todavía tiene otros tres her- 
manos organistas, de los cuales dos 
más son también religiosos de la misma 
Orden agustiniana. Otro fraile de la 
Orden, Fr. Víctor Villán, maneja el pin- 
cel como el Breviai ¿o, y hasta el herma- 
no lego, Fr. Santiago Cuñado, aspira al 
título de escultor y modelador. 

Entre espíritus tan cultos no puede 
menos de ser tan vehemente la tenden- 
cia á los hechos insignes, como copioso 
el número de los caracteres altamente 
señalados. 

^•No son sucesos de recuerdo eminen- 
te, en los servicios de la Orden, las mi- 
siones en China, (i) la asistencia presta- 



( I ) El primer misionero de la Orden que 
penetró en China fué el P. Martín de Rada, 
de Pamplona, el cual llevó además el ca- 
rácter de embajador de Felipe II, en 1580. 
Rada publicó la Descripción de China más 
exacta que se conoce, y aún la primera 
Gramática y Diccionario chino que tienen 
las literaturas de Europa. Otra Gramática 



da en 1882 á los invadidos del cólera, y 
la creación en .Manila del asilo donde se 
han recogido tantos niños huérfanos de 
los que fueron aquel año víctimas del 
terrible azote? Pero al L' do de las vir- 
tudes de la colectividau, no es posible 
olvidar los merecimientos individuales. 
(;No son á ellos á los que debe la mi- 
tra de Salamanca, como antes la de 
Tranópolis y auxiliar de Madrid, el 
R. P. Cámara, el ilustre orador sagrado 
y gran escritor de la religión agusti- 
na? Pues no en otros títulos se apoya 
del mismo modo la misma dignidad 
episcopal que en Camarines disfruta 
otro fraile de la Orden, el R. P. Fr. Ca- 
simiro Herrero; y sin embargo, el Padre 
Fernando Magaz, presentado para la 
silla de Cebú; el P. José Corujedo, que 
lo fué para la de Nueva Cáceres, nunca 
admitieron el honor para que se les de- 
signara, superando en ellos la humil- 
dad y la modestia al mérito reconoci- 
do. Del último de estos religiosos, de 
Fr. José Corujedo, refieren que, ha- 
biendo escrito á persona influyente de 
Madrid para que hiciese desistir al 
Gobierno del propósito de hacer su 
presentación ala Santa Sede, hubo de 
llegar la noticia á oídos de S. M., quien 
lejos de asentir á sus deseos, exclamó: 
— «Obispos como éste son necesarios 
en la Iglesia de España, y así, lejos de 



china, menos rudimentaria, publicó hacia 
lóóo otro fraile de la Orden, y también mi- 
sionero en el Celeste Imperio, Fr. Alvaro 
de Bustamante, de Salamanca; y en iü8o 
el P. Fr. Tomás Ortíz, de Dueñas, publicó 
la Relación ó historia de las misiones agiis- 
tínianas en aquel país. Otro servicio más 
eminente prestó éste hijo de S. Agustín: el 
de haber traducido al chino toda la Biblia, 
cuya traducción es la que usan todos los 
misioneros. 



EN EL Escorial. 



135 



influir para que se anule su presenta- 
ción, pondré todo mi empeño en soste- 
nerla.» No obstante, el P. Corujedo vol- 
vió á declinar el pastoral anillo. 

La religión que tales obras realiza y 
que tales hombres cuenta en su seno, 
muy digna era de recibir en depósito lo 
que de sus pasadas grandezas queda al 
Real monasterio de S. Lorenzo, devol- 
viendo á aquel magnífico monumento 
nacional las seguridades de su conser- 
vación y la grata fisonomía de su origen 
y de su historia. rQuién ha sido el autor 
de éste pensamiento.^ Sólo sabemos que 
por la Intendencia de la Real Casa se 
hizo la primera moción; que en Manila 
fué recibida con entusiasmo, y que las 
negociaciones comenzaron en Madrid. 
Entonces se supo el principal deseo de 
nuestro augusto Monarca, puesto que, 
durante el curso de todas ellas, parecía 
no existir en el Real ánimo más que una 
asidua y tenaz preocupación. ^'Cuál ha 
sido ésta? La conservación, al par que 
del edificio, de la rica Bibfioteca, que, 
formada á costa de grandes dispendios 
y de perseverantes trabajos por inicia- 
tiva del rey D. Felipe II, con la colabo- 
ración de las más ilustres capacidades 
literarias y científicas de su gran siglo, 
fuese después enriquecido y determi- 
nando una de las colecciones bibliográ- 
ficas más notables de la moderna edad. 

En los grandes conflictos del Monas- 
terio parece que ésta haya sido la parte 
que menos ha padecido. Pero r-quién 
podrá cerciorarse de ello, mientras tan 
grande riqueza de libros y códices y 
manuscritos no posea siquiera un catá- 
logo por donde se pueda apreciar.- La 
primera obHgación que los religiosos 
de S. Agustín han contraído con el regio 
patrono al instalarse en el Monasterio, 
es la de formar este catálogo, tarea larga 



y asidua, digna de la atención del Rey 
y de las diversas aptitudes literarias 
y científicas de los Padres colabora- 
dores de la Revista Agustimana, que 
en gran parte residen actualmente en 
el Escorial. Sin más que este simple 
hecho, y en elogio ingenuo de nuestro 
ilustrado Monarca, lícito es decir que 
aquel gran monumento bibliográfico 
que erigió Felipe II está ya salvo, com- 
partiendo el augusto salvador de ahora 
la inmarcesible gloria que en crearlo 
cupo al mayor de los reyes conocidos 
y al más ilustre de los progenitores de 
S. M. No obstante, los refigiosos agusti- 
nianos, aunque entregados ya de la 
Iglesia y Monasterio, Colegio y Panteón 
Real, (pues el de Infantes no lo será 
hasta estar terminado), todavía no han 
tomado posesión de la Biblioteca, que 
recibirán del Sr. Zarco del Valle, como 
Bibliotecario mayor de Palacio. 

La instalación de la Orden y la entre- 
ga del Colegio de pensionados del Rey 
ha obligado á los religiosos á establecer 
una división necesaria entre los estu- 
dios de los alumnos del Colegio y ios de 
los religiosos jóvenes. Al P. Tomás Fito 
que por dos veces ha ejercido el recto- 
rado en la Vid, se le ha encomendado 
la dirección del primero, quedando de 
superior del Monasterio el P. Eugenio 
Alvarez, que ha sido por elección. Rec- 
tor otras tres veces, y á quien se deben 
las obras que han mejorado el Colegio 
de Valladofid. (i)... Después de los ac- 



(i) El Padre Comisario General de la 
Orden, Fr. Manuel Diez González reside 
actualmente en El Escorial; el P. Provin- 
cial, Fr. Melitón Talegón, en Manila: el Co- 
misario en Madrid es Fr. Arsenio Campo. 
— Después de escrito este artículo, los nom- 
bramientos provisionales citados en el tex- 
to, han sido sustituidos por los siguientes: 



I ?(, 



ÍXSTAI.ACIÓX \nZ I.OS PP. AGUSTINOS F.N' F.I. EsCORIAI.. 



tos formales de entrega de edificios, 
alhajas, etc., para todo lo cual ha estado 
comisionado el ya nombrado P. Mto, la 
instalación solemne religiosa, y el pri- 
mer acto público en que como comuni- 
dad han funcionado, se ha hecho coin- 
cidir con la fiesta anual ác S. Lorenzo, 
que en el Monasterio de su advocación 
se ha celebrado siempre con la solem- 
nidad y grandeza que han permitido 
las circunstancias. 

Ya hemos dicho que la misa de esta 
festividad ha sido escrita por un religio- 
so de la misma Orden, Fr. Manuel Arós- 
tegui, y que la han interpretado en 
magnífica orquesta de toda clase de ins- 
trumentos de metal, madera y cuerda, 
cincuenta más de sus compañeros. El 
Sr. Nuncio de S. S., Mons. Rampolla, 
vino en persona á oficiarla de gran pon- 
tifical, ocupando la sagrada cátedra el 
P. Fr. Tomás Cámara, Obispo de Sala- 
manca é hijo de la misma religión, y 
en nombre del Regio Patrono presidió 
el acto el Excmo. Sr. D. Fermín Abella, 
intendente de la Real Casa, teniendo á 



Rector del Monasterio, el P. Fr. Eduardo 
Navarro; Vice-Rector, P. Fr. José Lobo; 
Rector del Colegio, P. Fr. Francisco Val- 
dés; Vice-Rector, P. Fr. Roque Errasti; 
Procuradores del Colegio y Monasterio: 
PP. Fr. Federico Cortázar y Fr. Juan Cid; 
Primer Bibliotecario, P. Fr. Pedro Fernán- 
dez; Segundo Bibliotecario, P. Fr. Satur- 
nino Pinto. Los profesores son, en el Mo- 
nasterio, los Padres Fr. José López, Fray 
Pedro Fernández y Fr. Eustoquio Esteban; 
y en el Colegio, los PP. Fr. Fidel Faulín, 
Fr. Tomás Rodríguez, Fr. Matías Aróste- 
gui, Fr. Ángel Rodríguez, F'r. Teodoro Ro- 
dríguez, Fr. Justo Fernández y Fr. José 
Cuevas. Las dos Comunidades suman 103 
individuos, de los cuales 18 son sacerdotes. 
El Colegio reúne 1 34 aiumnos. (Adición de 
la Redacción.) 



su derecha al Alcalde del Real sitio y á 
varias personas notables de la pobla- 
ción. Si la solemnidad fué grande, 
nuestros lectores se lo imaginen: por 
nuestra parte sólo diremos que íuc dig- 
na de un acto que ha de dejar impere- 
cedera recordación en los anales del 
Monasterio y en los de la Orden. 

Por lo demás, ;por qué no hemos de 
decirlo.- ^'Por qué por contemporizar con 
las preocupaciones vulgares de los espí- 
ritus fuertes de nuestro tiempo, hemos 
de ocultar la plácida emoción que nos 
ha prcducido esta restauración inespe- 
rada.^ Sí; nos hemos alegrado en lo pro- 
fundo de nuestra aima. Teníamos ham- 
bre y sed de ver frailes en el Escorial, y 
el Escorial ya los tiene en una comuni- 
dad que puede levantar su cabeza por 
sus virtudes, por sus tradiciones y por 
sus méritos de todo género, en medio 
de la anarquía intelectual y moral de 
nuestro tiempo, para gritar en altas vo- 
ces: Somos las avanzadas de la fe; eslamos 
en la cumbre de la civilización: combati- 
remos sin tregua por los triunfos de la 
verdad. Esta fué siempre enseña de la 
la religión en España: con ella y la de la 
patria, empuñada por bizarros reyes, 
hicimos la odisea de nuestra historia, 
constituímos nuestra unidad nacional, 
libramos á Europa del poder de los ára- 
bes y los turcos, y descubrimos y civili- 
zamos nuevos hemisferios. 

Juan Pérez de Guz.mán. 

El Escorial 10 de Asáoste de 188':,. 



.^.^. 




según 




-i •AA/'\fJ~ ' — '-v*' 



^q/^^ 



-* — •— vV\/\/v ^ » 



(continuación.) 



VI. 




\ xAíúsica tiene, como todas las 

demás ciencias y artes, íin in- 

I mediato ó principal, y último. 



Aquél consiste en causar en el alma del 
que contempla sus bellezas un deleite 
purísimo y espiritual. Su íin último es 
conducirnos á aquel supremo bien á 
cuya consecución están ordenadas todas 
las cosas. Mas aunque á ese piélago in- 
menso de perfecciones debe converger 
todo lo criado y por criar, cuanto hay 
de noble, grande y bello; de muy dife- 
rentes y singularísimas maneras tiende 
cada cosa de por sí; y asi como hay cien- 
cias, como la Teología, cuyo objeto pri- 
mario é inmediato es Dios, y otras que 
se detienen primero en las criaturas 
para de ahí subir, según el precepto del 
Apóstol, á considerar las divinas gran- 
dezas; así por este modo, dentro de la 
misma música hay géneros diversos que 
más ó menos derechamente se encami- 
nan al culto y servicio de Dios. 



Lastimosa preocupación sería creer 
que la música religiosa debe ser des- 
terrada de los templos, porque no con- 
sigue los efectos que se desean y á que 
está ordenada, ni despierta en el alma 
aquellas tiernas y puras emociones, ni 
comunica al espíritu el fervor y fortale- 
za que infundía á los primitivos cristia- 
nos y en siglos posteriores. Nada ten- 
dríamos que oponer si esa proposición 
se convirtiera en esta otra: «La música 
que no es capaz de obtener tales efectos 
no merece propiamente el nombre de 
religiosa;» ó bien en esta otra: «gran 
parte de la música que hoy pasa por re- 
ligiosa es profana y bailable.» Pero, ^no 
podremos decir con toda verdad que no 
es ésta la música religiosa tradicional y 
verdadera; sino que ha degenerado y 
degenera fácilmente en manos de com- 
positores inexpertos, merced á las nue- 
vas formas con que se ha enriquecido? 
^•Cómo compararse el aire grave y ma- 
jestuoso de aquella primitiva, y las va- 
roniles cadencias de su melodía, con la 



1 38 



La Música shoún S. Acustín. 



afeminación y vana lig-ercza ác gran 
porción de la nuestra: los acentos vigo- 
rosos de aquellos pechos encendidos, 
con los gorgoritos y requiebros artifi- 
ciosos que hoy salen de las almas hela- 
das? A no ser esto así, --fuera la música 
tan encarecidamente recomendada por 
los maestros infalibles de la verdad, los 
Romanos Pontílices; ni la hubieran elo- 
giado por tal extremo lo? PP. y Docto- 
res de la Iglesia? 

Y no era que íaltase tampoco en aque- 
llos tiempos música profana y volup- 
tuosa: allí estaban los Melecianos, que 
convertía el templo sagrado en teatro 
de canciones obscenas, lo cual obligó á 
S. Atanasio á modificar el canto litúr- 
gico, haciendo que fuera menos artifi- 
cioso y más grave, módico flexil vocis, 
como dice S. Agustín. Contra los Arria- 
nos, que se servían de la música para 
borrar en los corazones el nombre de 
Jesucristo, salió S. Juan Crisóstomo, or- 
denando que se cantaran himnos fer- 
vorosos en honor de la Divinidad del 
Hijo de Dios. 

Pero estos abusos no inducían á los 
PP. á proscribir la música; sino que 
atribuyéndole igual ó mayor eficacia 
para el bien que para el mal, según el 
uso que se hiciera de ella, oponían lo 
bueno á lo malo, y salían siempre ga- 
nanciosos: porque tiene la música de 
suyo el tender siempre á otra realidad 
más bella, y se acomoda mejor con la 
fe y la esperanza cristianas que con 
todas las aspiraciones terrenas; se insi- 
núa más fácilmente en corazones pia- 
dosos, y pone, según expresión de un 
poeta, en contacto el cielo con la tierra. 

Lejos pues de ser la música mala por 
vicio intrínseco ni indigna de la casa de 
Dios, «es muy propia de ella por su uti- 
»lidad y amistad estrechísima con la vir- 



»tud; pues ninguna cienciatuvo lahonra 
»de ser admitida en la l-'-lesia sino sólo 
»la música. Por ella debemos bendecir y 
«alabar al Criador de todas las cosas, 
«cantándole el cántico nuevo, como nos 
»lo enseñaron los Santos Profetas. Los 
«divinos oficios que incesantemente nos 
«invitan á aquella gloria sempiterna, 
«por ella se celebran todos k)S días, y 
«como dice Boecio, la música es la 
«principal y más excelente de las siete 
«artes liberales... Entre todas las cien- 
«cias ella es la más digna de alabanza, la 
»más agradable y la que más títulos 
«posee para ser apreciada» (2). 

Pues si la música mereció tan buena 
acogida de los PP. de la Iglesia, y se la 
admitió en los oficios divinos, claro está 
que no iba á ser sin ningún fin, y este 
fin, conocidas la pureza de alma 5^ rec- 
tas intenciones de aquellos Santos, no 
podía ser otro sino el de contribuir de 
alguna manera á santificar las almas. 
«Aquellos instrumentos músicos, decía 
S. J. Crisóstomo, (i) eran entonces per- 
mitidos ya por la natural flaqueza, ya 
también para que por ellos aprendiesen 
á vivir en caridad y concordia, y se mo- 
viesen sus corazones á practicar con 
gusto y de buena voluntad lo que les 
era conveniente; pues por el deleite que 
la música engendra en el ánimo quería 
Dios elevarlos á otros deseos. » Como éste 
podríamos citar millares de testimonios, 
en que se muestra claro que la música 
ha sido para los Santos PP. ayuda para 
el alma enfermiza en el camino del bien, 
una especie de brisa primaveral que 
siembra de flores la senda escabrosa de 
la virtud. Y Santo Tomás, después de 



(1) V. Bed. De músic.i práctica, (circ. 
init.) 

(2) S. Juan Chrisost. in Psalm. 150. 



La Música según S. Agustín. 



no 



aquéllos, sintetizó toda la doctrina acer- 
ca del fin del canto en la Iglesia, exa- 
minándola á la luz de la sana filosofía, 
y deduciendo sabias y profundas con- 
clusiones. 

No era posible, pues, que S. Agustín, 
de temperamento franco y nada negado 
á los atractivos de las artes, sintiese de 
otra manera. Ln efecto, ;cuál es el fin 
déla música en el templo.^... «que por 
el deleite del oído se convierta el ánimo 
apocado en esforzado y fervoroso: ut per 
obleclamcnta auriimí, infirmior animus in 
affecíum picícttis assiirgcit.-» No hay por 
qué cansarse en traer textos de San 
Agustín á este propósito: pues basta 
leer el último de sus libros de iMúsica, 
donde, como él mismo dice, se encuen- 
tra recogido todo el fruto de los cinco 
anteriores; allí quiere el Santo Doctor 
que de la consideración de los números 
temporales nos elevemos á contemplar 
los eternos é inmutables de la gloria, y 
que todo lo de este mundo sirva de es- 
cala por donde subamos á aquellos her- 
mosos tabernáculos. 

Pero en un capitulo de sus Confesiones 
manifiesta S. Agustín más claramente 
lo que sentía acerca del canto de la Igle- 
sia: sólo que para no formarse errado 
juicio de lo que el santo pensaba, debe 
tenerse muyen cuenta una observación. 
Va confesando las faltas á que la mala 
inclinación de los sentidos le inducía, 
y al ver arrastrada por sus goces un 
í^aia que él temía ver afeada por la me- 
nor sombra de imperfección, se acusa 
delante de Dios «por las veces que más 
«se había deleitado en el canto que en 
«las cosas que se cantaban», aunque 3'a 
después le daba afectuosas gracias por 
haberle dado que saliera victorioso de 
la lucha entre la carne y el espíritu. 
«Los deleites del oído, dice, siempre ha- 



"llaron en mí más cabida, y parecía que 
"me subyugaban; pero. Señor, me has 
"librado ya del cautiverio d^lossenti- 
»dos; porque ahora en los sonidos (que 
»en verdad dan nueva vida y expresión 
)'á tus santas palabras), cuando se canta 
»con voz suave y artificiosa, es cierto 
«que me deleito; pero no de tal manera 
«me paro en los sonidos que sea como 
»vil esclavo de ellos: sino que mcdiímte 
»ellos puedo con facilidad elevarme á tí 
»con la mente. Buscan en mi corazón 
wlugar acomodado juntos con las ver- 
»dades que animan y vivifican, y no le 
"hallo proporcionado. Muchas veces lle- 
»vo hasta el extremo mi entusiasmo, al 
«ver que más me mueven los salmos 
«cantados que si no se cantasen, y que 
«todos los afectos de nuestra alma tie- 
»nen modos propios en la voz y en el 
«canto, pues parece que media entre 
«ellos no sé qué oculta familiaridad. 
«Pero muchas veces también me enga- 
Ȗa el deleite de la carne, queriendo ser 
«más y como tomarla delantera, cuando 
«debería posponerse á la razón. Y peco 
«en esto, sin advertirlo, arrastrado de 
»mi afición, aunque después lo echo 
»de ver. Y al mirar este desorden me 
»voy por el extremo contrario de la 
«severidad, si bien muy rc;ra vez, de 
«juzgar más provechoso se desterrasen 
«de mis oídos y hasta de la misma Igle- 
«sia aquellas melodías suaves con que 
«se acompañan los salmos de David; 
«pareciéndome más seguro lo que se 
«cuenta del Obispo de Alejandría San 
«Atanasio, el cual hacía cantar los sal- 
«mos tan sencillamente, quemas pare- 
«cía lectura que canto (i). Pero cuando 



(1) Setíún el r. Martini, era el canto, ó 
mejor, género de caoLO litúrgico que por su 
simplicidad se llamaba de feria. Ya hemos 

18 



I.|o 



La Música si:üú.n S. Agustín. 



"traigo á la memoria aquellas dulcísi- 
»mas lágrimas que inundaban de sen- 
»timientos mi ahna al principio de mi 
"Conversión, y ahora mismo al escuchar 
»los cánticos sonoros de tu Iglesia, no 
«ya por sólo el canto, sino por el con- 
))junto de la sentencia con el canto, 
"Cuando esto se hace con voz suave fli- 
»quida) y modulación conveniente, me 
)>veo obligado á reconocer de nuevo la 
'-grande utilidad de esta institución. Y 
-así, fluctuando entre el peligro del de- 
>'leite y la experiencia provechosa, más 
»mc inclino (aunque sin atreverme á 
«proferir sentencia irretractable) á apro- 
»bar la costumbre de cantar en la Igle- 
»sia, pcir.i que con el deleite del oído se ayu- 
»de el alma tibia aljervory la piedad», (i) 
Así se expresa en sus Confesiones; y 
nada tiene de extraño que alma de 
tan rara puvQzafincredibilispiiritaiis, que 
pondera muy bien en el pasaje referido 
un sabio anotador de ese libro de oro) 
se acusase delante de Dios por el placer 
más puro y espiritual, cuando le vemos 
suponer faltas en los sentimientos más 
naturales é imprescindibles, cual es el 
llanto por la muerte de su madre. En 
cambio, en otros lugares de sus obras, 
especialmente sus Enarr. in Psalm., que 
son en su mayor parte sermones dirigi- 
dos al pueblo, muestra una efusión y un 
lirismo que hacen concebir grande idea 
del canto religioso. Trascribiremos des- 
pués algunas sentencias suyas, aunque 
dejamos otras muchas que con frecuen- 
cia nos han salido al paso en la lectura 
de sus libros, como puede convencerse 
quien quisiere probarlo. 



visto en otro lugar que la causa de haber- 
lo introducido S. Atauasio fueron los abu- 
sos de los .Melecianos. 
(2) Conf.', 1. X., cap. 33. 



El ñn, por consiguiente, de la música, 
es según S. Agustín, conducir las almas 
á Dios; aunque la música por sí y dere- 
chamente tiende á cautivar los sentidos, 
moderar los afectos y acallar el bullicio 
de las pasiones, para que puesto el hom- 
bre en estas disposiciones, ó mejor di- 
cho, al mismo tiempo que le van dispo- 
niendo los sonidos, entre con suavidad 
la palabra divina; y de ahí que á San 
Agustín como á todos conmovieran más 
los salmos zantados que si fueran sólo re- 
citados. 

Pero para conseguir el fin mediato y 
último se requiere que sea el canto ca- 
paz de producir aquellos efectos, que 
agrade al oído, no por medio de una 
excitación nerviosa y tumultuosa, sino 
plácidamente, de modo que se sienta 
renacer el alma á nueva vida: que des- 
pierte en ella las aspiraciones á lo infi- 
nito, y que la aliente así como el cielo 
estrellado con la esperanza de otra pa- 
tria mejor. De donde se infiere que no 
se requieren cantos exageradamente 
apasionados y dramáticos, que absorban 
por completo el sentido; sino que basta 
cierta tranquila gravedad y cierta ter- 
nura apacible, para que la música reli- 
giosa obre los efectos que le son propios. 
Se deduce también que si la música 
religiosa debe llenarla condición de ser 
ante todo agradable, no están muy con- 
formes con las opiniones de S. Agustín 
todxis esas composiciones insulsas, fru- 
to del frío cálculo más que nacidas al 
calor de la inspiración, verdaderos ejer- 
cicios de gimnasia musical, que bien po- 
drán embelesar á alguno de esos que 
el sabio Eximeno llamaba contrappim- 
tisti dei seicento; pero no á los que bus- 
can la verdadera expresión, frescura y 
espontaneidad. .Mas al decir que sea 
agradable, no se pretende que lo sea de 



La Música según S. Agustín. 



I IT 



cualquiera manera; pues claro está que 
para no pocos tiene más encantos un 
wals ó una mazurka que la más tierna 
melodía religiosa; y porque esos prefie- 
ran á esta última aquella otra música 
eminentemente profana, no hemos de 
deducir que aquélla sea la propia en el 
templo por ser la más acomodada al 
gusto; sino que éste está completamen- 
te pervertido en las personas que tal 
sienten. Aquí la medida de apreciación 
y el criterio seguro ha de ser el buen 
gusto, la tradición estudiada en sus 
verdaderas fuentes, la estima de lo bue- 
no antiguo en armonía con los perfec- 
cionamientos modernos. Este feliz con- 
sorcio entre el fondo antiguo con las 
formas modernas es lo que, al decir 
de Fetis, constitu3'e el principal mérito 
del Patriarca de la Música religiosa, 
nuestro Eslava. Y este es también el 
blanco á donde deben dirigirse los es- 
fuerzos de todos. La gente ligera y su- 
perficial no aprecia el mérito de esas 
composiciones á primera vista; pero el 
gusto se educa, y lo bueno se acümata: 
tanto más que todos nacemos con cierta 
predisposición natural para los artes de 
gusto. Sucede muchas veces queiosojos 
miopes no divisan á lo lejos más que un 
bulto, cuando la vista clara distingue 
variedad de objetos bellísimos: pues lo 
mismo en música: si al que le falta la 
perfección de esa vista interior que lla- 
mamos buen gusto se le da la melodía 
más sencilla envuelta entre variedad de 
giros de notas, ni percibe la melodía, ni 
comprende aquello que él llama guiri- 
gay musical; pero al que tiene la vista 
interior expedita y clara, se le descubre 
en aquellos diálogos, gorjeos y mur- 
mullos un mundo desconocido de be- 
llezas. Repítase esta música al oído poco 
ejercitado: ya tiene que fijar menos la 



atención en ciertos giros que ha llega- 
do á comprender, se acerca el miope al 
panorama, y se le descubre todo con su 
deslumbradora hermosura. , 

Según el P. Eximeno,el canto litúrgi- 
co es el propio para excitaría piedad, y 
la música instrumental sirve para dar 
esplendor y revestir de grandeza las 
funciones. Pero este lenguaje no nos 
parece muy propio; porque con el mis- 
mo objeto se introdujo en el templo la 
música instrumental que la vocal; pues 
si ésta expresa mucho, aquélla la supera 
á veces en expresión y energía, y dice 
al alma en su lenguaje cosas que no 
podrían referirse con palabras. Así lo 
sienta S. Agustín explicando un versi- 
11o de David, donde dice que la intensi- 
dad del amor hace muchas veces cantar 
á Dios sin palabras, como observa tam- 
bién en los cantares de los segadores, 
que olvidándose de las palabras con el 
calor del entusiasmo, siguen cantando 
con más fervor que antes. Trae este 
texto el P. Pothier para demostrar que 
no son viciosas en el canto gregoriano 
las series de notas que se cantan mu- 
chas veces con sola una sílaba, uso auto- 
rizado, según el sabio P. Benedictino, 
por la tradición antigua, é indudable- 
mente anterior á S. Gregorio; porque 
este Santo Pontífice más fué compilador 
y reformador, que propiamente inven- 
tor del canto de su nombre. «S. Agustín, 
»por otra parte, nos habla con frecuen- 
»cia de esta especie de redundancias ó 
>' fórmulas melódicas que él llama /tí¿'z7a, 
»y nos da las razones íntimas de su legi- 
»timidad, tomadas délas mismas exi- 
«gencias del sentimiento religioso. El 
»canto no tiene por objeto exclusivo ex- 
«presar el pensamiento; sino que debe 
«también servir para desahogo del 
«sentimiento. Ahora bien: si para la ex- 



I \> 



I. A MÚSICA SEGÚN S. AgUSTÍN. 



«presión y comunicación del pcnsa- 
miento son necesarias palabras ó len- 
»guaje articulado, no asi para la expre- 
»sión del sentimiento. Cuando es muy 
«vivo el sentimiento, las palabras vie- 
»nen á ser más que ayuda un obstáculo; 
«porque no hallando el corazón pala- 
»bras que adecuadamente correspon- 
»dan á lo que dentro de sí experimenta, 
«modula la voz sin atenerse á palabra 
«alguna. Pero más que ningún otro sen- 
«timiento, el gozo y regocijo tienden á 
«manifestarse así en modulaciones mü- 
«sicales desprovistas de toda forma de 
«palabras. Así es como, dice S. Agustín, 
«los que se emplean en las labores del 
«campo ó trabajan con ardor en cual- 
«quier otra cosa, suelen entonar algunos 
«cantares alegres; pero ya cuando llegan 
»á estar dominados de la alegría, olví- 
«danse de los versos y siguen cantando 
«con más fervor que antes. //// qui can- 
y)tanl sive messe sive vinea, sive in aliquo 
y>operefervent, cum cceperint in verbiscan- 
yfticonim exultare Ixlilia, veluti impleti 
i>tanta Ixtitia iit eam verbis explicare non 
yypossint, avertunt se a syllabis verborwn et 
y>eimt in soniim jiibilationis. (Enarr. in 
«Psalmum XXXIl, 8.) Pues con mucha 
»más razón, añade el Santo Doctor, ca- 
«ben tales extremos en la expansión del 
«gozo espiritual; porque en presencia de 
«un Dioscuya majestad es inefable, ¿qué 
«santa alegría será extremada? Quein 
■adecel isla jubilatio nisi incjj'abilcm Deiini? 
«Dios es inefable; pero si ninguna pala- 
«bra hay digna de él, tampoco es per- 
«mitido dejar de cantar sus grandezas 
«y sus misterios. Pues no pudiendo 
«hablar, ni debiendo callar en su pre- 
«sencia, el único recurso que nos queda 
«es el del ¡(ibllo í Jubilare), es decir; rego- 
«cijarnos y cantar sin palabras. Inc/fa- 
nbilis cíiam es¿ Deus qucm fari non polcs 



»cí lacere non debes, ¿quid reslal nisi iil 
njubilcs; iií L^audeal cor sinc verbis, el im- 
» mensa lalitudo gaudiorum me las non 
y>habeat syllabarum? [Vo'xá. — Cf. Enarr. in 
«Psalm.XClX,3.— XClX,_i.— CU, 8.)» (i). 
Es cierto que nunca está tan en su es- 
fera la música como cuando se alia con 
la poesía ó con la palabra divina en cual- 
quiera forma; porque obran entonces 
los esfuerzos combinados de dos ele- 
mentos poderosos en sí, y por otra parte 
compatibles cual ningunos otros; pero 
también lo es que aún separada la una 
de la otra, constituyen verdadero len- 
guaje, y que los sonidos simplemente 
de la música, las voces de los instru- 
mentos, pueden en sus alas misteriosas 
llevar hasta el trono de Dios la ofrenda 
pura de nuestros afectos. La experien- 
cia nos dicta que una plegaria ejecutada 
por un cuarteto de cuerda influye en el 
ánimo muchas veces más eñcazmente 
que si fuese acompañada de las palabras 
más propias. Por estas razones, y de- 
jándonos de otras muchas observacio- 
nes á que se presta la materia, juzga- 
mos que no se debe asignar otro fin á 
la música instrumental distinto del de 
la vocal y litúrgica; porque más ó me- 
nos directamente, con mayor ó menor 
eficacia, toda armonía ha de dirigir el 
vuelo de nuestro espíritu á Dios; iit per 
obleclamenta aurium infirmior animus in 
ajjeclum pietatis assurgal, como dijo San 
Agustín. 



(i) P. Pothier,Lt's Mclodies Gregorien- 
ncs d' aprcs la Traditioii. cap. XI, pag. 173. 

Fr. Eustoquio Uri.^rte. 

(Se concluirá.) 



SCRIPTORES ORD. EREM. S. AUGUSTINI 

GERMANI, BELGAE, BOHEMI, POLONI ET HUNGARI. 

(continuación.) 



38. Liber de Sanctis. Opus diversum 
a libro variorum Sermonum. I loe opus 
videtur esse idem, quod ex códice Pala- 
tino in suo M3-sticorum Germanorum 
libro edidit P^ranciscus Pfeifer sub titu- 
lo: Hermann von Frideslar, der Heiligen 
Loben. Leipzig 1845 in 8.° [ínter MSS. 
bibliothecae Gymnassii Ilalberstadien- 
sis habetur Nr. 133 cod. membr. in 4." 
ex saec. XV continens Breviarium, sed 
in ultimo ejus folio reperitur trans- 
sumptus tractatus seu lectura: Von dem 
apostolem (De apostolis) ex Ilermanno 
de Fritzlaria, et impressus idem tracta- 
tus divulgatus est in: Niederd. Jahrb. 
III, pag. 65. (Cfr. Dr. Gustav Schmidt, 
Oster programm 18S1 des Koeniglichen 
Dom. Gymnasiums in Halbertsdadt, die 
Mandschriften der Gymnasial-Biblio- 
thek IL pag. 8.)] 

Praeter praefata opera, testibus Hoeh- 
nio et Lanterio, scripsit noster Herman- 
nus de Schildiz multa alia. (Cfr. Ilochn. 



333: 
pag 



p. 80-81; Ossinger, p, 812-815; Lante- 
ri, I, 300-302; Fabricius Mansi, III, 240- 
241; Keller, Episc. O. N. Germ, p. 20-21; 
Bruehl in sua editione Germánica his- 
toriae universalis a Caesare Cantú exa- 
ratae,VIII,5i3;Oberthuer Taschenbuch 
pro 1789, pag. 267,\Vackernagel, Ges- 
chichte der deutchen Literatur, pag. 
Trithemii Scriptores Eclesiastici, 
142, num. 594; Usserman, Epis- 
copi \Mrceburg., pag. 403-404; Joseph 
Ilaupt, Beitracge zur Literatur der 
deutschen Mystiker, in den Sitzungs- 
herichten der K. K. Akademie der Wis- 
senschaften, phil. hist. Classe. Wien, 
1874, tom. 76, pag. 51 104; Dam herger 
Synchronistische Geschichte des Mit- 
telalters, tom. 14, pag. 444, et 447 ac 
Kritikheft ad tom. 14, pagg. 155, 156. 
Wuerdtovein , 
Aschbach, 
221-222.) 
SciiiLKH (Fr. II...), natione Germanus, 



AUgen. 



Diplom. XIII, pag. 46; 
Kirchenlexicon, III, 



ll 



SCRIPTORES ORD. líREM. S. AUCUSTIM 



patria.- alumnus Provinciac Tyroli-Sa- 
lisbur^'-cnsis, vixit saec. XVII. Scripsit, 
dcfendit cdiditque: De relationc. Salis- 
bur^i. 165.1 in 12.", 62 pag'g.) Cfr. Ro- 
sentlial, Catal. XXXIV, num. 2152). 

ScHiMMEL (Fr. Joannes Evangelista), 
natione Germanus, patria Franco Bi- 
bergaviensis, alumnus Provinciae Rhe- 
no-Suevicae, ad instrucndum natus, 
quippe qui per annos omnino tredecim 
humaniorum litterarum studio juven- 
tutem scholasticam erudivit, inde mo- 
deraturam L. B. de Breidenbach a 
Buerreshium suscepit eidemque et pie- 
tate et doctrina imbuendo in annum 
fere decimum indefessam operam nava- 
vit,demum post depositum ultro, quem 
laudabilissime gessit, Constantiensem 
Prioratum, in coenobium Adelheidense 
transiit, Monialium nostrarum ibidem 
Confessarius amantissimus , quarum 
formandis religiosa pietate animis tre- 
decim et ultra annos ferventissime im- 
pendit, ubi denique 9. Febr. 1750 obiit, 
aetatis suae 66 anno, Relig. Profess. 
vero 42 ann. Ab eo scripta exstant haec: 

1. Joannes de Austria ex ambitioso 
parricida beatus Eremita. Actio auc- 
tumnalis in Gymnasio Muennerstadia- 
no habita anno 1717. 

2. Inconstantia feliciter terminata in 
adolescente opera S. Joannis Evange- 
listae a devia in viam salutis denuo re- 
deunte. Act. auct. ibid. anno 1721. 

3. Ludas divinae providentiae in 
Henrico Comité. Act. auct. ibid. anno 
1723. (Cfr. Keller, Mon. piet.,p, 14; Lí- 
ber Mort. nostrae Prov. Rheno-Sue- 
vicae pag. 49, num. 659), 

ScHiNKO (Fr. Leopoldus), natione Ger- 
manus, patria Bohemus, alumnus Pro- 
vinciae Bohemicae, vixit saec. XVIII et 
erat anno 1768 adhuc inter vivos. Prelo 
subjecit: 



1. Manuale spirituale. Pragae, typis 
Joannis Wenceslai Ilelm. anno? 

2. Calendariumexhibens methodum 
bene moriendi. (Cfr. Ossinger, p. 815; 
Lanteri, III, 171). 

SciiiNi. (Fr. Theophilus) natione Ger- 
manus, patria Austriacus Viennensis, 
alumnus Provinciac Austriac, filius coc- 
nobii Viennensis, mort. Budae 16. Nov. 
17O1. Sermones edidit: 

1. De immaculata Conceptione B. V. 
Mariae in ejusdem festo habitus. Vin- 
dobonae, typis Leopoldi Joannis Kali- 
woda. 1 73 1. 

2. De S. Joanne Nepomuceno. 

3. De S. Caecilia. 

4. In festo S. Georgii Patroni tutela- 
os Equitum Ordinis Teutonici. Labací, 
apud Adamum Fridericum Reichardt. 
1746. 

5. In festo S. Michaelis in ecclesia 
PP. Barnabitarum. 

6. In festo S. Francisci Xaverii Grae- 
cii in ecclesia PP. Soc. Jesu. Graecii, 
typis heredum Widmannstetteriano- 
rum in fol. 

7. In festo septem fundatorum Ord. 
Serv. B. V. .Mariae. Vindobonae, typis 
Leopoldi Kaliwoda, 1736 in 4.° 

8. In festo S. Sebastiani in ecclesia 
PT. Minorum Conventualium S. Fran- 
cisci. Graecii, apudhaeredesWidmanns- 
tetterianos, 1734 in íol. (Cfr. Ossinger, 
p 815-816; Lanteri, III, 365). 

ScHipPHOvER DE Meppis (Fr. Joannes), 
natione Germanus, patria Westphalus, 
natus Meppis in Westphalia anno 1454, 
alumnus Provinciae Thuringo-Saxoni- 
cae, filius coenobii Osnabrugensis (pro- 
fessionem religiosam emisit anno 1480, 
aetatis suae 25 anno) post annum 1490 
evasit institutor Comitis Oldenburgi et 
Delmenhosstii, florebat adhuc anno 
1508, at non constat, quando decesserit, 



GERMAXI, BELGAE, BOHEMl. POLOM ET HUNGARI. 



M5 



sed apud Ennen, historicum Colonien- 
sem legimus, Joannem Schiffhauer an- 
no 1529 adhuc vixisse haeresi Luthera- 
nae addictum, nisi sil diversus a nostro 
Schipphovero. Scripta ab eo exstant: 

I . Chronicon Archi-Comitum Olden- 
burgensium. De quo ipse sic scribit: 
Sub Pío III inchoatus est líber, et sub 
Julio II. Pontííicatus anno II. Domíní- 
cae vero Incarnatíonis anno 1505 ín oc- 
tava S. Nícolaí de Tolentíno nostrí Sa- 
cri Ordínis consummatus, aetatís meae 
anno 41, completa sunt haec in loco ha- 
bítationís nostrae Oldenburgi [í. e. in 
domo terminarii nostra Oldenburgi; 
naní ipse fungebatur tune temporis 
muñere terminariij tempore JoannisVII. 
Archi-Comitis anno 1508 in die S. Ste- 
phani. Ilelmstadii, typis Georgii Wolf- 
gangi Ilammii, ió88 in fol. Scilicet edi- 
tum a Meibomio in Scriptoribus Ger- 
maniae, tom. II, pag. 121-191. In hoc 
opere auctor de viris doctis nostri Ordi- 
nis praeclara quaedam annotat, et de 
vitiis officialium et cleri graves passim 
miscet querelas, atque inventionem ty- 
^ographiae, quae suo tempore accidit, 
lamentaturob vanum metum depravan- 
dae doctrinae et scientiae, quia a nunc 
per typographiam omnis vir obscurus 
suam ignorantiam diffundere valebit. 
Minus quoque modestus ipse semetip- 
sum celebrat ac sua scripta memorat, 
quae praeter praefatum Chronicon 01- 
denburgense, sunt sequentia: 

2. Conclusiones de praedestinatione 
et pracscientia. Harum ipse mentionem 
facit in Chronico Oldenburgensi pag. 
186 ad annum 1481. 

3. Tractatus de Conceptione imma- 
culatae Virginis Mariae, editus a Petro 
de Alva Lovanii 1664 in 4.", cujus ipse 
meminit in suo Chronico Oldenburg. 
pag. 176. 



4. Sermones de Ordinibus. Librum 
hunc anno 1500 ex diversis chronicis 
collegit, ut in citato chronico suo, pag. 
166 ipso testatur. 

5. Tractatus de paupertate Christi 
cum multis conclusionibus et earum 
probationibus ex diversis Doctoribus 
collectus, quem opposuit Ilermanno de 
Riswick de Geldria, qui armis Guilelmi 
Occami, Richardi Armachani, Guilel- 
mi de S. Amore et Felicis Haemmerlin 
mendicantes fratres oppugnaverat. Hu- 
jus operis auctor ipse in supradicto 
Chronico suo ad annum 1504 (pag. iqo) 
mentionem facit. (Cfr. Fabricius Man- 
si, IV, 176; Ossinger, p. 816-817; Lante- 

ri, II, 97-98)- 

ScHLECHTLEiTxN'ER (Fr. Bcmardus), na- 
tione Germanus, patria Austriacus Vien- 
nensis , alumnus Provinciae Austriae, 
SS. Theologiae Dr. Viennensis et ibi- 
dem Studii Regens, vixit saec. XVIII, 
coaevus Ossingeri, cui ejus dotes ex 
commercio litterarum optime notae 
fuerunt; floruit adhuc anno 1761. Publi- 
cavit sub hac epigraphe panegyrim: 

Gratia animata, seu Divus Joannes 
Evangelista coram Universitate Vien- 
nensi panegyrica dictione celebratus 
Oratore R.P. Bernardo Schlechtleitncr, 
1744. Viennae Austriae ex typographia 
Kaliwodiana, 1744 in fol. (Cfr. Ossinger, 
pag. 816). 

ScHMALFUs (Fr. Cosmas), natione Ger- 
manus, patria Bohemus, alumnus Pro- 
vinciae Bohemicae (natus anno 1730 in 
Rabenstein; professionem religiosam 
emisit 1747) Doctor et Professor S. 
Theologiae Pragensis in Universitate ac 
Decanus theol. facult. ibidem et anno 
1780 Rector magnificus, floruit adhuc 
anno 1793. Opera ejus Pragae latine ty- 
pis edita haec sunt: 

I. Systema Philosophiae eclecticae 



I^Ó 



SCRIPTORES ORD. EREM. S. AUGUSTINI 



ad normam rcccntiorum pcrtractatum. 
I labebatur teste Ossingero in bibliothe- 
ca nostra olim Monacensi. Ítem sub ti- 
tulo: Institutiones philosophiae eclecti- 
cae. Pragae 1755 in 8." (Cfr. Meuset, 
Lexicón detitschar Schriftsteller.) 

2. Historia Religionis ct Ecclesiae 
Christianae justis limitibus circums- 
cripta a Christi Nativitatc usque ad an- 
num 1792 in quatuor periodos dií^esta- 
Praj^ae 1792-1793. 6 Volumina in 8." 

3. Erotemata quacdam scripturisti- 
ca circa fidei nostrac mysteria ac sin- 
ceram textus hebraici expositionem 
contra judaeos et haereticos. 

4. Dissertatio theolog-ica de auxiliis 
divinae gratiae. Pars. 1. Pragae, typis 
Jacobi Schewiger 1763 in 4.°, quam 
R"'". P. Priori Gencrali Francisco Xave- 
rio Vasquez dicavit. Ilabebatur, teste 
Ossingero, in nostra bibliotheca Mo- 
nacensi. 

5. Dissertatio in caput X, XI et XII 
libri de correptione et g-ratia, seu de 
adjutoriosine quo non,et adjutorio quo, 
adjecta apología pro Mag. Joanne Lau- 
rentio Berti Eremita Augustiniano. Pra- 
gae, typis Archiepiscopalibus 1765 in 8." 

6. Selectae Epistolae S. P. Augustini 
secundum editionemMaurinorum,quas 
recensuit et edidit. Praecedunt positio- 
nes ex universo systemate theologiae, 
quas sub Rectore Magnifico Cosma 
Schmalfus Ord. Erem. S. Aug Profes- 
sore Pragensi propugnavit P. Ant. 
Hirnie ejusdem Ord. Pragae 1786 in 8." 
i2üpagg. (Cfr.Rosenthal, Catal. XXXIV, 
n. 237.) 

7-14. Dissertationes varii argumen- 
ti, nempe: de origine, veritate et clari- 
tate idearum, — de numero materiarum 
simplicium, e quibus mixta componun- 
tur; — de incertitudine aurae aethereae; 
— de figura telluris et gravium nisu ad 



centrum; — de aurora boreali; — de de- 
fensione cum moderamine inculpatae 
tutelae; — dj oeconomia tenenda cum 
afiectibus animi: — num divisio bono- 
rum in bona animi, corporis ct fortunae 
bona sit etc. (octo dissertationes philo- 
sophicae.) 

15-16. Dissertationes scripturales, 
nempe: an locus IV Regum, cap. V, v. 
18, inspecto autographo intelligendus 
sit de praeterito vel futuro; — qua lingua 
Senacherib illiusque exercitus IV Re- 
gum cap. XVIII, V. 26 locuti fuerint; — 
an lingua hebraica velut prima et mun- 
do coaeva salutanda sit (2 diss. ex Sacra 
Scriptura.) 

17. Tractatus de Sacramentis poe- 
nitentiae, extremae unctionis, ordinis 
et matrimonii. 

18. Variae Orationes. 



19. 



Ex Itálico idiomate in linguam 



latinam vertit nostri V. P. Joannis Ni- 
colai Chiesa scripta, quae sequuntur: 
Considerationes christianae et religio- 
sae. — Religiosus in solitudine. — Exposi- 
tio doctrinae christianae. (Cñ'. Lanteri, 
III, 236-237; Ossinger, p. 818.) 

ScHMAUCHLER (Fr. Hcrmannus), natio. 
ne Ilungarus, patria Neusoüensis, alum- 
nus Provinciae Austriae et Hungariae, 
filius coenobii Fuerstenfeldensis in Aus- 
tria, poeta celebris ac rhetoricae artis 
peritus, mort. Lcucae 10 April 1740. 
Plura suae poésis monumenta elucu- 
bravit, inter quaeprimatum tenet opus 
inscriptum: 

I. Omne trinum perfectum tempere 
quidem jam praeteritum, felicítate ta- 
men sua etiam nunc praesens, triplex 
nimirum gloria AugustissimiCaroli Ilis- 
panorum Pannonumque tertii, Roma- 
norum vero bis tertii, sive sexti Monar- 
chac, intra primum Pannonici sui re- 
giminis sexennium in Apostólico hocce 



GERMÁN!, BELGAE, BOllEMI, POLOM ET IIU.XGARI. 



M7 



regno suo clarissime effulgens, et qui- 
dem primo 171 2 in solemni EJusdcm in 
Regem Ilungariae coronatione. Secun- 
do anno 1716 in Petrivaradinensi vic- 
toria, Tcmesvarinique expug-natione. 
Tertio anno 171 7 in prolligatione turcici 
exercitus ad Belgradum ac hujus occu- 
patione. Ilaec singula suis quaequc) 
quibus acta iuere temporibus, exiguo 
carmine conceiebravit humilis quidam 
tantae Majestatis Venerator, nunc új- 
mum in breve unum opusculum com- 
pendians luci publicae communicat 
1721 die 10 Junii. Viennae Austriae ty- 
pis Wolfgangi Schwendimann, in calce 
30pagg. inibl. (Cfr. praeter nostrum Os- 
singer, etiam Rosenthal, Catal. XXXIV, 
num. 618.) Obtulit P. licrmannus 
Schmauchler, Ordinis Eremitarum S. 
P. Augustini , residentiae Quinqué 
ecclesiensis \'icarius, in fol. Ilaec ipsa 
author antehac singulatim ediderat, et 
quidcm primum sub inscriptione: Solis 
miracula in moderno solé Carolo VI ab 
occidente (i. e. Hispania) in orientem 
(i. e. Ilungariam) proficiscente. Dedicat 
conventus Ordinis Eremitarum S. P. 
Augustini Leukae ad SS. Nicolaos.» 
\'iennae Austriae, typis Christophori 
Lercheri, 171 2 in calce in fol. (Cír. prae- 
ter nostrum Ossin^er etiam Rosenthal. 
Catalog. XXXIV, num. 617.) 

2. Roseum Montem cum Gentilitia 
rosa applaudentibus quibusdam poeti- 
cis lusibus adornatum rsatalem diem 
Divi Leopoldi rccolenti Josepho Leopol- 
do S. R. I. Comiti de Ursini et Rosen- 
berg etc. qua Maecenati suo oblatum ab 
Augustiniana Eremo in coUe Sclavonico 
SS. Trinitatis. Graeci. Ipsum opuscu- 
lum anno 1730 conlectum esse ex chro- 
nodisticis constat. 

3. Pacanem triumphaiem Erancisci 
Stephani Ducis Lothanngi¿ie geminata 



pugna leliciter triumphantis, in calce. 
P. H. S. A. i. e. Pater llermannus 
Schmauchler, Augustinianus. (Cfr. Os- 
singer, p. 818-819; Lanteri. 111, 158; Ro- 
senthal 1. c.) 

ScHMiD (Er. Michael), alias Schmidt, 
natione Gernianus, patria Austriacus 
Vienncnsis; alumnus Provinciae Aus- 
triae, ñlius coenobii Gracensis, mort. 23 
Nov. 17 17. Ab co sunt: 

1. Spiritus bellifer, sed salutaris, 
pentecostali incendio Apostolis illapsus. 
Oratio coram Universitate Viennensi 
in basílica S. Stephani annoi7ii ha- 
bita. Viennae Austriae , typis Joannis 
Georgii Schlegel, 171 1 in 4." (Cfr. prae- 
ter Oss. etiam Rosenthal, Cat. XXII, 
n 7428.) 

2. Sermones tres Germanici, quo- 
rum primum recitavit die 2 Nov. 171Ó in 
solatium omnium defunctorum. Vien- 
nae in Austria, typis Wolfg. Schwen- 
dimann 171Ó in 4." 

3. Secundum habuit Dominica infra 
Octavam omnium ñdelium defuncto- 
rum. Thema fuit, quod Sacrificium Mis- 
sae sit efficacissimum remedium ani- 
mas ñdelium defunctorum e purgatorio 
liberandi. \'iennae in Austria, typis 
WoUgangi Schwendimann, in 4." 

4. Tertium peroravit in festo S. Ma- 
thiae in ecclesia Visitationis B. V. Ma- 
riae in valle S. Bernardi. Viennae in 
Austria 17^5 in 4." (Cfr. Ossinger, p. 819, 
Lanteri, 111, 177: Rosenthal 1. c.) 

ScHMiTT (Fr. Cayetanas), natione Ger- 
manus, patria Franco (natus in pago 
dicto Kist Franconiae inferioris), alum- 
nus Provinciae Rheno-Suevicae, Prior 
plurium Conventuum, mort. Spirac 
Prior actualis 12 Alaji 1689 aetatis suae 
anno 66, professionis religiosae anno 44. 
Scripsit actionem auctummalem in 
Gymnasio Muenncrstadiano anno 1648 

19 



Il« 



SCRIPTORF.S fiRD. ERF.M. S. AUGUSTINI 



habitum sub hac inscriptione: F^. Acmi- 
lius Papianus pro vcritatc ct justitia 
morte gloriosa occumbcns. {C>lr. Kcllcr 
Mon. pict., p. ló: Lib.Mort. praef. Prov. 
nostrae p. q^, num. 9S4.) 

SciiNEEBERGKR (Fr. I licronymus), na- 
tionc Gcrmanus, patria Kulzensis Pala- 
tinatus SLiperioris (natus 16 Aug. 1B35), 
lilius ceonobii ^^'irccburgcnsis (sacram 
proícssioncm cmissit 30 Aug. 1856.) 
Profcssor Gymnasii Mucnncrstadii ibi- 
demque Director Seminarii puerorum 
studcntium, adliuc inter vivos. Scripta: 

1 . Quaestiones Xenophonteae. Muen- 
nerstadii (sed typis Fr. Ern. Thein Wir- 
ceburgi) 1859 in 4." 

2. Quaestiones duae. I. Quatenus 
materia primae epistolae libri secundi 
Iloratii referenda sit ad mores inge- 
niumque principis Augusti? II Cicero- 
nis pro Sexto Roscio-Amerino V. 11. 
Memoriac nostri P. Possidii Zitter ce- 
eberrimi quondam per 50 fere annos 
-Muennerstadiani G3aTinasii magistri. 
Herbipoli tN'pis expressit Frid. Ern. 
Thein, 1860 in 4." 

3. Die Lehre vom deutschen Satz. 
Fuer lateinische Schulem. Wuerzburg., 
Druck von Fr. Ern. Thein 1865 in 8.° 
Praecepta de dictione Germánica Wir- 
ceb. typis Fr. Ern. Thein 1865 in 8." 

4. Miscellanea litteraria. Wirceburgi 
1867 in 4.° (Litterarische Miscellen.) 

5. Antike Charakterbilder in Schi- 
11er" s Tell. Muennerstadt (sed typis 
Fr. Ern. Thein \Mrceburgi) 1875 in 8." 
Imagines morum antiquae, quas poe- 
ta Germanus Schiller in suo drama- 
te «Tell» inscripto imitando expressit, 
Muennerstadii (typis Thcinianis Herbi- 
poli) 1875 ii^ '^-^ 

6. Die goldcnen Spruechc des Py- 
thagoras (Sententiae aureae Pytagorae) 
-Muennerstadt (typis Thein.) in 4.^' 



7. Zur Stilistik und Exegese lateinis- 
cher und griechischer Klassiker. (Quae- 
dam ad artem stilicticam et exegesim 
clasicorum scriptorum latinorum et 
graccorum). .Münnerstadi (typis Thei- 
nianis) in 4.° 

8. Die Wechselhezichung zwischem 
Schiller' s Tell und Shakespeare' s Ju- 
lius Caesar. Münnerst. 1882 in 8." Prae- 
ter scripta praefata plura elucubravit 
in ephemeridibus philologicis et littera- 
riis divulgata. 

ScHOBER (Fr. Ernestus), natione Ger- 
manus, patria Austriacus Viennensis, 
alumnus Prov. Austriae, fil. coen. Vien- 
nens. Dr. SS. Theol. Vienn.et Lector ac 
Studiorum Regens ibid. vixit saec. XVIII 
et florebat adhuc anno 1768. Edidit: 
Orationem panegyricam D. Joanni Ev. 
coram Univ. Viennensi dictam 1753. 
Vindobonae, typ. KaUwodianis 1753 in 
fol. (Gfr. Ossinger, p. 820.) 

ScHOEXAUER (Fr. Daniel), natione Ger- 
manus, patria Austriacus, alumn. Prov. 
Austriae et Hungariae, mort. Pragae 19 
Apr. 1718. Concionator zelosus, qui 
nonnuUos haereticos ad veram fidem 
reduxit, haec evulgavit: 

I. Panegyrimsub tit: SanctusChris- 
ti Domini Secretarius oleo et igne i. e. 
sapientia et zelo approbatus, sive Divus 
Joannes ante portam latinam inclytae 
facultatis theologicae tutelaris dictione 
celebratus académica a Daniele Schoe- 
nauer O. Erem. S. Augustini. N'iennae 
in Austria, typis Matth. Sichowitz 1690 
in 4.° 

Fr. Cle.mexs Iíutter. 
(Continuabitur.) 



^^. 



A MI PATRIA 



-:-i^X®^--- 




ATRiA mía, patria mía, 
De Soria bendita tierra, 
Cuanto ilustre desgraciada. 
Cuanto desgraciada, bella! 
Desde las tristes llanuras 
Del nebuloso Pisuerga, 
Vengo á verte, patria mía. 
Tras largos años de ausencia. 
¡Cuan dulce me es renovar 
Tantas memorias risueñas. 
Tantos ensueños dorados 
De la edad de la inocencia! 

Arrodillarme en la ermita 
Do al gran Saturio veneras, 

Y donde mi dulce madre 
Dictó mi oración primera: 

Besar la cruz so la cual 
La resurrección esperan 
Los restos de mis abuelos 
Que Dios en su gloria tenga; 

Postrarme humilde á los pies 
De aquella Virgen morena 
A quien á amar me enseñaron 

Y á invocar en la edad tierna. 
Vcv tus calles y tus plazas 



1^0 A MI PATRIA. 

^' del Duero las riberas, 
Donde, como yo otros días. 
Tiernos niños juguetean: 

1]1 jardín donde corrí 
\ln las estivales siestas 
Persiguiendo mariposas 
ICntre aromas de azucenas!.... 

Aquí, al mirar esconderse 
I'n una tarde serena 
101 gran luminar del día 
Tras de las vecinas sierras, 

En mi corazón de niño 
Sentí por la vez primera 
Eso que dicen que sienten 
Los que han nacido poetas. 

Las cantigas que escribí. 
Hoy me sonrío al leerlas; 
Pero aun tienen no sé qué 
Encantos que al alma llegan. 

Apenas pongo los pies 
En esta bendita tierra, 
¡Tantas ideas me acuden I 
¡Tantos placeres me anegan!... 

Ansioso de ver montañas. 
Mi espíritu se embelesa 
Mirando al Pico de Frentes 
Alzar sus formas esbeltas. 

Para admirarla una vez 
Es la llanura muy bella; 
Mas ¡ay!... parece un desierto 
De soledad y tristeza! 

Aquí es más puro el ambiente, 
Aquí es el aura más fresca: 
Parece que las montañas 
Están del cielo más cerca. 

Dulcísimas emociones 
Hallo en la casa paterna; 
Padres, hermanos, parientes 
Que obsequiosos me rodean. 

Y á cada paso que doy, 
Memorias que me conmuevan 
^' labios que me sonrían 
V manos que se me tiendan. 

Niño abandoné tu seno; 



A MI r'ATRlA. I Sí 



¡Tan bella para mí eras!... 
He visto más: vuelvo joven, 

Y hoy me pareces más bella. 
Yo tengo una pobre lira, 

Y tengo sangre en las venas: 
Ksta, para amarte siempre, 

Y para cantarte aquélla. 

Te llaman pobre y oscura. 
Patria mía, y te desprecian... 
¡También desprecian á l^spaña 
Las naciones extranjeras! 

Ni vive de pan el hombre, 
Ni cuando de pan viviera 
A tus hijos les faltara 
Si desgraciada no fueras. 

Aún hay madera en tus bosques, 

Y pastos en tus dehesas, 
Tesoros en tus entrañas, 
Mármoles en tus canteras. 

Mas no envidies los verjeles 
De Andalucía y Valencia: 
Que no es mengua la desgracia 
Ni es deshonor la pobreza. 

Madre de ilustres varones 
En las armas y en las letras, 
Dechado de la hidalguía 

Y solar de la nobleza: 

Eres cristiana, eres noble. 
De cien lauros heredera, 

Y aun postrada, eres Señora, 

Y aun destronada, eres Reina! 
Tienes nevadas montañas 

Y cañadas pintorescas. 
Prados cubiertos de flores, 
Pinos de verdura eterna, 

Arroyuelos que sonríen, 
Torrentes que se despeñan, 

Y manantiales que brotan 
Las encantadas cavernas. 

Al pié de los campanarios 
Donde anida la cigüeña. 
Cual bandada de palomas 
Se cobijan tus aldeas. 

Aquellas casitas blancas. 



n2 A MI PATRIA. 

Tan limpias cuanto modestas, 
Son venturoso teatro 
De patriarcales escenas. 

Allí en el extenso hogar, 
Al resplandor de una tea, 
Oyen al trémulo anciano 
Que antiguas historias cuenta. 

Niños de negros ojuelos, 

Y madres de faz risueña, 
-Mancebos de hercúleas formas, 
\'írgencs de tez morena. 

Y allí, cantando en el valle. 
Guia el pastor su ovejas 
Entre el aroma silvestre 
Del romero y la ajedrea, 

Y bajo de un sol radiante 
Brilla el rocío en las yerbas. 
Trisca el cordero en el prado, 
Canta el pájaro en la selva. 

Y allí se cree y se ama, 

Y se trabaja y se reza, 

Y una cruz tiende los brazos 
Sobre la cuna y la huesa. 

Tienes torres bizantinas 
Murallas y callejuelas, 
De esas que desprecia el vulgo 

Y que encantan al poeta: 
Atalayas cuyos muros 

Cubren el musgo y la hiedra, 
Castillos de hadas poblados 

Y poblados de leyendas; 
Campos y valles y ruinas, 

De grandes recuerdos llenas, 
Teatros de heroicas luchas 

Y de homéricas proezas: 
Numancia, Lucia, Augustobriga, 

Segeda, üxama y Termencia: 
Gormaz, Calatañazor, 
Alcozar y San Esteban. 
Medinaccli, Almazán, 
Del Duero entrambas riberas, 

Y los campos de Araviana 

Y de Idúbeda las sierras. 
Cien rocas en cada monte. 



Á MI PATRIA. 153 



Y en cada roca una cueva, 

Y en cada cueva una historia, 

Y en cada historia un poema! 
¡Patria mía, patria mía; 

Eres grande y eres bella, 

Y aun postrada, eres Señora, 

Y aun destronada, eres Reina! 
Hoy á tus brazos he vuelto: 

Mañana... dejarte es fuerza; 
Pero cuando yo te olvide. 
Se habrá de secar mi lengua. 

Patria; que Dios te bendiga, 
De Soria querida tierra. 
Cuanto ilustre desgraciada, 
Cuanto desgraciada bella. 

Fr. Conrado Muinos Sae.mz. 

Setiembre de 188). 




154 



RESOIIÜES ! DECRETOS DE LAS imm CDüGRECiClOiS. 




kui()I,.\.\1::n. Fraclionis jcjunii lulii- 
ralt's ante fnissam. — En el número 
?*^ 42 de nuestra Revista, correspon- 
diente al mes de Junio de 1884, compen- 
diamos esta misma causa, aunque sin titulo 
que indicase su procedencia, ni epígrafe 
que señalase su materia. Propuesta enton- 
ces para examinar cuestiones incidentales, 
motivadas por varios decretos del tribu- 
nal, contra los cuales se había alzado en 
apelación el presunto reo, se enunciaba, 
según su objeto principal, por estas pa- 
labras: Decretorum et appellalionis, y se 
presentaba á la suprema decisión de la 
Sagrada Congregación del Concilio en 
estas otras: «Afi sustineantiir decreta Cun\v 
archiepiscopalis 5 ct lu Ja^iuarit 18H] in 
casu? resolviéndola la misma Sagrada 
Congregación en la siguiente forma: « Quoad 
Assessorem G. ac testem B. affirmative; 
qiio vero ad testes M. et. C. itegative.» No 
repetimos aquí la historia del hecho que 
en el lugar citado referimos, donde si 
place á nuestros lectores, pueden volverla 
á leer, por evitar repeticiones, contentán- 
donos con haber trascrito la decisión, por 
ser fundamento de todo lo que se ha de 
escribir acerca de las nuevas vistas y sen- 
tencias de esta causa. 

Recibida pues en la curia de Milán la 
sentencia ya conocida, se incoó nuevo ex- 
pediente conforme ella prescribía, siendo 
admitidos á testificar los testigos M. y C. 
Muerto entre tanto el Pro-Vicario, expidió 
el Arzobispo un decreto con fecha 20 de 
Octubre del 83 nombrando Juez delegado 
para dar sentencia en unión con los demás, 
al mismo José G., á quien recusó como ase- 
sor el reo. Terminado el proceso, salió la 
sentencia definitiva el 22 de Diciembre de 
J883 en la forma siguiente: i. «Saccrdotem 



«Davidem A. ex probationibus ómnibus in 
"processu collatis, convictum juridicc esse 
«criminis commissi die 20 Aprilis 1882 ce- 
"lebrationis Misscc in Ecclesia Parroquiali 
»S. .Mariaí S. civitatis M., paulo post a frac- 
"tione jcjunii naturalis habita in publico 
«thermopolio.» 

»2. Dictum sacerdotem haud esse juri- 
"dice convictum de eodem crimine eidem 
"imputato pro diebus 12, 13, et 18 Aprilis 
''1882, cum probatio semiplena tantum de 
»hoc extiterit singularibus teslibus suf- 
»fulta.» 

»Pro hujus sententiae sanctione relate ad 
»diem 20 Aprilis 1882 tribunal delegatum 
nad normam Canonis Nihil, casu 7. qtix'st. 
»i, cap. 16, Nnlliis post cibiim potnmqiie 
«qiiemlibet minimum siimptitni Missam fa- 
>^cere prcesumat, suam facit confirmatque 
«epistolam Provicarii M. nunc defuncti, 
"datam die i Julii 1883, qua sacerdoti Davi- 
»di A. interdicta est per totam Dicccesim 
«prasdicatio: eumdemque sacerdotem A. ad 
"proprium ordinarium rcmittit, ac in pro- 
»cessus expensas condenat.» 

De los jueces que dictaron la sentencia 
anterior sólo la firmó el presidente del 
tribunal, apelando de ella por esta y otras 
razones el sacerdote David á la Sagrada 
Congregación del Concilio, para que en 
todo fuese anulada. Admitida la apelación 
y presentada la defensa de ambas partes, 
ó sea de la Curia y del presunto reo, se 
propuso á la decisión suprema de los Emi- 
nentísimos Intérpretes del Tridentino esta 
duda: «An seníentia Ciirix' Archiepiscopalis 
sit confinnanda vel injir manda in casu? la 
cual resolvieron en 20 de Diciembre del 84 
diciendo: «Sententiam esse confirmandam.» 
No contenta con tal resolución la curia ar- 
zobispal, pidió nue\a audiencia sobre el 



DE LAS Sag. Congregaciones. 



155 



examen de los testigos, super examine tes- 
tíum, presentándose nuevamente la cues- 
tión en esta forma: »An sil standum vel 
recedendiim a decisis iii cisti?, quedando 
del todo zanjada con la respuesta de la 
Sagrada Congregación, expresada en estos 
términos: «//z decisis el amplius. 

Así quedó libre el sacerdote David de la 
mala fama que le atribuía la violación de 
una de las más sagradas leyes eclesiásti- 
cas, adoctrinada la curia para instruir los 
procesos en confitrmidad con las prescrip- 
ciones del derecho, y eliminado de los tri- 
bunales eclesiásticos el peligro de que ha- 
blamos en la primera compilación de esta 
causa. En ella solamente apuntamos los 
títulos del derecho que debían tenerse pre- 
sentes para que ni jueces ni reos traspasa- 
sen los límites de la justicia y del deber, 
sin compendiar siquiera las pruebas que 
habían sido presentadas. .Vhora, para re- 
cordar la doctrina contenida en los men- 
cionados títulos, y persuadirnos de la justi- 
cia con que la Sagrada Congregación ha 
irritado la sentencia de la Curia milanense, 
epilogaremos las razones aducidas en estas 
dos últimas vistas, coronando nuestro pe- 
queño trabajo con los sabios Corolarios de 
los Canonistas, en que se hallan condensa- 
dos los principios que presiden á la reso- 
lución y la justilican. 

En cuatro partes distribuye el abogado 
de David su defensa: En la i.* intenta de- 
mostrar que todo lo actuado en la causa es 
sospechoso, y más á propósito para demos- 
trar la mala intención de los acusadores, 
que la falta del reo. En la 2." se propone 
hacer ver que es nula la sentencia por no 
sujetarse á las prescripciones del derecho, 
tanto eclesiástico, como natural y civil. La 
^.-examina la sentencia en sí misma y la 
pena por ella irrogada, demostrando que 
ambas son injustas. Finalmente, en la 4." 
patentiza cómo los argumentos aducidos 
contra el reo demuestran su inocencia. \'ea- 
mos ahora cómo se desarrollan las pruebas. 

1.° Es sospechoso, dice el defensor, que 
la curia desde las primeras diligencias en 



la causa, declarase que el crimen. i testibus 
piene probar i, y que los testigos eran omtñ 
exceptione majares; que no haya recibido 
las deposiciones de los testigos presenta- 
dos por el reo hasta que se lo ordenó la 
Sagrada Congregación, ó las haya inter- 
pretado en mal sentido; que en solo un día, 
desde el 20 al 21 d^ Abril, se haya presenta- 
do la acusación, que la Curia haya recibido 
las deposiciones de los testigos, qu:í haya 
pasado la causa al ordinario, que se haya 
formadi") proceso, y éste haya llegada al 
acusado. Es también sospechoso que iiu- 
biendo rechazado la Sagrada (congregación 
la recusación de C, porque era simple 
asesor, después haya sido nombrado juez 
en la causa, así como lo es el haber sido 
constituido juez un tal .M.. á quien se consi- 
deraba en la curia como mandatario contra 
el reo. Es sospechosa la sentencia contra 
la cual, según rumores, habían protestado 
algunos jueces, por haber firmado en ella 
únicamente el presidente del tribunal, lo 
que confirmó los rumores y declaró la mala 
fe que había en los procedimientos. 

2." Para demostrar que la sentencia es 
nula, sentado el principio, -que es mayor la 
injusticia que se hace procediendo en la 
sentencia contra el orden de los juicios que 
contra el derecho y la justicia misma, por- 
que aquél atañe á la sustancia de los jui- 
cios, y abraza toda violación é injuria, in- 
clusa la de la justicia; asienta que en el 
caso existe dicha violación, lo que prueba 
de este modo. 

i.° Las causas criminales se incoan úni- 
camente por la acusación, la denuncia ó la 
inquisición. La presente se incoó por el 
tribunal vía specialis inquisitionis ex ofji- 
cio; y como no hay lugar á tal inquisición, 
sin haber precedido la general, ó ser evi- 
dentes los datos existentes én el mismo 
acerca del crimen, y no pueda considerarse 
como tal la denuncia de Natal \'. v Gerva- 
sio R., porque los tales eran delatores para 
incoar el proceso y testigos en su prosecu- 
ción, ni tampoco sea tal la certeza del cri- 
men, del cual nu ha existido fama ni antes 



.'O 



IS'- 



Resoluciones y Decki:tos 



ni después de la inquisición; se sigue que 
todo lo actuado en la causa carece de su 
principal fundamento, y por tanto es nulo. 
Deduce cslí) mÍ5nio de las circunstancias 
peculiares que acompañaron á la difama- 
ción del presunto crimen. 

2." El juez en materias criminales no 
puede usar de preg-untas capciosas, ni su- 
gerir á los testigos las respuestas que 
deben dar á sus preguntas, y mucho me- 
nos suponer como cierto el crimen que se 
intenta probar. Faltando á estas prescrip- 
ciones el juez instructor, usando en sus 
interrogatorios de esta fórmula. Noliim est 

hiiic Curia; qiiod ect obró contra el 

orden de los juicios, y vició de nulidad sus 
procedimientos. Al reparo que contra este 
argumento podría formársele, de no estar 
esta nulidad declarada en el derecho, res- 
ponde, que está prohibido, y que todo lo 
que contra legem pro/iibentem committitur 
uiilliLitc infecí iim haber i, probando ambas 
cosas con varios autores canonistas y ci- 
vilistas. 

En la parte tercera de su trabajo, después 
de decir de la sentencia, que habiendo sido 
coartada á declarar cometido el crimen el 
día 2u de Abril, siendo así que la acusación 
le suponía cometido los días 12, 13, 18 y 
20, debía ser excluido del proceso todo lo 
que á dicho día 20 no se refiriese; indica 
las tres penas por ella impuestas, á saber; 
la prohibición de predicar, la infamia cri- 
minisjuridice convictam, y la obligación de 
volverse á la Diócesis de origen. Y omi- 
tiendo refutar la segunda, por ser sin duda 
evidentemente injusta, dice acerca de la 
primera, resolviendo las razones en que los 
jueces ó el defensor de la curia la apoyan, 
que si está en manos del Obispo el conce- 
der la facultad de predicar, no lo está el re- 
vocarla sin causa, y mucho menos por un 
crimen mediante una sentencia, puesto 
que de este modo queda herida gravísima- 
mente la fama del predicador, lo que sube 
de punto en el caso, porque el ofendido es 
un predicador muy buscadi:), el cual tendrá 
que responder (-lue no puede predicar por- 



que se lo han prohibido. De la misma na- 
turaleza es la pena tercera para el Sacer- 
dote David, que habiendo dejado la Diócesis 
acompañado de dicaces recomendaciones 
de su Ordinario, volvía á ella por castigo. 

Refutada la sentencia y sus penas, pasa 
á examinar los fundamentos de aquélla, 
que son las deposiciones de los testigos, 
en los cuales nota muchas faltas jurídicas: 

I.' Que los dos únicos testigos que se 
presentaron para probar el crimen habían 
explorado al reo por espacio de una hora, 
habían denunciado el crimen á la Curia, y 
lo habían propalado en los periódicos. 
Son pues sospechosos, y dos solos no 
son suficientes para probar conti-a un Sa- 
cerdote, contra el cual se necesitan más 
testigos. S. Alfonso, lib. 4, cap. 3, núme- 
ro 259. 

2." Que fueron admitidos á testificar 
contra un Sacerdote testigos laicos, contra 
lo prescrito por Alejandro III, cap. 14 De 
teslibus, y esto sólo podría admitirse en 
caso de faltar otros eclesiásticos, lo que no 
pasa en el presente. 

3.^ Que no hubo conformidad en los 
testimonios, ni acerca de la sustancia con 
que se quebrantó el ayuno, ni la hora en 
que se dijo la misa, ni el color con que se 
celebró. 

4.'' Que son inhábiles los testigos por 
estar sujetos á excepción, tanto por el 
modo con que denunciaron el crimen, como 
por la conducta observada contra el reo. y 
también por la enemistad que mediaba 
entre éste y uno de aquéllos, manifestada, 
ora en una gravísima acusación contra el 
Sr. David firmada en 18S3, ora en sus con- 
versaciones, en las cuales le ha llenado de 
improperios. 

Finalmente, al examinar los argumentos 
con que se ha querido probar el crimen de 
su defendido, dice de ellos el Abogado, 
que pueden aducirse en defensa del mis- 
mo. Con este fin examina las preguntas 
hechas al reo lan capciosamente, que al 
responder no podía menos de confesar par- 
le de su crimen, ó fallar al precepto del 



DE LAS Sao. (>(»\GRn:GACio.\Es. 



15; 



Juez. Preguntado en un interrogatorio si 
había ido al café antes de misa, y respon- 
dido que sí, pero sin quebrantar el ayuno; 
y que si esos días iiabían sido los del mes 
de Abril, á lo que dijo que, pasados ya cua- 
renta, no podía afirmar si había ido ó no al 
café en esos días, porque no recordaba los 
días en que aquello sucedió, ni si en ellos 
dijo ó no misa, le hicieron la misma pre- 
gunta reuniendo en ella todos los días, y 
obligándole á contestar, creo ó no creo, ó 
110 creo como se me ^reguiit.i. De suerte, 
prosigue el defensor, que si respondía creo, 
confesaba el crimen; si decía no creo, nega- 
ba lo que ya había concedido en juicio; y si 
respondía no creo como se pregunta, afir- 
maba que en la pregunta había alguna 
cosa verdadera. Su respuesta fué, non cre- 
do iit fonitur exclusa mordicits missx cele- 
hraiione post jejunii in/ractionem, y de ella 
saca la curia que no niega haber quebran- 
tado el ayuno, á lo cual responde el defen- 
sor que eso no prueba el crimen con aque- 
lla evidencia que es necesaria para castigar 
al reo, especialmente si es eclesiástico, 
añadiendo que es suponer, no ya sacrilego, 
sino necio al reo, que pudiendo hacer eso 
mismo en su casa ó en otra parte, lo iba á 
hacer allí donde sabía que le vigilaban sus 
émulos. 

A pesar de tan brillante defensa, no dejó 
el abogado de la Curia de alegar razones 
para demostrar la justicia de la sentencia. 
Parécele que no sólo está probado, como 
ella dice, el crimen del 20 de Abril; sino 
que también el de los días anteriores, de 
los cuales testifican varios, que si no llegan 
á formar número jurídico para cada día, lo 
forman para el crimen en general, y entra 
á defender la sentencia tal cual se encuen- 
tra dada, diciendo estar probadas, tanto la 
bebida tomada en el café, como la posterior 
celebración. Aquélla por la deposición del 
mismo David, el cual preguntado, si el día 
20 de Abril, á las ocho y media, en la habi- 
tación secreta del café, quebrantó el ayuno; 
respondió que sí, pero no antes de la misa. 
Esto por el Rector de la Iglesia de Santa 



-María, donde celebró David, como consta 
por los libros de la misma, el día 20 de 
Abril, y por dos testigos. Natal y Gervasio, 
contestes en ambas cosas, y en determinar 
todas las circunstancias de ellos. Para dar 
más fuerza á su argumento dice que los 
testigos son de buena conducta y fama, 
teniéndolos por tales el mismo Arzobispo 
y su provicario, y están en su deposición 
apoyados por otros varios en algunas cir- 
cunstancias del hecho, con lo cual se forma 
prueba plena de la existencia del crimen. 
Sentado esto como ineludible, rebate los 
argumentos del contrario, especialmente 
uno, que no vemos en la defensa, consis- 
tente en los libros de cierta Iglesia, en los 
cuales se leía haber celebrado en ella el 
Sacerdote David_. el día mismo que se le 
acusaba de la violación del ayuno, y que 
omitimos nosotros, ya por no estar en la 
defensa, ya porque á nuestro juicio, ni está 
bien expuesto, ni bien refutado. 

Acerca de las contradicciones de los testi- 
gos, presentadas por el defensor de David, 
dice que no son sustanciales, y por tanto, 
no destruyen la verdad del testimonio. 
Sobre los argumentos contra el proceso 
ad vindictam , y las preguntas capciosas, 
afirma que para aquél basta que exista la 
fama del crimen, que se comuniquen al reo 
los capítulos de acusación acerca del cri- 
men, lugar y demás circunstancias, y se le 
dé tiempo oportuno para probar su ino- 
cencia; todo lo cual se ha practicado en el 
caso; pues la fama ó infamia existía en Mi- 
lán y fuera, la inquisición se había incoado 
por el Provicario del Arzobispo, según 
mandato de éste, y se habían oído los tes- 
tigos, y que aquéllas no se hicieron. 

Niega también que se hayan admitido 
como testigos los delatores del crimen, por 
ignorarse cuándo éste fué denunciado al 
Superior, y que la inocencia de David se 
pruebe porque pudo tomar el desayuno 
sin que nadie lo hubiese sabido. 

Consideradas estas pruebas por la Sa- 
grada Congregación, se dio la primera 
sentencia ó resolución que hemos trascrito 



ISÑ 



Resoluciones y Decretos 



al principio, y obtenida segunda vista 
sobre el examen de testigos para reforzar 
las pruebas, se presentaron á los Eniinen- 
tisimns Padres las siguientes razones de 
ambas partes. 

Kn favor de la Curia se dijo, que habien- 
do sido anulada la sentencia por falta de 
pruebas, y concedida nueva audiencia, 
para que esta gracia no sea inútil, no pu- 
diéndose reforzar aquéllas sino por medio 
de testigos, debe concederse á la Curia 
nuevo examen de los testigos Natal y Crcr- 
vasio con otros varios, arregladas las pre- 
guntas entre las partes, concediendo tam- 
bién al reo facultad para presentar sus 
testigos. (,)ue este examen de nuevos testi- 
gos y de Gervasio y Natal, lo pide la gra 
vedad de la causa para su recta decisión. 
Pues de aquéllos, uno prueba la celebra- 
ción de la Misa en Santa .María por el 
sacerdote David el día 20 de Abril, y otros 
dos el que antes entró en el café. El que se 
pregunte nuevamente á Natal y Gervasio 
destruirá cualquier objeción que se in- 
tente presentar contra la ambigüedad de 
las preguntas. .\sí pues, se suplica á la 
Sagrada Congregación expida un decreto 
en estos términos: Esse. 

El defensor de David está porque se 
guarde la disciplina gregoriana, art. 572, 
de no admitir nuevo examen de testigos, 
ni nuevos testigos una vez cerrado el pro- 
ceso. Dice ser esto conforme en un todo 
con el derecho de las Decretales, según 
Reiffenstuel, lib. tit. 20, § 13, n. 457, y que 
debe observarse más en esta que en otras 
causas por ser criminal, y no haber razón 
suficiente en contrario. Esto en derecho. 
Descendiendo á la admisión de los testigos 
nuevamente presentados, dice que nada 
pueden conseguir contra el presunto reo; 
no con el primero, porque presentado des- 
pués de tres años, su testimonio es sospe- 
choso; ni tampoco con los otros, porque 
con su testimonio no se prueba el crimen. 
I. o mismo afirma acerca de la nueva ad- 
misión á testificar de Natal y Gervasio, 
pues los que una vez fueron oídos en un 



juicio penal, no deben ser admitidos la se- 
gunda. Niega la legitimidad de la persona 
para litigar en nombre de la Curia, por ser 
aquélla el Promotor fiscal de la Curia, con 
lo cual se destruye todo lo actuado, y dice 
que la sentencia absolutoria en materia 
criminal pasa inmediatamente in remjudi- 
calam, según la opinión de los Doctores, 
contra lo cual no se opone la concesión de 
la Sagrada Congregación, pues en ese 
caso no tendrían fin las causas, ni libertad 
los reos presuntos. Con estos datos juzga- 
ron los Emos. Jueces que no había lugar á 
la admisión de nuevos testigos ni á nuevo 
interrogatorio de los antiguos, diciendo en 
18 de Abril de 1883: «//i decisis el amplias.» 
Es decir, queda derogada é irritada la sen- 
tencia de la Curia de .Milán, y libre de las 
penas y de la infamia el sacerdote David. 
Así se obtuvo lo que nosotros deseábamos, 
y pueden aprender en toda la compilación 
de la causa los que se vean en la precisión 
de formar procesos contra los eclesiás- 
ticos, el cuidado con que han de obser- 
var las reglas para tales juicios estableci- 
das. Compendiémoslas más copiando los 
Corolarios de los Canonistas romanos, que 
dicen así ( i): 

I. Judices delegatos, non aduniversita- 
tem causarum, sed ad peculiare judicium, 
etiam sine causas cognitione recusan posse 
ad majorem libertatem a;quitatemque ju- 
diciorum. 

II. Interdum graviorem injuriam infer- 
re quas contra judiciorum ordinem pa- 
trantur, quam qua; contra jus, quia ordo 
substantiam afficit. 

III. Generalem inquisitionem semper 
speciali esse pra:mittendam: scilicet judi- 
cem colligere criminis argumenta deberé, 



(i) La precipitación con que hemos tenido que compen- 
diar esta causa y todas las demás, y nuestro deseo de no 
faltar á la iidclidad en la sustancia, nos han obligado á n<> 
reparar mucho en la forma, deseando sólo salir adelante con 
el fondo. Por lo tanto, aunque no sea csia sección la parte 
de nuestra humilde Revist.v en la cual se pueda esperar una 
limada literatura, ni tememos que nuestros juiciosos lectores 
la buscarán en ella, por el respeto que les debemos les roga- 
mos sepan dispensar de buen grado sus faltas. 



DE LAS Sag. CoxgrEgacioxEs. 



Í50 



et infamia facti ad animadvertendum com- 
peili. 

IV. Ad specialem inquisitionem insti- 
tuendam ccrtissimas probationes rcquiri, 
ac tales ut nihil pene deessc vidcatur quam 
rei confessio. 

V. Licct libera sit sempcr Episcopis 
concedendi facultas, non a:quc liberam ip- 
sis esse adimendi facultatem. Etenim sine 
noxa neminem esse privandum; et in quo- 
libet arbitrio ad nutum requiri scmper 
boni viri judicium. 

VI. Ad Sacerdotem condcmnandum 
plusquam dúo testes requiri. 

Vil. Neo testes laicos adhiberi posse 
contra Sacerdotem in causa pa;nali, nisi 
probetur, hábiles testes ñeque actu, ñeque 
habitu intervenire. 

\'III. Denunciatorem in judicio et ad 
pcenam nunquam in testem admitti. 

IX. In judicio pa;nali inimicum, nedum 
gravi et capitali simultate, sed etiam levi, 
a testimonio ferendo prohiberi. 

X. Captiosas positiones, ita concinna- 
tas, ut reus vix responderé possit, quin 
sibi aliqua ratione noceat, á jure vehemen- 
ter improbari. 

XI. Ad damnandum hominem, ac prce- 
sertim Sacerdotem, tales probationes re- 
quiri. quac de crimine admisso ne dubitari 
quidem sinant. 

XII. Tribunali vetitum esse post clau- 
sum processum et causa: disputationem 
initam, aliorum teslium examen admittere. 
Id magis obtinere post sententiam, nempe 
post causse disceptationem et cognitam 
judicantium mentem. 

XIII. Promotoris Fiscalis Curias offi- 
cium, suíe Curia; fines non egredi. 

XI\'. Sententiam absolutoriam accusa- 
ti, statim ac edita est in rem judicatam 
transiré. 

Ari.minen. Punctaturaruin et Indulli.— 
En 7 de .Marzo de 18S5 resolvían los Emi- 
nentísimos F'adres intérpretes del Concilio 
Tridentino estas dudas: «I. An et qiiomodo 
sit lociis restitulioni pimctaliiranim favore 



canonici Petri in casu? W. An et quomodo 
eidem indultum absenticc sit concedendum 
in casu? en la forma siguiente: «Ad I. Ne- 
gativa in ómnibus et aniplius. Ad II. Re- 
ctirrat ciun fide jarata duoriun medicorum. 
El caso que dio margen á estas dudas 
pasó así: 

Pedro, canónigo de Arímini, mayor de 75 
años, enfermo de una epatitis, pasaba la vida 
en una quinta para recuperar su salud, se- 
gún consejo de su medico. El capítulo le 
detuvo de su prebenda 24 escudos por los 
cuatro meses de ausencia, de lo cual se 
quejó á la Sagrada Congregación mencio- 
nada, pidiendo se le devolviese dicha suma, 
y se le concediese el indulto ó dispensa de 
residencia, acompañando las preces del 
certificado del médico, en que se decía 
serle necesaria la vida del campo, y el ca- 
pítulo de las constituciones del cabildo, en 
el cual es considerado el canónigo enfer- 
mo como presente para todas las ovencio- 
nes ordinarias, con las mismas condiciones 
que el derecho exige en los tales para la 
consecución de la prebenda. 

Preguntado sobro esto el Obispo, infor- 
mó que sin indulto se hacía suyas las dis- 
tribuciones viviendo en el campo por con- 
sejo del médico. El cabildo por su parte 
dijo haberle sujetado á las puntaturas des- 
pués de saber que vivía en el campo por 
su gusto, cantando muchos días la misa 
tarde, cosa que no hacía antes en la Cate- 
dral, á cuyas funciones y coro asistía pocas 
veces, pidiéndole además cuentas de fon- 
dos mal empleados en el tiempo que fué 
administrador del Cabildo. 

Los argumentos co n que intenta probar 
su derecho el canónigo se reducen á la 
doctrina del derecho relativa á los canóni- 
gos, ora la que determina las distribucio- 
nes cotidianas en que consiste la prebenda, 
ora la que concede el mismo beneficio, 
acerca de las ovenciones que se distribuyen 
entre los presentes, confirmada con varias 
resoluciones de la Sagrada Congregación. 
Añade que esto debe verificarse, no sólo 
cuando el enfermo está obligado á guardar 



lOo 



Rksoujcionks y Decretos 



cama, ó estarse en casa, sino también 
cuando debe abandonar su residencia por 
consejo del médico, en cuyo caso se ha- 
lla él. 

A los reparos que le ponen los canóni- 
gos, acerca de su enfermedad y conducta y 
de la mala asistencia á coro anterior, res- 
ponde á la primera que todo lo hace por 
consejo del médico, y á In segunda que no 
asistía por cumplir con el oficio que le 
habla encomendado el cabildo, y por tanto 
legilimamente, y concluye que habiendo 
sido legitima su ausencia, no puede privár- 
sele de las distribuciones tnler prcesenles, ó 
sujetarle á la ley de las puntaturas, y que 
siéndole necesaria la ausencia para su sa- 
lud, debe concedérsele el indulto que pide. 

El cabildo por su parte, concedidos los 
principios del derecho, intenta probar 
que no son aplicables al hecho, y forma 
así su defensa. Para concederse el indulto 
de auseneia se requiere enfermedad cierta 
y grave, y continua asistencia á coro en el 
tiempo de salud. Lo primero aún no cons- 
ta, pues el médico no dice que le sea per- 
judicial la asistencia á coro, ni sus salidas 
de casa están conformes con lo que dice 
Benedicto XIV en la Inst. lo-j, n. ^7 y las 
mismas constituciones capitulares, donde 
se establece que dichas salidas, especial- 
mente nocturnas, prueban que la enferme- 
dad no excusa de la asistencia á coro. De 
]a segunda están persuadidos en sentido 
contrario; luego no tienen obligación de 
concederle las distribuciones, ó pueden su- 
jetarle á la ley de puntaturas. Dado caso 
que á esto no haya lugar, pide el Capítulo 
que se le indemnice de lo que malgastó en 
el tiempo de su administración. 

Sobre conceder el privilegio para lo su- 
cesivo, dice solamente que no parece con- 
veniente, puesto que la enfermedad no se 
presenta grave. 

Leídas y consideradas estas pruebas en 
la Sagrada Congregación, expidió el decre- 
to contenido en la resolución trascrita, 
cuya sustancia es: que el canónigo Pedro 
no tiene derecho á exigir lo que se ha re- 



servado el cabildo de sus puntaturas, ni 
puede juzgarse ausente por enfermo mien- 
tras no se le conceda esta gracia, á la que 
debe preceder el testimonio jurado de dos 
médicos. 

Aplicados los principios opuestos á las 
circunstancias del hecho, se ve con toda 
evidencia la justicia de la resolución, que 
se confirmará con los Colli^'cs de la Revis- 
ta Romana que trascribimos á continua- 
dión. 

I. Dúo gencraliter rcquiri uti valcat in- 
dulto abesscndi a choro inlirmitatis causa, 
quod nempe de agritudine et impedimen- 
to ab ea legitime promanante constet per 
testimonia Medicorum jurata: et quod in- 
íirmus dum integra utebatur valeditudine, 
sollicitus fuerit divinis interesse ofliciis. 

II. Etenim quamvis pia mater Ecclesia 
plurimum a^grotantibus indulgeat, tamen 
Ínter morbos haud recenset levissimum 
dolorem, et quamlibet tristitiíc causam: 
ñeque admittit morbum esse causam non 
residendi pro eo qui non rescdit dum plena 
uteretur sanitate. 

III. .EgritudinemCanonici Petri in the- 
mate ñeque medicorum testimonio jurato 
obfirmatam fuisse; ñeque eumdem consue- 
tudinem choro interessendi habuisse, dum 
sanitate guaderet; hinc rite denegata fuit 
restitutio punctaturarum favore illius, et 
prasscriptio data, ut in posterum expetc- 
ret indultum abessendi, juratam duorum 
medicorum exhibendo fidem. 

DE LA SAGRADA CONGREGACÓN DS OBISPOS Y REGULARES. 

Cariatkn. Pensionis. — La cuestión exa- 
minada bajo este epígrafe es la siguiente: 

El Emo. Brunelli, por especial privilegio 
concedido por Pío IX, cedió en 17 de Di- 
ciembre de 185Ó á favor de Benito Manno- 
ni la mitad de la pensión de 50 escudos, 
que recibía del Obispado cariatense, asin- 
tiendo entonces el actual dueño del beneíi- 
cio. Muerto éste en 1877, su sucesor se ncy:ó 



DE LAS Sag. Congregaciones. 



i6i 



á pagar dicha pensión á pesar de las con- 
tinuas peticiones del pensionista, el cual 
recurre á la Sagrada Congregación de 
Obispos y Regulares, suplicando haga 
cumplir con su deber al actual Obispo de 
Cariali. 

Recibida la súplica en la Sagrada Con- 
gregación, se examinó la causa, defendién- 
dose el Obispo con decir que han dismi- 
nuido de tal suerte los ingresos de la mitra, 
que ya no tiene los 3.000 ducados que 
según el Concordato de 181 8 son necesa- 
rios para que pueda sujetársela á pensio- 
nes, y que á ser sulicicntes, no tendría 
obligación de ello, porque según Real De- 
creto de 14 de Diciembre de 1818, las pen- 
siones sobre las mesas episcopales cesan 
con la muerte del pensionado. Añade que 
aunque pudiese y debióse pagarla, Mannoni 
no tiene derecho á ella por haberse hecho 
el tratado sin consentimiento del Gobierno 
Napolitano, y no haberla denu^nciado al 
Dcmanio. (i; A no haber lugar á esto, pide 
se le aplique el Decreto Cí¿;7í nupen ¿mis. (2\ 

El pensionista niega que el tratado de la 
pensión no esté conforme á la ley y nece- 
site del visto bueno del Gobierno, pues lo 
primero se hizo con especial privilegio y 
anuencia del posesor, y lo segundo sujeta- 
ría la legislación eclesiástica á las veleida- 
des políticas. Niega igualmente que haya 
prescrito contra él el Obispo por no haber 
reclamado á tiempo, pues es cierto que 
reclamó hasta el 80, y que haya perdido la 
pensión por no haberla denunciado al De- 
manio (3). 

Vistas estas razones en la Sagrada 



(í) Palabra italiana con que se signilica el tribunal cn_ 
cargado de la liquidaciiin de los bienes eclesiásticos. 

(2) Recordamos haber leido este Decreto en la excelente 
obra del malogrado De Angclis, tit. j j, lih. ;, Ü. L'l hcnefi- 
L-i'.i cccIcsijslL.i siiic Aisminutionc con/cr.vtlur, y su objeto e 
determinar que la disminución sufrida en los beneficios poj 
el nuevo estado de cosas de Italia, toque pro raU á los que 
tenían pensiones sobre los mismos. Fué dado por Pío IX. No 
podemos dar m;is noticias por no tener á mano la obra. 

(3) De todo lo cual deduce que el Obispo tiene obligación 
de pagarle la pensión, y no ha lugar al Decreto Cum nu- 
perrimií. 



Congregación de Obispos y Regulares, se 
presentó la resolución de la causa ba)o 
estas dos dudas: «A« et a quo actualis Epis- 
copns Ccin'jlens. pensiouem 25 scutatorum 
sciccrdoti Benedicto Mannoni pcrsolvere ie- 
neatitr in casii? et quatcnus aflirmative.» 
An Decrelum Cum Nuperrimis applicari 
debeat in casu? á. las cuales dio la siguiente 
respuesta: »Ad. I. AJJirmalive a die adeptx 
possessionis. Ad. II. AJJirmative. 

Aunque muy compendiadas las pruebas, 
dejan ver suficientemente que la razón se 
halla á favor del pensionista á quien por 
gracia se trasladó la pensión, sin que haya 
razón suficiente para negársela, á no ser la 
diminución de rentas, á la cual se obvia con 
la aplicación del Decreto citado. Es, pues, 
clara la justicia de la resolución. Para que 
más se persuada, léanse los siguientes Co- 
rolarios. 

I. Emos. Cardinales, in vim apostoli- 
caruní constitutionum, et ad tramitum 
Brevis concessionis, pensiones quibus ipsi 
fruuntur in suos conjunctos et familiares 
transferre posse. 

II. Hujusmodi cessionis effectum per- 
durare etiam postobitum Cardinalis trans- 
ferentis, si ad vitam pensionarii translatio 
facta fuerit, non obstante lege civili aliter 
disponentc. 

III. Manutentionem in pensione pos- 
sessione nulla de causa, ñeque sub prae- 
textu assertae ipsius nullitatis retardari et 
impediri posse. 

I\'. Onus denuntiationis a lege civili 
prajscriptas, non pensionario, sed ei in- 
cumbere qui pensionem persolveretenetur. 

V, Decretum Cum nuperrimis in iis 
quasstionibus decernendis applicari opor- 
tere, nuUo habito respectu ad pensionis 
exiguitatem, quoties extrema ab ipso De- 
creto statuta concurrant. 

PoRTUEXs. ET Sant.e Rufin^. Super per- 
tinentta consolidan el soliitionis. — Poco 
diremos sobre esta causa por faltarnos es- 
pacio para ello. Compendiado el caso y 
trascrita la resolución y Colliges adjuntos, 



102 



Resoluciones y Decretos 



dejaremos á cada cual apreciar la justicia 
de aquella. El caso es este. 

Ocupados por el Gobierno italiano lr)s 
bienes de la Iglesia de Fiumicino, cuyo cui- 
dado estaba encomendado á los PP. Fran- 
ciscanos, no quiso aquél pagarles desde 
1871 al 1875, en que el Ordinario le puso 
pleito y le obligó á pagarles, recaudando 
7614 francos con el nii^-mo lin. Dejaron la 
cura de almas los Religiosos, y pidieron 
para si dicha suma, que les fue negada por 
el Ordinario. El Provincial recurrió á la 
Sagrada Congregación de Obispos y Regu- 
lares, y recibida en ella la petición, decre- 
to por primera vez 7^e/)o;ia/íír (archívese) y 
en la segunda In decisis (.lo dicho). Pero 
recurriendo á la misma Congregación unos 
que se decían acreedores de dichos Religio- 
sos, mandó examinar la causa, que resol- 
vió bajo estas dos preguntas: «1. A71 et ciii 
competat consolidatum libell. 42^4 in casu? 
II. An et a quo sjttisfieri debent crcditores in 
casii? en la forma siguiente: «Aa? primum 
snmmaní libellarum quatuormille biscen- 
tum triginta quatuor (4234) spectare ad 
caiisam pianí Capellaniariim loci Fiumici- 
no. Ad II. Provisum in primo. 

Colliges 1. Rem absque causa peti, vel 
ob eamdem causam pluries obtineri non 
posse. 

II. Vota solemnia inhabilcm redderere- 
ligiosum sive ad acquirendum, sive ad 
possidendum cujuscumque generis bona. 

III. Ordinem jus amittere repetendi 
bona, quaí ad Religiosos spectare queunt, 
si hujusmodi bonis per :legitimam con- 
ventionem nuncium miserit. 

Omitimos el decir á quien se da la razón 
en esta causa, ni qué relación tengan con 
ella los Colliges trascritos, porque no lo 
vemos ni en el caso ni en las pruebas de la 
causa. Discurra cada cual como le plazca. 

También omitimos dos decretos de la 
Sagrada Congregación de Indulgencias, en 
los cuales se conceden ciertas indulgencias 
á una oración en honor de S. José y á cier- 
tas alabanzas á Nuestro Divino Redentor y 
su Santa Madre, y otro de la Sagrada 



Congregación de Ritos en que se manda 
rezar el santo Rosario todo el mes de Oc- 
tubre en todas las Parroquias del Orbe 
hasta que consiga plena libertad Nuestro 
Santísimo Papa León XIll. Diosoigapron- 
to las súplicas de sus hijos. 



Con estas omisiones intentamos dar lu- 
gar al Decreto ó Resolución siguiente que 
copiamos sin comentarios. 

ÜRiTANA.— Dubia quoad paramenta in- 
duenda a Sacerdote pro lucranda indul- 
gentia plenaria Altaris privilegiali. 

Cum in Theologia morali auctore Petro 

Scavini;edit. 1 1, 1. 3, pág. 229, § 283: apud 

Ernestum Oliva Mediolani bibliog. edita 

18Ó9 sic scriptum reperiatur. «Ex respon- 

sione S. Cong. Indulgentiarum 1 1. April. 

1840. — Sacerdos debet celebrare in para- 

mentis nigris, diebus non impcditis. ut 

lucretur Indulgentiam Altaris privilegiati. 

Hinc quairitur i.'^ an niger color sensu 

exclusivo debeat intelligi, ita ut Indulgen- 

'tiam Altaris privilegiati non consequatur 

;<qui V. g. ad ministrandam Eucharistiam 

per modum sacramenti cum paramentis 

violaceis Missam de Réquiem celebret:- 

¿Utrum qui hac vel quacumque alia ratio- 

ne Indulgentiam Altaris privilegiati non lu- 

:<cretur,possit satisfacere applicando aliam 

Indulgentiam plenariam defunctis, pro 

quibus ad Altare privilegiatum celebra- 

<re debuerat> S. Cong. Indulgentiarum 

die 2 .Maji 1852 respondit: 1. ut fruatur Al- 

;<tari Privilegiato Sacerdos, diebus non im- 

peditis, celebrare debet Missam defunc- 

torum et uti paramentis nigris, vel ex 

rationabili causa violaceis. Ad 2 Negative.» 

Joseph Cancus Ribezzo humillime postu- 

lat ut S. Cong. Indulgentiam declarare 

dignetur. «L'trum hKC responsio quoad 

«2 partem sit apocrypha: et quatenus ne- 

ogative: utrum intelligenda sit etiam de 

«Sacerdotibus. qui ad Altare privilegiatum 

«celebrare debuerant et jam celebrarerint, 

« sed non cum paramentis nigris a rubrica 

«non impeditis?- et quatenus afTirmative: 

«quumodu ipsa conciliari possit cum de- 



Resoluciones y Decretos de las Sag. Congregaciones. 



163 



«creto ejusdem S. C. Indulg. 22 Februarii 
«i847Ínquoad quassitum: Qui (sacerdos) 
«diebus permissis non celcbravit in para- 
« mentís nigñ coloris in Altari privilep^iato 
«ad acquirendaní Indulg. Plcnariam, ad 
«quid tenctur? rcsponsum fuit: debet lucrari 
«indulgentiam plenariam pro üs dcfunctis 
«quibus Missm fructum applicuit toties, 
«quotics diebus non impedilis usus non est 
«indumentis nigri coloris. 

Sao. Gong, Indulg. Sacrisquc Reliquiis 
proposita, die 24 Julii 1S85 proposito du- 
bio respondit: Respotisio esl anthcnlica. In 
decreto vero diei 22 Februarii 1847 tantum- 
modo Sacerdotibus, pro quibus postuia- 



batur de rationc qua compensare debebant 
Indulg. Altaris Privilegiati ad quam ap- 
plicandam obligarentur, et quam bona fide 
errantes, non erant lucrati, concessit Sac. 
Gong, ut compensatio íierct per applica- 
tionem altcrius Indulg. Plenariai toties 
quoties illam Altaris privilegiati non fue- 
rant lucrati. Datum Romaj c.\ Secretaria 
ejusdcni S. Gong, cadcm dio 2\ Julii 1885. 

J. 15. Gah. FRANZELIN, 

Prxf. 

JosEPiius M. Ca.\. GOSELLI, 

SubstiiutHS. 




21 



164 



REVISTA científica. 



— — v/\/vw~-+ — A/vw»' — 




,rte fotográfico —Nuestros lecto- 
res han visto en el númcín clcl pa- 
S^í^j sado Noviembre algunos adelantos 
verilicados en la fotoi^rafía de pocos años 
á esta parte: hoy insertamos gustosos en 
nuestras columnas un pequeño trabajo so- 
bre el mismo asunto, debido á un monje 
benedictino, que en medio de las ocupa- 
ciones propias de su instituto, cultiva di- 
cho arte y está al corriente de cuantos ade- 
lantos en él se realizan. Aun cuando posee 
bastante bien nuestra lengua, ha creído 
conveniente redactar un artículo en fran- 
cés, ya por serle más fácil, ya también (y 
este ha sido el principal motivo) por exigir 
los asuntos en que se ocupa mucha preci- 
sión. Nosotros nos limitaremos á tradu- 
cirle fielmente en obsequio de nuestros 
lectores, entre los cuales no faltará algún 
aficionado. 

«La fotografía hace cada día nuevos pro- 
gresos, y los perfeccionamientos de este 
arte se suceden con tal rapidez, que sería 
muy difícil estar al corriente de ellos, si la 
Librería de Gauthicr-Villars(i) no los pu- 
siese al alcance de todos, publicando los 
interesantes volúmenes que componen su 
Biblioteca fotográfica. La apreciación del 
ticnipo que necesita el cristal para ser sen- 
sibilizado por la luz, I." en razón del poder 
actínico de los rayos solares en el momen- 
to de la impresión, 2.° de la cantidad de 
luz introducida en la cámara oscura, y 3." 
de la distancia focal del objetivo empleado, 
ha sido siempre *una de las causas más frc- 
cuenics do error en las operaciones foto- 
gráficas. F^^r tanteo, se llegaba á resolver 
ese pi-oblema, no sin experimentar en la 
práctica muchas decepciones. Al. León Vi- 
dal, después de repetidas experiencias, ha 
determinado con toda precisión el tiempo 



(1) París:=Quai des .Viigubtins, 55. 



que necesita estar expuesto el cristal á la 
acción de la luz, y el resultado desús inves- 
tigaciones constituye su obra intitulada: 
Cálculo del tiempo de exposición del cristal 
á la luz y tablas Jotomótricas, de la cual 
vamos á extractar lo más sustancial, 

Ln los dos primeros capítulos demuestra 
el autor la necesidad de determinar con la 
mayor precisión el tiempo que el cristal 
debe estar expuesto á la luz, y la posibili- 
dad de medir este tiempo, y aún de formar 
tablas fotométricas. La primera dificultad 
con que se tropezaba, consistía en medir 
con suíicientc precisión la intensidad del 
poder actínico, y para resolverla ha inven- 
tado íM. Vidal un fotómetro actínico extre- 
madamente sencillo y esencialmente prác- 
tico. La intensidad de la luz solar se mide 
por la diferente coloración que produce en 
una sustancia sensible durante un tienipo 
determinado que se toma por base ó pun- 
to de partida. Una serie de tintas obte- 
nidas por el máximum y el mínimum de 
luz sirve de punto de comparación, pu- 
dicndo así determinar el grado de luz que 
se necesita. La unidad de tiempo es el mi- 
nuto. He aquí cómo describe el autor mis- 
mo su fotómetro: Una serie de diez tintas 
graduadas, cada una de las cuales tiene un 
agujero circular en el centro, se coloca á 
lo largo de una abertura hecha en un car- 
tón, sujetando dichas tintas por los extre- 
mos á los bordes del cartón, lo cual permite 
hacer correr entre las dos una hoja de pa- 
pel sensibilizado, que queda en parte des- 
cubierto por los orificios hechos en las 
tintas graduadas.» Lna cubierta exterior 
envuelve todo el aparato preservándole 
así del frotamiento y de la luz. 

Si descubrimos el fotómetro y le expo- 
nemos á la luz, después de haber colocado 
en los orificios una parte blanca del papel 
sensibilizado, la acción de la luz. trascurrí- 



Revista científica. 



lí.c^ 



do un minuto, producirá en ella una colo- 
ración más ó menos enérgica, bastando 
entonces comparar la tinta obtenida con 
las diez tintas fotométricas para deducir 
inmediatamente el grado de luz. Tenemos 
pues diez tintas modelos. La graduación 
del fotómetro se ha obtenido de la manera 
siguiente: Una faja de papel positivo albu- 
minado sensible ha sido expuesta á la luz 
difusa durante un minuto; otra del mismo 
papel ha sufrido la acción de la misma luz 
solos 9 décimos de minuto, ó sean 54 se- 
gundos; otra 8 décimos ó 48 segundos, y 
así sucesivamente hasta la última, quesólo 
ha estado expuesta á la luz un décimo de 
minuto, ó sean seis segundos. Las indica- 
ciones del fotómetro hubieran sido insufi- 
cientes, si no se hubieran completado con 
tablas correspondientes á cada grado de 
luz, en las cuales se averigua con facilidad 
suma el tiempo que el cristal debe estar 
expuesto á la luz, según sean las distancias 
focales y los diafragmas que se usen. 

En efecto: no basta conocer la intensidad 
de la luz en el momento en que se debe 
operar; es también necesario conocer á 
qué distancia focal se forma la imagen, y el 
diámetro de la abertura del diafragma, y 
con estos tres datos es posible calcular con 
bastante seguridad el tiempo que la placa 
sensible necesita para ser impresionada 
debidamente. Para poder formar las tablas 
era preciso tomar por punto de partida 
una base determinada por la experiencia, 
y véase como la formula AL León \'idal: 
«Para obtener en plena luz la impresión 
debida de un colodión seco de sensibilidad 
media, es preciso tener expuesta la placa 
un minuto, siendo la distancia focal o,™ 10 y 
la abertura del diafragma o, "" 005. «Sentada 
esta base, sólo resta deducir el tiempo de ex- 
posición en razón de la distancia focal deter- 
minada y de la abertura del diafragma, y 
para esto basta recurrir á las dos leyes si- 
guientes bien conocidas en física: i.'la can- 
tidad de luz recibida sobre una superficie 
colocada á diversas distancias de un foco 
luminoso, es inversamente proporcional al 



cuadrado de la distancia: 2. ' La cantidad de 
luz recibida sobre una superficie situada 
delante de una abertura variable, varía en 
razón del cuadrado de la superficie de la 
abertura por donde penetra la luz. Con es- 
tos dos datos no es difícil calcular el tiempo 
que la placa sensible ha de estar expuesta 
á la luz en horas, minutos y segundos, para 
cada una de las distancias focales conteni- 
das en las tablas, ó sea desde o,'" 01 hasta 
I, "^50. 

Admitiendo que el diafragma sea de 
o™, 005, sabemos que á una distancia focal 
de o'", I o el tiempo de exposición es un mi- 
nuto. Ahora bien, siendo la cantidad de luz 
recibida sobre una superficie colocada á 
distancias variables del punto de admisión 
ú objetivo inversamente proporcional al 
cuadrado de las distancias, para saber por 
ejemplo, el tiempo de exposición á una dis- 
tancia de o", 20, no hay más que establecer 
la proporción siguiente: ro^ : i." : ; 20- : x, 
ó bien: 100: 60 segundos — 400 :x; de donde 

j 100 X íJo , . 

tendremos : x= - — ~ — — 240 segundos o 

4 minutos. Para una distancia menor de 
o"", I o, como por ejemplo, de o", 06, tendre- 
mos, partiendo siempre del mismo princi- 
pio: 10- : I." : : 62 : x; ó 100 : 60 scg. - 36 : x; 

de donde resulta; x= -^-^^-^ = 22 segundos. 

' 100 '^ 

Todas las distancias focales desde 0,^0 1 
hasta I, "50 para un mismo diafragma de 
o, "05 de abertura, han sido calculadas por 
esta simple proporción, y de ellas se han in- 
ferido los datos para calcular lo mismo, 
apoyándose solamente en las variaciones 
del diafragma. Tomando las cifras del pri- 
mer ejemplo, sabemos que siendo el dia- 
fragma de 0,^005, y la distancia focal de 
o"*, 10, el tiempo de exposición es un mi- 
nuto; calculemos el que necesitará un 
diafragma de o,"'oio. Sabemos que la luz 
que pasando por una abertura cae sobre 
una superficie, varía en razón inversa del 
cuadrado de la abertura; es decir, que 
cuanto mayor es la abertura del diafrag- 
ma, menos tiempo se necesita para la 
misma distancia focal. Podemos, por tan- 



i66 



Revista científica. 



to, establecer la proporción siguiente: 
5' : lo-í : : X : i minuto- 5 lo que es lo mis- 
mo : 25 : 100 : : X : 60 segrundos; de don- 
de resulta: x = "' '^ -" = 15 segundos. Se- 

rán pues 15 segundos los que se necesitan 
para un diafragma de o'",oio. Si el diafrag- 
ma fuera de o"", 002 tendríamos; : 25 : 4 : : 

X : 60; de donde x = '' '"= ^yí scg.=r6min. 

15 segundos. 

El cálculo completo de las tablas es fácil 
de comprender, teniendo presentes estos 
ejemplos, faltando tan sólo indicar cómo 
están divididas. L'na serie de tablas corres- 
pondiente á un sólo grado fotométrico se- 
ria poco menos que inútil; se necesitan, por 
tanto, 10 series de tablas correspondientes 
á cada uno de los grados fotométricos. Su 
disposición es tal, que cada serie pertene- 
ciente á un mismo grado se encuentra 
agrupada en el orden progresivo de las dis- 
tancias focales, las cuales están anotadas 
al principio de las columnas en dirección 
horizontal. La primera columna de la iz- 
quierda de cada página indica los diáme- 
tros de los diafragmas. El uso de estas ta- 
blas es como el de la pitagórica: si, por 
ejemplo, se desea saber el tiempo que debe 
estar expuesta una placa sensible á la luz, 
perteneciendo ésta al núm. 5." y siendo la 
abertura del diafragma de o"\oi5 y la dis- 
tancia focal de o"", 44, se procederá de la 
manera siguiente: 

En la serie núm. 5.° se busca primero la 
columna 44 y se sigue esta columna verti- 
calmente hasta que se corta con la columna 
horizontal 15: en la intersección de ambas 
se lee el resultado; á saber 4 minutos y 18 
segundos. Si en lugar de la luz núm. 5.* 
fuese la del núm. q, se opera del mismo 
modo, y así en las restantes. En caso de 
usar otro procedimiento que tenga mayor 
sensibilidad que la que hemos tomado por 
base, pueden servir también los resultados 
indicados en las tablas, pues son aplica- 
bles á todos los casos posibles, bastando 
entonces modificar los resultados propor- 
cionalmente á la sensibilidad de la sustan- 



cia empleada con relación á la adoptada 
como base de los cálculos. Por término 
medio se reduce á la octava parte operan- 
do con colodión húmedo; y á la décima ó 
duodécima usando placas gelatino-bromu- 
radas, pudiendo además para estas placas 
trasformar el minuto de las tablas en 
segundo. 

Si los fotógrafos se tomaran la molestia 
de señalar en sus diafragmas el diámetro 
de abertura y de graduar métricamente 
las bases de sus cámaras oscuras para co- 
nocer con una sola mirada las distancias 
focales, el uso del fotómetro y de las tablas 
les será fácil, y pronto se convencerán de 
los grandes servicios que este nuevo ins- 
trumento puede prestar al arte fotográfico. 
Todo el que haya hecho algunos ensayos 
en este arte comprenderá sin muchas ex- 
plicaciones la suma importancia de un 
procedimiento, que poniendo en nuestras 
manos la posibilidad de medir con preci- 
sión el tiempo que las placas sensibles de- 
ben estar expuestas á la acción de la luz. 
teniendo en cuenta la intensidad de estay 
las condiciones de los aparatos, nos facili- 
ta los medios de evitar los numerosos ca- 
sos en que no se obtiene el resultado ape- 
tecido. Añadamos para concluir, que el 
fotómetro se vende en casa de Gauthier- 
Villars. 

Meteorología. -Cuan importantes sean 
los estudios meteorológicos, pruébalo la 
constante atención que en ellos ponen las 
naciones civilizadas, pues en todas ellas se 
encuentran establecidos numerosos obser- 
vatorios desde los cuales se estudian con 
escrupuloso cuidado cuantos fenómenos se 
realizan en la atmósfera. De pocos años á 
esta parte han sido tantos los progresos de 
la meteorología, y tan buenos servicios ha 
prestado, que bien podemos asegurar 
constituye hoy uno de los ramos de las 
ciencias físicas á que con más preferencia 
se dedican los sabios. Y en verdad que me- 
rece seria atención un estudio, que está 
destinado á evitar grandes desgracias, 



Revista científica. 



167 



anunciando coa anticipación los trastornos 
que se preparan en nuestra atmósfera . Gus- 
tosos insertamos, por tanto, en nuestras 
columnas la nota que Al. H. Hildebrands- 
son ha presentado á la Academia de Cien- 
cias de París el 28 del pasado Diciembre, 
nota en que compendia los resultados de 
sus investigaciones acerca de las corrien- 
tes superiores de la atmósfera. Dice así: 

«Las primeras cartas sinópticas diriiíidas 
por L.c \'errier y otros, hace treinta años, 
han demostrado que la dirección del vien- 
to es centrífuga en un máximum baromé- 
trico y centrípeta en un mínimum. Tiene 
también el movimiento una componente 
tangencial, y en el hemisferio norte gira el 
aire en la dirección de las agujas de un re- 
loj en un má.\imum, y en dirección contraria 
en un mínimum. Dedúcese pues de esto, 
que el aire sube en el centro de una tem- 
pestad, y que llegado á cierta altura, se 
aleja del centro en todas direcciones. En 
las regiones del máximum barométrico esta 
capa superior desciende y alimenta las co- 
rrientes inferiores divergentes. Para estu- 
diar lo mejor posible este fenómeno, es 
preciso observar directamente y con pre- 
cisión el movimiento de las corrientes en 
las regiones más elevadas de la atmósfera, 
loque con frecuencia es posible, merced á 
los cristales de hielo que constituyen las 
nubes denominadas cirrus, las cuales en su 
movimiento indican la dirección de la co- 
rriente en la cual flotan. Guiado por esta 
idea, he organizado en Suecia desde 1873 
la observación regular de los cirrus, y he 
deducido de estas observaciones los resul- 
tados siguientes: 

i." Muy cerca del centro de una depre- 
sión ó mínimum barométrico, las corrien- 
tes superiores se mueven casi en dirección 
paralela á la de los vientos inferiores: 2.° á 
medida que se alejan del centro, se sepa- 
ran hacia fuera y á la derecha de los vien- 
tos inferiores; 3." en las regiones del má- 
ximum barométrico convergen hacia el 
centro, cortando las inferiores casi en án- 
gulo recto: 4." el movimiento divergente de 



las corrientes superiores es mucho mayor 
en la parte anterior de la depresión, es de- 
cir, al este-nordeste del centro, que en la 
parte posterior, en donde el movimiento 
de los cirrus se aproxima á la dirección de 
la tangente á las inferiores. Un examen 
análogo del movimiento de las nubes infe- 
riores ha demostrado que las corrientes en 
las cuales flotan estas nubes siguen una 
dirección casi paralela á la tangente de 
las inferiores. En íín, el viento en la su- 
perficie de la tierra forma un ángulo sen- 
siblemente constante y hacia la derecha, 
y se dirige hacia el centro de la depresión 
siguiendo casi una espiral logarítmica. 
Está, pues, probado directamente por la 
observación, que el aire que se mueve en 
la superficie terrestre en espirales logarít- 
micas al rededor del centro de una depre- 
sión, se eleva hacia el centro: á una altura 
de 200Ü á 3000 metros está dotado de un 
movimiento casi circular al rededor del 
centro del torbellino; en fin, llegado á una 
altura considerable en la región de los 
cirrus, se aleja del centro, sobre todo en la 
parte anterior. Estas corientes superiores 
convergen hacia el centro de las regiones 
del máximum barométrico y descienden 
hacia la superficie del suelo, en donde sa- 
len del centro en movimiento centrífugo. 
Confirman estos resultados las investiga- 
ciones hechas independientemente en In- 
glaterra por Ai. Clement Ley.» 

«Además de estos movimientos al rede- 
dor de los centros de altas y bajas presio- 
nes, falta determinar la dirección media 
de los movimientos superiores de la atmós- 
fera. Estudiando las observaciones hechas 
durante diez años en gran número de esta- 
ciones de Suecia y del extranjero, he de- 
ducido los siguientes resultados: \.° la di- 
rección media de los cirrus está compren- 
dida entre nordeste y sudeste para todos 
los observatorios de Europa y en todas las 
estaciones, y coincide, sobre poco más ó 
menos, con la trayectoria media de los cen- 
tros en las depresiones: 2.° la componente 
norte del movimiento es mayor en in- 



i6S 



Revista científica. 



vierno que en verano, y se agranda mucho 
en Suecia y la cosía Sur del .^\edilerráneo. 
Las observaciones que preceden sólo se 
refieren al movimiento de las nubes que ha 
podido determinarse en una sola estación, 
y por consifxuieiUe, á la componente hori- 
zontal de su mo\imiento aparente. La de- 
terminación de la verdadera altura y de la 
velocidad real de las nubes, es decir, de su 
trayectoria en el espacio, tiene mayor im- 
portancia. Para conseguir esto basta que 
dos observadores situados á conveniente 
distancia y en comunicación por medio del 
teléfono, observen simultáneamente el 
mismo punto de una nube con instrumen- 
tos apropiados para medir los ángulos: 
varias medidas sucesivas bastan para de- 
terminar el movimiento real de la nube en 



la dirección horizontal y vertical. Observa- 
ciones de este género se han organizado en 
Lpsala en 1XX4 con dos bases, la una de 500 
metros para las nubes inferiores, y la otra 
de I 30(j para los cir rus. liaré un examen 
detallado de ellas, cuando se reúnan las 
pertenecientes á un año entero: por hoy me 
contentaré con indicar los principales re- 
sultados. 

Los cumiilus y los ci'rriis presentan en su 
altura una variación diurna muy notable. 
La altura del vértice de los cumulus llega á 
su máximum á la una de la tarde, y la 
de los cinus, al contrario, va creciendo 
desde la mañana á la tarde. El siguiente 
cuadro de observaciones dará una idea 
del movimiento de los cirrus. 



FECHA: 1885. 


AI.TCRA 

MEDIA. 


VELOCIDAD 


DIRECCIÓN. 


VIENTO INFERIOR. j 


Horizontal. 


Vertical. 


Dircción. 


Velocidad. 


2Ó de Mayo. . . . 
20 de id 

6 de Junio. . . . 

15 de id 

19 de id 

I 3 de Julio 

» 


8061. ■" 
8069 
9223 

9237 

82Ó8 

8825 
10604 


i9,'"4 
42, 3 
44, I 
36, 5 
34, 5 
13, 5 
15, I 


+ 2, 6 
+ 6, I 

- I, 3 
4-2, 8 

-1,7 

— 0, 8 


S 87" \V 
S 56 W 
S 67 w 
S 80 w 

W 15 N 
S 36 W 
S 37 w 


S\V 

wsw 
wsw 

SSE 

SSW 

SSE 

» 


3,'"9 

7, 9 

8, 2 

4, 

2. 

■ ' 1 
4, 3 

» 



«Comparando luego estos resultados con 
el estado de la atmosfera en el momento 
de las observaciones, se prueba que las 
velocidades verticales positivas (de abajo á 
arriba) corresponden á la proximidad de 
una depresión, y las velocidades de alto á 
abajo á la de un máximum barométrico. 
Por tanto, los cirrus se elevan sobre las de- 
presiones y descienden hacia los puntos en 
que la presión inferior es máxima. El estu- 
dio de los movimientos de las capas supe- 
riores de la atmósfera podrá hacerse por la 
observación de las nubes, con tal que esta 
observación sea regular en gran número 
de estaciones colocadas en diversas condi- 



ciones climatológicas y á diferentes alturas 
sobre el nivel del mar." 

Balanzas eléctricas.- Numerosos son 
los aparatos inventados para medir la fuer- 
za de las corrientes eléctricas, y este era el 
empleo á que se les destinaba; pero M. C. 
Decharme ha tenido la idea de aplicarlos á 
pesar los cuerpos, no porque intente, dice 
el mismo, sustituirla balanza ordinaria con 
instrumentos complicados como son los 
presentes; sino para hacer ver cómo si el 
peso de los cuerpos mide las corrientes, és- 
tas pueden á su vez evaluar el peso de los 
cuerpos. No es nuestro intento trasla- 



Revista científica. 



i6q 



dar aquí cuanto á este propósito ha escri- 
to M. Decharme: nos contentaremos con 
trasmitir la manera de operar con algunos 
de los instrumentos más conocidos, como 
son la balanza electro-magnética de ]'cc- 
querel y la dinamométrica de Deprez. 

El fin del aparato de M. ÍJccquerel es 
medir por medio de pesos la intensidad de 
las corrientes. Sus elementos esenciales 
son una balanza de precisión bajo los pla- 
tillos, de la cual hay suspendidos dos pe- 
queños imanes que pueden caer sobre dos 
carretes, por los cuales ha de pasar la 
corriente que se quiere medir, l.os imanes 
están de tal manera dispuestos, que la 
atracción del uno por su carrete se verifi- 
que al mismo tiempo que la repulsión del 
otro para destruir el equilibrio, siendo así 
doble la sensibilidad del equilibrio. En el 
circuito se halla intercalado un galvanó- 
metro muy sensible. La experiencia directa 
es sencillísima: se hace pasar la corriente 
por el aparato, y el equilibrio se destruye: 
para volver á equilibrar el instrumento se 
pone en el platillo el peso P., anotando al 
mismo tiempo la desviación d del galva- 
nómetro; se hace lo mismo con otra cor- 
riente, siendo el peso necesario para res- 
tablecer el equilibrio P' v la desviación 
galvanométrica d'. Siendo las intensidades 
I é r de las dos corrientes proporcionales, 
así á los pesos como á las desviaciones, se 
tiene la proporción I' : I : : d' : d : : P' : P; 

de donde 1'=! JJ^ 

Esta balanza sólo puede servir para la 
medida de corrientes de muy débil intensi- 
dad. Si las corrientes desvían la aguja del 
galvanómetro más de lo que exigen la 
proporcionalidad determinada, entonces 
es preciso recurrir á una graduación empí- 
rica, formar una tabla ó trazar la curva de 
correspondencia entre la intensidad y los 
grados de desviación, ó mejor, hacer uso de 
un galvanómetro de desviaciones propor- 
cionales. De cualquier modo que sea, re- 
sulta, que pues las intensidades de las 
corrientes son medidas por los pesos, po- 



drán recíprocamente evaluarse los pesos 
por las intensidades de las corrientes; es 
decir, por las desviaciones de la aguja gal- 
vanométrica fuera del equilibrio de la ba- 
lanza, ya que con los datos anteriores 
puede formarse la siguiente proporción: 
P : P' : : 1 : r : : d : d'; de donde despejando 

d' 

P' resulta: P'=^P-,-, suponiendo determi- 

d 

nada P por una experiencia directa. 

No hay pues que cambiar cosa alguna 
en el aparato para convertirle en balanza: 
sólo se necesita disponer cuando se quiera 
de una corriente de intensidad variable, 
capaz de equilibrar los pesos que se desee 
determinar, y susceptible de ser evaluada 
numéricamente con bastante precisión, lo 
que constituye una verdadera dificultad. 
Mientras sólo se trata de corrientes débi- 
les, como las que ordinariamente se miden 
con esta balanza, basta un simple hilo de 
zinc más ó menos metido en agua acidula- 
da para obtener el efecto apetecido, siendo 
evaluada la intensidad por la desviación 
del galvanómetro ; pero para corrientes 
más intensas, que deben equilibrar pe- 
sos de aíguna consideración, sería este 
medio poco seguro, aún cuando se prac- 
ticara con grandes superficies, como las 
de las placas ó cilindros de las pilas or- 
dinarias, pues no es fácil suspender en un 
momento determinado la acción de una co- 
rriente creciente ó decreciente. Vale más 
entonces valerse de una corriente constan- 
te, suficientemente enérgica, cuyo efecto 
pueda disminuirse cuando mejorconvenga, 
ya por medio de una resistencia creciente, ó 
por un reóstato,ópor carretes graduados, 
ó por otros medios propios del caso. En 
cuanto á la medida de la intensidad de la 
corriente, se obtendrá en valor relativo ó 
absoluto empleando cualquiera de los nu- 
merosos aparatos destinados á esto, echan- 
do mano del que más se preste á las cir- 
cunstancias en que se opere. 

M. Ilclmholtz, para desembarazarse de 
las variaciones del magnetismo terrestre y 
de las irregularidades de torsión de los 



lyo 



Revista científica. 



hilos de la balanza, ha sustituido éstos y 
los imanes con espirales verticales que no 
pueden p-irar al rededor de un eje. Tal es 
la sensibilidad de la balanza, que puede 

apreciar hasta — ' — de una corriente equi- 

librada por un g^ramo; por tanto, modiüca- 
da de la manera dicha, fácil es colegir que 
se podrá con ella evaluar los pesos de los 
cuerpos con bastante aproximación. Para 
evaluar la diferencia de peso entre los 
cuerpos por la electricidad, puede utilizarse, 
procediendo de la misma manera y con 
ligeras alteraciones, la halatiza diferencial 
del mismo Becquerel, colocando un cuerpo 
en un platillo y otro en el otro, y haciendo 
pasar una sola corriente por los dos carre- 
tes y en la misma dirección. 

Más aún que la anterior se presta la ba- 
lanza dinamométrica deM. Deprez, y tal vez 
no haya ninguna que aventaje á su electro- 
dinamómetro. Compónese el instrumento 
de una balanza de Robcrval, reemplazando 
en ella uno de los platillos por un carrete 
de débil espesor y de gran diámetro. La 
corriente pasa por este carrete y por otros 
dos fijos, entre los cuales se halla colocado 
el que constituye el platillo. Cuando la co- 
rriente atraviesa este sistema, se pierde el 
equilibrio, el cual puede restablecerse por 
medio de pesos. Siempre que la corriente, 
cualquiera que sea su origen, produzca el 
mismo efecto sobre pesos determinados, 
tendrá la misma intensidad; por tanto, una 
corriente de intensidad determinada pro- 



ducirá siempre el mismo esfuerzo sobre 
los pesos que la equilibran, resultando de 
aquí que para emplear el aparato como 
balanza, basta formar una tabla ó trazar 
una curva de correspondencia entro los 
pesos determinados y las intensidades de 
las corrientes sometidas á la experiencia. 
Operando, dadas estas condiciones, con 
una corriente, cuya intensidad pueda mo- 
dificarse cuando se quiera, se establecerá 
el equilibrio del cuerpo cuyo peso se desea 
averiguar. La medida de la corriente por 
cualquiera de los medios conocidos, basta- 
rá para determinar el peso buscado, fun- 
dándose en el principio de que en este 
caso la acción ponderal es proporcional al 
cuadro de la intensidad de la corriente, 
principio que está representado en esta 
proporción: P : P' : : I- : 1" 2 

Otros muchos instrumentos menciona 
AL Decharme con los cuales se puede ob- 
tener el mismo resultado, introduciendo en 
ellos ligerísimas variaciones: pero para 
nuestro intento bastan los ya descritos, 
pues la manera de operar con los restantes 
es idéntica á la que acabamos de exponer. 
Si el lector quiere enterarse minuciosa- 
mente de todos ellos, le recomendamos el 
estudio que sobre el particular ha hecho el 
citado físico, estudio que encontrará en el 
número de la excelente Revista La Luniiére 
Éléctrique correspondiente al 2 de Enero 
del presente año, de donde hemos tomado 
lo que precede. 




171 



CRÓNICA AGUSTINIANA. 



-— V\/\/\/V^- 



DOS rl:alls ordenes 

Ivl.l 1:R1..\TKS Á tos PADRES AGUSTINOS. 



'^r^^ns fecha 10 de los corrientes recibo 
'''^ "] del Excmo. Sr. Ministrodc l'omen- 
^ lo la comunicación siguiente: 

«Ai Director general de Instrucción pú- 
■ blica digo hoy lo que sigue:=llmo. señor. 
"— N'ista la instancia dirigida á este .Minis- 
"lerio por Fr. .Manuel Diez González. (>()- 
'■misario general Apostólico de PP. Agus- 
> tinos Calzados, solicitando se conceda á 
"dicha Corporación la autorización espe- 
»cial para la enseñanza que previene el 
"líeal Decreto de i8 de Agosto último; 
»S. -M. el Rey (q. D. g.) teniendo en cuenta 
> lo dispuesto en el artículo 23 del Regla- 
omento de 20 de Setiembre siguiente, dic- 
"tado para la ejecución de dicho Decreto, 
»se ha dignado conceder á la expresada 
«corporación docente la autorización soli- 
"citada. como comprendida en el artículo 
»2i del citado reglamento.— De Real orden 
»lo traslado á V. R. á los efectos consi- 
"guientes. Dios guarde á \. R. muchos 
»años. -Madrid 10 de Octubre de 1885.= 
"A. Tidal.» 

Lo que tengo á la vez el gusto de parti- 
cipar á y. R. para los fines que le sean 
necesarios y efectos que estime oportunos, 
comunicándosela con el mismo objeto á los 
Rectores de los Colegios de su obediencia, 
para que teniendo conocimiento de ella 
puedan resolver cualquiera dificultad, que 
por falta de autorización para la enseñanza 
pudieran oponerles y ocurrirlcs. 

Dios guarde á V. R. muchos años. Real 
-Monasterio del Escorial y Octubre 2$ de 
i,S85.=--l'r. .Manuel Diez González. -^Muv 



Colegio de .misioneros del Escorial.— 



La Gacela publica la siguicnlc ical orden, 
que trae el núm. 778 y fecha 2 | de Se- 
tiembre de 1885. 

«En virtud del expediente promovido 
por el R. P. Procurador general de los re- 
ligiosos agustinos calzados misioneros de 
Filipinas, acerca del establecimiento del 
Colegio V estudios instalados en el Real 
monasterio del Escorial para atender á las 
necesidades crecientes de dichas misiones; 
vistos los informes favorables emitidos 
por el R. Obispo de la r)iócesis y por el 
Gobernador Civil de esta provincia, S. M. 
el Rey (q. D. g.) se ha servido declarar, 
que el Colegio establecido en el Real mo- 
nasterio del Escorial bajo la dirección de 
los PP. Agustinos calzados, para la educa- 
ción de jóvenes con destino á las misiones 
de Filipinas, se considere para los efectos 
legales como ampliación del Colegio de 
misioneros de dicha Orden existente en 
Valladolid.» 

Misiones Agustinianas del Abra, isla de 
Luzón (Filipinas.) 

De El Diario de Manila correspondiente 
al 3 de Diciembre de 1885 copiamos la si- 
guiente carta que contiene algunas noticias 
de nuestras misiones del distrito de Ban- 
gued, (Abra) y la erección de un templo 
.y fundación de un pueblo en las mismas. 
Dice así el mencionado Diario: 

«Nuestro corresponsal de Abra nos es- 
cribe la siguiente carta: 

«Jamás presencié, ni espero ver en pro- 
vincias, fiesta religiosa tan solemne y con- 
movedora como la celebrada en el nuevo 
pueblo del Pilar de esta circunscripción, 
por los PP. -Misioneros .\gustinos. 

No obstante ser la misión más pequeña, 
pobre y la más distante de los demás pues 
blos de la provincia, la concurrencia fué 
grandísima, pues allí se hallaban casi todo- 

22 



172 



Crónica Agustimana. 



I<»s españoles residentes en Liangucd, seis 
padres Agustinos de llocos Sur, gran nú- 
mero de principales de Narvacán. y de los 
pueblos de Hangued. l'idigán y \'illa\ieja, 
la numerosa y bien aunada música de Nar- 
vacán, la de F'idigán y multitud de fieles 
é intieles que, con la religiosidad L|ue ca" 
racteriza á los primen)s y curiosidad de los 
últinKís, esperaban con ansia el día en que 
había de celebrarse la solemne tiesta. 

A las cincí» de la tai'de del día 17. lla- 
maron la atención de cuantos españoles y 
l'P. Agustinos estábam()s en el convento, 
los acordes de las dos músicas dichas que. 
con acompañamiento de apiñada multitud, 
y al ruido de cohetes y bombazos, procc- 
diaii de la ranchería distante medio kiló- 
metro de la iglesia y convento, conducien- 
do en bonitas andas á la pcqueñita, pero 
bellísima imagen de la patrona. Nuestra 
Señora del Pilar. Luego que llegaron á la 
pequeña y pintoresca meseta en que están 
situados la iglesia y convento, el ^\. R. F'a- 
dre Fr. Ángel Corujcdo, bendijo, con los 
ritos de costumbre y con toda la solemni- 
dad posible la iglesia, la imagen y las cam- 
panas, acto presenciado con fervor religio- 
so por todos los circunstantes. 

El iSpor la mañana, fué aún más con- 
movedor el espectáculo que á nuestra vista 
se nos presentó. Seis I'P. jóvenes Agusti- 
nos, tres que debían decirla misa, y los 
otros tres de acólitos, salieron de la sa- 
cristía, y postradcjs ante el altar, entonó el 
joven celebrante el Exur¡^e Domine con que 
debía de empezar la procesión al rededor 
de la Iglesia: entonado éste, el señor Juez 
de la provincia con el guión, y tras él los 
tres acólitos, empezaron la procesión, si- 
guiendo cuatro españoles que conducían la 
preciosa imagen sobre bfjnilas y bien ilu- 
minadas andas, y tras éstos el celebrante y 
ministros precedidos de los demás Padres 
y españoles en número de _'ii, que con la 
modestia y fervor que estos actos inspiran 
en el corazón de los creyentes, dieron una 
prueba más á estos nuevos cristianos, de la 
íc pura y grande que á la Virgen del Pilar 



profesan, de la sftlemnidad y ferviente de- 
voción con que tales festividades celebran, 
y de corazones católicos; ¡por que españo- 
les nacieron! 

Terminada la procesión, se dio principio 
á la misa, sencilla sí, pero perfectamente 
ejecutada por los cantores de la misión. 
iJcspués del evangelio subió al pulpito el 
reverendo padre fray Pedro Ibáñez, misio- 
! ñero de I, a Paz. quien ha tenido absorto v 
i pendiente de su palabra á todo el audito- 
krio, y principalmente á lr)s españoles en el 
I e.\r)rdio en castellano que dijo cf^)n valentía 
¡ y frases tan fácilmente traídas y adecuadas, 
que llenaban nuestros corazones de fervor 
y entusiasmo. bZsla palabra, pues, es la que 
debe darse á los que sentimos cuando se 
trata de la Viií^^en del Pilar y de nuestra 
querida Kspaña, y sobre todo cuando pue- 
den intercalarse en el texto, puesto que la 
materia se presta, las ideas de un principe 
de la Iglesia, el señor Monescillo, que son 
con seguridad las de todfts los españoles. 
Concluida la misa, subieron al convento 
todos los españoles y los principales de los 
pueblos mencionados, donde fueron muy 
bien obsequiados con la finura, atención y 
delicadeza que caracterizan al K. F\ Prada. 
fundador y párroco de este nuevo pueblo y 
de la misión de \'illavieja. 

.Nada durante los dos días faltó para ha- 
! cer alegre la ñesta, y para conservar la 
animación característica de los españoles, 
que en ocasiones tales no les es posible 
contenerse, sin demostrar, ya en cancionch 
ó bailes, ya en otras sencillas y alegre- 
distracciones, que tienen corazón noble y 
fuerte, que las penas no les abaten, y que 
basta se reúnan en sitio dado tres españo- 
les, para que la tristeza y malestar de allí 
se ausenten. La compañía de que hablé en 
mi anterior, no ha faltado á la fiesta, ni 
faltaron tampoco corderos para que S Ju- 
lia í;iii I lo nos hiciera admirar una vez ma- 
su habilidad. 

por la noche, nos sorprendió grande- 
mente un barco, que partiendo de la ran- 
chería, se dirigió hacia una colina que está 



I 



Crónica Agustiniana. 






al lado del convento, donde habían colo- 
cado un magnílico castillo, al cual se le 
prendió fuego tan luego como el barco 
simuló que fondeaba y que se preparaba 
para atacar. ICntonces principió un comba- 
te horroroso, pues tanto del castillo como 
del barco, no se veían más que proyectiles 
que muluamenlc se lanzaban, al mismo 
tiempo que se oían bombazos que, sin 
exagerar, bien se les puede comparar á 
cañonazos. 

Estos fuegos, así como tambic-n cuatro 
globos, que por cierto han subidomuy bien, 
han admirado sobre manera á los infieles, 
que jamás habían presenciado scmciante 
espectáculo. 

Justo es que digamos algo respecto al 
estado de la misión. Gracias á la bondad 
del .M. R. 1'. Ir. Ángel Corujedo. cuenta 
hdv dicha misi()n con una bellísima imagen 
de la l'atrona, un precioso altar, gradillas 
V urna giratoria dorados y los ornamentos 
necesarios. 

La iglesia y convento son de caña. 

Kl padre misionero Fr. José Prada, los 
pocos cristianos que en la misión tiene, las 
dos rancherías de infieles que en su mayo- 
ría constituyen el nuevo pueblo del Pilar, 
tod<')S han hecho esfuerzos grandes y su- 
premos porque la misión y Padre misione- 
ncvi'> saigan de la suma pobreza, olvido y 
malestar en que se encuentran; pero -^quc 
puede conseguir con tales esfuerzos y sa- 
crificios en estas misiones, en las que. si 
algún adelanto quiere hacer el misionero, 
tiene que quitar de lo necesario para el sus- 
tento lo poco que pueda dejar en beneíicio 
dé la misión> 

En misiones pequeñas v pobres, en que 
como en esta provincia, se dan 40 pesos al 
misionero para su sustento y gastos nece- 
sarios. :puede con ellos, y aunque los cris- 
tianos se presten á ayudarle con lo que 
tengan, salir de la pobreza en que hasta 
ahora están todos, encontrándose despro- 
vistos de una mano caritati\"a que les faci- 
lite los medios de bienestar y progreso que 
tanto necesitan?... No y mil veces no. 



Triste es decirlo; pero aún más triste es 
la realidad. La mayor parte de la población 
de Abra, constitúyenla los infieles y gran 
parte de alzados igorrotes ó no sometidos: 
hace más de medio siglo se están sucedien- 
do los misioneros en las cuatro misiones, 
que aún no tienen iglesia medio decente 
en que poder con seguridad ejercer su mi- 
nisterio: tampoco tienen casa misión, y se 
ven precisados á vivir en casitas particu- 
lares ó en los tribunales que hay, por más 
que mejor se les llamaría covachos, aguan- 
tando cuantas incomodidades son consi- 
guientes atan pobre situación, como en los 
tiempos del célebre P. Lago, que difundió 
el cristianismo en la provincia. Todo esto {á 
qué es debido? ¿Acaso á la negligencia ó 
falta de celo de los misioneros? No. El inliel 
de esta provincia, lo es, como ya he dicho 
en diferentes ocasiones, por sistema, mali- 
cia y conveniencia, no por convicción. El 
misionero sólo cuenta con la palabra, care- 
ce de otros medios con que atraer á tanto 
infiel al Cristianismo. El infiel cree cuanto 
le dice el misionero, y después de larga y 
razonada exhortación, le contesta: aun no 
pensé bautizarme: el día que lo piense, ya te 
avisaré para que me baulices; que es lo 
mismo que si dijeran: hoy por hoy no me 
conviene hacerme cristiano, pues tengo 
más ventajas, menos cargos que cumplir 
y más libertad que los cristianos. íQué pue- 
de hacer, pues, el misionero ante tales 
razones? En la situación en que hoy se halla 
V medios con que cuenta. ^P'^drá atraer al 
infiel? Imposible! Porque éste exige que el 
.Alisionero, el Estado y las caritativas per- 
sonas que contribuyen á su conversión, 
hagan sacrificios algún tanto penosos y 
que redunden siempre en beneficio del 
infiel que se convierta: de lo contrario se- 
guirán siendo lo que son. 

» Por consiguiente, lo que necesita esta 
Provincia es, que en vez de cuatro misio- 
neros que en ella hoy residen, haya diez ú 
once con los medios necesarios á su sub- 
sistencia, más los conducentes para atraer 
al infiel, y ceda el Estado del cobro de im- 



174 



Crónica Agustiniaxa. 



puesto respecto de los que se bauticen, 
única dilicullad por que no se convierten, y 
por la que el misionero nada puede hacer. 
Tiempo es va de que alg'uien se apiade 
de la siiuaci(>n de estos pobres misioneros, 
y les faciliten medios suficientes para salir i 
de la pobrc/a y abandone» en que hasta ; 
ahora les tienen. Si el l-^stado ó alguna so- j 
ciedad caritativa les ayuda y presta lo que ¡ 
hoy tanto necesitan, no dudo que en pocos 
años irán cnnvirliendo á tanto inliel como 
nos rodea, y Abra llegará á ser tan culta y 
civilizada como otras provincias, y España 
tendrá miles más de fieles hijos.» 



Del mismo periódico tomamos la descrip- 
ción de la fiesta que los chinos celebran á 
S. Nicolás de Tolentino en nuestra Iglesia 
del Convento de (hiadalupe, próximo á Ma- 
nila, sintiendo que el narrador se concre- 
te á la de la tarde y no relate la de la maña- 
na con la misa, sermón y demás funciones 
eclesiásticas, que son lo principal y más 
digno de referirse. 

"Poco más de las dos serían cuando el 
llagan atracaba al tambán del pueblo de 
Guadalupe, cuyo caserío se extendía ante 
la vista de los expedicionarios como un in- 
menso Belén, con sus sinuosos y pendien- 
tes senderos serpenteando por la ladera, 
sembrada de casas, flores, vegetación 
agreste y alguna que otra pequeña planicie 
aprovechada para el cultivo. El pintoresco 
santuario, asentado sobre la cumbre del 
monte, corona tan bello paisaje, y con su 
elevación y pétrea mole parece firme ata- 
laya que vela por los feligreses cobijados á 
sus plantas, y procura acercar sus plegarias 
al Altísimo. 

La mayoría de los pasajeros del llagan, 
curiosa por visitar el pueblo en que reso- 
naban por todos lados los ecos de la fiesta 
saltó al bambán por medio de la indispen- 
sable />/a/íc//a. empreadiendo por aquellos" 
vericuetosuna ascensión que alguno i-cco- 
mcndiha comí) allamentc hiiriénica á una 



persona joven, para rebajar algún tanto la 
obesidad que á pesar de su juventud la 
abruma. 

Multitud de carruajes \ carromatas car- 
gados de chinos devotos de S. Nícf>lás dis- 
currían por las pocas calles del pueblo, en 
demanda de las casas donde había cata- 
pusan. 

VA magnífico santuario, soberbia mole de 
granito edificada con cierto lujo de detalles 
y esmero en la construcción, merece ca- 
pítulo aparte (y así k» haré el día que una 
vista más detenida nos permita saborear 
las muchas bellezas de la fábrica) era visi- 
tado de continuo por los chinos romeros 
que depositan su óbolo, ya en candelas y 
hachones tintos de vermellón con doradas 
inscripciones, ya en metálico, como ofrenda 
al milagroso S. Nicolás. 

.\ la an-iibilidad de una de las viajeras 
debemos la explicación tradicional de la 
devoción de ios chinos al Santo que se ve- 
nera en ( juadalupe: vióse un chino atacado 
en aquellas aguas por un voraz caimán, y 
juzgándose perdido, acordóse de S. Nico- 
lás exclamando: 

— iS. Nicolás, salva con mía! 

En el acto el feroz caimán vióse conver- 
tido en piedra, librándose el chino de su 
tremenda furia. I^esde aquel día quedó en- 
tre los celestiales que gozan del sacramen- 
to bautismal, y aún entre los infieles, es- 
tablecida la devoción á S. Nicolás y al 
Santuario de (Guadalupe donde su imagen 
se venera. 

Después del templo, y descendiendo por 
unas escaleras carcomidas por la incuria 
y el tiempo, visitamos el templete en for- 
ma de pagoda que los chinos tenían atra- 
cado en la margen del río, y donde se que- 
maban perfumes y se entonaban cánticos 
y músicas que, con toda la filosofía que 
un amigo nuestro quiere hallar en ellos, 
distan mucho de ser aceptables para oídos 
europeos. 

Después visitamos la casa del hermano 
mayor, donde acompañaban á éste hacien- 
do los honoies. l'alanca \ <\"mIirano, os- 



Crónica Agustiniana. 



"'75 



tentando en sus pechos lascondecoraciones 
que deben al mau-níHco Gobierno español. 
Allí las señoras y algunos desfallecidos 
caballeros, saborearon un excelente soco- 
nusco, deyLishale. acompañado de diver- 
sidad de pastas; otros se dedicaron á re- 
mojar éstas con pálido Jerez ó espumosa 
cerveza. Allí también tuvimos el ;juslo de 
saludar á unos amigos que desde un pue- 
blo inmediato, donde se hallan destacados, 
habían bajado á presenciar la fiesta. 

Para el que no haya ido ú la liesta otros 
años, el espectáculo de la procesión es en- 
teramente nuevo, es una cosa que llama 
la atención por el carácter especial que la 
población china imprime á esta liesta reli- 
giosa, á la que acude una gran parte de 
ella, un no escaso contingente de indíge- 
nas V bastantes europeos. 

A las cuatro y media de la tarde salió el 
cortejo, que podemos llamar chínico, por- 
que todos sus alumbrantes eran hijos del 
celeste imperio, presentando buen golpe 
de vista los cirios encarnados y blancos 
que llevaban. 

La procesión, saliendo por la puerta ma- 
yor de la iglesia, tomó la calle adelante 
que conduce á la hondonada en que se 
halla a entado parte del pueblo y calles que 
rodean la iglesia en la dirección referida, 
pudiendo nosotros tomar los siguientes 
deuilles: 

Dos lilas de chinos cristianos precedidos 
por la cruz y ciriales de la parroquia. 

En el centro: las banderas chínicas que 
sólo se sacan á relucir en las grandes so- 
lemnidades: instrumentos chinos com- 
puestos de un gum, dos tamboriles y tres 
platillos que se desafían á ver cuál se rom- 
pe antes, forman esta algarabía que con- 
trasta con los acordes de la banda indígena, 
que toca las más escogidas marchas de su 
repertorio. 

Después ocupa su lugar una pagoda con 
esculturas que representan atributos sim- 
b(')licos, perfumando la atmósfera el humo 
del incienso que se desprende del interior. 



Otra música china más nutrida que la 
anterior, y cuyos individuos visten trajes 
más aseados; una especie de estandarte, 
que consiste en un pedazo grande de seda 
con bordados, al gusto de los /¡¡jos del cic- 
lo, y arrollado en forma de cilindro, un 
palio pequeño con bordados pai-ecidos á 
los del estandarte, y que lleva |:)cndiente 
guitarras, violines, nautas y olrr>s instru- 
mentos en miniatura, peculiares de los 
chinos. 

Una música también china, que podemos 
apellidar de capilla, porque los -profesores 
van \estidos de negro, y sus instrumentos 
son como los del palio, en mayor tamaño. 

A esta sigue una orquesta con cantores 
que alternan con los chinos en los salmos 
religiosos. 

Cerrando el cortejo otro templete ó pa- 
goda del más puro carácter chínico con 
atributos también simbólicos, estampados 
en oro sobre fondo rojo y con perfiles ne- 
gros, pudiéndose ver dentro al patrono de 
la fiesta, San Nicolás de Tolentino. Kl 
preste con capa pluvial y bajo palio presi- 
de la ceremonia, y cierra la marcha una 
banda de música.» 

* '*''"*^*'4'*"'.'' ♦ 
NECROLOGÍA. 

A mediados del mes de Octubre entregó 
su alnia á Dios en nuestro convento de 
Manila, á donde había llegado el mes de 
Setiembre, el hermano corista Fr. Juan 
Díaz Castañón. nacido en Olloniego (Astu- 
rias) el 13 de Agosto de 1863, y profesado 
el I o de Diciembre de 1882 en este Colegio 
de \'alladolid en el cual había tomado el 
hábito á 8 de Diciembre del año anterior. 
Era en sumo grado amante de la mortilica- 
ción: frecuentemente tenían que irle á la 
mano los prelados para que no se excediese 
en las penitencias, y ninguna cosa le agra- 
daba tanto como los servicios y ocupacio- 
nes huniildes y obras de caridad con los 
prójimos, v cuanto más repugnantes más 



176 



Crónica Agustimana. 



Ic agradaban, efecto del deseo que icnía 
de padecer por Dios. Puede decirse de él: 
Consuin.iliis m brcvi c.xplcvil Icmpnra mulla. 

V.\ _'5 de Noviembre también consumaba 
la carrera de esta vida nirirlal en la casa 
de dracia (Barcelona) después de una bre- 
ve enfermedad (tisis laríngea galopante) 
Vv. Manuel (^larmona Bueno, natural de\i- 
llanuevade la Serena, en Extremadura, hijr) 
legítimo de Antonio (^armona y Antonia 
Bueno, pobres pero honrados padres, que 
con dificultad pudieron darle la primera 
educación é imponerle en la priniera ense- 
ñan/a, por tener que andar ocupados en la 
labores del campo. Completó su estudio de 
Cramática latina, y pudiéramos decir que j 
la er-tudiíj en el Noviciado de este Colegio, 
en el cual entró en 2Ó de Agosto de 1S83 y 
profesó en 19 de Octubre de 1884. Era dó- 
cil, obediente y muy aplicado al estudio y 
demás observancias religiosas. Había na- 
cido el 1 ^ de Setiembre de 1866. 

En otras Provincias, según la nómina, 
que publica la Epacta de Roma, fallecieron 
desde el i."de Setiembre de 1H84 hasta 
I. 'de id. de [8ñí,1os Religiosos siguientes: 



De la Provincia Romana. 

M. R. P. Maestro Fr. Tomás Ricca. 
77 años de edad. 



de 



M. R. P. ¿Maestro Ir. Benito Ciulimondi. 
de 52 id. 

hi.' la Provincia de l'mhría. 
l'r. Tomás Ciannontti. converso, de 82 id. 

De la Provincia Xapolitana. 

l'r. Domingo de julio, converso, de 66 id. 
ir. José Mastrodicasa. converso, de i^ I id. 

De la (^onffre,í,'ación de Sania Maria 
de Xemore. 

R. P. Prior .\deodato Leone. 

Déla Provincia de Sanio Tomás de Villa- 
nueva en la América Septenlrional. 

P. Fr. 1-jirique Ambrosio Fleming. Lec- 
tor de Sagrada Teología, de ío id. 

Ir. llduardo María .Murphy, clérigo, de 
24 id. 

Fr. Juan de Jo.sé Lorenzo Regán. de 
22 id. 

Fr. Santiago O" F^.ricn. lego, de 80 id. 

De la Provincia de Ilaviera. 

P. Fr. Cregorio Kempf. de 74 id. 

Fr. Pablo Endrés. 

l-'r. Alberto l'chlner. 

Fr. Chiliano .\msenbcrgcr. 

R. 1. P. 




177 



CRÓNICA UNIVERSAL. 




I. 



N medio de las amarguras que na- 
iLiralmcnlc nos causan, como ca- 
^i lólicos que somos, el triste estado 
del mundo y la angustiosa situación del 
Pontiricado, nos han deparad*) un gran le- 
nitivo los triunfos morales que el augusto 
l'ontílice reinante ha obtenido en estos úl- 
timos tiempos. (>on el solo hecho de la 
ocupación sacrilega de Komay los Kstados 
pontilicios, creían los enemigos de !a Igle- 
sia que había concluido para siempre la 
intluencia del Tastor Supremo de las al- 
mas; pero los hechos vienen á desmentir 
semejantes cálculos, fundados en la pru- 
dencia humana, .\parte de otros hechos 
que están en la memoria de todos, la rnc- 
diación pontilicia en el asunto de las Ca- 
rolinas, ha demostrado una 'vez más el al- 
tísimo concepto en que todos los gobiernos, 
sin excluir los protestantes, tienen al Vi- 
cario de Jesucristo. La «Caceta Nacional 
de la Alemania del Norte.» órgano del 
l'ríncipe de Bismarck, lo ha dicho: Contes- 
tando á los periódicos que habían negado 
la necesidad de la mediación pontificia, de- 
clara que dicha mediación fué invocada, 
no envista del incidente de las Carolinas, 
>uv) en vista de la tcnsiíMi c]ue existía en 
las relaciones entre Kspaña y Alemania, la 
cual constituía un peligro para la paz. 
'111 l'apa, ha dichí) el periódico indicado, 
tuvo el mérito indiscutible de hacer cesar 
estu tensión, añadiendo qiic sólo él podía 
obtener este resultado.» ['ero dejemos ha- 
blar al mismo Canciller de Alemania, en 
carta dirigida al Soberano Pontílice, con- 
testación á otra del Papa: «Nuestra Santi- 
dad dice en su carta que nada se acomoda 



mejor al espíritu y á la naturaleza del Pon- 
tificado que la práctica de las obras de paz. 
Este mismo pensamiento me inspiró la idea 
de rogar á Vuestra Santida(.l que aceptase 
el noble olicio de arbitro en las difei"encias 
surgidas entre .\lemania y España, y á pro- 
poner al gobierno español la sumisión de 
ambas partes á la decisión de Vuestra San- 
tidad. La consideración nacida del hecho 
de que ambas potencias no se encuentran 
en situación análoga ci:)n respecto á la Igle- 
sia, que venera en vuestra Santidad á su 
Jefe Supremo, no ha debilitado nunca mi 
firme C'iniianza cu la elevaci(')n de miras de 
X'uestra Santidad, que garantiza la más 
justa imparcialidad de su veredicto.» 

\'ese por lo dicho, que el Soberano Pon- 
tílice. encarcelado y todo, está por cima de 
todos sus carceleros; aunque á éstos cues- 
te inmenso trabajtj el confesarlo; y que la 
benéfica iníluencia del Pontificado, lejos de 
debilitarse, aumenta cada día, con hondo 
pesar de cuantos le quisieran ver desapa- 
recer de la tierra. 

Con fecha primero de Enero dirigió el 
Papa una hermosa carta á los Obispos de 
Prusia, encomiando sus trabajos, su cons- 
tancia y fortaleza en las delicadísimas cir- 
cunstancias en que la Iglesia y sus minis- 
tros se encuentran en ac^uel reino. Se 
conoce, sin embargo, que no es éste el 
nió\il principal de la carta, sino más bien 
el establecimiento de centros de enseñanza 
bajo la vigilancia de los Sres. Obispos, con 
el lin de educar idóneos y dignos ministros 
para la Iglesia. Su Santidad desea viva- 
mente que los Seminarios de Prusia estén 
fundados y dirigidos según la norma para 
estos casos establecida por el Concilio de 
'1 rento, y que los Obispos ejerzan libre- 
mente su derecho en la dirección de tales 
centros. V después de proclamar muy alto 



i-R 



< 'kmMCA r.MVIJv'SAI. 



los derechos de la Ijílesia. añade eslas sig- 
niücalivas palabras: «Nos conliamos en 
que los que tienen en sus manos las rien- 
das del gobierno se mostrarán justos con 
nuestra causa, y nos concederán lo que pe- 
dimos por la fuerza de sacratísimos dere- 
chos.» Para inclinar el ánimo del gobierno 
prusiano á tan justos y saludables pensa- 
mientos, aduce el Papa razones poderosí- 
simas, aunque sólo se las mire desde el 
punto de vista meramente político. 

Además de las cien mil pesetas que 
León XIII ha mandado distribuir á los po- 
bres de Roma con motivo de las fiestas de 
Xavidad, ha dado también 2,000 para so- 
corro de los sacerdotes necesitados, 12,000 
para el Asilo délos huérfanos de S. José y 
^,500 para el hospicio de Sta. Margarita. 
Por último, Su Santidad ha dado á la pro- 
paganda todas las ofrendas particulares 
recibidas por él durante el año, y que pa- 
sarán de 500.000 pesetas, sin más carga 
que la de reservar una pequeña suma para 
los institutos y escuelas benéficas de Car- 
pineto, la ciudad natal de León XIII. 

Habiendo enviado Su Santidad la gran 
cruz de la Orden de Cristo al principe de 
Bismarck, el gobierno Alemán ha concedi- 
do al Emmo. Cardenal Jacobini, Secretario 
de Estado de Su Santidad la cmidecoración 
del Águila Negra. Se han concedido tam- 
bién varias condecoraciones por el mismo 
gobierno á los monseñores iMozenni, Ga- 
limbcrtd y Massoni. 

También ha enviado Su Santidad la Cruz 
de la Orden de Cristo al Sr. Cánovas del 
Castillo. 

El día 1 5 de Enero se hizo en el Semina- 1 
rio Romano la solemne inauguración de 
las Escuelas de alta literatura. No habrán 
olvidado nuestros lectores la magnífica 
caria dirigida por Su Santidad al Cardenal 
\'icario, Emmo. Parocchi, anunciándole su 
pensamiento de crear varias cátedras de 
estudios clásicos, y mandándole ordenase 



todo lo necesario a este lin. Pues bien: 
aquel gran pensamiento se ha realizado: 
á las diez y cuarta) de la mañana del día ci- 
tado, con asistencia de 16 (Cardenales y 
otros muchísimos personajes ilustres, se 
inauguraron dichos estudios. 

Los profesores nombrados para la en- 
señanza de la literatura latina son D. Vi- 
cente Tarozzi y el F'. l'rancisco Tougiorgi, 
de la Compañía de Jesús; para la italiana, 
el Rmo. P. Ricci y 1). Santiago Poletto, y 
para la griega, el ilustre canóniga) Ü. Do- 
mingo Brozzi, todos ellos muy conocidos 
en el mundo literario por sus vastos cono- 
cimientos en las materias que respectiva- 
mente les corresponden. 

II. 

EXTRANJERO. 

Alf.,ma.\i.\. — El día 3 de Enero celebró el 
anciano emperador de .\lemania el 25 ani- 
\ersario de su coronación como rey de 
Prusia. Las fiestas con este motivo cele- 
bradas no revistieron la solemnidad que se 
esperaba, por no molestar demasiado al 
emperador, que en el próximo año de 1-^87 
cumplirá noventa años. Al decir de algunos 
diarios franceses, la opinión pública ale- 
mana se preocupa grandemente, conside- 
rando lo que puede acontecer el día no 
lejano en que desaparezcan de la escena 
de la vida los tres grandes hombres que 
más han contribuido á la formación y en- 
grandecimiento del nuevo imperio. Dicho 
se está que esos tres hombres no son otros 
que Guillermo primero, el conde de .Moltke 
y el príncipe de Bismarck, que deben tanta 
parte de gloria á los desaciertos de los 
franceses, como á sus propias cualidades 
personales. 

El imperio alemán \a extendiendo sus 
dominios coloniales en el .\frica. La zona 
comprendida entre el rio Orangey el Cabo 
Frío formarán dentro de poco una nueva 
posesión. El doctor luutner ha celebrado 



Crónica Universal. 



i/Q 



con los jefes de tribus en aquellos territo- 
rios, varios convenios, por medio de los 
cuales se hará efectivo el protectorado 
alemán. Con las nuevas adquisiciones, los 
dominios de Alemania en la costa Occiden- 
tal de África se extenderán hasta el grado 
22 de latitud Sur. 

No há mucho nos dijeron las agencias 
telegráficas también, que en las islas del 
archipiélago de Samoa había ocurrido una 
quisicosa, por la que se temía que Alema- 
nia deseaba ser el único protector del que 
llaman rey de aquellas islas, porque el 
representante alemán trató de imponerse 
á dicho soberano. Más tarde se ha dicho 
que todo lo acaecido allí se reducía á lo 
hecho por el cónsul de Alemania, con el 
único y exclusivo objeto de evitar que el 
citado rev cometiera algún atropello con 
ios subditos alemanes. .Más vale así; aun- 
que tampoco eran de temer grandes com- 
plicaciones en ningún sentido, porque 
Inglaterra y los Estados Unidos, que com- 
parten con Alemania el protectorado en 
las Samoas, no tienen por qué temer los 
furores bélicos de este imperio. 

Kl gobierno de Alemania proyecta un 
gran canal que ha de unir los mares del 
Norte y el Báltico. El proyecto pasó hace 
un mes á la aprobación del Reichslao, que 
contra lo que se creía, opone serias dilicul- 
lades á la aprobación, apoyándose en la 
indiscutible autoridad del general .Mollke, 
cuva opinión hace doce años era contraria 
al proyectado canal, no sólo desde el pun- 
to de vista estratégico , sino también co- 
mercial. Dícese. no obstante, que Moltke 
opina hoy de diferente manera que hace 
doce años, y que el canal se hará. Las obras 
han sido presupuestadas en 156 millones 
de marcos. El largo del canal en la línea 
proyectada, será de 98 kilómetros; el an- 
cho de 2() metros, y la profundidad de 8, 5 
metros. El gobierno alemán fíjase princi- 
palmente en su importancia estratégica; 
pero el comercio se preocupa más en las 
ventajas que puede ofrecerle, por las re- 



laciones directas que de este modo se esta- 
blecen entre los dichos mares, y también 
por lo mucho que gana la navegación en 
los puertos de Hamburgo y Brema, en lo 
tocante al comercio con Holanda y Bélgica. 

« 

É • 

Rusia.— Acabamos de hablar de los pro- 
yectos de Alemania referentes á un canal 
importantísimo. Pues bien; aquí, el que no 
corre, vuela. En San Petersburgo se acaba 
de fundar una sociedad ruso-danesa, para 
dar impulso al comercio y á la navegación. 
La nueva sociedad dispone de un capital 
respetable: sus naves serán construidas en 
Copenaghue, y en caso de guerra se des- 
tinarán dichas naves al trasporte de tro- 
pas. Tal parece ser una de las condiciones 
del comercio. 

Rusia va consolidando su dominación en 
Merv y su territorio. He aquí lo que á este 
propósito dice un diario de Teherán: «Ape- 
nas han trascurrido tres años desde que 
esta ciudad y su territorio pertenece á Ru- 
sia, y ya la mitad de la ciudad es rusa, y 
los habitantes comienzan á conocer la len- 
gua y las costumbres de sus vencedores. 
Por otra parte, el gobierno no economiza 
oro. ni regalos, ni honores, ni género al- 
guno de adulación, á fin de que los mer- 
vianos se hagan verdaderos rusos, y para 
que soporten con alegría el yugo ruso. Las 
ordenanzas v los decretos de la autoridad 
se publican ya en persa, turcomano y ruso, 
y se distribuyen gratis en las escuelas gra- 
máticas y libros de lectura ruso-persa. 
Prométese á los jefes de nuevo, que sus 
hijos serán colocados en los establecimien- 
tos de educación de San Petersburgo, 
cuando estén en disposición de hablar el 
ruso. Dícese que el emperador pasará á 
Bokara y á Taskent, se detendrá diez días 
en .Mei^v, y se hará proclamar emir. Inme- 
diatamente se procederá á la construcción 
de un palacio imperial y de un arsenal.» 

Ahora, para satisfacción de Inglaterra, 
que desde el confiicto del Afgahnistan debe 
de dormir con un ojo abierto, copiaremos 

23 



i.S 



o 



Crónica Unmversai 



otra noticia que lleno relación con las que 
nos suminislra el diario persa, líela aquí: 
"Se reciben g-raves noticias de la frontera 
ruso-persa del Asia central, lia ocurrido 
un serlo conllicto entre los persas y los 
soldados cosacos, resultando numerosos 
muertos por ambas partes. (>)rre el rumor 
de que los rusos tratan de invadir la pro- 
\lncla de i\lK)rassan. Ciimo esta provincia 
es llniitrofe del Afghanistan y del Turkes- 
lan ruso, se teme que el conilicto dé lug'ar 
á nuevas eomplicaciones, sobre todo si los 
inííleses tratan de inmiscuirse en el asunto. 
Los rusos tienen ya más facilidades para 
el envío de tropas y material de guerra á 
aquella reglón desde la apertura del ferro- 
carril, que, partiendo de la costa oriental 
del mar Caspio, llega hasta Askabad.» 

A pesar de los cálculos pesimistas que 
entraña la noticia anterior, es de creer que 
no se suscitarán inmediatamente dificulta- 
des como las que no hace mucho se origi- 
naron con la cuestión afghana. Más ade- 
lante. Dios dirá: todo pudiera suceder que 
Rusia fuera tomando posiciones y prepa- 
rando el terreno para sus antiguos planes 
de expansión por el Asia central. 

Sino que el maldito coco del nihilismn 
vuelve á levantar la cabeza, hoy tal vez más 
terrible y amenazador que nunca, según 
rezan noticias muy recientes: y será preci- 
so pensar en asuntos domésticos antes de 
dividir las fuerzas en peligrosas empresas 
de engrandecimiento. \'éase si no lo que 
dicen de San Petersburgo: Se han veriti- 
cado numerosas prisiones en i 7 ciudades 
rusas á consecuencia de la conspiración 
nihilista recientemente descubierta, la cual 
contaba con ramificaciones en todo el im- 
perio, disponiendo de considerables ele- 
mentos. 

I.xüLATLKK A. — Parece qLie coinciden los 
trabajos de los revolucionarios ingleses 
con los rusos, pues, según noticias de au- 
torizado origen, existe una tenebrosa con- 
juración que tenía el proyecto de quitar de 



enmedif» al príncipe de Cales en su viaje 
desde Londres á Katonhall. Los fenian<)s 
le esperaban en Chester, df»nde el príncipe 
tenía el propósito de detenerse, y así 1" 
creían todos, porque esta ciudad estaba ya 
iluminada y empavesada para recibirle: 
mas advertido á tiempo por la policía de 
tan siniestros proyectos, prosiguió su viaje 
sin \ isilar aquel punto. 

1-stá visto que ni el ser liberal, muv 
liberal, ni masón, pues todo eso es el prín- 
cipe de Cales, vale para librarse de los tre- 
mendos furores de las sectas. 

(vontra lo que tenía de costumbre, la rei- 
na Victoria en persona ha leído este año el 
discurso de la corona en la apertura de las 
Cámaras. ¡Pero triste suerte la de los mo- 
narcas actuales! Si la soberana de Inglate- 
rra ha querido salir del absoluto retiro v 
apartamiento en que vive hace mucho 
tiempo, ha sido necesario tomar las más 
exquisitas precauciones, á fin de que los 
fenianos no cometieran un atropello. 

En el discurso que el ministerio Salisbu- 
ry ha puesto en boca de la reina se dice 
que las tropas anglo-rusas han sometido 
sin graves coulraliempos el reino de Bir- 
mania. v se añade que el medio más senci- 
llo de afirmar el poder británico en aquellas 
apartadas regiones, es la pronta anexión 
del reino de Ava á Inglaterra. Mas noti- 
cias posteriores de autorizadísimo origen. 
pintan las cosas con colores menos optimis- 
tas, asegurando que. si son grandes los 
beneficios hechos para la conquista del 
país indicado, todavía deberán ser mayo- 
res los que en adelante se hagan, si ha de 
recogerse algún fruto de ellos. Dicho se 
está que la humanitaria Inglaterra está se- 
llando con inauditas crueldades esta con- 
quista: horroriza leer las pinturas que 
plumas inglesas hacen de esas crueldades. 

(Conforme con las ideas expuestas en el 
discurso de la corona, el gabinete conser- 
vador se niega obstinadamente á conceder 
ningún linaje de autonomía á Irlanda, v ha 



Crónica Universal. 



i8i 



declarado por boca de su presidente mar- 
qués de Salisbury, que mantendrá la unión 
legislativa á todo trance, adoptando medi- 
das para hacer que cese el actual estado de 
cosas perjudicial á la honra y á los intere- 
ses del país. Giadstone, en cambio, quiere 
algo más; quiere que si se ha de hacer 
alg-o para resolver las cuestiones con li-km- 
da, se formulen proposiciones concretas, 
prometiendo exponer entonces francamen- 
te sus opiniones sobre el particular. Tam- 
bién ha tomado parte en el debate el jefe 
de los irlandeses, ^\. Parnell, y con pala- 
bras mesuradas ha dicho que considera 
posible una avenencia si se admite el prin- 
cipio de que Irlanda puede tener en alguna 
forma el gobierno de sí misma, ncdúcese 
de todo esto que las eternas cuestiones 
entre Inglaterra é Irlanda siguen en pié. si 
bien reconocemos gustosos que no parecen 
estar distantes de una solución satisfacto- 
ria, l.a razón es que Giadstone, jefe del 
partido liberal, está decidido á favorecer á 
los irlandeses en una ú otra forma, v no 
hay que olvidar que los liberales tienen 
mayoría en las Cámaras. 

Escritas estas líneas, nos encontramos 
en los periódicos con una noticia, que era 
de esperar: la caída del ministerio Salis- 
bury después de ser derrotado en una pro- 
posición en que han votado juntos contra 
él los liberales y los parnellistas. La reina 
ha encargado á Tjladstone formar nuevo 
Gabinete. 

Las noticias referentes al Sudán no pue- 
den ser más desconsoladoras. Los insu- 
rrectos continúan su mr)vimiento de avance, 
habiendo recibido ocho cañones y gran can- 
tidad de fusiles y municiones procedentes 
de Kassala. Osman Digma, resucitado sin 
duda, porque há tiempo le supusieron 
muerto los periódicos, se propone organi- 
zar sus huestes en forma, y arremeter con 
todo loque encuentre delante, liase dicho 
que el puerto de .Massua, guarnecido por 
los italianos, peligraba. Se ha tratado de 
hacer comprender á Inglatci-ra que no 



conseguirá la pacificación de este país con 
tropas inglesas, y que es necesario echar 
mano de las egipcias y turco-asiáticas; 
pero no quiere oír hablar de esto. :.V don- 
de iría á parar el honor de las tropas bri- 
tánicas, después de lan costosos sacri- 
licios? 

\A ^'Ccíl/iolic Directory'^ da interesantes 
pormenores acerca de la situación de la 
Iglesia en Inglaterra, donde el número de 
templos católicos llega á 1.575. Sólo en el 
año último se han costruído, entre templos 
parroquiales ycapillas públicas, once. Pasa 
el culto de esas Iglesias de 2.576 sacerdo- 
tes Fui los doce últimos meses se han or- 
denado o I presbíteros. Además, en todo el 
territorio de la (jran líretaña, hay 23 Pre- 
lados con jurisdicción ordinaria, ó sea .\r- 
/()bispos y Obispos propios. Desde el punto 
de vista de la enseñanza religiosa también 
se ha progresado mucho, habiéndose fun- 
dado 37 colegios dirigidos por sacerdotes 
regulares, y 19 dirigidos por seglares. El 
número de conventos no baja de ciento. 

La célebre artista inglesa Sra. Bancroft, 
tan conocida y apreciada por la buena so- 
ciedad londonense por sus cualidades ar- 
tísticas . y aún más por una reputación 
sin mancha, ha abjurado de sus erróneas 
creencias en manos del K. P. Forster. Otras 
varias conversiones se anuncian también: 
pero sin citar nombres propios. 

» • 

Era xciA. — Resolvióse la crisis francesa. 
después de la dimisión de Mr. l^rissón, 
dando participación en el ministerio á al- 
gunos de los radicales menos extremados, 
y quedándose también algunos otros del 
anterior gabinete, lié aquí los nombres de 
los nuevos ministros: 

Presidencia y Negocios extranjeros, Frey- 
cinet; Interior, Sarrient: Hacienda, Sadi- 
Carnot: Instrucción pública, Goblet: Gue- 
rra, general Boulanger; Marina, Aube: 
Justicia, Demole: Obras públicas. Baihut: 
.Agricultura. Dcvellc: Comercio, Lockrov: 



1 82 



Crónica Universal. 



Correos y Telégrafos, Graiict. IVeycinct ha 
convenido previamente con sus nuevos co- 
legías en separar del Ministerio de Marina 
la dependencia de los países colocados bajo 
el protectorado francés, como Annam, el 
Ton-kinp-, Madagascar y Camboya. En lo 
sucesivo dependerán del ministerio de Ne- 
gocios extranjeros. Kl presidente del Con- 
sejo ha querido reservarse así la organiza- 
ción de dichos protectorados. 

Se conoce ya el programa del nuevo 
ministerio, heterogéneo como los elemen- 
tos de que se compone el gabinete. No se 
patrocina en dicho programa abiertamente 
la separación de la Iglesia y del Estado; 
pero la letra poco importa, si como se ve, 
se prescinde del Concordato. Eas medidas 
arbitrarias contra el clero están á la or- 
den del día, y los párrocos en grandísimo 
número se ven privados de sus haberes. 
;:Para qué es el Concordato en manos de 
tan inicuos gobernantes? Denunciáranlo de 
una vez, y cada uno se las arreglaría como 
pudiera, y no que quieren añadir la hipo- 
cresía á la maldad. 

Pero no todo va como quisieran los eter- 
nos enemigos de la Iglesia. Los radicales 
han presentado una proposición en la Cá- 
mara de Diputados pidiendo una amplia 
amnistía por delitos políticos: el ministerio 
declaró que la rechazaba, porque la creía 
improcedente después de los indultos par- 
ciales concedidos por Grevy, y al día si- 
guiente de haber tenido que anular la Cá- 
mara algunas actas de Diputados. Esta 
última razón fué la que movió á las dere- 
chas á votar con los radicales, resultando 
derrotado el gobierno. 

Dos sangrientos sucesos muy recientes 
hablan muy alto acerca de la situación de 
Francia. Es el primero el asesinato de 
M. fiarréme. Prefecto de Evreux, ocurrido 
en un tren al volver la víctima de París. El 
cadáver fué encontrado en el viaducto de 
A\aissons-Laflite, en medio de la vía, adon- 
de le dejaron eacr los asesinos queriendo 
sin duda arrojarle al Sena. Mr. l'.arrcmc. 



que antes era ferviente católico, mudó de 
cieencias á cambio de un empleo misera- 
ble, se hizo fracmasón y dejó aciaga me- 
moria en tiempo de la expulsión de los 
religiosos, siendo uno de los más activr)^ 
crocheletirs, y dirigiendo él mismo la ex- 
pulsión de los rjanónigos regulares Agus- 
tinos del A\onasterio de Bauchéne, donde 
la indignación popular se manifestó con- 
tia él enérgicamente, hasta el punto de 
propinarle una valiente vendeana un so- 
berbio puntapié. Su asesinato , envuelto 
en el misterio, se e.xplica de diferentes ma- 
neras: la versión más favorable al finado 
es la que lo supone debido á venganzas de 
las logias masónicas irritadas porque que- 
ría abandonarlas movido por los remordi- 
mientos. ¡Dios le haya perdonadol 

El otro suceso, que ha sido y sigue sien- 
do objeto de niuchos comentarios, es la 
huelga de los mineros de Decazeville, que 
asesinaron al subdirector de las minas, sin 
que las autoridades hiciesen nada por im- 
pedirlo. Es verdad que en cambio el Go- 
bierno, mostrando una debilidad extraor- 
dinaria, tampoco hace nada por ajustar las 
cuentas á esas autoridades. 

En el presente año se celebrará en Lyón 
el gran jubileo llamado de San Juan, en 
virtud del privilegio que tiene aquella ciu- 
dad para cuando la fiesta del nacimiento 
de dicho santo coincida con la del Santísi- 
mo Corpus Cristi. Desde la institución de 
dicha fiesta ha ocurrido esta coincidencia 
en 1451, 1546, i666yi734; se repite en 
este año, y no se reproducirá hasta el de 

1943- 

' La Academia francesa en su última se- 
sión ha protestado, bien que indirectamen- 
te, contra el materialismo en la época 
actual. 

Al votar un premio para Mr. Pellisier 
por su obra «Las grandes lecciones de la 
antigüedad cristiana.» ha dado una repara- 
ción al autor, que ha sido destituido de su 
empleo en el Avuntamicnto. por habérsele 



Crónica Universal. 



183 



premiado dicha obra. Además, ci gran pre- 
mio á la virtud ha sido adjudicadf) á una 
humilde y valerosa Hermana de las que se 
dedican á cuidar á los pobres y á los enfer- 
mos en nombre de Dios, Kn cambio, el go- 
bierno francés expulsa á dichas Hermanas 
de los hospitales, hospicios y asilos. 

lí\ eminente compositor Gounod ha he- 
cho una \ isita a Reims, deteniéndose sobre 
todo en la catedral, que tantos recuerdos 
evoca. Al despedirse del Prelado diocesa- 
no, le ha prometido escribir una misa en 
honor de juana de .Vrco, si llega á ser ca- 
nonizada. 1--1 insigne y hoy fervoroso ca- 
tólico .Mr. Gounod dedicará la obra mu- 
sical en su caso á León XIII. 

Los prelados franceses, á la vez que pro- 
testan con energía contra las medidas 
opresoras del gobierno contra la Iglesia, 
han dirigido también á los fieles circulares 
promoviendo suscriciones en favor de los 
sacerdotes privados de sus asignaciones. 

• 
* • 

ÍTAi.iA.— Lo que actualmente está suce- 
diendo en esta nación es verdaderamente 
cómico. Aquél famoso Pedro Sbárbaro, 
que tanto ruido hizo desde su periódico 
«Las Ilorcjs caii^iinas.» denunciando enor- 
mes abusos gubernativos y pegando sen- 
d()> palos á los gobernantes, ha sido elegi- 
do diputado del Parlamento por una gran 
mayoría de votos, y como nuestro hombre 
estaba sufriendo su condena de siete años 
de cárcel, ha sido necesario ponerle en li- 
bertad, según lo ordena la ley. Y he aquí 
un héroe: el pueblo soberano salió á reci- 
birle como á caudillo triunfador, llegando 
á tal punto el entusiasmo, que desengan- 
charon el caballo del coche en que iba, 
arrastrántlole á niano hasta la modesta vi- 
vienda del flamante diputado. Pregúntase 
ahora: dado el carácter violento de Sbár- 
baro y las circunstancias en que se presen- 
ta al Parlamento, :que tal serán los escán- 
dalos que arme? La solución al tiempo. 

Los pobres iLilijnísinios estávisl" que 



no ganan para sustos. A las complicacio- 
nes internas que resultarán de ese hecho, y 
á las que otros muchos les han ocasionado, 
les ocasionan v les ocasionarán, hay que 
añadir las que le vienen de fuera. No ha- 
blemos de la situación apurada de .Massua. 
ni de la intcrvencifui italiana en el asunto 
do Grecia , á donde ha enviado algunos 
cruceros: lo que tiene ahora á los italiaui- 
simos pensativos y hasta rabiosos,' es la 
carta de P.ismarcká Su Santidad León XIII. 
y sobre todo, que en ella le dé el trata- 
miento de Sire. que nunca se ha usado 
sino dirigiéndose á reyes en posesión del 
trono. Ese tratamiento ha sido muy co- 
mentado por toda la prensa europea. Un 
periódico italiano, más disimulado ó más 
fácil de contentar que otros, ha dicho que 
Bismarck ha empleado ese título porque, 
siendo él protestante, no había de dar á 
León XIII el de Santidad. O le cegaba al 
tal periódico la ira. ó tenía cataratas; por- 
que precisamente en la misma carta llama 
Bismarck varias veces al Papa Vuestra 
SanliJad con todas sus letras. 

La iglesia católica italiana, que se fundó 
en Roma hace tiempo, ha muerto por inani- 
ción. Séale la tierra ligera, y Dios quiera 
iluminar con su gracia á sus directores, 
que eran el canónigo Campello.el ex-mon- 
señor Savasese y el diácono (^ichitti Su- 
riano. 

La marquesa .Mac-Clcllan, hija de una 
de las más poderosas familias de Pensilva- 
nia (Estados-Unidos), y educada en Fila- 
delfia con todo el rigor de la educación 
clásica religiosa protestante, ha abjurado 
en Florencia sus errores anglicanos. Aun- 
que contrajo matrimonio con el marqués 
Torsigiani, siguió siendo protestante, has- 
ta que la luz del cielo, que llamamos gra- 
cia divina, illuminó su inteligencia, com- 
prendiendo así la soberana belleza de la 
verdad católica. 

• ♦ 

TuKoi ¡A.— Los estados de los lialkanes 



1 84 



CIrónica Universal. 



están aclualmcntc pasando por una Icrri- 
blc crisis, si bien en lo que loca á Servia y 
r.uigaria, las grandes potencias han conse- 
guido imponer su criterio á entrambos es- 
tados, (irecia, á pesar de su pequenez y 
falta de recursos, se presenta en actitud 
amenazadora, no queriéndose sujetar en 
manera alguna al parecer de las potencias 
mediadoras. Al lin de intimidarla, parece 
ser que el representante inglés hubo de 
hablar en términos un tanto ásperos al Mi- 
nistro de Negocios extranjeros de Orecia, 
y esto bastó para que la indignación subie- 
ra hasta un punto increíble en todas las 
clases sociales. Témese, pues, que al lin 
rompa las hostilidades contra Turquía; 
pero no son de temer grandes trastornos, 
dada la actitud de las indicadas potencias. 

III. 

ESPAÑA. 

No hay ya rincón del mundo en donde 
no se tenga noticia más ó menos exacta de 
lo ocurrido en Cartagena el día n» del pa- 
sado mes. Nos contentaremos, pues, con 
breves indicaciones, entre otras razones, 
porque aún se ignora toda la verdad de la 
intentona revolucionaria. Parece ser que 
un pelotón de republicanos, acaudillados 
por un ex-sargento de infantería, sorpren- 
dió á la guardia del castillo de San Julián, 
encerrando su guarnición, y apoderándose 
ellos de las armas y material de guerra del 
castillo. Díjose los primeros días que sólo 
breves horas pudieron estar los revoltosos 
apoderados del fuerte; mas noticias poste- 
riores aíirman que estuvo en su poder por 
espacio de 30 horas. No se sabe cómo, pues 
son varias las versiones, llegó á noticia del 
general Fajardo, gobernador de la plaza, la 
fatal nueva, y haciéndose acompañar de al- 
gunas compañías de tropa, que colocó á 
respetable distancia, acercóse el general con 
un ayudante y algunos guardias civiles, é 
increpó duramente á los amotinadr)s, man- 
dándoles deponer su actitud hostil, v que 



le franquearan la entrada del castillo. La 
conteslaciiHi fué una descarga cerrada de 
fusilería, que acribilló de heridas al bra\o 
Cicneral. Xiendn sin duda que la intentona 
no había tenido eco, ni en los demás fuertes 
ni en la ciudad, huyeron á la desbandada 
cada uno por donde pudo; pero se ha con- 
seguido capturar á algunos de ellos. Varias 
prisiones se hicieron en diferentes puntr)s. 
y principalmente en Zaragoza, en indivi- 
duos que se creían comprometidos con los 
de Cartagena; pero nada se sabe de cierto, 
fuera del terror pánico que se ha apodera- 
do del gobierno, y de las activas gestiones 
que ha hecho, para que ni el Sr. Ruiz Zo- 
rrilla ni sus secuaces sigan por más tiem- 
po en la frontera. K\ gobierno francés pa- 
rece que ha dado por lo menos buenas 
palabras á las reiteradas instancias del 
español. 

El general Fajardo ha fallecido, después 
de sufrir con serenidad de ánimo la ampu- 
tación de una pierna; y dio muestra de sus 
cristianos sentimientos, pidiendo se le ad- 
ministrasen los Santos Sacramentos antes 
de la penosa operación. — R. 1.1'. 

Los revolucionarios se muestran muv 
envalentonados, á pesar de las profundas 
divisiones que los separan. Varios emigra- 
dos republicanos han lirmado una decla- 
ración diciendo que no aceptan la con- 
cesión del «indulto mientras éste no sea 
incondicional. Pí y Margall se ha despa- 
chado á su gusto en un discurso pronun- 
ciado en el Círculo Mercantil, donde ha 
blasfemado por todo lo .tito, hasta el punto 
de obligar á algunos de los socios á suscri- 
bir una protesta. Después ha dado á luz 
un manifiesto en que fija el programa de 
su partido, insistiendo en su ya cómica- 
mente famoso pació sinalagmálico connnt- 
lalivo bilaleral. Y entre estos clamores ha 
sonado, más alta y rechinante que todas, 
la voz aguardentosa de lU Molin. que entre 
burlas y veras, ha proclamado en un ar- 
tículo antropófago é incendiario, á más de 
otras horribles atrocidades, el derecho de 



CrÓN ICA U \ I VERSAL . 



185 



robar, malar y violar, y la necesidad de 
guillotinar á los curas, á los frailes y a 
los ricos. 

Además del atentado de Cartagena, al- 
gunos otros hechos demuestran que los 
revolucionarios no se contentan con pala- 
bras. En Despeñaperros se ha levantado 
una partida que aún de lijo no se sabe si 
es de bandidos ó de republicanos, aunque 
se tiene por más verosímil lo segundo, por 
más que no repugnaría que fuesen ambas 
cosas, nada incompatibles, como prueba la 
experiencia. Añádese á esto la agitación de 
los obreros madrileños, que han hecho ya 
estos días varias manifestaciones pidiendo 
trabajo en actitud muy dudosa por las ca- 
lles de la ci'irle. Nada tendrían de extraño 
estas manifestaciones, en que no se pide 
nada que no sea razonable, si no se abri- 
gara la lirme convicción de que la actitud 
de los obreros responde á excitaciones de 
los re\ olucionarios. 

lül contlicto de las Carolinas ha termina- 
do, gracias á la sabia y prudente media- 
ción de Su Santidad. He aquí el documenta 
expedido en Roma con tal motivo: 

"l'.l descubrimiento hecho por España, 
en el siglo X\'l. de las islas que forman 
parte del archipiélago de las Carolinas y 
Palaos, y una serie de actos llevados á 
cabo en diversas épocas en esas mismas 
islas por el Gobierno español en beneficio 
de los indígenas, han creado en la convic- 
ción de dicho Gobierno y de su nación, un 
título de soberanía, fundado en las máxi- 
mas del derecho internacional invocadas v 
seguidas en esta época en el caso de con- 
flictos análogos. 

»En efecto, cuando se considera el con- 
junto de los actos mencionados, cuya au- 
tenticidad se halla conürmada por diversos 
documentos de los archivos de la Propa- 
ganda, no puede desconocerse la acción 
benéfica de España respecto á. aquellos 
isleños. Debe notarse, además, que ningún 
otro Gobierno ha ejercido sobre ellos una 
acción semejante. Esto explica la tradición 



constante, que conviene tener en cuenta, y 
la convicción del pueblo español relativa- 
mente á esa soberanía; tradición y convic- 
ción que se han hecho manifiestas hace 
dos meses con un ardor y una animosidad 
capaces de comprometer por un instante 
la paz interior y las relaciones de los dos 
Gobiernos amigos. 

«Por otra parte, Alemania, y asimismo 
Inglaterra, han declarado expresamente en 
1875 al Gobierno español que no recono- 
cían la soberanía de España sobre dichas 
islas. El Gobierno imperial opina por el 
contrario, que la ocupación efectiva de un 
territorio es lo cjue da origen á la soberanía 
sobre el mismo, y esta ocupación nunca se' 
. ha efectuado por parte de España respecto 
á las Carolinas; en conformidad con este 
principio ha procedido en la isla de Yap, y 
en esto, como por su parte la ha hecho el 
(Gobierno español, el mediador se compla- 
ce en reconocer toda la lealtad del Gobier- 
no imperial. 

»En su consecuencia, y á íin de que esta 
divergencia de miras entre los dos Gobier- 
nos no sea un obstáculo para un arreglo 
honroso, el mediador, después de haberlo 
considerado bien todo, propone que el 
nuevo convenio que se estipule se atenga 
á las fórmulas del protocolo relativo al 
archipiélago de joló, firmado en Madrid el 
7 de Marzo último entre los representantes 
de la Gran P)retaña, de Alemania y de Es- 
paña, y que se adopten los puntas si- 
guientes: 

«Punto I." Se afirma la soberanía de 
España sobre las islas Carolinas y Palaos. 

»2." El Gobierno español, para hacer 
efectiva esta soberanía, se obliga á esta- 
blecer lo más pronto posible, en dicho ar- 
chipiélago, una administración regular con 
una fuerza suficiente para garantizar el 
orden y los derechos adquiridos. 

»^.' España ofrece á Alemania plena v 
entera libertad de comercio, de navegación 
y de pesca en esas mismas Islas, como asi- 
mismo el derecho de establecer en ellas una 
estación naval y un depósito de carbón. 



1 86 



Crónica Umverrai,. 



» (.'■ Se asegura ¡¡^'iialmenle á Alemania 
la libertad de hacer plaiUaciones en esas 
islas, y de fundar en ellas establecimientos 
agrícolas del mismo modo que los subdi- 
tos españoles. 

«Roma, en el Vaticano, á 22 de Octubre 
de 1885.— L. ^- (firmado: El Cardenal Ja- 
cobini, secretario de Estado de Su San- 
tidad).» 

En conformidad con estas bases se ha 
lirmado también por los embajadores de 
España y Alemania un protocolo en que se 
particularizan nuestros derechos sobre las 
Carolinas y las concesiones hechas á Ale- 
mania. Díccse que en cumplimiento del 
punto 2." del documento copiado, el (jO- 
bicrno español está tomando las disposi- 
ciones conducentes á establecer una ad- 
ministración y fuerzas de ejército en las 
Carolinas. 

Inglaterra al lin se ha salido con la suya: 
el Cobierno, al ver sus amenazas de no 
reconocer nuestra soberanía en aquel Archi- 
piélago si ella no sacaba carne entre las 
uñas, le ha concedido iguales privilegios ! 
que á Alemania, según solicitaba. 1 

La lectura del Protocolo de las Carolinas I 
en el Congreso suscitó temores de una i 
discusión tumultuosa; pero el Sr. Sagasta ; 
corló por lo sano sorprendiendo á todos I 
con la inesperada lectura del decreto de . 
suspensión de cortes, hasta las nuevas 
elecciones, que según las últimas noticias, | 
serán para el último domingo de .Marzo ó j 
el primer domingo de Abril. El Gobierno 
ha prometido sinceridad electoral, que po- j 
eos creen. j 

Eos 25 Prelados reunidos en .Madrid 
para asistir á las honras fúnebres de I)on ' 
Alfonso Xll (q. s. g. h.)han publicado en 
los Holelines Eclesiáslicos de sus respecti- 
vas diócesis, el siguiente notable docu- 
mento. 

"Eos Prelados que susciibimos. después 
pe haber llenado el tristísimo objeto que 
uos ha congregado en esta Corle, de asis- 



tir á las honras fúnebres que en sufragio 
del alma del excelso y joven Rey D. .\lfon- 
so Xll(q. s. g. h.) ha dispuesto celebrar 
con ostentoso aparato el Cobierno de 
S. M. la Reina (q. D. g.) hemos considera- 
do nuestro primer deber elevar al Supre- 
mo Jerarca de la Iglesia, nuestro amado 
Pontífice Eeón .Xlll, un mensaje de incon- 
dicional adhesión á su sagrada persona, y 
de profundo acatamiento á sus doctrinas 
y enseñanzas; con las cuales, si a la Iglesia 
en general dispensí"» beneficios incalcula- 
bles, ha venido á favorecer muy señalada- 
mente á la nación española, que por ello le 
debe amor y reconocimiento. 

"Débeselo con especialidad por las doc- 
trinas contenidas en su última Encíclica 
Iiumorlale Dei, insigne monumento de sa- 
biduría y de doctrina sublime para todos 
los católicos, y aun para la humanidad en- 
tera; yá efecto de expresarle los sentimien_ 
tos de acendrada gratitud en que rebosan 
nuestros corazones, hémosle dirigido el 
telegrama del tenor siguiente:» (— .\quí 
insertan los RR. Prelados el telegrama que 
ya publicamos en nuestro número anterior, 
y prosiguen): 

"Cumpliendo este sagrado deber, y ha- 
biendo conferenciado sobre algunos pun- 
ios relativos á nuestro cargo pastoral, he- 
mos creído necesario, v en eran manera 
oportuno, formular y consignar las si- 
guientes declaraciones: 

» I." Puniendo sobre nuestras cabezas, y 
respetando, cual se merece, la precitada 
Encíclica, debemos declarar y declaramos, 
como asunto que es de actualidad, espe- 
cialmente en varias de nuestras Diócesis, 
que si bien la política debe basarse sobre 
la Religión, y ser informada por ella, la 
Religión y la política son, sin embargo, 
cosas muy distintas y que jamás deben 
confundirse; y que, salva la unidad en la 
Ee y en los principios católicos, puede con 
toda licitqd sostenerse controversia, como 
dice Nuestro Santísimo F^adre, «sobre la 
«mejor clase de gobierno, sobre tal ó cual 
•'forma de constituir los Estados, y puede 



Crónica Universal. 



^^7 



«haber sobre ello una honesta diversidad 
«de opiniones." 

»2/ Siendo la prensa en general, y los 
diarios católicos en particular, el medio 
más común y ordinario de que se sirven 
los hombres en los actuales tiempos para 
discutir cuanto concierne, no sólo ú la po- 
lítica, sino á la Religión, cúmplenos decla- 
rar, y declaramos, que ningún periódico, 
revista, folleto ó publicación de cualquier 
genero, sea cual fuere la autoridad que 
prestarles pueda el nombre de sus respec- 
tivos autores, tiene la misión de calificar, y 
menos de definir, si tal ó cual teoría ú opi- 
nión cabe ó no dentro de la doctrina cató- 
lica; pues que semejante declaración co- 
rresponde por derecho divino á los que, 
como sucesores de los Apóstoles, han sido 
puestos por el Espíritu Santo para regir, 
en sus respectivas Diócesis, la Iglesia de 
Dios, bajo las limitaciones y reservas con- 
tenidas en el Derecho canónico. 

»^.' En su consecuencia, dejando á un 
lado las opiniones meramente políticas, y 
con el firme y deliberado propósito de no in- 
miscuirnos directamente en las contiendas 
que ocasionan, declaramos asimismo que 
los periódicos, revistas ó folletos que quie- 
ran honrarse con el título de católicos, de- 
ben estar sujetos entera y rendidamente, 
bajo el enunciado concepto, á la autoridad 
del Prelado diocesano. Por manera que, 
si en algún caso, después de las adverten- 
cias oportunas, cualquiera de las indicadas 
publicaciones rechazare ó declinare la su- 
jeción á su propio Obispo, dejará, por este 
mero hecho, de ser considerada como pu- 
blicación católica. 

»4.* V para más declarar nuestro con- 
cepto y dejar á los publicistas católicos su 
honesta libertad de escribir con la ampli- 
tud que convenga á sus respectivos ñnes 
y propósitos (cuyo derecho en manera al- 
guna intentamos cercenarles) , debemos, 
por fin, declarar y declaramos, que es líci- 
to á los dichos escritores, partiendo del 
criterio católico, defender y propagar sus 
doctrinas y opiniones, y combatir Icalmen- 



tc á sus adversarios, con tal de no perder 
de vista las reglas prescritas por la cari- 
dad cristiana, tan recomendadas por Su 
Santidad, sin presumir tampoco que sus 
escritos, por el hecho de emanar de autor 
católico, tienen más autoridad que la que 
puedan prestarles las razones ó fundamen- 
tos en que se apoyen. 

>> 5 .' Y cada uno de los concurrentes hará 
publicar estos acuerdos en el Boletín dio- 
cesano, con todas nuestras firmas . para 
que aparezcan revestidos de mayor auto- 
ridad, remitiéndose ejemplares á los Pre- 
lados ausentes, por si gustan adoptarlos 
y publicarlos en sus Diócesis respectivas. 

«Dado en Madrid á 14 de Diciembre de 
1885».— Siguen las firmas de los 25 Pre- 
lados. 

Tampoco en el mes que acaba de trascu- 
rrir han faltado calamidades que lamentar. 
Las copiosas nieves han interrumpido las 
comunicaciones en muchos puntos y oca- 
sionado algunos descarrilamientos en los 
trenes; aunque no han sido muchas las 
desgracias personales. El derretimiento de 
las nieves ha causado grandes avenidas en 
los ríos. Ha habido incendios en Soria v 
Burgos, y se han incendiado también las 
estaciones de Irún y la antigua del Norte 
de Madrid. En Valladolid igualmente se 
inició en la estación un incendio, que pudo 
ser atajado, destruyendo solamente un 
taller. En \'elez-Málaga se ha sentido un 
nuevo terremoto; pero sin consecuencias. 
Y finalmente, sigue el cólera causando al- 
gunas víctimas, principalmente en Tarifa. 

Ha fallecido en Madrid, con profundo 
sentimiento de todos los buenos, una ilus- 
tre heroína de la caridad, la Señorita Doña 
Ernestina Manuel de X'illena, fundadora 
del Asilo de huérfanos del Sagrado Cora- 
zón de Jesús. La Señorita X'illena, consa- 
grada toda su vida á la virtud cristiana y 
al ejercicio de la caridad, había gastado en 
beneficio de los pobres todo su rico patri- 
monio, que heredó de sus padres los Mar- 

24 



i«S 



Crónica Universa!.. 



qucscs del Gracia Kcal, hasta tal puiuo, 
que á su muerte vivía de la generosidad 
(le un pariente. Sus virtudes le habían con- 
quistado el cariño de lodos. Ha muerto 
como una santa. Su entierro ha sido mo- 
desto: pero llevaba por acompañamiento 
lo más lucido de .Madrid. Entre las coro- 
nas depositadas en su féretro se veía una 
de la Reina Cristina con esta inscripción: 
Marta Cristina á la madre de los pobres. 

El insigne artista cristiano Sr. Cubas, 
arquitecto del Asilo de huérfanos y de la 
Iglesia de la Almudena, y á quien Su San- 
tidad acaba de conceder el título de .par- 
qués de Cubas, presenció con lágrimas la ¡ 
muerte de su virtuosa amiga, y ha hecho 
propósito de levantar á su memoria un 
mausoleo. 

¡Descanse en pa/ el alma generosa que 
ha pasado por el mundo haciendo bien y 
enjugando lágrimas! 

Por iniciativa y petición de nuestro que- 
rido hermano el limo. P. Cámara, la Real 
Academia de S. Fernando ha acordado la 
restauración del magnífico cuadro original 
de Rivera que representa la Inmaculada 
Concepción y está en el altar mayor de la 
Iglesia de las Agustinas de Salamanca, 
designando para la obra al insigne pintor 
Sr. Jarín Ibáñez, que ya ha terminado la 
restauración. 

En medio del general rebajamiento de 
caracteres ¡cuánto nos consuelan rasgos 
como el siguiente que del Sr. Ibáñez refie- 
re La Semana Católica de Salamanca! 

«No podemos omitir un rasgo del emi- 
nente restaurador del famoso lienzo del 
Spa,cnwlelo. El desprendido artista había 
dicho que estaba sulicientemcnle remune- 
rado con la honrosa distinción de haberse 
fijado en él para poner su pincel en la obra 
maestra de Rivera, y con los obsequios re- 
cibidos en Salamanca, por lo cual no ad- 
mitía de ninguna manera se tratara de 
género alguno de recompensa. Aceptó sólo 
un recuerdo ofrecido de ningún valor. Mas 
con disimulo se le entregó un sobre de carta 



donde se le dijo iba una estampa y registro 

de libro. Ix recibió: mas sospechando 

á poco fuera otra cosa, abrió el sobre y 
preguntó entonces: Ya que tanto se moles- 
tan ustedes, í^soy yo el dueño de este bille- 
te?-— Indudablemente.— A\uy bien. En este 
caso se darán mil reales al hospital de Ma- 
cotera, otros mil á la Iglesia del Beato 
Orozco, otros mil para el templo de la 
.\lmudena y los mil restantes al asilo 
de huérfanos, últimas fundaciones de 
.Madrid. 

»Esto se llama trabajar por la Virgen y 
para la \'irgen: ella se lo premiará en el 
cielo.» 

La misma revista salmantina publica en 
su último número un bien escrito artículo 
en que, hablando de la restauración del 
cuadro de Rivera, pasa luego á proponer 
la restauración de la capilla de la quinta 
de la Flecha, que pertenecía al Convento 
de Agustinos de Salamanca, en la cual 
pone FY. Luis de León la escena de sus 
encantadores diálogos de Los Nombres de 
Cristo, y donde compuso el inmortal poeta 
.\gustiniano algunas de sus inspiradas 
odas. Recuerda que, según consta de un 
pasaje de dichos Nombres. Fr. 1 .uis de León 
dijo la misa en aquella capilla un día de 
S. Pedro, y propone que el mismo día se 
inaugure, celebrando el santo sacrificio en 
ella otro Agustino, el limo. P. Cámara, y 
con asistencia del claustro universitario, de 
las autoridades eclesiásticas, civiles y mili- 
tares, de las Corporaciones, y comisiones 
de las Reales Academias de la Lengua, de 
la Historia y de Nobles Artes de S. Fer- 
nando. El articulista desea que con tal mo- 
tivo se celebre una fiesta espléndida, que 
debe ser nacional, por merecerlo bien la 
memoria del más grande de nuestros poe- 
tas líricos. 

P'xcusamos decir cuánto nos agrada este 
pensamiento, que con todas veras desea- 
ríamos se realizase. Si para ello puede 
contribuir algo nuestra modesta coopera- 
ción, la ofrecemos desde luego. 



Crónica Universal. 



1 80 



Trátase de celebrar de una manera dig- 
na el próximo Jubileo Sacerdotal de Su 
Santidad León XIII. Al efecto se ha cons- 
tituido en Barcelona una comisión que ha 
repartido profusamente un llamamiento á 
los católicos á lin de que contribuyan á tan 
laudable objeto, y pidiendo para ello el 
módico óbolo de 10 céntimos de peseta, 
que no habrá español amante de la Iglesia 
que no este dispuesto á dar. Dirigido al 
mismo tin ha escrito la revista madrileña 
¡.a Restaurado}! un caluroso artículo ex- 
hortando á la prensa católica á que por su 
parte contribuya al mayor esplendor en la 
reali/.aci(')n del pensamiento. Por nuestra 
parte, aplaudimos de corazón todo cuanto 
se dirija á tan plausible (in, para el cual no 
ha de faltar nuestro apoyo y cooperación 
en cuanto nuestras débiles fuer/as lo per- 
mitan. 

También ha fallecido en Madrid el céle- 
bre músico Guelbenzu, el primer pianista 
de España y que tendría pocos rivales en 
el extranjero. Era primer organista de la 
(Capilla Real, buen compositor, y artista de 
inspiración y amor ardentísimo al arte 
bello. Con Monasterio y otros amigos ha- 
bía organizado los notabilísimos conciertos 
de cuarteto, que formaban las delicias de 
la buena sociedad matritense. Guelbenzu 
era natural de Pamplona. 

Nuestro querido compañero E/ Eco Fran- 
ciscano, que los PP. de dicha Orden publi- 
can en Santiago de Compostcla, ha escrito 
dos notables artículos defendiendo el buen 
nombre del insigne filósofo español Beato 
Raimundo Lulio, ornamento de la Orden 
Franciscana, en contestación á la Civiltá 
Caltolica, que llamó á Lulio panteísta. La 
Ci villa, en respuesta al primer artículo de 
Rl Eco, dijo que no se refería al Beato Rai- 
mundo Lulio, sino á otro escritor del mis- 
mo nombre, y que no tenía razón para 
ofenderse por ello la revista franciscana. 
Esta contestó que el personaje á quien La 
Civiltá se refería no se llamaba Lulio, por 



más que algunos así le hayan llamado equi- 
vocadamente; sino Raimundo de Tárrega, 
razón por la cual, por el nombre de Rai- 
mundo Lulio no podían entender otro que 
el Bienaventurado franciscano. 

Con esto ha terminado la polémica, en la 
que con gusto hemos visto que por ambas 
partes se han observado estrictamente las 
reglas de la caridad y de la cortesía, (ale- 
bramos que la fama de tan ilustre español 
haya sido tan valientemente \ indicada por 
El Eco Franciscano, cuyos artículos repro- 
duciríamos con gusto si el tiempo y el es- 
pacio de que podemos" disponer no nos lo 
impidieran. 

Local.— Nuestro limo. Prelado, el dig- 
nísimo Arzobispo de Valladolid, ha tenido 
la exquisita amabilidad, que cordialísima- 
mente le agradecemos, de regalar á nues- 
tro Colegio y á esta Redacción varios ejem- 
plares de la notable Ora c/d;i Fúnebre que 
pronunció en las solemnes e.xequias cele- 
bradas en Madrid por el alma del difunto 
Rey de España (q. e. p. d.) A su tiempo ha- 
blamos de este discurso, dedicándole me- 
recidos elogios: hoy que hemos tenido oca- 
sión de saborearlo más despacio, hemos 
de declarar, aun constándonos que lasti- 
mamos la modestia del venerable Prelado, 
que lejos de tener que reformar el juicio 
formado por la primera precipitada lectu- 
ra, cada vez hallamos mas agrado en la 
de tan preciosa oración fúnebre, modelo 
acabado del género, y donde no sabemos 
qué admirar más; si la exquisita pruden- 
cia con que el orador ha desempeñado la 
delicada comisión sin herir á nadie, ó el 
fondo de copiosa, severa y cristiana doc- 
trina en que está empapado el sermón, ó 
la solemne y grandiosa elocuencia, realza- 
da con sublimes periodos de la Escritura, 
intercalados con pasmosa naturalidad, y 
con esa maestría en el manejo de los Sa- 
grados libros, en que no tiene rival el Pre- 
lado valisoletano. Es una oración fúnebre 
como deben ser las verdaderamente cris- 
tianas: no una acalorada apología del per- 



IQO 



Crónica Universal 



souajc; sino el elogio del malogrado prín- 
cipe, engastado en profundas considera- 
ciones que conmueven el alma y hacen 
pensar en Dios y en los destinos futuros. 
Reciba nuestro querido Arzobispo sincera 
y entusiasta enhorabuena. 

Por iniciativa de nuestro amigo el doctor 
1>. (Constantino Garran, se trata de abrir 
una suscrición para restaurar el santuario 
de la X'irgcn de Valvanera en la Rioja, 
auxiliar con limosnas á la Comunidad de 
l'R. Hencdictinos recién instalada en él, y 
organizar una piadosa romería al mismo. 
Kl Sr. (iarr^in ha publicado varios caluro- 
sos artículos excitando á ese efecto la pie- 
dad y el patriotismo de sus paisanos los 
riojanos. Su proyecto ha sido bendecido 
por los venerables Prelados de Tarazona, 
Sigüenza y Salamanca, hijos los tres de la 
Rioja; por el de Daulia, que pertenece á la 
Orden de S. P>enito, y por el de Calahorra, 
en cuya Diócesis se encuentra el santuario 



de la Virgen de Valvanera. Por encargo 
del P. Sobrón, Prior de aquella comunidad, 
se ha constituido en \'alladolíd una junta 
local destinada á fomentar tan piadoso y 
laudable pensamiento. Dicha junta está asi 
constituida: Presideiile honorario: I). Cris- 
tóbal Rubio, Dignidad .Maestrescuela de 
la S. I. C. ;M.; Presidente efectivo: D. A\a- 
nuel Pascual Pavía, Párroco de Santiagrí: 
Vice-presidentes: D. Teodoro Leller, her- 
mano mayor eclesiástico de la Congrega- 
ción de \'alvancra en esta ciudad, y Don 
Julián Palacios, de igual categoría entre los 
seglares; Tesorero: D. Domingo Elizondo, 
Canónigo; Consiliarios: Los Sres. Villar, 
Guilarte y Subcro, í^encficiados de la San- 
ta Iglesia Metropolitana; Negueruela, 
Abogado; Salaya, Catedrático; y Hermoso, 
Depositario de la Congregación de Valva- 
nera; Secretarios: i ." D. Gonzalo García 
Baquero, Beneficiado, v 2." D. Constantino 
Garran, Abogado. 




Baria del limo. 





RR. V\\ Redactores de la Revista Agus- 
tín i ana. 

Valladolid. 

Salamanca, 28 de Enero de 18R6. 

|lS QUERIDOS É INOLVIDABLES PaDRES: 

Para desvanecer dudas, ahí va esta 
I! carta. No pensaba escribirla; pero 
lo hago porque me dirijo á mis herma- 
nos, mis desinteresados amigos. Aquí nada 
hace falta decir: la palabra del Obispo está 
en pié. Me conocen: nada más era ne- 
cesario para juzgar de un hecho solem- 
ne, verificado á la luz del día, en presen- 
cia de Salamanca. Pero se ha llevado el 
ruido á donde sólo podía escucharse, fuera 
de aquí: ya lo veo. Todo lo he oído, y espe- 
ro en Dios que será con fruto de mi alma. 
.Nunca mejor he comprendido las terribles 
frases de la Escritura acerca del mundo: 
nunca quisiera haberme apartado mas de 
el. y refugiarme al corazón de Jesús. En 
este mes me vino licencia del Papa para 
tenerle sacramentado en la capilla de Pa- 
lacio: se me daba Jesús por huésped de mi 
casa, por amigo del alma. IGracias á Dios! 
Y pensando en mi huésped, siento repug- 



nancia invencible en contestar á nadie; 
pero en fin, puesto queá hermanos hablo... 
allá van esas cuartillas... borrajeadas con 
desgana, escritas sin aliño. Son la palabra, 
no del Obispo de Salamanca, dispuesto, con 
la gracia de Dios, á morir por la \erdad, 
por la Iglesia y por las enseñanzas del 
Papa, por el respeto á la jerarquía ecle- 
siástica y á la cátedra del Espíritu Santo...; 
sino la palabra del P. Cámara, que suena 
de nuevo en Ea Revisia Agus kimana y va 
dirigida á desapasionados lectores. 

Saben \'V. cuánto les ama, cuánto se 
acuerda de su querido Colegio, cuánto 
suspira por la antigua celda, su afectísimo 
hermano en el Señor, que se encomienda á 
las oraciones de todos, y les bendice cor- 
dialmente, 

El P. Cá.mara, 

Obispo de Salamanca. 



Decía La Tesis de Salamanca correspon- 
diente al miércoles 1 3 de Enero: 

«Desde la Sagrada C.\tedra. 

) El pasado domingo, y ante no tan nu- 
merosa concurrencia como en los días an- 



192 



Carta del Ii.mo. P. Cámara. 



leriorcs, se ocupó el R. 1'. Cámara cu la 
delicada empresa de explicar, amplificar y 
comentar la tercera é interesantísima par- 
te de la Knciclica Inimortalc ¡)ai, en que 
por tan maravillosa manera trata Su San- 
tidad el difícil é importante punto de los 
deberes políticos de los católicos. 

Empezó S. 1. lamentando que mutua- 
mente se acusaran éstos de las faltas que 
el Padre Santo señala y reprueba en todos, 
como si sólo al vecino fuese dirigida la ad- 
vertencia, en lugar de acusarse cada uno á 
sí mismo, como practica el justo. Añadió 
que en lugar de tan cristiana conducta, al- 
gunos diarios católicos, en cuanto habla el 
Papa, enderezan las palabras de éste al 
adversario político, y fingen que son con- 
formes á la opinión y criterio del mismo 
periódico, y escriben en este sentido artí- 
culos tan significativos como Nuestro triun- 
fo, Te Deuní laudamus, etc. 

«Después de leer el primer párrafo que 
dedica la Encíclica á los indicados deberes, 
ya por lo que toca á las opiniones, ya por 
lo que se refiere á los hechos, hizo el Prela- 
do una excursión teológica por la materia 
concerniente al alma y cuerpo de la Igle- 
sia, y á la herejía material y formal, sin 
duda para que dedujéramos en cuál de las 
dos clases habíamos de clasificar para 
nuestro gobierno á los que, como los cató- 
licosliberalcs, profesan opiniones y máxi- 
mas que se allegan de todos modos y por 
varios conceptos al naturalismo. 

"Imaginando S. E. que pudiera aparecer 
contradicción entre el último período del 
párrafo y la condenación que fulminó 
Pío IX contra los católicos liberales, juz- 
gándoles peste más nociva que la Commune 
de París, dijo que se habían interpretado 
torcidamente las palabras del inolvidable 
Pontífice, porque los afines son toros man- 
sos que rara vez pef^an; y que es absurdo 
suponer que los que están más cerca están 
más lejos. 

•>A continuación de la lectura del inme- 
diato párrafo, repitió por cuenta propia 
que ios cat(')licos debían ir ^in excusa á Ins 



elecciones municipales, y respecto de la 
obligación de aspirar al sumo poder del 
Estado, añadió que á los Obispos reunidos 
correspondía determinar si actualmente 
tendrían este deber los católicos españoles, 
llnseguida condenó enérgicamente el re- 
Iraimienlo, que calificó de pesimista y de 
contrario á la razón; porque los que espe- 
ran de las catástrofes y revoluciones los 
bienes de la restauración, se olvidan del 
principio de que los efectos no son de dis- 
tinta naturaleza que la causa. 

»hln la lectura de las restantes enseñan- 
zas relativas á la materia, y que son ya co- 
nocidas de nuestros lectores, interpoló el 
señor Obispo directos ataques á los católi- 
cos que procuran hacer el vacío en derre- 
dor de su Prelado; á los que prefieren unos 
Prelados á otros, y á los que condenan el 
patronato como origen de males y perjui- 
cios para la Iglesia, no menos que como 
ocasión de que los fieles no depositen en 
los Obispos absoluta confianza y amor: in- 
sistiendo finalmente en que no es lícito ne- 
gar obediencia á la legitimidad constitui- 
da y mucho menos rebelarse contra ella. 

"Aunque nada estaría seguramente tan 
lejos del ánimo de S. S. 1. como lanzar 
desde el pulpito trasparentes alusiones á 
una muy numerosa y siempre sumisa par- 
te de su grey, la indiscreción y suspicacia 
de muchas personas hicieron continuo 
blanco de significativas miradas á católicos 
allí presentes, que todo lo han sacrificado 
y están dispuestos á sacrificar en lo sucesi- 
vo, á la defensa de la Santa Madre Iglesia, 
de la que quieren ser siempre los más res- 
petuosos y fieles hijos. Esta inmotivada 
ccjnducta de una parte del concurso, á la 
cual, como se ha visto, no dio ni aun si- 
quiera lejano pretexto la palabra del Pre- 
lado, ofreció á aquellos católicos ocasión 
feliz de ejercitar la paciencia, y de ofrecer 
á Dios la inopinada y humillante mortifi- 
cación y la tribulación amarguísima de que 
una porción de sus hermanos les suponga 
incursos en faltas que no han cometido, y 
objeto de una pública y solemne reprcn- 



Carta del Il.mo. P. Cámara. 



TQS 



sión episcopal, cuando ni siquiera les ha 
juzgado su Obispo merecedores de la pri- 
vada corrección fraterna. 

»S. S. I. concluyó exhortando á la unión 
y la concordia.» 



Párrafo primero de la reser?a.— «Añadió 
que, en lugar de tan cristiana conducta, al- 
gunos diarios católicos...»— Publicado está 
mi exordio á que se relicrc este párrafo. El 
periodista aplica á algunos diarios católi- 
cos lo que el orador decía de todos, y todos, 
poco ó mucho beneméritos de este nombre; 
donde se comprende á los católicos-libera- 
les. Nótese, por tanto, la inexactitud y acri- 
monia de la frase periodística, y cuánto más 
benévolo y cortes y provechoso en el pul- 
pito, es culpar á todos en general, é inclu- 
yéndose, como lo hizo, el mismo orador 
sagrado. El periodista reseñaba ¿/t,' algunos: 
y sin embargo, la ley del compañerismo ha 
juzgado que la reseña correspondía exac- 
tamente al exordio, que tenían delante de 
los ojos clamando lo opuesto. 

Párrafo segundo. — «Hizo el Prelado una 
excursión teológica por la materia concer- 
niente al alma y cuerpo de la Iglesia, y á 
la herejía material y formal, sin duda para 
que. ..>— Inexacta también es la razón é in- 
sinuación del sin duda... No había duda al- 
guna: el Prelado lo expresó bien claro: 
hizo la excursión teológica, al decir del pe- 
riodista, para que se entendiera la nota 
característica de los católicos, cual es ren- 
dir su juicio al de la Santa Sede, como en- 
señaba el Papa. Por carecer de conoci- 
mientos acerca de los lugares teológicos, 
y especialmente de la constitución de la 
Iglesia, yerran con frecuencia los periodis- 
tas en calificaciones, ya de personas, ya 
de doctrinas; cosa que el Papa lamenta 
haber sucedido más de una vez. A este ob- 
jeto, y no al indicado por el periodista, que 
no era pertinente, hizo dicha excursión el 
Prelado, y para dar reglas, tomadas de la 
Encíclica, á los predicadores, y á los confe- 
sores, y á los escritores. De modo que sin 
duda alguna venía á hablar también el Obis- 



po á los pcrindislas. dándoles norma se- 
gura para sus controversias. 

No era pertinente la insinuación del pe- 
riodista, porque la doctrina de los que se 
allegan sólo á un error ó herejía, merecerá 
tal ó cual nota teológica, aunque sea la de 
lux'resim sapiens; pero no la de herética, ni 
material ni formal; que esta división se re- 
laciona con las herejías declaradas, según 
se admiten sin conocimiento ó con adver- 
tencia de ellas. Menos pertinente es toda- 
vía por lo del alma y cuerpo de la Iglesia; 
porque ya dijo el Obispo que nadie sabe si 
pertenece al alma de ella, pues nadie sabe 
si es digno de amor ó de odio. La coloca- 
ción, pues, de semejantes escuelas no ofre- 
cía dudas en caso de hallarse dentro de la 
Iglesia. 

Párrafo ¿¿rce/ o. —«Imaginando Su E.xce- 
lencia que pudiera aparecer...» — ¡Por Dios! 
eso no se escribe, siquiera por reverencia y 
cortesía. ^Imaginar el Prelado que pudiera 
aparecer, manifestarse, salir, parecer, ha- 
llarse ó encontrarse (que tal es el significa- 
do de aparecer) — «contradicción entre las 
palabras de dos Papas?...» El Prelado expli- 
có ambos testimonios para hallar su recto 
sentido, y demostrar la conformidad que él 
imaginaba y veía. En las aulas teológicas, 
cuando se opone una autoridad al susten- 
tante de una tesis, y éste responde: explico 
te.vtum. da á entender que no es de sospe- 
char contradicción entre la autoridad obje- 
tada y la proposición defendida. 

Tampoco resulta correcto escribir de le- 
tra cursiva, atribuyéndola al Prelado, la 
frase de que los afines son toros mansos que 
rara vez pegan, dando margen á que mu- 
chas personas crean que la frase es textual 
del Prelado, con toda esa crudeza y esos 
términos del periodismo. 

El Prelado repetía las enseñanzas del 
Pontífice, diciendo que, comparado el Es- 
tado moderno, de que se había dicho y al 
cual se había condenado, con otro Estado 
en que se persiga tiránica y desvergonza- 
damente el nombre cristiano, podría pa- 
recer aquél más tolerable. Y añadía; no se 



íOI 



Cakta nni. li \\(». I*. (".Amara. 



oponga la frase celebre de Pío IX aplicada 
á ciertas gentes más nocivas y temibles 
que la (Jomwioic de París: esta frase se ha 
exagerado bastante. Expliquemos su ver- 
dadero significado. Como esas gentes es- 
tán más cerca de nosotros, se dicen nues- 
tros afines, y cubren además su cara con 
ciertas apariencias que nos pueden fasci- 
nar, corremos más peligro de contagiarnos 
con ellos, son más temibles que los enemi- 
gos de fuera y descubiertos; pero no quie- 
re decir que sean peores en el grado de la 
maldad, ni tan intolerables como la anar- 
quía y disolución social. Señores, decía el 
Prelado; existe repugnancia m Icnninis, 
braman de verse juntas las palabras de 
ajines y más distantes en un grado ó escala; 
pues lo que está más cerca, es claro que 
no está más lejos. A este propósito recor- 
dó el dicho vulgar: «del toro manso líbre- 
me Dios, que del bravo libraréme yo»: 
quiere decir, que como de suyo la fiereza 
del toro bravo nos espanta ya. de lo que 
debemos precavernos es del toro manso, 
que con todas las apariencias de manse- 
dumbre, nos puede acometer despreveni- 
dos y confiados. De igual extensión, seguía 
el orador, es la frase de Santa Teresa: que 
debemos, si cabe, cobrar más horror al 
pecado venial que al pecado mortal; pues 
éste, por el espanto que causa á toda con- 
ciencia delicada, no entra fácilmente en 
ella, etc., etc. Pero evidente cosa es que 
más tolerable debe parecemos el toro man- 
so que el toro bravo, y más la culpa venial 
que la culpa mortal. 

He ahí el extracto, bien á la ligera, del 
pensamiento culminante del orador. No 
sabemos de dónde saca el articulista, como 
ha escrito nuevamente, que el Prelado 
hizo la apología, esto es, la defensa de los 
afines á lo bueno; y por tanto, ha llamado 
bueno á lo malo, cuando no ha hecho, en 
todo caso, sino calificarlo de menos malo 
y más tolerable, para repetir las enseñan- 
zas pontificias. 

Párrajo cuarto. — «Repitió por cuenta pro- 
pia que los católicos debían ir sin excusa á 



las elecciones municipales. ..>— El /)or cíten- 
la propia se presta á muy variadas inter- 
pretaciones. El Papa enseña que es bueno 
y provechoso vayan los católicos á los mu- 
nicipios; que de no ir se podrán originar 
muchos males á la sociedad; que los pri- 
meros y fervorosos cristianos se introdu- 
jeron en todas las clases del Estado, y de 
esa suerte le cristianizaron: debiendo, por 
consiguiente, nosotros imitar su ejemplo. 
:(,)ué debe hacer el Obispo que esto expone? 
I "I de Salamanca exclamó: «Católicos; á las 
aulas, á las academias, á la magistratura, 
á los municipios." Esta fué su frase. Es 
menester no olvidar que se trataba de los 
deberes de católicos, y anunciados por el 
Papa y predicados en el templo, por lo que 
toca á las opmiones y por lo que se refiere 
á los hechos. i\ quiénes ha puesto Dios 
por guías de los católicos? Al Papa y á los 
Obispos. (Cuando el Papa hablaba de un 
punto concreto, el Obispo de Salaman- 
ca repitió la enseñanza pontificia. El Papa 
declara que, con ser bueno y provechoso 
ocupar cargos políticos en general, pudie- ; 1 
ra en alguna ocasión no convenir: pues jja 
que el Papa nada decía respecto de Espa- 
ña, y los superiores de los católicos es- 
pañoles tampoco hablaban; el Obispo de 
Salamanca dijo en el templo, que respecto 
de este punto de los cargos políticos, se- 
llaba sus labios. Sólo que el periodista, lo 
que se predicaba doctrinalmente, en sen- 
tido católico y á los católicos, lo tomaba 
por política y á los políticos. V añadiré 
ahora, que sola la Iglesia tiene encargo y 
autoridad para enseñar los deberes á los 
principes y vasallos, á todos los hombres 
políticos. Una cosa es enseñar, otra gober- 
nar y mandar. Por igual manera se dijo 
que la Iglesia no puede estarcen los bra- 
zos cruzados dejando que se desplome y 
pierda la sociedad civil. De ahí las leccio- 
nes del Papa y exhortaciones á los católicos 
para trabajar. Oigo, decía el orador, la voz 
imperiosa de S. Pablo: Argüe, obsecra, in- 
crepa in nnini palientia el doctrina: y es 
evidente que los diocesanos deben corres- 



Carta del Ilaio. P. Cámara. 



195 



ponder á mis argumentos y ruegos y re- 
prensiones. La Iglesia tiene siempre el des- 
tino de curar, el encargo de salvar. Todo 
semejante engendra á su semejante, y de 
los males no nacen sino otros males: si 
pues no se trata de atajarlos con el bien, 
tendríamos las revoluciones y cataclismos 
contra nuestra Santa Madre la Religión 
católica. El periodista escribe que conde- 
né por esto el retraimiento, tomado en sen- 
tido político (así lo ha entendido la prensa 
amiga del colega.) Dios se lo perdone. 

Yo hablo como habla el Papa. Diré con 
los Apóstoles: Non enini possiimus quce vi- 
dimiis et audivimus non loqiii. 

Párrafo quinto. — «Interpoló el Sr. Obis- 
po directos ataques....» — Como venido de 
un periodista, perdonemos este lenguaje, 
que no es el más adecuado para reseñar 
una amonestación ó reprensión; y si fuera 
ataque, se diría del vicio; pero no de las 
personas. 

Todo este punto se relaciona con la obe- 
diencia debida á los Obispos, tan reco- 
mendada por el Pontífice, como norma 
para cumplir sus deberes los católicos en 
las presentes circunstancias. Mi pesar aquí 
es que no pueda repetir yo las palabras con 
la extensión debida y en la forma entonces 
expuesta, para demostrar su oportunidad; 
y no, sacadas de quicio violentamente, pre- 
sentarlas en tal crudeza, que dirá el lector 
á cada paso: cpor qué ocasión y motivo y á 
qué fin se pronunciaron? ¡Ah caro lector! 
Son miembros de un organismo que el bis- 
turí destrozó; quedaron sin forma ni vida, 
V aún el cadáver resulta deshecho en des- 
figuradas y repugnantes piezas; y no hay 
otro arbitrio smo tomarlas como se en- 
cuentran. Pues bien: el pensamiento do- 
minante del orador en orden al periodo 
indicado, se resume en esta interrogación: 
cSigniíica algo la designación de alguna 
persona para el obispado, al lado de la 
preconización pontiñcia,^/?/.^ vim electionis 
ct confirmationis habetl ¿Tiene que ver el 
patronato con la consagración, por la cual 
el electo recibe el Espíritu Santo? ¿Tiene 



que ver con la misión divina, por la cual 
puso Dios á los Obispos para regir la 
Iglesia? 

Quien no lo mire con ojos apasionados, 
inferirá de aquí todo lo contrario de lo su- 
puesto por el periodista; pues equivaldría 
á decir: aunque el patronato diera lugar á 
desaciertos, no obstante, la designación 
no es elección. Y no se habló más del pa- 
tronato, sino para este ligero incidente. 

Por lo demás, si ahora me hubiera de 
extender en estas consideraciones, debiera 
corregir al periodista. La Iglesia concede, 
por varios títulos, patronatos que nosotros 
debemos acatar; y el Obispo de Salamanca 
es el primero en rendir su juicio á tan sabia 
Madre, cuando los otorga ó tolera á sus 
hijos. cCómo un Obispo católico ha de 
condenar lo que en sí es estímulo para el 
bien y la Iglesia instituye, y sólo resulta 
pernicioso por el mal uso de las personas 
que lo emplean? Harto sabemos por la his- 
toria la contestación de Roma, cuando en 
el último periodo de la monarquía absoluta 
se rechazaban candidatos y candidatos. 
La historia descubrirá también lo que aho- 
ra acaece. Repito: designar una persona 
no es lo mismo que aceptarla; aunque 
siempre sea mejor presentar excelentes su- 
jetos para evitar dolorosos compromisos. 

También se halla medianamente reseña- 
do lo de ataques á los que prefieren unos 
Obispos á otros. Necesita esta frase más 
explicación para que no resulte inexacta. 
cCómo he de predicar yo que no se prefiera 
á todos los Prelados sobre mí? Lo que de- 
cía era, que no debemos mirar en los Pre- 
lados tanto las prendas personales, cuanto 
el destello de la autoridad, la representa- 
ción de Dios. Y así tiene mérito la obedien- 
cia; de lo contrario, es obediencia á las 
criaturas, es mirar á los Prelados con los 
ojos de la carne, con los ojos del raciona- 
lista. 

Mujeres habrá habido más sabias y her- 
mosas y nobles que mi madre.... pero me- 
jores, más dignas de mi estima y cariño, 
ninguna: iah! como dada por Dios. 

25 



ig6 



Carta dei. Ii.mo. P. Cámara. 



uinsisliendo, por último, en que no es li- 
cito ¡icL^'jr la obediencia á la legitimidad 
constituida...»— Sohrc esto no hice comen- 
tario al^íuno: me limitó álccr la Encíclica de 
Su Santidad, donde enseña que cabe ho- 
nesta diversidad de opiniones acerca de la 
forma de constituir los Estados, y dije muy 
de paso que el punto hablaba teóricamen- 
te; mas que no era lícito sino por medios 
justos, cambiar las formas de los Estados, 
no al antojo de cada cual, mayormente si 
la forma establecida era legítima. Véase qué 
linaje de extracto salió de mis ideas y en- 
señanzas. 

El periodista, como reseña algunas cosas 
y calla otras, ha compendiado en esta oca- 
sión de modo ambiguo y equívoco; que de 
entenderse la frase rectamente, en tesis ge- 
neral, como habla el Papa y explicó el 
Obispo, con todo el rigor y significado de 
las palabras, nadie tenía por qué lastimar- 
se. Sin embargo; ha herido á algunos bue- 
nos: significa, pues, que el pensamiento 



podía compendiarse de manera más exacta 
y acertada. 

El Obispo concluyó recomendando la do- 
cilidad y sencillez evangélicas para librar- 
se, en tiempo de tanto racionalismo y juicio 
propio, de caer en groseros errores. A este 
propósito parafraseó el texto: Et erunt do- 
cibiles Dei, señal característica de los discí- 
pulos del Salvador. 

Véase si tenía razón el Prelado para, in- 
mediatamente de leer la indicada reseña, 
declararla inexacta y qu:; se alejaba de sus 
ideas y enseñanzas. 

Y es fuerza añadir que el resumen juz- 
gado es más inexacto todavía por las inter- 
pretaciones á que se presta, que por lo que 
narra. Basta. No han entendido ni mis pa- 
labras ni mi corazón. 
Salamanca, 28 de Enero de 1886. 

El P. Cá.mara, 

Obispo de Salamanca. 




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REDACCIÓN: 
FILIPINOS OE VALLAOOLID. 



'■nnllníinliíi r» h 3\hm íic \m 



ANO VI. 
NUMERO 63. 




SGgün 







(conclusión-.) 




vil. 

[isTo. pues, cuánto vale la música 
en cosas de religión, la parte 
que le cabe en el culto religioso, 
pasaremos- á considerarla como medio 
recreativo: y aquí entra la música pro- 
fana con todas sus formas y manifesta- 
ciones. \d. no se alia con la palabra 
santa de Dios, no conduce á el por ca- 
mino tan derecho: pero siempre causa 
en el alma placeres inocentes, siempre 
la mantiene en una atmósfera que tiene 
algo de sobrehumana y misteriosa. 

Pero claro está que el deleite de la 
música, aunque purísimo en sí. y muy 
propio de nuestra naturaleza racional, 
clebc buscarse con subordinación á 



otros fines más altos: pues sería gran 
desorden hacer del medio lio y par;irse 
de asiento allí donde sólo se deberi¿i co- 
brar fuerzas para seguirla jornada pe- 
nosa de la vida. Proceder de otro modo 
sería, en opinión de S. Agustín, "imitar 
á las bestias, puesto que los osos, elefan- 
tes, y otros muchos animales se mue- 
ven con el canto, y las aves mismas se 
deleitan en sus músicas.» Y á continua- 
ción nos enseña el uso que debemos ha- 
cer de la música, resolviendo al mismo 
tiempo la objeción de su interlocutor 
de ciue aquella afrenta recaía sobre todo 
el género humano. — «Xo hay tal. dice 
el santo; porque los hombres sabios y 
prudentes, uLin los que no saben músi- 
ca, se sirven de sus deleites para solazar 



20(» 



I \ Mi'rsiCA sFGÚN S. .\<>i's'h'n. 



el ánimo tras las penosas tareas en que 
se ven envueltos, lo eual es muy hones- 
to y puesto en ra/.ón: pero no el ser 
esclavo del deleite.» (\\ l^s cierto que 
nosotros buscamos esc deleite y que, 
inherente como está á la misma belle/.a 
de la música, dada nuestra aptitud 
para contemplarla, es imposible dejar 
de sentir en el ánimo un electo natura- 
lisimo y necesarici: ni podría la música 
sino por razón de sus encantos poseer 
tal grado de ellcacia para obrar en nos- 
otros indecibles trasportes. Aquí lo que 
se condena es ese desorden que de las 
cosas más santas puede resultar, si de 
ellas se hace otn» uso que aquélá que es- 
tán destinadas: si tras estas notas no se 
columbra allá á lo lejos otra región más 
serena y esplendorosa, de cuya sublime 
armonía no es sino débil eco esta de 
acá abajo: si se perturba el orden, cre- 
yendo felicidad perfecta lo que sólo es 
pálida imagen de ella: constituyendo en 
lin último lo que debe ser medio para 
conseguirlo. Por lo demás, el placer v 
los trasportes causados por la música 
son de lo más digno en el hombre: 
nada participan de los goces ilícitos; 
nada hay en ellos desordenado: es ocu- 
pación propia de los moradores del cie- 
lo, y nosotros, cuando cantamos, no 
hacemos otra cosa, dice S. Juan Crisós- 
tomo, sino formar coro con los Ángeles 
de aquella nuestra patria verdadera. 

Aún más allá proceden algunos res- 
petables Doctores, atribuyendo á la mú- 
sica virtud extraordinaria "para hacer 
'>al hombre más generoso, afable y ale- 
»gre; despertando en él diversos alectos 
»y hábitos. Pues el sonido de las trom- 
«petas enciende los ánimos para la pe- 
•>lea. infundiendo tanto más valor en el 

(i) DeMúsiCii, 11 b. I. 



"ánimo cuanto fuere más vehemente el 
"Sonido. ¿Qué másr Da constancia y se- 
wrenidad en las penalidades, endulzora 
»el peso del trabajo cuotidiano, recrea 
»los ánimos turbados, destierra las tris- 
wtezas y los dolores de cabeza, asi como 
))Ios espíritus inmundos, los malos hu- 
"mores y otras muchas enfermedades. 
Y explicando á continuación el V. IJeda 
(de quien son las palabras referidas) 
cómo puede llegar á tanto el influjo de 
la música, dice que «no es por otra 
))Causa sino por las relaciones intimas 
»que median entre el cuerpo y el ahna; 
))de suerte que enfermando ésta, no pue- 
)'de menos de resentirse aquél, así como 
«cuanto contribuye á alegrar y resta- 
»blecer el alma ha de inOuir en gran 
"manera en el cuerpo.» (i) 

Llenas están las páginas de los San- 
tos Padres de sentencias semejantes: 
quien quisiere ver algunas, hallará reco- 
gidas muchas en la S/oria della Música 
del P. Martini, y puede consultarse 
también con fruto, en los Quodlibcla 
del P. Agustino Alfonso de Mendoza, la 
Disertación que trata de la poesía y 
música de los Hebreos. Por lo^que hace 
á S. Agustín, dejando otras sentencias, 
en el Prólogo á la l-.\xplicación de \*>^ 
Salmos, atribuye á la música virtud 
I' para instaurar la caridad uniendo los 
«corazones por la consonancia de las 
»voces y concorde variedad de las mc»- 
"dulaciones. .\huyenta los demonios y 
»atrae la ayuda de los Ángeles. Es es- 
»cudo en los terrores nocturnos, y des- 
»canso de las fatigas diarias, amparo y 
"tutela para los niños, ornato para los 
»j(')venes. y para el anciam» dulce con- 
"suclo. y para hi mujer la mas propia 



(i) V. Bcd. Música Prjclica. Palr. I.al, 
de Migue, T." 90, p. 022. 



La Música según S. Agustín. 



2( ) I 



»ocupaci(3n. La Psalmodia da vida y 
«esplendor á las solemnidades, ablanda 
»la tristeza santa y haee llorar al cora- 
«zón más empedernido, y es verdade- 
»ramente cjereieio de los espíritus bien- 
«aventurados. ¡Oh sabia instituc¡(')n de 
»aquel maestro admirable, por la eual, 
» mirando á solazarnos eon el eanti), se 
>^atiende juntamente al provecho de 
«nuestra alma, alimentándola con salu- 
«dable doctrina! Porque es indudable 
«que si alpi'una cosa se aprende sin ali- 
»ción y con dilicultad. se olvida Iiiei^o: 
»mas aquello que recibe el alma con 
«gusto y suavid;id. luego hace asiento 
»cn la mente y en la memoria... V son 
"de notar las trazas del 1-^spíritu Santo: 
«porque viendo nuestro ánimo refrac- 
«tario y contrario á toda virtud, é incli- 
»nado á los deleites de la vida, nos da su 
«divina doctrina envuelta en las modu- 
«laciones de gratos cánticos, no de otro 
«modo que el discreto médico sabe po- 
«ner miel en los bordes del vaso que 
«contiene la amarga, pero saludable 
«medicina. » (i) 

VIH. 

Ln muchos pasajes de sus escritos 
trata S. Agustín cuestiones curiosas re- 



ii) Al encabezar con este Prólogo las 
Enavy. si Psalm. de S. Agustín, advierten 
los PP. Maurinos que generalmente acom- 
paña á las obras del Santo Doctor en los 
Códices antiguos, aunque no en todos; pero 
que en la traducción de las obras de San 
üasilio por Ruüno va al frente con el nom- 
bre del Padre de la Iglesia griega. Pero no 
-(')lo la tradición, sino la simple lectura del 
tro/o induce á creer que es de S. Agustín, 
porque explica allí con la misma si^nilica- 
ción espiritual y usando palabras textuales 
de otros pasajes la diferencia del Psalte- 
rio V la citara. 



ferentes á la Música, las cuales, aunque 
incidentalmente tocadas, (así como mul- 
titud de comparaciones bellísimas que 
emplead Santo), demuestran bien cla- 
ramente la iViiieifMi con que se detenía 
y discurn'íi en ellas. Así, para enseñar- 
nos la división de los instrumentos mú- 
sicos, dice en el lib. I, de Doclrina Cris- 
//anj, y lo reproduce casi á la letra en 
el primero J)c Ordine: «1^'s fácil de ad- 
vertir que todo sonido, que es la mate- 
ria del canto, se forma naturalmente de 
tres modos. Porque este sonido, ó se 
lorma por la vo/, como sucede en los 
que cantan sin más instrumento que su 
garganta: ó con el aire, como el sonido 
de las trompas y (lautas: (') linalmente. 
con la pLÚsaci(')n. como sucede en las cí- 
taras y tinibales y todos los demás ins- 
trunientos que suenan hiriéndolos ó gol- 
peándolos. « (i) No es necesario advertir 
aquí que ni aún hoy se podría dar otra 
división de instrumentos: porque si bien 
el número de éstos se ha multiplicado 
por modo inconcebible, no por eso ha 
podido añadirse algún modo de produ- 
cir sonidos distintos de los ya indicados. 
Pero no se contenta S. Agustín con 
dar una división genérica, ó' digamos, 
clasiiicar por grupos esos instrumentos; 
sino que en prueba de sus nada super- 
ficiales conocimientos en estas niaterias, 
nos da noticia exacta de muchos en 
particular. A él debemos la distinción 
entre el Psalterio y la cítai^a, y es cues- 
tión en que los arqueólogos músicos 
suelen citarle como autoridad. «Salterio 
es, — dice, — un órgano (en el sentido ge- 
nérico de instrumento) que se hiere con 
las manos y tiene cuerdas extendidas: 
pero la parte aquella de donde las cuer- 
das reciben el sonido, ó sea, el trozo de 



U) ^'id. I.ib. I de Uoctr. C/n isl.. cap. lO 



2f)2 



La Mt'sirA seoi'n S. Agustín. 



madera cóncavo que resuena en viitucl 
del aire contenido, el salterio lo tiene 
en la parte superior y la citara en la in- 
erior, que es en lo que ésta se dilcren- 
cia de aquél.» (i) 

-■(Jué era el címbalo, instrumento tan 
nombrado en la escritura, en donde se 
nos presenta siempre como emblema 
del regocijo? Los címbalos, en opinión 
de S. Agustín, seguida por los más eru- 
ditos musicólogos y arqueólogos, eran 
una especie de platillos cóncavos que se 
herían uno con otro en los bordes; «por 
lo cual suelen compararse con nuestros 
labios.» (2) 

Nos dice también que híibía en la mú- 
sica antigua paradas ó silencios, que le- 
jos de ser contrarios al ritmo, le son 
muy convenientes, y que se conocían 
con el nombre de di'.ips.ilma: diapsalma 
inlcrposilum in canendo silcnlium. (3) 

Por S. Agustín sabemos nosotros 
cuándo se introdujo en la Iglesia latina 



(i) «Psaitcrium est organum, quod gui- 
dem manibus fertur percuticntis et abor- 
das distinctas habct: sed illum locum unde 
sonum accipiunt chordcc. illud concavum 
lignuní quod pendet ct tactum rcsonal, 
quia concipit aerem. psaitcrium in supe- 
riori parte habet. Cylhara autcm hoc ge- 
nus ligni concavum ct rcsonans in inferiori 
parte habet. Ilaquc in psaltcrio chorda; so- 
num desuper accipiunt: in cythara autem 
chordae sonum es inferiorc parte accipiunt. 
Hoc intercst inter psaitcrium ct cytha- 
ram.> — Enarr. inPsl. 56. 

(2) «Cymbala invicem se langunl ut so- 
ncnl: ideo á quibusdam labiis nostris com- 
parata sunl.n— /;í 7^s7. i í,ík 

( 3) «Diapsalma vero inlcrposilum in ca- 
nendo silentium: ut qucmadmodum sym- 
psalma dicitur vocumcopulaüo in cantan- 
do, ita diapsalma disjunctio earum ubi 
quiedam rcquics disjunctíc conlinuationis 
oslcnditur.» — Enarr. in Psjlni. I\'. 



el Ciinto griego, y la sentencia en que 
reliere el modo y cuándo, que se halla 
en sus Conl'esioncs, dio materia al Padre 
Lustaquio de S. Ubaldo (1) para una 
larga clisertaci(')n sobre el canto Ambi'o- 
siano. 

Todas estas cuestiones, al parecer de 
tan poca monta, eran objeto de estudio 
i para nuestro Santo Doctor, porque po- 
dían contribuir al esclarecimiento q\c 
.puntos dificultosos de la Sagrada Escri- 
tura, y con esto al servicio y gloria de 
Dios, punto céntrico á donde conver- 
gían los movimientos y aspiraciones de 
S. Agustín. Lamentábase él de los que 
hacían desprecio de cosas tan menu- 
das, poniéndoles á la vista el provecho 
que de ellas se podía sacaren la inter- 
pretación de las Sagradas Letras: por- 
que «no pocas sentencias quedan ocul- 
tas y sin entenderse por la ignorancia 
de algunas cosas que pertenecen á la 
música. Pues no ha faltado quien, apro- 
vechándose de la diferencia entre el 
ps^alterio y la cítara, haya explicado 
bastante bien las figuras de algunas 
cosas.» {2) 

IX. 

Resumiendo ahora lo dicho en los an- 
teriores artículos, consideramos á San 
Agustín digno del nombre de músico: 
no en el sentido de que nos haya dejado 
un tratado completo de .Música: sino 
porque pensó en hacerlo y ya había 
madurado la idea en su mente, como 
nos lo dice él mismo en la Episi. cid 
Mem. Episc: y porque se ve bien á las 
claras en todos sus escritos cuan fácil y 
cuan familiar le era la música. El mis- 



(i) \'éasc la obra de este Padre .\gusii- 
no titulada '^^Dc Benedicliotte.» 
(2) De Doclr. (^/¡n'st.. Lib. I., cap. lO. 



La Música según S. Agustín. 



20' 



mo nos dice que la aprendió (así como I 
las demás artes liberales) sin maestro ni 1 
eonsejero, y que sentía tan viva predi- ! 
lección por ella, que era por decirlo asi. 
su pasión dominante. Iveconoeia su 
-Tan influjo en las costumibres, compu- 
niendo himnos como el popularísimo ■ 
amlra parles Doncili, pLWU. impedir que I 
se contaí^iara el pueblo con los errores 
de los Donatistas. Algunos han querido i 
hacerle compositor, atribu3'éndole el 
cunto del Te Dcum: p¿\'t) para nosotros ! 
poco ó nada se puede descubrir acerca I 
de este punto en nudio de tanta oscu- ¡ 
ridad (i). No obstante: con todo funda- j 
mentó se puede conjeturar que un in- 
g-enio como el suyo, adornado con los 
conocimientos musicales, y auxiliado 
por una imaij^inación ardiente, podero- 
sa, y por gusto exquisito sin igual, no 
iba á acudir á laente extraña cuando 
quería componer sus himnos. 

De sus libros de Música sólo hemos 
examinado el primero: acerca de los 
restantes hemos mostrado nuestra inde- 
cisión, siguiendo el ejemplo de la mayor 
parte de los Patrologistas. Una cosa 
hay cierta; y es que S. Agustín en sus 
seis libros se propuso tratar del ritmo 
niusical. y que á éste refería el Santo el 
ritmo de los versos, tal cual entonces se 
hallaba este arte. Bien claro manitiesta 
el Santo su propósito al decir en el pri- 
mer capítulo del libro primero que, 
aunque \:\ ritmo especialmente se ve 
marcado en los sonidos, también tiene 



(i) Sin enibarg-o, U'ae algunas razones 
para probarlo el autor de un artículo que 
se publicó en la acreditada Revista france- 
sa L.1 Croix. dirigida por los PP. Agustinos 
de la .asunción, citando en apovo de su 
opinión el Chronicon de S. Dacio, sucesor 
un siglo después de S. Ambrosio en la Igle- 
sia de Milán, v la misma índole del canto. 



lugar en los versos, y que para él esta 
parte de la versificación, (al conti"ario de 
loque sentían muchos gramáticos), debe 
incluirse en la Música. Yo no conozco 
ni articulo, ni cita alguna apenas refe- 
rente á dichos libros considerándolos 
como de música, f'etis, que le incluye en 
su Biographic Universdlc, da noticia de 
una edición de esa obra publicada apar- 
te en París, año de 1S3O, y de que .Vn- 
gelo Majo, sabio Bibliotecario del \'ati- 
cano, public(') en el volumen tercero de 
su Scvipiariíin rclcruin nova colkclio c 
Vcilicanis codkibus cdila, p. //6 (tercera 
parte) 1828, un compendio del tratado de 
Música de S. Agustín, de autor anóni- 
mo, con el título de Prxcepla arlis miisi- 
ccc collccla ex fJhn's scx Aiirelü Aiigusliní 
de Música. Añade Fetis que este libro 
está dividido en veintiún capítulos, y 
que parece ser obra de tiempos poco 
posteriores á S. Agustín, porque el ma- 
nuscrito donde le descubrió Angelo 
Majo era antiquísimo. El celebérrimo 
Maestro Chorón daba en muestras de 
delirio porque halló acertadamente una 
aguda sentencia de S. Clemente Alejan- 
drino referente á la música: ^qué hubie- 
ra experimentado al llegar á conocer 
tantas y tan ingeniosas de S. Agustín? 
Verdaderamente, todo músico debería 
cifrar su orgullo en seguir las huellas 
de tan gloriosos antepasados, en ver 
ensalzada la música con la palabra y el 
ejemplo de ese coloso del saber, llamado 
S. Agustín: y cuando el sjntido grosero 
de la gente vulgar no apreciare la músi- 
ca en lo que vale, debe servirle de es- 
tímulo considerar que lo sublime sólo 
se ha hecho para almas sublimes como 
la del Obispo de 1 lipona. Deleita en ex- 
tremo oirle referir los efectos que en él 
causaba la música: «Cuántas lágrimas 
derrame, dice él en sus Conjcsioies. al 



La Música según S. Agustín-. 



cscucIku" los himnos y cánticos sonoros 
de tu li^lcsia; con qué vehemencia he- 
rían aquellos suaves acentos las fibras 
mas intímasele mi alma! Lljgraban tier- 
nas y conmovedoras esas voces á mis 
oídos, y se convertían en dulcísimas 
láírrimas, y este llanto era para mí muy 
saludable.» 

.\hora sólo nos resta terminar con 
una súplica á los músicos eruditos y 
también á los compositores. Ya al prin- 
cipio heñios manifestado nuestro deseo 
de que alg^uno se dedique á estudiar de- 
tenidamente la materia, contribuyendo 
de ese modo á la digna celebración del 
Centenario de S. Agustín: ahora añadi- 
j'emos que los compositores tienen ma- 
teria abundante donde inspirarse en 
cualquier paso de la vida del Santo: 
pero de un modo especialísimo en su 
admirable conversión á la fe. Aquella 
imaginación exaltada y volcánica, aque- 
llas imágenes y representaciones, ya 
aterradoras, ya halagüeñas, aquella lu- 
cha entre un corazón habituado á malos 
vicios, y la lumbre clara de una inteli- 
gencia poderosísima, todas estas y algu- 
nas más circunstancias que concurrie- 
ron en la conversión de San Agustín, son 



motivos que tienen su más propio (sino 
el único) lenguaje en la música. No co- 
nozxo más piezas alusivas al asunto que 
un terceto á vocesy piano del P. .Manuel 
.\róstegu¡, ya acreditado maestro: com- 
posición llena de vida, frescura y espon- 
taneidad, como primicias de un com- 
positor hijo de S .Vgustín. I íay también 
una obra seria consagrada á la (Conver- 
sión del Obispo de I lipona: es un Oi\t- 
'iorio compuesto por el músico italiano 
xXeri (Nereo), muy distinguido compo- 
sitor en el género religioso, según el 
continuador de Fetis. Sin embargo, I.a 
Conversione di S. Agosimo, ejecutada en 
1743 en la Iglesia de S. Bartolomé de 
Pistoya, no parece que ha pasado á la 
posteridad: es preciso, pues, que le su- 
cedan otros trabajos, que seguramente 
tendrán mejor fortuna, si fueren obras 
que lo merezcan. A esto invitamos á 
todos los compositores; pues no es mu- 
cho que procuren los músicos honrar á 
un músico santo, mucho más si este 
músico y este santo es S. Agustín. 

F'r. Eustoqüio Uriarte. 

Escorial, Diciembre de i8S^. 




COHCIOHES y FRAEMEKTOS lÉDITOS 



ni-: 



SANTO TOMÁS DE VULANUEVA, 



UNA COPIA MANUSCRITA DE LAS OBRAS DEL SANTO. 




üANDO menos podía esperarse, y 
bien lejos de nuestra patria, vino 
á parar á nuestras manos una 
preciosa copia de ios escritos del in- 
sig-ne agustiniano español Santo To- 
más de Villanueva. Y si es lástima que 
tan interesante copia no haya llegado á 
nosotros sino muy incompleta; á gran 
dicha, sin embargo, podemos tener que 
del todo no haya perecido, pues de no 
acudir á tiempo una inano salvadora, ni 
sospecha siquiera tendríamos hoy de 
su existencia (i). 



(i) Tn sentimiciilo de gralitud nu nos 
permita pasar adelante sin hacer constar 
aquí quien es el acreedor á nuestros más 
sinceros plácemes por la conservación de 
este .MS. I.l M. R. P. Ex-asistcnte Fr. José 
Lantcri, colaborador de esta Revista en 
Roma, fué quien lo libró de segura ruina, 



Grandes, por desgracia, son las lagu- 
nas de este MS.: pero así y todo, es de 
importancia grandísima, y merece ser 
tenido muy en consideración, no sólo 
por ser casi el único que hoy existe de 
los escritos del Santo; sino principal- 
mente por el rico caudal de condones 
y fragmentos inéditos que encierra: 
porque no es uno que otro fragmento, 
ó alguna breve conción lo que contiene 
inédito, sino muchas y muy magnííi- 
cas. De aquí su importancia indiscu- 
tible. 

Esta misma riqueza, no obstante, 
será quizá para alguno no leve motivo 
de duda acerca de la autenticidad de 



y quien con generoso desprendimiento en- 
trególo á la disposición de los Agustinos 
españoles, con destino a alguno de nues- 
tros colegios de España. 



2f)f) 



(>)X<:if)Ni:S Y l-RAf.MENTOS INKblTOS 



estos escritos. rCómo. se dirá, después 
del trabiíjoso viajo porlispañadel P. W'il- 
te para la edición hecha en Bruselas de 
todas las obras del Santo: después de 
las diliííencias del P. Santa Bárbara 
para la suya de Milán, y sobre todo, 
después de las investifíaciones y parti- 
cular empeño del P. \'idal en reunir 
por cuantos medios estaban á su alcan- 
ce, que fueron muchos, todo cuanto 
existía inédito para su completísima 
edición Salamanca: después de todo 
esto, es posible que haya quedado ocul- 
to, no ya un número considerable de los 
escritos del Santo: pero ni siquiera un 
fragmento que merezca la atención? 

Así indudablemente parecería á todo 
el que, pagado de las primeras impre- 
siones y de consideraciones abstractas, 
no se dignase echar sobre estos cuader- 
nos ni una ojeada siquiera: pero examí- 
nense aunque sea ligeramente, y esto 
bastará para que cualquiera quede ple- 
namente convencido de la verdad in- 
dicada. 

A volver de hoja tropezaremos ya con 
la protesta latina que el Santo Doctor 
hace preceder á sus escritos: lo cual es 
suficiente para inducir en el ánimo del 
más preocupado vehemente presun- 
ción en favor de nuestro aserto. Fuera 
de que en buena crítica no podemos 
empezar por suponer tan solemne im- 
postor al que coleccionó estos escritos, 
que nos quisiese dar en confusa amal- 
gama con las producciones del Santo 
obras que de ninguna manera le perte- 
necían. 

Añádase á esto, el estild uniforme de 
todos ellos, la misma manera ác citar 
los libros síigrados y Santos Padres, 
indicaciones parecidas de razones y 
su desenvolvimiento, ejemplos y com- 
paraciones semejantes: la misma ori- 



ginalickid de pensamiento é idéntica 
destreza en el manejo de la Sagrada 
Escritura y acomodamiento de ella á su 
propósito: y por fm. la unción propia 
del Santo, que todos ellos respiran: y 
no habrá quien, por poco que conozca 
de sus obras, no quede enteramente 
persuadido. 

Además, el P. Uzeda. testigo de ma- 
yor excepción, pues tuvo á la vista los 
mismos autógraf(js del Santo, da fe de 
la costumbre de éste de intercalar en la 
composición latina palabras y hasta 
frases enteras castellanas (i). Lo mism(j 
afirma el P. Vidal, testigo nada inferior 
á Uzeda, dando además, entre otros, 
este indicio como criterio seguro para 
conocer las producciones de nuestrf) 
Santo. Pues lo propio, ni más ni me- 
nos, se observa en estos escritos, sien- 
do precisamente una de las cosas que 
primero saltan á la vista del obser- 
vador esas palabras y frases, por estar 
generalmente subrayadas. 

Xo insistimos más en punto para no- 
sotros evidente, y que sólo dj paso 
queríamos tocar. Las razón js aducidas, 
dan sin embargo, á nuestro modo de ver. 
suficiente luz en la materia, y en lo que 
resta de este humilde trabajo, indicios 
V argumentos han de ocurrir en con- 
firmación de lo mismo, quedando ente- 
ramente dilucidada esta verdad. 

Arriba hicimos notar la gran im- 
portancia de este MS., principalmente 
por lo mucho que contiene inédito: pero 
debemos añadir que no se limita á sólo 
esto su interés, sino que atuí respecto 
de l'i va publicado es muy digno ele 

(i) Pueden ver nuesU"r)S lectores el les- 
limonio del P. L'zeda en el primer volu- 
men de la Rkxista A<irsTi\i.\\A. pág. -¡in. 
en la nota. 



DE Santo To-mAs de Villanueva. 



20- 



nuestro aprecio y estima. Hoy por hoy, 
es el único, por decirlo asi, donde se 
pueden observar en su primitivo carác- 
ter la mayor parte de las obras del San- 
to; porque no existe, que se sepa, códi- 
ce autógrafo ó trasladado de regular 
importancia en este punto. Fuera del 
de Valencia, no resta sino alguna que 
otra conción ó pequeño cuaderno de los 
escritos del Santo; y el mismo códice 
valentino se compone de un corto nú- 
mero de condones, como nos consta de 
persona lidedigna que detenidamente 
le ha examinado. El códice latino de la 
Biblioteca de la Universidad Central de 
Madrid, no sólo no es autógrafo, (i) sino 
que tampoco refiere el original con la 
exactitud y especiales circunstancias 
que ahora consideramos. De ahí que no 
vacilemos en afirmar lo que decimos 
arriba, [2) 

Ofrece, además, esta copia un buen 



(i) Así lo afirman los que han tenido 
ocasión de examinar atentamente varios au- 
tógrafos del Santo, y también esc códice. 

(2) De una versión de las obras de nues- 
tro Santo se da noticia en el núni. 281 del 
Diario de Madrid correspondiente al 8 de 
Octubre de 1802, en estos términos: «Se 
abre suscrición á los sermones de Sto. To- 
más de Villanueva, Arzobispo de Valencia, 
por D. Nicolás Pérez el Setabiense, Socio 
de \arias academias, el cual, aunque tiene 
ya traducidas todas las obras de este santo 
prelado, sólo abre subscripción aiiora á los 
sermones de dominicas y ferias: constarán 
de cuatro tomos en cuarto, y si el público 
acoge este trabajo, continuará la publica- 
ción de los demás sermones.... Se admiten 
subscripciones al tomo primero á razón de 
20 reales cada uno en rústica: la subscrip- 
ción se cerrará á fines de Noviembre, y poco 
después se dará el primer tomo, que está 
ya en prensa, y los restantes se publicarán 



número de variantes muy dignas de 
consideración, y en algunos lugares es 
su texto más copioso que el de cuantas 
ediciones existen. 

De sentir es que no haya parecido 
más á tiempo, para ser utilizado cual 
mereciera en la edición más completa 
de todas las obras del Santo, que bajo 
la dirección de nuestros hermanos, está 
para terminarse en Manila. A más de 
que cada conción y fragmento se hubie- 
ran podido colocar en sus respectivos 
lugares, hubiera sido curioso ver nota- 
das al lado del texto latino, cual brota- 
ron de su pluma, las palabras y frases 
castellanas, que el Santo intercaló en el 
latín, juntamente con esas variantes, 
sino todas, por lo menos las principales. 
Hoy ya no cabe otra cosa que dar sepa- 
radamente bien ordenado cuanto de él 
resultare inédito. 

Puesta ya en claro, aunque breve- 
mente, la importancia de este MS., no 
será fuera de propósito hacer de él una 
breve descripción, apuntando, aunque 
más no sea, los pocos datos que espon- 
táneamente nos saheron al encuentro. 

Y lo primero que ocurre preguntar: 
^•cuál es su origen, de dónde procede 
este MS.? A lo que, si las señales no fa- 
llan, respondemos sin género de duda 
que su procedencia es española. El ca- 
rácter de letra español, notas españolas 
de segunda mano y del amanuense mis- 



de tres en tres meses».... De esta proyecta- 
da edición no llegó por lo visto á publicar- 
se nisiquiera el primer tomo, completamen- 
te desconocido en la república de las letras. 
Ignórase también el paradero de la versión 
manuscrita; pero sea cual fuere, no deja de 
ser una mera traducción de ninguna ó es- 
casa importancia para el objeto de que 
arriba tratamos. 

27 



208 



CONCIONES Y FRAGMENTOS INÉDITOS 



mo, y otros indicios, menudos cuanto 
se quiera, pero que arrojan de si gran 
luz, asi lo prueban de un modo induda- 
ble. Entre estos indicios merece singu- 
lar mención el folio 90, compuesto de 
una estrecha tira de papel horizontal en 
cuyo reverso se Icj en líneas verticales: 
Diego I Ijios i su | S.in \ villa \ Arcbcilo \ 
77g-a/ (Madrigal sin duda.) Este folio, par- 
te á lo que parece, de la hoja exterior 
de una carta, además de confirmar lo 
que se acaba de decir, hace sospechar 
sisera nuestro convento de Madrigal 
la procedencia de este MS. 

Toda esta copia está suelta por com- 
pleto en cuadernillos; pero á primera 
vista se conoce que antes debió de cons- 
tar de tres tomos, todos ellos encuader- 
nados, como evidentemente lo indican 
restos palpables de encuademación que 
todavía conservan. 

El primer tomo se compuso de 75o 
hojas ó folios; pero ya una tercera mano 
notó que faltaban folios, del 200 al 610 
exclusive, los cuales en verdad se echan 
de menos, como también otros mu- 
chos (i). En este tomo abundan las no- 
tas castellanas del que hizo la copia, y 
otras, 3'a españolas, 3'a latinas, de una 
segunda inano para nosotros descono- 
cida: es de notar que la mayor parte, 
sino todas, se refieren á la edición de 
Bruselas hecha por el P. Witte, con la 
cual exactamente corresponden. 

Otro de los tomos debió de estar for- 
mado por un gran número de cuader- 



(i) A saber: el 24, del 41 al 46, del 49 al 
66, del 161 al 172 y del 663 al 708, todos 
ellos inclusive. Total, 490 entre todos; y 
eso sin contar los que de seguro faltan en 
los restantes tomos, bien que no se pueda 
determinar su número. ¡Tantas son. por 
desgracia, las lagunas de este MS.! 



nos faltos de foliación, pero notados en 
el margen al principio de cada conción 
con especiales signos, por ejemplo: 
in I f. lyi, in ij. ^¡i, in 2 lo. f. ijcj, y se- 
mejantes; los cuales parecen indicar el 
tonio y folio de donde está tomada cada 
conción ó fragmento con tales notas 
distinguido. Pero rá qué edición ó ejem- 
plar MS. se refieren estas citas? Cierto, 
que no se refieren á ninguna de cuantas 
.ediciones se conocen; pues algunas de 
las condones y fragmentos que tales 
signos llevan están todavía inéditas, 
como quizá otro día verá el lector. 
^•Cuál es, por tanto, el ejemplar MS. á 
que dichas citas aluden?- Cuestión et 
ésta cuya resolución sería muy intere- 
sante, porque si nuestro códice, con to- 
dos sus vacíos, tanto contiene inédito, 
nada tiene de inverosímil que en la 
parte correspondiente á las grandes la- 
gunas de que nuestra copia adolece, dié- 
semos todavía con algo nuevo y desco- 
nocido. Pero á decir verdad, no vemos 
cuál pueda ser ese códice. Seguramente, 
no es el de Salamanca (:), del cual nos 
dio Vidal en el siglo pasado cuanto iné- 
dito contenía; ni tampoco los otros de 
que antes hablamos, los cuales nada ó 
casi nada tienen de nuevo, á más de que 
constan de un solo volumen. Llamamos 
la atención de nuestros lectores sobre 
este punto, por si alguno afortunada- 
mente diese con ese ó esos desconoci- 
dos códices. 

El otro toino de nuestra copia parece 
se componía de sermones castellanos. 
Hoy existen solos tres con nueva folia- 
ción, que empieza en el folio 5; pero á 



(i) No citamos arriba este MS. porque, 
á lo que se cree, pereció en el incendio del 
convento de Agustinos de dicha ciudad, 
donde se conservaba. 



DE Santo Tomás de X'ili.axieva. 



2iA) 



ellos siguen, numeradas en su margen 
interior , otras cinco conciones traduci- 
das, según el título que las encabeza, del 
español al latín, y acomodadas al estilo 
del Santo. El texto castellano, por des- 
gracia, no existe en esta copia, si excep- 
tuamos el de una, cuyo texto es uno de 
esos tres sermones españoles. Respecto 
de éstos será bien notar que, aunque 
publicados en latín, son completamente 
desconocidos del público en su texto 
castellano. 

Dada ya la descripción prometida, 
réstanos saber á qué época pertenece 
nuestro MS. 

Indudablemente es anterior á la edi- 
ción de Vidal. La mayor parte de sus 
notas, como en otra parte dijimos, se 
refieren á la edición de Bruselas del P. 
Witte: ahora bien: de existir en tiempo 
de los anotadores la edición Salmanti- 
na del P. Vidal, parece lógico que tanto 
el amanuense como el otro anotador la 
hubiesen tomado, por más completa, 
cual término de comparación en su tra- 
bajo; tanto más cuanto que era la única 
que podía satisfacer al fin que ambos se 
propusieron de notar lo que ya estaba 
publicado, y las principales variantes 
entre este MS. y el ejemplar impreso. 
Esto no lo hacen, como hemos visto; 
por consiguiente, nuestra copia precede 
en antigüedad á la citada edición de 
Salamanca. Lo mismo se deduce con 
más evidencia de lo que en adelante di- 
remos. 

Es de advertir que ambos anotadores 
en su trabajo comparativo no pasan de 
las conciones de Adviento, lo cual á 
nuestro juicio indica que para ellos aún 
no existía el tomo segundo de la edición 
del P. Witte; pues de lo contrario, no se 
ve la razón por que no continuaron sus 
observaciones, por lo menos el ama- 



nuense, aún en el caso de la mucrtj dc{ 
segundo anotador. Añádese á esto, que 
entre la copia misma y las observaciones 
del que la hizo, se nota uniformidad de 
color en la tinta, indicio manifiesto de 
que copia y notas han sido hechas con- 
temporáneamente, ó con muy poca dife- 
rencia de tiempo. De lo expuesto puede 
fijarse con bastante probabilidad la época 
de nuestro MS. hacia el año 1685, en 
que se publicó el primer tomo de la 
tantas veces citada edición de Bruselas. 

Concuerda con nuestras indicaciones 
el juicio de persona inteligente en estas 
materias, la cual consultada sobre la 
antigüedad de idéntico papel al de 
nuestro MS., contestó ser de fines del 
siglo XVll (i). 

De todo cuanto en esta copia se halla 
inédito hase mandado traslado á Manila, 
á excepción de algunos fragmentos que 
damos á continuación, con el fin de que 
de todo lo inédito tengan noticia nues- 
tros hermanos, por si de todo ello qui- 
siesen hacer un apéndice á la edición 
de las obras completas del Santo que 
está para terminarse en la capital del 
archipiélago filipino. 

Los fragmentos indicados son los si- 
guientes: 

«I. Additio. Postquam invenerimus 
eum, adoremus euní procidentes, non 
sicut aliqui,qui coram Sacramento sunt 



(i) Yaque la ocasión nos brinda, obser- 
vamos aquí que el papel y letra del opúscu- 
lo de N. Santo que vio por vez primera la 
luz pública en el número de la Revista 
Agustimaxa correspondiente á Octubre de 
1885, son del todo idénticos á los de esta 
copia manuscrita. Acerca del papel de este 
opúsculo pronunció su juicio la persona 
autorizada á que aludimos arriba. De aquí 
deduzcan nuestros nuestros la antigüedad 
y época de ese MS. 



210 



CONCIONES Y rRAGMKNTOS INÉDITOS 



sedentes ct loquentes. ídem Dominus 
est, Ídem Deus, qui tune involvebatur 
pannis, modo involvitur illis cortinis 
sacramentalibus; et tamen quam módi- 
ca reverentia postquam sedet ad dex- 
teram Patris! Procide, christiane, et 
adora. 

«Dic contra eos qui dicunt Missas in 
domibus suis quanta irreverentia est 
Sacramenti. 

«Ofíeramus laudem amoris».... hasta 
el lin, como la conc. 111." infesto Epipha- 
nice (i), que empieza: «Rationabiliter 
quis dubitare poterit.» — Esta conción 
en nuestro MS. concluye con aquellas 
palabras: «m excelso solio glorice, ad 
quam etcétera»; de modo que la adición 
debe ponerse entre esas mismas pala- 
bras, y el Offeramiis laudem etc. del im- 
preso. 

2. La conc. 1." de la Dom. III in Qua- 
drag. tiene en esta copia diverso tema 
é introducción, que son los siguientes: 

«Thema. Estpuer unus hic qui habet 
quinqué panes ordeaceos el dúos pis- 
éis etc. Joan. 6. 

«Dic breviter historiam. 

«De remedio peccati hodie loquuturi 
sumus, id est poenitentia, quce secun- 
dum Bernardum habet quinqué partes 
designatas per quinqué panes ordea- 
ceos, scilicet cognitionem peccati, con- 
tritionem, confessionem, satisfactionem, 
correctionem. Et quia de ómnibus di- 
cere non possumus, placet tractare de 
uno valde necessario, scilicet de con- 
fessione, de qua dicemus tria; primo, 
propter quid instituta est; secundo, de 
Iructu frequentationis; tertio, de condi' 



(i) En esta y demás citas que siguen, 
nos referimos á la edición de Manila, toda- 
vía por concluir, única que leñemos pre- 
sente. 



tionibus bonas confessionis, auxiliante 
Dei gratia, ad quam impetrandam po- 
namus Virginem intcrcessoram offe- 
rentes Ave-Maria.w 

3. La introducción impresa de la ci- 
tada conción también existe en este ]\IS.; 
pero separada de ella, y con lo siguien- 
te después de aquellas palabras: lU pel- 
latur dxmon: 

«De his ómnibus dices sicut habes in 
his duobus sermonibus prascedentibus 
et alio de contritione; et potest mutari 
sermo de confessione ex illo dicto: In 
omni foro humano et divino ad veniarn 
peccati opus est confessione etc. finis.» 

4. La conción U.'' in Dotn. XIX post 
Pentecosten en esta copia se halla divi- 
dida en dos: la primera abraza los seis 
primeros números, la segunda lo res- 
tante; pero entre el número sexto y sép- 
timo se halla inédito cuanto sigue: 

cHactenus coram Principe. 

«Prosequitur coram Monialibus. «Pras- 
dicatum fuit de eadem materia ad sup- 
plementum prcecedentis sermonis. 

«Thema. Audi filia, et vide.et inclina 
aurem tuam, et concupiscet Rex deco- 
rem tuum. Psal. 44. 

«Tria dicemus: de qualitatibus spon- 
si, de conditionibus sponsis. de íesto et 
regocijo sponsoris nuptiarum. Verba 
sunt Spiritus Sancti adChristi sponsam 
eam instituentis: Audi filia, quae tibi di- 
cuntur; et vide, ut inclines aurem tuam. 
et in ómnibus obedias, et placeas, et 
inquiras sponsi tui voluntatem. Obli- 
viscere populum liium, et donnun patris 
tui. Magna injuria sponsi est, si in ejus 
prassentia quotidie parentum, et cog- 
natorum, et patriie tuae absentiam de- 
ñeas; gran desacato, y desamor: nam ipse 
solus tibi pras ómnibus sufiícere debet. 
Quod si haíc feceris: Concupiscet Rex de- 
corem tuum. erisquo ei amabilis et gra- 



DE Santo To.más de \'ielaxueva. 



211 



ta. Quinqué sunt qua3 p^tunturw etc.. 
sigue como el impreso. 

Omitimos dar aquí separados otros 
fragmentos de menos consideración. 
Quizá otro día ofrezcamos á la curiosi- 
dad de nuestros lectores una exacta 
lista de cuanto contiene esta copia, no- 
tando lo que aún está inédito, y enton- 
ces tendremos ocasión de ver esos bre- 
vísimos trozos, y de hacer algunas 
observaciones. 

Réstanos, por último, manifestar á 
nuestros lectores, dónde en adelante 



podrá ser consultado este MS. Según 
voluntad expresa de nuestro dií>'nísimo 
Comisario Apostólico, M. R. P. Fr. Ma- 
nuel Diez González, en loíuturohade 
conservarse en nuestro Colegio de Va- 
lladolid, juntamente con otros escritos 
de nuestro Santo, que existen en dicho 



Colegio. 



Fr. Eustasio Esteban. 



Real Monasterio del Escorial, Noviem- 
bre de 1 88^. 




ADDITAMENTA 



AD CRUSENII AUGUSTINIANUM MONASTICON, 



-^>- 



^e)e/í^6- 



:^^ 



(CONTINUATIO.) 



Ad an. 1548 sub die 29 Septembris Se- 
ripandus praocepit Romano Provincia- 
li ut omnino de medio tolleret abusum, 
quo nostrates Aquipendii, et Montis- 
Falisci barbam gestare solebant, addens 
se in toto siio Hiñere ne iinum quidem Fra- 
trem viciisse barbalum. 

Ven. Fr. Rodericus de Andrada, alum- 
nus conventos Hispalensis simul cum 
alus quatuor sociis in Anglia pro fide 
catholica an. 1549 martyrium subiit. 
Ex Torellio tom. 8 pag. 317. 

An. 1550 duodecim nostrates jussu, 
et sumptibus Caroii V Imperatoris ex 
Hispania in Peruviam trajecerunt ha- 
bentes ejusdem Imperatoris mandatum, 
quo in illa regione coenobia Ordinis 
Augustiniani expensis publici cerarii 
erigere possent. Fuerunt autem Patres 
Andreas de Salazar, Antonios Lozanus, 
Joannes de S. Petro, Ilieronymus Me- 
léndez, Didacus Palominus, Petrus de 
Cepeda, Andreas de Ortega, alias de 



S. Maria, Joannes del Canto, Joannes 
Chamorro, Franciscus de Frías, Joannes 
Ramírez, et Fr. Balthasar Melgarejus 
nondum sacerdos sed adhuc diaconus. 
His accesserunt Ven. Joannes Estatius, 
et Joannes de Magdalena cum alus duo- 
bus nostratibus, qui jam in Mexicano 
Regno degebant. 

Eodem anno 1550 sub die 6 Feb. Mar- 
chionissa de Priego petit ut Fr. Alphon- 
sus ab Horozco in convento Montillae 
permittatur degere pro ejusdem conso- 
latione spirituali. 

Ítem anno 1550 sub die 26 Aprilis ne- 
gatur Communitati CassiaucE concessio 
confessarii nostri Ordinis pro Moniali- 
bus ejus loci, cum decretum fuerit re- 
linquere omnia monasteria Monialium 
sub cura Ordinariorum. Et revera Mo- 
nialium cura relicta fuit mense Martio 
an. 1576. 

ítem codem an. 1550 sub die 24 Junii 
Episcopus SulmonensisD.D. Zambecca- 



Additamenta ad Crusexii Monasticon. 



rius, Papas ad Lusitanos Nuncius unum 
Augustinianum pro suo comitatu a Ge- 
nerali petivit. Príeterea sub die 8 Octo- 
bris Fr. Alphonsus ab Ilorozco locatur 
in conventuMontillce adpetitionem Car- 
dinalis Compostellani, seu Burgensis. 

Quoniam seeps in Lutheranae haeresis 
historia fit mentio nostratis acerrimi 
cjusdem hasresis hostis Ven. P. Fr. 
Joannis llofmaisteri, qui per antono- 
masiam Antiluthjrus nuncupatus fuit, 
operas pretium ducimus hie referre ss- 
quentem epistolam, quam in prteíati 
Ilofmaisterilaudem libro ejusdcm Pos- 
tillarum prasñxit D.D.Leonardus Ilaller 
Episeopus Philadelphias, et Suftraga- 
neus Eystettensis. 

«Amice,cIaroque Lector, toti superiori 
Germanias notum est et manifestum, 
quai dona in prasdicando, Deique verbo 
annunciando ex divincc benig-nitatis 
thesauro sortitus fuerit pias memorice 
Reverendas atque devotus Pater Joan- 
nes I lofmaisterus Ordinis Aagustiniani 
quondaní Provincialis et Prior conven- 
tus Colmariensis, qui etiam hujusmodi 
talentum, non uti inutilis ille ssrvus in 
sudario reposuit aut in terram defodit; 
sed usus illo est juxta facultatem suam, 
et intellectum ei a Domino Deo datum, 
non proprio tamen motu, verum iis in 
locis, ad quas rite vocatus, idque exer- 
cere jussus fuerat. Testes hujus rei sunt 
una cum civitatc Golmariensi, loco ni- 
mirum propositee sibi mansionis et 
quietis, etiam multa alia loca ac prce- 
sertim dúo imperialia celebérrima co- 
mitia quse proximis annis quadragesi- 
moquinto, sextoque Wormatiaí, ac Ra- 
tisbonas celebrata sunt, ubi ipse in 
conspectu Imperatorice simul ac Regias 
-Majcstatis, clementissimorum Domino- 
rum nostrorum, necnon sacri Romani 
Imperii Comitum Palatinorum Statum- 



que, atque innumerabilis pene populi 
commisso sibi oflicio prasdicationis am- 
plissime functus est; adco ut non modo 
Romanae Ecclesias subditi, verum etiam 
contradi singularcm quamdam )ucun- 
ditateni, et delectationcm inde hause- 
rint. Hinc multi pcrmoti elaborarunt 
quatenus fidelen-i illum, diligentem, 
promptumque Ecclesias ministrum(tam 
enim promptus erat ut uno saspe díe 
bis terve concionaretur) tum ad suam 
ipsorum,tum etiam ad subditorum suo- 
rum utilitatem, animasque salutem ad 
se trahere possent. E quibus serenissi- 
mus catholicus, et Ecclesias Romanas 
lidelis Princeps, ac Dominus Villelmus. 
Comes Palatinus Rheni, utriusque Ba- 
varias Dux clementissimus Princeps, ac 
Dominus meus unus l\iit, qui supra 
memoratum P. Joannem Ilofmaisterum 
pro concionatore principalis urbis suee 
Monacensis tándem nactus fuit; ubi 
et ipse Ilofmaisterus quasdam e suis 
habitis concionibus germanice impri- 
mendas, et in lucem edendas curavit. 
Quamvis autem tune temporis exactis 
quibusdam hebdomadibus exinde Col- 
mariensem suum repetierit conventum, 
quo molestias itinerum paulisper vita- 
ret, ác domi in proprio monasterio con- 
cionibus, atque etiam lectioni, atque 
scriptioni (id quod réquiem arbitraba- 
tur) vacare posset; hac tamen chara 
sibi requie frui minime permissus fuit. 
Postquam enim Catholicas Romanas 
Imperatorice Majestates rebelles ex cam- 
po se subduxere, Cassareaque Majestas 
Ulmam se confestim contulit, Reveren- 
dissimus Pater, ac D.D. Otto S. R. E. 
tit. S. Balbinee Presbyter Cardinalis, ac 
Episeopus Augustanus clementissimus 
Dominus meus, Ilofmaisterus eo pervo- 
lat ut suggestum Ulmensem susciperet 
regendum; cui etiam quibusdam men- 



214 



R. P. Mag. JosEPHt Lanteri 



sibus non absque frLictu,et lucro multa- 
rum animarum, ut a Deo spcrandum, 
laudabilitcr prajfuit. Tum dcniquc cum 
per cjusdcm sacrae CaDsarca) Majcstatis 
victriccs manus mcmorato clcmcntissi- 
mo domino meo Episcopo Augustano 
civitas sua Dillingensis, quce a rebcUi- 
bus ad scx mensos occupata tcnebatur, 
restituta fuit; illustrissimasua Celsitudo 
seepe dictum Ilofmaisterum co vocavit 
ad cradicanda recenter orta zizania 
novi dogmatis, quae per rebelles tem- 
pore suas tyrannicas occupationis in 
civitate Dillingana fucrant disseminata. 
Id quod dictus fidclis P. Joanncs Hof- 
maisterus alacriter prcestitit; sicquc ali- 
quanto tempore ambas civitates Ulmam 
scilicet, ac Dillingam alternatim divini 
verbi ministerio administravit. In istis 
tamcn laboribus nequáquam verba sua 
aeri mandavit,necsolum auditores suos 
his crudivit; verum etiam conciones 
suas diligenter latina lingua conscripsit, 
et postmodum magnam illarum par- 
tem. nempe Dominicalium Evangelio- 
rum ab Adventu usque ad Pentecostem 
ipscmet in Germanicam transtulit ut 
suo idiomate patrias quoque consuleret; 
ii quoque qui ejus illas conciones audi- 
vissent, easdemdenuoruminando trans- 
currerent, vitamque suam tanto faci- 
lius secundum eas dirigerent; ii vero 
qui non audivissent, iisdem minime 
defraudarentur. Cum vero Deus Omni- 
potens ipsius molestias, diligentiam, ac 
fideles demum labores remunerare, at- 
quc a sasculo hoc nequam tempestive 
satis evocare vellet, Ulmas tándem gravi 
morbo corrcptus fuit. Qua de causa 
Ilofmaisterus ad monasterium Sesli- 
gensi civitati proximum se recepit. Ve- 
rum morbo paulisper ingravescente, 
ulterius Gunzburgum usque deportatus 
cst; ubi aliquot septimanis morbi vim 



et molestiam cum omni humilitate pa- 
tientissime sustinens, Stcpiusque inte- 
rim Deum interpellans (uti de S. Marti- 
no legitur) ait: Domine si adhiic populo 
luo sum tieccssjriiis, non recuso labor cm, 
fíat voluntas tua; sicquc ibidem Gunz- 
burgi 22 Agusti i5.}7 rationis pleno usu 
pra^ditus, pie in Domino obdormivit, et 
ad ccternam vitam (uti omnino speran- 
dum) íeliciter migravit.» 

DE ORIGINE AUGUSTINIAN^ 

COXGREGATIOMS CALABRLIi ALIAS 
ZAMPANORUM. 



liase Eremitarum Augustinensium 
(>ongregatio nomen accepit a nostrate 
B. Francisco de Zampano Calabro, qui 
illam instituit anno 1501. Brevi autem 
hasc eadem Congregatio tantum excre- 
vit ut in duas divisa fuerit, quarum pri- 
ma in Calabria citeriori consistens Zam- 
panorum citra, altera vero in Calabria 
ulteriori exstans Zampanorum ultra 
appellata fuit. Congregationis Zampa- 
norum citra sequentes conventus re- 
censentur. 

Conv. Albiensis (di Albi) tit. S. Alarias 
de Misericordia in dioecesi Cataciensi 
extabat jam an. 1581. lUius annuus pro- 
ventus an 1650 erat scutatorum 163, fa- 
milia fratrum 6. 

Conv. Apriliani (di Aprigliano) tit. 
S. Marice de Gratia in dioecesi Consen- 
tina nominatur ad annum 1583. Scut. 
239. Fratres 5. 

Conv. Belviderii (di Belvedere) tit. 
S. Alaria; Annuntiatas in dioecesi Caria- 
tensi fundatus an. 144Ó erat provincias 
Neapolitanae, ac postea ad prasfatam Con. 
gregationem transivit. Annuus prov. an. 
1650 erat scut. 48. Familia Fratrum 3. 



Additamenta ad Crusenii Monasticon. 



21^ 



Conv. Casulensis (di Casóle) tít. S. An- 
gelí an. 1475 spectabat ad provinciam 
Calabricc, sed postea Congregationi uni- 
tus luit Proventus annuus scut. 130. 
Fr. 3. 

Conv. Castellionensis (di Castiglione 
niarittimo) tit. S. Maria; de Pietate in 
diüccesi Tropeas an. 1650 habebat an- 
niiLim introitum scut. 337. Fr. 4. 

Conv. Consentinus, (di Cosenza) tit. 
S. Augustini aprovincia Apulitc an. 1 521 
ad Congregationem transivit. Annuus 
proventus scut. 615. Fratres 16. 

Conv. Crotonis (di Cotrone) tit. S. Au- 
gustini ab Augustino Lubin nostree 
Congregationi assignatur. Anno 1650 
habebat annuum proventum scut. 137: 
Fr, 4. 

Conv, CucuUi (di Cuculli) tit. S. Ma- 
riaí Annuntiatas in dioecesi Umbriatici 
spectabat ad Congregationem an. 161 1. 
Scut. 94: Fr. 5. 

Conv. Machiensis (della Macchia) tit. 
S. Mariaí de Sanitate in dioecesi Con- 
sentina an. 1Ó50 habebat annuum in- 
troitum scut. 89. Fr. 3. 

Conv. Maglensis (di Magle) tit. S. Cru- 
cis in dioecesi Consentina anno 1650 
habebat annuum proventum scut. 63. 
Fratres 2. 

Conv. Marturani (di Martorano) tit. 
S. Maria? Annuntiata: an. 1584 erat pro- 
vinciai ApulicC. Scut. 275. Fr. 3, 

Conv. Neocastri (di Nicastro) tit. S. 
Maricc de Sanitate, extabat an. 1602. 
Scut. 44. Fr. 2. 

Conv. Nuceriae (di Nocera) tit. S. Ma- 
ria; de La u reto, alias Campi Aurati in 
territorio Nuceriee fundatur a B, Frani 
cisco de Zampano anno 1506 in dioeces- 
Tropea,\ Scut 343, Fr. 6. 

Conv. Pampanicensis (di Pampanice 
sive Papenici) tit. S, Mariee Annuntiata? 
in dioecesi Cotronensi, anno 1Ó50 habe- 



bat annuum introitum scut, 236, Fra- 
tres 6. 

Conv, Paternotanus (di Paterno) tit, 
S. Marci in dioecesi Cusentina an. 1650 
habebat annuum proventum scut. 65. 
Fr. 3. 

Conv. Rubctinus(di Rovito) tit. S. Ma- 
riae Gratiarum in dioecesi Cusentina 
nominatur ad an. 1593, Prov, Scut. 122, 
Fr. 4. 

Conv. S. Stephani (di Santo Stefano) 
tit. S, Mari^ Annuntiataí in dioecesi Cu- 
sentina an. 1Ó50 habebat proventum an- 
nuum scut. 149. Fratres 5, 

Conv. Sciglianensis (di Scigliano) tit. 
S. Augustini in dioec, Marturani unitur 
Congregationi an, 1545. Proventus an- 
nuus scut, 155. Fr, 4. 

Conv. Sellianus (di Sellia) tit. S. Ma- 
riae Gratiarum in dicccesi Catacensi ex- 
tabat an. 1527. Scut. 116. Fr. 4. 

Conv. Zampani, alias Zumpani (di 
Zompano) tit. S. Marias Angelorum in 
dioecesi Cusentina caput utriusque Con- 
gregationis, fundatur circa an. 1503. 
Proventus annuus erat scut. 195. Fra- 
tres 5. 

■ CATALOGUSCONVENTUUMCONG. 

ZA.MPANORU.M IN CALABRIA ULTERIORI, 
— ♦- ,¡;.,-c$...^,.J— ♦.^ 

Conv. Aquarii (di Acquaro) tit. S, Ma- 
riae de Succursu in dioecesi Mileti exta- 
bat an. 1584. An. 1650 habebat introi- 
tum annuum scut. 247. P^r. 8, 

Conv. Argusti (di Argusto) tit. S. I\la- 
riíje de Sanitate in dioecesi Squillacensi, 
anno 1650 habebat annuum proventum 
scut, 124. Fr. 3. 

Conv. Borgiie (di Borgia) tit. S. Leo- 
nardi in dioecesi Squillacensi habebat 
introitum Scut. 172, Fratres 5. 

28 



ii6 



R. P. Mag. Joskpiii Lanteri 



Conv. BovalincC (di Bovalina) tit. S. 
eonardiin dioecesi Squillaccnsi, anno 
1650 habcbat annuum introitum scut. 
98. Fratrcs 3. 

Conv. Brancalconis (di I^rancalconc) 
tit. S. Scbastiani in diccccsi liovcnsi ad 
oram maris Jonii, anno 1650 habcbat 
introitum scutatorum i ,m. Fr. 5. 

Conv. Brussiani (di Bruzzano) tit. S. 
Mario; de Gratia in dioecesi Ilieracis, 
an. 1650 habcbat annuum provcntum 
scut. 228. Fr. 6. 

Conv. Castri-Vctcris (di (^astclvctcrc) 
tit. S. MaricE de Carmine in dioecesi 
Ilieracensi cxtabat an. 1584. — Scut. 244. 
Fr. 14. 

Conv. Cortallia; (di Cortalle sive Cas- 
tello di Córtale) tit. S. Mañee de Succur- 
su in dioecesi Neocastrensi nominatur 
ad an. 1567. Scut. 62. Fratres 3. 

Conv. Cryptce S. Maricfe (di S. Maria 
della Grotta) in dicecesi Füeracensi anno 
1650 habebat annuum introitum scuta- 
torum 227, et alebat Fratres 7. 

Conv. Dasas (di Daza) tit. S. Mari^ de 
Pietate in diocc. Miieti traditur Ordini 
anno 1553. Ecclesia extructa fuit a Joan- 
nc Petro de Amello et oppido Arena- 
rum. Scut. 128. Fratres 4. 

Conv. Davoli (di Davoli) tit. S. Maria; 
de Trhono in dioecesi Squillaccnsi habe- 
bat introitum, Scut. 151. Fr. 5. 

Conv. Francas-Villas (di Francavilla) 
tit. S. Marias de Cruce in dioecesi Miieti 
extabat an. 1583. Scut. 819. Fr. 22. 

Conv. Giojas (di Gioja) tit. S. Marias de 
Populo in dioecesi Miieti anno 1650 ha- 
bebat annuum proventum scutatorum 
85, et alebat P'ratres 2. 

Conv. Giojosa? (di Motta — Giojosa) 
tit. S. Marias de Rota in diccccsi Iliera- 
censi habebat introit. Scut. 67. Fr. 5. 

Conv. Montis-Pavonis (di Monte-Pao- 
ne) tit. S. Marias Angelorum in dicecesi 



Squillaccnsi nominatur ad an. 1592. 
Scut. 191. I-'r. 4. 

Conv. Regii (di Reggio) tit. S. Marias 
Annuntiatas ad oram Phari Messanen- 
sis, an. 1650 habcbat annuum proven- 
tum scut. 615. l'^r. 8. 

Conv. Stallactinus (di Stallati) tit. S. 
Marias de Succursu in dioecesi Squilla- 
ccnsi, an. 1650 habebat introitum scut. 
720. Fr. 5. 

Conv. Stili (di Stilo; tit. S. Antonni 
in dioecesi Squillaccnsi nominatur ad 
an. i584.Annuus introitus scut. 94. Fr. 3. 

Conv. Suberati (di Suerata) tit. S. Ma- 
rías Pietatis in dioecesi Squillaccnsi erec- 
tus fuit an. 1554 e bonis Ordini relictis 
a praefato Joannc Petro de Amello. 
Scut. 428. Fr. 9. 

Conv. Terras-Nova (di Terranova) tit. 
S. Marias de Succursu in dioecesi Oppi- 
di nominatur ad an. 1567. Scut. 409. 
Fr. 13. 

Conv. Turris Spatularum (di Spatula) 
tit. S. Mariae de Carmine in dioecesi 
Squillaccnsi extabat an 1571. Scut. 289. 
Fr. 8. 

Conv. Varapodii (di \'arapodi) tit. 
S. Marias de Gratia in dioecesi Oppidi 
memoratur ad an. 1584. Scut. 205. Fr. 7. 

DE AÜGÜSTINIANA DALMATIAE CONGREGATIONS 



Mane Dalmatias Congregationem in 
conventu LesiucE instituit anno 151 1 
noster P. Mag. Fr. Augustinus Alezia a 
quibusdam item nostratibus adjutus. 

Illius conventus sequentes fuere prout 
apud Lubinium recensentur. 

Conv. Gelsas (di Gelsa) tit. S. Lucia- 
in dioecesi, et Ínsula Lesinensi. 

Conv. Lesinae (di Liesina. alias Faro) 
in ejusdem nominis Ínsula maris Adria- 



I 



Additaimenta ad Crusemi Monasticon. 



217 



tici tit. S. Nicolai, in quo prcefato anno 
15 1 1 Congregatio sumpsit cxordium. 

Conv. Macaschensis tit. S. Georgii in 
eadem Lesinensi Ínsula nominatur ad 
an. 1543. 

Conv. S. Marías de Crypta (della Grot- 
ta) situs in qiiodam scopulo prajfataí 
insulse adjacenti. 

Conv. Pubischia) (di Pucischia) tit. 
S. Mariaí in Brazza Ínsula maris Adria- 
tici prope Dalmatium. 

Conv. Corcyraí-Nigrae (di Cursóla) si- 
tus in ejusdem nominis ínsula sub tit. 
S. Joannis Monialibus traditus. 

Conv. Narentia: (di Narcnza) tit. S. 
Stcphani a Turéis dirutus eum alus 
duobus qui sequuntur. 

Conv. Kupis ad ostia Huvü Naronis. 

Conv. S. María: \'ígiliaeorum. 

DE AUGUSTINIANA CONGREGATIONE 



COLORITAXA. 



ALIAS DE COLÓ RITO. 



Hffic alia Augustinianí Ordinís Con- 
gregatío instituta fuit ín Calabria Cíte- 
riori a nostrate Bernardíno de Rogliano 
eírca an. i^^oin coenobio Colorítí ad 
radiees montís Appollíni tribus millia- 
ríís procul ab oppido Morano ín dioeeesí 
Cassaní. Ejus conventus ita reeensentur 
apud Lubínium. 

Conv. Caprilia: (di Capríglia) tit. S. 
Spiritus ín dioeeesí Salernítana an. 1650 
habebat annuum proventum seut. 195. 
Fratres 6. 

Conv. Cassaní (di Cassano) tit. S. Au- 
gustini anno 1650 habebat annuum 
proventum scut. 114. FYates 9. 

Conv. Claramontis (di Chiaramonte) 
dioeeesís Anglonensís ín Dasílícata tit. 
S. María) Angelorum an. \i)^n habebat 



annuum proventum seut. 
tres 12. 



lO- 



Fra- 



Conv. Colobrari, alias Columbrari (di 
Colebrano) tit. S. Mari¿e de Níve ín 
dioeeesí Anglonensi habebat introítum 
scut. 251. Fratres $. 

Conv. Colorítí tit. S. Marías prope 
Moranum in diiccesi Cassaní nomen 
dedit Cungregationí. Annuus íntroitus 
seut. 1.879. Fratres 25. 

Conv. Kpiscopiíu (di Fpíscopía) in 
dioeeesí Anglonensi tit. S. María: de 
Plano an. 1650 habebat annuum pro- 
ventum scut. 333. Fratres 8. 

Conv. Moliterní (di Moliterno) tit. S. 
Antonii in dioeeesí Marsicana an. 1650 
habebat annuum introítum scut. 100. 
Fratres ó. 

Conv. Mormanni tit. S. MarícU de 
Constantinopoli an. 1(152 spectabat ad 
provineiam Xeapolitanam. ct habebat 
annuum proventum scut. ()<). et alebat 
.Fratres (>. 

Conv. Neapolítanus tit. S. Mari¿u de 
Fíde anno 1650 habebat annuum pro- 
ventum scut. 429. Fratres 12. 

Conv. Nocaras (di Nocara) in dioeeesí 
Anglonensi tit. S. María: de Andropíci 
habebat introítum scutatorum 429. Fra- 
tres 12. 

Conv. Puteolanus (di Pozzuoli) tit. 
S. María: liberantis a scandalis habebat 
introítum scut. 180. Fratres 6. Ereetus 
fuit an. 1629. 

Conv. Romas tit. 40 Martyrum ob 
aerís malígnítatem derelictus. 

Conv. S. Laurentíí Majorístit. S. Ma- 
ría: della Strada, situs erat extra oppí- 
dum prcefatí nominis, et in eo ab illa 
communitate alebantur tres Fratres. 
An. 1652 pertinebat ad provineiam Xea- 
politanam. 

Conv. Saracena: (di Saracena) tit. S. 
María: de Flumíne ob aerem insalubrem 
a Fratríbus derelictus. 
Conv. Urzo-Marzonensís (di Urso- 



2l8 



R. P. Mag. Josepmi Lanteri 



Marzo) tit. S. Aufrustini in Calabria ci- 
teriori ob aeris inclcmentiam a l^^atri- 
bus derclictus. 

C'onv. X'ijjianclli (di \'ijí¡ancllo) tit. 
Dominic Nostra; Lauretana; in diíjcccsi 
Cassani fundatus an. 1597. Scut. 531. 
Fratres 13. 

Conv. itcm Mgianclli a prircedenti 



diversus, tit. S. Xicolai fundatus fuit 
an. 1630 tamquam prcefati ejusdcm loci 
C(cn()bii hospitium. 

Xo.stcr Au^í^ustinus Lubin in rccensio- 
nc ccjcnübiorum pracfata^ Con¿,n'og'atio- 
nis nominat ctiam conventum Salerni 
tit. S. Gpiritus situm prope Montem 
Dccimaris nuncupatum. 




Additamenta ad Crusenii Monasticox. 



2i<:) 



DE CEHOBIIS OED. EREM. S. P. AUSÜSTI 

AB ANNO 1550 AD AN. 1620, QUO EXPLICIT CRUSENII MOiNASTICON. 



-^t> o <H 



Convcntus Abcllini (di Avellino) tit. 
S. Spiritus in provincia Térras Laboris 
extabat an. 15Ó6. 

Conv. de Acapistla in México noini- 
natur ad an. 1550. 

Conv. de Acatlan in México extabat 
an. 1Ó02. 

Conv. Accursii tit. S. Rochi (di Cursi) 
in Apulia nominatur ad an. 1584. Pos- 
tea accepit tit. S. Antonii. 

Conv. de Aculma in México extabat 
an. 1550. 

Conv. Aderni (di Aderno) tit. S. Ma- 
fias Annuntiata^ dioecesis Catanensis in 
Sicilia antea erat extra oppidum, sed 
an. 1585 intra muros translatus fuit. 

Conv. iíiduensis (di Autun) in Gallia 
nominatur ad annum 1617. 

Conv. da Agonoi dioecesis Manilensis 
in Luzonia ínsula inter Philippinas eri- 
gitur an. 1581. 

Conv. Ag-rigenti (di Girgenti) tit. S. 
P. Augustini in Sicilia extabat an. 1584. 
Conv. Agrippinensis, alias Agredanus 
(di Agreda) tit. S. P. Augustini in dioe- 
cesi Oxomensi erat Ordinis collegium 
fundatum an. 1557 ope et auxilio D. D. 
Joannis González de Muniebrega Epis- 
copi Turiasonensis. Spectabat ad pro- 
vinciam Castellaa. 

Conv. de Ajacuba dioecesis Mexicanas 
extabat an. 10Ó2. 

Conv. Albazeti (di Albacete) tit. S. 
P. Augustini dioecesis Carthaginensis 
in Castella-Xova extabat an. 1597 sub 
patrocinio Ducum de Arcos. 

Conv. Alba;- Villas (di Bialuthy) tit. S. 



Nicolai in Pomerania inchoatur an. 1O50 
a quodam D. Stanislao Narzinschio pro 
Polonia; provincia, sed per obitum fun- 
datoris asdificium cessavit. 

Conv. Albiensis (di Albi) tit. S. Mariee 
de Misericordia dioecesis Cathacensis 
in Calabria extabat anno 1581. 

Conv. de Alcocauhean in Mexicana 
regione de Tlapa extabat an. 1Ó02. 

Conv. Alicanti (di Alicante) tit. S. P. 
Augustini in Regno Valentías extabat 
an. 1Ó09. 

Conv. prope Alícantum tit. Dominas 
Nostree de Succursu in Regno Valentiee 
nominatur ad an. 1609. 

Conv. Alshemii, alias Alcheimensís 
in Palatinatu anno 1551 spectabat ad 
provinciam Rheno-Suevícam. 

Conv. Aiti-Muri (di Altamura) tit. S. 
Marías de Populo in Terra Bariensi ex- 
tabat an. 1584. 

Conv. Americe (di Amelia) tit. S. Ma- 
rías in Monticellís in Umbría donatur 
ab Epíscopo nostratíbus Discalceatis 
an. lOoo sub condítione quod P. Priori 
Generaii esset ímmedíate subjectus. 

Conv. Amiterní (di S. Mttorino) in 
Aprutio ulteríorí extabat an. 1582. 

Conv. Anglibergensis (di Engenberg) 
in Ducatu W'ittembergico provínciee 
Rheno-Suevicce anno 1551 ab hasreticis 
profanatur. 

Conv. de Antíque dioecesis SS. \o- 
mínis Jesu in Philíppinis ínsulís erigí- 
tur círca an. 1581. 

Conv. de Apalit in Luzonia ínsula 



220 



R. P. Mag. Josepiii Lanteri 



diocccsis Manilensis in Philippinis fun- 
datur circa an. 1587. 

Conv. Apiniani (di Appip:nano) tit. 
S. Jacobi in durccsi Auximana an. 1583 
crig:itur a Congrcgatione Pcrusina ex 
dünationc Confratcrnitatis S. Jacobi, 
quae suam cjusdcm S. jacobi ccclesiam 
extra oppidum sitam cum alus bonis 
prasfatac Congregationi ad cocnobii fun- 
dationcm tradidit. 

Conv. Apriliani (di Aprigliano) in 
dicecesi Cusentina tit. S. Alaria) de Gra- 
tia an. 1583 pertinebat ad Congregíi- 
tionem Zampanorum. 

Conv. Aquarii (di Acquaro) tit. S. Ma- 
riaD de Succursu in dioecesi Mileti in 
Calabria extabat an. 1 584. 

Conv. de Arayat in Luzonia Ínsula 
dioecesis Manilensis in Philippinis eri- 
gitur an. 1590. 

Conv. Archensis, alias Arcorum (de 
Arcos) tit. S. Augustini dioecesis Hispa- 
lensis extabat an. 1597 sub patrocinio 
Ducum de Arcos Hispanias Magnatum. 

Conv. Argiras (S. Filippo di A r gira) 
tit S. Augustini in Sicilia nominatur 
ad an. 1584. 

Conv. Aricise (delP Aricia) tit. S. Bar- 
tholomei an. 1565 spectabat ad provin- 
ciam Terree Laboris. 

Conv. Arequipe tit. S. Nicolai de To- 
lentino in Peruvia erigitur an. 1574. 

Conv. Aronchiensis (di Aronches) tit. 
Dominee Nostrae de Luce dioecesis Por- 
tus Alacris in Lusitania favente Rege 
Sebastiano erigitur ab oppidanis anno 
1574 ob devotionem erga Ordinem Ere- 
mita num. 

Conv. Aspahami, alias Maspani (di 
Ispahan) in Perside tit. B. Virginis As- 
sumptae extructus fuit prope palatium 
Regis a nostrate Hieronymo de Cruce, 
et aliis sociis ejusdem Ordinis, quos 
noster Alcxius de Mcncses Archicpisco- 



pus Goanus et Indiarum Oricntalium 
Prorex ad Persarum Regem i^uncios 
miscrat. I lie conventus pertinuit ad 
Vicariatum IndicC Orientalis nostr¿c 
LusitancL' Provincias unitum. 

Conv. de Atlistaca in regione de Tla- 
pa in México fundatur circa annum 1 582. 

Conv. de Atotonilco in México exta- 
bat an. 1550. 

Conv. de Atrisco tit. S. Caícilia; dioe- 
cesis Tlascalao in México fundatur an- 
no 1591. 

Conv. de Atucpum in dioecesi Mexi- 
cana fundatur anno 1550. 

Conv. de A3^otzingo in México exta- 
bat an. 1602. 

Conv. Azpeitia^ alias Aspcritiaí tit. 
S. P. Augustini dioecesis Vituriensis in 
Ilispania (locus erat Visca j ce Guipus- 
coensis) erigitur an. 1566. 

Conv. Bajugi, alias Bolinai tit. S. Ja- 
cobi in Philippinis insulis fundatur a 
nostratibus Discalceatis circa an. 1613. 

ConA'. Balneonis (di Bagnone) tit. 
S. P. Augustini dioecesis Sarzanensis, 
et provinciae Pisanse fundatur an. ióiq. 

Conv. Basilicas (di Baselice) tit. S. Ma- 
rías Gratiarum dioecesis Beneventi. et 
provincias Térras Laboris fiuidatur an- 
no 1573. 

Conv. de Batangas dioecesis Manilen- 
sis in Luzonia Ínsula erigitur circa an- 
num 1 381. 

Conv. Battignaní tit. S. Lucias dioece- 
sis Grossetanas in Tuscia erigitur circa 
an. 1620 a nostrate Ven. Joanne de Mon- 
te-Cassiano, qui tune temporisadExcal- 
ceatorum Congregatíonem transierat. 
ínter novos sodales mansit tantummo- 
do diebus 103; nam in prasfato cccnobio 
spiritum Deo rcddidit die 14 Augusti 
an. 1 62 1. 

Conv. S. Bartholomasi in Gualdo tit. 
S. Mariír de Consola tj one alias do Cons- 



Additamenta ad Crusenh Monasticon, 



221 



tantinopoli dioecesis Vulturariee in Apu- 
lia fundatur an. 1581 a D. Friderico 
CaralTa. Spcctabat ad provinciam Nca- 
polis. 

Conv. de Bassaim in dioecesi Goana 
in Indiis Oricntalibus una cum alia 
domo adnexa an. 160.4 spectabat ad nos- 
trates Lusitanos. 

Conv. de Bay, alias de Baly dicTCcesis 
Manilensis in Luzonia Ínsula fundatur 
circa an. 1572. 

Conv. Belasii (di Belazio) tit. S. Geor- 
^n in dioecesi Comensi an. 1619 pertine- 
bat ad Congregationem Lombardice. 

Conv. Bellas in Basilicata extruitur 
an. 1578 a D. Augustino Renoni. 

Conv. S. Benedicti de Saltu ad flu- 
vium Aníi!i?-i tit. S. Michaelis in dioecesi 
Bituricensi in Gallia erigitur an. 161 5. 

Conv. Bononia2 (di Bologna)tit. S. Ma- 
ricc Misericordiarum situs extra urbcm 
an. 1558 erat Cong. Lombardias. 

Conv. Bononiee tit. S. Blasii ecclesiam 
ejusdem nominis archiepiscopo nostra- 
tibus e coenobio S. Marias Misericordia- 
rum cedente, extructus fuit an. 1558. 

Conv. Bonvicini (di Buonvicino) tit. 
S. Joannis in dioecesi S. Marci in Cala- 
bria erigitur an. 1569. 

Conv. Bovinii (di Bouvignes) in dioe- 
cesi Namurcensi tit. S. Nicolai Epis- 
copi erigitur a nostratibus provincite 
Coloniensis an. 1614. Habebat publi- 
cum g3'mnasÍLim humaniorum litte- 
rarum. 

Conv. sive collegium Bracharae (di 
Braga) tit. S.P. Augustini in Lusitania 
erigitur an. 1595 a nostrate Archiepis- 
copo Bracharensi, et Lusitanas Primate 
D.D. Augustino de Castro. Tres in eo 
publica:; sacrce theologias lectiones sin- 
gulis diebus habebantur. 

Conv. Brianas tit. S. .Mariae, in dis- 
trictu Patavino fundatur an. 1595. 



Conv. Bruxellarum (di Bruxelles) tit. 
S. Joannis Evangelistas, et postea S. 
Apollonia;, ac demum S. Alarias de Bono 
— Successu, ab an. 1300 pertinuit ad 
Tertiarios S. Francisci, sed illis Ordini 
nostro aggregatis, an. 1584 ad Eremita - 
num Ordinem transiit. Habebat publi- 
cum gymnasium humaniorum litte- 
rarum. 

Conv. sive ecclesia S. Marias Buccari 
dioecesis Signiensis in Dalmatia accep- 
tatur an. 1619; nam noster Joannes Bap- 
tista Agatich illius dioecesis Antistes 
Ordinis coenobium idem asdificare cu- 
piebat. 

Conv. Bulacce, alias de Bullacan in 
Luzonia Ínsula in Philippinis extruitur 
an. 1578. 

Conv. BuUonii (di Buillonjtit. S. Geor- 
gii dioecesis Leodiensis in Belgio fun- 
datur ab Ernesto Leodiensi Principe 
an. 1589. Vigebat in eo schola humanio- 
rum litterarum. 

Conv. Burgi S. Sepulcri (di Borgo 
S. Sepolcro) tit. S. Mariee de Plebe in 
Tuscia traditur provinciae Senensi anno 

1575- 
Conv. Burgi Vallis de Taro (di Valdi- 

taro) tit. S. Augustini, postea S. Rochi 

dioecesis Placentinee Congregationis Ja- 

niensis nominatur ad an. 1564. 

Conv. Burgii(di Borgio) tit. S. Luci^, 
alias S. Leonardi dioecesis Agrigenti in 
Sicilia extabat an, 1584. 

Conv. sive collegium Csesaraugustas 
nostratum discalceatorum tit. S. Gre- 
gorii in Hispania an. 1605 dotatur ab 
llugone de Urries Domino Ajervii, 
hortatu P. Fr. Didaci de Jesu. Erigitur 
an. 1602. 

Conv. Cassenatici Portus (di Cesenati- 
co) tit. S. Josephi in Romandiola funda- 
tur a D. Lamberto Malatesta an. 1578. 

Conv. Cajani (di Cagliano) in provin- 



222 



R. P. Mag. Josepiii Lantcri 



cia Lombardiac situs in districtu líri- 
xiensi donatLir Ordini a Comitc Becha- 
rice an. 1581 . 

Conv. de Cachultcnergo in México 
extabat an. 1602. 

Conv. Calatp.limi tit. S. P. Auf^ustini 
ditx:ces¡s Mazaricnsis in Sicilia nomina- 
tur ad an. 155.J. 

Conv. Calatahicroni (di Caltagirone) 
tit. S. P. .Augustini dioccesis Syracusa- 
naD in Sicilia extabat an. 1584. 

Conv. ác Cali in provincia Quiten si 
nominaturad an. 1576. 

Conv. de Calumpit in Luzonia ínsula 
dioecesis Manilensis fundatur an. 1572. 

Conv. Campi Aurati tit. S. Mariee in 
territorio Nucerias in Apulia an. 1584 
erat Congregationis nostratum Zampa- 
norum. 

Conv. Campilias (di Campigliaj tit. 
S. MaricC dioecesis Massanas in Tuscia 
an. 1 566 erat provincice Pisanas. 

Conv. Canneti (di Guarco) dioecesis 
Limange in Peruvia acquiritur an. 1591. 

Conv. Capinotas dioecesis Chuquisa- 
censis in Peruvia erigitur an. 1559. 

Conv. Capranicas (di Capranica) tit- 
S. Mariaí de Plano situs extra portum 
S. Antonii acceptatur a Patribus pro- 
vincioe Romance an. 1559. 

Conv. Carnioli tit. S. Pauli situs inter 
montes Ducatus Florentini in dioecesi 
Garsinas an. 1606 incorporatur provin- 
ci£e Romandiolae ex populi donatione, 
annuente Domino Petro Aldobrandini. 

Conv. Casalis de Bazano (di Vazzano) 
tit. S. Spiritus dioecesis Mileti in Cala- 
bria acquiritur an. 1616. 

Conv. Casellarum tit. S. Alarias de 
Podio prope Placentiam an. 1552 erat 
provincias l.ombardias. 

Conv. Casecarelli (di Casacarello) tit. 
S. Marías dicjecesís Cassenas ín Roman- 



diola apud Ilerreram nomínatur ad an 
num 1599. 

Conv. Caspae (di Caspe) tit. Dominas 
Nostras Angelorum dioccesis Cassarau- 
gustanas erigitur an. lóio a nostratibus 
provincias Aragonitc. 

Conv. Castaldas (di Castaldolo) tit. 
S. Marías de Ulmo in districtu Patavino 
nomínatur ad annum 1579. ■^^ provincia 
LombardicC transiit ad Congregatio- 
nem Montis Orthoní. 

Conv. Castaneas (di Castanea) tit. SS. 
Annuntíatas dioecesis Messanensís in 
Sicilia extabat an. 1590. 

Conv. Castelli-Vctrani (di Castel Ve- 
trano) tit. S. Augustini dioecesis Maza- 
riensis in Sicilia inchoatur anno 1584. 

Conv. Castelloni-Maritimi tit. S. Ma- 
rías de Píetate dioecesis Tropeae in Cala- 
bria fundatur an. 1 572. 

Conv. Castellionis ad lacum Perusi- 
num (Thrasimenum) tit. S. Augustini 
in Umbria extruitur an. 1572. 

Conv. Castri S. Angeli in Romandio- 
la nominaturad an. 1572. 

Conv. Castri-Fidardi (di Castelfidar- 
do) tit. SS. Annuntiatas prope Laure- 
tum in Piceno extabat anno 1556. 

Conv. Castri Franchi (di Castel-Fran- 
co) tit. S. Jacobi dioecesis Bononiensis 
in Romandiola nominatur ad annum 
1 599. 

Conv. Castri -Veteris (di Castel A'cte- 
re) tit. S. Mariae de Carmine dioecesis 
Ilieracensis in Calabria an. 1584 erat 
Congregationis Zampanorum. 

Conv. Cathacii (di Catanzaro) tit. S. 
Marias de Sucursu in Calabria donatur 
Ordini an. 1561 ab Episcopo D. D. Asca- 
nio Geraldino. 

Conv. Catini tit. S. Antonii in Sabina 
extabat anno 1591. 

Conv. Caviti (di Cavite) tit. S. Xicolai 



AdDITAMENTA AD CrUSENII MONASTICON. 



in Philippinis insulis an. 1616 erat Au- 
gListiniensium Discalceatorum. 

Conv. Cazallas (di Cazalla) tit. S. Au- 
gustini in dioecesi Ilispalensi nominatur 
ad an. iSQ7- 

Conv. Ceilani (di Ccilan) in ejusdcm 
nominis Ínsula Indiarum Orientalium 
extabat in urb¿ Colombo an. 1578, et 
hab^bat sub sua jurisdictione 16 paro- 
chias Sp^ctabat ad Vicariatum India- 
Orientalium provincia; Lusitaniée. 

Conv. Centi (di Cento) tit. S. Augus- 
ni in Romandiola fundaturan. 1580. 

Conv. Cephaludiensis (di Ceñüu) tit. 
S. Marice de Jesu, postea S. Augustini, 
in Sicilia fundatur anno 1560. 

Conv. Centorbi, alias Centorupum 
(di Centorbi) tit. S. Maria; de Stella 
dioecesis Catanensis in Sicilia inchoatur 
an. 1578. CapLit extitit Congregationis 
ejusdem nominis. 

Conv. de Chaul tit. S. Alaria; Gratia- 
rum in Regno Gongi dioecesis Goana; in 
Indiis Orientalibus an. 1578 spectabat 
ad nostrates Lusitanos. 

Conv. de Chiapatongo dioecesis Me- 
xicanas extabat an. 1602. 

Con. Chiautlan dioecesis Tlascalen- 
sis in México extabat an, 1602. 

Conv. Chiclauce tit. S. Martini dioece- 
sis Gaditanas in Andalusia an. 1597 ex- 
tabat sub patrocinio Ducum Metimuce 
Sidr^niensis. 

Conv. Chignoli (di Chignolo) tit. SS. 
Conceptionis dioecesis Mediolanensis 
traditur Ordini an. 1582. 

Conv. Chilapan in México fundatur 
an. 1532. 

Conv. Chuquiagi (de la Paz) in Peru- 
via fundatur an. 1562 a nostrate Andrea 
de S. Maria. 

Conv. de Chuquisaca in Peruvia fun- 
datur an. 1 578. 

Conv. Chusgonii tit. S. Philiphi in 



Peruvia erigitur anno 1587 a nostrate 
Petro de la Puente. 

Conv. Civitatis Castellana; in Patri- 
monio S. Petri nominatur ad annum 
i6oq. 

Conv. CivitatisA^eteris (di Civitavec- 
chia) tit. S. Sjbastiani prope arcem ac- 
ceptatur an. 1598. Ob ejusdem arcis 
ampliationem destruitur an. 1639, et 
nostratibus traditur Ecclesia de S. Ma- 
ria de Strada intra urbem sita, apud 
quam novus conventus erigitur opera 
nostratis P. Fr. Paracliti de Cornueto. 

Conv. Clávennos (di Chiavena) tit. 
S. Marice Annunciatas in Ducatu Pla- 
centia; an. 1552 erat provincias Roman- 
diolas. 

Conv. Clisas, alias Vallis de Clisa, tit. 
S. Catharina: in Peruvia fundatur an- 
no 1570. 

Conv. Cüchabambas, alias Orepesas in 
dioecesi de Chuquisaca in Peruvia eri- 
gitur an. 1578. 

Conv. Colias in Sicilia apud Herreram 
nominatur ad an. 1584. 

Conv. Collinas tit. S. Antonii in pro- 
vincia Pisana nominatur ad an. 1552. 

Conv. Collis Cervini in Aprutio no- 
qiinatur ad annum 1591. 

Conv. ConadcG (di Cosne) tit. S. Aunas 
in territorio Nivernensi in Gallia ex- 
truitur an. 1616. 

Conv. Conchce (di Cuenca) tit. S. Ma- 
ride de Laureto in Castella-Nova extabat 
an. 1597. 

Conv. Conchensis in provincia Qui- 
tensi acquiritur an. 1576. 



oAr. é^,->cp/l JFanfczi. 



(Proscquctur.) 



•-♦•v=-' 



29 



LOS RESPLANDORES CREPUSCULARES. 



- í^S '~-^ ^AA/w- í-\S> 



UESCRIPCIÓN DE LOS EXTRAÑOS FENÓMENOS CREPUSCULARES 

OBSERVADOS EN FINES DEL AÑO 1883 Y PRINCIPIOS DE 1884: FECHA DE LAS PRIMERAS OBSERVACIONES: 

FASES Y VARIACIONES DE DICHOS FENÓMENOS: INVESTIGACIÓN DE SUS CAUSAS. 



ML.MOUIA GALARDONADA CON EL PRIMER PRE.MIO EN EL CERTAMEN CELEBRADO EN 1 8S4 
POR LA REAL ACADEMIA GADITANA DE CIENCIAS Y ARTES. 



(conclusión.) 




'EcÍAMOs que la erupción del Kra- 

katoa había inclinado á la mayor 

i parte de los naturalistas á sefia- 



larla como fuente y orii^en de los ere-, 
púsculos extraordinarios. Estos sabios 
hanse afianzado más todavía en su opi- 
nión con la caída del polvo meteóricode 
que acabamos de hablar. Tratando Tis- 
sandier del asunto, se expresa en estos 
tcM'minos: «La intensidad y persistencia 

de los resplandores extraordinarios 

observados en 1883784, han hecho bus- 
car una causa excepcional para poder 
darles alí^una explicación, y muchos 
observadores la encuentran en los pol- 
vos volcánicos diseminados por las altas 
re^íiones de la atmósfera á consecuen- 
cia de la terrible erupción del estre- 
cho de la Sonda.» Y añade Dufourd: 



«Lo más probable y lo que me parece 
más adecuado para explicar los magní- 
ficos resplandores de 1883-84, es decir 
que esto no es otra cosa que una conse- 
cuencia del cataclismo acaecido el 27 de 
Agosto en el estrecho de la Sonda... Yo 
creo que los polvos, gases y vapores 
lanzados por el Krakatoa, han atrave- 
sado por el Pacífico, las Américas y el 
Occéano Atlántico, para llegar hasta 
nosotros. Esto parece conforme hasta 
con el efecto producido por la rotación 
de Ja tierra.» Lo mismo confirma Pe- 
rrotín rechazando la hipótesis del ori- 
gen cósmico. 

Pasan otros más adelante, 3^ aseguran 
la identidad de esos polvos recogidos en 
diversas partes y las cenizas salidas del 
volcán examinadas detenidamente por 



Los RESPI-ANDORES CREPUSCULARES DE 1B83-8.4. 



22 T 



Daubrée. Tratadas por el agua, ceden 
cloruros en cantidad notable; residuos 
con desprendimiento de agua accidula- 
da, 3^ de olor bituminoso resultan de 
ellas, cuando se las calienta en un tubo 
cerrado, y sometidos luego estos resi- 
duos á la oxidación, despiden de si un 
olor de acido sulfuroso. Miradas con 
el microscopio, obsérvase que están 
compuestas de pequeños cristales y 
fragmentos de piedra pómez. «Vense. 
además, dice La Lectura Católica, cris- 
tales octaédricos de hierro oxidado, 
íragmentitos negros de piroxeno, cris- 
tales trasparentes de hiperesteno. muy 
coloreados de azul y muy dicróicos en 
las tintas azul y verde. Idénticos á los 
cristales de las lavas de Santorín, tienen 
inclusiones de hierro oxidado, crista- 
les incoloros de feldespato y piritas.» 

En polvos llovidos el 7 de Diciembre 
en Madrid y analizados por el Sr. Mac- 
fersón, se descubrió la existencia de 
cristales de hiperasteno, de fragmentos 
de piroxeno, hierro magnético y lavas 
vitrificadas. Manifiestan por otra parte 
lo mismo y conducen á idénticos re- 
sultados, los análisis hechos en Holan- 
da, si bien no con tanta precisión. 

Por cualquiera parte que el fenómeno 
se mire, salta á la vista que la causa pro- 
ductora debió de ser extraordinaria de 
todo punto, puesto que los efectos 
salieron también fuera del orden co- 
mún. Al colocarla, pues, en la erupción 
de un volcán, quizá para alguno pa- 
rezca exagerada la hipótesis, siendo á 
la verdad difícil de concebir cómo la in- 
fluencia de una simple erupción volcá- 
nica pudo alcanzar á poner en movi- 
miento á todo el mundo y cubrir con 
sus cenizas todo el globo; pero debe 
tenerse en cuenta que la historia de la 
humanidad no registra en sus anales, 



fuera del diluvio universal, un suceso 
semejante al desastre de Sumatra y 
Java. La más ligera narración del hecho 
bastaría para convencerse de la devas- 
tadora grandeza de aquel horrible y 
nunca visto cataclismo geológico. 

Tristes en demasía eran los porme- 
nores que de allí se recibieron: no es 
posible leer las descripciones que tes- 
tigos de vista nos han hecho, sin llenar- 
se de espanto... La hermosa provincia 
entre Batam y Java quedó desierta en 
muy breve espacio de tiempo. Una in- 
mensa mole de agua lanzada al conti- 
nente destruyó y arrasó las ciudades, 
arrancando cuanto á su paso se oponía; 
y buques hubo que fueron arrojados 
por el furioso oleaje á muchos kiló- 
metros de la playa. El paso para el 
el puerto Tolok-Petoung quedó cerrado 
por una isla flotante, formada en pocas 
horas por los torrentes de piedra p*')- 
mez, lavas y cenizas que el Kraka- 
toa vomitaba de sus entrañas; isla que 
medía 30 kilómetros de longitud por 
más de uno de anchura. La montaña 
con su volcán fueron sepultados en 
los abismos del mar, cabiendo igual 
suerte á las costas de Batam, á la pro- 
vincia occidental de Java y á las islas 
adyacentes. Formáronse muchos y nue- 
vos cráteres 

Columnas de fuego y humo de lava y 
de vapores arrancaban del seno de la 
tierra elevándose con rapidez vertigi- 
nosa hasta perderse de vista entre las 
más elevadas nubes, y entre temblores 
extraordinarios y horrorosos estampi- 
dos, como de cañonazos, vióse oscure- 
cer el sol y cambiar de color. Las tem- 
pestades atmosféricas acompañaban á 
las subterráneas; terribles descargas 
eléctricas cruzaban del uno al otro ex- 
tremo del horizonte, y descendían á la 



220 



Los RF.SPLANDORF.S CREPL'SCUI.ARF?; 



tierra y sembraban el terror en el mar 
Occéano, durante los días 27 y 28 de 
Agosto... Kn fin, las cereanías todas del 
Krakatoa fueron destruidas y muertos 
sus habitantes. Sueumbieron más de 
.40,000 victimas... Lluvias de arena, lava 
y cenizas se generalizaron en todas di- 
recciones por un circulo muy extenso, 
á muy largas distancias del centro de 
acción que lanzaba aquellas sustancias 
á los espacios, para descender después, 
no sin causar muchos daños. 

Ll buque Lou.ium hallábase en aque- 
llos días á muchos kilómetros de dis- 
tancia al Norte del encendido cráter. 
El día 27, á las seis y media de la maña- 
na, divisó á lo lejos una ola gigantesca 
que avanzaba hacia él con f;>rmidable 
fuerza y velocidad extraordinaria. De 
pronto se preparó para hacerla frente y 
ver de salvarse del inminente peligro; 
pero la inmensa onda, parecida á una 
colosal montaña, alcanzó muy pronto al 
buque, y elevándole por los aires con la 
velocidad del rayo, pasó á quebrantar 
sus furias contra las costas cercanas del 
puerto de Lampong. A la primera se 
siguieron otras tres tan colosales y so- 
berbias como aquélla: hízolas frente 
con denuedo, y á pesar de tanta violen- 
cia, el navio pudrí salvarse.... 

Las aguas inundaron entretanto la 
playa del mencionado puerto, derri- 
baron el faro y arrancaron los demás 
edificios. A las ocho era grande la oscu- 
ridad que había y aumentaba por ins- 
tantes: á las diez se había oscurecido 
todo el horizonte y reinaban las más 
densas tinieblas. ¡Y el sol, sin embargo, 
hallábase próximo al zenit...! Aquella 
noche duró 18 horas! 

La lluvia de cenizas cambiaba con 
frecuencia en torrentes de espeso y fé- 
tido cieno: todos los del navio estaban 



consternados, sus semblantes abati- 
dos.... y esto no era más que el comien- 
zo de las miserias y trabajos que habían 
de sucederse. Desde las once del día. 
! cuando aquella negra noche lo había 
invadido todo, viósc el Loiidum some- 
tido á una serie de temblores no inte- 
rrumpidos, de bruscos y opuestos vai- 
venes, y los rayos que cruzaban y 
estampidos aterradores, en fin, las tem- 
pestades más furiosas contribuían á 
aumentar la amargura de tan triste si- 
tuación y á llenar de pánico los ánimos 
de los ya tan abatidos navegantes. 

El día 28, á eso de las cuatro de la ma- 
ñana, duraba todavía la lluvia depiedra 
pómez, y montes de la misma flotaban 
en la superficie de las aguas, traídas y 
llevadas de una á otra parte con la más 
asombrosa violencia. Llegó por fin el 
buque á punto de dar vista á la isla 
donde se hallaba el Krakatoa, y la vio 
casi sumergida en los abismos. La des- 
trucción era completa.... Anjer, .Merak 
y las poblaciones de Java ya no exis- 
tían... «¡Gracias á Dios! exclamó aquí el 
capitán Walson al contemplar tan tris- 
te cuadro. ¡Xadie de nosotros ha pere- 
cido y el buque se halla sin lesión no- 
table...! Pero ^qué se ha hecho de .\njer, 
Merak y demás poblaciones...?» 

Las detonaciones subterráneas y las 
oscilaciones del mar y de la tierra se 
hicieron sentir en puntos muv lejanos 
del estrecho de la Sonda. «Según estos 
datos, leemos en una revista, pocos 
comparadosconlarealidad.se ve que 
la historia, desde el Diluvio, no recuer- 
da desastre tan colosal, así en la violen- 
cia é intensidad, como en la extensión. 
En el memorable terremoto de Lisboa 
(1755) se conmovió la decimatercia par- 
te del globo: la extensión del de Suma- 
tra y Java etc., está señalada por un án- 



DE I««^«.}. 



227 



8"ulo que abraza más de la mitad de un 
círculo máximo.» 

Visto lo que precede, fácil es concebir 
que de aquel mismo cráter saliesen ce- 
nizas, polvos y vapores suficientes para 
invadir toda la masa de aire que nos 
rodea, y producir después los extraor- 
dinarios crepúsculos. Y si se atiende á 
la época de sus primeras manifestacio- 
nes fuera de Europa, no puede menos 
de verse entre los dos sucesos un en- 
lace necesario. 

Aún la tierra se bamboleaba sobre 
sus ejes, y todavía los estrepitosos so- 
nidos subterráneos se oían á distancias 
de centenares de kilómetros, cuando el 
sol, en los días 27 y 28 de Agosto, co- 
menzó á cambiar de aspecto, no sólo 
en las cercanías del inflamado cráter, 
sino también lejos de aquel centro de 
destrucción y de ruina, siguiéndose 
después de esto aquella serie no inte- 
rrumpida de fenómenos ópticos que su- 
cintamente dejamos descritos. De con- 
siguiente; ó es preciso reconocer en uno 
de los sucesos la causa del otro, ó de lo 
contrario, no vemos cómo explicarse 
pueda tan extraña coincidencia. 

Cierto es, por otra parte, que la pro- 
digiosa velocidad con que en alas de los 
vientos debieran ser trasportadas esas 
sustancias volcánicas para que á los dos 
días después de la erupción del volcán 
oscureciesen al sol en el Japón y en 
otros puntos también lejanos, consti- 
tuye alguna dificultad; y ciertamente, , 
trabajo costaría convencerse de que en 
48 horas pudiesen recorrer 40 grados 
(distancia entre el Japón y la Sonda), 
si no tuviéramos el recurso facilísimo 
de las corrientes aéreas en las alturas 
del aire, cuya velocidad es todavía muy 
superior á todo esto. Los elevados cirros 
que en aquellas regiones cruzan de 



cuando en cuando los espacios nos su- 
ministran datos para resolver estas di- 
ficultades de un modo satisfactorio; 
pues con frecuencia se ven correr de un 
punto á otro con la velocidad de 100, 150, 
200 y hasta de 250 kilómetros por hora, 
viniendo á resultar respectivamente 
30, 45, 60 y 75 metros por segundo. 
Por lo cual se infiere que sin necesidad 
de acudir á la mayor de esas veloci- 
dades calculadas, en menos de 48 horas 
podían llegar al Japón los residuos vol- 
cánicos. Yen esto no hay exageración de 
ningún género; puesto que los hechos 
vienen en corroboración de lo mismo. 
El 24 de Noviembre de 1870 salió de 
París un globo aerostático en el cual 
iba M. Rollier, y alzándose por los aires 
é impulsado por el viento, fué á caer en 
las montañas de Noruega 14 horas des- 
pués de su partida. En su rápida carre- 
ra por los espacios pudo el intrépido 
aeronauta comprobar que a los .4000 
metros de altura corría el globo 30 le- 
guas por hora: de modo que en 40 horas 
de tiempo y con velocidad constante, 
podía atravesar 1200 leguas, distancia 
que no media, ni con mucho, entre la 
Sonda y el Japón. 

A la del Krakatoa hay que añadir 
otras erupciones que no debemos pasar 
en silencio, por la coincidencia que con 
el asunto tienen. En el mar deBehering 
hánse reproducido, aunque en menor 
escala, los acontecimientos de Sumatra 
y Java. El cielo de Unalaska fué oscu- 
recido, durante la tarde del 30 de Octu- 
bre, por densas y negras nubes que al 
poco rato dejaron caer sobre la tierra 
una lluvia torrencial de agua mezclada 
con arena y polvo. Había reventado un 
nuevo volcán en el fondo del citado mar 
de Behering, cerca de la isla de Bogorla- 
wa, y hallábanse en completa actividad 



->->« 



Í^OS Rr,SPI.ANT)ORES CRHlPUSCÜI.ARFlS 



los ■\^ cráteres existentes de muehu 
antes, en las islas que unen al Asia con 
la América. El último que se abrió ha- 
bía formado en pocas semanas una isla 
de unos 1 200 pies de altura, lanzando 
continuamente á la atmósfera vapores y 
cenizas en abundancia, ardías antes, el 6 
de Octubre, había entrado en erupción 
otro en el monte S. Agustín pertenecien- 
te áAlaska: los montes se resquebrajaron 
desde el vértice a su base, y las costas 
fueron reciamente azotadas por inmen- 
sas masas de agua. Estos sucesos ¿no 
deberán formar parte con los del es- 
trecho de Sonda, por lo que concierne 
á los crepúsculos extraordinarios, es- 
pecialmente tratándose de sus primeras 
manifestaciones en el hemisferio Norte? 
Parécenos fuera de duda, que admitido 
el Krakatoa como origen de los polvos 
diseminados por los aires, no hay razón 
para desechar en el sentido dicho lo 
acaecido en Behering, como causa que 
contribuye al mismo efecto. 

Hemos dicho al tratar de los que ad- 
mitían los vapores de agua suspendidos 
en la atmósfera, como causa de los cre- 
púsculos, que no veíamos esta hipótesis 
destituida de todo fundamento; pero 
que entonces sería preciso indagar el 
origen de tan colosales evaporaciones 
como tal estado higrométrico del aire 
requería. Volviendo ahora á lo mismo, 
y procurando dar la solución allí pro- 
metida, no vemos dificultad alguna en 
colocar ese origen fecundo de evapora- 
ción en el mismo Krakatoa. 

Opinión es de muchos que así en los 
temblores de tierra como en las erup- 
ciones volcánicas, la causa principal es 
la evaporación, muchas veces instantá- 
nea, de grandes masas de agua en- 
cerradas en las concavidades subterrá- 
neas y calentadas por el fuego central, 



ó según quieren otnjs, por las extensas 
hogueras existentes entre las capas de 
la corteza terrestre. La fuerza desarro- 
liada en esos generadores de las pro- 
fundidades del globo es incalculable, y 
ni las calderas más resistentes, ni las 
más poderosas máquinas pueden su- 
ministrarnos una idea de lo que suce- 
dería con un depósito de agua, elevada 
á la temperatura de looo", por ejemplo, 
(temperatura insignificante comparada 
con la del calor central); porque según 
experimentos de M. Clausius, este lí- 
quido, aun bajo las presiones más enor- 
mes, no puede permanecer en estado 
de tal pasando la temperatura de 332"; 
y en el caso de verificarse una total é 
instantánea evaporación, ¿qué efectos 
causará la fuerza expansiva del vapor 
en las paredes del receptáculo? ¿Y nos 
admiraremos de que la lava, cenizas y 
demás sustancias que arrojan los vol- 
canes, se eleven por los aires hasta mu- 
chos kilómetros de altura? Imperfecta 
como dejamos la indicación de esta teo- 
ría, no será extraño que suscite dificul- 
tades en la mente del sensato lector; 
pero ya que el proseguir su exposi- 
ción nos haría desviarnos del punto 
principal, la omitimos gustosos, vol- 
viendo á nuestro asunto sin pasar ade- 
lante, (i) 

Varios sucesos acaecidos en épocas 
anteriores á la de los crepúsculos cuya 



(i) Esto decíamos alescribir la presente 
memoria: posteriormente, cuando á prin- 
cipios de 18S5 desolaron ios terremotos la 
hermosa Andalucía, expusimos nuestro 
parecer con más amplitud acerca del asun- 
to, por la parte que puede tener el vapor 
de agua en los temblores de tierra, en un 
artículo publicado en esta misma Revista 
Agustiniana. -Yol. IX, núm. II, corres- 
pondiente á Febrero, pág. i-'4. 



DE 1883-8^. 



229 



causa indagamos, confirman la teoría 
volcánica. Citemos alguno a la ligera 
para poner después íin ii nuestro desa- 
liñado ensa3'o. 

En el año 1783, un siglo precisamente 
antes de la catástrofe de Java, el mar 
Mediterráneo y gran parte del conti- 
nente europeo, fueron el teatro de res- 
plandores semejantes á los de 1883-84, 
si bien no tan intensos. Saussure, que 
tuvo ocasión de observarlos de cerca y 
con escrupulosidad, afirma que dura- 
ron muv cerca de dos meses. Durante 
los claros días del verano, una densa 
nube de üolvo se estacionó en las cer- 
canias de Sabova. v de tal manera im- 
pedia la luz, que á los 14Ó 15 kilómetros 
de distancia (desde el lago de Lemán) no 
se divisaban las altas montañas de aquel 
país. Creyóse al principio por los natu- 
ralistas que la tierra atravesaba por 
medio de una nube de materia cósmi- 
ca: pero muy pronto, tan luego como 
se averiguó que el fenómeno no había 
sido general en el globo, renunciaron 
fácilmente á esta explicación. Así se 
expresa, con corta diferencia. .M. Du- 
fourd, opinando por el origen volcánico 
del mencionado polvo. 

Resplandores de la misma naturaleza 
observáronse también en el año 1831, á 
los cuales habían precedido grandes tem- 
blores de tierra y nuevas erupciones 
volcánicas. Hállase untestimonio autén- 
tico deeste acontecimiento eneltomoXll 
de las obras de Arago. «En Barbada, dice, 
se experimentó (el 10 y 11 de agosto de 
183 i) un violento huracán acompañado 
de fuertes sacudidas del suelo v efectos 
eléctricos. Al mismo tiempo se verificó 
una terrible erupción volcánica: 3000 
individuos perecieron debajo de los es- 
combros.» «En los primeros días de 
julio de 18^1. añade Tissandier, estalló 



una erupción muy considerable en el 
mar de Sicilia entre las costas calcá- 
reas de Sciaca y la isla volcánica de 
Pantellaria. La isla Julia, que había de 
desaparecer más tarde, brotó entonces 
del seno del mar en medio de gigantes- 
cos chorros de fuego y torrentes de 
ceniza.» La historia de este trastorno 
geológico hállase además en el tomo 
tercero de las obras de Arago, pág. i2_^. 
«A principios de agosto, dice más ade- 
lante, elevábase en la atmósfera una 
inmensa columna de polvo que despe- 
día vivos resplandores: el 5 del mismo 
mes llovía polvo muy fino en abundan- 
cia. La erupción duró algunos meses: 
los crepúsculos comenzaron á verse á 
principios de agostó de 183 1 en una 
zona muy extenjsa, cuyo centro era el 
cráter de Sicilia;» 

En el invierno de 187Ó-77 se admira- 
ron crepúsculos como los de 1883-84, 
según puede verse en una nota que el 
P. Lamey ha presentado á la Academia 
Parisiense; pero allí no se dice que á es- 
tos fenómenos crepusculares precedie- 
se alguna erupción. Bien es verdad que 
tres años antes habían acaecido los de- 
sastrosos terremotos de Calabria, reven- 
tando todos los volcanes de Islandia al 
mismo tiempo, y con violencia parecida 
á la del Krakatoa. Claro está que es di- 
fícil que tres años después permanecie- 
sen en el aire los residuos volcánicos, 
para poder ser causa de los crepúsculos 
á que nos referimos. Esto no obstante, 
tampoco puede afirmarse que no fue- 
ron efecto de alguna erupción, por el 
mero hecho de no encontrar noticia de 
ella. 

Prescindiendo de citar otros, vamos 
a reíerir lo que en una de sus cartas 
escribe M.Edward á Sockiyer: «El 3 de 
juHo de 1880 estábamos acampados 



230 



Los RESPLANDORES CREPUSCULARES 



en el lado occidental del monte Chim- 
borazo (América del Sui") á 15800 pies 
sobre el nivel del mar. La mañana era 
hermosa, y no se vio ni tan solo una 
nube. Antes de salir el sol vimos hacia 
el Norte el f^ran pico de lUinica, y 20 
millas al Este del mismo, el cono supe- 
rior del Cotopaxi, del cual (hecho muy 
singular) no salía humo alí?uno: esta 
fué la vez única que durante nuestro 
viaje lo vimos sin indicios de luego. 
Tampoco había nubes en la otra mon- 
taña. El Cotopaxi, situado 45 millas al 
Sur del Ecuador, hallábase todavía 
unas 65 distante de nosotros. Dejamos á 
buen recaudo nuestro equipaje, y ha- 
biendo subido algunos centenares de 
pies, observamos el principio de una 
erupción del Cotopaxi: nuestra eleva- 
ción era entonces 16000 pies sobre el 
mar. A las 5 y 54 minutos de la maña- 
na, una negra y rizada columna de hu- 
mo arrancaba del cráter y se lanzaba 
verticalmente por los aires, con veloci- 
dad tal, que en menos de un minuto 
llegó á la altura de 20,000 pies sobre el 
punto de partida.» (El Cotopaxi está á 
los 19,600 pies...) «El vértice de la colum- 
na de humo estaba en aquel momento 
40,000 pies sobre el nivel del mar. A 
esta misma altura chocó el humo con 
una corriente aérea del E., la cual con 
rapidez extraordinaria lo impulsaba ú 
20 millas de las costas del Pacifico..» 

«Un viento sumamente recio del Nor- 
te se apoderó entonces de aquella ne- 
gra nube formada por el humo del 
volcán, y comenzó á esparcirla por la 
atmósfera impulsándola hacia los ob- 
servadores. A medida que esta nube 
densa se acercaba á nosotros (prosigue 
el mismo) parecía elevarse más y más 
por los aires, aunque en realidad, no 
hacía otra cosa que descender.» 



«Pasáronse algunas horas antes que 
la ceniza principiase á caer entre nos- 
otros y el sol, y cuando llegó á este 
punto, observamos un fenómeno que 
nos admiró en gran manera. El sol se 
coloreó de verde: más verde que todo lo 
que de este color habiamos vislo oi el 
cielo antes de entonces, y de todo lo que 
hemos visto después. Eji el aire hubo, por 
decirlo así, manchas verdes como de óxido 
de cobre, las que cambiaron luego en vivo 
rojo...» 

«Si hubiésemos ignorado que estos 
efectos eran causados por la ceniza, 
quizá el temor hubiera ocupado el lu- 
gar de la admiración; porque no se 
puede con palabras dar una idea de la 
impresión que en nosotros hicieron tan 

extraordinarios colores No tienen 

comparación sus efectos: superan con 
mucho á los producidos por los más 
extraordinarios y magníficos crepúscu- 
los.» 

Todos estos hechos parecen miUtar 
en pro de la teoría volcánica que su- 
cintamente hemos expuesto. A pesar 
de todo, no nos atrevemos á zanjar 
la cuestión de una manera decidida 
y categórica; pues tampoco la teoría 
cósmica carece de toda probabilidad. 
Lo dejamos, pues, al criterio del sensa- 
to lector, contentándonos con haber 
reunido y coordinado los más principa- 
les datos para que con mejor acierto 
pueda juzgar por sí mismo. 

Resta que digamos ahora dos pala- 
bras más acerca de las coloraciones 
especiales observadas en los meses tras- 
curridos desde enero, ó resplandores 
aislados de que hicimos mención al 
tratar de las fases y variaciones. Indica- 
mos allí que algunos naturalistas atri- 
buían estas coloraciones á residuos de lo 
que causara los crepúsculos de noviem- 



DE 1883-S4. 



231 



bre y diciembre etc., y que otros reco- 
nocen por causa fenómenos eléctricos. 
Los dos pareceres, á nuestro modo de 
ver, tienen razones muy poderosas. La 
electricidad es más que suficiente para 
dar origen á fenómenos ópticos muy 
soYprendentes. A ella se atribuyen y 
por su medio se explican las auroras 
polares. La tierra con la atmósfera gi- 
rando sobre sus propios ejes, puede 
compararse al anillo de una niííquina 
Gramme ó de otro dinamo semejante. 
Las corrientes desarrolladas en los ca- 
rretes de este anillo por la influencia 
magnética de las barras, afluyen y se 
recogen hacia los extremos del eje, y de 
allí, encau'.adas por los conductores, se 
trasmiten á la distancia conveniente. 

De un modo análogo puede muy 
bien decirse que se efectúan las auro- 
ras boreales. El movimiento diurno de 
nuestro globo, la condensación del va- 
por de agua en el seno de la atmósfera, 
el roce de los vientos, 3'a rasando la su- 
perficie de los mares, de los campos y 
de los montes, y en general, todo traba- 
jo mecánico, son origen fecundo de 
abundante fluido eléctrico, que constan- 
temente se dirige á los polos y á las 
altas regiones del aire, obedeciendo en 
esto á la ley djmostrada por Faraday y 
otros, de que la electricidad tiende á 
colocarse en la superficie exterior de los 
cuerpos. Los electrómetros, para-ra3'os 
y demás medios de que la ciencia dis- 
pone, nos demuestran que la tensión y 
cantidad de fluido aumentan á medida 
que más nos elevamos en la atmósfera; 
de donde convienen los físicos en afir- 
mar que en las últimas capas de esta 
masa, allá en la región de los cirros, 
debe de haber grande acopio de elec- 
tricidad. 
Acumulada ésta en los polos, llega 



muchas veces á tal grado de tensión, 
que se establece una serie continua de 
chispas eléctricas; porque careciendo 
este gran carrete natural de los conduc- 
tores ó reóforos de que están provistos 
los dínamos artificiales, no puede desli- 
zarse, por decirlo así, el fluido eléctrico 
de una manera silenciosa, por la resis- 
tencia que encuentra y el exceso del 
fluido acumulado, y necesariamente, 
como que rebosa la electricidad en el 
espacio que sirve de acumulador, ha 
de saltar la chispa y producir de este 
modo los mágicos metéoros lumino- 
sos que en nuestro hemisferio llama- 
mos auroras boreales. Aun en las má- 
quinas que el hombre construye de este 
género, como la de Gramme, se obser- 
va que cuando el desarrollo de fluido 
en los carretes es superior á la capa- 
cidad conductora de los reóforos, saltan 
con frecuencia chispas al exterior, y no 
es prudente acercarse sin precaución 
al aparato. ^Qué sucederá, pues, con la 
tierra, que desempeña el papel de má- 
quina generadora, siendo los inventos 
humanos mero bosquejo de los miste- 
rios que la Naturaleza encierra? Esta 
teoría, que no hacemos más que indicar 
de paso, puede aplicarse, lo mismo 
que á las auroras polares, á los escla- 
recimientos particulares realizados en 
cualquier punto de la atmósfera te- 
rrestre. 

Acumulado el fluido en cualquiera 
parte de ella, necesita un conductor 
para trasladarse al Polo; necesita, cuan- 
do monos, que el aire, medio que le sirve 
de acumulador, esté en condiciones fa- 
vorables de conductibilidad para correr 
de una parte á otra: cuando dicho gas 
está muy seco. L-jos de servir de con- 
ductor, es por el contrario, un medio 
que aisla, que detiene el curso de la 

30 



2?; 



Los RESPLANDORES CREPUSCULARES DE 1883-84. 



electricidad. Sigúese de aquí que, cir- 
cunscrito el Huido en un lugar determi- 
nado de los espacios atmosféricos, y no 
teniendo, por tanto, conductos por 
donde deslizarse sin ruido ó manifesta- 
ciones de ningún género, necesaria- 
mente también han de saltar chispas 
cuando la tensión haya superado los 
limites de la capacidad acumuladora de 
aquel espacio determinado. Si esta ex- 
plicación puede ó no aplicarse á los me- 
téoros especiales luminosos de que ya 
hemos dado noticia, lo dejamos también 
al criterio de nuestros lectores: para 
nosotros es suficiente el haber estable- 
cido la posibilidad de que así sucediese. 
Por lo demás, tenemos como induda- 
blemente cierto que por medio de la 
electricidad solamente no pueden ex- 
plicarse los resplandores universales de 
Noviembre y meses posteriores, á no 
ser algún caso particular, como hemos 
dicho, y completamente aislado; pero 
tampoco se sigue de aquí que dicho 
fluido no tuviera gran parte en la pro- 
ducción del fenómeno, efecto, según á 
su tiempo hicimos notar, no de una 
causa sola, sino más bien de la compli- 
cación de muchas. 

Con esto damos por concluido nues- 
tro humilde estudio. En él habrá visto 
el lector desenvuelto el tema propuesto 
al principio, si no de una manera satis- 
factoria, á lo menos del modo que nos 



ha parecido más adecuado á las cir- 
cunstancias. Por lo qucá nosotros mira, 
quedamos enteramente satisfechos con 
habernos afianzado más y más en los 
sentimientos expresados en las consi- 
deraciones preliminares á esta memo- 
ria, liemos conseguido (y nos compla- 
cemos en repetirlo) un grado más dj 
asentimiento á la verdad, para nosotros 
ya evidente, de que vivimos rodeados 
de misterios naturales. Y con esta per- 
suasión, repetiremos hoy en pleno si- 
glo XIX, en el siglo de las luces, lo que 
hace miles de años decía un gentil, 
á quien no iluminaban los fulgores que 
hoy debeii iluminar á los corifeos de la 
moderna ciencia (i): «Si quis talis possit 
esse, qui coUigationem causarum om- 
nium perspiciat animo, nihil eum pro- 
fecto fallet.... Quod cum faceré nemo. 
nisi Deus possit... etc.» Cicero. Lib. IX 
de Divin. 



(i) Déjase ver que no aludimos á la 
ciencia verdadera, á la ciencia fundada en 
principios que le den la razón de tal. Alu- 
dimos sí á los modernos sistemas científi- 
cos, que revestidos ú ocultos bajo el hon- 
roso manto de ciencia, no son más que 
charlatanismo. 

Fr. Ángel Rodríguez. 

Colegio de La Vid. 




©ATÁLOGO 

h tmikui (tgusttños espíiñoles, jto^tugucscs | antwtcamís. 



(continuación.) 



MARTÍNEZ (FR. RAIMUNDO) C. 



Nació en Madrid el 1792, y tomó el 
hábito en este Colegio de Valladolid. 
Profesó camino de Filipinas el 1809. 
Administró en el Archipiélago el pueblo 
de Pateros, yen 1825 fué nombrado Rec- 
tor de este Colegio, el cual cargo ejer- 
ció hasta su muerte que tuvo lugar el 
1834. También concluyó la carrera de 
Lector. 

Escribió: 

I. Esladísiica de F¡lipi)2js, impresa 
en Valladolid. 

. 2. Tradujo del francés al español, é 
imprimió la \'ida de Pío VII. 

3. Noveyía de S. Roque. 

4. Por su diligencia se reimprimió 
en Valladolid el Diccionario tagalo del 
P. Noceda. — Osar. p. 315. — Can. p. 245. 

MARTÍNEZ DE ZÚÑIGA (FR. JOA- 
QUÍN) C. 

Natural de Aguilar en el Obispado de 



Calahorra. Profesó en este Colegio de 
Valladolid el 1779. En Filipinas admi- 
nistró los pueblos de Hagonoy, Calum- 
pit y Parañaque. Fué Secretario de 
Provincia, Defmidor, Calificador del 
Santo Oficio y Prior Provincial. Murió 
en Manila el año de 181 8. 

Escribió: 

I * Historia de las Islas Philipinas 
compuesta por el R. P. Lector Fr. Joa- 
quín Martínez de Zúñiga del Orden de San 
Agustín. Ex Definidor de su Provincia, 
Calificador del Santo Oficio y Cura Regu- 
lar del Pueblode Parañaque. Con las licen- 
cias necesarias: Impreso eti Sampaloc: Por 
Fr. Pedro Arguelles de la Concepción Re- 
ligioso Franciscano. Año de 1803. De VII 
— 687 pág. en 4." 

2. Estadística de las Islas Filipinas y 
descripción geográfica de algunas Pro- 
vincias. 

3. Novena á Xtra. Señora de Para- 

ñaque. 

4. * Esíadismo de las Islas Filipinas. 
Viages del Exceleniissimo Señor Don Ig- 



234 



Escritores agustinos españoles, 



nació María de Alva Thmiente General de 
la Real Armada al inferior de estas Islas 
en que se Ir a/a de lo l^hisieo. Geográfico 
Ilisíórico, y Polííico de ellas. Gompueslo 
for el R. P. L. Fr. Joaquín Martínez de 
Zúñiga del Orden de San Auguslín. Ex 
Difjhüdor de su Provincia, Calificador del 
Santo Officio, y Cura del Pueblo de ]\i- 
rañaque. Tomo 11. 

Encuéntrase dicha obra manuscrita 
en este C()le¿::io de Valladolid, con la 
particularidad de tener una segunda 
portada, en la cual se indica haberse ya 
publicado, y es como sigue: 

Viages del General de Marina D. Igna- 
cio M." Álava por las Islas filipinas ó 
Descripdóíí físico-geográjica é histórica- 
política de todas ellas. Obra del célebre 
historiador de Filipinas P. Joaquín Mar- 
tínez Zúñiga que le acompañó en sus expe- 
diciones. Publicada con notas y garlas 
geográjicas por su amigo D. Fr. Gonzá- 
lez Azaola. París. 

La transcrita portada es de letra dis- 
tinta de la anterior, y como se ve indí- 
case que la obra se imprimió en París. 
También es de advertir que en la pri- 
mera portada, escrita con letra igual á 
la que lleva el cuerpo de la Obra, se 
pone Tomo II, indicio cierto de que pre- 
cedía otro Tomo, del cual no se tiene 
noticia. Añadiremos por último que al 
folio 117 del MS. en cuestión, en una 
portada orlada con algunos dibujos de 
tinta, se lee: Suplemento á los Viages del 
Excelmo. Señor D. Ignacio María Álava 
Then.'^ Gral. de la Real Armada, en que 
se trata de lo restante de las Islas Filipinas. 
— Osar. p. 314. — Can. p. 219. — Lant. 
vol. III. p. 351. 

MASNOU (FR. GUILLERMO) C. 
Nació en Valladolid el 1833, y profesó 



en este Colegio el 1849. En Filipinas ha 
administrado los pueblos de Santo 
Tomíis y (-uliat. 

En 1878 vino de Filipinas á desempe- 
ñar el cargo de Rector en nuestro Cole- 
gio de la Vid, el cual cargo hubo de re- 
nunciar por motivos de salud, para 
volver al .Archipiélago, donde se en- 
cuentra al presente de Piírroco en el 
pueblo de Tarlac. 

Tiene escrito: 

1 . Sermón en la Festividad del lJoct(jr 
S. Agustín, predicado en ¡a Iglesia de 
nuestro Colegio de Santa María de la Vid, 
publicado en el tom. 2.° de la Cruz, per- 
teneciente al 1878. 

2 . Prólogo á la Flora de Filipinas por 
el P. Fr. Manuel Blanco, publicada en 
Manila el año de 1876 y siguientes. 

3 * Capabaluan ampón usiic á matam- 
pa caring talasaua, t, ibpa ning pibalebale 
ingguil qñg icacayap ding caladuara am- 
pón ing caring catubalera. Dapatne ning 
igagalang á Sr. Arz. Clarez; linicasne qñg 
amanimg capampangan ning P. Fr. Gui- 
llermo Masnou qñg Ordinang S. Agus- 
tín. Cadduang pafigalimbag. Manila, im- 
prenta de Ramírez y Girandier 1876. 
12.° de 94 pág. 



MASSOT (FR. JOSÉ) C. 

Natural de Lérida, é hijo de Jaime 
Massot y de Isabel Ana. Tomó el hábito 
de S. Agustín en nuestro convento de 
Barcelona, y profesó en manos del Pa- 
dre Mtro. Fr. José Carreres á 24 de 
Agosto de 1657. Fué Doctor en Sagrada 
Teología de la Universidad de Barcelo- 
na, dos \cccs Definidor de la Provincia, 
otras dos Prior del convento citado, y 
una Visitador. Murió en Barcelona por 
los años de 1704, habiendo sido siempre 



Í^ORTUGUESES Y AMERICANOS. 



23^ 



caloso defensor de su madre hi Religión 
Agustiniana. 

A su pluma se debe el: 

* Compendio Historial de los IlenniLi- 
ños de Ahiesiro Padre San Agus/in, del 
Piincipado de Cataluña: desde los años de 
jg4 que empezó San Paulino á plantar 
Monasterios en dicho Principado, y de los 
que después se han plantado: Como tam- 
bién de los Varones Ilustres, que han flo- 
recido, ass; en letras, puestos, y virtudes, 
hasta los años de ióqq. Por el M. R. P. M. 
Fr. Joseph Massot: Rector que fué del 
Collegio de San Guillermo, Prior dos ve- 
zes del Convento de San Agustííi de Barce- 
lona, dos vezes Mcario Provincial del 
Principado de Cataluña. Visitador de la 
Provincia, Dotor en Santa Theología de la 
Universidad de Barcelona, y Examinador 
Synodal del Obispado de Urgel, hijo de la 
Ciudad de Lérida, y de hábito del Conven- 
ía de San Agustín dj la Ciudad de Barce- 
lona. Dedicado á mi Patrón, Espeso Purí- 
simo de María Santísima. Padre putativo 
de Jesu-Christo, Redentor nuestro, el Glo- 
rioso San Josjph. Con licencias. En Bar- 
celona, en la Imprenta de Juan Solís. 
Impresor. Año de 1699, 4." — Jord. t. 3.", 
p. 371.— Torres Am. p. ^u.—B. E. t. 
13, p. .161.— Lant., vol. III, p. 399.— 
Rom. Muñ. 97. 

MARTÍNEZ DE INSAUSTI (FR. SI- 
MÓN) C. 

Natural de Zaragoza é hijo de Martin 
é Isabel la Rea. Tomó el habito en el 
convento de dicha ciudad, y profesó en 
manos del P. Fr. Gerónimo Aldobera á 
9 de Junio de 1600. Fué el P. Insausti 
gran siervo de Dios, y caritativo en ex- 
tremo con los enfermos y pobres. En el 
1624 nombráronle Prior del convento 
de Zaragoza, y el 1639 le tocó presidir 
el Capítulo Provincial que se celebró 



en Valencia. A su virtud intachable, 
unía la cualidad de ser gran letrado, 
sobre todo en materias teológicas. Mu- 
rió en el convento de Zaragoza á 3 de 
Marzo de 1643. 

Se conservaban algunos manuscritos 
suyos en el convento de S. Agustín de 
Zaragoza. Níida más dice el continua- 
dor de Latassa Sr. Gómez Uriel. — El 
mismo t. II, p. 271. — Jord. t. 3.''p. 99. 

MATÍAS (FR. MANUEL DE S.) C. 

Natural de Ürmuz en Portugal, y 
perteneciente á la Congregación de la 
India. Profesó en 1Ó22, y después de 
haber explicado Teología, fué Definidor 
y Rector del Colegio donde murió á 19 
de Junio de 1Ó73. 

Escribió: 

Memorias de algumas cousas memora- 
veis do Convento de S. Monica de Coa nos 
principios da sua fundacao. MS. Barb. 
ÍVlach. t. 3.° p. 



307 



MATÍAS PANIVINO (FR. JOSÉ) C. 

Tomó el hábito de S. Agustín en el 
convento de Zaragoza y profesó el 25 
de Marzo de 1678 en manos del P. Fray 
José Antonio de Urrea. Fué Doctor en 
Teología y Prior del convento de Hues- 
ca el 169]. 

Ninguna noticia tenemos de los es- 
critos de este Agustino sino la siguiente 
tomada de Latassa, últimamente añadi- 
do y refundido por el Sr. Gómez Uriel: 
«Suponemos, dice, que á sus escritos les 
cupo la suerte que á la mayoría de los 
existentes en las Hbrerías de las comu- 
nidades religiosas.»— El mismo t. II, 
p. 292. — Jord. t. 3." p. 202. 

MAYA (FR. FRANCISCO DE) C. 
Natural de Braga en Portugal, c hijo 



236 



Escritores agustinos tspANOLEá, 



de Antonio de Maya, y de Alaria de 
Medeiros, ambos de intachables cos- 
tumbres y muy solícitos en la cristiana 
educación del joven Francisco, el cual 
vistió el hábito de S. Agustín en el con- 
vento de Ntra. Sra. de Gracia de Lisboa 
donde profesó el 27 de Mayo del 1607. 
Explicó Teología, y mereció grandes 
aplausos por el talento que desplegó 
para el pulpito, de lo cual, es buena 
pruebael Sermón que tanto alaba Juan 
Soarez de Brito en su Thealr. Lusil. Lit- 
tcr. y lleva el siguiente título: 

Sermao ñas Exequias do Illustrissimo e 
Reverendissimo Senhor D. Affonso Furia- 
do de Mendoqa Deao que foy da Sé Metro- 
politana de Lisboa, Reytor da Universidade 
de Coimbra, Conselheiro Ecclesiastico do 
Supremo Conselho desta Coroa em Casle- 
lla, Presidente da Mesa, da Conciencia, e 
Ordens, Bispo da Guarda, Bispo Conde, 
Arcebispo, e Senhor de Braga, Primaz de 
Espanha, e idtimamente Arcebispo de Lis- 
boa e Governado) deste Reyno, pregado na 
Sé de Lisboa a 6 de Jidho de 163/. Lisboa, 
por Pedro Craesbeeck, 1631. En 4.". — 
Barb. Mach. tom. 2." p. 181.— Inoc. da 
Sil. t. 11, p. 434. 

MAY AYO (FR. PEDRO) C. 

Natural de Cenarbe en la provincia de 
Zaragoza, hijo de Pedro Mayayo y Ma- 
ría de Hijos. Tomó el hábito en el con- 
vento de Zaragoza, y profesó en manos 
del P. Fr. Fernando de Ardilla el día 
2 de Setiembre de 1 593. Fué tenido por 
uno de los mejores teólogos de su tiem- 
po, y gran historiador. Pasó á Italia y 
fué Regente de Estudios en el convento 
de Bucini. Murió en el de Zaragoza por 
los años de 1629. 

Estampó un Árbol de la Religión en 
que puso algunos Religiosos ilustres de 



la Provincia de Aragón con sus corres- 
pondientes elogios.— Jord. t. 3."p. 185. 
— B. E. t. 13, p. 592. — Lant. vol. 111, 
p. 428.— Lat. t. 11, p. 295. 

M.\YOR(FR. FRANCISCO)C. 

Acerca de este Agustino tomamos de 
Fuster los siguientes datos biográficos. 

«Nació en Villajoyosa en 1744, y desde 
su tierna edad se aplicó á la carrera de 
Jas letras. Estudió en su patria la gra- 
mática, y bien adelantado en ella, vistió 
el hábito de S. Agustín en esta ciudad, 
donde profesó, haciéndose hijo de há- 
bito del convento de Agustinos de \'i- 
llajoyosa. Su buen talento, continua 
aplicación, junto con una bella índole, 
que no llegó á conocer las distracciones 
permitidas en su estado, le merecieron 
notorios aventajamientos á sus com- 
pañeros en los estudios de filosofía y 
teología, á cuyas lecturas se opuso, y 
consiguió, leyendo los doce años que 
previene su instituto para obtener la 
jubilación. Aficionóse muy particular- 
mente al estudio de sagrados Cáno- 
nes y Disciplina de la Iglesia, sobre 
cuyas materias, á más de las teológicas, 
presentó un selecto y voluminoso cuer- 
po de Conclusiones, que defendió en 
Barcelona en un Capítulo Provincial con 
asombro del numerosísimo auditorio, 
en cuyo acto tuvo la satisfacción de de- 
cir á la letra todas las citas, autoridades 
y cánones que versaron en los públicos 
argumentos, no permitiendo que los 
arguyentes apuntasen sino una ó dos 
palabras, prueba harto rara, y acaso 
singular, de su profundo estudio y te- 
nacísima memoria. Túvola muy feliz, 
y no dejó jamás de cultivarla aun en 
medio de sus ocupaciones, y de muchos 
años de priorato en el convento de Ali- 
cante, y doce del de S. Agustín de Al- 



PORTUGUESES Y AMERICANOS. 



237 



Cira, sin dejar nunca los libros de la 
mano.» 

«Retiróse al monasterio de la Presen- 
tación de Religiosas Recoletas de su 
Orden en esta ciudad (Valencia) donde 
moró otros doce años con el empleo de 
Vicario. Aquí se dio á conocer y trató 
con los literatos de Valencia. Cultivó 
desde joven la amistad del Sr. Mayans. 
quien apreciaba en él el saber y aplica- 
ción. Fué un literato de mucha honra- 
dez, irreprensible religiosidad, de trato 
sumamente apacible, y tan universal en 
sus conocimientos, que dificultosamen- 
te podría distinguirse cual era su prin- 
cipal estudio: porque igualmente se 
producía sobre los arcanos de la Teolo- 
gía, Cánones, Disciplina de la Iglesia, 
Historia sagrada y profana, Geografía, 
Comercio. Agricultura, nobles artes etc. 
que sobre otras materias políticas; y en 
todo tan sin tropiezo, como si hubiera 
tomado de coro poco antes pensamien- 
tos selectísimos, muy criticamente com- 
binados. Fué condecorado en su Reli- 
gión con el grado de Maestro y Doctor 
Teólogo, Prior del convento de San 
Agustín de esta ciudad, y Vicario Pro- 
vincial, en cuyos empleos y casa falle- 
ció en i8t8.» 

Escribió: 

I. De la claridad de las obras de San 
Agustín. 

Trabajó sobre esta materia una sabia 
disertación de orden del General de la 
Orden Fr. Francisco Xavier V¿izquez, 
que envió á Roma, donde residía aquel 
Prelado, el que satisfecho de los traba- 
jos del Autor, para generalizarla más, 
le mandó la trasladase al latín, como lo 
hizo dándole por título: De perspkuilalc 
operiim Sa?7cli Aiigiisíini. Esta versión se 
envió también á Roma, v no sabemos 
si se imprimió. 



2. Disertación canónica sobre la legiti- 
midad y valor de las causas de la seculari- 
zación de los regulares. 

Parece que el Autor trabajó esta obra 
á impulso del Excmo. Sr. D. Fr. Vere- 
mundo Arias Teyxeiro, Arzobispo de 
Valencia. Se guardaba en la librería de 
S. Agustín. 

3. De jure canónico. 

Más de veinte años empleó el Autor 
en el trabajo de esta obra, que dejó sin 
poner en limpio en una gran porción 
de líos ó paquetes, todos escritos de su 
puño. Sin duda la hubiera apreciado el 
público por haberse esmerado el Autor 
en tratar del Derecho Español. Sólo han 
quedado en limpio los Prolegómenos de 
ella, escritos con letra primorosa. Su 
título es: Prolegomcna de origine Po- 
tesíatis Ecclesix in causibus condendis. 
Consta de 199 páginas en folio. Existía 
en la biblioteca de S. Agustín. 

4. El proceso de Napoleón o sombra 
del Dr. Igual. Valencia, por Brusola, 
181 3. — Fust. t. II, p. 406. — Biog. Ecl. 
t. 13, p. 600. — Lant. vol. III, p. 347. 

MAZUETA (FR. JOSÉ) C. 

Para estampar aquí el nombre del 
P. Mazueta confieso ingenuamente que 
no he tenido otra razón sino la de haber 
encontrado en un ejemplar del Pron- 
tuario Moral del P. Ldrraga, impreso el 
1780, una nota que dice así: «Está aña- 
dido y reformado por el P. M. Fr. Jo- 
seph Mazueta, Agustino Calzado de la 
Provincia de Castilla, y no por D. Fran- 
cisco Santos y Grosín, como se lee en la 
siguiente hoja, (alude á la portada del 
dicho Promptuario) pues éste se fingió 
autor de estos tratados de lo que do}^ fe, 
y para que conste lo firmo. Madrid y 
Diciembre diez y siete de mil setecien- 
tos y ochenta. — M. Drucke Gro.» 



:^8 



Escritores agustinos espaívoles. 



Ignoro quien sea este Sr. Drucke, y 
la fe que puede merecer, pero la nota 
trascrita está puesta en el mismo año 
en que se imprimió en Madrid la obra 
de que se trata. 

MEDINA (FR. FRANCISCO DE) C. 

Hijo de nuestro convento de Méjico 
donde entró abandonando las cuantio- 
sas riquezas que poseía en el siglo, para 
alcanzar con el ejercicio de las virtudes 
las de la vida eterna. Desde el día que 
tomó el hábito hasta el de su muerte, 
trajo á raiz de las carnes un áspero cili- 
cio, habiendo sido en todo tiempo ob- 
servantísimo en el cumplimiento de los 
deberes religiosos. 

Después de estudiar Artes y Teología, 
aprendió la lengua Otomí, y comenzó á 
predicar y administrar á los naturales 
con grande caridad. Acosado de escrú- 
pulos, se hubo de volver á Méjico, donde 
pasó el resto de su vida dado á la ora- 
ción y contemplación, siendo puntualí- 
simo en la asistencia á coro y demás 
actos de comunidad, cual si fuera sim- 
ple corista. Murió el año de 1590, con- 
tando noventa años de edad. 

Escribió: 

Vida V milaorros de S. Nicolás de To- 
lentino. — Grijalva, p. 201. col. i.' — Lan- 
teri vol. III, p. .418. 

MEDINA (FR. JUAN DE) C 

Natural de Sevilla, é hijo del conven- 
to de dicha Ciudad. Pasó á las Islas Fi- 
lipinas en la misión que condujo el 
Padre Visitador General V\\ Diego de 
Guevara, después Obispo de Camari- 
nes. Así que llegó al Archipiélago, en- 
viáronle á la provincia de Panay, donde 
muy en breve aprendió con perfección 
la lengua bisaya, que llaman Ililegue- 



yeyma, y la Sangleya Chinchea, y dio 
comienzo á sus trabajos apostólicos con 
grandísimo fruto de las almas, especial- 
mente en el pueblo de Panay, donde era 
más continuada su asistencia. En los 
días de fiesta predicaba en Bisaya, Sen- 
gleya y Español, por haber en el men- 
cionado pueblo muchos que sólo en- 
tendían alguno de los tres idiomas. 
Su modo de vivir era sobremanera edi- 
ficante; no se cansaba de enseñar la 
doctrina á los indios, era penitente y 
de grande abstinencia, sustentándose 
de sólo raices y yerbas de la tierra, sin 
comer carne sino obligado de gravísi- 
ma necesidad; tan modesto, que no 
levantaba los ojos de la tierra, y en 
medio de todo de una afabilidad y pru- 
dencia que encantaba. 

Siendo Prior del Convento de Du- 
mangas, desplegó su ardiente celo en 
hacer desaparecer de aquellos montes 
á los Manganiteros, gente perversa que 
se ocupaba en ofrecer sacrificios á los 
mismos demonios. Mucho le hubo de 
costar esta empresa, que al fin vio co- 
ronada de feliz éxito, gracias á las fer- 
vorosas oraciones que sin cesar elevaba 
al Señor. No es decible cuanto trabajó 
el P. Juan en la reducción de los indios 
de la provincia de Ogtón, cuando por 
la lle2,-ada de los holandeses á Iloilo, 
huyeron todos á los montes, dejando 
desamparados los pueblos que tanto 
había costado formar. De monte en 
monte iba predicándoles para que se 
redujesen de nuevo á poblado, mas en- 
contraba tenaz resistencia en los baba}'- 
lones, ministros de Satanás, que procu- 
raban por todas vías amedrentar á los 
infelices indios, á fin de que persevera- 
sen en los montes, y que abandonaran 
el trato de los españoles. Vióse por esta 
causa en grandísimos pefigros de per- 



PORTUGUESES Y AMERICANOS, 



39 



derla vida en las continuas asechanzas 
que aquellos esclavos del demonio le 
tendían; pero de todas le libró la divi- 
na Providencia que velaba misericor- 
diosa por la conservación de aquellas 
cristiandades. 

Al cabo de veinte años que el P. Juan 
llevaba en las Provincias de Bisa3'as, el 
Señor, para mejor acrisolar su- virtud, 
permitió carg:ara sobre él tal tropel de 
penosos escrúpulos, que no hallando 
consuelo en nin^^una parte, determinó 
volver á España. Obtenida la licencia. 
embarcóse para Nueva España en una 
nao, tan de malas condiciones, que es- 
tando levantando el ancla volcó de)¿in- 
dose caer sobre la banda de estribor, 
sin poder remediar el que quedaran 
ahogadas muchas personas, salv¿\ndose 
nuestro agustino casi milagrosamente. 
Además de esta vez vióse otras cinco en 
peligro de muerte, como lo cuenta él 
mismo en un cuaderno de noticias que 
dejó escrito. Tres años después de la 
catiistrofe de la nao, y corriendo el 1635 
embarcóse segunda vez para Nueva Es- 
paña, y caminando ya por alta mar 
cayó gravemente enfermo, llevándosele 
Dios cuando contaba unos cincuenta 
años de edad. 

El P. Cano, hablando del P. Juan de 
Medina, hace mención de una Hislorij 
de Fíliprnas que escribió, y que todavía 
se conservaba inédita en el archivo del 
convento de Manila. No sabemos si la 
dicha Ilislon'a se referirá al Cuaderno de 
nolicias arriba mencionado, ó sera otra 
obra de las muchas que dejó escritas, 
como lo indica el P. Diaz en el siguien- 
te párrafo que copiamos de las Con- 
quistas de Filipinas. 

«Los ratos, dice, que este Religioso 
tenía desocupados de ministerio 3' de 
sus ejercicios, los gastaba en componer 



libros y tratados provechosos, así para 
la enseñanza de los indios, como para 
el uso de los demás ministros de la Pro- 
vincia. Es tanto lo que compuso, que 
causa admiración; pues el día de hoy, 
haciendo tantos años que faltó, se ha- 
llan en la provincia de Bisayas tantas 
obras, que sólo lo que he visto escrito 
de su mano, podía componer muchos 
tomos de á folio; pues los sermones 
sueltos son muchos, y los tratados que 
andan así en poder de lo.s ministros, 
como de los indios son tantos, que no 
fuera hiperbólica cualquiera compara- 
ción: con las cuales obras está este va- 
rón apostólico haciendo mucho fruto el 
día de hoy, porque iuc elegantísimo, y 
propio su modo de hablar; y tanto, que 
era el oráculo de los naturales,. en las 
dificultades que en su propia lengua se 
ofrecían." — E. P. Diaz en el cap. XXI 
del Lib. 11. — Can. p. 52. — Osar. p. 290. 

íMEDINA rincón (FR. JUAN DE) C. 

Natural de Segovia, é hijo del Eiscal 
del Rey en la Audiencia de Méjico. En 
el convento de dicha ciudad vistió el 
hábito de S. Agustín el año de 1542, y 
en el mismo terminó la carrera de sus 
estudios llegando á ser aventajado teó- 
logo, y muy instruido en las lenguas 
mejicana}^ otomita, en las cuales pre- 
dicaba con elocuencia }- primor. El 1556 
fue electo Provincial con gran senti- 
miento suyo, mas con aprobación y 
gusto de todos. En acabando el oficio, 
retiróse al pueblo de Aeatláa con el fin 
de pasar en él lo restante de su vida, y 
estando aquí fué nombrado Obispo de 
Mechoacán. Con las nuevas obligacio- 
nes creció tanto en la virtud, que fué 
modelo de perfección: y el Autor de la 
Mesa franca le llama dechado de Obispos, 
varón verdadero apostólico, pobre de espi- 



240 



Escritores agustinos españoles, 



rilu, y rico de celo de la honra de Dios y 
de su Iglesia. Su trato ítíé tan afable, y 
tan severa su disciplina, que causaba en 
todos admiración el ver juntos extremos 
tan distantes. Procuró aprender la len- 
gua tarasca á iin de comunicarse con 
los indios, de lo cual recibían gran fa- 
vor, porque les oía hablar de sus traba- 
jos, y les consolaba con amor de padre. 
En el trato de su persona quedó tan 
fraile después de Obispo, que nada va- 
rió ni en el hábito, ni en la austeridad 
de vida. En la caridad con los necesi- 
tados, y sobre todo con los pobres ver- 
gonzantes, fué dignísimo imitador de 
nuestro Santo Tomás de Villanueva. 
Pasó á mejor vida el año de 1588. 
Escribió: 

1. Vida y milagros del V. P. Fr. Juan 
Bautista de Moya. Encuéntrase impresa 
en la Ilist. del Conv. de S. Agust. de 
Salam. por el P. Tomás Herrera, párra- 
fo 326-35. 

2. Varios tratados piadosos. — Grijalva 
p. 123 y 144.— Nic. Aut. t. I,p. 741.— 
Herr. Alph. Aug. t. 1, p. 406. — Ossin. 
p. 572. — Pamph. p. 119 y 124. — Torelli 
t. VIH. p. 577. n. 6. — Lant.vol. II, p. 305. 
Pin. col. 755. 

MEDRAXO (FR. JUAN) C. 

Natural de Bureba, profesó en nues- 
tro convento de Burgos, de donde par- 
tió para las Islas Filipinas, y administró 
los pueblos de Guagua, Lubao, Bacolor, 
Apalit, México, Minalín, Candaba, Ma- 
cabebe y Betis. Fué Definidor y murió 
en Betis el 1728. 

Dejó escrito: 

1. Tradujo al pampango el Catecis- 
mo del Cardenal Belarniino, y le impri- 
mió en 1 7 17. 

2. Sumario de las Indulgencias de la 
Correa. Impreso en 1718. 



3. Confesonario en español y pam- 
pango. 

4. Sermones morales. Dos tomos ma- 
nuscritos. — Can. p. 05. — Osar. p. 2f/j. 

MFGÍA (FR. ANTONIO SANTOS) C. 

Administró en Filipinas los pueblos 
de Agoo, Vigan, Sinait, Bacarra, Santa 
Cruz, Pura, Dingras, Candón y Laoag 
donde murió el 1659. 

Escribió varios libros en ilocano, y 
dejó impresa la: 

Pasión de nuestro Señor Jesu Cliristo, 
escrita en lengua ilocana por el M. R. Pa- 
dre Fr. Antonio Mejia: al fin van ¡as Es- 
taciones, y algimas Pláticas y oraciones 
para cuando confiesan y comulgan los 
naturales de estas Provincias, por el Pa- 
dre Fr. Bernardino Márquez. Corregido y 
enmendado por el M. R. P. Fr. Gregorio 
Martínez, Comisario y Procurador Gene- 
ral de la Provincia de Agustinos Calzados 
de Filipinas. Madrid: 1845. Imprenta ^^'^ 
D. José Cosme de la Peña. En 8.^ — Can. 
p. 55.— Osar p. 291. Lant. vol. III, pár- 
rafo 383. 

MECÍA (FR. PEDRO) C. 

Natural de la Mancha, y profeso en el 
convento de Agustinos Calzadosde esta 
ciudad. En Filipinas fué Prior de Gua- 
dalupe en i()2i, y en diversos tiempos 
administró los pueblos de Narvacan, 
Calumpit. Baoang, Taal, Pasig, Bulacan 
y Guiguinto donde murió el 1059. Tam- 
bién íué Definidor y Msitador. 

En el Osario se cita al P. Pedro Megía 
como escritor sin especificar ninguno 
ele sus escritos. — I"l mismo p. 289. — 
Can. p. s8. 



PORTUGUESES Y AMERICANOS. 



MI 



MEIRELLES(FR. BENITO). 

Nació en la feligresía de Felgueiras 
de la comarca de Penafiel cerca de 
Oporto el día 20 de Enero de 1698. Sus 
padres íueron Manuel de Beza y Juana 
Meirelles.Tomó el hábito de S. Agustín 
en el convento de Lisboa á 1 5 de Octu- 
bre de 1 7 16. Fué catedrático en nues- 
tros colegios de l>raga y Coimbra hasta 
llegar ¿i ser Jubilado y Presentado. Por 
su diligencia se imprimieron las Obras 
Teológicas del Agustino Irlandés P>ay 
Agustín (libbón, las cuales aumentó 
considerablemente con varios argu- 
mentos y respuestas, ademáis del índice 
general, y cuatro Trjfjdos contra Lule- 
ro, intimamente añadió otro Tratado de 
Siciaicia Idcali. 

Publicáronse los siete tomos en Coim- 
bra por Anio Simoens, tipógrafo de la 
Universidad en los años de 1740 y si- 
guientes. — Barb. Mach. t. IV p, 73. — 
Ossing. p. 573. — Lant. vul. 111, p. i]i.— 
Far. t. I. p. 264. 

MELlA(FR. JOSÉ)C. 

Debemos á la pluma del P. Francisco 
Tomás Hurtado, que conoció y trató 
por muchos años al P. Melia, los si- 
guientes apuntes biográlicos. 

o Fué dicho Mtro. Melia natural de 
Valencia de muy honrada femilia, y 
tuvo en nuestra Orden otros dos her- 
manos... El Mtro. Meliá había recibido 
en la Universidad de Valencia el grado 
de Maestro en Artes, y después de reli- 
gioso, el de Doctor en Teología. En el 
claustro cumplió honrosamente con to- 
dos los cargos de la carrera literaria. 
Leyó Artes y Teología; se opuso á las 
Cátedrasde la Universidad; fué Regente 
de Estudios en el Real convento de Va- 



lencia; le condecoró el Rmo. P. General 
con el grado de Mtro. y Doctor Teólogo; 
fué Prior del convento de Alicante, Se- 
cretario de Provincia, siendo Provincial 
otro de los discípulos de dicho P. Maes- 
tro, y por último Prior del convento de 
Valencia, oficio que hubo de renunciar 
á mitad de su trienio, admitiéndole el 
Prelado Superior la dimisión hecha por 
tercera vez, y publicada con santo gozo 
del Maestro Meliá como sentimiento y 
kigrimas de la (x)munidad que miraba 
á su frente a un varón de Dios en la 
persona de su Prelado. Es muy dulce 
la menioria de este ejemplar Religioso, 
cuya conducta siempre igual no edificó 
menos en su juventud que en su vejez. 
Yo no conocí en S. Agustín religioso 
de mayor retiro que el Maestro Melia, 
ni tampoco de más estudio. Como pa- 
decía grandes escrúpulos en el rezo del 
oficio divino, y no podía rezar sin com- 
pañero, yo le asistí ocho ó nueve años 
este punto; y con motivo de ello, sobre 
ir á su celda en horas muy diferentes, 
jamás le encontré sino estudiando, ó 
leyendo hbros de sólida piedad, ó de 
teología mística. ¡Tal era su ocupación 
y tan continua! De ello nacía el tener el 
Maestro Meliá como en la mano las más 
sabias resoluciones en las dudas sobre 
materias de moralidad y de conciencia, 
asuntos en que le consultaban domésti- 
cos y extraños. Vi muchas veces en su 
celda á diferentes eclesiásticos que ve- 
nían á buscar en él las resoluciones de 
sus dudas, y muchos de ellos eran su- 
jetos de gran valer... Tenía don de Dios 
para quitar á otros los escrúpulos, pero 
el Señor le ejercitaba permitiendo ó 
disponiendo que él quedase con los de 
todos los demás... Ejercitó el Maestro 
Meliá su caridad con los prójimos en el 
confesonario, cuyo santo ministerio ape- 



24- 



I^SCRITORES AGUSTINOS ESPAÑOLES, PORTUGUESES Y AMERICANOS. 



ñas luib«j día que no lo ocupase algunas 
horas, y muchas más en los días festi- 
vos... I'ué el Maestro Meliá muy pobre. 
Con la licencia de su Prelado cedió á va- 
rios de SU familia ya el todo ya parte del 
producto annuo de la renta corta que 
le dejaron sus padres. Tal era su des- 
interés. Cuando le eligieron Prior del 
Real convento de Valencia, no tenía en 
la celda sino un vaso, y éste de vidrio en 
un plato como los que la Comunidad 
usaba en refectorio. El hábito nuevo, 
que á su tiempo le daba la Comunidad, 
ó le cedía á su hermano Fr. Agustín 
lego, ó á sus compañeros coristas. Ja- 
más le permitió que éste le sirviese en 
otra cosa que en acompañarle fuera de 
casa. Por sí se limpiaba y barría la cel- 
da, hacía y envolvía la ropa de la cama, 
sacaba agua y la conducía á la celda.... 
Él por su mano se lavaba los pañuelos 
ó pañuelo, porque los últimos años de 
su vida oí que no tenía más de uno que 
es el que limpiaba y enjugaba al sol. 
Tal era su pobreza. El amor á esta vir- 
tud le hizo mirar con horror una por- 
ción de dinero que le cupo de las colec- 
tas de la Provincia por su oficio de 
secretario, y por echárselo de encima, 
lo empleó en hermosear de azulejos 
todo el refectorio, quedando sin un 
ochavo. . Como era por extremo hu- 
milde siempre se consideró inepto para 
escribir obras originales, y me decía 



con frecuencia: «no sirvo sino para co- 
sas de trabajo material.» Este bajo con- 
cepto le sujetó al trabajo de algunas 
obras que solía decir mecánicas. Tal 
era en su concepto un compendio de 
todas las doctrinas místicas que trabajó, 
entresacando á la letra lo que se halla 
esparcido en la vida de la venerable 
Ana Ruiz de Guardamar, obra del gran- 
de místico agustiniano el Maestro Fray 
Tomás Pérez. Escribió á más el Maestro 
Meliá un Ceremonial breve para esta 
Provincia, según lo dispuesto por un 
Capítulo Provincial en los días de dicho 
P. Maestro. Publicóse en la imprenta 
de Esteban y Cervera, de esta ciudad, 
una Novena al Patriarca S. José para 
lograr por su patrocinio una buena 
muerte, obra del Maestro Meliá. El mis- 
mo puso la última mano en la obra ti- 
tulada: Triejiio Josefino^ publicado va- 
rias veces en Valencia, y extendida por 
toda España, y fuera de ella en los ejer- 
cicios de los diez y nueve en cada mes. 
Esta obra fué encararada á otro sacer- 
dote de nuestra Orden, y la trabajó 
inuy difusamente. El Maestro Meliá la 
compendió, escribió el prólogo de ella y 
dos ó tres meditaciones, harto conoci- 
das por la especial unción que las acom- 
paña muy superior á las demás.» 



Fr. B. M. 



(Se coiíliniLvá.) 






\ PXrola Scienza ed Arte, ossia 
Processo psicológico, ¿tico ed es- 
tético neir nomo pcl P. Raffaclc 
Colantuoni, Agostiniano. Volume primo. 
(Prezzo Lir. 270.) Napoli stabilmcnto li- 
pográfico dcir Ancora,' 1884, 8.°, pp. ^92. 

Esta obra del sabio agustino P. Rafael 
Colantuoni, con más propiedad pudiera 
llamarse, á mi entender, con el título de 
Misceláneas filosófico-íeológicas, en aten- 
ción á las cuestiones fundamentales de 
una y otra ciencia que en ella se tratan. 
Nos dice el autor en su prólogo que el 
presente trabajo es una de sus tres obras 
de filosofía práctica, y así como en las 
otras dos (i) refutó el socialismo moderno 
y el escepticismo de nuestros días, así 
también quiere en ésta combatir con ar- 
gumentos de buena ley el error no menos 
funesto que los anteriores, el triunfante 
materialismo de nuestros tiempos. Y como 
éste no es otra cosa que la negación abso- 
luta de todo espíritu y la supresión com- 
pleta de una rama de la filosofía, cual lo es 
la psicología, el Autor empieza por afirmar 
esta última, dando cabida en su obra á las 
cuestiones más delicadas y difíciles que en 



(1) II Socialismo ¿hvanti al Vangelo: I Nuovi Ac.tdemici. 



aquélla se tratan. De aquí: el modo como 
el entendimiento humano adquiere las 
ideas, las operaciones de nuestra mente, 
el oficio que desempeñan nuestros senti- 
dos, cómo expresamos nuestros conceptos, 
cuáles son las facultades principales del 
hombre, qué relaciones hay entre sus fa- 
cultades psicológicas y su constitución or- 
gánica, y todas las demá? cuestiones de 
psicología, constituyen lo que el Autor 
llama progreso ó desenvolvimiento psicoló- 
gico en el homb'-e. 

Resueltas todas estas cuestiones en el 
sentido que dicta la sana filosofía y la rec- 
ta razón, pasa, por vía de corolario, á de- 
mostrar la futilidad de los argumentos en 
que se apoya el materialismo, y sus funes- 
tas consecuencias. Prueba que ningún ex- 
perimento ni razón alguna asistená los ma- 
terialistas para declarar dependientes del 
cerebro á las operaciones mentales, que es 
infundada y aun paradógica la teoría del 
alma celular y de la vida psicológica de 
los animales; todo esto, por supuesto, des- 
pués de haber examinado las nociones de 
sustancia y accidente, para caminar por 
senda más segura. 

Una vez ya examinado lo que es el hom- 
bre en su ser físico, el autor indaga lo que 



2-H 



Bibliografía. 



es el hombre en su ser moral y social: esto 
se presta para discurrir con acierto acerca 
de su libertad y de la responsabilidad de 
sus acciones, para determinar la naturale- 
za de ley y la idea del bien en jíeneral. 
Concretando después la cuestión, y consi- 
derando al hombre en perfecta sociedad, 
así ci\ il como religiosa, entra de lleno en 
cuestiones que pudiéramos llamar político- 
religiosas, y en este ancho campo investi- 
ga los así llamados problemas palpilanlcs 
de estos últimos tiempos, las relaciones 
entre la Iglesia y el estado, cuál es el nudo 
de armonía entre las dos sociedades, com- 
batiendo las erradas opiniones acerca de 
la materia, y refutando los esfuerzos mo- 
dernos por introducir el naturalismo en 
Religión. 

Como todas las verdades católicas están 
enlazados por una cadena de oro, de mane- 
ra que apenas se puede tratar de una sin 
que la pluma se corra á tratar de otra, el 
ilustre agustino se entretiene como de paso 
(de paso decimos, porque á tratar del asun- 
to como él lo requiere se necesitarían folios) 
en exponer la armonía que existe entre los 
misterios y la sana razón; cómo la fe sale 
triunfante del riguroso confronte de la 
teología con todos los principios de la 
ciencia humana, y cómo la investigación 
en las ciencias humanas conduce al dog- 
ma, y el dogma no impide la investigación. 
El misterio de la Trinidad, el dogma de la 
infalibilidad, el de la resurrección de la 
carne, el de la creación y el de la concep- 
ción inmaculada en sus relaciones con las 
diversas ramas de las ciencias naturales, 
constituyen el segundo punto de la obra, ó 
sea, el progreso ó desenvolvimiento ético en 
el hombre; ocupando, como es regular, el 
examen de la naturaleza y fundamentos de 
la fe una parte no pequeña de este segundo 
punto de su trabajo; y con esto da fin en el 
primer tomo á los dos primeros puntos de 
su obra; dejando para el segundo el tratar 
del desenvolvimiento estético en el hombre, 
punto que será mejor dilucidado, pues se- 
gún los gustos literarios del autor, es el que 



mejor se presta á sus estudios y el objeto 
principal á que se dirige su obra; no vinien- 
do á ser los dos anteriores más que una 
preparación, digámoslo así, para tratar con 
profundidad el tercero. De él hablaremos 
en su tiempo. E. W. 



Anales de Nuestra Señora del sagrado 
Corazón de Jesús. 

Con este título publican los PP. Misio- 
neros del Sagrado Corazón de Jesús, es- 
tablecidos en Barcelona, calle de Rosellón, 
4 5, Gracia, una Revista, que podemos lla- 
mar manojito aromático compuesto de mil 
variadas flores. 

Eos PP. Misioneros han heredado por 
completo el espíritu de aquella brillantísi- 
ma antorcha de la Iglesia española, de 
aquel infatigable Apóstol de las almas, de 
aquel héroe magnánimo de la cristiandad, 
á quien veneran como á Padre y Fundador 
de su Instituto, y no perdonan medio ni 
sacrificio alguno para continuar la bené- 
fica obra de regeneración, que él con tanta 
gloria suya comenzó. 

¿Quién no conoce al Excmo. elimo. Señor 
D. Antonio María Claret? cquién no ha oído 
hablar de sus ímprobos trabajos? cá quién 
no admira su acendrada piedad? cquién no 
ha sentido los efectos de su ardentísimo 
celo? Él, en efecto, por no recordar otras 
muchísimas empresas dignas de impere- 
cedera memoria, que nos conducirían fue- 
ra de nuestro propósito, dio á luz un sin- 
número de libros acomodados á toda clase 
de personas, necesidades, estados y condi- 
ciones de la vida, todo con el objeto de 
arraigar más y más la devoción en el alma 
de los fieles, y depararles así un medio 
de salud. 

De la misma manera sus hijos: no sólo 
tienen á su cuidado la civilización de parte 
de la Occeanía; no sólo predican la pa- 
labra de Dios por todas las ciudades, vi- 
llas, pueblos y aldeas; no sólo ofrecen á 
los fieles mil objetos de devoción para su 
aprovechamiento espiritual; sino que tam- 



Bini,ior,RAFÍA. 



-'45 



bien escriben libros y fundan Revistas, 
que, como lo reclaman las exigencias de la 
época actual irreligiosa y turbulenta, se 
dedican á extender por doquiera el amor 
hacia los Sacratísimos Corazones de Jesús 
y María, que tan opimos frutos ha produ- 
cido y seguirá produciendo en toda la Re- 
ligión cristiana. 

Son, pues, los «A/zj/fs» una Revista pia- 
dosa mensual dedicada á fomentar la de- 
voción en los asociados y en todas las per- 
sonas, que celosas de sí mismas, buscan 
con verdadero interés la salvación de sus 
almas. Eq ella se declaran los misterios de 
las festividades más principales del año; 
se publican importantes y curiosísimas car- 
tas de sus misioneros; «se refiere lo nuis no- 
table, que ocurre en la Asociación,» y se 
consignan los prodigios que frecuentemen- 
te se obran por la mediación de la Santísi- 
ma \'irgen en todo el globo. 

El dignísimo Prelado diocesano la apro- 
bó, la Santidad de Pío IX la bendijo, y si 
esto no fuera sobrado motivo de recomen- 
dación, los diez y seis años que cuenta de 
existencia la harían más y más recomen- 
dable. 

Prosigan, por tanto, los PP. del Sagrado 
Corazón constantes en su precioso trabajo. 

Fr. J. P. de C. 



COLFXCIÓ.X DE TROZOS EN PROS.V. Y VERSO, 

escogidos en los autores modernos caste- 
llanos para uso de las clases de lectura de 
las escuelas elementales y superiores, por 
D. José .Muíalles y Sbert, Presbítero, Pro- 
fesor de primera enseñanza. — Palma de 
.Mallorca, 1885. 

El Sr. .Miralles ha sabido ordenar con 
excelente gusto y sabia elección un hermo- 
so ramillete de interesantísimas lecturas, 
muy á propósito para el objeto á que le 
destina. Puede juzgarse del interés de esta 
obrita por la lista de los autores de quie- 
nes va en ella incluido algún trabajo ó 
fragmento en prosa ó verso, y que, por 
el mismo orden con que vanen el libro son: 



Fernán Caballero, D.'' Emilia Pardo Bazán, 
P. Conrado Muiños, P. Luis Coloma, Polo 
y Peyrolón, Pereda, Navarro Villoslada, 
Aguiló, Patxot, Trueba, Madrazo, Tama- 
yo, Selgas, Díaz Carmona, Pidal (D. Ale- 
jandro), Fernández-Guerra (D. Aureliano y 
D. Luis), Cañete, Nocedal (D. Cándido), 
Piferrer, Catalina (D. Severo), Balmes, Qua- 
drado, Mencndez Pelayo, González Pedro- 
so, P. Mir, limo. P. Cámara, Donoso Cortés, 
Aparisi, Maura, Raimundo de Miguel, 
D. José Velarde, CoU y Vehí, la Avellane- 
da, Miguel Costa, Fernández Grilo, D.'' An- 
tonia Díaz de Lamarque, Arnao (D. Antonio) 
Moratín (D. Leandro), Gabino Tejado, Sán- 
chez de Castro (D. Francisco), Zea, Ossorio 
y Bernard, Zorrilla, López García, Martínez 
de la Rosa, Gaicano, Valentín Gómez, Val- 
buena, Sánchez de Castro (D. Manuel), 
Saco y Arce, Vera é Isla, Barrantes, Men- 
doza de Vives (D." María), Guerrero, Fron- 
taura, Alarcón y Mcnéndez, Blanca de los 
Ríos, Marqués de Villel, Gallego, Lista, 
Andrés Bello, Laverde, Carbonell, Molíns, 
el duque de Rivas, Catalina (D. Mariano) 
Iriarte, Samaniego , Príncipe, Carnicer, 
Fernández (D. Cayetano), Reinoso, Hart- 
zenbusch. Castro (D. Adolfo), López de 
Ayala y Eguílaz. 

Con decir que el libro está impreso en la 
tipografía católica balear, y aprobado por 
la autoridad eclesiástica, está dicho que su 
doctrina se halla ajustada al más sano cri- 
terio católico. 



Obras de D. AL\nüel Polo y Peyroi.óx. 
— Sacramento y Concubinato, con prólogo 
de D. Antonio de Trueba.— Los Mayos, con 
prólogo de D. Marcelino Menéndez Pelayo. 

Bien sentada tiene ante el público el 
Sr. Peyrolón su fama de escritor castizo y 
amenísimo novelista para que necesite de 
nuestros elogios. No vamos á recomendar 
esas obras, ya suficientemente recomenda- 
das unánimemente por la prensa y acre- 
ditadas por toda España; sino á cumplir 
con un deber de gratitud hacia el ilustre 



246 



BlRI.lOGRAFÍA. 



Académico correspondiente de la Española 
y Catedrático del Instituto de \'alencia. 

En el catálojío de sus obras puede ad- 
mirarse la flexibilidad de ingenio del Señor 
Polo y Peyrolón. Filósofo, orador, contro- 
versista, novelador y poeta, lo mismo es- 
cribe herniosos tratados de Psicnloi,'íj, 
Lubrica y Etica, que ensalza los méritos de 
Sta. Teresa de Jesús en brillante discurso 
leído ante la Academia de la Juventud ca- 
tólica valenciana, que refuta contundente- 
mente el trasformismo en su libro: Supues- 
to parentesco entre el hombre y el mono, 
que canta en gallardos versos todo lo bue- 
no y todo lo santn, ó pinta con mágico 
pincel las costumbres populares de la 
Sierra de Albarracín. Pero lo que hace al 
Sr. Peyrolón más apreciable todavía, es 
verle siempre el mismo, sibi constans, con- 
sagrando todas las variadas facultades con 
que Dios le ha enriquecido, á la verdad y 
el bien, sin manchar nunca su pluma ni 
distraerse un punto del nobilísimo propó- 
sito de mostrarse siempre en todas sus 
obras, escritor sinceramente católico apos- 
tólico romano. 

Esto, que en sí mismo constituye un título 
importante de recomendación, es además 
una ventaja para el novelista de costum- 
bres españolas. Hecho digno de estudio 
nos parece que los mejores novelistas de 
costumbres que hemos tenido en España 
hayan sido fervientes católicos. El senti- 
miento cristiano rebosa en las encantado- 
ras narraciones de Fernán Caballero y de 
Trueba, y no hay que decir que nuestro 
mejor novelista contemporáneo. Pereda, 
se distingue por su acendrado catolicismo. 
Y es que nuestro pueblo es profundamente 
católico, y sus costumbres, y sus senti- 
mientos, y sus frases están empapadas de 
catolicismo; y es que el catolicismo ha for- 
mado nuestra nacionalidad y nuestra len- 
gua, y para pintar bien cosas y costumbres 
españolas hay que tener corazón español, 
y el corazón español no puede ser más que 
católico. Todo lo que eso no sea es para 
nuestro pueblo hablar en griego: las fili- 



granas tenebrosas de la filosofía alemana 
repugnan á los que hemos nacido bajo el 
sol radiante y cielo azul de la meridional 
Iberia. Así ha sido hasta ahora, y así cree- 
mos que será en adelante: nuestro temple 
enérgico no se aviene con. tintas medias, 
verdades cercenadas ni errores parciales: 
los españoles serán siempre, ó católicos 
fervientes, ó ateos empedernidos. 

A la biUlantc falange de los novelistas 
que han interpretado fielmente en sus cua- 
dros el lenguaje y el sentir de nuestro ca- 
tólico pueblo, pertenece el Sr. Polo y Pey- 
rolón. Magistralmente describe en Los 
Mayos la poética costumbre de rondar los 
jóvenes á sus prometidas en la madrugada 
del i.° de Mayo, el mes de las flores. Inte- 
resan agradablemente los amores sencillos 
de José y María, contrariados por las ene- 
mistades de sus padres, el tío Tejeringo, 
viejo gruñón y atrabiliario, y la tía Moño- 
hueco, amazona hercúlea y maleante, y 
por la rivalidad de un cojitranco brutal y 
feo, pero rico. El cuadro que más nos 
gusta es el del sorteo de las Mayas. Cada 
joven de las más lindas ó distinguidas del 
pueblo se adjudica al mejor postor. José 
tiene empeño en llevar por Maya á María: 
pero el cojo le vence con su dinero y consi- 
gue llevársela. María concibe después ce- 
los de la Maya que habrá tocado á José. 
¡Qué hermosa idea la del autor al hacer 
que á José le tocase por Maya la \'irgen 
María! 

Los Mayos, á pesar del espíritu cristiano 
que informa á la preciosa novelita, puede 
pasar por obra de mero entretenimiento, 
comparada con Sacramento y Concubinato. 
donde el fin moral, ya suficientemente in- 
dicado en el título, llena toda la novela 
desde la primera hasta la última página. 
Es un acabado paralelo entre la felicidad y 
la paz del amor y el matrimonio cristianos 
y las desgraciadas consecuencias del ma- 
trimonio civil. Este pensamiento, perfec- 
tamente desarrollado, da excelente oca- 
sión al autor para magníficos contrastes de 
notable efecto, en que siempre lleva la 



Birliografi'a, 



'4/ 



ventaja el ideal cristiano. Hay caracteres 
admirablemente dibujados: el bonachón 
del tío Bernardo forma graciosa pareja con 
su costilla la tía Ruperta, algo regañona y 
descontentadiza, pero buena como el pan: 
el modesto y tierno Ángel, amante y des- 
pués esposo de la cristiana Casilda, está há- 
bilmente contrapuesto al petulante y revo- 
lucionario Blas, que se casa con la pizpereta 
vcasquivana Andrea por lo civil, haciéndola 
infeliz para toda su vida. Son tipos también 
de bulto los del tío Judas y el tío Solimán, 
que alternan con Entretelas, Majetc y Mi- 
chico. Abundan las escenas diestramen- 
te descritas: entre ellas sobresale por lo 
animada la de las conferencias á la puer- 
ta de la Iglesia; por lo cómica la del casa- 
miento civil de Andrea y Blasillo. No faltan 
descripciones dignas de Cervantes ni es- 
cascan los diálogos que parecen tomados 
del natural por su animación y esponta- 
neidad. 



El Sr. Polo pertenece en literatura á la 
escuela realista; pero con ese realismo 
sano que se reduce á reflejar fielmente las 
costumbres del pueblo, escogiendo, sin 
embargo, lo bello moral, y rechazando to- 
do lo que ofende, no sólo á la moralidad, 
sino también al estómago. Es realista como 
lo puede ser un escritor cristiano y un ar- 
tista de fino y delicado gusto. 

No dejaremos de rogar al Sr. Polo y 
Peyrolón que, ya que Dios le ha dado gra- 
cia é imaginación para idear preciosos cua- 
dros; estilo elegante y lenguaje castizo y 
puro, tan lejano del galicismo que todo lo 
invade, como de ciertc) prurito de arcaísmo 
que va generalizándose, siga ejercitando 
sus altas facultades en enriquecer las le- 
tras españolas y fomentar los sentimientos 
cristianos con producciones de tanta valía 
como Los Mayos y Sacramento y Concu- 
binato. 

Fu. C. M. S. 




32 



248 



MIÜCIOMS \ DECPM DE m SAGRADAS ÍM 



DE LA SAÍRADA CONGREGACIÓN DEL CONCILIO. 




rcLiTERNA. Eleclionis. — Bajo este 
epígrafe se examinaba una grave 
cuestión electoral ante la Sagrada 
Congregación del Concilio, condensada en 
la duda siguiente: «¿Afi valida sit eleclio 
Vicarii capilidaris aliorinnque officioriun 
capí tillar iiim per secreta suffragia, in qiia, 
ob paritatem votorum favore duoriim, aller 
ex /lis ad majoritatcm sibi adscribendam 
propriiim sujfragium quod jam favore alte- 
rius ediderat, convertere in seipsiim decla- 
ret in casu?, la cual, examinada detenida- 
mente, y sujetada al rigor de las leyes, fué 
resuelta por la misma Sagrada Congrega- 
ción en 18 de Abril de 1885 en esta forma: 
«Neorative.» El caso á que se alude en la 
pregunta pasó así: 

A la muerte del Emo. Di Pietro, Obispo 
de Veletri, se reunieron los canónigos de 
aquella Iglesia para elegir Vicario capitu- 
lar que la gobernase Sede vacante. Eran 
doce ios reunidos, y cada cual puso su cé- 
dula en la urna. Es de constitución en di- 
cha Iglesia que todas las elecciones para 
los oficios capitulares, y las deliberaciones 
acerca de negocios graves deben hacerse 
per secreta sujfragia. Ahora bien; recogi- 
das las cédulas por el Arcipreste, resulta- 
ron cinco á favor del canónigo Di Lázzaro, 
secretario del Capítulo, cinco á favor del 
sacerdote Jannoni ausente, y una á favor 
del canónigo Vita. Viendo esto Di Lázzaro, 
y que intentaría en vano un segundo escru- 
tinio con esperanza de mejor éxito, como 
prescriben las constituciones capitulares, 
declaró que se daba el voto á sí mismo en 
consonancia con el cap. Cum in jure jj de 
electio. et clec. potest., quedando />er acccs- 
sioneni elegido \'icario capitular. Dudán- 



dose de la validez de semejante elección, se 
presentó la causa á la Sagrada Congrega- 
ción del Concilio en la forma y modo que 
ya conocen nuestros lectores. 

En la imposibilidad de trascribir los ar- 
gumentos de ambas partes, por el mucho 
material con que contamos para el presen- 
te número, y no pudiendo menos de hacer- 
lo de algún modo, para salvar, ó á lo me- 
nos, explicar la aparente contradicción 
que se echa de ver entre esta resolución 
y la que sobre la misma materia leerían 
nuestros favorecedores en esta misma Sec- 
ción correspondiente al número de jMayo 
de 1883 de nuestra Revista, los apunta- 
remos, bien que someramente, dejando á 
su buen criterio la apreciación de la mayor 
ó menor fuerza de cada uno. 

Dos son los que desarrolla el defensor 
del Vicario elegido para demostrar válida 
la elección del mismo. El primero, tomado 
de las varias formas de elección reconoci- 
das en el derecho, presentado en esta for- 
ma. Existen tres maneras de elección: per 
quasi inspirationem, per scjiítiniuní, et per 
compromissiim, consagradas en el canon, 
Quia propter 42 de elec. et electi pot. para 
las elecciones de los Obispos, ó de aquellos 
Prelados por cuj-a muerte ó promoción 
quedan las Iglesias sin Pastor; pero tra- 
tándose de elecciones á los beneficios me- 
nores ó cargos capitulares, no es necesario 
tal rigor, y pueden hacerse de viva voz, 
por cédulas ó balótulas, ó por escrutinio 
menos solemne. Hay otra que se llama 
per accessiim, y puede tener lugar en la 
elección del Romano Pontífice. Es cierto 
entre los Doctores que ni en la elección 
per quasi inspirationem, ni en el escrutinio 
solemne, pueden darse voto á sí mismos los 
electores; pero es también opinión muv co- 
mún entre ellos que pueden hacer esto 



Resoluciones y Decretos de las Sag. Congregaciones. 



249 



en las demás formas de elección, incluso el 
escrutinio menos solemne, después de la 
publicación de los votos, como consta de 
la Decisión de la Sagrada Rota Romana 
114 coram Clemente XIII. Esta doctrina, 
unánimemente recibida cuando se verificó 
la elección per compromisum, según de- 
termina el cap, Ciim injure 33 de elect., la 
extienden muchos á las otras elecciones 
para cargos y oficios capitulares, apoyados 
en la semejanza de los casos, por la cual 
puede aplicárseles la ley pontificia dada 
para casos distintos, y en este principio 
canónico, ubi eadem est legis ratio ibi ea- 
dein debet esse legis disposiíio, especial- 
mente después de publicada la elección, 
como prescribe el mencionado canon. P'a- 
vorece á esta opinión el derecho civil, se- 
gún González en la explicación del canon 
octavo. Ahora bien; siendo el \'icariato ca- 
pitular un cargo ú oficio del capítulo, debe 
aplicársele la doctrina sostenida por los 
Doctores, y declarar válida la elección que 
nos ocupa. 

No destruj'c la fuerza de esta consecuen- 
cia el decir que las constituciones capitula- 
res prescriben que la elección se haga per 
secreta siijfragia, y que tal modo de obrar 
supondría ambición en el elector; pues á 
lo primero responde con Scarfantonius 
lib. ^, tit. 6, nti. 75 ct seq. que aun siendo 
así, no sería nula si el capítulo las hiciese 
de viva voz, porque no se opondrían al de- 
recho común, en el cual, ni en el Concilio 
Tridentino, no está mandado, según Pito- 
nio in Discept. eccl. i ^6, vol. S, n. 4, que 
se haga dicha elección en esa forma, y que 
basta el consentimiento natural del Cabildo 
manifestado con palabras. Y que. supuesta 
la elección per scrutinium., publicado éste, 
habría lugar al acceso, ó accesión, como de- 
fienden Laurenius (i) Pirhitig{2) Schmalz- 
grueber (3) y Bouix^). Dice el defensor del 



(1) Vicaria!. Episcop. Tract. III, cap. IV, quxst. 551, 
Número 4. 
(i) In tit. Pde/tfcí. n. 217, 218. 
(j) Jus. Can. Uni. De elect. nu. 59. 
(.() De Capit. part. 5, sect. i: cap. 17, § 3. 



Vicario á lo segundo, que supuesta la ley 
permitente, podrá ser menos decoroso, 
pero nunca inválido, que es lo que se bus- 
ca. Pero ni menos decoroso es este modo 
de obrar, ni supone ambición, puesto que 
él no se elige á sí mismo, sino sólo con- 
siente con la elección de su persona hecha 
por los demás. 

El segundo argumento es la declaración 
de la Sagrada Congregación del Concilio 
In Mat/ieranen, anni iC^g, aducida y co- 
mentada por De Liica in discept. 26 De 
canon., en donde se sustenta la misma teo- 
ría que aquí invocan el canónigo Di Láz- 
zaro y su defensor. Si gustan nuestros 
lectores tener idea más clara de los argu- 
mentos, consulten el núm. 3 del vol. XVI II 
del Acta Sanctx Sedis compilado en esta 
Sección, pues nosotros no hacemos más 
que conservar fielmente el pensamiento de 
los mismos para poder hacer lo mismo con 
los contrarios. 

Redúcense éstos á refutar la prueba pre- 
sentada por el Vicario electo, deducir al 
mismo tiempo que tal elección debe hacer- 
se per secreta siij/ragia, y aducir algunas 
observaciones relativas al caso, confirma- 
torias de su doctrina, y que demuestran 
ser nula la elección del canónigo Di Láz- 
zaro. 

Inténtase lo primero explicando el capí- 
tulo cu»? z'n yuré por la glosa, en la cual 
se dice ser aquél un caso singular, y veri- 
ficarse solamente cuando á los compromi- 
sarios se les dio la facultad de elegirse á 
sí mismos. Añádese que lo contrario ma- 
nifiesta ambición, y se opone á la noción 
de elección, dando á una misma persona 
dos opuestas relaciones, la de elector y la 
de elegido, oposición que no puede supo- 
nerse consagrada en el derecho civil, y 
mucho menos en el eclesiástico. Pues si al- 
guna vez se concede que el elegido se ad- 
hiera á los electores, como en la elección del 
Pontífice, se prohibe expresamente que el 
elegido sea numerado entre las dos terce- 
ras partes de los cardenales, y que se 
dé el voto á sí mismo, lo que está prohi- 



250 



Resoluciones y Decretos 



bido también en otros muchos lugares del 
derecho. Ni se evita la nota de ambición 
diciendo que el tal no se cli^^e, sino acep- 
ta la elección; pues esto se destruye con 
advertir que no estando aquélla realizada, 
no puede aceptarse, y que no está reali- 
zada lo demuestra el que el consentimiento 
del elegido no aumenta el número de elec- 
tores, y el que los actos capitulares no 
se dan por terminados hasta no convenir- 
se la mayor parte de los capitulares, como 
defienden Pi¿;nalclli, (i) Ursaya (2) y Scjir- 
fantoniüS. (3) 

Que sea exclusivo el can. cuní in jure, 
como quiere la glosa, lo manifiesta la ad- 
miración del Pontífice, nacida de la pre- 
gunta del Obispo Bayocense en un caso 
donde se veían clarisimamente las condicio- 
nes del compromiso que evitaban la elec- 
ción propia de los compromisarios, y la 
nota de ambición, y por tanto el temor de 
la nulidad de aquella elección. Excluido el 
caso presente de la disposición canónica 
aludida, continúa el defensor negando se 
incluya en él por la semejanza del hecho, 
ya porque dicho caso está fuera del dere- 
cho y no se hace la extensión de una ley á 
casos de esa naturaleza; ya porque la se- 
mejanza desaparece con una sola razón 
contraria, en las que abunda el caso pre- 
sente. Y concediendo generosamente la 
■'aplicación del capítulo mencionado á cual- 
quier compromiso ó elección pública, no se 
puede esto extender á la presente, que debe 
hacerse per secreta sujjragia, no solamente 
en virtud de las Constituciones particula- 
res, sino del mismo derecho común, contra 
el cual aducen los opositores de esta doc- 
trina, el no estar así prescrito por el Tri- 
denlino, y el no ser beneficio el cargo de 
Vicario capitular. Razones que tienen muy 
poca fuerza ante varias resoluciones de la 
Sagrada Congregación que han definido lo 
contrario; A/e.vaníín. Vicarii capituL-iris /j 



(1) Tom. 1. Consull. 2-¡, núin. j. 

{2) Discept. ecclesiast. 8, tom. 2. l>.ir. 2. 

{}) Loco c'U. 



Decembris í-jii. Milcvit-ma. Novem. j(í<jj, 
el I ^ Novem. lO'jS. 

Esto supuesto, prosigue el defensor, es 
clara la consecuencia. Defendiendo los au- 
tores que el elector puede darse á sí mis- 
mo el voto en casos en que la elección es 
pública, debiendo ser (e.x diclis) secreta la 
del Vicario capitular, nunca tendrá lugar 
en ella semejante votación, y como tampoco 
es posible el accessus, concedido sólo para 
la elección del Papa y en todo separado 
del escrutinio secreto, se sigue ser más 
conforme á derecho la doctrina de los que 
con Pignatelli niegan que pueda aplicar- 
se á la elección de \'icario capitular el 
cap. Cum injiire en el caso presente, como 
tampoco la resolución citada, en la que se 
examina un compromiso parecido al refe- 
rido en el mencionado capítulo. 

Las observaciones que vienen á confir- 
mar la nulidad de la elección son: i.* la 
confesión del canónigo Di Lázzaro, el cual 
afirma haberse dado á sí mismo en el acce- 
so el voto que en el escrutinio había dado 
al canónigo Vita: 2.^ el no poderse probar 
la confesión del Vicario, por haberse inuti- 
lizado los votos verificada su publicación, y 
3.^ que aún concedida la facultad de darse 
el voto á sí mismo para terminar discordia, 
aquélla no tiene lugar cuando está señala- 
do por el derecho el modo de terminarlas. 
Con estas razones aducidas por ambas 
partes contendientes, pasó la SagradaCon- 
gregación del Concilio á dar la resolución 
arriba trascrita, de la cual y de sus funda- 
mentos sacan estos corolarios los sabios 
redactores de la Revista mencionada. 

I. Naturam electionis impetere qui ad 
majoritatem consequendam sibi suffrage- 
tur; nam \ir idem in uno eodemque actu 
diversam atque oppositam gereret per- 
sonam. 

II. Ferré suffragia inscipsum maximam 
sapere ambitionem appriine EcclesiiC mi- 
nistris fugiendam, ájente Gregorio M. lo- 
cas regiminis siciit ■.iesideranti'biis csl nc~ 
gandus, ila Jugienlibiis esl offerendiis. 

III. Ex jure nuUam haberi electionem 



DE LAS Sag. Congregaciones. 



25Í 



in suffragiorum paritate; ideo qui dimi- 
diuní suffray-iorumconsequutus, proprium 
in se convertit votum, semeüpsum rcapsc 
eligeret, determinando in sui favorem 
majoritatem, et ambitionis notam effugere 

nequiret. 

IV. Dispositionem capitis Cadii in jure 
rectius explican si coarctetur ad illun-i ca- 
suminquo Capitulum videretur compro- 
misisse in unum, qui vocatus á diniidio 
electorum electus evaderet, dun-imodo con- 
sentiret; qui tanien consentiendo vota non 
auget, sed conditioneni ponit ut ab ómni- 
bus acceptetur. 

V. llujusmodi restrictionem ad illum 
unicum electionis casum rationabileni red- 
dere dispositionem Capitis Cum in jure; 
extensionem vero ad quemlibct electionis 
casum, in quo paritas votorum vcrilicetur, 
impctere vidctur jus commune electionis 
naturam offendere, et ambitionis stimulum 
fovere. 

VI. Extensionem de casu ad casum in 
his qua; exorbitant á jure communi íieri 
nequeunt etiamsi adfuerit rationis idcnti- 
tas: nam ex reg. jg jiiris. in VI. »j}ii.v 
exorbitant á jure communi nequáquam ad 
consequ.vntiam sunt írahenda.» 

VII. Etsi electio Vicarii capitularis ca- 
dera nom videatur sub prcescriptione Ca- 
pitis Quia propter quia non est beneficium, 
atque de ea nihil disponat Tridentinum; 
tamen ex jurisprudenlia S. C. C. certum 
videtur quod electio hxc lleri debeat per 
secreta suffragia. 

\'lll. Electionem Vicarii capitularis alio- 
rumque ofñciorum capitularium, per se- 
creta votacxplctam, invalidam fieri, quan- 
do ob votorum paritatem favore duoruní, 
ex his alter ad majoritatem sibi concilian- 
dam, proprium suffragium,alteri collatum, 
in seipsum convertere declaret. (i) 



(i) Ponen .iqui una nota los Redactores romanos, retrac- 
tando la doctrina sostenida con ocasión de otra causa pare- 
cida á esta que quedó sin resolución, y suscribiendo á la 
presente. Nosotros, sin creernos superiores á ellos, ni tampo- 
co menos respetuosos á la Sagrada Congregación del Conci- 
lio, abrazando con toda nuestra mente la resolución, nos 



Calatayeronen. Cur.v animaruní et ape- 
rilionis oris. —Con. fecha 24 de Enero de 
I.S85 se examinaban por los Eminentísimos 
['adres Interpretes del Concilio Tridentino 
las dudas que damos á continuación, á sa- 
ber: «I. ¿An sententia Curicc arc/iiepiscopa- 
lis sií conjlrnianda vel infirmanda in casu? 
II. ¿An inlrct arbilrium apcritionis oris, ita 
ut conslct de obreptione vel subreptione 
Litterarum aposlolicarum in casu?» á las 
cuales respondían de una manera provisio- 
nal diciendo: Dilata ad proximam omtiino 
et infallanter, firma interini executione lit^ 
ícrarum aposlolicarum quoad duas pa- 
rxcias, el quoad terlianí S. Petri ad men^ 
Icm. Mens enim est: quatenus opus est, 
provideat interini Episcopus. Propuesta se- 
gunda vez la causa en el mes siguiente, 
conforme se mandaba en este decreto-re- 
solución, dieron los Eminentísimos Padres 
esta respuesta: «Aí¿ /. Sententianí esse in^ 
Jirmandam: et Ordinarius procedat ad erec- 
tionem canonicam trium parocciarum, fir^ 
ma remanente provisione Jacta pro Ecclesiis 
S. Agrippince et S. Marix Majoris; e^ ca- 
nonice provideat collationi paroecice S. Pe- 
tri et amplius.» 

Hablando la declaración de cosas que no 
se hallan en las dudas, sería ininteligible 
á no exponer antes el caso y sentencia que 
la motivaron. Helos aquí. 

En la Villa de Mineo, diócesis de Calta- 
girone, existen tres parroquias con su co- 
rrespondiente clero. Dúdase ahora si dicho 
clero es recepticio ó colegial, y si la cura 
de almas pertenece aclu et habitu á los 
mismos. Está fuera de toda duda, que se- 
gún antigua costumbre, el Obispo encar- 
gaba á un individuo de cada parroquia la 
cura de almas, prohibiendo á los demás la 
administración de sacramentos sin permi- 
so de aquél. Así las cosas, á principios de 
1882, creyendo el Gobierno italiano que se 
hallaban vacantes dos parroquias, se in- 



atrevcmos á decir que no la creemos resuelta en derecho, y 
que hay muchas razones que pudieran aducirse en contra, 
especialmente variando el caso, pues en casos semejantes al 
presente, opinamos que la cuestión está zanjada. 



252 



Resoluciones y Decretos 



cauto de sus bienes. Los actuales ecóno- 
mos recurrieron al Obispo para recuperar 
sus bienes, y no apareciendo medio algu- 
no oportuno para ello, sino el darles di- 
chas parroquias en propiedad, procuró que 
con este fin se expidiesen las Bulas apos- 
tólicas, y obtenido el regiiim placel acerca 
de las mismas, se le dieron las parroquias 
en propiedad. Se quejó ante la Sagrada 
Congregación el clero respectivo de las 
tres parroquias, diciendo ser subrepticias 
las Bulas, puesto que dichas Iglesias eran 
verdaderamente colegiadas, y tenían la 
cura de almas habitu el achí. El Obispo 
mandó también su informe, defendiendo 
su modo de obrar, y demostrando infunda- 
das las quejas de los Cabildos. La Sagrada 
Congregación decretó en 18 de Febrero 
de 1883: víRecurrenles ulantur jure suo co- 
ram Curia archiepiscopali super asserlu 
cura habitúan el acluali penes collegium 
proul el qualenus de jure; ac postea provi- 
debilur.» En cumplimiento de este Res- 
cripto, la Curia Siracusana examinó la 
cuestión susodicha, y sentenció en esta 
forma: Cura habilualis el actualis trium 
Ecclesiarum collegialarum parochialium 
S. Agrippin.v, S. Mari.v Majoris el S. Pelri 
civilalis Mxnarum est penes Collegia Ca- 
nonicoru7n earumdem Ecclesiarum. Apela- 
ron de esta sentencia los párrocos favore- 
cidos con las parroquias, y consiguieron, 
como demuestra la resolución, que la sen- 
tencia se anulara, y ellos siguieron en la 
posesión de sus beneficios, debiendo pasar 
el Obispo á efectuar la erección canónica 
de los mismos, y á proveer al tercero. 

Fundada esta resolución en la costumbre 
inveterada, cuya fuerza para la prescrip- 
ción en materia de derechos se ha explica- 
do ya varias veces en esta Sección, y en la 
falta de las condiciones canónicas para 
que el clero de las tres Iglesias menciona- 
das sea considerado como clero colegial, 
nos contentaremos con trascribir los Colli- 
ges de los Redactores romanos, omitiendo 
el compendio de las pruebas. Dicen asi los 
citados Colliges: 



I. Argumentis, haud parvi momenti, 
cvictum fuisse curam habitualcm ct actua- 
lem non esse apud clerum trium Ecclesia- 
rum, cura enim actualis gerebatur nomine 
Decani, habitualis autem apud eumdem 
mansit usque ad prasentem paroeciarum 
erectionem, ab Apostólica Sede Ordinario 
impositam. 

II. Ecclesias ad honorem CoUegiatse 
haud elevari posse sola auctoritate Episco- 
pi: et nisi intercedat auctoritas Pontificis, 
nulliter agitur. 

PisciE.v. Decanatus.— La. Catedral de Pés- 
ela tenía seis dignidades, entre ellas la 
de Decano, que ocupaba el quinto lugar. 
Muerto en 1876 el Deán, el Gobierno se 
cargó con la prebenda por exceder el nú- 
mero de doce prebendas señalado en las 
leyes, quedando sólo su titulo. Quiso el 
Obispo conservarla in inlegrum, con la 
condición de que se confiriese al canónigo 
propietario más antiguo, y consintiendo el 
Cabildo, se confirió entonces á Fredianelli, 
canónigo más antiguo de posesión. Pero 
muerto él, suscítase una cuestión acerca de 
su sucesor, y es; si éste podrá ser el canó- 
nigo honorario más cercano al Deán, ó 
deberá serlo el que lo sea propietario; que 
la Sagrada Congregación, á cuyo tribunal 
ha sido elevada, redactó en estos términos: 
«¿An et cujus favor e, sit locus collattoni 
Decanatus in casu?>^, y resolvió en 16 de 
Mayo de 1885 en estos otros: "Favore Ca- 
nonici titularis anliquioris, ratione servilii. 

El Obispo y Cabildo que defendían deber- 
se conceder la prebenda al propietario más 
antiguo, se apoyaban en ser ellos los res- 
tauradores de la misma, y haber puesto la 
condición de que se concediese al más an- 
tiguo ^er^ossesszonem, queriendo con esto 
premiar los servicios prestados á la Igle- 
sia. Por el contrario, decía el canónigo ho- 
norario que le pertenecía como canónigo 
más antiguo en la posesión de su canoni- 
cato de honor, no constando si la palabra 
per possessionem expresaba sólo la pose- 
sión del beneficio en propiedad, ó también 



DE LAS Sag. Congregaciones. 



2$3 



la posesión de honor. Nada más decimos 
sobre esta causa y resolución, cuya justicia 
por otra parte es manifiesta: sólo añadire- 
mos para mayor abundancia y claridad los 
siguientes corolarios: 

I. Jure communi sub nomine antiquio- 
ris in choro, intelligi canonicum illum ti- 
tularem , non honorarium qui longius 
prffistitit servitium: seu illum qui ante 
alios canónicos titulares cooptatus sit. 

II. Quum honores et privilegia dcbcan- 
tur propter onera et servitia prasstita, ma- 
gis congruum est ut remunerationem ille 
pricaliis canonicis consequatur quilongius 
fideliusquc prcEstitit servitium Ecclesia: 
suai, praiscindendo ab antianitate pra^cc- 
dentias in stallo, seu jurídica antianitate. 

III. In themate id voluisse tum Episco- 
pum, tum Capitulum in propatulo csse ex 
verbis qua; adhibuerunt, nempe antiqíiior 
per possessi'onein, quum decreverunt titu- 
lum Decani conferendum esse antiquiori 
ex canonicis, remunerationis instar. 

Illerden. Jurium canonicalium, — En la 
Catedral de Lérida se suscitó entre sus ca- 
nónigos y beneficiados la cuestión que 
nos refiere la siguiente duda presentada al 
supremo juicio de losEmos. Intérpretes del 
Tridcnlino con fecha i6 de Mayo de 1885, 
en estos términos; «<'!A« tetieantur beneficiati 
intervcnire SS. Viaticis et funeribus cano- 
nicoriim in caszí.?» Afirmaban los canónigos, 
negaban los beneficiados; presentaron am- 
bas partes las pruebas en que creían fun- 
darse sus derechos respectivos, que nos- 
otros no podemos compendiar por la razón 
arriba apuntada, y por creerlas de poca 
utilidad para resolver casos análogos, pues 
todas ellas están basadas en circunstancias 
particulares, á falla de una disposición ca- 
nónica que prescriba y determine lo que 
ha de practicarse en semejantes casos, y 
por las cuales se movió la Sagrada Con- 
gregación del Concilio á emitir su senten- 
cia en esta formia: Affinnative, atienta frce- 
sertim consucludine. 

Epilogo de las pruebas, y confirmación 



de la justicia de la sentencia precedente 
son estos Corolarios: 

I. Consuetudinem immemorabilem ex- 
hibcre titulum de mundo meliorem omnis 
clamat jurisprudentia. 

II. Titulum consuetudinepartum valere 
ad inquirenda privilegia, tune juri commu- 
ni consentanea et commendabilia in se, 
tum a jure communi abnormia. 

III. Qua de re nihil mirum in themate 
si longissima consuetudo valuit acquircre 
(Canonicis jus seu privilegium, quod nedum 
juri communi abnorme est, sed apprime 
consentaneum et in se commendabile. 

IV. Obsequia enim prajstita per actuum 
multiplicationem, seu perinvcteratam con- 
suetudinem censeri prastita ex necessitate 
et coacte seu jure. 



^• 



U LA SAGRADA CONGREGACÓfí DE OBISPOS Y REGULARES- 



-^-«-■ 



Romana, Super liquidatione canonum 
laudemii et expensariim.—k\i§\i%to Mancini, 
investido en la actualidad de la Prelatura 
Caraciolo di Martina, tenía el usufructo 
y administración de una viña, sita en el 
campo verano (Roma) gravada con dos 
pensiones, una para el Hospital de San 
Carlos, y otra para la Abadía de S. Loren- 
zo. Queriendo el municipio romano en- 
sanchar el campo santo, tomó dicha viña 
pagando por ella 92,742 francos, que tuvo 
que colocar el municipio en valores de la 
deuda pública, no recibiendo de ella el 
usufructuario sino 148 francos. Cuando 
se vino á la división de los valores de la 
deuda entre el enfiteuta y los directarios ó 
señores directos ó propietarios, se dudó 
acerca de la apreciación del canon y sus 
frutos, acerca de pagar el laudemio, del 
valor de los bonos, y finalmente si el señor 
directo debe concurrir á pagar la tasa de 
riqueza móvil, y la impuesta por el usu- 
fructuario. Siendo inútiles todos los esfuer- 
zos hechos para avenir las partes, se pre- 
sentó la causa á la Sagrada Congregad ón 



254 



Resoluciones y Drcretos 



del Concilio bajo las dudas siguientes: 
«I. ¿An el iti qua siimma elevari debet capul 
canonis Abali Commendalario debili in 
casii? II. ¿An el iii qua suinnia elevari dcbel 
capul canonis Ilospilalis SSniorum. Caroli 
el Ambrosii debili in casu? \\l. ¿An, salva 
parle pecunicc, Ululo canonis soluLv, el in 
qua summa liquidanda sil dijferenlia el 
augmcnlum debilum reíale ad reddilum ab 
cmphiteula perceplum in casu? IV. ¿Att scbe- 
dulis consolidan, dominis dircclis assig- 
nandis, valor anni iSjj, vel polius anni 
jSSq. allribuendus sil in casu? V. ¿Afi em- 
piiyleula laudeniii niedielalem solvere le- 
ncalur in casu? Yl. ¿An el in qua summa 
laxa vulgo di richezz.\ .mobile dominis di~ 
recíis refundenda, el an ipsi ad deposili 
taxam concurrere debeant in casu?;» lascua- 
les dudas fueron resueltas por dicha Con- 
gregación con fecha ó de Marzo del 85, en 
la forma siguiente: «Ad I. Affirmalive el 
solvendam esse summam, elévalo capile ad 
ralionem 100 pro singulis ^ libellis canonis: 
Ad II. Affirmalive ul in primo. Ad III. Affir- 
malive el complendum quod interesl inler 
summasjam receplas el differenliam usque 
ad summam capilis: Ad IV. Affirmalive ad 
primam parlem, negative ad secundam el 
ad menlem R. P. D. Secrelario patefactam- 
Ad V. Affirmalive: Ad VI. Affirmalive ad 
primam parlem, negative ad secundam el 
ad menlem. 

Como se ve por esta resolución, el enfi- 
teuta queda con las obligaciones que antes 
tenía, aunque con las limitaciones en ella 
contenidas, y sólo en dos cosas se le da la 
razón, apelando todavía alas disposiciones 
reservadas de la Sagrada Congregación 
manifestadas al Secretario de la misma, y 
cuyo contenido ignoramos; pero que pare- 
cen dirigirse á procurar un arreglo amis- 
toso en los puntos controvertidos. No 
podemos ser más latos. Vean nuestros lec- 
tores los fundamentos de la resolución. 

1. Ad affrancationem fundi emphytheu- 
tici procedí non posse sine consensu inte- 
resse habentium. 

11. Et standum esse dispositioni S. Con- 



gregationis Ep. et Reg. si fundus redimen- 
dusadcausampiamconscrvandampertinet- 
Idcoque prctium affrancationis statuen- 
dum esse ad rationcm ccntum pro singulis 
qualuor libellis annuis canonis. 

111. Va quidquid minus impensum fuit 
pro acquisitione schedularum vulgo di 
consolídalo, collocandum esse in tuto, 
licito et fructífero invcstimento favore do- 
mini directí. 

1\'. Pro determinando vero hujusmodi 
schedarum valore, attcndendum esse tcm- 
pus, quo consolidatum acquisitum fuit, et 
ad ejus normam commcnsurandos esse 
fructus, qui domino directo dcbentur. 

V. Emphythcutam semper devinci vín- 
culo solvendí domino directo canonem, ct 
hunca qualibet diminutione immuncm; ct 
tune solum libcrari, cum res emphythcu- 
tica fundítus pericrit. 

VI. Laudemium, a laudando dictum^, 
deberi domino directo ad rationem duo- 
rum scutorum pro quolibet centenario, 
quoties res emphytheutica in alterius do- 
minium transicrit, sive libere, sive coacto 
hujusmodi transitus fiat. 

Imol. Reductionis oneris missarum. — 
Bajo este titulo se presentaron á la Sa- 
grada Congregación de Obispos y Regula- 
res unas preces, cuyo compendio es como 
sigue: Un sacerdote fundó una capellanía 
con el título de Santa María in Cosmedin 
y S. Nicolás de Barí en un pueblo de la 
Diócesis de Imola, llamado Barbiano, po- 
niendo esta condición in limine fundalionis: 
que separados todos los gastos, con el so- 
brante se dijeran tantas misas de un jh- 
//o (i) cuantas con dicho sobrante se pu- 
diera, y si loscapellanes erandescendientes 
de su hermano, y debían serlo antes que 
los extraños, se duplicase la limosna de las 
misas. El actual capellán, descendiente del 
fundador por línea femenina, habiendo ex- 
pendido ya para el cumplimiento de la 



(1) Moneda antigua italiana equivalente á dos reales \ 
medio de nuestra moneda. 



DE I.AS Sac;. CoNf'-REr.ACIONF.S. 



= 55 



capellanía '12S fr.. pide se le suspendan 
las obligaciones hasta compensarse la suma 
g-astada, y se le duplique en lo sucesivo la 
limosna de la misa. La Sagrada Congre- 
gaci<')n mencionada, vistas las preces y las 
razones que á fa\or y en contra de la con- 
cesión se le han presentado en el examen 
de la causa, se ha propuesto la resolución 
de la misma en estas dos dudas: I. »¿An el 
qiinmodo missaruiii reductio iiidiil;^enda 
sil in cjsii? [[. ¿Án el qitoiiiodo piwlen'tis 
oinissionibus consiilendumsil i'n casii?", que 
resolvió con fecha s de Junio de 1SS5 de la 
siguiente manera: <'Ad pn'iiinin: IinpiiLilis 
Missis a Iliense Julio /-SWy huciisque non 
celchralis in coinpcnsationem libellaniin 
')j.S\ I ediicendas esse in poslenini Missjsad 
iiiedielalein. usque ad iníegrain piwdicLv 
siiiniiKV conipens.itionein. Jacio verbo cuín 
Siiii). Deinceps reio Missas esse celebran- 
das ad ralioneni rediliis cuín duplu eleemo- 
syna ad norinaní resolulionis diei / Marlii 
iSjj ad dubiuní ///... Ad secuiiidnin provi- 
suní inpiiino. 

No necesita comentarios, ni epílogo de 
pruebas esta resolución: por sí misma 
ofrece á cualquiera la equidad, convenien- 
cia V aun la necesidad de la dispensa. Sin 
embargo, para mayor claridad, ahí van 
ambas cosas en los siguientes Colli:^-es: 

1. .Missarum reduclioncm. etsi in ¡ure 
odiosa sit, legitimis intervenientibus cau- 
sis, á Summo Ponliüce indulgere soleré. 
Ilujusmodi causas, juxta Benedicti Xl\' 
doclrinam. in redituum decremento vel in 
adaucta per Episcopos in Synodis eleemo- 
syna consistere. 

II; Dummodo tanun .Missarum lega- 
tum non deinonslialive. incipicndo scilicct 
dispositionem ab imposilione oneris el 
subinde fundum assignando, sed lax.Tlirc 
reliclum sit, seu dispositionem ab assig 
natione fundi inchoandoet subinde uneiis 
impositionem addendn. 

III. In themate xero Missarum onus 
tanquam laxa Uve impositumretentum esse. 

IV. .\bsolutionem super príEteritis omi- 
^ionibus concedí, si pia oncra absqiic culpa 



non fuere impida, ñeque superesl ex quo 
iinpleri possinl. 

\. intercedente vero culpa vel negli- 
gentia concedí, adjecto onerc celebrandí 
unicam missam vel alio Icví gravamine 
pro i^ralia absolulinnis ac coiidonalionis. 



• -WWv^' 



DE LA SA^,'^ADA COfíGRSGACIOH DE INDOLGENCíAK. 



I'or más (.|uc hcnins abrexiadn nuestro 
compendio en la presente Seccicjn. nos ve- 
mos en la precisión de dejar para el núme- 
vo siguiente una de las Resoluciones del 
fascículo III, vo!. WIII del Acia SancLv 
Sedis, por dar cabida á la siguiente reso- 
lución que declara la forma en que se ha 
de dai- la bendición papal por los que están 
aulori/ados para ello acerca de la publi- 
cación del P)reve de concesión, l'onemos 
en nuestro idioma lo que en el original está 
escrito en italiano. 

PiACENTiNA. — Dubia quoad formulam 
utendam ab Kpiscopis in elargienda bene- 
diclione .Vpostolica cum indulgenlia ple- 
naria. 

Ca:remoniarius lOpiscopalis direceseos 

Placentina:, in opere cui tilulus Praxis 

l'onlijicalis auctore d. Uerdt. reíale ad la- 

¡ cultatem qua potiuntur Episcopi elargien- 

di benedictionem Apostolicam cum plena- 

ria Indulgenlia. sequcntia perlegil: "Si 

I «lamen leclio lilteraruní Apostolicarum 

, "supprimalur, ne populus diutius in ICccle- 

I >sia retineatur, el sola formula— .7//c';z//.s- 

"facullalibiis ele. — latino el vernáculo idio- 

I «mate legalur ut de delcgalione conslel. 

' "declaravit S. Gong. Indulgent. illum ri- 

"lum el foi-mam. atienta rationabili causa 

'■expósita, revera sullicere ad lucrandam 

"Indulgenliarum Apostolic;v benediclíonis. 

"dummod' > formulam— a //c'/;//.s- Jacullali- 

»bus etc. — lidelibus conslel ea Pontificia 

"delegatione tanluní impertítam fuisse." 

Jam \ero ab hac Sacra (^ong. Indulg. 
el SS. Reliquiarum sequentium dubiorum 
soju'.ionem humiliier expostulat: 



2--,b 



FÍKsoi.ucioNES Y Df-crliios df-: las Sao. Congregaciones. 



i. I üum rcsponsum S. hujus (Jonjj. a 
el. Auctorc rclatum quod in cólleclione l)c- 
crclurum Icgilur daluní sub dic ^o Junii 
I !^|i I genérale sit an non. ncmpc: I irum 
quoücscLimqucadsil illa ralionabilis causa, 
liocal liltcrarum Aposlolicarum Icctioiicm 
supprimcrc, máxime si alias ¡am ilerumquc 
inle^Tíc leda: sinl. an non;-: AV .jualcmts 
ncg'jlirc: L Irum alíenla ralionabili causa, 
ul supra, liceal uli h<jc brevi cí^mpendio 
linjxLia cliam \ ci'nacula ex. pr. uli sequilar: 
"lil l'adre Sanio l'io IX. en Breve \'arias 
«veces publicado en esla Catedral, de 29 
"de Mnero de 187O. el aiVj trigésimo de su 
«Pontificado, suscrito por el Emo. Fabio 
"Cardenal Aquini, concedió á S. 1". Reve- 
orendísima Mons. Juan liaut. Scalabrini. 
"nuestro Obispo, la facultad de bendecir 
«solemnemente á su pueblo, y concederle 
»en nombre del Romano Pontífice Indul- 
"gcncia plenaria desde el día de su consa- 
"gración hasta que deje el gobierno de esta 
"Diócesis Placentina. en los dos días más 
«solemnes del año, esto es, en el día de 
"Pascua y otro a su elección; en su virtud. 
»S. Enia. Rdma. hace uso de la facultad 
«que le está concedida para bien de su 
«amado rebaño:» 

Sacra Congrcgatio Indulgentiarum Sa- 
crisque Reliquiispr¿x;posita die 24JUIÍÍ18S5 
propositis dubiis respondit: Ad I. Affirma- 
Ih'c ad primatn paiicin. Ne^-^alivc ad secnn- 



Vi 



daiii. Ad _• provisiini in piiiuo. Daluní Ro- 
mic e\ Secretaria ejusdem S. (^ong. cadem 
dic 2 \ julii \xx^. 

J. li. C.\Ki.. IRAN/.f.l.IN. 

J'iwfccliis. 

jo.si i'in s .M. Can. CíJSELLI. 

Snl'sliltiliis. 



DE LA SAGRADA CüNGHEJAGlUN DEL INDHIK. 



-j-^fe-:- 



IJi LUÍ dcci-clo de esla Congregación 
emanado el día 7 de Setiembre de 1885 ^ 
aprobad(j por Su Santidad con la misma 
fecha, se prohibe imprimir, leer ó retener en 
todo lugar, y cualquiera sea el idioma en 
que se hallen escritos, los libros siguientes: 
— La Corte e la Societá Romana nei sccoli 
XVI 1 1 e XIX, por David Silvagni. linnij. 
— Mamiani Terenzio. Del Pápalo nei tre 
ultimi secoli. Milajio.-G. B. Bulgarini. 
Antonio Stoppani e la Civiltá Cattolica. 
(jenova.—lYi una nuova acensa mossa da 
Sua Kminenza Reverendissima il Cardinal 
Zigliara al sistema filosófico di Antonio 
Rosmini. Genova. — \'cra Augusto prof. Ope- 
ra omnia quocumquc idiomate. prohib. 
Dccr. 22. Dec. 187O. Auctor ante morteni 
laudabílilcr se subjecit et eadem repro- 
bavit. 




257 



REVISTA científica. 



WWv •!• '^/\/VVv— — 




|a luz eléctrica para usos do- 
mésticos.— \'arias son las apli- 
caciones que de la lu/ eléctrica se 
han hechf); pero aún no se ha podido lo- 
iírar introducirla en el hogar doméstico, 
á pesar de las muchas tentativas que con 
este objeto han practicado los sabios. Nada 
en verdad más hermoso ni sorprendente 
que tener á su disposici(')n una de esas pe- 
queñas lámparas de incandescencia, pare- 
cida á un irrueso diamante, que difunde 
por todas parles una lu/ blanca y tija, sin 
que vicie el aire de nuestras habitaciones 
ni ofrezca peligro de incendiar los objetos 
cercanos; mas por hi)\, for/oso nos es ate- 
nernos á la lu/ del aceite, del petr()leo 
y del gas, pues hasta el presente no ha 
coronado un feli/ éxito las tentativas de 
los electricistas. No es factible colocar en 
cada casa una máquina eléctrica con su 
motor, ni tampoco es posible recurrir á 
los acumuladores, los cuales exigen casi 
los mismos gastos v son sobradamente 
embarazosos para su manejo , pues con 
frecuencia hay que trasportarlos á la fá- 
brica para volverlos á cargar. Únicamente 
las pilas podrían resolver este problema: 
pero es el caso que las pilas producen la 
lu/ eléctrica á precio muy elevado, pues 
cada bujía cuesta por hora lo ó 12 cénti- 
mos, exigiendo además frecuentes mani- 
pulaciones si se quiere que la luz sea igual 
\ sin interrupciones fastidiosas. No faltará 
tal vez quien se imagine que son una ver- 
dad los anuncios de ciertos diarios, que 
con pomposas frases indican á los incautos 
el punto donde se expenden lámparas eléc- 
tricas sumamente económicas, ya que su 
coste no pasa de 1 5 á 20 pesetas. Tales 
lámparas son doblemente costosas, y sus 
resultados negativos: el primer día lucen 
durante una hora, pasada la cual, la luz se 
amortigua V repentinamente seapaga: al día 



siguiente es precisri gastarse ími céntimos 
para cargar de nuevo la pila si se quiere 
que lu/ca, y al siguiente se la coloca en el 
rincón de trastos viejos: resultado, que en 
dos días sé han gastado 15 ó jo pesetas 
por tener durante do^í horas lu/ eléctrica, 
cosa cjue á los más entusiastas les hace 
desconfiar de tener á su disposición esa 
luz. Hay, es cierto, lámparas de 1 50 pesetas, 
con las cuales se obtiene una hermosa luz 
por espacio de cuatro ú cinco horas; pero 
los gastos de tales pilas son muchos y exi- 
gen ser preparadas todos los días, exponién- 
dose en su preparación y aun conservación 
á que prii- cualquier fracaso, los líquidos 
corrosivos que alimentan la pila echen á 
perder objetos de gran valor. De manera 
que hqsta el presente no hay medio fácil 
y á la vez económico de poner en manos 
inexpertas la luz eléctrica. 

No queremos decir con esto que debe 
desterrarse de nuestras habitaciones la luz 
eléctrica; no: puede sacarse de ella un buen 
partido. M. Radiguet acaba de demostrar- 
lo proponiendo el modo de valemos de 
ella, y somos de parecer que su sistema 
responde á una verdadera necesidad. VA 
alumbrado eléctrico, hoy por hoy. es im- 
practicable , si se quiere usar continua- 
mente y por largo tiempo: pero es muy 
posible valerse de él usándole con inter- 
mitencias, de manera que se prolongue el 
gasto de la pila por semanas y aun meses 
enteros. Hay pilas que no se gastan sino 
cuando funcionan; están, por tanto, á nues- 
tra disposición todas las ventajas de la luz 
eléctrica sin sus incon\enientes, resultan- 
do de aquí muchas y muy cómodas aplica- 
ciones, (^on frecuencia sucede que se llega 
á casa tarde y por un descuido las luces no 
están encendidas , se tiene que andar á 
tientas ó esperar á que traigan luz para 
dar con la entrada, ("un d sistema del se- 



2S« 



lÍKVISTA CIFATÍFICA. 



ñor líacli.yucl se evitan estos inconvenien- 
tes, pues basta apoyar la mano sobre un 
resorte para que instantáneamente brille 
la lámpara: más aún: pueden estar las lám- 
paras de tal manera dispuestas, que al 
abrir la puerta salte la luz que ha de guiar 
nuestroí. pasos, con la circunstancia de 
que á medida que pasamos de una habita- 
ción á otra se apaga la lámpara de atrás y 
se enciende la de adelante. Cuan ventajoso 
y á la vez económico sea esto para una 
casa, todos lo comprenden. 

Tal sistema de alumbrado es sencillísi- 
mo. Se coloca una pila de seis elementos 
en un ángulo retirado de la casa, de allí 
parten hilos conductores en un todo seme- 
jantes á los de los timbres, yendo á parar 
á cada una de las bujías. A la entrada de 
cada pieza que se quiera iluminar hay una 
cajita de caoba, dentro de la cual está el 
aparato, que consiste en una combinación 
de electro-imanes de tal manera dispues- 
ta, que ai oprimir un resorte, dirija la co- 
rriente de una lámpara á otra, encendien- 
do una y apagando la de atrás. 

Sabemos que este sistema se halla insta- 
lado en algunas casas particulares de París, 
y los resultados son completamente satis- 
factorios. Sin necesidad de andar en la pila, 
puede esta rendir la electricidad sullciente 
para alimentar una bujía por espacio de p- 
horas. pudiendo por otra parte manejar el 
aparato cualquiera persona. Todo esto ha- 
ce acreedor al inventa) de A\. Radiguet de 
ser recomendado para alumbrar los luga- 
res en los que. si no se necesita una luz 
continua, es forzoso entrar con alguna fre- 
cuencia, como depósitos de materias inlla- 
mables. Bibliotecas , archivos, antesalas, 
etcétera, etc. .No es, pues, el sistema de 
alumbrado que recomendamos á nuestros 
lectores uno de tantos como hasta el día se 
han propuesto sin que dieran los resulta- 
dos que los inventores pi'ometían: sino un 
sistema verdaderamente práctico y que 
puede prestarnos excelentes servicios. Po- 
demos pues tener en nuestras casas la luz 
eléctrica con la misma facilidad que se 
tienen el teléfono v los timbre^. 



Cambio de ojos, y no más ciegos.— 

Según leemf)s en diarios y Revistas extran- 
jeras, es ya un hecho que el que no esl-.- 
contento con el color de sus ojos, puecL 
cambiarlos, como se cambia de vestidr». ■ 
por los de un c^Miejo ó por los de un perr^ 
no falta d(jnde escoger. La noticia sorpren- 
derá á muchos, y tal vez no falte alguno, 
que apesar de creerlo imposible, desee 
allá en su interior que sea verdad: tan 
cansado está de sus ojos pardos ó azules ■ 
de otro color que no esté de moda. N"~- 
otros aconsejamos que si puede leer esi<j 
con los que Dios le dio, no los cambie por 
ningunos otros, así sean de los más her- 
mosos y de los que más llamen la atención. 
Pero expongamos el hecho tal cual nos 1 _ 
cuentan los diarios. VA 4 de .Mayo de i^^ 
tuvo -M. Chibret el atrevido pensamien; 
de reemplazar el ojo enfermo del hombre 
por el sano de un animal. Kl sujeto c 
quien llevó á cabo su temeraria emprc- 
era un joven que hacía diez y siete aív^ 
que padecía de estaliloma. Tan pronto C' ■- 
mo extrajo el ojo enfermo, arrancó el de 
un conejo, y teniendo sumo cuidado de 
conservar los tejidos, le introdujo en la 
órbita; pero á los pocos días el ojo del co- 
nejo reventó. Pasado algún tiempo, quisie- 
ron .M. Terrier y y\. Fiohmer hacer la mis- 
ma prueba, sustituyendo el último el oj<» 
del conejo por el del perro: la tentativa no 
dio resultado, pues trascurridos algunos 
días, hubo precisión de arrancar el ojo im- 
plantado por el temor de una oftalmía; 
simpática. No se acorbardó por esto ^\. 
Bradfort, médico de Boston, quien apesar 
de conocer los malos resultados de las ten- 
tativas hechas, se determinó á operar á un 
marino, introduciendo algunas ligeras mo- 
dilicaciones en el método seguido por sus 
antecesores. Unió al nervio óptico del ojo 
I arrancando el nervio óptico del ojo del co- 
nejo, poniendo inmediatamente un aposito 
que no levantó hasta el séptimo día. El ■ 
I éxito no pudo ser más satisfactorio, pues 
1 el ojo inyectado apareció duro, con la cór- 
j nea clara y trasparente y dotado de todos ^ 



Rf.VISTA CinXTÍl'ICA. 



259 



los movimienlds. P^l método del doctor 
neovorkino parecía excelente, y ^\. i'erricr 
se decidió á ensayarle; pero experimentó un 
nuevo dcseng-año. l>c manera cjuc de cinco 
tentativas hechas, una sola ha dado resul- 
tado : seria por tanto imprudente y tcnie- 
rario someterse á tales ensayos. Adviertan 
nuestros lectores que no se trata de dar la 
vista á quien la haya perdido; sino sólo de 
sustituir el ojo enfermo del hombre por el 
de un animal y dar al individuo un ojo vivo 
en ve/ de un ojo de vidrio. Si lo que aca- 
bamos de exponer llegara á conseguirse, 
constituiría un adelanto notable; pero nada 
significaría al lado de dar vista á ios cie- 
gos, y parece cosa puesta fuera de toda 
duda, que el Sr. tlmilio .Martín, doctor de 
-Marsella, lo ha conseguido. 

I n Sencillo razonamiento ha hecho con- 
cebir al ingenioso doctor la idea de hacer 
participantes á los ciegos de los puros go- 
ces que nos proporciona la luz. Todo el 
mundo sabe que la luz penetra en el ojo 
por un verdadero vidrio ó córnea traspa- 
rente, y que atravesando los diversos me- 
dios de que se compone el órgano de la 
visión, proyecta en el fondo de la retina la 
imagen de los objetos exteriores invertida, 
á la manera que se proyecta sobre el cris- 
tal deslustrado en la cámara fotográfica. 
Kn los ojos de la mayor parte de los ciegos 
no puede penetrar la luz, precisamente 
porque el vidrio anterior no le da paso, ó 
sea. porque la córnea es opaca, y si en tales 
condiciones es imposible la visión, es de- 
bido á que la retina no puede ser im- 
presionada. W)espués de examinar con de- 
tención los ojos de los ciegos que se pre- 
sentaban en su clínica, adquirió lo Señor 
Martín el convencimiento de que en la 
mayor parte de ellos no había otra lesión 
mas que el defecto indicado, por lo cual se 
propuso investigar un medio para hacer 
penetrar la luz en los ojos de esos desgra- 
ciados. Emprendió con decidida fe nume- 
rosos ensayos en los animales, y en todos 
ellos obtuvo un éxito completo. ^Quc era 
necesario para producir los mismos efec- 



tos en el hombre? Inventar una córnea, un 
vidrio artificial que permitiese la entrada 
de los ravos de luz en lo interior del globo 
ocular: a esto se reduce el portentoso in- 
vento del Doctor -Martín. Después de nu- 
merosas modificaciones en su córnea artifi- 
cial, ha \enido por último á darle la forma 
de un clavo hueco hecho de oro (') platino, 
l'^stc mara\il!oso cla\'o hace que el ojo ex- 
tinguido se reanime 5' vea, no ofreciendo 
inconveniente alguno la introducción de 
este pequeño aparato en las membranas 
oculares, si hemos de creer á la Academia 
de medicina. Para operar, lo primero que 
hace el Doctor .Martín, es mudar el eje del 
ojo de manera que la cornea opaca ó inú- 
til venga á caer hacia el ángulo nasal; in- 
troduce luego lac(')rnea artificial en el cen- 
tro de la superficie blanca del ojo y la fija 
por medio de un hilo de seda, sin que el 
paciente experimente apenas dolores. Tras- 
curridos algunos días, durante los cuales 
se adapta el aparato perfectamente al ojo, 
abre el operador el orificio central para 
que la luz penetre hasta la retina. Si como 
sucede muchas veces, la retina está sana, 
inmediatamente se ven los objetos. Dcsea- 
nios que los que necesitan tal operación 
sean trasladados de las tinieblas á la luz. 

Anteojo astronómico para los afi- 
cionados. — lín uno de k)s números de 
nuestra Rkvista hemos dado la descrip- 
ción de un ecuatorial muy propio de los 
aficionados é inventado por un ilustre sa- 
cerdote francés. Como quiera que los es- 
tudios de la astronomía exciten la curiosi- 
dad de muchos, que no por esto pretenden 
ponerse á la altura de Arago ó el P. Sechi. 
creemos oportuno trascribir de la exce- 
lente Revista, el Cosmos, dirigida hoy por 
la benemérita (Congregación de PP. .agus- 
tinos de la Asunción, algunas indicaciones 
sobre el modo de usar y conservar el prin- 
cipal instrumento del astrónomo, el anteojo. 

.V pesar de los grandes progresos hechos 
en la construcción de telescopios, un afi- 
cionado no dudará en preferir á éstos los 



j6o 



l<i:visi.\ <;ii.\ I íi-icA. 



aiUc(>jt»s tic lentes acromáticas, iin sólo 
por obtener en ellos imáfícncs más limpias, 
sino también por cníiííi- menores cuidados 
su conservación, i 'referido el anteojo, 
ocurre preguntar: ^es mejor que sea de 
tjrandes.ó pequeñas dimensiones?- Lacues- 
tión no está aún resuella, y se dispula si los 
telescopios ;xi<^anles construidos en los 
modernos liempos son más ventajosos que 
los instrumentos de regulares dimensio- 
nes. Pero un aücionado ..[ue cmpic/a. desea 
con seguiidad poseer un gran anteojo, per- 
suadido de que con el verá mejor, cuando 
precisamente sucede todo lo contrario, á 
no ser que uno sea ya priictico. Para ser 
hábil astr(')nomo no basta tener un buen 
instrumento, como no basta para ser un 
ingenioso relojero tener los mejores apa- 
j'atos de construcciiMi. Algunos se imagi- 
nan que basta mirar por el anteojo para 
descubrir las maravillas que nos describen 
los astrónomos en sus libros: hagan una 
sola prueba y se convencerán de lo contra- 
rio; para ver por el anteojo se necesita 
mucha práctica, y tener hábitos de fijarse 
en los más pequeños detalles. Para probar 
quiéii tiene ó no disposiciones para obser- 
vador, hágasele que se fije bien en una pe- 
queña porción de un objeto, y cuando 
asegure que ningún pormenor se le oculta, 
obligúesele á forniar un diseño de esa pe- 
queña porción, valiéndose siempre del an- 
teojo; si logra diseñar las partes con su 
propia forma y colorido, sin disputa puede 
tenérsele por hábil observador 

La disposición del anteojo astronómico 
es conocida de todos, y á nadie se le oculta 
que su mérito principal consiste en el obje- 
tivo, el cual exige mucha delicadeza en su 
construcción para obtener el acromatismo 
perfecto. /„7 l>iiscjdor que de ordinario 
acompaña al instrumento, no es más que 
un pequeño anteojr) de débil potencia, pero 
de gran campo, colocado paralelamente 
al eje del mayor. La línea de visión del 
buscador eslA determinada por la retícula, 
que consiste en dos hilos sumamente linos 
cruzados en ángul*,» recto. Si el eje drl bus- 



cador es completamente paralelo al del 
anteojo mayor, la imagen de un objeto que 
se encuentre en el cruce de los hilos, por 
precisión ha de encontrarse en el campo 
del anteojo. La montura de éste puede 
ser varia; algunos prefieren la azimutal: 
pero en nuestro humilde sentires más ven- 
tajosa la ecuatorial. Para encontrar fácil- 
mente el í)bjeto que se desea f>bservar. 
máxime cuando liene poco brillo, conviene 
hacer uso de los mapas celestes para fijar 
bien su posición y poder manejar el busca- 
dor con conocimientf» de causa. 

Para ver con limpieza un objeto es preci- 
so enfocar bien el anteojo, valiéndose del 
tcjrnillo que pone en mo\ ¡miento al ocular. 
Cada observador debe buscarse el foco más 
acomodado á su vista: pues sabido es que el 
foco varia, siendo distinto para los miopes 
y para los présbitas. i-?sta operación es de 
suma importancia; se conoce si el anteojo 
está bien ó mal enfocado, cuando después 
de presentarse la imagen clara y distin- 
ta, cualquier movimiento hacia adelante ó 
hacia atrás del ocular basta para que la 
imagen se presente más oscura. Si el ocular 
puede recibir mo\ imientos alternativos sin 
que por esto se noten en la imagen grandes 
alteraciones, es señal deque el instrumen- 
to no tiene condiciones de precisión. Los 
objetivos de los grandes anteojos suelen 
ser ácjlint-glas. por lo cual contienen va- 
rias burbujas, cosa que al parecer es un 
defecto, pero que en realidad nada per- 
judica al objetivo. Lo que le perjudica 
considerablemente, son las rayas y estrías, 
así sean tan finas que apenas puedan des- 
cubrirse á simple vista. Para cerciorarse 
de si el objetivo tiene ó no estos defectos, 
no hay más que colocar el instrumento 
frente por frente de un objeto de fondo 
blanco y cuyas tintas sean lo más iguales 
que sea posible. Sácase entonces el ocular, 
y el objetivo aparece como un disco claro 
sobre el cual se destacan las rayas y estrias 
más finas como lilamentos sombreados. La 
conservación del objetivo en buen estado 
apenas exige precauciones. Muchos cri-cn 



Revista niENTÍFicA. 



261 



qiic Iciicrlas lentes del anleojo sin un alo- 
mo de polvo, es facilitar la visión, por lo 
cual las limpian con frecuencia frotándolas 
con ima piel (') con un lienzo. l£s una cos- 
tiunbre que debe desterrarse en absoluto; 
un poco de polvo en el objetivo nada inllu- 
ye en las observaciones, y el frote con la 
piel ó el lien7,o puede rayar el cristal, á 
causa de los iíranitos de cuar/.o que de or- 
dinario se encuentran entre el polvo. (Alan- 
do se hava de limpiar el objetivo con\ iene 
hacerlo con un pincel muy lino, dándole la 
última mano con una tela muy suave. Si 
con el tiempo y el usf), la humedad y el 
polvo se introducen entre los dos cristales 
que constituyen el objetivo, hasta el punto 
de formar un depósito de color negro, en- 
ti>nces se embala con todo esmero y se 
envía á un verdadero óptico, pues la lim- 
pieza V reuni(')n de los lentes son operacio- 
nes demasiado delicadas para que pueda 
hacerlas uno misnin. sin tener práctica 
de ello. 

l'ara hacer las observaciones conviene 
alejar toda luz del instrumento, precaución 
que no observan 1(")S principiantes, pero 
t.fue es necesaria para poder ver con toda 
claridad los objetos poco iluminados: ja- 
más sin esta precaución hubiera descubier- 
to llerschell las ncbuk)sas v los satélites 
de Saturno y Urano, "\einte minutos, decía 
este ilustre astrónomo, no me bastaban 
para poder ver en el telescopio objetos 
muy delicados, cuando de una habitación 
iluminada pasaba al observatorio.- llers- 
chell hijo refiere que no podía ver los sa- 
télites de Urano, sino después de estar un 
cuarto de hora mirando por el telesco- 
pio y alejado de toda luz: y .\rag-o escribe 
que después del paso de una estrella de 
segunda magnitud por el campo del an- 
teojo, son necesarios veinte minutos para 
que la vista recobre su tranquilidad. 

Otro de los defectos en que suelen in- 
currir los principiantes es el empleo de 
oculares de gran potencia, á propósito de 
lo cual decía Fraunhofer, que los lentes de 
grande aumento eran para los malos ob- 



servadoi-v;s, en lo cual no dejaba detener 
razón. May circunstancias en que es preci- 
so recurrir á oculares de gran potencia; 
pero son las menos frecuentes para los 
principiantes: lo que conviene á éstos es 
habituarse á mirar por el anteojo y á elegir 
los aumentos convenientes de los f)bjetos, 
teniendo en cuenta su naturaleza y las 
condiciones alm<jsféricas. l'ara las obser- 
vaciones de las nebulosas convienen lentes 
de débil potencia, así como se requieren 
mayores para el sol. pero sin que pasen de 
ciertos límites. Para observar este astro 
la hr)ra más conveniente es las nueve de 
la mañana, teniendo siempre cuidado de 
servirse de un cristal oscuro, para que el 
demasiado brillo no perjudique la vista. 
Venus no requiere lentes de gran potencia; 
pero sí son útilísimos para Júpiter y Sa- 
turno. Con anteojos de mediana magnitud 
se obtienen hermosas imágenes de la luna , 
máxime cuando se la observa estando bas- 
tante alia y en noches claras y serenas. 

Para que las observaciones sean exactas, 
preciso es hacerlas ci\ tales condiones at- 
mosféricas, que contribuyan á la claridad 
de los objetos, y no son siempre las mejo- 
res, como á priniera vista pudiera creerse, 
aquellas en que el cielo se presenta despe- 
jado, pues muchas veces se tropieza en 
tales circunstancias con dificultades que 
impiden ó hacen sumamente costosa la 
elevación: las mejores noches son por lo 
regular aquellas que siguen á una tempes- 
tad, durante la cual la lluvia y el aire han 
purificado la atmósfera. No pueden darse 
reglas para esto: sólo una larga experien- 
cia puede dar á conocer las condiciones 
más ventajosas en que se han de hacer las 
observaciones. Lo ordinario es que en no- 
ches tranquilas y claras y en puntos eleva- 
dos y. á ser posible, alejados de toda gran 
población, cerca de las cuales siempre la 
atmósfera está cargada de diversos vapo- 
res, se distinguen mejor los astros y todos 
sus pormenores. 

Con estas precauciones pueden los afi- 
cionados dirigir su anteojo á la bóveda ce_ 



l(>. 



Revista científica. 



Icslc, vsin ncccsiducl de calcular las órbitas 
tic los pianolas, podrán saborear los puros 
líoccs que proporciona la contemplación 
de esos mundos lejanos, que tan alto pre- 
i^tinan la gloria de Dios. 

Teléfonos mecánicos. — Hace ya al- 
gunos meses que leníam(;s conocimiento 
de los teléfonos mecánicos, que han co- 
menzado á usarse en América: pero como 
no nos inspiran gran confianza las noticias 
que vienen del nuevo mundo, especial- 
mente si su procedencia es neoyorkina, no 
habíamos juzgado prudente comunicárselo 
á nuestros lectores; mas ya que muchas 
publicaciones, así nacionales como extran- 
¡cias, dan cabida en sus columnas á tal 
noticia, justo nos parece no privar de ella 
á nuestros suscritores. \'case cómo describe 
los teléfonos mecánicos La Lectura Católi- 
ca de Madrid en el número del ig de l'c- 
brcro. 

"Hoy día que tanta aplicación se hace 
del teléfono, creemos que es interesante 
hacer público cuantas innovaciones pro- 
gresivas se vayan realizando para perfec- 
cionar dicho aparato. En este concepto, y 
como á título de curiosidad, creemos opor- 
tuno describir un nuevo teléfono mecánico 
instalado en Jersey (América), cuyo sencillo 
mecanismo no deja de constituir un verda- 
dero adelanto en el importante asunto que 
nos ocupa. Este aparato, que sir\e para 
hablar y escuchar, y que lo forma un dia- 
fragma constituido pr)r una ligera placa 
en trozos de caña, recibe sobre una circun- 
lerencia concéntrica cierto número de hilos, 
que se reúnen todos, formando un cono, de 
cuyo vértice parte el conductor, que debe 
estar bien tenso. I.ds aparatos de este gé- 
nero reunidos por un hilo puesLo en línea 
recta, permiten el cambio de la palabra á 
distancia de mil metros. Pero dadas nues- 
tras costumbres, un sistema telefónico no 
es completo si los poseedores de los apa- 
ratos no pueden ponerse niutuamente en 
relaci(Jn directa, circunstancia que los in- 
ventores del teléfono mecánico de que 



hablamos han tenido la ingeniosidad de 
salvar. » 

•'En efecto: todos \ns hilos de los abona- 
dos convergen en un punto que sirve de 
estación central. Llegados á este punto 
central, los hilos penetran por una'abertura 
á través de un disco de tela fuerte ó de 
cuero, y están lijados en el interior por me- 
dio de remate ó presilla. Aquí se bifurcan, 
y dos hilos poco tirantes van uniéndose á 
un círculo horizontal de hierro, puesto en 
el centro del aparato, que se completa con 
una lámina también de hierro en hélice, la 
cual se eleva ó baja del círculo horizontal, 
estando además dispuesto para recibir en 
un punto cualquiera la unión de las palan- 
cas. Cuando un abonado quiere hablar con 
otro previene á la estación por medio de 
un timbre eléctrico; el empleado del puesto 
central fija su teléfono al hilo del que avi- 
sa, recibe sus instrucciones, y previene á la 
persona con quien desea hablar, colocando 
convenientemente al propio tiempo los se- 
gundos hilos de los abonados sobre los de 
las poleas que hay en las palancas, soste- 
nidas por la lámina de hierro en espiral. 
Los resultados son bastante satisfactorios, 
pues á pesar de las desviaciones y de los 
ángulos que fornian los hilos en su curso, 
las articulaciones vocales se perciben cla- 
ramente á cerca de 800 metros. Se nos ol- 
vidaba manifestar que la forma en espiral 
de la lámina superior, no tiene más objeto 
que pci-milir se establezcan á un mismo 
tiempo muchas conexiones entre los hilos, 
puestos los unos encima de los otros de 
modo que no se encuentren en un trayec- 
to ó curso, l'oi- último, la instalación de 
estos teléfonos mecánicos es mucho menos 
costosa que la de los micrófonos y teléfo- 
nos eléctricos.» 

Arqueología. —he la misma Ke\isia 
lomamos la siguiente curiosa noticia rela- 
tiva :i un nuevo descubrimiento hecho en 
l'ompeya. «Se han encontrado en el tem- 
plo de Juno descubierto no ha mucho en 
l'ompexa. mns de ^00 esqueletos, (^aen 



Revista científica. 



26^ 



éstos convertidos en polvo así que se des- 
cubren: eran los de las mujeres y niños 
que fueron sepultados bajo la ceniza ar- 
diente lanzada por el volcán en el monien- 
to en que ofrecían en el templo un sacrifi- 
cio á la diosa, con el objeto sin duda de 
implorar su protección contra ki terrible 
catástrofe que amenazaba. Uno de los es- 
queletos, que se cree sea el de la gran sa- 
cerdotisa, á juzgar por las ricas alhajas 
con que estaba cubierto, tenía aún sujeto 
al brazo, por medio de un anillo de oro 
maguí ricamente cincelado, un incensario 
del mismo metal lleno de perfumes calci- 
nados. E\ incensario tiene la misma forma 
que los que se usan hoy en las eeremonias 
de la Iglesia cal()lica, es de un trabajo ad- 
mirable y está esmaltado con piedras pre- 
ciosas. La estatua de la diosa es una de las 
cosas más magnílicas que se han descu- 
bierto en las ciudades sepultadas bajo la 
lava: son los ojos de esmalte; tiene en los 



brazos, en las gargantas de los pies y en el 
cuello alhajas y brazaletes con gran finura 
y de una forma admirable. VA pavo real 
colocado á un lado, es también casi todo de 
piedras preciosas. La trípode puesta delan- 
te del altar es toda de oro, trabajada tan 
admirablemente como el incensario. Había 
también en el templo lániparas de bronce, 
de hierro, de plata y de oro, cinceladas con 
arte, con follaje de árboles y de parra, in- 
terpolados con llores y frutos magnífica- 
mente C'jncluidos. Todo el pa\imento alre- 
dedor del altar es de mosaicos, tan bellos 
como bien conservados, y el resto del pavi- 
mento del templo es de pequeños triángu- 
los de ágata blanca y de purpurina. Sólo 
el sitio donde se hacían los sacrificios está 
enlosado con mármol. Todos los instru- 
mentos de que usaban en aquella ocasión, 
estaban aún sobre la mesa de bronce, ^^los 
vasos sagrados están llenos de una materia 
rojiza que se cree sea sangre,» 




34 



2(^] 



CRÓNICA AGUSTINIANA. 



-vA/W' 



DECRETUM. 
BEATIFICATIONIS ET C ANONIZA TIONIS 

VEN. SERVAE DEI 

Sororis Icsephas Mariae A S. Apet 

V L' I. G O 1 X I- S DE B H M C, A .\ 1 M 

SANCTIMONIALIS PROFÉSSAE OROINIS EREMITARUM 
EXCALCíATORUiVIS. AUGUSTINI. 



SUPER DUBIO 

^l;;.. el de qiii'hns luiraciilis constet in casii, 
et ad ejjecliini de .jiio agitiir? 




AMQLA.M una de numero virginum 
prudentum, \'en. losepha Maria 
candidum innocentiae suae liliuní 
divino Sponso illaesum servavit, septum 
veluti spinis rcligiosae vitae in arctiori Au- 
gustiniano instituto, quod in patrio Beni- 
ganemsi Monasterio florentissimo professa 
est. Ibi usque ad septuagesimum primum 
aetatis annum perveniens, angelicam po- 
tius quam humanam vitamduxit in Ctiristo 
absconditam. Dclitescere tamen haud po- 
tuit mira eius sanctitatis ac caelestium gra- 
tiarum fragrantia, quac tum ad concives, 
tumad alios Hispaniac populos adeo late 
manavit, ut ctiam sequuto illius prclioso 
obitu vigesimaprima lanuarii die anni 
MDCXCVI, usque in praesens eius memo- 
ria ab ómnibus in benedictione habeatur. 

Delata itaque eius Beatincationis et Ca- 
nonizationis Causa ad Sacrorum Rituum 
Congregationcm, singulis pracliabilis iuxta 
canónicas praescriptiones necessariis, sa. 
me. Ciregorius Papa XVI Venerabilem Dci 
Famulam heroicis ornatam fuissc virtutibus 



DECRETO- 
DIÓCESIS DE VALENCIA. 
DE LA BEATIFICACIÓN Y CANONIZACIÓN 

bí LA VEN. SIERVA DE DluS 

Sor Josefa María do Santa Iíigs, 

VULGARMENTE LLAMADA -INÉS DS BSNIGÁNIM.» 

RELIGIOSA PROFESA DE LA ORDEN DE ERMITAÑOS 
DESCALZOS OE S. AGUSTÍN. 



ACERCA DE LA CUESTIÓN, 

Si consla en el cjso y para el efecto de que 
se trata, de los milagros, y de cuáles. 




■o.MO una de las vírgenes prudentes, 
la Ven. Josefa María conservó in- 
tacto en honor de su divino Esposo 
el blanco lirio déla inocencia, como rodea- 
do de las espinas de la vida religiosa en el 
más estrecho Instituto Agustiniano, que 
profesó en el florecientísimo Convento de 
Benigánim, su patria. En él, llegando hasta 
la edad de setenta y un años, llevó una vida 
oculta en Cristo, más angélica que huma- 
na. No pudo, sin embargo, ocultarse la 
admirable fragancia de su santidad y do- 
nes celestiales, que trascendió á sus com- 
patriotras y á otros pueblos de España tan 
latamente, que con haber ocurrido su pre- 
ciosa muerte en veinduno de Enero de 
MDCXCVI, hasta nuestros días se conser- 
va su memoria colmada de bendiciones. 

Propuesta, pues, la causa de su Beatifi- 
cación y Canonización á la Sagrada Con- 
gregación de Ritos, con todos los preli- 
minares prescritos por las disposiciones 
canónicas, el Papa Gregorito X\"I. de santa 
memoria, declaró que la Venerable Sierva 



Crónica Agustixi.wa. 



265 



sancivit, Decreto edito decimoquarto Ka- 
lendas Septembris anno MDCCCXXX\1II. 
Tum nonnisi anno jMDCCCLXXXIV ad mi- 
raculorum examen devcnire licuit. Y\\ plu- 
ribus autem e^uae fcrcbantur, tria selecta 
fuerunt, et consuetae rigidac disquisitioni 
proposita: primum in Conventu Anteprae- 
paratorio Nonis Maii dicti anni penes 
Rmum Cardinalem Dominicuní Bartolini, 
Sacroruní Rituum Congregationi Praelec- 
tum ct Causac Relatorem; dcinde in Prae- 
paratorio Rmorum Cardinalium Coetu in 
Apostolicis Vaticanis aedibus collccto Idi- 
bus lanuarii anno MDCCCLXXXV; ac tcr- 
tio in deneralibus Comitiis pariter in Va- 
ticanis aedibus coraní Sanctissimo Domino 
Nostro Lconc Papa Xlll duodécimo Ka- 
lendas Augusti eiusdem anni. In quibus 
quum Rmus Cardinalis Dominicus P>arto- 
lini, Causae Relator, proposuissct Dubium: 
An, el de .jiiihiis ¡iiiraculis constet in casu, 
et ad ejjeclnm de quo agitiir? , Rmi. Cardi- 
nales et Patres Consultores sententias suas 
singuli protulerunt. 

Quas quum audisset Reatissimus Pater, 
de tam gravi re Decretuní supremo iudi- 
cio suo ex more reservavit, atque interina 
edixit instandum esse orationi ad super- 
num lumen impetrandum. 

Lactante autem Ecclesia de nono Pon- 
tificatus anno ab Eo feliciter iam inccpto, 
hac die Dominica Septuagesimae mentem 
suam patefacere constituit. Ideoque sacro- 
sancto Sacrificio in suo privato Sacello 
prius oblato, in Pontiíícali Aula Vaticani 
Palatü assidens, ad se vocavit Rmum Car- 
dinalem Dominicum Bartolini Sacrorum 
Rituum Congregationi Praefectum,et Cau- 
sae Relatorem, una cum R. P. Augustino 
Caprara S. Fidei Promotore, et me infras- 
cripto Secretario, iisdemque adstantibus 
solemniter edixit: Constare de dnobus ex 
propositis miraculis ad invocationeni Ven. 
Servae Dei losepae Man'ae a S. Aúnete a 
Deo patratts, xidcliccí, de primo: Praeser- 
vationis ab inevitabili obilii piieri Micliaelis 



de Dios estuvo adornada de heroicas vir- 
tudes, en Decreto publicado el día iq de 
Agosto de 1838. Hasta el año 1884 no fué 
posible llegar al examen de los milagros. 
De muchos que se presentaron se eli- 
gieron tres, y se sometieron á la rígida 
discusión acostumbrada: primero en la se- 
sión Antepreparatoria el día 7 de Mayo 
de dicho año, ante el Rmo. Cardenal Do- 
mingo Bartolini, Prefecto de la Congrega- 
ción de Sagrados Ritos y Relator de la 
Causa; después en la sesicín Preparatoria 
de Rmos. Cardenales celebrada en el Apos- 
tólico palacio \'aticano el día 1 3 de Enero 
de 1885; y por tercera vez en los Comicios 
generales, igualmente en el Palacio Vati- 
cano y en presencia de Nuestro Santísimo 
Padre León Xlll el día 21 de Julio del 
misnio año. En los cuales, habiendo pro- 
puesto el Rmo. Cardenal Domigo Bartoli- 
ni, Relator do la causa, la duda siguiente: 
¿Consta, en el caso y pai a el efecto de que 
se trata, de los milagros, y de cuáles?, los 
Rmos. Cardenales y Padres Consultores 
manifestaron cada cual su parecer. 

\' habiéndolos escuchado Nuestro Santí- 
simo Padre, reservó, según costumbre, á 
su supremo juicio el Decreto de tan grave 
asunto, y recomendó que entre tanto se 
perseverase en oración para alcanzar las 
luces celestiales. 

Celebrando la Iglesia la feliz inaugura- 
ción del nono año del Pontificado del mis- 
mo, determinó manifestar su parecer en 
esta Dominica de Septuagésima. Celebra- 
do al efecto previamente el Santo Sacrificio 
en su capilla privada, sentándose en el 
Salón Pontifical del Palacio del Vaticano, 
llamó al Rmo. Cardenal Domingo Bartoli- 
ni, Prefecto de la Congregación de Sagra- 
dos Ritos y Relator de la causa, juntamente 
con el R. P. Agustín Caprara, Promotor 
de la Santa Fe, y yo el infrascrito Secreta- 
rio, y en presencia de los mismos, declaró 
solemnemente: Que consta de dos milagros 
de los propuestos, hechos por Dios mediante 
la invocación de la Ven. Sierra de Dios Jo- 
sefa Alaria de Santa Inés; á saber; el pri- 



266 



Crónmca Agustín ian'a. 



Martínez in puteum dclapsi; ct de secundo: 
Praeservalioiiis pitcri Vicciilii I'lj, ciiiiis 
criis dextenim rola plauslri in^^cnli ponde- 
re oniisli prcssiini, fuisscl omnino cnnie- 
rcnditni. 

lloc Decrctuní in vulgus edi, ct in acta 
Sacrorum Rituum Congregationis rcfcrri 
mandavit, nono Kalcndas Mnilii Anno 
MDCCCLXX.Wi. 



D. Cari.inai.isIJARTOI.IMI 

S. R. C. Pr.ic/ccliis. 



L. y^ S. 



Laurentius SALX'ATl 

S. R. C. Sccrelaritis. 



mero: Haber preservado de muerte inevita- 
ble al niño Mii/iiel Martínez, que cayó en un 
pozo; y el segundo: Haber librado al niño 
Vicente Plá, cuya pierna derecha debía ha- 
berse rolo sin remedio por la rueda de un 
carro cargado con mucho peso. 

Mandó que este Decreto se divulgase y 
consignase en las actasde la Congregación 
de Sagrados Ritos el día 21 de I'ebrcro de 
iMDCCCLXX.WI. 



D. CAUbENAL BAKTOLÍX 

Prefecto de h S. C. de R. 



L. ►I-^ S. 



LoRE \ zo S A L \' A T I , 

Secrd.xrio de l.i S. C, de R. 



Una conversión verificada por la in- 
tercesión DEL Beato Alonso de Orozco. 

Nos escribe un Religioso Agustino párroco 
de uno de los pueblos de Salangas (Islas 
Filipinas) lo siguiente que publicamos á 
la letra como él lo refiere. 

«Voy á referir á V. una cosa casi mila- 
grosa ocurrida en esta Provincia con un 
Español que falleció hace pocos días, y por 
el cual estoy autorizado, si quiero, para 
hacerlo público; por si V. gusta comunicar- 
lo á los Redactores de la Revista para que 
lo publiquen á mayor honra y gloria del 
Beato Orozco, por cuya mediación, como lo 
reconoció el mismo enfermo, y así lo escri- 
bió á España, consiguió dicha gracia; pero 
que no se citen ni el lugar, ni la persona 
(esto no me lo encargó el enfermo, pero 
me parece prudente no se publique por 
ciertas circunstancias de la familia.) 

Llegó hace tiempo á este convento N. un 
Español muy enfermo con su Señora; por 
referencias sabía que su enfermedad era 
incurable, y según los médicos, mortal. 
Los días que permaneció aquí, comprendí 
por su conversación y modo de portarse, 
que era una persona de buen natural, pero 
como sucede hoy á muchos, arrastrado por 
otros, por miramientos, por el qué dirán etc., 



había seguido las máximas del mundo, y se 
había olvidado poco á poco de todo lo to- 
cante á la salvación de su alma, hasta el 
extremo de haber abandonado por com- 
pleto casi toda práctica de devoción ó re- 
ligiosa, y sobre todo la confesión hacía 
muchísimo tiempo. Uno de los días su 
Señora, persona muy piadosa, se me acer- 
có y me dijo. — Ya ve V. como está, se va á 
morir, y lo que es peor sin confesarse, pues 
hace muchísimo tiempo que no se confiesa; 
y aunque algunas veces que ha estado muy 
malo, hablándole yo de confesión, me de- 
cía que se confesaría; un día con un pre- 
texto y otro día con otro, siempre lo va de- 
jando.— Pasados unos días, me dijeron que 
se volvían al pueblo de su destino, pues 
no notaba aquí mejoría. Al despedirse me 
acerqué á él, y le supliqué si quería poner- 
se la medalla del Beato Orozco, Agustino, 
y en quien tenía yo muchísima confianza, 
fundada en lo que ocurrió en este pueblo 
en tiempo del cólera, y después cuando la 
explosión del vapor Lipa, donde debíamos 
embarcarnos casi todos los Padres de esta 
Provincia, y que el único que se embarcó 
libró de la catástrofe mejor que nadie. 
Aceptó la medalla y se la puso; entonces 
le dije: — Encomiéndese V. á él y pídale lo 
que más le convenga, sobre todo la salud 



Crónica Agustiniaxa. 



267 



del alma; y no deje de rezarle un Padre 
nuestro todos los días y en todos sus traba- 
jos, que él le ayudará: calló y quedóse me- 
ditabundo: más de repente empieza á llorar 
y me dice:- Sí, Padre, lo haré; pues yo no 
se lo que siento desde que me puse la me- 
dalla.— Se retiraron, y á los dos días reci- 
bí una carta del enfermo, en la que me 
decía:— Quiero confesarme, pero ensegui- 
da; hace tiempo que lo venía pensando, 
mas unas veces por miedo, otras por ver- 
güenza lo he ido dilatando; pero desde que 
V. me puso la medalla, es como un agui- 
jón que no me deja sosegar, ni de día ni 
de uoche. Kn efecto, se confesó con un 
arrepentimiento y devoción extraordinaria, 
recibió el Viático con una fe y recojimiento 
de Santo; aquel mismo día, después de 
todo esto, empezó ya á delirar, y á los dos 
días falleció. Tanto el difunto como su 
Señora lo atribuían al Beato Orozco, y re- 
pito que así se lo hicieron presente por 
carta á algunos amigos de España; y me 
autorizó, como dije antes, para hacerlo pú- 
blico, si lo creía conveniente. Si V. cree 
también que puede con esto aumentar la 
devoción de los fieles á dicho Beato, puede 
si gusta comunicarlo á los Redactores de la 
Revista Agustiniaxa, que ha tomado parte 
tan activa en la propagación del conoci- 
miento de las virtudes y milagros de dicho 
Beato. 

Recuérdese lo que dice N. P. S. Agustín 
libro 22 De Civitate Dei cap. 8, núm. i 3 con 
motivo de un hecho semejante.» 



E/Naci.miento mandado construir por el 
M. R. P. Fr. Salvador Font, Agustino, en 
el Convento ó casa Parroquial de Tondo 
arrabal de Manila (Islas Filipinas.) 

«Como habíamos indicado días pasados, 
el incansable párroco de Tondo, celoso á 
la par que de la prosperidad material de su 
pueblo, de proporcionar á sus feligreses 
honestas distracciones, ha llevado á cabo 
en el presente año la tradicional cos- 
tumbre española de solemnizar la Noche 



Buena, y Pascua de Navidad, con la cons- 
trucción de un Pelen, ante cuya artística 
perspectiva se pasan las horas admirados 
estos sencillos habitantes. 

Como en este país no está muy genera- 
lizada esta costumbre, por más que haya 
algunas casas de personas respetables 
donde se le rinde culto desde tiempo inme- 
morial, hemos de decir cuatro palabras del 
Xacimiento de Tondo. 

Se ha emplazado en la sala principal del 
convento, de la cual Dcupa próximamente 
la mitad, dividida en sentido diagonal, 
desde el quicio del arco de entrada al án- 
gulo del testero opuesto. En los dos lien- 
zos de pared que limitan la construcción 
se ha fijado una Lela artísticamente pintada, 
en la que se desarrolla un extenso hori- 
zonte lleno de bellos detalles y sembrado de 
minaretes y edificios típicos de la época, y 
en último término la ciudad Santa. De esta 
en lontananza desciende una gran mon- 
taña con cuyas sinuosidades se han fingido 
con mucho arte y propiedad cinco cuencas 
divididas por grandes peñascos, que for- 
man diversidad de vertientes, cañadas y 
bonitas grutas, en donde la vejetación na- 
tural realza á la pintada, sin perder la ar- 
monía. En la parte de la derecha atrae las 
miradas una gran roca tapizada por el 
musgo y desde cuya altura se desprende 
caprichosa cascada que serpentea por en- 
tre las piedras y el follaje, hasta perderse 
en el llano en un lago, que además se ali- 
menta por un manantial que brota de un 
pequeño taclobo formando otra bonita 
cascada: el lago está circuido de plantas 
acuáticas y de peñascos reverdecidos por la 
humedad. En el opuesto lado, hace pendant 
con esta laguna, otra, en cuyo centro se 
eleva á más de un metro, líquido surtidor 
que nace entre las rocas y las plantas, 
combinado hábilmente con una gruta de 
tres arcos que le sirve de fondo y en que la 
combinación de las parásitas, con los es- 
pejos, la pintura y la vejetación produce 
un efecto mágico. 

Otra cueva formada en la roca y susten- 



268 



Crónica Agustiman'a. 



tada por «gruesas columnas, sirve ele alber- 
líuc á un cLfanle, un rinoceronte y varios 
Giros animales. 

El establo donde se adora el Niño recien 
nacido, es modesto como conviene al Re- 
dentor, y está formado por unos muros 
derruidos y techado de paja. 

Multitud de casitas, todas ellas á cual 
más bonitas, en medio de su aspecto po- 
bre, se hallan diseminadas por valles y 
montes, así como las fi^íuras, de diversi- 
dad de tamaños para realizar mejor la 
perspectiva. 

Sirve de cierre al Bclcn en su parte an- 
terior una arcada de follaje, y el alumbra- 
do se obtiene por medio de doce reverbe- 
ros colocados detrás de esta arcada. 

El Xaciiuiento del convento de Toado, es 
una obra de gusto, que, entre las de este 
género, honra á su autor el señor P... y al 
señor M... en quien ha tenido un auxiliar 
de valía, tanto como al infatigable padre 
Font que no perdona medio de dar realce 
al arrabal que tiene la suerte de llamarle 
su Párroco. 

El gentío que durante las primeras horas 
de la noche visita al convento de Tondo 
para admirar el Belén, es tan numeroso, 
que forma una verdadera procesión que se 
releva de tiempo en tiempo, habiendo te- 
nido que normalizar la entrada y la salida 
de los visitantes , para evitar demasiada 
aglomeración.» 

El Diario de Manila, 27 de Diciembre 
de 1885. 



FIESTA 

DEL SANTO NI.ÑO JESÚS DE TONDO. 

La fiesta del Santo Niño tuvo lugar ayer 
con inusitado esplendor; pero el día ante- 
rior, sábado, hubo carreras de bancas en 
el mar, cucañas y otros juegos en el atrio 
de la Iglesia. A las cinco de la tarde de di- 
cho día tuvo lugar el llamado juego del 
Caracol que consiste en lo siguiente: una 
falúa construida al efecto y tripulada por 



doce marineros, al mando de un patrón, 
llevaba á bordo un carro triunfal, adorna- 
do con ricas telas, con la capuana y dos Ic- 
nicnlas, que fué arrastrada en tierra por 
varios niños en trajes de marinero, diri- 
giéndose con varias bandas de música á la 
visita de Zapa, donde fué embarcada la 
preciosa imagen del Santo Niño, y condu- 
cida á la Pa;^oda que se hallaba situada 
frente a! paseo de Azcárraga: entonces 
tuvo lugar la procesión marítima que pre- 
sentaba un pintoresco golpe de vista, yen- 
do á desembarcar la imagen en la playa 
de Bancusay, en donde volvió á ser coloca- 
da en la falúa y conducida á la visita. 
Cuando la procesión entró en la Iglesia se 
iluminó el atrio con luces de bengala. 

y\ las ocho de la noche dio principio la 
serenata por varias bandas de música en 
el atrio, que ejecutaron escogidas piezas. 
A las diez se quemaron, en el mar, bonitos 
fuegos artificiales, con granadas, coronas 
aéreas, juegos flotantes y un bien dispues- 
to combate entre un buque y una fortaleza, 
terminando con grandes cohetones y luces 
de mucho efecto. 

Durante toda la noche varias músicas 
recorrieron las calles del pueblo, dando 
serenata á los vecinos. 

Ayer, la anim.ación y alegría fué grande 
desde las primeras horas de la mañana. 
En el templo tuvo lugar una solemne fun- 
ción, celebrando la misa el R. P. Fr. Isido- ,. 
ro Prada, Sub-prior del convento de San fl 
Agustín, asistido de dos religiosos de la 
misma Orden, y siendo ejecutada por la 
capilla y orquesta del dicho convento. El 
sermón estuvo á cargo del R. P. Fr. Eva- 
risto Arias, del orden de Predicadores, 
quien con el talento que le distingue con- 
sideró á Jesús como Salvador de la huma- 
nidad, desarrollando su tema de una ma- 
nera sencilla yprofunda, á la vez salpicando 
su discurso de bellísimas imágenes y tra- 
yendo á la memoria el recuerdo histórico 
del hallazgo del Sto. Niño de Cebú, y como 
los compañeros del gran Legaspi pusieron 
al pueblo de Tondo, el primero que abrazó 



Crónica Agustiniana. 



269 



el Evangelio y reconoció dócil y sumiso el 
suave dominio de España, bajo el amparo 
del Dulcísimo Nombre de Jesús. Exhortó 
á los tondeños que siguiesen siempre como 
lo hacían al presente, el noble ejemplo de 
sus mayores y antepasados, considerados 
siempre como buenos y amantísimos hijos 
de la madre España. 

Antes de la misa fué sacada en proce- 
sión por el atrio la imagen del Santo Niño, 
¿L cuyo acto concurrieron muchos religio- 
sos presididos por el R. P. Prior de Reco- 
letos, las principalías y un piquete de in- 
fantería con música. 

Terminada la misa se dispararon en el 
atrio varios morteretes, cuya carga con- 
sistía en monedas de á dos cuartos, y allí 
fué de ver la confusión y estrépito que se 
armó durante un rato y el contento de los 
naturales: no se veía más que gentes ro- 
dando por el suelo en busca de las apetito- 
sas monedas, disputándoselas unos á otros 
y apesar de todo no hubo el más ligero 
incidente. 

Al medio día, el R. P. Fr. Salvador Pont, 
párroco de dicho arrabal, obsequió con un 
almuerzo á todos sus hermanos de hábito 
y á otros muchos de las Órdenes de Domi- 
nicos, Recoletos y Franciscanos: fué pues 
un convite exclusivamente de religiosos. 

A las seis de la tarde salió del templo la 
procesión, con las imágenes de S. Roque, 
Sta. Mónica, S. Nicolás de Tolentino, San 
Antonio de Padua, S. José y la del Santo 
Niño, sobre gran carroza y andas de plata. 
La multitud de alumbrantes era tal, que 
difícilmente se podía organizar la comitiva 
en dos lilas. Seguramente pasarían de seis 
mil las personas de ambos sexos que asis- 
tieron, y de éstas pasaban de cuatro mil 
los niños y niñas; cerraba la marcha un 
piquete de infantería del núm. 7 con banda 
de música, y con ésta eran cinco y una or- 
questa las que iban en la procesión, que 
recorrió todas las calles del pueblo, regre- 
sando al templo á las diez de la noche. 

Al convento asistió una distinguida con- 
currencia. Allí tuvimos el gusto de ver al 



Excmo. Sr. General Terrero con sus ayu- 
dantes; Sr. General Molínsy familia; señor 
Izquierdo, Regente de la Audiencia; señor 
González Luna, Intendente interino y fa- 
milia; Sr. Vidal, Fiscal de S. M.; Sr. Mar- 
tín Lunas, Gobernador civil; Sr. Latorre, 
Brigadier de Estado Mayor y familia; se- 
ñor Cerero, Brigadier de Ingenieros y fa- 
milia; Sr. Pilón, Mayor del Apostadero y 
familia; Sr. Labhart y señora; Sr. Orduña, 
Magistrado de la Real Audiencia y familia; 
Sr. Teniente Coronel Molins y familia; 
Sres. Arias Santisteban, Pavés, Molins y 
señora; Ramírez de Arellano y familia; Ro- 
sado, Gómez y familia; Pereira y familia y 
otras muchas señoras y caballeros cuyos 
nombres sentimos no recordar. El Reve- 
rendo P. F'ont obsequió á los concurrentes 
con helados y dulces, atendiendo á todos, 
tarea que compartieron con él varios reli- 
giosos Agustinos. 

Al regresar la procesión al templo se 
iluminó con luces píricas el atrio y el tem- 
plete levantado en el centro, que es sencillo 
pero de mucho gusto. 

A las once se quemaron en la mar dos 
soberbios castillos de fuego con más de 
20.000 disparos y esta parte de la fiesta fué 
la de mayor alegría para los naturales. 

lina de las cosas que más llamaron la 
atención del pueblo y fué más de su agra- 
do, fueron los dos magníficos jigantes de 
madera y cartón, llegados de Barcelona. 
El que representa al teniente de la justicia, 
es una figura bien hecha, y la dalaga es 
bonita. Los indios se extasiaban mirando 
las dichas figuras, con sus pintorescos tra- 
jes, y hay hombre que en tres días no co- 
merla, mirando los jigantes. 

Para terminar estos mal perjcñados ren- 
glones diremos, que el tramvía prestó du- 
rante todo el día y noche muy buen servi- 
cio, demostrando evidentemente su utilidad 
y la necesidad imperiosa de que adquiera 
carta de naturaleza en esta población ex- 
tendiéndose tan útilísimo medio de loco- 
moción al resto de la capital. Ayer los co- 
ches parecían racimos de plátanos, tal era 



270 



Crónica Agustiniana. 



el considerable número de personas que 
dentro de los coches y en las plataformas 
ocupaban lu<íar para trasladarse á la fiesta. 
La (luardia C¡\ il \elerana, con muy buen 
sentido, intervino en el asunto, y para evi- 
tar desgracias prohibió que á los coches 
subieran más personas que las señaladas 
por la empresa.» 



En las Témporas del mes de Diciembre 
se ordenaron los Reliádnosos Agustinos si- 
guientes de nuestra l'rovincia. 

En Manila. 

De Prima y Ordenes Menores. 

Fr. Anselmo Corcuera. 

De Presbiterado. 

Fr. Gerardo Blanco, Fr. Luciano Morros 
Illa, Fr. Miguel Fonturbel. l'r. Paulino F'er- 
nández y Fr. Dionisio Ibáñez. 

En el Colegio de la \'iu. 

De Siihdiaconado. 

Fr. Leoncio Zuliria, Fr. .Miguel Vera y 
l'"r. Hipólito Tejedor. 

De Diaconadn. 
Fr. Ramón Rivera y Fr. Lmeterio (jarcia. 

En la pro\ incia de Mechoacán, se orde- 
naron de presbíteros en el otoño de 1885 
l')s religiosos agustinos que á continuación 
se expresan: 

l'r. yX.urcIi'') \'illangomez. 

Fr. Fulgencio \'illangomez. 

Fr. Tomás Ruiz. 

Fr. Guillermo Toledo. 

Fr. José de Jesús Rojas. 

Fr. Facundo Flores. 

Ir. Nicolás Herrera. 



NOTICIAS VARIAS. 

Su Santidad León XI 11 al conmemorar 
su exaltación al Solio Pontilicio el 21 del 
pasado Febrero, se ha dignado decretar la 
bcalilicación de varios venerables y entre 
ellos la de la N'enerable Inés de Beniga- 
nim, Religiosa Agustina española publi- 
cando la aprobación de dos milagros verifi- 
cados por la intercesión de esta venerable 
como nuestros lectores habrán visto al 
principio de esta crónica, aunque la solem- 
ne Beatificación no se celebrará probable- 
mente hasta el próximo año de 1887. 

También la Sagrada Congregación de 
Ritos ha mandado examinar los escritos 
del Venerable Esteban Bellesini, Agusti- 
no, para los efectos de su beatificación, 
muy adelantada, como saben nuestros lec- 
tores. 

Los PP. Agustinos de Filipinas han 
construido una nueva efigie de Nuestra 
Señora de Guadalupe, para el Santuario 
del mismo nombre, próximo á .Manila, y de 
ella dicen los periódicos de aquel archi- 
piélago: 

«A persona competente hemos oído ha- 
cer elogios de la escultura de Nuestra Se- 
ñora de Guadalupe de tamaño mayor que 
el natural, hecha por un escultor español 
no ha mucho llegado al país y cuyo nombre 
se ha escapado de nuestra memoria. 

Dícennos que la escultura aludida es una 
verdadera obra de arte; y, á nuestro juicio, 
debería ser expuesta en uno de los estable- 
cimientos de la Escolta para que los escul- 
tores filipinos, que los hay muy aplicadoí.; 
tuvieran ocasión de verla y estudiar en 
ella, ya que no tienen aún una Escuela en 
donde adquirir los múltiples conocimientos 
y secretos que el arle encierra, y que hoy 
suplen con su inventiva, muchas vece,- 
acertada, aunque sin la segura base del 
estudio y de la práctica ante buenos mode- 
los y bajo inteligente dirección. 



Crónica Agustiniana. 



27T 



Órganos,— Los dos órganos venidos en 
el vapor Reina Mercedes han sido encarga- 
dos por el M. R. P. Fr. Enrique Magaz, 
uno para la parroquia de Sibonga y otro 
para la de Carear, en la isla de Cebú. 

Insensiblemente se va dotando á los 
iglesias de Filipinas de órganos, de que 
antes carecían, gracias al celo de losRlv. Pá- 
rrocos y á las facilidades que encuentran 
para traerlos de Kspaña, y á lo relativa- 
mente baratos que salen esos intrumentos 
tan indispensables en los templos. 



CATÁLOGO DE LOS Conventos é Iglesias 
DE N. S, Orden derruídos é lnutilizados 

EN ESPAÍVA POR LA REVOLUCIÓN DESDE 
principios de ESTE SIGLO. 

fCuntinmción.) 
VIZCAYA. (BILBAO.) 

S. Ao-i/s//'n.— El convento de este nom- 
bre estuvo primeramente situado fuera de 
la villa y bajo la advocación de S. Bar- 
tolomé apóstol. Mas el año 1425, seis años 
después que fué fundado , los religiosos 
que en él moraban se trasladaron á otro 
edificio destinado al efecto dentro del 
mismo IMlbao. Tuvo muchísima parte en 
su traslación el entonces General de la 
Orden B. Agustín de Roma. Ignoramos 
cuál haya sido la suerte de aquel agusti- 
niano monasterio después de la exclaus- 
tración. 

DLRANGO. 

.S. A¿,'7í,s7/».— La Comunidad de Religio- 
sos Agustinos de la Villa de Durango tuvo 
principio con algunos frailes allí estableci- 
dos hacia los años del Señor 1585 en una 
casa, extramuros de la población ; pero la 
fundación del Convento en el lugar donde 
hoy existe, es debida al P. .Maestro y Visi- 
tador l'r. .Martín de Sierra, en compañía de 



su sobrino Fr. Juan de Aspe, que la hicieron 
en unas casas situadas frente á la puerta de 
Zabala. Se compraron éstas al Licenciado 
D. Juan de Zaldibar y su mujer D.' Cons- 
tanza Hurtado de Zaldibar. Tomaron los 
Agustinos posesión solemne del Convento 
de Durango el día 8 de Setiembre de 1586. 
.\ndando el tiempo, es decir, á principios 
del siglo decimoséptimo, fueron cdilicados 
el Convento y la Iglesia, que aún están en 
pié, los cuales se distinguen por su mucha 
solidez y elegancia, lia sido tres veces 
profanado el agustiniano asilo en lo que 
llevamos de siglo. En la guerra de la 
Independencia, y en las dos civiles de Car- 
los V y Carlos VIL La Iglesia, aunque 
conserva su magnífico retablo y los altares, 
está cerrada al culto; y el Convento sirve 
de Hospital á la Villa por concesión del 
Gobierno hecha en 1850. El último agus- 
tino que moró en el convento Durangués 
fué el virtuosísimo P. Fr. Agustín Arteche. 



AZPEITIA. 

S. A^^ listín. — EXconwcnio de tal nombre 
que existía en Azpeitia (Guipúzcoa) fué fun- 
dado hacia el año 1 581. Posteriormente á 
la exclaustración vino al suelo, quedando 
tan sólo en pié la Iglesia. 



PAMPLONA. 

S. AQuslín. — En 142 1 perteneció este 
convento á nuestra antigua provincia de 
Castilla. (Jomo consta de las Crónicas de la 
Orden, fué albergue de sabios y santos va- 
rones. Sus moradores al ser exclaustrados 
rodaron al azar, conio quien dice, por el 
para ellos desconocido mundo. Desde la 
expulsión acá, continuó la Iglesia, gracias 
al cielo, sirviendo para el fin á que en un 
principio se la destinó, si bien con alguna 
leve interrupción. No há todavía muchos 
años que la Iglesia fué transformada en 

35 



2'"2 



Crónica Agustiniana. 



Parroc/zíM JcS. Agustín. El Convento cree- 
mos hace, al presente, las veces de fábrica. 



ESTELLA. 

S. >i^^2/s//;i.— Aceptando los Agustinos la 
oferta que les hiciera en 1322 I). Tomás 
l-'rancisco de Estclla de ciertas heredades 
que poseía en la Parroquia de San Miguel, 
según Herrera, in Arenad EstelLv in Moro- 
nera, edificaron la Iglesia y Monasterio 
nuevos, dejando el que tenían desde i 3 1 3, 
bajo la ad\ocación de San Antonio. No 
duraron mucho ni la Iglesia ni el convento, 
pues amenazando la guerra pi^r el uño de 
1 369, fué completamente destruido, por lo 
visto, para mejor defender la ciudad, toda 
vez que el mismo Rey de Navarra señaló á 
nuestros hermanos dentro de la ciudad lo- 
cal suficiente á donde se trasladaron éstos 
el ó de Julio de 1 387, previa la licencia del 
limo, Sr. D. Martín Zalva, entonces Obispo 
de Pamplona. Después de la exclaustra- 
ción, suponemos habrá tenido la misma 
suerte que la generalidad de los demás 
conventos. 



ZARACOZA. 

S. .\,í,'^z/s//;?.— El convento de este nombre 
es grandioso y antiquísinio. Ya en 1286 
estaba en pié y en poder de los PP. Agus- 
tinos, habiendo sido anteriormente de 
Franciscanos. Se continuó el año \^\^ 
hasta llegar al perfecto acabamiento del 
edificio. Estaba situado junto al muro déla 
ciudad que mira al Este. Tenía una her- 
mosísima Iglesia; pero la destruyeron los 
franceses, así como gran parle del con- 
vento, cuando el famoso sitio de la guerra 
de la Independencia: Los PP. Agustinos, 
cuando vino l'crnando \TI y fué constitui- 
do rey, rehabilitaron el edificio é hicieron 
de un antiguo claustro, la Iglesia que pro- 
visionalmente estuvo sirviendo como tal 
hasta el tiempo de la expulsión de las 



Órdenes religiosas. Hoy es depósito de 
utensilios militares, 

Slo. Tomás de Villaniieva. — Hé aquí lo 
que acerca de este edificio dice D. Pascual 
Madoz, nada amigo de los frailes: «Co- 
legio sito en la plaza de la Mantería á la 
espalda de la calle del Coso, pasado el 
,\rco llamado de S. Roque. Tiene una bo- 
nita Iglesia con su cimborrio y paredes 
pintadas al fresco por cI celebre Claudio 
Coello, venido de la corte al objeto por 
disposición del .Vrzobispo de esta capital y 
religioso de la misma (Jrden de S. Agustín 
D. I"r. Francisco de Camboa en 1605. En 
el día esta Iglesia está destinada á parro- 
quia Castrense, hasta tanto que concluya 
de habilitarse la de S. Ildefonso. En su 
Convento se halla establecida la casa co- 
rrección de mujeres, con el nombre de Real 
Casa de S. Ignacio.» No sabemos si conti- 
núa el local del Colegio siendo hoy día 1' < 
que era al escribir aquel Señor; pero si 
que la Iglesia, después del año 50, sirvió de 
almacén de maderas, y que hará cosa de 
un año las Madres Escolapias hanla abier- 
to al culto. 

Agustinos Descalzos. — Fué fundado por 
estos Religiosos en 1602 frente á la puente 
del Portillo. En la guerra contra los fran- 
ceses arruinóse por completo; pero los Pa- 
dres Recoletos, una vez concluida la guerra 
y establecido en el trono el .Monarca De- 
seado, volvieron á establecerse en Zarago- 
za á la entrada de la calle de S. Bla-. 
abriendo al efecto un oratorio público para 
devoción de los fieles y servicio de los reli- 
giosos. Aquí permanecieron hasta el funes- 
to año 35. AI presente está convertido el 
solar que tenía en casas particulares. 

Colegio del Pilar. —Xsí se llamaba el que 
los Agustinos Descalzos tenían abierto y 
dirigían en la nuncionada capital de Ara- 
gón. Se levantaba detrás del celebérrimo 
santuario del mismo nombre en la que 
vulgarmente se decía «Casa del .Marqués 



Crónica Agustixiaxa. 



273 



de Aitona». Fundáronle en 1O05 y eslu\íi 
ejerciendo su primitivo destino hasta la 
general supresión de los Conventos. Pos- 
teriormente ha sido vendido á personas 
particulares é iprnoramos en qué ha va ve- 
nido á parar últimamente. 



CALATAYUD. 

Xlrci. Sra. de la Correa.— EX (^onvento de 
Agustinos de Calatayud, conocido con el 
nombre que hemos subrayado, debió de 
fundarse á últimos del siglo X\'I ó princi- 
pios del X\'1I, así como el que le sigue de 
i^drja. Fn estos niomentos la Iglesia sirve 
de escuela y lo restante del convento está 
habilitado para Instituto de segunda ense- 
ñanza. 



150RJA. 

S. .Aí^z/.s//;;. — De este Convento, no al- 
canzan más nuestras noticias que á decir 
que hace ahora las veces de café. 



HUESCA. 

S. A^uslin.—V.n 15 10 levantó este mo- 
nasterif) de Agustinos el Obispr) D. Juan 
Aragón y de Navarra en Santa María de 
Foris, junto á los muros de la ciudad, el 
cual más adelante fué trasladado al Cole- 
gio de la Compañía de Jesús (1788). El 
edificio aún se conserva en pié y es cono- 
cido con el nombre de Casa de Misericor- 
dia. De la Iglesia permanece todavía el 
ábside y la hermosa torre gótica que la 
adornaba en mejores tiempos. 

Convenio de Recoletos.— La. fundación de 
este memorable asilo de Descalzos data 
del año i6jo de la era cristiana en que los 
mismos padres agustinos la llevaron á 
cabo, no sin grandes trabajos. Mas en 1844, 



fué completamente derruido para que so- 
bre el área que ocupa se levantase un tea- 
tro y un jardin público. Cuando menos, así 
se progresa en corrupción de costum- 
bres y en libertinaje. 

Niieslra Señora de Lorelo. — F^l (Convento 
de Nuestra Señora de Loreto, distante cua- 
tro kilómetros de Huesca, hallábase si- 
tuado en una heredad (especie de granja, 
llamada I.oret) perteneciente á los biena- 
venturados padres del invicto mártir San 
Lorenzo. Primeramente se edificó en la 
mencionada heredad un santuario en hon- 
ra de la Santísima Virgen, el cual estuvo 
en poder de los religiosos Templarios, pa- 
sando después de la extinción de éstos á 
manos de los Canónigos Agustinianos de 
la Real Casa de Moiile Aragón, quienes 
más tarde lo cedieron á los Cofrades de 
S. Vicente del Sepulcro y S. Lorenzo de 
Loreto. Estos últimos quedaron con la 
obligación de reedificar la Capilla mayor, 
y así lo hicieron en 1500. El piadoso mo- 
narca D. Felipe II, no satisfecho aún con 
la maravilla del Escorial, y deseando fun- 
dar en el propio sitio un Convento de 
Agustinos, en honor de S. Lorenzo y en 
memoria de la gloriosísima jornada de San 
Quintín, lo hizo en efecto el año de gracia 
de 1583. Tomaron posesión del Monasterio 
de Loreto los PP. .Malón de Chaide y Je- 
rónimo de Aznar, en compañía de otros 
dos conventuales del de Huesca. La obra 
se ejecutó con arreglo á los planos del ce- 
lebérrimo Herrera, por lo que juzgamos 
innecesario ponderar el mérito artístico del 
tan soberbio edificio. Baste decir que era 
acabado modelo de la Arquitectura espa- 
ñola del siglo XVI, grandiosa como el si- 
glo en que nació y severa como el carácter 
del que la ideó. Por lo visto hacía som- 
bra á los revolucionarios, cuando se atre- 
vieron á demoler el Convento por com- 
pleto. ¡Siempre el espíritu apocado y ruin 
ha creído que lo gigante y lo sublime es- 
tán demás en el mundo! Sin embargo, y 
gracias al celo del Ilustrísimo Obispo de 



274 



Crónica Agustimana. 



la Diócesis Sr. Zarandía, la Iglesia se con- 
serva, restituyéndose al culto en 1X5S!. (i) 



Consérvase muy bien al presente, pero es 
de dominio particular. 



CASPE. 

S. Ai7?<s//». — Efectuóse la fundación del 
Convento de S. Airusiin de Caspc el año 
1Ó17. A estas fechas, si no estamos mal 
informados, está ocupado por los PP. Es- 
colapios. Estos se sirven asimismo de la 
líílesia aneja al monasterio. 



BADAJOZ. 

Síj. CaLilina.—\sí se intitulaba el mo- 
nasterio de PP. Agustinos calzadr)s que 
desde el año 15 15 en que fué fundado, 
existía en la capital de Extremadura. Pero, 
á la sazón, juzgamos que habrá pasado á 
la historia como tantos otros. 



LA VICIOSA DE DELEITOSA. 



Convento de PP. Descalzos. — De este 
convento agustiniano no tenemos otras 
noticias que la de su destruccif'jn en los 
tiempos que alcanzamos. 



STA. CRUZ DE LA SIERRA. 

Convento de PP. Recoletos. — Pov no te- 
ner á nuestra disposición Crónicas de Des- 
calzos, ignoramos en qué tiempo se edificó 
el Convento que éstos poseían en el men- 
cionado pueblo, distante como dos leguas 
y media de Trujillo, en la carretera que 
conduce á Badajoz. Sabemos, sí, que del 
asilo agustiniano no restan más que algu- 
nas paredes maestras y la magnífica bóve- 
da de la Iglesia, que hace el oficio de pa- 
jar. Pertenece á un propietario de la tierra. 



TRUJILLO. 

En esta ciudad extremeña tenían los pa- 
dres conventuales del Monasterio anterior 
una enfermería para el mejor y más pronto 
restablecimiento de los convalecientes. 



(1) .\ccrca de este convento dejó manuscrita una historia 
el 1'. Juan de .Mancipe. 



VALDEl'UE.NTES. 

Convento de PP. Recoletos. — Respecto 
de este edificio escasean noticias ciertas 
de su fundación. Sabemos que, á pesar de 
la expulsión de los religiosos, la Iglesia 
continúa abierta al culto público como 
ayuda de Parroquia. El convento está bas- 
tante bien conservado por haberle destina- 
do á pajar y otros servicios de igual laya 
sus actuales poseedores. 



TOLEDO. 

San Agustín. ~Vov multitud de vicisitu- 
des pasó el convento, así dicho, de la ve- 
tusta capital de los Godos, que en un prin- 
cipio fué conocido con el nombre de San 
Esteban .Mártir. Se fundó en 1260 con la 
protección y avuda de D. Alfonso el Sabio, 
viniendo para habitarle varios religiosos 
procedentes de nuestro antiquísimo con- 
vento de Cartagena. Pero viendo D. Gon- 
zalo Ruiz de Toledo, (de quien son des- 
cendientes los Condes de Orgaz) que 
enfermaban á cada paso los frailes de San 
Agustín por la proximidad del Tajo, trató 
de mudarles á su primitivo lugar; al efecto 
conferenció con D.' .María, esposa del Rey 
D. Sancho IV de Castilla, la cual consiguió 
de éste la cesión del antiguo Palacio de 
los Reyes para que morasen en él los Pa- 
dres agustinos. Con el competente permiso 
de Su Santidad y del Arzobispo de Toledo, 
se trasladaron aquéllos el 1 312. protegidos 



Crónica Agustiniana. 



27$ 



hasta el fin por el ilustre Procrenitor de los 
Condes de Orgaz, que según Lanteri, aca- 
bó por vestirse la humilde capilla de agus- 
tino. En este convento brillaron grandes 
honibres en sabiduría y santidad, y entre 
ellos el P. Alfonso de Vargas, por sobre- 
nombre Toledo. No sabemos en qué ha 
venido á parar el convento de que venimos 
hablando. Su suerte, á juzgar por muchos 
de sus compañeros no habrá sido muy 
buena. 

San Affuslíii.— Con este título poseían en 
la Primada de España, los Padres Recole- 
tos un monasterio. Como es sabido, el 
año 35 les arrojaron de sus propias vivien- 
das; pero ignoramos qué se haya hecho de 
tal edificio. 



Sania Úrsula. — FA monasterio de Madres 
agustinas conocido con el nombre de San- 
ta Úrsula se fundó el año 1250 para que 
sirviese de Colegio á las Mantelalas de 
N. S. Orden; mas andando el tiempo to- 
maron todas el sagrado velo de religiosas, 
convirtiéndose en verdadero convento de 
monjas. De aquí salieron en 1Ó03 las Ma- 
dres Sor Constancia Ribera de S. Pablo y 
Sor .María Cobarrubias de Jesús, para fun- 
dadoras de nuestro Convento de Descalzas 
de Eybar y de las Trinitarias de Madrid. 
Carecemos de datos respecto de su actual 
estado. La comunidad se conserva, aunque 
viviendo muy pobremente. 

S. Torcualo.—Tüvo principio esta Santa 
Casa de Agustinas el año del Señor 1520, 
en el que varias piadosas mujeres ayuda- 
ron á levantar el templo y comenzaron á 
vivir en comunidad en una casa contigua á 
éste. Asegura nuestro historiador P. Lan- 
teri que tenían fama las religiosas de San 
Torcuato de muy recogidas y santas. En 
tan ejemplar asilo vivieron las Madres 
María de S. Pedro y María de Aguilar, las 
cuales fueron destinadas el año 1559 para 
dirigir y enseñar á las niñas del Colegio 



que por entonces había fundado el Carde- 
nal Silíceo. 



TALAYERA DE LA REINA. 

Niieslra Seflora de la Paz.—FA lieato.'Vlon- 
so de Orozco fundó este convento el año 
de gracia 1 566. Lo mandó levantar en unas 
casas de la plaza del Almario, cerca del 
antiguo alcázar, y fué su primer \'icario 
Prior. Mucho debió de prosperar cuando 
produjo hombres cual el P. Pedro Manri- 
que, Obispo de Tortosa, Virey de 'Cataluña 
y Arzobispo de Zaragoza. Al tratar los 
Padres de la Provincia de Castilla el año 
1586 de elegir una Casa que sirviera como 
de base á la reforma ó recolección agusti- 
niana, pusieron los ojos en este afortunado 
Convento del escritor Mariano P. Orozco. 
iQné habrá sido de casa tan observante de 
Recoletos después de la exclaustración 
general del 35.?.... 

S. Pablo de los Monles.— Fué fundado á 
fines del siglo XV ó principios del XVI, y 
en él vivieron muchos varones insignes en 
santidad. 

La iglesia, que era parroquia servida por 
los religiosos, se conserva con el mismo 
destino, bajo el cuidado de un sacerdote 
seglar: el convento vendido á particulares, 
fué demolido, y sólo se conservan algunas 
habitaciones destinadas á casa de labranza. 



CASARRUBIOS. (toledo.) 



5. Agustín.— F.stc convento se edificó, 
dice el Sr. Madoz, á causa de haberse 
arruinado otro que hubo algo distante del 
pueblo. Según se desprende de cierta ins- 
cripción que al lado del Evangelio del Al- 
tar Mayor se leía, debió de fundarse aquél á 
principios del siglo XVII ó á fines del dé- 
cimo sexto. Ignoramos en qué estado se 
hallen, á la sazón, así el espacioso conven- 
to como la iglesia. 



276 



( ".RÚNICA AgUSTINI.WA. 



MAQÜEDA. (TOLKDO.) 

Convenio Je Recoletos.— Eslc convenio 
de PP. Afi^ustinos Descalzos se alzaba casi 
en el centro de la susodicha \ illa, y poste- 
riormente vino á quedar á bastante dis- 
tancia de ella por los continuos trastornos 
que ha padecido el pueblo de A\aqucda. 
lOstá para desaparecer cl monasterio, si es 
que ya no ha desaparecido. 



CASTILLO DE GARCI MUÑOZ, (cuenca.) 



S. y\o-«s///?.- Débese la fundación del 
Convento así intitulado, á D. Juan Manuel, 
hijo del Infante del mismo nombre. La 
Iglesia tenia capilla señalada para los 
Castillos, tesoreros de D. Juan II, ypaia 
los Bailetes, criados de los Reyes de Ara- 
gón. Era rico en antigüedades, según 
alirma el historiador Conquense Muñoz 
Soliva. El año 1834, siendo Prior el Padre 
Cayetano Cano, expulsaron de allí á los 
religiosos, sin considerar que los Padres 
Agustinos tenían abierta, á la sazón, en el 
convento, una escuela para el pueblo. Des- 
pués de la expulsión del 34 fué destinado á 
varios usos; entre otros cárcel y audiencia, 
hasta que hace poco tiempo, derribaron 
casi lodo el edificio para aprovecharse de 
la piedra, incluso todo lo que ocupaba la 
iglesia. 

Niieslra Señora de Gracia. — Este asilo de 
madres agustinas fué fundado por Doña 
Catalina López y reparado en 1500, gracias 
á la liberalidad de Doña Leonor González 
del Castillo, mujer que fué de Hernando 
de Olivares. Arrojaron á las religiosas de 
su morada de Garci Muñoz el año 1837. El 
edificio está casi arruinado y pertenece á 
un particular de dicho pueblo que proba- 
blemente hará con él lo que con el anterior 
de religiosos hizo su poseedor. En la pa- 
rroquial de S. Juan Bautista se conservan 
todavía varios objetos pertenecientes á 



nuestros hermanos de ambos sexos, precio- 
sos restos de días mejores para nosotros y 
para la madre patria, á la par que recuer- 
do viviente de nuestra estancia en el Cas- 
tillo de Garci Muñoz. 



Avila. 



Nuestra Señora de Gracia. ~Sc fundó tan 
célebre monasterio en virtud de las letras 
Apostólicas que el Papa Julio II concedió 
en 28 de Setiembre de 1 509 y por provisión 
del limo. Sr. Obispo de Ávila de 26 de 
Junio del siguiente año, al decir del señor 
Madoz; pero nuestro cronista Herrera, 
más versado sin duda en la materia, afir- 
ma que ya en el año 1508 era aquél 7tohi- 
lium el reli'^iosarum virginum í^'inxcxum. 
Trabajó muchísimo en su fundación cl 
V. P. Fr. Juan de Sevilla, entonces Provin- 
cial de Castilla, quien hizo la entrega de 
la casa é iglesia á Doña Mencía de San 
Agustín, fundadora del Convento y agusti- 
na que murió en olor de santidad. La ca- 
pilla mayor de la iglesia, dotada por el 
contador de Carlos V D. Pedro Dávila, es 
hermosísima sobre toda ponderación. En 
el monasterio de que venimos hablando 
fué educada Santa Teresa de Jesús cuando 
aún era seglar, y en él aprendió á conocer 
lo que la verdadera vida religiosa daba de 
sí, y tan enamorada quedó de ésta, viendo 
el ejemplo de las monjas agustinas, que se 
movió á abrazar el estado de virginidad y 
de esposa de Jesucristo. Sirvió de morada 
á las Madres Dominicas del antiguo Con- 
vento de Sta. Catalina de la misma ciudad. 
Hoy está en poder de sus primitivas mo- 
radoras. 



MADRIGAL. 



Nlra. Sra. de Gracia ó S. A,c;iislin.—Dc 
ambas maneras se apellidaba el C^lonvenlo 
de Agustinos de la tan famosa villa de .Ma- 



Crónica Agustln'iaxa. 



77 



drigal. Primeramente fué de Monjas de la 
misma Orden: el año del Señor 1541 pasó 
á los religiosos con motivo de haberse 
aquéllas mudado al palacio donde nació y 
vivió Isabel la Católica, dentro de la po- 
blación, quedando nuestros hermanos ex- 
tramuros, pues extramuros estaba situado 
el anterior monasterio de Agustinas. Pro- 
tegió á los frailes de Madrigal sobrema- 
nera, el célebre purpurado y Primado de 
las Españas D. Gaspar de Quiroga, cuyos 
mortales despojos fueron depositados en 
la Iglesia de sus protegidos. Era una de 
las casas capitulares de la Provincia de 
Castilla, por lo que figura en gran manera 
en la Historia de la Orden. Honráronla in- 
signes varones en santidad y letras, que 
de enumerarlos, haríamos, tal vez, enojosa 
nuestra tarea á los lectores v esto dejaría 
de ser sucinto Catálogo. En la actualidad, 
parte está convertido en fábrica de harinas, 
y parte habítanle varios inquilinos. La Igle- 
sia fué destruida en tiempo de la francesada, 
como vulgarmente se dice. 



SEGOVIA. 



S. Agustín. — El año 1556, Fr. .\lonso de 
Madrid, Provincial de Castilla, vino á fun- 
dar en Segovia, con breve expedido ad hoc 
por el Papa reinante, á la sazón, F^aulo IV, 
en unas casas que había comprado al Con- 
destable de Castilla D. Pedro Fernández 
de \'elasco, situadas en la calle que hoy se 
dice, de S. Agustín. Si hemos de creer al 
Sr. Madoz, este convento 5'a no tenía reli- 
giosos al tiempo de la supresión general; 
quien asimismo afirma que convento é Igle- 
sia, (la cual era magnífica, por cierto) esta- 
ban, cuando dicho Señor escribía, destina- 
dos á cuartel de la brigada de artillería de 
la montaña del 5." departamento. Ignora- 
mos si continúan cumpliendo tan honroso 
cuanto progresista cargo. 



SORIA, 



S. Agustín. —VA P. Lubín en su Orbe 
Agustíníano dice que se erigió el año de 
1537; pero le designa con el nombre de 
«Colegio de Sta. María de Gracia.» Esto es 
debido á que en el Convento de Soria ha- 
bía cátedra para el público, pudiendo cur- 
sar artes los seglares que gustasen ha- 
cerlo con los PP. Agustinos, razón por lo 
cual N. S. Constituciones dividiéronle, á 
manera de dos distintas localidades, lla- 
mando de Numancia al que real y verda- 
deramente era el Convento; y de Soria, al 
local que hacía las veces de Colegio, no 
siendo en efecto más que uno é idéntico el 
edificio de ambos. A estas fechas solo que- 
dan en pié algunos paredones. 



HARO. (LOGROÑO.) 



S. Agustín.— FA año 142^ fundaba este 
célebre monasterio de Agustinos el Arce- 
diano de Calahorra y Tesorero de Doña 
Blanca de Navarra D. Diego Fernández de 
Entrada; aunque si hemos de atenernos 
al parecer de Herrera, pues motivos tenía 
para estar mejor enterado que ningún 
otro, estaba ya construido el 13^7 por Die- 
go López, vecino de Haro y amante fervo- 
roso de N. C. P. S. .\gustín. Sea de esto 
lo quequiera.lo cierto es que figura engran 
manera en los anales agustinianos por los 
hijos ilustres que de él salieron. Sin em- 
bargo, después de la exclaustración demo- 
liéronle por completo el año 4 1 , y erigiendo 
en el solar que ocupaba un elegante y vis- 
toso teatro y una cárcel espaciosa bien ven- 
tilada y cómoda. ¡Cuanta pulcritud gastan 
los enemigos de los frailes y de la religión! 

(Se continuará.) 



278 



CRÓNICA UNIVERSAL 



r>--l--<-> 




I. 

RÜiMA. 



I. día seis del mes pasado se cele- 
braron en la capilla sixtina del Va- 
ticano, y con asistencia de Su San- 
tidad León XIII, solemnes funerales por el 
eterno descanso del alma de Pío IX, de 
santa memoria. Ofició de pontifical el Emi- 
nentísimo Saconi, Obispo de Ostia y Vele- 
tri, Decano del Sacro Colegio, y el más 
antiguo de los creados por aquel gran Pon- 
tífice. Además de los Cardenales, Arzobis- 
pos y Obispos presentes en Roma, asistió 
el Cuerpo Diplomático acreditado en el 
Vaticano, así como también un gran nú- 
mero de personajes romanos y extranjeros. 

LeónXIll piensa establecer la jerarquía 
católica en el Indostán, región vastísima 
donde Inglaterra cuenta con más de dos- 
cientos millones de subditos. Algunas pre- 
tensiones infundadas de la corona de Por- 
tugal, que desearía ejercer el derecho de 
presentación, por haber sido antes de su 
dominio parte de aquellos países, han re- 
tardado la realización del pensamiento 
pontificio; pero hay motivos para esperar 
que pronto se zanjarán todas las dificul- 
tades, habiendo ya escrito con este motivo 
León XIII al monarca de Prtugal, rogán- 
dole desista de tan injustificado empeño. 

Créese que otro tanto sucederá dentro 
de poco en Rumania, extenso país del que 
acaba de apoderarse Inglaterra. Actual- 
mente cuenta tres vicariatos apostólicos. 
Hasta ahora, el temor á los europeos di- 
ficultaba la propagación de la buena doc- 
trina; pero una vez puesto el reino bajo el 
Protectorado, ó más bien, bajo el dominio 
de la Gran Bretaña, desaparecerán indu- 
dablemente esos obstáculos. En todo esto 



son de adniirar los designios amorosos de 
la Providencia divina, que sabe servirse de 
los enemigos de la Iglesia para abrir ancho 
campo á la acción civilizadora del evange- 
lio. Tal acontece al presente en el Lndos- 
tán, y otro tanto esperamos sucederá en 
breve en la Rumania. 

Su Santidad se ha dignado aprobar y 
bendecir la admirable Obra de la Santa In- 
fancia renovando las gracias que en favor 
de sus asociados concedieron sus antece- 
sores, Gregorio X\'I y Pío IX. 

La Sagrada Congregación del índice 
acaba de condenar una memoria, que alar- 
maba no poco las conciencias cristianas, 
El P. Hahn, profesor de la universidad de 
Lovaina, y autor de la memoria, creyó po- 
der sostener en nombre de la fisiología y 
de la patología, que Sta. Teresa había sido 
víctima toda su vida de una neurosis histé- 
rica; pero el P. Luis de San ha demostrado 
de un modo completo y convincente lo in- 
sostenible de las teorías de Hahn. 

Asegúrase que el gobierno chino ha pro- 
puesto á su Santidad, al marqués de Tseng, 
como enviado extraordinario de aquel im- 
perio. Los que se precian de bien entera- 
dos, juzgan que esta propuesta de China 
obedece al deseo que tiene el emperador, 
de que el protectorado de las misiones del 
extremo oriente recaiga en la futura nun- 
ciatura ó delegación apostólica en Pekin, 
en vez de ejercerlo la legación francesa, 
como ha ocurrido hasta ahora. El tiempo 
irá aclarando estas sombras. 

En la Dominica de Septuagésima se cele- 
bró en el Vaticano, en presencia de Su 
Santidad, sesión preparatoria para la beati- 
ficación de los Venerables Siervos de Dios 
llofbaer, redcntorista austríaco; Grignonde 



Crónica Universal. 



379 



Montfort, francés; Egidio de S. José, fran- 
ciscano napolitano, é Inés de Benigánim, 
Agustina española. 

Con el título de La Jerarquía católica 
' ilustrada y el Diario del Vaticano se trata 
de fundar en Roma una importantísima re- 
vista, dirigida por Francisco de F'edcricis 
y recomendada por Su Santidad León XIII. 
En ella se publicarán los retratos de los 
Cardenales, Prelados, escritores católicos 
V hombres eminentes del catolicismo en 
las diversas naciones, acompañados de su 
biografía. Otra sección irá destinada á re- 
ferir todos l(is actos de la Santa Sede en el 
orden religioso, científico y social. Hemos 
visto una muestra de esta Revista, y nos 
ha parecido proyecto excelente y digno por 
todos conceptos de recomendación. Se ha- 
rán cinco ediciones, en italiano, francés, es- 
pañol, inglés y alemán. En cada nación se 
ha constituido una junta para promoverla, 
y en Roma una comisión internacional 
compuesta de doce Emos. Cardenales. La 
junta española, que está en formación, será 
presidida, por encargo de la comisión in- 
ternacional Cardenalicia, por el Sr. Conde 
D. León Carbonero y Sol, Director de La 
Cruz. En otra parte verán nuestros lecto- 
res el prospecto de esta magnífica Revista 
y las condiciones de suscrición. 

II. 

EXTRANJERO. 

. Alemania. — Poco ó nada concreto po- 
demos decir acerca del curso que llevan 
en este imperio los asuntos político-reli- 
giosos. Hace un mes se dijo que el repre- 
sentante alemán en el Vaticano había tras- 
mitido á León XIII la ley que sobre la 
educación del clero \ la abolición de las 
leyes de .Mayo trata de presentar el gobier- 
no al Landtag, á fin de inquirir el juicio de 
Su Santidad en tan grave asunto, y a justar 
un modus vivendi. Muy pocos días habían 
trascurrido después de esto, cuando Bis- 
marck suscitó de nuevo la cuestión polaca, 



que en sentir de los diputados católicos 
alemanes, significa guerra al catolicismo. 
Confesamos nuestra ignorancia en este 
punto: no acertamos á compaginar tales ex- 
tremos. Si el famoso Canciller quería seguir 
persiguiendo á la Iglesia, cá qué viene el 
nuevo proyecto de ley, derogando en gran 
parte las famosas de Mayo de 1S73? -iQué 
significan las deferencias que ha guardado 
al Romano Pontífice, tanto con motivo de lo 
de las Carolinas, como en lo relativo á las 
leyes mencionadas? Y si busca sinceramen- 
te un concierto con la Iglesia, c'cómo expli- 
car sus ataques á los polacos, católicos por 
de contado, á quienes persigue de la ma- 
nera más injustificada? El tiempo se encar- 
gará de descifrarnos este enigma, cuya 
solución en vano hemos buscado en las 
publicaciones más acreditadas. 

La Archidiócesis de Posen, primada de 
Polonia alemana, que ha estado huérfana 
de Pastor desde el día 3 de Febrero de 
1874 hasta el presente, le tendrá por fin y 
muy digno, en Mons. Dinder, preboste de 
la Catedral de Posen. El Emmo. Ledo- 
chowscki, á quien sustituye el nuevo Pre- 
lado, ingresó en la fecha indicada en las 
prisiones de Ostrovo, y al cabo de dos 
años de cautiverio, el 3 de Febrero tam- 
bién, emprendió el camino del destierro. 
Desde entonces permanece en Roma el 
ilustre purpurado, y últimamente ha he- 
cho dimisión de su Arzobispado, á fin de 
que sus queridos diocesanos no permanez- 
caa privados indefinidamente de la direc- 
ción de un Pastor. El que ahora va á 
compartir sus trabajos con los perseguidos 
fieles de Posen, ha sido propuesto por 
Su Santidad y aceptado por el gobierno 
alemán. 

Cuanto á los proyectos que el gobierno 
alemán tiene para ¡.^'ermanizar la provincia 
d.; Posen, dícese que intenta adquirir gran- 
des propiedades por cuenta del Estado en 
dicha provincia, adjudicándolas por lotes á 
obreros ó labradores alemanes, ya por vía 



28o 



Crónica Universal. 



do airiciid'), ya haciéndoles propietarios, 
imponÍLMidoIcs ciertas condiciones. Prohi- 
birá además que los polacos contraigan 
matrimonio con sus paisanas, obligándoles 
á que se casen con alemanas. 

El emperador de Alemania ha nombrado 
al Obispo de Fulda miembro de la (Jamara 
de los Señores. Esta es la vez primera que 
un Obispo católico toma asiento en esta 
Cámara. 

Rusia.— Han ocurrido graves desórdenes 
en Lublín, Polonia rusa. La autoridad mi- 
litar, sin motivo conocido, quiso expulsar 
de su convento á tres PP. Dominicos: el 
pueblo que tuvo noticia de tales intentos, 
quiso impedirlo; pero caro le costó, pues 
la fuerza hizo fuego sobre la multitud cau- 
sando 30 heridos. Sabemos que alguno ó 
más de estos PP. han sido desterrados en 
la Siberia. ¡Cuánta crueldad con gente ino- 
fensiva y bienhechora! 

Rusia ha mostrado su descontento por la 
unión personal de la Bulgaria y Rumclia; 
así es que, cuando días pasados felicitaron 
todos los cónsules extranjeros al príncipe 
Alejandro, el de Rusia brilló por su ausen- 
cia. Mas habiendo reconocido dicho arre- 
glo las demás potencias, es de suponer que 
no ocuriera nada grave por el disentimiento 
de Rusia. A menos que con los enredos en 
que anda con el príncipe soberano de 
Montenegro, no dé un mal rato el día me- 
nos pensado á los que hoy están saborean- 
do los frutos de la paz, aun n-o consolidada, 
de los Balkanes. 

Inglaterra. -Como indicábamos en la 
Crónica del mes pasado, Gladstone con sus 
parciales ha sustituido al ministerio con- 
servador inglés, que ha quedado constitui- 
do, poco más ó menos, en la misma forma 
que lo estaba en el anterior ministerio libe- 
ral. Hay, sin embargo, una diferencia no- 
table, desde cierto punto de vista, y con- 



siste en que el nuevo ministro de I llanda, 
Morley, es partidario, hasta cierto punto, 
de la autonomía irlandesa; y como esta 
cuestión es precisamente el caballo de ba- 
talla entre liberales y conservadores, pué- 
dese decir que el cambio ha sido bastante 
radical. 

Los conservadores, imitando la anterior 
conducta de Gladstone, exigen la inmedia- 
ta presentación de las reformas que el nue- 
vo ministerio intenta hacer en lo de Irlan- 
da; pero como el asunto es espinoso y 
puede traer grandes trastornos una solu- 
ción impremeditada, los nuevos consejeros 
de la reina Victoria la han aplazado para 
dentro de un mes. 

Parnell y gran parte de sus adeptos han 
adoptado una política de moderación y de 
expectativa, dejando á Gladstone el tiempo 
necesario para madurar sus proyectos: pero 
la fracción más exaltada del mismo grupo 
parnellista, se muestra impaciente, y de- 
searía obligar al ministerio á una solución 
inmediata y completa del problema irlan- 
dés. Fácil es comprender que esta fracción 
puede con su intemperancia anular en gran 
parte las ventajas que les ofrece su situa- 
ción en las Cámaras; y sería doblemente 
sensible que por falla de paciencia un par 
de meses, se inutilizaran los sacrificios de 
tantos años. 

Han tenido gran resonancia en toda Eu- 
ropa los desórdenes promovidos por los 
socialistas de Londres el día 8 del mes 
pasado. La cosa no era para menos. Unos 
io.ooo socialistas se reunieron en dicho 
día en la plaza de Trafalgar de Londres; 
comenzaron pronunciando discursos vio- 
lentísimos, y concluyeron por armar un 
liberio horroroso. La muchedumbre, prr)- 
rrumpicnclo en gritos de <' mueran los ricos!» 
se lanzó por las calles más principales ape- 
dreando ventanas y coches y cuanto en- 
contraba á su paso. Los círculos conser- 
vadores fueron el objeto principal de la 
agresión de la plebe; algunas tiendas vié- 
ronsc saqueadas; inofensivos transeúntes 



Crónica Universal. 



2S1 



■ fueron asaltados, robados, y algunos apa- 
leados. En fin, el cansancio de las turbas, 
más que los esfuerzos de la policía, impo- 
tente ante el número, puso termino á esce- 
nas tan lamentables. En los días siguientes 
se repitieron en el mismo Londres y en 
varias otras ciudades, y todavía el día 2 i 
sucedió lo que reza el parte siguiente: «tlsta 
tarde se ha verificado el anunciado mec- 
tiug socialista en llydepark. El número de 
personas que han asistido era próximamen- 
te 20.000 (¡friolera;). Los jefes socialistas 
dirigieron la palabra á la muchedumbre, 
encaramados en tres carros, cada uno de 
los cuales tenía una bandera roja. Los dis- 
cursos han sido violentos, profiriéndose 
amenazas contra las clases privilegiadas. 
Se ha declarado que el movimiento socia- 
lista producirá grande efusión de sangre, 
si los gobiernos no reforman el estado so- 
cial de las clases obreras. Después de apro- 
badas algunas resoluciones, el ¡ueeting 
tomó el carácter de motín. La policía de á 
caballo, que ocupaba las avenidas del par- 
que, cargó sobre la muchedumbre, disper- 
sándola V apoderándose de uno de los 
carros que servían de tribuna. 

Hablemos de cosas más pacíficas. La es- 
cuela industrial de Artane, en Irlanda, fun- 
dada hará cuatro años por los Hermanos 
de la Doct^rina Cristiana, excita justamente 
la admiración de toda la comarca. Cuenta 
unos nucvecientos alumnos, divididos en 
veinte grupos, según los varios oficios que 
allí aprenden. Los Hermanos de la Doctri- 
na Cristiana, al mismo tiempo que enseñan 
á los jóvenes los oficios que han de asegu- 
rarles su porvenir, ponen cuidado especia- 
lísimo en educarlos en la práctica de las 
virtudes. Los mismos Hermanos tienen 
además en Irlanda numerosas escuelas, 
que datan de la misma fecha antes indica- 
da, y cuentan con unos 30.000 niños. En 
dicho periodo de tiempo han salido unos 
60.000 jóvenes perfectamente preparados 
para abrazar, ya las carreras industriales, 
ya las profesiones liberales. 



Héaquí el fruto natural de la enseñanza 
católica. 

De lo acontecido en las extensas colonias 
británicas poco podemos decir: lo del Su- 
dán sigue hasta ahora, poco más ó menos, 
lo mismo que en el mes anterior. Para ver 
de hacer algo, se ha constituido en Lon- 
dres una Asociación ó Comité, compuesto 
de las personas de más viso en Inglaterra, 
bajo la presidencia del PZmmo. Cardenal 
.Manning, el cual aboga por la abolición 
de la esclavitud, como es natural. Cuanto á 
lo de la pacificación del Sudan, nada posi- 
sitivo hemos visto que hayan hecho ni el 
gobierno ni la mencionada Asociación. Los 
griegos creyeron encontrar un gran apoyo 
en el gabinete liberal de Londres; pero 
Gladstone se ha apresurado á hacer saber 
al ministerio helénico, que seguirá la polí- 
tica de Salisbury. 

» « 

Francia.— Es sensible que siempre ten- 
gamos que hablar en el mismo sentido de 
las fechorías de nuestros vecinos los repu- 
blicanos franceses; pero ellos se tienen la 
culpa, que si un día lo hacen mal, al si- 
guiente lo hacen peor, resultando de aquí 
una letanía de injusticias y horrores, por 
los cuales bien pueden ser calificados de 
dignos lugartenientes del demonio en la 
tierra. 

No ha mucho hicieron desaparecer de 
las escuelas los crucifijos, á fin de estable- 
cer, decían ellos, la extricta neutralidad 
del Estado en la enseñanza oficial; mas 
viendo que aun así quedaban al frente de 
las escuelas algunas congregaciones reli- 
giosas, han resuelto inhabilitar á estas, de- 
clarando que no son capaces de dar, y eso 
es verdad, una enseñanza que satisfaga los 
deseos del Gobierno: conviene á saber; 
completamente anticristiana. Con este mo- 
tivo dijo en el Senado el Sr. Goblet, minis- 
trode Instrucción pública y de Cultos, cosas 
muy peregrinas c]ue los padres ó abuelos 
de la patria aplaudieron estrepitosamente. 

Según el ñamante ministro, el gobierno 



382 



Crónica Universal. 



cslá muy lejos do proteger la enseñanza 
del positivismo, porque en sus escuelas se 
enseña la creencia en Dios y la moral, in- 
duciendo al propio tiempo los tiernos co- 
razones de los niños al anmr á la libertad: 
lo que el gobierno quiere es desterrar para 
siempre la superstición. No añade que el 
catolicismo es sinónimo de superstición; 
pero como si lo dijera. 

Vergüenza grande es que tales cosas se 
digan á ciencia y paciencia de un pueblo 
como el francés. Con razón dice el Times 
de Londres, periódico protestante nada 
sospechoso: «La Iglesia francesa se halla 
sometida hoy á la ley de sospechosos, y es 
raro que suceda esto en un país de 37 mi- 
llones de habitantes, entre los que sólo se 
cuenta un millón de libre-pensadores de- 
clarados, y esta pequeña fracción es la que 
declara la guerra á 36 millones.» 

En armonía con los deseos del gobier- 
no, los prefectos están cometiendo atro- 
cidades que claman al cielo. Dícese que el 
de Nimcs ha enviado fuerza armada á un 
pueblo de su departamento, cuyas autori- 
dades y vecindario se resistían á que ins- 
titutrices laicas reemplazasen á las Her- 
manas de S. José. El pueblo se resistía 
valerosamente: pero ha tenido que sucum- 
bir al lin, después de haber sufrido nume- 
rosas desgracias, y las institutrices han 
tomado posesión de sus destinos. Venci- 
dos por la fuerza, los vecinos han retirado 
á sus hijos de las escuelas, llevándose á sus 
casas á las religiosas, y acordando que por 
agrupaciones siguieran aquéllas dando la 
enseñanza en el hogar; pero el susodicho 
prefecto, que será sin duda muy liberal, ha 
dispuesto la inmediata expulsión de las 
hermanitas. La historia de siempre: el li- 
beralismo significa en todas partes el más 
odioso de los despotismos; tiempo es de 
que así lo comprendan todos los hombres 
de buena voluntad. 

iNo se puede negar que los deseos del go- 
bierno francés se cumplen á maravilla en 
orden al amor á la libertad que dice trata 



de inspirar á los ciudadanos. Así se ve por 
lo sucedido en un meelincf socialista cele- 
brado en París el día ocho del mes pasado, 
calificado por «// Univers» de meelin;/ de 
asesinos. Los congregados eran unos 4.000, 
y había entre ellos tres diputados á cortes, 
varios concejales y diputados provinciales. 

Un diputado, antiguo tabernero, dijo en- 
tre otras, las siguientes barrabasadas: «Al 
matar á .^L Watrain (el ingeniero asesina- 
do por los socialistas en Decazeville), el 
pueblo ha hecho bien; ha realizado un acto 
de justicia, mientras llega el día en que lo 
ejecute en mayor escala con todos los que 
le oprimen!» En parecido tono seguía el 
orador, frecuentemente interrumpido por 
el auditorio con frases como éstas: «¡cana- 
llas! ladrones, asesinos! «.Muera Clemen- 
ceau!» «Degollarlos á todos! Ahorcarlos á 
todos!» Adviértase que este tal Clemen- 
ceau es el jefe del radicalismo republicano 
en Francia. 

A seguida tomó la palabra la ya famosa 
Luisa Michei, que se presentó vestida de 
negro y rodeada de varias damas de su 
calaña. «Protestamos, dijo, contra el arres- 
to de cinco ó seis de nuestros amigos: por- 
que si se quiere arrastrar á los juslicierns 
ante los jueces, que son los únicos crimina- 
les, es preciso que les acompañe la muche- 
dumbre de mil brazos, de mil corazones, 
de mil manos. El grito de rebelión ha sali- 
do de Decazeville; el cañón que ha estalla- 
do dentro de las minas, estallará bien 
pronto en toda F^rancia, en todo el universo. 
Se ha abierto en la raza humana la caza 
de lobos. Este grito que yo lanzo es de to- 
das las miserias contra todas las opresio- 
nes. Antes de salir de aquí permitidme que 
rinda el homenaje de mi admiración á los 
que han comenzado el desquite contra los 
bandidos, á los que han" aplastado á los 
otros, en vez de dejarse aplastar, illurra 
por los mineros de Decazeville!» He aquí 
unas señoras y unos señores que deben de 
estar llenos de amor á la libertad hasta 
las entretelas. 

Y esto se permite; se protege á los que 



Crónica Universal. 



283 



de esa manera rugen contra el orden, la 
familia, la sociedad.... y se persigue á los 
religiosos de ambos sexos que pasan por 
el mundo haciendo bien, lo mismo que al 
clero en general, que es el que mira por la 
tranquilidad y la paz, el que infunde ideas 

sanas Nada, nada: está visto: el mundo 

corre á pasos agigantados á su precipicio, 
si Dios, en quien esperamos, no tiene mi- 
sericordia de todos. 

* • 
BÉLGICA.— El convento de las Ursulinas 
de Laeken ha sido destruido completa- 
mente por las llamas. Vivían en aquel asilo 
de paz 38 hermanas religiosas dedicadas á 
la enseñanza de 150 pensionistas. Los ve- 
cinos albergaron en sus casas á las pobres 
ursulinas, que á las pocas horas fueron re- 
clamadas por sus respectivas familias. No 
han quedado del convento más que las 
cuatro paredes y un vasto montón de hu- 
meantes escombros. Los perjuicios son 
enormes, y han sido tasados en óoo.ooo 
francos, cubiertos ya por una sociedad de 
seguros. 



Italia. — Un homenaje tan brillante como 
inesperado se ha rendido en el Parlamento 
italiano al comportamiento heroico de las 
Hermanas de la Caridad. Habían aparecido 
en la lista de las recompensas otorgadas 
por Humberto varias Hermanas de la 
Caridad y Sacerdotes: pero por lo visto 
había otras muchas entre las mismas Her- 
manas que las merecían igualmente. De 
ahí que un tal Félix Cavalloti, diputado so- 
cialista, y por ende enemigo de la Iglesia, 
haya dicho las siguientes palabras: «No 
hallo entre los distinguidos con la medalla 
de oro los nombres de las pobres Herma- 
nas angélicas heroínas, que en el hos- 
pital de la Magdalena, en pié siempre y 
sonrientes de continuo, consolaban á los 
enfermos con sus cuidados infatigables; y 
de día y de noche y sin tregua, absorbien- 
do miasmas homicidas, esperaban impávi- 
das en sus puestos, aun después de sentir 



los síntomas, la hora inevitable en que de- 
bían arrancarlas de allí.» 

Ha muerto en Roma el opulento y carita- 
tivo magnate principe de Torlonia, que 
después de haber gastado enormes sum:is 
para proteger á las órdenes religiosas y 
remediar las necesidades de los pobres, ha 
dejado cuantiosos bienes para los propios 
fines. Su testamento, que de buena gana 
copiaríamos, á tener espacio para ello, es 
digno de un potentado piadosísimo. Su 
presupuesto ordinario para limosnas solía 
ser de 1.200,000 reales anuales. Su entierro 
ha sido digno de un padre de los pobres, 
los cuales le han tributado los honores que 
más puede apreciar un verdadero cristiano: 
sus lágrimas y oraciones. 

Los italianos no concluyen de entenderse 
con la república de Colombia, y parece ser 
que el asunto presenta actualmente mal 
cariz. Así lo da á entender una carta publi- 
cada en Le Malin de París por el Sr. Hol- 
guin, ministro de dicha república en Lon- 
dres y Madrid. Protesta enérgicamente 
contra el proceder de Italia en el asunto 
que ocasionó á las dificultades con Colom- 
bia. España, que tomó la iniciativa amisto- 
sa entre dichas potencias, hará, dice el 
Sr. Holguin, todo lo posible para llevarla á 
feliz término; pero teme que tan nobles 
propósitos fracasen á causa de la agitación 
que las declaraciones del conde de Robi- 
lant producirán en toda la América del 
Sur, donde los gobiernos son impotentes 
para contener los movimientos de la opi- 
nión pública. 

» • 

Turquía.— Poco se ha adelantado en la 
solución de los poblemas pendientes en 
los Balkanes; pero á lo menos, tampoco se 
han roto las hostilidades, como se temía, 
entre Grecia y Turquía, que siguen armán- 
dose y preparándose por lo que pudiera 
tronar. Las grandes potencias han hecho 
saber al gabinete de Atenas que reprueban 
su actitud hostil respecto de Turquía; á las 



2«J 



Crónica U.nm versal. 



palabras han añadido los hechos, mandan- 
do á las ntíuas de ('irecia una cscuadia para 
una demostración naval; pero lodo en vano: 
ella persiste en proclamar muy alto que es 
u!Ui potencia libre é independiente, y c^ue 
no puede en manera al^íuna dejarse impo- 
ner por nada ni por nadie. Así están ¡as co- 
sas, que no pueden durar mucho en situa- 
ción tan violenta. 

líulgaria y Turquía se han entendido, 
habiéndose efectuado la unión personal de 
la primera con Rumelia, bajo el mando del 
príncipe Alejandro, y soberanía más ó me- 
nos real de la Sublime Puerta. 

Cuanto á las diferencias de Servia y Bul- 
garia, sólo podemos decir que la comisión 
ha presentado ya las proposiciones para la 
paz deíinitiva, y que los delegados han pe- 
dido un plazo para contestar, á íin de co- 
municar á sus respectivos gobiernos las 
indicadas proposiciones. 

* 

♦ * 

PoRTUGAL.—Tambicn los portugueses han 
tenido sus motines y alborotos contra el 
ministerio conservador que quería subir 
los impuestos. Felizmente todo se ha arre- 
glado por ahora con la subida de los pro- 
gresistas, habiendo quedado constituido el 
nuevo ministerio en esta forma: Presiden- 
cia y Gobernación, Castro; Justicia, Beirao; 
Obras públicas, Navarro; Hacienda, Ma- 
riano Carbalho; Marina, Macedo; Nego- 
cios extranjeros. Barros Gómez, y Guerra, 
Vizconde de S. Januario. 

P'l príncipe heredero de Portugal ha 
concertado su matrimonio con una de las 
hijas del (3onde de París. Con este motivo 
los periódicos de la cuerda se las prometen 
muy felices, cantando á la par las grande- 
zas de la casa de Braganza y de Orleáns- 
Borbón. Dios les conceda una unión feliz, 
que contribuya al bienestar de sus futuros 
subditos: todo lo demás será gastar pól- 
vora en salvas. 



TTT. 

KSPAÑA. 

Toda la atención de los hombres políti- 
cos de España la absorben en estos mo- 
mentos las elecciones generales, que dicen 
se verificarán en el mes de Abril, si bien 
todavía nada se puede asegurar, porque 
subsisten, ó no se han disuelto las Cortes 
anteriores. El Decreto de disolución, que 
continuamente se anuncia, continuamente 
se dilata. Dícese que hay empeño entre al- 
gunos miembros del Gabinete porque sean 
las actuales Cortes las que voten al here- 
dero de la Corona, juramento que está hoy 
pendiente del próximo parto de la Reina, 
la cual ha entrado en el sexto mes de su 
embarazo. Añádese que tal conducta de los 
ministros indicados responde al temor de 
que las futuras Cortes no se distingan por 
su dinastismo, y á la desconfianza que tie- 
nen en algunos de sus compañeros de Ga- 
binete, de antecedentes revolucionrrios. 
Señálase entre éstos al Sr. Montero Ríos, 
que en nombre de la libertad acaba de 
echar por tierra todas las disposiciones 
del anterior Ministro de Fomento Sr. Pidal. 

Vagamente se habla también del rumbo 
que tomarán el Sr. Romero Robledo y los 
suyos, en cuanto se abran las nuevas Cor- 
tes. Mientras que hace algunos días decía- 
se que en unión de los generales Jovellar, 
Concha, Martínez Campos, y de hombres 
civiles de significación, como Vega Armijo 
y Navarro Rodrigo y otros, tratarían de 
resucitar la antigua Unión liberal; hoy se 
susurra que formarán en la Izquierda di- 
nástica, al lado de López Domínguez y Be- 
cerra. Nosotros carecemos de datos para 
decir una sola palabra de nuestra parte. 

Los republicanos de todos los matices, 
progresistas, posibilistas, pactistas, fede- 
rales orgánicos, etc., etc.. han celebrado 
el día 1 1 de Febrero, aniversario de la pro- 
clamación de la república española, con 



Crónica Universal. 



285 



sendos banquetes, en los que se han des- 
pachado á su gusto, hablando gordo en 
muchas partes, hasta el punto de disolverse 
algunas de las reuniones por disposición 
de la autoridad. Pero ni aún así han logra- 
do entenderse, subsistiendo las profundas 
divisiones que desde hace mucho tiempo 
inutilizan en gran parte sus instintos de 
destrucción. Entre tanto, y á pesar de las 
reclamaciones del gobierno, el Sr. Zorrilla 
ha establecido sus reales' en París, y así lo 
ha hecho saber Urbi et Orbi desde las co- 
lumnas de un periódico francés. 

La infanta Doña Eulalia, cuyo matrimo- 
nio con el infante D. Antonio, hijo de los 
Duques de Montpensicr, estaba dispuesto 
para fines de Febrero, ha caído gravemen- 
te enferma; quedando por tanto aplazada 
la ceremonia. 

Aún es más grave la enfermedad de la 
infanta Doña Cristina, viuda del infante 
D. Sebastián, á la cual han sido adminis- 
trados lOs últimos sacramentos. Dios con- 
ceda á las ilustres pacientes lo que rnás 
convenga á sus almas. 

El limo. Sr. Obispo de Almería ha puesto 
la primera piedra de 'un Asilo para ni- 
ños huérfanos en la capital de su Diócesis. 
Nació este pensamiento en el piadoso áni- 
mo del Prelado, al ver el verano pasado el 
estado de lamentable abandono en que 
quedaban inluiidad de huérfanos, después 
de los estragos que hizo el cólera. 

El Sr. Obispo de \'ich está haciendo los 
mayores esfuerzos para restaurar el mo- 
nasterio deSta. iMaría de Ripoll, de glorio- 
sísimos recuerdos históricos. Contal motivo 
se ha dirigido á Barcelona, habiendo cons- 
tituido allí una junta de personas respeta- 
bles y piadosas para recaudar algunas su- 
mas con el indicado íin. 

En los periódicos hemos leído también 
que el ilustre Prelado salmantino, P. Cá- 
mara, conseguirá bien pronto ver restau- 
rada la célebre capilla de la quinta de la 



Flecha, de la que ya hablamos en el nú- 
mero anterior. 

A Dios gracias, gana cada día terreno la 
idea de celebrar espléndidamente el Jubi- 
leo Sacerdotal de Su Santidad León XIII. 
La mayor parte de las Revistas y periódi- 
cos católicos españoles se han adherido al 
laudabilísimo proyecto, según vemos por 
la nutrida lista inserta en el Boletín que al 
efecto ha empezado á publicar la comisión 
barcelonesa. 

El Sr. D. Francisco de Paula Quereda, 
Director de la Revista católica La Reslau- 
racián, se ha constituido en Madrid en 
campeón de tan buena causa, y por su no- 
table artículo de que ya hablamos en nues- 
tro número anterior acaba de ser honrado 
con la siguiente afectuosísima carta del 
Comendador Aquaderni, «especialmente 
autorizado y bendecido por el Vicario de 
Jesucristo,— dice La Restauración,— para. 
organizar y presidir las fiestas con que el 
orbe católico se propone festejar al Vicario 
de Jesucristo.» 

"Comisión Promovedora para festejar el 
Jubileo Sacerdotal de S. S. León A7//.— Bo- 
lonia, 3 de Febrero de 1886. —Muy ilus- 
tre Señor: He recibido su atentísima carta 
del 23 del mes pasado, así como los dos 
ejemplares de su valiosa revista La Res- 
tauración, en la cual he leído con vivo in- 
terés el bellísimo artículo que V. ha escri- 
to acerca de las bodas de oro del Padre 
Santo León XIII. Doy á V. expresivas gra- 
cias, y espero que la buena semilla produ- 
cirá excelentes frutos en la prensa católica. 
—Espero que tendrá V. á bien seguir ha- 
blando de nuestros trabajos en los siguien- 
tes números, y propagar también cada vez 
con más eficacia las buenas ideas y los 
provectos relativos á las bodas de oro del 
dran Pontífice. — Hoy mismo envío un 
ejemplar de su Revista al Sr. Palau á Bar- 
celona.— Renovándole el testimonio de mi 
agradecimiento, me declaro con especialí- 
sima consideración— Su afmo. y atentísimo 
servidor. —J. Acquaderni.— Si.'ujr Francis- 



286 



Crónica Universal. 



co de P. Qucreda, Director de I.a Restau- 
ración.» 

Repetimos lo que dijimos en nuestro nú- 
mero anterior: vemos con placer cuanto 
cede en honor de la Santa Sede y del Au- 
gusto Pontífice que hoy la ocupa, y valga 
lo que valga nuestra modesta cooperación, 
pueden contar incondicionalmente con ella 
los promovedores del pensamiento, al que 
de nuevo nos adherimos. 

Ha fallecido víctima de un repentino ata- 
que de apoplejía el virtuoso y dignísimo 
Sr. Obispo de Mallorca Excmo. é llustrísi- 
mo Sr. D. Mateo Jaume y Garau. Había 
nacido en IJuchmayor (Mallorca) en 31 de 
Agosto de 181 i; fué sucesivamente Canó- 
nigo Magistral y Rector del Seminario de 
Palma de Mallorca, hasta el i.° de Mayo 
de 1858 en que tomó posesión de la silla 
episcopal de Menorca, para la cual fué 
preconizado por Su Santidad Pío IX en 21 
de Diciembre anterior. En 2 de Marzo de 
1875 fué trasladado á Mallorca, diócesis 
que desempeñó con gran celo pastoral has- 
ta su muerte, ocurrida en 19 de Febrero 
de este año. 

También ha fallecido en Madrid el Señor 
Duque de Almenara Alta, marqués de 
Monesterio, primer presidente y fundador 
de la Academia de la Juventud Católica en 
España. — R. I. P. 

Para la silla episcopal vacante de Cebú 
(F'ilipinas) ha sido presentado el ."\\. R. P. 
García, Rector del Colegio de Pastrana, de 
los PP. Franciscanos Misioneros de aquel 
Archipiélago. 

El Sr. Cánovas del Castillo ha recibido 
de manos del Excmo. Sr. Nuncio de Su 
Santidad un Breve Pontificio nombrándole 
caballero de la Orden de Cristo, por la 
atención que tuvo con el \'icario de Jesu- 
cristo eligiéndole como mediador entre 
España y Alemania en la ya felizmente 
terminada cuestión de las Carolinas. 



Parece que adelantan con rapidez los 
preparativos para establecer en las Islas 
Carolinas autoridades militares y misiones 
españolas. Al efecto tratan de establecerse 
dos centros principales, dividiendo el Ar- 
chipiélago en Carolinas Orientales y Occi- 
dentales. 

Ha empezado á publicarse en Palencia 
con el título de El Santísimo Rosario una 
piadosa é interesante revista, bajo la direc- 
ción de los PP. Dominicos. Sea bien veni- 
do nuestro querido compañero, á quien 
gustosos saludamos, admitiendo el cambio 
y deseándole próspera y larga existencia. 
Sabemos que á esta Revista seguirá otra de 
carácter cientílico, redactada también por 
la misma ilustrada y benemérita Orden. 

Por designación expresa de la Sra. Doña 
Ernestina Manuel de Villena, de cuya pre- 
ciosa muerte hablamos en nuestro número 
anterior, ha sido elegida para suceder 
á aquella heroína de la Caridad en el car- 
go de Presidenta déla Asociación del Asilo 
del Sagrado Corazón en Madrid, la Exce- 
lentísima Sra. D." Adela Salmón de Suá- 
rez, que desempeñaba el cargo de Secreta- 
ria. La difunta Ernestina, como familiar- 
mente se la llamaba, había puesto toda su 
confianza en la Sra. de Suárez, su buena 
amiga y muy parecida á ella .en el alma- 
Es de creer que la elección, hecha por 
aclamación, será fructuosísima para la 
piadosa Asociación que tanto bien está 
haciendo. 

El ilustre escritor de la Ordende Sto. Do- 
mingo, y querido amigo nuestro, P. Fr. Joa- 
quín Fonseca, Regente de Estudios del Co- 
legio de Sto. Tomás de Ávila, en un extenso 
y bien escrito artículo publicado en KlSií^lo 
Futuro, da minuciosa noticia de un hecho 
portentoso ocurrido en aquel Colegio. L'n 
hermano lego estabahacíatiempocompleta- 
mente impedido del uso de sus miembros, 
de tal modo que para moverse deun lugar á 
otro tenía que valerse de muletas, y aún nece- 



Crónica Universal. 



287 



silaba la ayuda de sus hermanos. Con mo- 
tivo de construirse en la suntuosa Iglesia 
un mag-nífico altar gótico para una precio- 
sa estatua de S. José, concibió el piadoso 
hermano la idea de encomendarse al San- 
to, y tal confianza llegó á adquirir de que 
por su mediación alcanzaría la salud, que 
así lo dijo á los trabajadores. Constante en 
su propósito, dedicó una Novena en honor 
del Santo Patriarca para suplicarle esa 
gracia, y á pesar de notar que cada día de 
la novena crecían y se hacían más insopor- 
tables sus dolores, continuó hasta concluir- 
la. Cualquier otro, dice el P. Fonseca, hu- 
biera pensado, y no sin fundamento, que 
el recrudecimiento de los dolores era indi- 
cio de que el Santo le negaba su petición, 
y hubiera renunciado á ella como temera- 
ria; pero el piadoso lego, lejos de pensar 
así, á medida de los dolores sentía crecer 
las esperanzas, circunstancia que no se ex- 
plica sino porque Dios se las inspiraba en 
el Patrocinio del Esposo de María. No las 
vio el pobre lego defraudadas: en medio 
de su oración sintió un día una sensación 
extraña y como impulsos de levantarse 
y andar; pero escuchando más la voz de la 
obediencia, aguardó hasta terminar el 
acto. ¡Cuál no sería el asombro de los re- 
ligiosos al ver levantarse y andar por su 
pié bendiciendo á voces á Dios y al Cran 
Patriarca, y levantando en alto en señal de 
triunfo las muletas, al mismo que poco 
antes habían visto ser conducido al coro 
en brazos de sus hermanos; La Comunidad 
se asoció entusiasmada á las expansiones 
de alegría del pobre tullido repentinamen- 
te sanado; los religiosos jóvenes improvi- 
saron una orquesta, y todo fué cánticos de 
júbilo y alabanzas de Dios y del gran Pa- 
triarca á quien llamó padre en la tierra. 

El P. Fonseca, después de relatar el he- 
cho, hace de él y de todas sus circuns- 
tancias detenido análisis y concienzudo 
examen crítico, y deduce con lógica con- 
tundente y segura que se trata de un hecho 
absolutamente inexplicable por las leyes 
físicas, de un verdadero milagro, en cuan- 



to tal calificación puede darse por un par- 
ticular. 

Aprendan los materialistas que aun hay 
milagros en el siglo de las luces. 

De calamidades, aunque no tantas como 
otros meses, tampoco faltan noticias. Si- 
gue el cólera haciendo algunas víctimas en 
Tarifa y su comarca, y poniendo en los 
ánimos miedo de que para el próximo ve- 
rano recorra de nuevo toda la Península. 
Los periódicos han hablado de un leve te- 
rremoto ocurrido en Soria, sin consecuen- 
cias, y estos últimos días ha habido otro 
en Elche, que ha causado algunas grietas 
en los edificios, pero sin desgracias per- 
sonales. Cuatro mil casos de pulmonía 
se registraron en un solo día en Madrid. 
Y finalmente, el ex-Ministro de Fomento 
Sr. Pidal ha recibido en Mcrida una perdi- 
gonada por el casual disparo de una esco- 
peta, causándole en una pierna una herida, 
de la que afortunadamente, se halla ya 
restablecido. 

No hemos hablado hasta ahora de un 
caso grave que ha llamado mucho la aten- 
ción del público. Parece que el Sr. Duque 
de Sevilla, hijo del Infante D. Enrique, 
hallándose hace algunos meses de jefe de 
la guardia de Palacio, pronunció acalora- 
do ciertas palabras que se consideraron 
subversivas contra la dinastía reinante, v 
quiso luego penetrar infructuosamente en 
las habitaciones de la Reina D.' Isabel. 
Corrían del hecho diversas y contradicto- 
rias versiones, razón que nos movió á no 
hablar del asunto. El suceso ha quedado 
tan envuelto en tinieblas como estaba: lo 
que se sabe es que á raíz del mismo llamó 
al Duque el General F'avía y le intimó la 
orden de entrar en las prisiones militares 
de S. Francisco. La sentencia que ha re- 
caído en la causa que se le formó condena 
al Duque de Sevilla á la pérdida de todos 
sus honores y á presidio en el penal de 
Sevilla. 



•)i 



288 



Crónica Universal 



Hé aquí algunas curiosas estadísticas: 

Durante el año 1884 se impusieron 52 
penas de muerte, y en el año anterior .J4. 
En ci cuatrienio de 1859 al 62 varió su nú- 
mero entre 31 y 39. En 1843 se dictaron 
227, si bien, por recaer en reos prófugos 
muchas, no se ejecutaron. Los indultos de 
todo género de penas concedidos desde 
1855 '^ '^^- variaron entre 325 (en i86i)y 
744 (en 1858) por año. En 1883 se otorga- 
ron 89, y 843 en el 84, incluyendo los 485 
concedidos á los penados que trabajaron 
en la Cárcel Modelo de Madrid. 

Las cantidades de oro y plata acunadas 
en la casa de Moneda de Madrid desde el 
año económico de 1868-69 ^ 1884-85, am- 
bos inclusive, son: en monedas de oro del 
antiguo sistema se han acuñado en centi- 
ncs y cuarcntines por valor de 328.441,455 
pesetas, y en monedas del nuevo sistema, 
de 25 y 10 pesetas, 921.653,1 15. Total de 
oro acuñado: 1,250.094,570 pesetas. En 
moneda de plata del antiguo sistema, de 
2 escudos, de I y de o'40 de escudo, se han 
acuñado 7.347,502'5o pesetas, y del nuevo, 
en piezas de 5, 2, i y 0*50 y o'20 pesetas, 
59i.773,929'40. Total do plata acuñada: 
599.i28,432'90 pesetas. 

A pesar de la decadencia originada en el 
comercio de cabotaje por las circunstancias 
sanitarias en 1884, ofreció, sin embargo, 
algún movimiento más que en el año ante- 
rior. Por entradas, en cantidades, el exceso 
en 1884 ha sido de 21 1,953 quintales mé- 
tricos, y en valores 9.065,973. La compara- 
ción con el quinquenio da 1.278,432 quin- 
tales más, y 36. 1 38,082 pesetas. Por salidas, 
el exceso de 1884 es de 204,145 en cantida- 
des: pero en valores hay una disminución 
de 11.069,483. Respecto del quinquenio 
aparecen 771,167 quintales más, y un au- 
mento de 36.721,053 pesetas en valores. 
De aquí resulta una consecuencia difícil de 
comprender: que las mercancías salidas de 
los puertos españoles para otros valían 
mucho menos en 1884 que en 1883. La pro- 
vincia que más se distingue por su activi- 
dad es Barcelona, que tu\o de entradas en 



valores 65.719,974 pesetas, y de salida 
I 15.766,201. Cádiz ofrece respectivamente 
63.768,789 y2o.489,20o;Coruña, 38.646,584 
y 34.997,853; .Málaga 66. 37 3,864 y 32 millo- 
nes, 400,705; Oviedo, 45.174,070 y 34 mi- 
llones, 948, 1 34; Sevilla, 40.490,762 y 37 mi- 
llones, 432,031; Valencia, 33.400,705 y 3 ^ 
millones, 062,761. Las principales provin- 
cias en que las entradas por cabotaje su- 
peran en valor á las salidas son Alicante, 
Almería, Cádiz, Coruña, Málaga, Murcia, 
Oviedo, Pontevedra y Sevilla, Exceden las 
salidas á las entradas en Barcelona, Gra- 
nada, Santander, Tarragona, Vizcaya y 
Baleares. 

En todo el año de 1885 entraron en el 
puerto de la Habana 1,059 buques de to- 
das clases, con 910,308 toneladas, de los 
cuales 385 fueron españoles, 480 america- 
nos, 98 ingleses, 24 franceses, 16 norue- 
gos, y el resto de diversas naciones. FA nú- 
mero de los que entraron en 1884 y 1883 
fué de 1,103 buques, con 1-126,721 tonela- 
das, y 1,333 con 1.078,219 respectivamen- 
te. Hay pues, una baja en el número de en- 
tradas en contra del pasado año, compara- 
rado con los anteriores, y un aumento en 
el tonelaje en 1884 sobre 1885 y 1883. 

El territorio de las 95 audiencias en que 
está dividida la naciíHi para la administra- 
ción de justicia en lo criminal, varía entre 
594 kilómetros y 15.149. Las audiencias de 
mayor territorio son, por este orden, las 
de Huesca, Albacete, Zaragoza, Cáceres, 
Ciudad Real, Cuenca. Córdoba, Teruel, 
Soria y Huelva. La demarcación señalada 
á estas diez audiencias pasa de 1 0,000 ki- 
lómetros cuadrados. Entre 1,000 y 2,000 
kilómetros de extesión superficial figuran 
las de San Sebastián, Ronda, .Málaga, Al- 
tea, Tarragona y \'clez-Málaga. Las au- 
diencias de menos territorio son las de 
Madrid (867 kilómetros cuadrados), Cádiz 
(723) y Cartagena (594). 

De los datos suministrados por los juz- 
gados municipales de .Madrid á la Direc- 
ción General de los Registros, resulta que 
en Enero úlUimo. nacieron en la Corte de 



Crónica Universal. 



289 



España 1,534 individuos, de ellos 1,13'^ coa 
vida, y 9Ó muertos ó fallecidos antes de su 
inscripción. De los nacidos vivos eran le- 
gítimos 1,102; 581 varones y s^i hembras; 
c ilegítimos 33Ó; 173 hembras y 163 varo- 
nes. El total de fallecimientos fué de 1,738: 
925 varones y 81 3 hembras. 



Como verán nuestros lectores en la sec- 
ción correspondiente, Su Santidad León 
XIII expidió en la Dominica de Septuagé- 
sima el Decreto, no de beatificación toda- 
vía, como equivocadamente han afirmado 
los periódicos; sino de aprobación de los 
milagros obrados por Dios mediante la in- 
vocación de la \'cn. M. Sor Josefa María 
de Santa Inés, vulgarmente llamada Inés 
de Benigánim, Agustina española, popula- 
rísima en \'alencia, y particularmente en 
Benigánim, su patria, donde el pueblo le 
profesa particularísima devoción. Espa- 
ña, la Orden Agustiniana, el reino de Va- 
lencia, el pueblo de Benigánim y la reli- 
giosa Comunidad de Agustinas que ocupa 
hoy el Convento donde vivió y murió la 
venerable Sierva de Dios, y que heredó y 
conserva su espíritu y sus virtudes, están 
de enhorabuena. El Decreto es un gran 
paso para la beatificación de la \'en. Inés, 
que, según se dice, se verificará el día en 
que Su Santidad León Xlll celebrará su 
Jubileo sacerdotal, 

También parece que se trata de activar 
el proceso de la beatificación y canonización 
de los mártires de Damasco, entre los cua- 
les figuran varios franciscanos españoles. 

Y finalmente, anuncian los periódicos y 
revistas, entre otras El Eco Franciscano de 
Santiago de Compostela, que va á tratarse 
de nuevo en la Sagrada Congregación de 
Ritos la causa de beatificación y Canoni- 
zación de la famosísima \'en. AL María de 
Jesús de Agreda, ilustre española tan ad- 
mirable por sus heroicas virtudes como 
por sus inspirados escritos, entre los cua- 
les le ha adquirido universal popularidad 
su Míslica Ciudad de Dios, que ha dado 



ocasión á tantas discusiones entre los teó- 
logos. El Sr. Silvela acaba de publicar una 
rica colección de preciosísimas cartas que 
mediaron entre la santa monja del Con- 
vento de Agreda y la Majestad del Rey de 
España 1). Felipe IV, prestando con ello 
eminente servicio á la Religión y á las letras 
españolas. 

A fuer de españoles, celebraríamos se 
confirmase la grata noticia relativa á tal 
resolución de la S. Congregación de Ritos. 

Estos días se ha hablado de un nuevo 
susto en Cartagena. ¡Está esa ciudad en 
desgracia! Temióse una nueva intentona 
revolucionaria: pero según las últimas no- 
ticias, todo se ha reducido á un pequeño 
tiroteo entre la guarnición y unos contra- 
bandistas. Más vale así. 

Maruja ,se titula un preciosísimo poema 
que acaba de publicar el inspirado poeta 
Sr. Xúñez de Arce. Sencillísima es su ac- 
ción, pero con tal viveza de colorido, con 
tan mágica poesía le ha revestido el poeta, 
que no sabe uno dejar de las manos el bre- 
ve folleto ni apartar de la memoria aque- 
llos versos rotundos, magníficos y vigoro- 
sos. Al Sr. Núñez de Arce le sucede como 
á muchos grandes poetas: podrán ser es- 
cépticos revolucionarios y hasta cantores 
de la duda que es lo menos que puede 
cantarse; pero sólo brillan á la altura de 
su genio cuando escriben en cristiano. 
Núñez de Arce, que por fortuna es autor 
del Idilio, ha añadido una joya más á su 
corona con el cristiano poema Maruja. 

Local.— El Excmo. Sr. Capitán Ceneral 
de este distrito D. Emilio Calleja ha sido 
trasladado con igual cargoálalsIadeCuba. 
El Sr. Calleja era persona dignísima, que 
se había conquistada) universales simpatías 
en Valladolid por su amabilidad y afectuo- 
so trato. Le deseamos prosperidad en su 
nuevo distrito. 



2qo 



Crónica Universal. 



Gran bulla y trisca han metido ios revo- 
lucionarios en esta ciudad, eligiéndola 
como uno de los principales teatros de sus 
proyectos de coalición. Iniciada esta el día 
lü de l'ebrcro en la l'laza de Orates (¡!) con 
una escena de fraternidad, continuó tra- 
tándose en el banquete celebrado el i r en 
el teatro de Lope de Vega, donde alguno 
de los oradores desbarró de manera poco 
delicada contra su eterna pesadilla: los 
curas. Pero el furor libre-pensador llegó 
á su colmo en la velada celebrada á los 
pocos días en el salón Minerva, donde se 
proclamó el libre pienso por todo lo alto, y 
se cantaron ditirambos á la libertad, y se 
perdonó la vida al catolicismo, y se dego- 
lló de intención á todos los Obispos, y se 
enterró á todos los curas y frailes de toda 
la redondez de la tierra. Uno de aquellos 
valientes Napoleones de pico, que de tal 
manera vencían endriagos y desfacían en- 
tuertos, famosísimo redactor de Las Domi- 
nicales, sacó á colación el nombre de nues- 
tro queridísimo hermano el P. Cámara, á 
quien atribuyó la frase de que «fué un san- 
to quien delató al Dr. Cazalla». (La casa 
donde se celebraba el aquelarre libre-pen- 
sador dicen, cuentan y narran que es la en 
que nació el celebérimo hereje). Y escan- 
dalizado el orador de las Dominicales, y 
lleno de olímpica indignación por la su- 
puesta frase del limo. P. Cámara, diz que 
rasgó sus vestiduras exclamando: «No, co- 
rreligionarios: el santo fué el Dr. Cazalla: 
el otro (expectación) el otro... ni si- 
quiera hombre!»— En efecto, porque fué 
una mujer, según rezan historias que, por 
lo visto, no se han escrito para libre-pen- 
sadores. El concurso, por supuesto, aplau- 
dió Heno de entusiasmo, mostrando que 
sus conocimientos históricos estaban al ni- 
vel de los del orador dominguero. Lo de 
la santidad del libertino Dr. Cazalla hubie- 
ra hecho reír á la estatua del Comendador, 
y á aquellos sensibles oyentes estuvo á dos 
deditos de hacerles llorar. 

La coalición ha quedado in fieri; pero se 
dice que se ha fundado ó se fundará en 



esta ciudad una escuela laica. ¡Salvóse Va- 
lladolid! 



Ayer 4 tonK) posesión del deanato de la 
S. 1. C. .Metropolitana de esta Ciudad el 
Sr. 1). Luis l-'elipe Ortiz, á quien damos 
nuestra enhorabuena y deseamos felicidad 
en su cargo. 



•^•^ 



JVIISCELÁNEA. 

LA JERAROUiA CATÓLICA ILUSTRADA 
Y EL DIARIO DEL VATICANO 

POR FRANCISCO DE FEDERICIS. 

Publicación mensual 

de historia contemporánea, recomendada 

por Su Santidad León XIII 

con el venerado -autógrafo siguiente: 

Romae 4 Septembris 1885 

Episcopis caeterisque bonarum artium 

cultoribus opus commendamus. 

Leo p. p. Xlll. 

La Jerarquía Católica ilustrada se 
compone de dos partes. La primera com- 
prende la Jerarquía católica propiamente 
dicha y la Corte Pontillcia. En esta parte 
pues se publicarán los retratos en fototipia 
y las biografías correspondientes: i.° del 
Padre Santo León XI II.— 2.° de los Carde- 
nales del S. Colegio del orden de los Obis- 
pos, de los Presbíteros y de los Diáconos. 
— 3.° de los Patriarcas, Arzobispos y Obis- 
pos, con residencia: de los Arzobispos y 
Obispos titulares en cargo; de los Arzobis- 
pos y Obispos en reposo. — 4.° de los Nun- 
cios, Delegados y \'icarios Apostólicos.— 
5."' de los grandes Dignatarios eclesiásticos. 
— ó.° de los Generales de las Ordenes Re- 
ligiosas.— 7." de los personajes de la Corte 



Crónica Universai.. 



201 



Pontificia.— 8." de los miembros del Cuer- 
po Diplomático en la S. Sede.— g.° de los 
trajes de la Corte Pontificia con su histo- 
ria relativa. 

La segunda parte trata de Los Obreros 
'del Catolicis.mo, ó sea de aquellos Le- 
gos católicos , también Eclesiásticos "de 
cualquiera ' ^lón ó país, los cuales se es- 
tán disting jiendo por sus obras en favor 
del Catolicismo hasta el grado de haberse 
hecho acreedores á la estima, al aplauso y 
á los encomios de todo el mundo. En esta 
parte se publicarán los retratos en fototipia 
y biografías respectivas: i.° de los Sabios, 
de los grandes Escritores y Oradores cató- 
licos — 2.° de los personajes más benemé- 
ritos para con la Santa Sede ~ 3.° de los 
Presidentes de las principales Sociedades 
católicas —4." de los Directores de los 
principales periódicos católicos — 5." de los 
héroes del catolicismo— 6." de los hábitos 
de las Órdenes de Caballeros con su his- 
toria coi respondiente. 

El Dl\rio del Vaticano será la crónica 
completa de todos los actos del Pontifica- 
do. En este Diario se registrarán todas las 
noticias del Vaticano sin ninguna aprecia- 
ción ó polémica, como otras tantas pruebas 
de hecho, pero clasificadas bajo diversas 
rúbricas, para confirmar tresr- grandes ver- 
dades muy importantes. Para la mejor in- 
teligencia damos á conocer desde luego el 
orden de las materias, en el Diario del 
Vaticano. 

Parte Primera — El Papa maestro in- 
falible de verdad. 

T[\.\x\o\. Lavoz de J. C. en su Vicario. — 
Título II. Homenaje y adhesión á 
¡apalabra del Vicario dej. C. en 
el Vaticano. — Título II I. Movi- 
ntienío jerárquico eclesiástico. 

Parte Segunda — El Papa maestro de 
civilización y de progreso. 

Título I. El Vaticano protector de las cien- 
cias. -- Título II. El Vaticano 
prolector de las artes. — Títu- 



lo III. El Vaticano salud de los 
pueblos. 

Partí: Tkrcika — El Papa Soberano y 
Padre de los pueblos católicos. 

Título I. í.a munificencia de la S. Sede y tí- 
tulos honoríficos conferidos por 
Ella. — Título II. Recepciones y 
audiencias pontificias. — Títu- 
lo III. /v/ dinero de S. Pedro. 

Noticias diversas del Valicano. 

Apéndice. -Defunciones en la Jerarquía 
católica. 

A i\a de cada mes, empezando desde 
Marzo del presente año, se publicará un 
volumen en 8.° de 144 páginas, esto es, 24 
fojas para retratos, 24 fojas para las bio- 
grafías respectivas y 48 páginas de D/cír/o 
del Vaticano. De esta publicación se harán 
por separado cinco ediciones en cinco idio- 
mas diferentes, es decir, italiano, francés, 
español, inglés y alemán. 

PRECIOS DE SUSCRICIÓN 
Á CUALQUIERA DE LAS EDICIONES EXPRESADAS. 





Al 


Al 


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Para Italia francos 


trim. 


sem. 


año. 


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20 


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Para los países dcla Unión 








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Para ios países no compren- 








didos en la Unión postal. » 


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54 



La suscrición se hará remitiendo direc- 
tamente SU importe por carta asegurada ó 
giro de letra á Roma á uno de los señoi-es 
siguientes: S. Cav. Federico Melandri, 
Tipografía di Propaganda Fide: Sr. Er.man- 
No Loescher e C. Via del Corso 307: 
Sr. Francesco de Federicis Via Cesarini 8. 

COMISIÓN promotora INTERNACIONAL. 

Emmos. Señores Cardenales. 

Carlos Sacconi, Deán del S. Colegio. 
Ludovico Jacobini, Secretario de Estado. 



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Crónica Umversai.. 



EüUARDf) IlowAHD, Obispo de Frascali. 
Juan Si.mkom, Prefecto de Propa^^rancia. 
Lucido Makía Pauocxiii, Vtcjtio deS. S. 
Federico de Fükstenherg, Arzobispo de 

Olniñlz. 
Cayetano Ai.i.monda, Arzobispo de Turin. 
Gl'ii.i.er.mo Samki.ice, Arzobispo de Ñapóles 

GUILLER.MO iMaSSAIA. 

Plácido María Schiaffino. 
José Hergenroetiier. 
Francisco Ricci-Parracciani. 

comisión promotora italiana. 

(en/ormaciófi.) 

Príncipe Don Plácido Gabrielli. 
Marqués Urbano Sacchetti. 
Princesa Sofía Odescalciii. 
Princesa Luisa Corsini. 



comisión promotora francesa. 
(en formación.) 

Illmo. Señor Camilo di Renue, Arzobispo 
de lienevenlo, Nuncio Aposl. en Francia, 
Presidente. 

Caballero José Denais, Director de «La 
Dcfense» en París. 

comisión promotora española. 
(e7i formación.) 

Conde León Carbonero y Sol, Director de 

«La Cruz» en Madrid. 

Por delicada atención del Sr. Director de 
La Cruz, formará parte de la Comisión es- 
pañola la Redacción de la Revista Agus- 

TIMANA. 




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(continuación.) 



o podría menos de ser torcedor 



r^^^^ doloroso al ánimo de Bonifacio 



¡ el que, precisamente en los do - 
minios de Italia, con la que más liberal 
se había mostrado en el discurso de su 
vida, le suscitase enconados enemigos 
el demonio de la discordia. Eran causa 
principal de ella los infaustos bandos 
de Güelíos y Gibelinos, cada día más 
enemistados, hasta constituir en teatro 
de sangrienta guerra una misma y sola 
ciudad. Según era el partido que pre- 
valecía en cada cual, así se denomina- 



ba; bien que nunca llegase el predomi- 



nio del uno á exclusión del partido 
contrario. Conforme iban pasando los 
años, escandecíanse más y más las iras, 
y proseguía la lucha con endemoniado 
furor: ya que á más do las propias con- 
vicciones, primero y principal incentivo, 
nunca les faltaba para cohonestar su 
proceder algún atentado reciente por 
parte de los enemigos. 

Apuntado queda más arriba el poco 
miramiento con que se recibían las cen- 
suras de los Papas, si en necesidades 
extremas llegaban á intimarlas; su ro- 
busta voz perdíase entre el clamoreo de 



296 



N'lNDlCAClÓN Y SEMRI.AN'ZA 



las pasiones políticas, sin surtir gene- 
ralmente otro cf(¿cto que el de encen- 
der nuevamente los ánimos, si ya no 
convertían contra ellos las armas, como 
patrocinadores de una causa injusta. 
Impolítica debió ser en algunas oca- 
siones la intervención de la Santa Sede, 
nuevo paliativo á los que tachaban pú- 
blicamente sus planes como inspirados 
por la ambición; pero en tan terrible 
coyuntura, cuando el silencio pudiera 
aparecer tácita comprueba, y los pue- 
blos estaban acostumbrados á interpe- 
lar al Pontífice, aun en asuntos menos 
tocantes que el actual á su inmediata 
jurisdicción; ^podía aquél conservar im- 
punemente una neutralidad tan ocasio- 
nada á peligros y malas interpreta- 
ciones." 

Pues en el caso de tomar algún par- 
tido, enarboladas como estaban las dos 
banderas, ostentando como lemas res- 
pectivos la autoridad de la Iglesia y la 
del Imperio, opuesto á la primera mu- 
chos años había; no era posible á los 
Papas, sin ponerse en contradicción 
consigo propios, tomar la defensa de 
los gibelinos, privando de su amparo á 
la facción güelfa, cuyos propósitos les 
habían de ser por fuerza mucho más 
aceptos. Sólo por compromiso de fami- 
lia se opusieron algunos papas á esta 
constante tradición, de que no fué in- 
ventor, ni siquiera extremado patrono, 
el Pontífice á la sazón reinante. Aun en 
designar la persona de Carlos como su 
lugarteniente y primera cabeza de los 
Güelfos con opción al reino de Sicilia, 
tuvo por modelo á sus predecesores; 
por causa nueva sobre las antiguas, la 
rebelión de D. Fadriquc. 

Así se explica cómo Bonifacio puso 
especial empeño en proteger al de An- 
)ou, y cómo mandó pagarle tributo al 



Clero de Francia, con motivo dj una 
guerra que meditaban de consuno, en 
prosecución de la infaustamente inte- 
rrumpida. Al de Aragón se le enviaron 
nuevas peticiones para que segunda 
vez volviese al antiguo estadio, en que 
con perseverancia habría podido alcan- 
zar muy gloriosos laureles. Pero des- 
echada la propuesta después de algu- 
na deliberación, y no coronando el 
triunfo las empresas de Carlos, vinieron 
de súbito á mejorarse las cosas por me- 
dio del ajuste que arriba mencionamos, 
y que sancionaba la interina posesión 
del Reino de Sicilia por D. Fadrique, 
junto con el deber impuesto á sus he- 
rederos de restituirlo á la casa de An- 
jou, como feudo inamisible y perpetuo. 
Muy principal sí, pero no único en- 
tre los amparadores de la facción gibe- 
lina, fué el Principe de Sicilia, Don 
Fadrique. En cada ciudad había nume- 
rosos y atrevidos tiranuelos, que vien- 
do en las revueltas la única esperanza 
de su medro, las fomentaban de voz y 
con las armas, perdiendo casi comple- 
tamente y contribuyendo á que se per- 
diese el respeto á las decisiones de la 
Santa Sede. En su pontificado son in- 
numerables los esfuerzos de Bonifacio 
por traerlos á todos á buen camino, y 
no menos los con que intentó conciliar 
los opuestos intereses de dos repúblicas, 
puestas al servicio de uno ú otro parti- 
do. Apenas subió al solio pontificio, y 
ya tocaron los efectos de su prudente y 
amiga intervención Venecia y Genova, 
Pisa y Bolonia. Años adelante, los Gi- 
belinos de Gubbio expulsaron de la ciu- 
dad á todos los Güelfos, de lo que muy 
sentido el Pontífice, envió contra los 
primeros un legado, que excitase el celo 
de otras ciudades en este particular. 
Obedecieron sin demora los Espoleta- 



DE Bonifacio VIII. 



29: 



nos 3^ aprestaron sus fuerzas contra los 
Gibelinos de Gubbio; pero los habitan- 
tes de Perusa, dando por causa cl 
temor de concitarse perpetuos enemi- 
gos en los que hasta entonces les ha- 
bían sido neutrales, se desentendieron 
de la demanda. Repitióla el Papa con 
más insistencia, representándoles el 
bien que de su cooperación resultaría 
al partido de la Iglesia; y al fin abando- 
naron su inacción, y uniéndose con los 
de Espoleto, consiguieron en breve un 
triuníb insigne sobre los de Gubbio, 
obligándoles á admitir en la ciudad á 
los expulsados Güelfos. 

Síntesis de la conducta de Bonifacio 
Vlll en todas las contiendas que sur- 
gieron entre las repúblicas de Italia, 
fué negociar con buenas razones la paz, 
siempre que cupiese en los términos de 
lo posible, reñalando á las partes las 
condiciones del ajuste; donde no, de la 
guerra necesaria hacía motivo de acre- 
centamiento y victoria para el partido 
güelfo, no menos que para la autoridad 
pontificia. Objetos entrambos de casi 
todos los Papas, y que en manera algu- 
na se le pueden imputar á delito (i). 

Con no nienos interés trabajó en el 
arreglo del Imperio Alemán, que divi- 
dido también por encontradas facciones 
y entregado á diversos dueños, reque- 
ría un brazo fuerte que le tornara á 
su prístina grandeza. Las relaciones de 
los Emperadores con los Papas, de un 
principio establecidas por motivos reli- 
giosos, obedecían asimismo á razones 
políticas, aunque padeciesen no poca 



( I ) En la obra del protestante Sismondi, 
Histoire des repuhliques ilaliennes, á pesar 
de su pésimo criterio, todavía se trasluce 
cl benéfico influjo de la Santa Sede en el 
bienestar de la desmembrada península. 



mengua, gracias al carácter de algunos 
sucesores de Otón el Grande. Los privi- 
legios de que éste disfrutó en otros 
tiempos no fueron siempre benéficos 
á la Iglesia; antes tuvo que deplorar no 
pocos abusos, engendrados por la inge- 
rencia del poder temporal. Enrique IV 
con nuevos atentados, no ya proceden- 
tes de la ignorancia ó sancionados por 
la Sede Romana: sino en provecho de 
los indignos y con inaudita obcecación, 
tuvo la desventura de encontrarse fren- 
te á frente con el intrépido Gregorio VII, 
que con severas intimaciones le recor- 
dó su deber. Lances y reencuentros 
muy parecidos se sucedieron con fre- 
cuencia entre los Papas y los Empera- 
dores;. pero no bastó todo ello á extin- 
guir la antigua amistad, y ni el llamado 
Rey de los Romanos dejó de serlo to- 
talmente, ni los Papas de retener su 
dominio y autoridad en las elecciones 
imperiales. 

Así que, aparte de la opinión enton- 
ces universal, de que todos los Reyes 
cristianos están sujetos á la residencia 
del Papa, quien, según esta doctrina, 
podía deponerlos por causas legítimas; 
había otras fundadas en la historia para 
que los Pontífices tuviesen mano en los 
negocios del Imperio. 

En tiempos de Bonifacio VIII volvióse 
á renovar la no interrumpida escena de 
las luchas, con que pretendían defender 
sus derechos dos candidatos á la corona. 
A la instabilidad del principio electivo 
debíanse en Alemania casi todas, y 
como consecuencia de las encontradas 
opiniones en los que adjudicaban la 
diadema imperial. Á poco de estableci- 
da en el trono la casa de Augsburgo, 
y muerto su primer vastago, Rodulfo 
del mismo nombre, estallaron las dis- 
cordias sobre si había de sucederle su 



208 



N'lNDICAClÓN Y SEMBLANZA 



hijo (■) subro¿?arlo otro extraño, (kicrras 
tan sangrientas como cstc'riics vinijron 
á perpetuar en el trono á Adolfo, con- 
trario de Alberto, el vastago de Augs- 
burgo; pero en la aparente paz que se 
siguió, meditaba éste un medio radical 
de dirimir contenciones y encaramarse 
al poder: tal era el asesinato de Adolfo, 
reconocido Emperador. 

A este fin, y prevalido de una aristo- 
cracia omnipotente, cuyos votos se de- 
clararon por él en contra de su adver- 
sario, comenzó una guerra terminada 
con la muerte de Adolfo, gracias á la 
astuta disposición de Alfredo de que 
todos los dardos se dirigieran contra su 
rival, ya que con su muerte se acabaría 
la lucha, quedando él en posesión per- 
petua y sosegada del Imperio. 

Graves daños acarreó el finado á la 
Iglesia con su pusilanimidad, no menos 
que con arbitrarias exacciones; pero 
dándolo todo al olvido el Papa, y con- 
siderando en su muerte tan sólo la cau- 
sa de la justicia, se indignó contra Al- 
berto, ya designado públicamente como 
perpetrador del crimen, y no conten- 
tándose con amenazas, se negó á con- 
firmarle en el trono , mientras no se 
purgase de la acusa. Esta resolución 
colocó en mal paso al electo, quien ni 
siquiera quiso atender á lo bien que le 
miraban sus vasallos, mayormente los 
grandes Electores. En suma, usando de 
la potestad que le conferia el derecho 
internacional, y según muchos el divi- 
no, amenazó Bonifacio á Alberto con 
desligar del juramento de fidelidad á 
los que le reconociesen Emperador. 

Rebelde en un principio, entró en sí 
el Príncipe, y con la perspectiva de tan 
imminentes riesgos, protestó de su 
inculpabilidad, y de incondicional obe- 
diencia á los preceptos del Sumo Pon- 



tífice; por lo que éste le levantó las cen- 
suras, admitiéndole en su amistad, y 
prometiendo él asimismo que defende- 
ría cuando las circunstancias lo pidie- 
sen, los derechos de la Iglesia. Bastante 
faltó á Alberto en lo sucesivo para cum- 
plir con sus compromisos; pero en aquel 
caos de miserias, entre la turba de pig- 
meos que ocupaban los tronos de la 
Europa cristiana, todavía sobresale su 
figura, é instintivamente anteponemos 
su mediocre fidelidad, á la ingrata co- 
rrespondencia de muchos Monarcas, dig- 
na de su ineptitud y enervamiento (i). 

Con esto se apaciguó Alemania: pero 
al propio tiempo convertíase el reino de 
Hungría en teatro de sangrienta guerra 
con motivo de vacar el trono. Dos eran 
los pretendientes (2), fundado el uno en 
el derecho de sucesión, otro en el con- 
sentimiento de los electores, si tal nom- 
bre merecían en un reino que nunca los 
reconoció como legales. El primero 
decíase Carlos, hijo de María de Silicia, 
y el segundo, IlamadoWenceslao, nació 
del Rey de Bohemia del propio nombre. 
Como era costumbre, vino también el 
Papa á ser arbitro de la contienda, 
quien desde luego manifestó sus incli- 
naciones hacia Carlos, por estar basados 
sus derechos en las leyes fundamen- 
tales de Hungría. Para prevenir cual- 
quiera queja y evitar imprudentes reso- 
luciones, llamó á las dos partes, que 
congregándose en Roma, expusiesen 
minuciosamente sus derechos,, para 
que el examen justificara la preferencia. 
Admitió Carlos la proposición; mien- 
tras su rival, anteviendo el infeliz resul- 



(i) V. Can tú. llist. Univ. Epoc. XIII. 
Cap. XI. 

(2) Rainaldi .\/7;r Eclesi.isl. ad. an 1303 
número XXN'II. 



DE Bonifacio VIII. 



299 



taclo que habían de acarrearle estas 
negociaciones, rehusó comparecer de- 
lante del Pontífice, empeorando así su 
causa y poniendo á aquél en el caso de 
resolver sin tantas formalidades, y con- 
forme á sus antiguas opiniones, opues- 
tas á Wenceslao. Hízose así, y para que 
no pudiera llamarse á ignorancia el 
excluido, se le designó el término de 
cuatro meses como perentorio para que 
expusiera sus derechos; mas no que- 
riendo verificarlo, confirmó Bonifacio su 
sentencia, expidiendo letras al Reino de 
Hungría, para que reconociese á Carlos 
como vendadero Rey y le rindiese ho- 
menaje. 

¡Tantos y tan gloriosos son los laure- 
les conseguidos por Bonifacio en el 
revuelto mar de la política, luciendo en 
todos, al par de eminentes talentos, 
insignes virt-ides y perseverante cons- 
tancia! 

Otros hechos hay no menos gloriosos 
á. su memoria, aunque no tan celebra- 
dos, por lo mismo que son más inter- 
nos y tocantes sólo al buen régimen y 
disciplina de la Iglesia. Antes que orde- 
nar los negocios temporales de los Im- 
perios, distribuirlos á ios dignos, y sos- 
tener sus derechos, era atender á los 
que en virtud de su cargo le solicitaban 
continuamente. Siempre fueron peli- 
grosas las alturas del Pontificado; pero 
en esta época se multiplicaba la labor á 
medida que los delitos de las nacio- 
nes cristianas, las malas costumbres y 
el relajamiento de los clérigos, ampa- 
rados de la autoridad laica, iban co- 
brando nuevas fuerzas, hasta tomar el 
nombre de ley á título de costumbre 
inmemorial. Aun entre los Papas no fal- 
tó quien con su negligencia fomentase 
tales abusos, ahora extendiendo inmo- 
derados privilegios, ahora descuidando 



el castigo de los ministros indignos. El 
entrometimiento de los Príncipes, como 
ya hemos dicho otras veces, fué tam- 
bién manantial de intrusiones por parte 
de los que abroquelados con tan alta 
autoridad, y proponiéndose por único 
objeto la sórdida riqueza, arrebataban 
los beneficios eclesiásticos, y contri- 
buían después con su mal ejemplo á la 
perdición del pueblo cristiano. 

El conjunto de las providencias to- 
madas por Bonifacio VIII para poner 
fin á las trasgresiones, no tienen cuen- 
to, y siempre llevan un cierto sello de 
altísim.a prudencia; de modo que con 
ser muy varias, conservan entre sí 
cierta unión sintética, hija de su gran 
talento, tan grande como vasto y com- 
prensivo. Á manera de entendido mé- 
dico aplica á las enfermedades los me- 
dicamentos convenientes, y de entre 
ellos, los capaces de producir una cura- 
ción pronta y radical. Leyendo atenta- 
mente la historia de la Edad Media, y 
prosiguiendo las vicisitudes del espíritu 
religioso, pasma el acierto con que 
sorprende las causas de su esplendor y 
su menoscabo, sin paliativos que sólo 
contribuyen á empeorar la llaga. 

La parte de la legislación es una de 
las que más caracterizan al octavo Bo- 
nifacio; porque allí aparece su gran in- 
teligencia como auxiliar de un celo in- 
fatigable, allí la figura de un gran 
político, y lo que aún es mucho más, de 
un gran Pontífice. Breves años ocupó la 
silla de S. Pedro, empleados todos en 
afanosos y nunca interrumpidos queha- 
ceres. Concilios no pudo celebrar por 
la premura del tiempo y otras especia- 
les circunstancias: los estudios y la cul- 
tura general, más bien que otra cosa 
estaban rezagados, especialmente si se 
equipara la última con la primera mitad 



3oo 



Vindicación y sf.miu.anza di: Bonifacio \'III. 



del siglo Xíll: nada, en suma, de la gran 
obra de Bonifacio se debió á causas 
extrañas; toda fué personalísima y ex- 
clusivamente suya. 

Los monumentos legislativos que de 
él nos restan en el día, ó yacen en la os- 
curidad de los Archivos públicos y en 
la no menos profunda de descarnados 
cronicones, ó viven en el derecho Ecle- 
siástico y en sus principales Cuerpos. A 
la magna compilación conocida con este 
antonomástico renombre, añadió Boni- 
facio VIII como fruto de su experiencia 
el sexto libro de las decretales, (i), don- 
de incluyó algunas de sus más próxi- 
mos antecesores. 

Los dos polos á que parecían redu- 
cirse todas las decisiones canónicas de 
Bonifacio VIH, son la inmunidad ecle- 
siástica y la reforma de las costumbres 
en los Clérigos, singularmente por lo 
que hace á la adquisición y usufructo 
de los beneficios. Cuanto á la primera, 
dio traza cómo extirpar los que im- 
portan exención de obediencia á los 
Superiores Eclesiásticos, por no servir 
ordinariamente sino para hacer incu- 
rables los males, que de otro modo pu- 
dieran remediarse; y á este propósito 
mandó á los Ordinarios la revisión de 
todos los privilegios en las personas de 
Iglesia, para ver si realmente existían 
y cuál fuese su sentido y trascenden- 



(i) Rechazado en Francia por motivos 
que no necesitan explicación. Esta hazaña 
es por todos conceptos digna del cesaris- 
mo galicano. 



cia (i). Respecto á los Tribunales laicos 
hizo precisamente lo contrario; pues no 
requiriéndose para castigar los delitos 
de los Clérigos, sólo contribuían al des- 
prestigio de la dignidad (2). 

Sobre la colación de los beneficios in- 
siste tan de propósito, que directa ó in- 
directamente apenas se halla otra ma- 
teria en el primer libro de su Colección. 
Ya designa los grados y condiciones del 
ascenso en las dignidades; ya provee 
convenientemente á la inmunidad de 
las sedes vacantes, más ocasionadas por 
lo mismo á la depredación; ya decreta 
la incompatibilidad de los beneficios 
simultáneos en un mismo sujeto, ya 
lanza el anatema contra ambiciosos (3) 
y simoniacos. En todo reportado, en 
todo celoso y conforme con las urgen- 
cias de la época. 

No pasa de ligerísima reseña lo que 
antecede, ni permite ampliación la na- 
turaleza de este escrito. Dígase lo propio 
de los sucesos anteriormente tocados, 
que así y todo, servirán para demostrar 
que en la vida de Bonifacio VIH no 
hubo tregua ni ocio de ninguna especie; 
sino afanes, fatigas y enérgicas deter- 
minaciones; porque nacido para gran- 
des cosas, el trabajo y la lucha fueron 
la condición de su existencia. 



(i) Sext. Decretal., lib. V., Til. VIL, cap. 
\'II. Ciim persona. 

(2) Ib. Til. XI. cap. XII. Sijiiciex. 

(3) V. Lib. I. passim. 

Fr. Francisco Blanco García. 
. íSe continuará.) 







LA GENERACIÓN ESPONTANEA, ' 

Memoria galardonada 

con el premio de la Excelentísima Diputación Provincial, en el certamen de la Real 

Academha Gaditana de Ciencias y Artes en 1885. 



-í=- ' « ♦ t ' •- <A/j\Af c— f— ♦ — t < -^ 




ONFESÉMOSLO ingenuamente: los 
adelantos científicos no corres- 
ponden al cacareado progreso 
de la ciencia experimental, ni el método 
positivo de que blasonan los progresis- 
tas modernos esclarece las inteligencias 
tanto como á primera vista parece. 
Clara prueba de esta verdad son la con- 
fusión de ideas, el cambio de principios 
y la variación de sistemas acerca de 
cualquiera doctrina, lo cual pone de 
manifiesto, según expresión deBossuet, 
que la mente no está adherida á la 
verdad. Ni necesitamos evidenciar tales 
cambios y variaciones continuas; por- 
que lo palpamos, y á pesar nuestro, nos 
lo dicta con harta claridad la propia ex- 
periencia. ¿De cuántos modos esencial- 
mente distintos se plantean hoy los sis- 



Nous sommcs sur un milicu vaste, 
toujours inccrlains ct flottants entre 1" 
ignoranccct la connaissancc. 

V/iSCM. fPcnsainicnlos.J 

temas llamados transformistas? ^jQué 
relación tienen entre sí los principios 
de esos sistemas? ¿Cuál es su fuerza y 
solidez? Bien podemos decir que cada 
transformista ha formulado un sistema 
especial, y que mañana renunciará á los 
principios que hoy asienta como axio- 
mas indemostrables, porque ya le pa- 
rezcan estériles é infecundos. 

Tal está sucediendo con el principio 
más fundamental del transformismo, 
con la base más necesaria del sistema 
evolucionista, con la razón última á que 
se acude para darnos razón del primer 
grado de la genealogía de los vivientes: 
razón, base y principio que Llaman ge- 
neración espontánea. Reddi la admitió 
solamente para los insectos de las aga- 
llas, cuyo origen no supo explicar de 



?02 



L\ r,ENi:R\ClÓN ESPONTÁNEA. 



Otra manera; Lamarck la extendió á 
todos los seres orgánicos, incluso el 
hombre mismo; su aventajado discípu- 
lo Darwin la supo ocultar mañosamen- 
te, porque comprendió su íutilidad, y 
atribuyó el origen de los primeros tipos 
á la intervención de un Creador Su- 
premo; Iteckel dice terminantemente 
que el proloplasma viviente, ó conjunto 
de molieras, en el cual se manifiesta la 
forma de vida más simple, no pudo pro- 
venir de otra parte que de la indepeiiden- 
cia ó autogonia de la materia iriorgánica: 
en otros términos, de la generación es- 
pontánea; y esta misma oposición y di- 
vergencia notables resaltan en los escri- 
tos de todos aquellos que se apellidan 
progresistas y libre-pensadores. 

Ni puede ser de otra manera; porque 
el transformismo, prescindiendo de los 
conceptos racionales, no admite, ni 
puede admitir,— so pena de monopoli- 
zar en su servicio la verdadera filosofía, 
—más verdades que las sujetas al domi- 
nio de los sentidos. Las causas y las 
sustancias. Dios, el alma, la vida futu- 
ra, los deberes morales, todo aquello en 
fin que traspase los limites de la expe- 
riencia y que no sea susceptible de pro- 
greso (de cambios esenciales, diriamos 
con más propiedad), es ajeno á la doc- 
trina transformista, como lo pregonan 
sus más fieles partidarios y acérrimos 
defensores. «rjQué son las causas de los 
fenómenos que perciben nuestros sen- 
tidos, — dice Augusto Compte, — sino 
ecuaciones insolublcs ó seres ocultos 
en la región de lo incognoscible?» «Yo 
no reconozco más causas ni más sus- 
tancias, — prosigue M. Taine, — que las 
leyes y los hechos: ni es posible, previas 
nuestras investigaciones, que el porqué 
de los fenómenos no sea una quimera.» 
«Dios y el progreso absoluto del mundo 



son una misma cosa,— afirma Ilegel, — 
y la humanidad entjra, transformán- 
dose en ese progreso indefinido, es un 
Dios Í7i fieri.» «Obremos bien, — predican 
con seriedad los espiritistas, — que las 
buenas obras harán que nuestra alma, 
al separarse del cuerpo que la encarcela, 
vuele á unirse con el de un animal más 
noble y perfecto, que es el gran premio 
que nos esper?.» «Juzgamos que nues- 
tro sistema, — enseña Darwin, — puede 
servir de argumento ineludible para 
demostrar la existencia de un Creador 
Supremo; mas esto no impide, — ex- 
pone con desfachatez en otra parte, — 
que los tipos primitivos, procreado- 
res de todos los demás vivientes, pu- 
dieran recibir la suya sin la interven, 
ción de un agente superior.» «El alma, 
— inculca Haeckel, — es un conjunto de 
maneras que comenzaron á existir en 
las épocas primitivas por generación 
espontánea, ó autogonia de la materia 
inorgánica; y de consiguiente, el hom- 
bre débese todo á la materia, del pro- 
pio modo que ésta se debe toda al 
hombre.» Y á este tenor se explican 
todos y cada uno de los hombres hoy 
llamados científicos y coronados con el 
lauro del saber, pertenecientes, por su- 
puesto, á las escuelas positivista, mo- 
nista ó transformista, diversas en el 
nombre , pero idénticas en el fondo. 
;Qué opinaremos, pues, acerca délas 
doctrinas enseñadas por tales escuelas.^ 
^•Cómo conceptuaremos á un sistema 
que no sólo prescinde de la Metafísica, 
sino que la desprecia y rechaza abierta- 
mente, trabándose entre ambos, según 
el ilustre impugnador de las doctrinas 
haíckelianas, D. A. i!. Fajarnés, una 
lucha encarnizada del hecho contra la 
causa, la modalidad contra la esencia, 
el fenómeno contra la sustancia, la sen- 



Memoria. 



30' 



sación contra la idea, la condición 
orgánica contra la percepción, el em- 
pirismo convencional contra el saber 
científico, la herencia fisiológica fatal 
contra la personaUdad libre, el determi- 
nismo absoluto contra la espontanei- 
dad y voluntad personales, los actos 
reflejos contra la conciencia, la ciega 
combinación mecánica de átomos con- 
tra el principio de la vida? 

Digamos con Aristóteles que la Meta- 
física es el centro de las ciencias huma- 
nas y se eleva muy mucho sobre todas 
ellas; que todos los sistemas científicos, 
según nuestro insigne Balmes, constan 
de dos elementos; físico el uno y geo- 
métrico el otro; aquél no puede subsis- 
tir sin éste, porque «la ciencia que no 
presupone la ley general de los hechos 
observados,- -dice Chauvet, — no es cien- 
cia; pues, prescindiendo de esa ley, se 
convierte en un análisis, en una direc- 
ción, en un conjunto de hechos separa- 
dos, y la ciencia como tal, sintetiza y es- 
tablece conclusionesgenerales;» «que en 
las cosas — sostiene Lamartine, — el que 
no sabe ni la causa ni el fin de la obrd, 
no sabe nada»: que hasta el mismo Kant 
reconoce y confiesa que «las intuiciones 
experimentales separadas de los con- 
ceptos de razón son vanas, de igual 
modo que los conceptos racionales se- 
parados do los datos experimentales 
son vacíos:» y para concluir, que «la 
ciencia sin filosofía,— en expresión de 
Chevreuil. — es música sin melodía» y 
no tiene otro objeto, según Moliere, que 
«hincharlas inteligencias predispuestas 
y formar grandes tontos.» 

Imposible parece, y no lo creyéramos 
si la experiencia no nos lo dictara, que 
hombres de talento, de ilustración y de 
saber hayan descubierto y descubran en 
el sistema de las transformaciones esa 



grandeza y sublimidad quepropalan por 
todas partes, y que, sin saber por qué, 
se hacen invisibles á las inteligencias 
imbuidas en los principios del esplri- 
tualismo cristiano. Y aún hay más: el 
sistema transformista experimenta de 
continuo cambios y variaciones radica- 
les, impugnándole hoy los mismos que 
ayer le defendían; y no obstante, cuenta 
muchos que le proponen como sólido y 
bien fundado, y predican como verda- 
dero y seguro. 

La generación espontánea, claman los 
evolucionistas, es el gran principio de 
nuestro sistema, es la roca inquebran- 
table contra la cual chocan y se destru- 
yen los dardos del espiritualismo. Pero 
Milne-Edwards, M. Bastían, Claudio 
Bernard y muchos otros acreditados 
naturalistas modernos, entre ellos va- 
rios afiliados algún tiempo al sistema 
transformista, después de escuchar los 
gritos entusiastas de sus adeptos, y de 
hacer reflexiones parecidas á las nues- 
tras, concluyen diciendo que la genera- 
ción espontánea es purísima quimera, y 
absurdos incalificables las consecuen- 
cias de ella deducidas. 

Pasteur y Tyndall, sabios observado- 
res de nuestros días: el eminente meta- 
físico Fajarnés, y cuantos han estudiado 
á fondo la cuestión, vienen á parar á 
idéntica consecuencia. Por nuestra par- 
te estimamos oportuno ocultar en lo po- 
sible nuestro juicio hasta tanto que el 
lector, después de haber apreciado en 
su justo mérito las razones que cuenta 
en su apoyo la generación espontánea, 
pueda también emitir el suyo, desmin- 
tiéndonos ó autorizándonos con él. Y 
nadie crea que tal proceder nos le su- 
giere la incertidumbre de la victoria: 
estamos ciertos, ciertísimos de la ver- 
dad de nuestra opinión, mejor dicho, 

39 



304 



La generación espontánea. 



de nuestra doctrina católica, y por tanto i 
de que saldremos vencedores; pero con 
el exclusivo lin de desprcocupar á mu- 
chos espíritus tristemente alucinados, 1 
poniéndoles de relieve la falsedad de ! 
sus creencias y lo infundado de sus j 
imposturas racionalistas, la prudencia 
nos dicta que, antes de nuestro sentir 
particular, expongamos el opuesto con 
todos sus pormenores. 

Con tales miras emprendemos ani- 
mosos nuestra tarea expositiva, cuyo 
objeto será desenvolver y examinar con 
todo el esmero y escrupulosidad posi- 
bles la historia de la doctrina relativa á 
la generación espontánea, sostén íanda- 
mental del edificio transformista. Y para 
proceder con más acierto y claridad, di- 
vidiremos esa historia en cinco épocas: 
i.Made los filósofos paganos, comen- 
zando por la escuela india, ó más bien, 
por la jónica, y concluyendo por Aris- 
tóteles; 2." la de los PP. y Escolásti- 
cos, entre los que descuellan S. Agustín 
y Sto. Tomás; 3.'' la de los enlozoaristas 
representada por el itaUano Reddi y 
terminada por Leuwenhoeck, Vallisnie- 
ri y algún otro; 4.'' la de los trans- 
formistas modernos, á cuya cabeza se 
hallan Maillet, Robinet, Lamarck y de 
más precursores de Darwin, á quienes 
siguen éste y sus discípulos hasta llaic- 
kel, y 5.'' la hasckeliana y sus continua- 
dores hasta nuestros días; incluyendo 
en tal exposición las múltiples y diver- 
gas variaciones, cambios y vicisitudes 
de dicha opinión, y terminando por 
una sucinta comparación entre el prin- 
cipio radical del transformismo y la filo- 
sofía cristiana en avenencia con las 
ciencias naturales. 

Mas antes de comenzar de lleno, bien 
es que expongamos en pocas palabras 
lo que se entiende por generación es- 



pontánea, y si de hecho la presuponen ó 
no todo los sistemas que se dicen trans- 
formistas: pues, hablando con franque- 
za, notamos la falta de ambas obser- 
vaciones, importantísimas á nuestro 
sentir, en los muchos escritos sobre la 
materia que nos ocupa, (i) 

Se entiende por generación espontá- 
nea: la aparición de la vida sobre la ¿ierra, 
dependiendo en absoluto de la autogonía 
de la materia inorgánica. Así la definen 
y en tal acepción la toman todos los 
adeptos del transformismo. (2) 



( 1 ) Téngase en cuenta, no obstante, que 
en España escasea tal género de escritos, 
sin que acertemos á explicarnos el por qué. 
Mejor fuera no gastar el tiempo en cuestión 
de tal índole; pero vista la rapidez con que 
se propaga y el rumbo increíble que toma, 
incumbe á los católicos estrechísima obli- 
gación de emplear todos sus talentos en 
examinar una doctrina de tanta trascen- 
dencia y tan relacionada con sus dogmas 
religiosos. 

Cierto que merecen atención algunos 
tratados especiales, como »La Religión vin- 
dicada de las imposturas racionalistas» del 
P. Mendive; la ^'Psicología celular» de 
D. A. H. Fajarnés: lo que acerca de la ma- 
teria escribe el P. Vigil en su Historia Na- 
tural (funciones de reproducción y apari- 
ción de la vida sobre la tierra, págs. 46 y 
480); el «Parentesco entre el hombre y el 
mono» por Polo y Peyrolón; los artículos 
que en este mismo año ha publicado «L.t 
Lectura Católica» con el título: «La doctri- 
na de las generaciones espontáneas», y los 
insertos en «La Ciencia Cristiana», con 
el nombre: '^'La célula y la vida»; pero con 
todo, varios de ellos no nos satisfacen, 
porque tratan la cuestión muy superficial- 
mente, por considerarla como incidental 
al sistema transformista. En otras naciones 
de Europa es asombroso lo mucho y bien 
que se ha escrito acerca de la materia. 

(2) Esto no obsta para que pueda con- 



-Me.mor 



lA. 



305 



Que le sea esencial y no pueda conce- 
birse, cuanto menos subsistir, el sistema 
trasformista sin el principio de la gene- 
ración espontánea, es cosa patente á 
todas luces, y que nadie por íntima per- 
suasión puede poner en duda. Darwin \ 
es entro los evolucionistas el único que 

¡ 

sostiene la superlluidad de tal principio i 
para su sistema, no porque de ello estu- 
viera persuadido, que harto compren- 
día la paridad de sus doctrinas con las 
de LamarckjSU antecesor, y .M. Spencer, 
su maestro: sino porque preveía el de- 
rrumbamiento de su edificio cimentado 
en base de tamaña debilidad, y como 
regla de prudencia, la ocultó con maña 
y arte, legando á sus discípulos, espe- 
cialmente á Haeckel. la dedución lesríti- 
ma que tanto lo atormentaba. Así lo 
confiesan sus mismos discípulos, entre 
otros M. Bastían, en su célebre contro- 
versia con M. Spencer (i^. 3' basta para 



siderarse bajo diferentes aspectos, según 
la mayor ó menor precisión con que la de- 
finen los transformistas. Por eso el P. Vi- 
gil y algún otro la dividen en agenesia, 
necrogenesíj. y amorfogcnesia: la primera 
significa para el sabio dominico: la consti- 
tución de seres vivos por el concurso exclu- 
sivo de elementos inorgánicos (Hist. Natu- 
ral por el P. ^ igil. página 5o\ definición 
idéntica á la nuestra y á la expuesta por 
H. Burmeister en su Histoire de la Créa- 
tion. cap. X\'II. pág. 3Ó0. La formation 
d' organismes nouveaux et ét) angers dans 
d' autres étres organisés, sansgermc et sans 
ceuf. La necrogenesia y amorfogenesia so n 
acepciones que discrepan algo de la pri- 
mera, pero que vienen á refundirse en la 
misma. \'éase en Bullón: ^^Théorie de la 

terreí*, art. 2, y en Proost La doctrine des 

générations spontanées. 

(i) Origin of Lije, pág. 12. por M. Bas- 
tían. 



convencerse de que tal es el supuesto 
del darwinismo, 3- tal debió suponer 
Darwin, la simple lectura de cualquiera 
de sus obras, sobre todo, las última- 
mente escritas, cuya tendencia, según 
el P. Ceferino, (i) no es otra que negar y 
destruir la intervención de un Creador 
Supremo en el origen y desenvolvi- 
miento de la vida, atribuyendo á la 
generación espontánea el resultado de 
nuevos vivientes sobre la tierra. 

Hay otros que aborreciendo el espi- 
rituaHsmo. sin llevar á bien que se 
les tilde de materialistas, pretenden se- 
guir un término medio entre ambos 
sistemas, sucediéndoles que tal preten- 
sión no tiene efecto alguno, porque ca- 
rece de fundamento. De éstos nada di- 
remos en el discurso de esta memoria: 
así como tampoco del transformismo 
espiritualista, en aquella parte que nie- 
ga a la simple naturaleza la potestad de 
producir órganos nuevos, y con ellos un 
cambio radical en la organización (des- 
cendencia secundum quid, que la llama el 
P. Pesch): porque los que tal asientan, 
dice el P. .Mendive. admiten por lo mis- 
mo la fijeza y realidad de las especies. 
}■ rechazan la esencia del transformismo 
materialista [2]. Alguna vez, sin embar- 
go, nos veremos precisados á tocar cues- 
tiones y exponer doctrinas poco relacio- 
nadas con nuestro objeto: pero que 
arrojarán luz sobre él. y servirán para 
aclararle más v más. 



(i ) Filosofía Elemental, tom. 2.° artícu- 
lo VI. «El Darzi'inismo». 

(2) La religión vindicada de las impos- 
turas racionalistas. cap. XXII. De«Lj Cien- 
cia Cristiana.» 



3o6 



í„\ cENiaiACiÚN í:spo\tá\f:a. 



I. 

Época primera, 
ó de los filósofos paganos. 



Suele presentarse huy el sistema de 
las generaciones espontáneas con cier- 
tos visos de novedad, y esta es, sin 
duda, la causa de que aumenten cada 
día los prosélitos del transformismo: 
porque indudablemente, lo nuevo; me- 
jor dicho, todo aquello que revista un 
ropaje raro y desconocido, es lo único 
capaz de cautivar y satisfacer el espí- 
ritu progresista de la época en quj 
vivimos. Pero sabido es por todos los 
hombres de ciencia que el origen del 
principio transformista se remonta más 
allá de los tiempos de Darwin y La- 
marck, no obstante que hoy aparezca 
adornado con caracteres y coloridos 
modernos. Ni se concibe que cuestión 
tan importante, y de aspecto, más que 
empírico, puramente filosófico, hubiera 
podido ocultarse á la filosofía en tiem- 
pos de su mayor apogeo. 

Unos hacen á Epicuro corifeo del sis- 
tema que nos ocupa; otros á Empédo- 
cles, y varios á Leucipo y Demócrito: 
nosotros tenemos por cierto que, si 
en la filosofía india no se hallan ves- 
tigios de las generaciones espontáneas, 
en la Escuela jónica es cosa evidente 
que sí; porque atribuir al caos, ó á la 
confusa mezcoLviza de los elementos, al 
movimiento eterno de composición y 
disolución el primitivo origen de cuan- 
to existe en el universo, ^'qué es sino el 
puro transformismo de nuestros días? 

Pues bien; tales fueron las ideas de 
Anaximandro, discípulo de Thales de 
Mileto. (i). 



(i) Ignoramos por qué moiivo se ha ca- 



Anaxímeno se separó en este punto 
de la doctrina de su maestro Anaxi- 
mandro, en cuanto atribuyó al aire, in- 
menso, según él, infinito y en continuo 
movimiento, lo que atribuyó el primero 
al caf)S incomprensible, á la confusa 
combinación de los elementos y al mo- 
vimiento eterno de agregación y dis- 
gregación: los sólidos y los líquidos, los 
Huidos y los gases no eran otra cosa 
para Anaxímeno que la condensación ó 
dilatación del aire. {En qué difiere esta 
doctrina de la profesada por muchos 
partidarios del moderno transformismo? 

Diógenes Apolonio abundó en las 
mismas ideas que sus preceptores, ca- 
biendo á Anaxágoras Claromenes la glo- 
ria de desmentir las convicciones de 
sus últimos maestros, siguiendo en todo 
las huellas trazadas por el fundador de 
su escuela. Para explicar la formación 
del mundo con las bellezas que le com- 
ponen, admitió dos principios, esencial- 
mente distintos; pero dependiente uno 
de otro: espiritual ycorpóreo. Éste pres- 



lificado de ateo al fundador de la Escuela 
jónica; pueslo que bien claro dijo que el 
agua, principio material de todas las cosas, 
era impotente para la producción de las 
mismas; y por tanto, que existía una inteli- 
gencia superior que lo disponía y ordena- 
ba todo. « iVzj/es enim Milesius, dice Cice- 
rón, (Denat. Dcor. lib. i), qiii pn'miis de tali- 
biis rebus qiix'sivit, aqiiam dixit esse initium 
rerinn, Deiim aiitem eam mentón, qii.v ex 
aqiia ciincía Jingeret.» 

Tampoco se sabe con certeza lo que en- 
tendía Anaximandro por el elemento ver- 
sátil, intermedio entre el aire y el agua, 
del cual, según algunos, hizo depender el 
origen de todas las cosas; mas para nues- 
tro asunto bástanos saber que en términos 
claros y precisos atribuyó el origen de 
cuanto existe á las confusas combinaciones 
de que hemos hablado. 



Memoria. 



307 



ta la materia informe, que aquél dispo- 
ne y ordena con tal habilidad y maestría, 
que aparece á nuestra vista recamada de 
beldades y encantos peregrinos; donde 
se ve que el último adepto de la escuela 
jónica, no obstante haber admitido la 
eternidad de los dos principios, negó al 
corpóreo la virtud omnipotente y mo- 
niscia que concedió al espiritual (i). 

No es fácil determinar con acierto lo 
que opinaba la escuela de Thales acerca 
de la formación cósmica, y generación 
de los vivientes; porque se nota gran 
confusión de ideas y palmarias contra- 
dicciones entre maestros y discípulos, 
pertenecientes á dicha escuela: sin em- 
bargo, bien podemos asegurar que Ana- 
ximandro, Ana^címeno y Diógenes Apo- 
lonio iniciaron, quizá sin pretenderlo, 
el sistema transformista, que tantos 
trastornos y revoluciones ha causado 
en el mundo científico, y que, por ma- 
yor desgracia, se halla hoy erigido en 
arbitro superior de las inteligencias 
libre-pensadoras (2). 

Otra era la idea dominante de los Pi- 
tagóricos acerca de la formación djl 
mundo y del origen de la vida. Versa- 
dos en toda clase de ciencias exactas, 
especialmente en las Matemáticas y la 
Astronomía, sostenían que el mundo no 
era más que la efluxiún de una grande 



(i) No son, por consiguiente, panteístas 
las ideas de Anaxágoras, como quieren al- 
gunos: conlirmación de esta verdad es lo 
que dijo Cicerón, hablando de este filósofo: 
vOmniíiin reruin descriptionem et modiiiu, 
mentis infinitce vi, et ratione designan' et 
confici voluit'K (De nat. Deor. lib. I.) 

(2) De Anaximandro nos dice Plutarco 
(Qiiívst. symp. VIII, 8, 4,) que opinaba ha- 
ber sido peces todos los animales, y aun 
los hombres mismos. 



unidad, eterna é infinita (i), y los diver- 
sos seres que lo componen conjuntos 
de unidades inferiores desprendidas y 
dependientes de la principal. Hasta el 
alma misma, cuya metempsícosis he- 
redó Pitágoras de los Orientales, era en 
la mente del filósofo griego un número 
desprendido de la unidad primitiva, 
resultando la armonía de la virtud, de la 
subordinación de las pasiones á la ra- 
zón, partes esenciales de ese número 

incomprensible. 

La escuela Pitagórica tuvo, sin duda, 

ideas mas elevadas que la escuela jóni- 
ca; pero menos acertadas también; por- 
que esas efluxiones y desprendimientos 
de la unidad primordial, si bien es cier- 
to que revisten carácter más sublime 
que la combinación de los elementos y 
el movimiento eterno de agregación y 
disgregación admitidos por Anaximan- 
dro, no lo es menos que son más difíci- 
les de explicar y dificilísimos de com- 
prender. De cualquier modo, vese la 
tendencia de esta escuela á preponderar 
sobre las anteriores, desdeñándose de 
seguir sus doctrinas y creando sistemas 
desconocidos hasta entonces; mas nó- 
tase también la crasa ignorancia de los 
pitagóricos acerca de un agente supre- 
mo, causa única y primera de todo lo 
creado, y de aquí su íntima conexión 
con el evolucionismo moderno. 

Varias de las escuelas posteriores á la 
fundada por Thales preceptuaron las 
creencias de la escuela jónica, salvas 
muy pocas excepciones y de ningún va- 
lor: á la filosofía atomista ó corpuscular 
se debe el perfeccionamiento de esas 
creencias, adicionadas con otras no me- 
nos peregrinas. 

( I ) La món